Hola chicas!! Soy nueva en el foro y me encanta el twc al igual que escribir asi que aqui les dejo un fic en el que estoy trabajando, ya lo he publicado en otro foro. No esta terminado y consiste en dos temporadas. Espero que os guste y lo disfruten, tratare de actualizar lo mas rapido que me sea posible. Gracias

Nombre: Quizás
Genero: Twc no relacionado, drama + 18
Advertencias: Muerte de un personaje, escenas de sexo y palabras mal sonantes.
Resumen: Tom Kaulitz se ha mudado junto con su madre a Oregón, E.U.A, debido a una dolorosa separación. Ha cambiado drásticamente de vida, de pobreza a lujos. Pero lo que también ha cambiado es que se ha enamorado terriblemente del chico más frívolo y vacio del colegio, Bill Trumper.

Capitulos:
Ultima actualizacion: 22 de Agosto del 2010
Miraba por la ventana del autobús que me llevaría a mi nuevo destino. El paisaje había cambiado drásticamente hace una hora, de un sol cálido a una niebla espesa. Me dirigía a la zona más fría de él país, a Oregón para ser más exactos.
Mis padres se habían divorciado hace poco y mama decidió que era mejor para los dos estar lo más lejos posible de papa. No me hacía mucha gracia pero la quería ver feliz. Era la sexta vez que nos mudábamos y esperaba que la última. Todas habían sido por problemas en el trabajo de mi madre excepto esta. No podía entender por qué la separación, nunca me dijeron la verdadera razón, se lo pregunte al abuelo pero me lo negó, diciéndome que era mejor no enterarme, así que no insistí mas sobre el tema.
Distinguí ese enorme letrero, que anunciaba que ya habíamos llegado. Suspire con cansancio, ahora si ya no había vuelta atrás, todavía tenía la esperanza de que el autobús se equivocara y regresáramos a Luisiana o que mama se arrepintiera pero no sucedió nada de eso. Sentí una mano sobre la mía, gire un poco la cabeza y me encontré con el rostro de mi hermosa madre sonriéndome feliz.
- Ya hemos llegado cielo – exclamo emocionada. Le sonreí de la misma manera, fingiendo alegría. Seguí mirando por la ventana. Arboles, edificios, nieve por todos lados. Era una ciudad aburrida.
Segundos después nos encontrábamos en la estación.
- Abrígate bien al bajar cariño – me dijo mi madre. Asentí con la cabeza mientras cerraba la cremallera de mi ancha sudadera. Me levante con mucha flojera y baje del autobús.
Caminamos hacia la salida, con las maletas en la mano. Mi madre pidió un taxi para que nos llevara a nuestra nueva casa.
[…]
El vecindario era bueno, bastante tranquilo. Con niños jugando en la nieve, parejas caminado tranquilamente, un ambiente realmente bueno. Después de todo no sería tan difícil poder adaptarme a este ambiente.
Bajamos frente a una gran casa, incluso más grande que la anterior, me sorprendió un poco, ya que podría decir que esto era más de lo que esperaba. Mi madre grito de emoción y corrió hacia el umbral. Yo le seguí con todas las maletas en la mano. En unos segundos me encontraba dentro.
La casa ya se encontraba amueblada, eso me desconcertó aun más. ¿De dónde había sacado todo esto? ¿En qué asuntos estaría metida?
- ¿Cómo ves hijo? Bonito ¿no? – Encogí los hombros como respuesta. No estaba tan mal. El salón era grande, con tres sofás bien acomodados, una televisión de pantalla plana a un lado con un equipo de DVD, una mesita en medio adornada con un hermoso jarrón.
Me dirigí a la cocina, era igual de grande que el salón. Con todo lo necesario por supuesto. Salí de ahí y me fije en los escalones. Los subí rápidamente. Mi madre ya se encontraba ahí, viendo las recamaras.
- Esta es tuya Tom – Señalo una puerta crema. No espere más y gire la manija para entrar en ella. Me quede sorprendido. La habitación era grande con una sola ventana que daba hacia la calle. Una cama de matrimonio en medio, mesitas de noche a los lados, y demás muebles, pero sobre todo, lo que más llamo mi atención fue que una guitarra se encontraba encima de la cama.
Camine hacia ella y la cogí con cuidando, acariciándola. Era hermosa, plateada con retoques en color negro y mi nombre tatuado en el mástil.
- ¿Te gusto? – pegue un bote asustado. Mama se encontraba observándome recargada en el marco de la puerta.
- ¿Tu la has comprado? – pregunte curioso. Ella asintió con la cabeza. Deje mi pequeño obsequio en su lugar y corrí a abrazarla. – Gracias, me ha gustado mucho.
- Se te veía muy triste así que era lo menos que podía hacer – le di un beso en la mejilla. Era la mejor mama del mundo, la más maravillosa. – Iré a preparar algo de comer, mientras tanto puedes ir desempacando. - Se despidió de mí con un beso en la frente.
