¡Volví! Después de comerme los sesos tratando de escribir esto. Perdón la demora, pero tuve un colapso neuronal y nada de lo que escribia me gustaba y bla bla... xD
Dedicado especialmente a Pink Girl, por ser tan linda conmigo. ¡Eres un amor! Esto es para ti, espero de verdad que te guste, gracias por todo (:
Ya, sin mas, el cap.
Cap. II
Le di un pequeño sorbo a mi café, tratando de no quemarme la lengua. –Ugh, esta amargo... – pensé respingando la nariz. En fin, supongo que no estoy en posición para ponerme exigente; Al menos ahora estoy bajo techo y calientito al lado de una estufa.
–A ver, déjame ver si te entendí bien…– Dijo con voz ronca el hombre que me estaba atendiendo, mientras aparecía por la puerta que había cruzado hace pocos minutos y revisaba unos papeles con cara de hastío.
–No tienes idea de cómo te llamas, o como llegaste aquí. – Bufó y se pasó la mano por el escaso cabello canoso que le quedaba. –Chico, ¿¡como pretendes que hagamos algo si no nos das ningún dato?! Vamos, dame un nombre, una dirección, ¡Al menos tu edad! ¡Esfuérzate un poco si quieres ayuda! – Gruñó tirando el folio que llevaba en las manos sobre el escritorio.
Vaya, ¿Ahora es mi culpa estar así? Como si fuera mi intención ir por ahí molestando al policía de turno.
Esa fue la gota que rebalsó el vaso.
–¿Quién se cree que es para subirme el tono de voz? – Le grité poniéndome de pie, mientras golpeaba la mesa con las manos. – ¿No se supone que es su trabajo ayudarme? Fíjese que llevo horas perdido, con frio, con hambre, porque no sé porque mierda no recuerdo ni como me llamo, y lo único que es capaz de hacer es sermonearme? ¿¡Esta enfermo!? – Le chillé indignado. – Pero ¿sabe? Da igual, no le quito mas su preciado tiempo, siga mirándose al espejo con cara de imbécil, rogándole a Dios que le crezca pelo, me voy. Pero si algo me pasa ¡será su culpa! Incompetente… – Le miré con rabia unos segundos, antes de voltearme para salir de la comisaria.
Hum, creo que me he pasado un poco… este tipo se está poniendo rojo de rabia. De cualquier modo no pienso quedarme a ver si le da un ataque cardiaco o algo al viejo este… Si llegué aquí, puedo caminar hasta encontrar otra comisaria… Aunque se me vaya la vida en eso. Suspiré agotado y estiré la mano para abrir la puerta, cuando de una oficina contigua salió otro policía, más joven que el cascarrabias que me había atendido.
–¿Hassen, qué está pasando aquí? – Preguntó con voz autoritaria, alternando su mirada desde el prepotente policía hasta mí.
–Nada, comandante. El señor ya se retiraba. – Masculló el tipo este, Hassen, ignorándome y volviendo al papeleo que tenía sobre el escritorio.
–¿Es cierto eso? – La voz fuerte del comandante resonó en la pequeña oficina, y Hassen levanto la vista, con cara de “No digas nada que me despiden”.
Sonreí de medio lado. –Aquí te jodes–
By Tom.
Me volteé de nuevo en la cama, me acurruqué con las frazadas, cerré los ojos con fuerza.
–Hace calor.
Pateé todos los cobertores hasta que me los quité de encima y me volví a acomodar en la cama. Cerré los ojos.
–Hace frío…
Suspiré, tal vez por enésima vez en lo que iba de noche.
–No Tom, no hace frio, ni calor, eres un paranoico, eso pasa.
Busqué a tientas el celular sobre la mesita de noche, lo cogí y miré la hora en el: 00:14, y ni una llamada perdida.
– A la mierda, no puedo dormir así. – Bufé enojado.
Me levanté y fui al baño a lavarme la cara.
Solo han pasado 8 horas, quizás un poco menos… y ya siento que voy a volverme loco.
Me miré al espejo, analizando las ojeras que comenzaban a formarse en mi rostro.
–No se va a matar, ya es grande… Puede cuidarse solo; No lo van a asaltar, no lo van a violar, ni lo van a atropellar… – Me dije mentalmente tratando de calmarme…
¡Si cómo no! Conozco a Bill como a la palma de mi mano, sé que es confianzudo, inocente y que hay veces que raya en lo tonto por lo infantil, ¡Cualquier cosa le puede haber pasado ya a esta hora!
