wuiii algo me dice que habrá cap!!!!
Jace *-*
PD: Más de 3 meses >.< cómo es posible Jace!!!!
Lo sé y lo siento! lo siento mucho por la demora... pero tuve mil y un problemas! si casi parecía que el destino me estaba diciendo "no escribas - no escribas" ... pero ya le gané al destino xD espero...
De nuevo perdón por la demora, espero que les guste el capitulo, que esta dedicado a todas las que han leído esta historia fruto de mis ratos de ocio, en especial a Pink porque... pues simplemente porque eres super woman y te mereces un premio nobel por ser tan genial ;D.
Cap.III
Miré alrededor, sin reconocer nada. Todo se veía brillante, pero no de un modo agradable, sino de aquel modo que te hace achinar los ojos por el dolor. Comencé a caminar hacia dondequiera que me llevaran mis pies.
Entonces me di cuenta de que estaba en el campo. Un par de árboles salpicados aquí y allá, y ese infinito paraje de pasto amarillento que se extendía por doquier. Seguí caminando, mi cuerpo se sentía liviano, pero no podía ir más rápido.
A lo lejos divisé algo… no, alguien. Conozco ese alguien…
–¡Bill! – Mi voz se perdió en el aire, pero no se volteó a ver. Me acerqué más.
Estaba sentado en el suelo, dándome la espalda. Me acerqué más aún, solo para ver que tenía un cuchillo entre las manos, y que lo afilaba como si la vida se le fuera en ello.
–¿Para qué haces eso? – No me escuchó. Siguió en lo suyo.
Le miré en silencio, un par de segundos, y se puso de pie, cuchillo en mano y comenzó a caminar en otra dirección. Le seguí, mirando esa sonrisa vacía que tenía en el rostro.
Bill se detuvo frente a un águila que yacía en el suelo. Estaba herida, eso se podía ver a millas.
Me miró y sonrió.
Alzó el cuchillo en el aire, el filo brilló.
Su mano bajó decidida sobre el ave indefensa.
–¡NO! – El grito se deshizo en el aire, como si nunca hubiera hablado.
Bill bajó su mano sin matar al águila y se desvaneció…
Abrí los ojos de golpe y me senté en la cama.
Tenía la respiración agitada, esa mugre sensación de dolor en el pecho y un nudo en la garganta.
¿Qué mierda había sido eso?
–Putas pastillas…– Gruñí pasándome la mano por la frente, como asegurándome de que estaba bien despierto. –En ningún lugar decía que provocaban pesadillas…– Pensé aún nervioso.
Salí de la cama y miré de nuevo mi celular, aún ninguna llamada perdida, o mensaje de Bill.
Suspiré enojado. Bueno, ya tuvo sus 24 horas de gracia. Lo voy a llamar.
Disqué el número de memoria, y esperé que diera tono.
Hace ya varios días que me había dicho “Por favor, dame mi espacio… no quiero que estés encima mío todo el día. No tienes que llamarme al segundo que desaparezco porque ya soy grande Tom, puedo cuidarme solo.”
Incluso, ya me rehuía cuando me acercaba demasiado a “su espacio personal”... ¡Como si alguna vez hubiésemos respetado eso!... de hecho, dudaba seriamente que supieramos lo que significaba espacio personal, y al parecer, Bill lo aprendió de un día para otro.
“Lo sentimos, este teléfono no tiene su buzón de voz activado.”
Suspiré enojado y lancé mi celular sobre la cama. El muy infeliz tenía el móvil apagado.
-“Bien Tom, no te desquicies... Probablemente ya esté en casa de Gustav y esté durmiendo. Todo está bien.... hablaron hasta muy tarde y esta cansado, por eso apagó el celular...”- Me dije de forma convincente, y hasta cierto punto, me creí a mi mismo.
Quizás tengo razón y simplemente estoy sobreactuado un poco (demasiado). Pero tengo mis razones, Bill es un descuidado y me acostumbré a velar por él... no sé de donde sacó tanta independencia últimamente.
