CAPÍTULO XXVIII
"Adiciones..."
Aún te recuerdo, aún no te olvido
2 años después: Marzo del 2008
Por Tom:
Habían pasado dos largos años, muchas cosas habían acontecido y cambiado en mi vida pero sólo una permanecía igual, increíblemente aun amaba a Bill y lo extrañaba como nunca antes. Recuerdo cuando regresé a casa la última vez que lo vi...
Flash Back
Para cuando llegué a casa estaba deshecho, el cuerpo me dolía como nunca; al entrar me percaté que no había nadie, mi padre talvez trabajaba.
Esperé como 2 horas preparándome algo de comer cuando tocaron la puerta. Era la señora Schäfer, la madre de Gustav.
-Señora Schäfer...
-Tom, no pensaba encontrar a nadie... ¿Viste a Gustav?
-No, acabé de llegar.
-¿Del entierro?
-¡¿Qué entierro?!
-Pero qué dices, Henry ha fallecido ayer por la mañana, hoy lo están enterrando ¿En qué mundo andas jovencito? - Por Dios, Henry, al que consideraba como un tío, el padre de Heidi, había muerto-.
-¿¡Pero cómo, por qué, dónde están todos!?
Me contó lo que había sucedido y salí de ahí rumbo al cementerio; no podía creer que había fallecido en un accidente de tránsito. Imaginar que hace casi un mes hubiera muerto cuando intenté escapar con Bill me hizo pensar lo frágil que es la vida... Al llegar vi a amigos de mi padre, compañeros de trabajo de él y Henry, y ahí en un rincón estaba Heidi, ella había perdido a su madre hace varios años, creció sola con Henry, su único familiar, y ahora lo había perdido y se encontraba sola. Fui hacia ella y la abracé, se echó a llorar desconsoladamente.
-¡Por qué Tom, por qué me has dejado en un tiempo como este! - Me gritaba golpeando mi pecho con frustración.
-Perdóname Heidi... lo siento mucho de verdad...
Mi padre se me acercó y me puso una mano en el hombro, lo miré para luego agachar la mirada, él sabía donde había ido y de seguro se había dado cuenta de que estaba mal también pues había regresado sin Bill. Pero eso pasó a un segundo plano estando ahí parado viendo cómo el sacerdote hablaba sobre la vida después de la muerte. Yo no había perdido a Bill para siempre, Heidi perdió a su padre para siempre. Mi tristeza no se podía comparar con este hecho.
Después de tres horas estando en este horrible lugar, los tres fuimos a casa, mi padre Heidi y yo. Mi padre asumió la tutela de ella por ser menor de edad, el juez de familia lo aceptó, además fue petición de Heidi también. Por mi parte la consideraba como una hermana, ella a partir de ese momento viviría con nosotros
Le hicimos una habitación en la casa. Después de aquel cruel suceso la vida de ella no volvió a ser la misma. Y pensándolo bien, la mía tampoco.
Fin del flash back
Ahora con 18 años hasta mi aspecto físico había cambiado. Me deshice de las rastas, ellas me recordaban a Bill y opté por hacerme trenzas y teñirme el cabello de negro... Vivía en un pequeño departamento cerca del aparcamiento de camiones, decidí independizarme, estudiando para ser un músico y trabajando en muchas cosas, en las noches en el hotel tocando en la banda y también había aprendido algo de barman y cocina, eso era más rentable, así que regresaba a casa a muy altas horas de la noche buscando sólo dormir y olvidarme de todo. Heidi vivía conmigo, aunque casi nunca nos veíamos. Últimamente su vida era prácticamente la de una prostituta, pocas personas logran sobreponerse ante los sucesos catastróficos de la vida, ella lamentablemente no pudo salir adelante, la muerte de su padre le arruinó la vida, la sumió en un mundo de adicciones. Ella estaba enredada con unos tipos "Los Buitres" si, los que dañaron una vez a Bill... Pasaron un tiempo en la cárcel pero salieron por alguna corrupción. Heidi volvió a salir con ellos y eran narcotraficantes. Se volvió drogadicta, y recurría a vender su cuerpo a ellos por un poco de cocaína.
Esta noche regresé a casa cerca de las 2 de la mañana después de trabajar, quise recostarme en mi cama, pero eran como tres días en los que no veía a Heidi y no veía indicios de que regresara a casa.
Salí muy amargo de ahí, sabía donde encontrarla y esta vez esos idiotas me escucharían. Bajé las escaleras del edificio donde estaba mi departamento y me dirigí a mi auto, la distancia era cerca pero hacía mucho frío para ir caminando hasta los barrios de inmigrantes. Cuando llegué a aquel callejón empecé a ponerme un poco nervioso. El apartamento de esos imbéciles estaba en el segundo piso de un bloque de apartamentos mal olientes. Al llegar a la puerta pude escuchar bulla, parecían tener una fiesta o algo así. Llevaba una vara de metal debajo de mi abrigo por si ellos decidieran hacerme daño. Toqué demandante y al abrirse la puerta entré empujando a uno de ellos.