Sollocé y sentí como mi corazón se comprimía. Si le pasaba algo iba a ser mi culpa, por dejar que se haya ido… Por no estar ahí cuando me necesitase.
Rebusqué en el botiquín de medicinas, hasta que encontré lo que buscaba: Ravotril.
¿Por qué es que tenemos de esta cosa? Ni idea, creo que eran de mamá.
Si mal no recuerdo esta cosa ayudaba a dormir… Bueno, sea como sea, en este minuto lo que más necesito es dormir,
y si para eso necesito entrar en un coma por ingesta excesiva de medicamentos sin receta, pues bienvenido sea…
Espera un minuto, ¿Qué estoy diciendo? Vaya idiota estoy hecho… necesito dormir, ahora.
Me tomé una, me arrastre a mi cama y me eché ahí esperando que el somnífero haga efecto. Mañana a primera hora me levantaría y me iría a Berlín a buscar a mi hermano, aunque tuviera que remover cada roca para dar con su paradero.
Me pregunto dónde estará ahora… pero no pude pensar mucho rato más, la pastilla hizo efecto en un santiamén… y el sueño comenzó a adormecerme y lentamente todo se fue a negro.
By Bill.
Mucho mejor. Esto no estaba nada mal, a decir verdad.
Luego de que el comandante Brandt reprendiera a Hassen por mala conducta me llevó a su despacho.
“Lamento mucho que te haya tratado así… no eres el primero que reclama por su culpa. Tendremos que hacer algo al respecto.”
Y luego, de nuevo con las preguntas de rutina.
–Lo siento, pero de verdad no me acuerdo de nada… – Murmuré bajando la mirada. Ahora sí que me sentía como un estorbo, y ya comenzaba a desesperarme ese vacío. Esa sensación de cabeza hueca, de no poder cerrar los ojos y formar un recuerdo, por vano que fuese.
–No te preocupes – Brandt me sonrió con sus blancos y relucientes dientes, y trato de calmarme.
–Ya es muy tarde; Lo mejor que podemos hacer es enviarte a descansar y mañana veremos qué hacer, ¿está bien? – Sonrió de nuevo. Yo intente devolverle la sonrisa, pero me estaba comenzando a ganar el sueño y el cansancio, y simplemente hice una mueca.
Brandt buscó en una agenda y marcó un número telefónico.
“¿Aló, Ángela? Sí, soy Eric. Oye necesito un favor, ¿Podrías venir a la comisaria? Aham, Ok. Acá te explico. Gracias.”
Y mucho más papeleo. Papeles en blanco.
Escuché en silencio al comandante, que me explicaba quien venía.
–Ángela es la directora del Servicio de Menores de Berlín. Te quedaras en el Hogar Transitorio de Menores B-12 esta noche… –
– “Genial, un hogar adoptivo.” – Pensé mientras asentía. Aunque... ¿Un hogar de menores? Hum, entonces soy menor de edad… o al menos tengo cara de crio.
–Mañana en cuanto despiertes, te acompañaran a un chequeo médico; Yo estaré atento a cualquier llamada, quizás te están buscando.
–Pero tal vez no… – Suspiré acongojado.
–No te preocupes, encontraremos a tu familia. Mientras tanto, intenta recordar algo, lo que sea… Cualquier cosa podría ayudarnos, ¿Ok? – Se puso de pie y me miró.
Su actitud protectora era reconfortante. Realmente te hacía creer que todo estaría bien…
El teléfono de la oficina sonó, y Brandt se excusó con un gesto al ir a atender.
Me quede sentado, recorriendo con la mirada la oficina, que en realidad podía ser cualquier oficina, de cualquier lugar, porque era como todas las oficinas del mundo.
Me acurruqué en la silla en la que estaba, abrazando mis piernas, y apoye mi cabeza sobre ellas.
–¿Cuándo volveré a casa…?– Pensé mientras bostezaba con pereza. Los ojos se me llenaron de lágrimas.
Es extraño… sigo pensando en ese alguien. En ese ente sin rostro… Y… realmente me gustaría que este aquí conmigo… Así tal vez no me sentiría tan solo y perdido…
La luz del sol que se colaba por la ventana me daba justo a la cara. Apreté más los ojos tratando de seguir dormido.