Bueno, solo sería este fin de semana. Me dijo que visitaría a Gustav, que esta estudiando ingenieria informática en Berlín... Que hacía mucho tiempo que no se veían y no quería perder el contacto él...
Si al menos supiera por qué tengo esta sensación de que algo anda terriblemente mal… el por qué tengo este sinsabor… esa sensación de que Bill me mintió.
Claro, no pude romperme el craneo pensando en eso demasiado tiempo, puesto que se pusieron a tocar la puerta principal, sacándome de mi burbuja mental.
–¿Quién rayos molesta a esta hora…? Un minuto… ¡Puede ser mi hermano…!– Pensé, y bastó que el recuerdo de Bill se instalara en mi mente para que corriera como alma que lleva el diablo a abrir.
–¡BILL!
–¿Eh? Vamos, Tom. Sé que me quieres como a tu hermano, pero esto es excesivo– Se burló Andreas al otro lado de la puerta, con esa sonrisa socarrona que siempre tenía pintada en el rostro.
Lo miré un segundo, sacado de onda.
–¿Qué haces aquí? – Pregunté alzando una ceja, confundido.
–Vaya, ¿así recibes a tus amigos, después de tanto tiempo sin verlos?... Tú no cambias. – Hizo un gesto negativo con la cabeza y entró en la casa, haciéndome a un lado.
Entonces sentí algo que hizo click en mi cabeza. “Se supone que tienes que estar feliz Tom, reacciona. Andreas está de visita.”
Sonreí como un bobo y me dirigí a la sala de estar, comportandome más o menos como un ser humano normal de nuevo.
Andreas ya estaba hechado sobre el sillón, comiendose unas papatas fritas que estaban ahí quizás quien sabe desde cuando.
Suspiré, esperando que no vaya a indigestarse por comer cosas en mal estado y me fui a sentar a su lado. Realmente estaba feliz de que haya venido a verme, y así también me ayudaba a distraerme y dejar de pensar en Bill.
By Bill.
Llegamos al médico antes de lo que imaginé. En el camino me enteré el porqué Liam va también con nosotros: Tiene hora con el psiquiatra… No me dijo mucho, problemas familiares bastante graves… Nunca imaginé que el pobre vivía hace 3 años en ese hogar, porque su casa era un peligro.
Me cambió el tema antes de que pudiera saber más, y claro, no parecía ser algo que quisiera decir o recordar de todos modos.
Al llegar, Ángela entró a hablar a una de las oficinas, mientras Liam y yo esperábamos fuera.
–Bueno, Tom…– Liam cargó su voz en el nombre y sonrió con malicia.
–¿Tom? ¿No te había dicho Thomas…? Me vas a confundir más, oh dios…– Dije con un gesto melodramático. Ambos empezamos a reír.
–Bah, diminutivos… No gastaré mi preciosa saliva en letras demás.– Dijo mirándome serio, yo alcé una ceja y en menos de un segundo nos estabamos desternillando de risa.
-Pero ya en serio... Probablemente te atienda el doctor Kleinsteuber– Me dijo poniendose más serio -Él siempre atiende a los que vienen del B-12 y es buena gente... Incluso si te ve cara de cordero degollado te regala dulces.- Me dijo con una sonrisa tan dulce que era contagiosa.
–Eres un niñato… – Le molesté, picándole las costillas, él se retorció sobre la silla.
–¿Yo? No señorito, fíjese que tengo 17 años, soy casi un adulto…– Me dijo sacando pecho, orgulloso. Hum… realmente espero ser mayor que él, para burlarme.
Crucé los dedos mentalmente, justo al momento que Ángela salía del despacho del doctor.
-Bien, ya puedes pasar- Dijo la mujer mirándome con una sonrisa maternal -Liam, vamos al otro pabellón- Ordenó y el rubio asintió al tiempo que se ponía de pie.
–Yo soy el doctor Kleinsteuber, mucho gusto. – Me dijo dandome unas palmadas en la espalda, que casi me hicieron escupir los pulmones por la boca.