-¡Donde está mi hermana! - Les grité furioso-
-¡Quién te crees para entrar así aquí!
-¡Me creo lo que me da la gana, mi hermana ahora!
Escuché el sonido de gemidos provenientes de una habitación en el fondo de esa pocilga. Me acerqué furioso sintiendo a dos de ellos querer detenerme tomándome de los brazos pero los empujé y me adentré hasta patear la puerta de esa habitación lanzándome sobre un tipo, se llamaba Jordan, era el nuevo líder de esa banda. Los conocía a todos pues no era la primera vez que venía por Heidi, ahora por qué no los denunciaba, pues porque se habían vuelto más poderosos e influyentes, si alguien lo hacia o intentaba denunciarlos corría peligro la familia y su propia vida, eran ahora muy temidos. Pero yo no les temía, me daba igual, siempre los conocí y en cierta forma me tenían respeto pues por desgracia se follaban a quien consideraba mi hermana como les venga en gana y eso me hacía enfurecer demasiado.
-¡Quita hijo de puta! - Grité y lo saqué de encima de Heidi, ella lucía realmente muy mal, drogada.
-¡Pero quien coño lo dejó entrar! - Buscó sus ropas y salió de la habitación.
Tomé la sábana y envolví el cuerpo desnudo de Heidi con ellas y la alcé en hombros para sacarla de ahí cuando entró el mismo hombre, el tal Jordan.
-Mira Tom, ella pertenece aquí, ya no queremos que vengas por ella, es parte de nosotros ahora - Lo que me faltaba.
-¡Una mierda, es mi hermana debería darles una paliza por todo lo que le han hecho! - Grité intentando salir de ahí.
-Sabes que ella volverá aquí, este es su lugar, acéptalo.
No quise contestar a sus estupideces, debía de sacar a Heidi de ahí.
-Permiso - Dije empujándolo pasando por ese pasadizo buscando la puerta principal para salir. Uno de ellos me detuvo antes de cruzar la puerta con Heidi en brazos.
-Ya lo escuchaste, la perra es nuestra, si regresa aquí no volverá a salir ¿Me escuchaste? - Lo miré con rabia, si no tendría que sacar a Heidi le hubiera dado una paliza. Lo empujé abriendo la puerta.
-¡Es una advertencia Tom! Si ella regresa se queda aquí y no vuelvas más por ella.
Lo dejé hablando, y bajé de ese edificio con Heidi que estaba reaccionando, gemía de dolor, no era para menos, esos tipos se turnaban con ella ¡Cómo llegó hasta este estado! No iba a permitir que regresara con ellos, así la tenga que encerrar en la casa conmigo.
Ya en el auto la acomodé en el asiento trasero.
-Tom...
-Tranquila, estas a salvo.
-Sabes que regresaré - Dijo con voz temblorosa.
-No lo harás, la adicción es una enfermedad y vas a curarte - Ella cerró los ojos y se quedó dormida.
Al llegar a casa la recosté desnuda sobre su cama, boté a la basura las sábanas, sucias de fluidos humanos con la que la traje envuelta, y me dirigí al baño a llenar la bañera, debía hacer que se bañe. Regresé a la habitación y la volví a cargar.
-Tom ¿Me harás el amor? - Preguntó divertida todavía con los efectos de la droga-
-Ya quisiera Heidi, pero ahora debes darte un baño - Le sonreí mientras la metía en la bañera. Ella a sus 18 años era una belleza de mujer, físicamente hermosa a pesar de su demacrado aspecto producto de su adicción. Conocía su cuerpo así que verla desnuda no causaba vergüenza ni a ella ni a mí.
-¿Tomarás un baño conmigo? - Preguntó mientras ponía champú en mis manos para lavarle el cabello.
-No... Pero promete que te quedarás conmigo - Hizo un silencio prolongado-
-Sabes que no puedo... si no tengo la droga no puedo vivir.
-Si se puede, sólo debes intentarlo, cuando estés libre de esa porquería volverás a ser feliz.
-Soy feliz por la droga, Tom nunca entenderás, ya sabes, es como que yo no entiendo por qué me dejaste por tu hermano - Eso me dolió, traer a la mente a Bill me ponía mal, aun lo quería y así sería para siempre.
-Heidi no hablemos de eso...
-Cada quien con sus adicciones, tú fuiste capaz de buscarlo allá a Hamburgo pese a todo, pues soy capaz de vender mi cuerpo por la droga, estamos igual - Dijo mientras jugaba con la espuma del jabón y empezaba a bañarse.
-Mírame Heidi, hace dos años no estoy con Bill, no lo veo, no sé nada de él - Dos años intentando olvidarlo y no lo conseguí...