–Ok sol, tu ganas: Hasta aquí llegaron mis dulces sueños.– Pensé mientras me revolvía en la cama holgazanamente.
. . .
Un minuto, ¿¡Por qué estoy acostado!?
Me senté de golpe en la cama mirando a mí alrededor: Una pieza sencilla, de un anodino color celeste. Había dos camas además de la mía, que estaba junto a la ventana.
Mis zapatillas estaban a los pies de la cama, y yo aun estaba vestido.
Entonces como si fuera una especie de flash back divino me acorde del Comandante Brandt.
–Ah, claro…– Suspiré. Estoy en el hogar. Debo haberme quedado frito anoche… por eso no me acordaba.
Me pasé la mano por el cabello, ordenándolo un poco.
–Aun nada…– Pensé mordiéndome el labio, intentando mantener el control de una situación que estaba lejos de dominar.
Todavía no era capaz de recordar nada. Mi mente era un maldito vacío, una hoja en blanco.
Puedo recordar todo lo que pasó ayer… Pero por más que me esfuerce no puedo ver más atrás, como si una pared me lo impidiera.
Me mordí con fuerza el dorso de la mano, procurando regularizar mi respiración. Sentía un nudo en la garganta
–Oh, no… no vas a llorar. No sé quien seas, pero mientras yo mande en este cuerpo, no vas a llorar. – Me susurré a mí mismo, tratando de calmarme. Fantástico, esto es de locos.
–Sí, ya voy tía… –
Aquella voz lejana me sacó de mis pensamientos. Escuché unos pasos acercarse corriendo a la habitación.
Me volví a acostar y me hice el dormido.
Entreabrí los ojos lo suficiente para que aun así pareciera que estoy durmiendo.
Un chico alto y rubio entró a la habitación. Quizás tenía mi edad o algo parecido. Tenía el cabello corto revuelto, y llevaba puesto solo unos pantalones negros y zapatillas.
Se acerco a un armario empotrado que había hasta el otro lado del cuarto, y sacó una camiseta blanca, que se puso de inmediato.
Creí que luego de eso se iría, pero se quedo registrando el armario, y sacó más ropa que dejo en la cama junto a la mía.
Cerré los ojos.
–Pssst… Oye… – Susurró sentado en la otra cama, quizás más allá. –Oye chico… emh… – Se acercó un poco y me movió el hombro. –Ay… ¡Oye chico equis! ¡Vamos, abre los ojos! – Dijo subiendo el tono de voz.
Abrí los ojos y los clavé en los suyos. Vaya, ojos verdes, que sorpresa.
Al parecer lo asusté, pues dio un paso atrás, sorprendido.
–Lo siento, no quería despertarte, pero tía Ángela dice que debemos ir al médico. – Dijo el chico sonriendo. Yo lo miré con el ceño fruncido y me levanté, estirándome como un gato.
–Ahí hay ropa limpia, espero que te quede bien – El chico me miró en silencio, esperando tal vez un gracias, pero no dije nada.
¿Chico equis? ¿Acaso todos me van a sacar en cara que mi cerebro está fallando y ya no recuerda nada?
Bajé la mirada enojado.
El chico este me miró largo rato, como si tratara de ver a través mío. Me dio escalofríos.
–Lo siento – Murmuró después de un rato. –Lamento haberte dicho “chico equis”… No fue el mejor comienzo, ¿cierto? – Alcé la vista y vi una tierna sonrisa adornando su rostro.
–Me llamo Liam – Me extendió la mano –Mucho gusto. – Lo miré y no pude evitar sonreír. Le di un apretón de manos.
–Me encantaría decirte como me llamo, pero creo que ya sabes… – Él asintió.
El chico… Liam, me miró un segundo y sonrió, con esa sonrisa que ponen los niños cuando se les ocurre una travesura.
–¿Sabes? Tenemos que llamarte de algún modo. No puedes ir por ahí siendo un n/n – Me dijo y yo ladeé la cabeza tratando de entender hacia donde se dirigía, sin éxito.
–Vamos, aprovéchate del pánico, puedes escoger cualquier nombre del mundo, el que más te guste, ¡Ojala yo pudiera hacer eso! – Dijo con un repentino ataque de energía que me hizo reír.
Vaya chico más raro… Me agrada.