Suspire y camine hacia el escritorio que se encontraba frente a la ventana. El cielo estaba oscureciendo más. No se parecía en nada a Luisiana. Me encantaba salir a dar un paso con Aska mientras admiraba la hermosa puesta de sol. Aska, es mi perrita adorada, me la regalo mi padre en mi cumpleaños número 5, hasta ese entonces ella era tan solo una cachorrita. Sabía que estaba bien cuidada por mi abuelo así que no me preocupaba pero si extrañaría su compañía y todos sus mordiscos de traviesa.
También extrañaría a mis amigos, y sobre todo a papa. ¿Por qué mi vida tuvo que ser así? ¿Por qué mis padres debían separarse? ¿Tan grave era el problema? No entendía nada. Nadie me daba una explicación razonable. Tengo 20 años y me seguían tratando como a un niño, en algunos aspectos.
- ¡TOM! ¡LA CENA ESTA LISTA! – escuche gritar a mama desde abajo. Cerré la persiana y me dispuse a bajar.
Llegue a la cocina y me senté en una de las sillas, empecé a servirme, mi progenitora ya comía plácidamente. La comida transcurrió en silencio. Terminamos y lleve los platos al fregadero para lavarlos.
- Cariño, me voy a acostar, mañana tengo trabajo – me dio un beso en la sien y salió.
Comencé con la tarea de limpiar hasta que sentí que mi móvil empezó a vibrar. Me limpie en mis pantalones y lo saque de mi bolsillo. Era Andreas, mi mejor amigo.
- ¿Hallo? – le salude.
- ¡Tom! Al fin me coges el móvil ¿Cómo estás? ¿Ya has llegado?
- Lamentablemente si – respondí desanimado.
- No te oyes muy feliz
- Es que no lo estoy, no ha pasado ni un día y ya los extraño a todos – suspire tristemente.
- Tranquilo hermano, estarás bien, cuando pueda iré a visitarte
- Gracias, eso me alegrara un poco
- Cuídate, nos vemos pronto – y corto la llamada.
Guarde de nuevo el móvil y camine rumbo a mi habitación, necesitaba dormir y ya no pensar.
[…]
Me desperté de golpe al sentir algo helado salpicarme la cara. Abrí los ojos cuando escuche una suave carcajada proveniente de mi madre.
- Buenos días cielo, hoy hay escuela – me dijo mientras dejaba el balde, que minutos antes poseía agua.
Me deje caer de nuevo en mi blanda cama.
- Tienes que levantarte hijo, te preparare el desayuno – Salió cerrando la puerta, bostece aun con sueño. No tenía ganas de ir, no conocía a nadie y de seguro lo iba a pasar mal. - ¡Tom! ¡Se te hace tarde! – me grito desde afuera.
Me levante con flojera y fui directo a la ducha. Salí disparado del baño a cambiarme. Llegaría tarde. Bah! ¿Qué más da? Sería bueno que ese mismo día me expulsaran. Baje rápidamente.
Agarre una de las tostadas que había preparado mi madre y me dispuse a irme.
- Espera Tom ¿No olvidas algo? – me dijo con los brazos cruzados.
- Lo siento – camine hacia ella y le di un beso en la mejilla – Ya me voy, regreso mas tarde.
- Que te vaya bien hijo – se despidió.
Salí de mi nueva casa y me dispuse a correr hacia la parada del autobús. Llegue justo a tiempo, me subí y espere a que me llevara a esa dichosa escuela.
[…]
El colegio era inmenso, más de lo que esperaba. En medio de frondosos y enormes arboles. Un portón de gran tamaño se encontraba frente a mí. Di un paso más y esta se abrió. Me quede con la boca abierta, no entendía como mama pudo a ver pagado esta escuela de riquillos.
Camine por la vereda que daba hacia la entrada. Ahí me encontré con un gran patio. Lleno de nieve por todos lados.
- Hola – di un bote asustado y gire rápidamente. Una chica muy linda me sonreía. – ¿Te has perdido? – me pregunto con cierta ternura en su voz. Me sorprendió tanta amabilidad.
- Eso creo – respondí tímidamente. – Soy nuevo y me he despistado un poco.
- Si, lo he notado pero eso suele pasar así que no te preocupes, yo seré tu guía – Sonreí. Esta chica me caía bien. – Soy Christelle Colville – me tendió la mano.
Se la tome, apretando suavemente – Tom Kaulitz – bajo la cabeza sonrojada. Eso me desconcertó un poco pero le reste importancia. – Bueno, ahora que vas a ayudarme ¿Te molestaría decirme en donde está el aula de cálculo?
- Claro, yo misma te llevo – Se colgó de mi brazo y empezamos a caminar. Entramos a un edificio enorme dando con un largo pasillo lleno de puertas.
No había nadie alrededor por lo que pensé que todos estarían en clase. Claro, yo había llegado tarde.
- ¿No tienes clases? – le pregunte para hacer un poco de platica.
- Me las ahorro porque estoy en el comité de estudiantes y justamente hoy estamos organizando todo para el baile de graduación - ¿Baile de graduación? ¿Qué era eso?