–Igualmente, soy Tom. – Sonreí mirando de reojo a Liam, que se tragaba la risa.
Tanto el doctor como Ángela me miraron atónitos.
–Con que Tom, ¿eh? Bueno, pasa, pasa… tenemos mucho que hacer, muchacho. – Ambos entramos a la consulta y él cerró la puerta tras de mí.
–Bueno, según me ha dicho la Señora Ángela, llegaste con un cuadro de amnesia, ¿cierto? – Su voz ronca llenó la sala. Yo solo asentí a su pregunta, mientras me sentaba en una de las sillas frente a su enorme escritorio de madera. –¿Cómo va eso, has logrado recordar algo?– Me miró con condescendencia, cruzando sus rechonchas manos sobre su mesa.
Yo me tomé mi tiempo para responder.
Bien, había recordado esa canción, quizás el nombre…. Pero no estaba seguro de que fuera mío realmente.
–No, la verdad no, aunque creo que me llamo Thomas, o algo así…– Respondí mordiéndome el labio.
–Bueno, eso es un comienzo, no te preocupes. – Anotó algo es una libreta y luego se puso de pie.
–Dime, ¿sabes qué día es hoy? – Alcé una ceja, y fruncí el ceño, pensando.
–Emh… creo que es… lunes. – Contesté no muy seguro. El doctor volvió a tomar nota en su libreta. ¿Por qué no se compraba una laptop...? Son más eficaces.
El doctor anotó de nuevo en la libreta, está vez algo más largo. Yo lo miré un segundo y después me dediqué a mirar los incontables diplomas que habían pegados en la pared.
No alcanzaba a leer lo que decían, pero se veían importantes.
–¿Fumas o bebes? – Me preguntó mientras me miraba a los ojos, con esa cara de médico que todo lo sabe que me hacia sentir diminuto.
–No que yo sepa– Contesté. La verdad no tenía la sensación de ser de esos tipos que toman hasta que no se pueden el alma.
Y continuó con las preguntas. Yo ya estaba aburrido... Me preguntó de todo, de mi familia, de historia, del pasado, del futuro, de los ovnis... no quedó nada sin preguntar y sin embargo quedaron demasiadas cosas sin responder.
Suspiré más que enojado, esta situación ya me estaba comenzando a hartar de sobremanera.
Comencé a divagar mentalmente tratando de llegar a algún recuerdo perdido, mientras el doctor me hacía recostarme en una camilla y me hacía una revisión general.
No llegué a nada, como de costumbre, y preferí distraerme mirando por la ventana, como las aves surcaban el cielo turquesa, que apenas estaba cubierto por una o dos nubes blancas y esponjosas.
Me dieron ganas de comer algodón de azucar. Hum, que curioso.
–Bueno, puedes vestirte. – Me dijo volteándose de nueva cuenta a su escritorio y comenzó a anotar en una hoja rápidamente. –Toma. Ve al tercer piso y pide que te hagan estos exámenes, para hoy día. – Me entregó la hoja, y yo terminé colocarme la camiseta antes de recibirla.
Traté de leerla, pero fue en vano. La letra de un médico es ilegible.
–Vuelve cuando estén listos, ¿Está bien? – asentí mientras terminaba de abrocharme las zapatillas.
Me dirigí a la salida, pero antes de irme el doctor me llamó de nuevo.
–Tom, cuando llegaste a la comisaria, no traías nada contigo, ¿cierto? ¿Sin celular, mp3, chaqueta, joyas… nada?– Preguntó mirándome desde su escritorio.
–Ehm… No, nada. – Negué sin saber por qué me preguntó eso. Me despedí con un gesto y salí de la consulta.
Me gustaba que me llamasen Tom… me hacía sentir… completo. Era extraño, me daba una sensación de confort y seguridad que antes no tenía. Ya no me sentía tan vacio.