–Puede ser, pero no me gusta la idea de inventarme el nombre… En algún lugar de mi mente tiene que estar enterrado mi nombre verdadero… Prefiero esperar a que vuelva solo. – Le dije, y él bufó decepcionado. Me eché a reír ante su reacción.
–Bueno, entonces se me ocurre otra cosa… – Se puso de pie de un salto, antes de que pudiera decir ni “pio” y me dio un empujón para recostarme de nuevo en la cama. –Juguemos al doctor… no espera, eso suena mal… juguemos al loquero– Se rió, tan alegre, con tanta inocencia que su risa se me contagió en un segundo.
–Vamos, cierra los ojos. Yo te iré diciendo cosas y tu veras si te agradan o no, quizás asi recuerdas algo. – Me dijo tomándome la mano.
Lo mire con mi mejor cara de “tienes que estar bromeando” pero no captó.
–¿Alguna vez has hecho esto…?
–No. Pero mi experiencia médica dice que puede resultar… y siempre te puedes inventar el nombre. –
–¿Tu experiencia médica? Genial, entonces estoy muerto – Le molesté y antes de que me diera cuenta, estampó un cojín en mi cara.
–Vamos, hazme caso. En el peor de los casos al menos será divertido. Ahora acuéstate y cierra los ojos. – Ordenó y yo le obedecí.
De algún modo, sentía que lo conocía de antes… Sentía que podía confiar en él, que era mi amigo.
Era como si el universo se hubiera alineado para que nos conociéramos y formáramos un lazo rápidamente.
Lamentablemente, no alcanzó a probar su teoría pues Ángela entro en la habitación justo en ese minuto.
–¡Liam! ¡Te dije hace como 15 minutos que lo despiertes! Vamos a llegar tarde… – Le regañó la mujer. Ahora que la veía en plena conciencia, no parecía tan mayor. Quizás tenía unos 30 y tantos años, el cabello largo color marrón recogido en una coleta, y un traje de oficina impecable.
–Lo siento. – Se disculpó el rubio bajando la mirada.
Ángela lo miró con el ceño fruncido un par de segundos más y luego sonrió de modo maternal.
–No importa. Vamos, levántate y ve a ducharte. – Me dijo a mí y me levante de un salto.
–El baño está al final del pasillo. – Me indicó, y yo sonreí asintiendo.
Liam me había subido bastante el ánimo.
Me metí en la ducha, dejando que el agua caliente me relajara y me distrajera de todo lo que estaba ocurriendo. Por un segundo, todo parecía ser más ínfimo que lo que realmente era…
Entonces una canción llegó a mi mente. Como un eco lejano…
¿Alguna vez has amado tanto a alguien, que darías un brazo por esa persona?
No la expresión, no
¿Literalmente dar un brazo por esa persona?
Cuando saben que están en tu corazón,
Y tú sabes que fuiste su armadura,
Y que destruirías a cualquiera que quisiera dañarlos.
No pude evitar ponerme a cantar en la ducha, bajito, solo para mí.
Despacio, no muy rápido… no quería que aquel recuerdo se escapara, pues me hacía sentir protegido. No quería que acabara la letra, que de pronto olvidara el resto de ella y se esfumara toda esa sensación de calidez que había llegado tan de improvisto.
¿Pero qué pasa cuando el karma se da la vuela y te muerde?
¿Y todo lo que aguantas da la vuelta y te hiere?
¿Qué pasa cuando te conviertes en la principal causa de su dolor?
Cerré la llave del agua, y salí de la ducha, tarareando el resto de la canción en mi mente.
Es un rap, estoy seguro…
¿Así que… me gusta el rap…?
Me vestí rápidamente y al salir del baño me dirigí al comedor del hogar.
Ahí me esperaba Ángela y Liam, este ultimo mirando la televisión con cara de aburrimiento.
–Bueno, ya era hora. – Dijo Ángela, sonriente. –Vámonos. – Dijo tomando unas llaves y su cartera, y salió por la puerta principal.
Liam apagó la televisión y la siguió apurado, pero antes de que saliera le tomé del brazo.
El se volteó con cara interrogante. –¿Qué ocurre?
–Creo… no estoy seguro… pero tal vez…
–¿Si?
Tome aire y lo exhale lentamente. –Creo que mi nombre es Thomas...
Continuara.
Bueno, que les pareció? Perdon por las faltas ortograficas, estoy trabajando en eso xD.
Ah, la canción se llama "When Im gone" de Eminem.
Nos vemos!