-¿Y eres feliz?
-No, pero ya no me meto en problemas - Me dolió decir eso, la conversación me estaba poniendo mal - Bien Heidi, terminé de lavar tu cabello, puedes salir y acostarte en la cama te prepararé algo de comer.
-Tom... sólo quiero que sepas que cuando la droga salga de mi cuerpo necesitaré más y no sé que seré capaz de hacer por ella, así que no te sorprendas.
-No lo haré, pero ahora quiero que estés bien, al menos por lo que queda de esta noche.
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Habían pasado tres largos meses, la estrategia que había usado era pasar más tiempo con ella. Tuve que pedir permiso muchas veces en el trabajo para ver como estaba, había conseguido desintoxicarla a base de encierros. Las locuras que era capaz de hacer para conseguir droga eran increíbles, hubo una etapa en la que pensé que moriría, temblaba en la cama como inconciente, sudaba frío y vomitaba todo lo que comía, era un cuadro realmente espeluznante. Un amigo me aconsejó que siguiera con el encierro, que esos síntomas eran parte de la desintoxicación o sino tendría que llevarla a una clínica, pero costaban un dineral y en parte sé que Heidi quería estar conmigo a estar metida en una clínica con gente extraña. Muchas veces intentó quitarse la vida, así que tuve que ocultar cada cosa filuda con la que pudiese hacerse daño. Se había descuidado tanto que dejó de comer, adelgazándose considerablemente, pero ahora después de tres meses vi esperanza en ella.
Era de mañana y ella dormía desnuda en la cama, prácticamente durante los tres meses eran pocas las ocasiones en que la veía vestida, me había acostumbrado a ello. Le llevé el desayuno a la cama, una ensalada de frutas y un emparedado con jugo de limón.
-Buenos días - Dije mientras ponía la bandeja del desayuno sobre la mesa al lado de la cama. Ella despertó y me sonrió.
-Sabes que no quiero comer.
-Si pero esto está delicioso, por favor, sólo por hoy come - Al ver mi cara de pena que puse ella decidió comer. Me senté a su lado.
-Tom hay algo que debes saber y no te va a gustar.
-¿Necesitas droga? - Puso los ojos en blanco y me codeó-
-Qué dices, no, es peor que eso.
-No hay nada peor que eso Heidi, vamos dime.
-Mírame - Dijo señalando con la mirada su bajo vientre.
-Qué tiene, te falta ropa claro está - Empezó a reír-
-Qué tonto eres, mira mi vientre, ¿Qué no ves? - Lo notaba algo abultado.
-Que pasa, estás empezando a comer, eso es bueno.
-¡Ay! ¿No vez? Estoy embarazada - Dijo como quejándose-
-Em emba- Embarazada, ¡Embarazada! - Exclamé asombrado - Heidi ¿Estás segura?
-Claro, soy mujer, algo crece dentro de mí y no lo quiero porque no es tuyo - Tenía razón, no era mío, jamás la toqué mientras estábamos aquí, por más que se presentaron situaciones siempre la respeté.
-Pues si tú no lo quieres, lo quiero yo... - Jamás pensé en tener hijos después de conocer a Bill, pensaba vivir con él para siempre, pero las circunstancias eran otras, talvez mi destino era vivir con Heidi para siempre. Me sentía un padre ahora a pesar de tener 18 años, una emoción me embargó en ese momento.
-¿Qué tanto me miras? - Me acerqué para besar su frente-
-Mujer, serás madre, y nada te faltará ni a ti ni a tu pequeño, tenlo por seguro - Ella me sonrió y empezó a comer todo el desayuno que le había traído.
Ese día en la tarde decidí salir a comprar cosas para la casa, algo de ropa para Heidi y pensar en mirar cosas para bebés.
En el supermercado empecé a poner en una canasta las compras, pasé por un revistero, Heidi estuvo en casa por los tres meses sin salir a ninguna parte, encerrada mientras yo no estaba y a veces la sacaba a pasear pero muy custodiada por mí. Y para que no se aburra le compraba películas, libros, revistas para mujeres y esas cosas, así que tomé unas cuantas y las puse en la canasta de compras, pero mi mirada se fijó en la portada de una de ellas, tenía mi apellido escrito. Me detuve en el supermercado y la tomé de nuevo.
En nuestra sección "Nuevos talentos" El fotógrafo Daniel Kind nos trae a quien promete llegar a ser un icono de la moda: Bill Kaulitz, véase la página 45.
Mis manos empezaron a temblar, abrí la revista rompiendo su envoltorio y busqué la página 45 y ahí encontré el artículo, había una foto pequeña de él, mi corazón se quiso salir de mi pecho. Tantos años y aún podía recordarlo, suspiré y realmente me costó leer el artículo. Era de varios jóvenes, talentos nuevos que incursionaban en las pasarelas de Francia. "Está en Francia"