Al salir, Ángela me estaba esperando sentada en las sillas de la sala de espera, mientras revisaba unos papeles.
–Oh, cariño, ya saliste. Aún tenemos que esperar a Liam un rato… – Me dijo al verme, y cerró el folio que leía.
–El doctor me dijo que tenía que hacerme estos exámenes en el tercer piso y tenía que esperar hasta que estén listos… así que supongo que será él quien tenga que esperar. – Le dije sonriendo avergonzado, mientras le extendía el papel que me había dado Kleinsteuber.
Ella lo leyó atentamente, al parecer tenía el místico poder de traducir los jeroglíficos médicos.
–Una tomografía, y exámenes toxicológicos de sangre y orina. Espero que tengas ganas de ir al baño. – Me dijo sonriendo.
Ah, entonces era eso… ¿Cómo que un examen toxicológico!? ¿Están insinuando que soy un drogadicto? Suspiré molesto. Bueno, si así me dicen porque no recuerdo nada, da igual… total, quizás sí soy un drogo, y no lo sé…
By Tom.
Perdí la noción del tiempo hablando burradas con Andy. Realmente me hacía falta hablar con un amigo frente a frente.
Desde que se había ido a estudiar Nürnberg, ya no hablábamos tan seguido, así como tampoco tenía demasiado contacto con Gustav o Georg.
La universidad consumía demasiado tiempo, más si estabas estudiando alguna ingenieria en cosas extrañas y matemáticas como todos excepto Bill y yo.
-Oye, disculpa la indiscreción... pero ¿Cómo van las cosas con Bill?- preguntó de repente Andreas, viendome con cara entre divertida y curiosa.
-No seas cotilla.- Le corté riendome, mientras le daba un sorbo a la cerveza que me había traido hacía un rato.
-Vamos, ¿qué gracia tiene saber si no vas a contarme nada?- Me dijo con un puchero y yo puse los ojos en blanco. ¡Qué metiche podía llegar a ser Andreas...!
-¿Qué quieres que te diga...? Ya llevamos 5 meses juntos.- Una sonrisa de tonto se apodero de mí, sin que pudiera evitarlo. Esa sonrisa de colegiala enamorada de la que siempre me había burlado ahora estaba grabada en mi rostro.
Y sí, antes de que digan algo, sí sé que es mi hermano, y sí, también sé que es un hombre... Es que, simplemente es algo que pasó... No puedo explicarlo con palabras, pero lo que siento por Bill, es más fuerte que lo que he sentido por cualquier otra persona en la faz de la tierra. Después de meses de pelear contra mí mismo, ya no pude serguir negandome lo obvio: Estaba perdidamente enamorado de mi hermano.
Andreas abrió los ojos sorprendido.
-¿5 meses!? ¡Wow, el tiempo pasa demasiado rápido! Nadie más lo sabe, ¿Cierto?- Preguntó de nuevo.
Comenzaba a replantearme si había sido una buena idea contarle lo que sentía a mi amigo... Bueno, fue Andreas el que siempre me apoyó y estuvo a mi lado, incluso él me dio el empujón para confersarme con Bill... aún me pregunto si él sabía algo que yo no...
-No, Andy, tú eres el único y tienes la exlusiva...- Me burlé y recibí como contestación un golpe en el hombro.
-Jajá, muy chistoso. ¿Pero están bien cierto? Digo... no debe ser fácil ni divertido estar en su situación. - Comentó con aparente seriedad, que se le quitó en el segundo en que se llenó la boca de papas fritas... será marrano...
–No lo sé, Andy… todo estaba bien… al menos eso parecía…- Le dijé no muy convencido de contarle mis paranoias.
–¿Por qué?- Me miró fijamente y no supe qué decirle.
La verdad es que Bill estaba actuando raro desde aquella vez que... bueno... desde la primera vez que tuvimos relaciones.
Desde ese día, hace como un mes o quizás un poco menos, he notado un tanto extraño a Bill. No sé como describir su actitud, pero casi parecía como si estuviera tratando de tomar distancia, no solo de mí, sino de todo a su alrededor, de su entorno, incluso de sí mismo.