- ¿Baile? – pregunte curioso.
- Si, se hace cada fin de año para los que se gradúan
- Oh – exclame. No era lo que quería saber pero bueno, no seguí preguntando, mas adelante sabría, más si tenía que asistir.
Nos detuvimos en una puerta blanca, con un gran letrero pegado que decía Cálculo.
- Así que estudias economía – dijo con afirmación.
- Si, es por mi madre – ella asintió con la cabeza.
- Entonces nos graduaremos juntos – sonrió de oreja a oreja, mostrando sus relucientes dientes que casi me dejan ciego.
- Eso creo – conteste algo cohibido.
- Bueno Tom, paso por ti ¿Te parece? Si no te perderás de nuevo.
- Claro – conteste sonrojado. Me sentía estúpido.
Me movió la mano y empezó a caminar en dirección contraria. Respire hondo antes de girar la manija y tener acceso al aula. La habitación era grande, con mesa-bancos que contenían dos sillas, pensé que se usaban paletas. Carraspee. Todos giraron a verme, curiosos. El profesor dejo de escribir esos problemas en el pizarrón y me prestó atención.
- Buenos Días – le salude, el me miro desconcertado – Emm… Soy el alumno nuevo – anuncie con timidez. Algo raro en mí.
- Oh, señor Kaulitz, llega tarde –Se giro viendo a sus alumnos. – Jóvenes, tenemos a un nuevo compañero, su nombre es Tom Kaulitz y viene del estado de Luisiana, denle la bienvenida por favor – Todos aplaudieron mientras el profesor me indicaba un lugar libre.
Camine hacia el sin ver al sujeto que se encontraba ahí sentado. Deje mis cosas y tome asiento. Y es ahí cuando me gire, y me quede paralizado. Era la cosa más bella que había visto en toda mi vida, aparte de mí, por supuesto.
Llevaba la melena larga y lisa, cayendo por sus hombros. Sus ojos cubiertos de una sombra negra intensa que los hacía lucir realmente hermosos. La piel pálida y blanca, como una estatua de porcelana. Se giro a verme y me quede a un más shockeado. Sus largas pestañas caían y volvían abrirse como pequeñas alas. Sus pupilas avellanas se posaron en los míos y entonces sentí como una descarga eléctrica.
- ¿Deseas algo? – me pregunto cortante. Negué con la cabeza, no podía dejar de verlo. Volvió a girarse incomodo por mi mirada.
No podía evitarlo, era tan escultural y hermoso. Después de unos minutos contemplándolo sonó la campana, avisando que esa clase había terminado. Se levanto y pude observarlo mejor. Era alto, muy delgado. Llevaba una camiseta negra con un pantalón pegado blanco y muchas cadenas adornándolo.
Salió caminando rápidamente. Negándome la oportunidad de hablarle. Me levante después de un rato y salí del aula. Ahí me encontré otra vez con Chris, y así paso el transcurso del día pegada a mí, llevándome de aula a aula. Hasta que llego el descanso. Nos dirigimos a la cafetería a comer algo.
- ¡Chris! – escuche una voz masculina llamarle. Ella voltio sonriendo, haciendo una seña con la mano para que se acercaran. Eran dos chicos, uno castaño y el otro rubio. En unos segundos estaban junto a nosotros. – Gus, Geo, les presento a Tom
- Hola, es un placer – los salude estrechando sus manos, ellos hicieron lo mismo.
Empezamos a hablar animadamente. Hasta que lo vi de nuevo, caminaba a lado de una chica. Sentí un pinchazo en el pecho. No podía tener novia. ¡No podía!
Apreté el tenedor que tenía en la mano con fuerza. Mientras veía como se sentaban en una de las mesas más alejadas y que se encontraba en un rincón. El giro y en ese momento volvimos a encajar miradas. Yo la desvié furioso.
- ¿Qué te pasa? – me pregunto el rubio. Negué con la cabeza y seguí comiendo. Pero no podía concentrarme en la plática, necesitaba saber más de él.
- ¿Quién es el chico del ricon? – le pregunte a mis tres nuevos amigos. Ellos desviaron la mirada hacia esa mesa.
- Oh! Bill Trumper – exclamo Georg mientras veía como Chris bajaba la cabeza con ¿tristeza? – Y la chica que lo acompaña es Rose Carson, son los chicos más raros del colegio y apenas hablan con los demás.
- Dicen que Bill antes no era así – susurro Gustav, yo lo mire dudoso – Nosotros dos también acabamos de mudarnos, hace un año. – Y entonces entendí pero quería saber otra cosa más.
- ¿Y ellos son novios? – los tres empezaron a reír como si hubiera dicho un buen chiste.
- Claro que no, muy amigos si – me contesto Chris con melancolía.
Pude respirar tranquilo mientras mis ojos volvían a mirarle. Estaba claro que ese chico me había gustado y mucho…
Bill Trumper… Nunca se me olvidaría ese nombre.
continuara.