Suspiré, y por fin Andreas pareció captar la idea de que me sentía incomodo hablando de ese tema.
-A todo esto... ¿Por qué no fuiste con él a ver a Gustav...? ¿Acaso soñaste que venía a verte y por eso te quedaste, eh Tom?- Bromeó, cambiando el tema y a mí me bajaron unas ganas increibles de golpearlo; Andreas se tiene tanto amor propio que da grima.
-No lo sé, Bill se fue de improviso y.... no me hables de sueños.- Le contesté medio molesto. Por su culpa, ahora todas las imagenes de esa extraña pesadilla volvieron a mi mente, y juraría que con más fuerza y nitidez.
Me pasé la mano por la frente, y negué con la cabeza tratando de disiparlas, mientras me masajeaba las sienes.
Andreas me quedó mirando en silencio, mientras en su cara se pintaba la preocupación.
-No tienes buena pinta, ¿Qué soñaste?
-No empieces Criss Angel... sabes que no creo en eso de que los sueños tengan significado y todas esas patrañas. No me vengas con tus cosas misticamente raras...- Le dije cortandole de inmediato. Si le contaba mi sueño no me daría cuenta cuando me estuviera sacando la suerte con cartas, o haciendo muñequitos boodoo, exorsizando la casa, o haciendo cualquier clase de machitun raro, de esos que Andy suele hacer, porque cree a destajo en todas esas cosas sobrenaturales.
Buen enfermero será, si le encarga la salud de sus pacientes a un ente mágico.
-Oh, vamos...- Me miró con cara de disgusto... y no me quedó otra que comenzar a relatarle ese extraño sueño, sino se iba a poner más pesado.
No me tarde mucho en contarselo, la verdad, soñarlo pareció ser más largo que contarlo.
A medidad que avanzaba veía como la cara de mi amigo se iba desencajando.
Oh no, aquí venía su cuatica explicación de los hechos.
Ahora solo queda sentarme y esperar a que termine de contarme sobre mi muerte que se avecina.
-Tom...¿Era un águila, estás seguro? ¿No era otro pájaro...?- Preguntó medio pálido
-Era un águila, estoy seguro.- Contesté sin darle mucha importancia.
-¿Y... me dijiste que estabas teniendo problemas con tu hermano...? ¿Que se fue de la nada sin contarte antes...?- La voz de Andreas sonaba más que angustiada, asustada.
Me volví a mirarlo, intrigado.
-¿Qué significa lo que soñé...?- pregunté, ya no por ser agradable, si no porque su actitud me estaba poniendo nervioso.
-Tom, no sé qué es peor en tu sueño... El caminar por un campo agreste significa penurias, y que se vienen tiempos muy difíciles que vas a tener que esforzarte mucho para superar...
-Ya... ¿y...?
-Cuando afilas cosas en un sueño, tu subconciente te dice que hay grandes peligros cerca de la gente que quieres... si Bill lo afilaba...- Tomó aire, como tratando de ordenar sus ideas. -...además había un águila herdida... todo eso dice que hay dificultades demasiado grandes rondando a tu hermano... Tom, mejor ve a buscar a Bill, está en problemas.
En ese minuto todo ocurrió demasiado rápido en mi cabeza, y muy lento fuera de ella. Fue como si mi cerebro hubiera juntado de golpe toda la información: la actitud rara de Bill, mi sueño, cuando mi hermano se fue, por qué no contesta, por qué tengo esa maldita sensación de que algo está muy, muy mal...
Y no supe qué hacer.
Lo próximo de lo que me di cuenta es que estaba con Andreas sentado de copiloto en mi auto, camino a Berlín...
¿Que les pareció? Espero que les haya gustado, prometo que trataré de actualizar mas seguido!
Pronto Tom se re-encontrará con Bill... ¿Que ocurrira entonces? juju...se viene lo bueno (6) besos a todas! adios!
