Lo prometido es deuda. Y como me lo pidió una niña muy consentida por msn, pues ahí está su shot favorito (antiguo pero bueno), mejorado y retocado. Ya había sido colgado en el blog, hace un tiempo. Así que posiblemente a algunas os suene.
¡Viva el Tom uke y que disfruteis!
By Bill
Pero que coñazo de entrevista.. Me duermo..
Empezaba a cerrar los ojos cuando oí a Tom decir algo muy interesante a mi lado.
- Yo soy siempre el primero en todo.. – Ja Ja y Ja, sueña enano.. – Yo tuve mi primer beso antes.. – Vale, esto lo admito, 24 horas antes. – Yo tuve sexo primero.. - ¿Perdón? – Claro, Bill es virgen. - ¡¿PERDÓN?!
- Oh.. sí.. – Pero como siempre soy puro autocontrol y me tuve que reprimir las ganas de estrangular al inútil de mi hermano. No tuve mas remedio que asentir como un idiota mientras él sonreía a las cámaras, orgulloso.
Después de la entrevista todos volvieron a casa, era la última del día. Menos yo, que fui a por tabaco y me entretuve mirando aparadores de ropa medio disfrazado. Me dirigí hacia el estudio con la intención de cortar cabezas.. Pero allí solo había una cabeza que degollar, una igual a la mía…
By Tom
Vale, la había cagado. Relájate Tom, solo puedes esperarle y resignarte a morir. Mentalízate.
Cuando llegue, arrodíllate y llora, a lo mejor se apiada de ti..
Estos pensamientos llenaban mi cabeza cuando oí la puerta principal abrirse, solo podía ser una persona.
- Tommy… – Le oí canturrear mi nombre desde la entrada, mala señal. - ¿Sabes por qué normalmente solo YO hablo en las entrevistas? – Ehhh... ¡Me la sé!
Oí sus pasos acercarse por el pasillo. Miré a mi alrededor. Había varias opciones alternativas a morir en manos de mi gemelo. Podía tirarme por la ventana, esperar no romperme las dos piernas en el intento y huir en bicicleta... no, que o tengo bicicleta. Podía esconderme en el armario del dormitorio... pero me encontraría tarde o temprano. Podía meterme en el váter, tirar de la cadena y esperar llegar al mar de una sola pieza. Humm... algo falla.
Mientras pensaba en qué hacer, Bill llegó al comedor, donde yo me encontraba. Se apoyó en el marco de la puerta con pose chula y se quedó mirándome. Yo temblé de pies a cabeza.
- Tommy.. eres un pequeño mentiroso. – Joder, voy a morir. – Así.. que soy virgen ¿no? – Socorro – Creo que sabes bien que no lo soy.. ni por delante, ni por detrás. – Mierda, sabía que mi hermano era bisexual, pero no podía imaginarlo siendo el pasivo, siempre era tan… imponente..
- Oye, Bill… yo… - Las palabras se me atascaban en la garganta.
- ¿Sí? – Empecé a sudar.
- Sabes que tengo una imagen pública… - Vale, fue lo mejor que se me ocurrió.
- Venga, no me vengas con eso ahora. – Se rió. - ¿Por eso dijiste lo de mi supuesta virginidad? – Una gota de sudor frio recorrió mi mejilla. – Pero.. olvidaste mencionar la tuya, ¿no? – Yo bajé la cabeza, avergonzado. Bill era la única persona que sabía que yo era virgen.
Él empezó a reír a carcajadas en mí cara, daba miedo.
- ¡Que huevos los tuyos, Tom! ¡Jajajaja! – Que vergüenza coño.. Entonces dejó de reír, y se acercó hacia mí, yo seguía sentado en el sofá, deseando desaparecer. Siguió avanzando lentamente y yo me ponía cada vez más nervioso.
- ¿Sabes? Ya sería hora de que te estrenaras, ¿no crees, hermanito? – Hay que joderse.
- Pero.. yo, no…
- ¡Venga ya, Tom! ¡Tienes dieciocho años, macho! – Tierra, trágame.
Alcé la cabeza para mirarle. Se quitó la chaqueta, sonriente, con superioridad. Luego la camiseta… dejando ver su torso blanco y suave.
- ¿Qu-qué haces..? – Pregunté tímidamente, sin atreverme a moverme aun. Él se desabrochó el cinturón ante mi atenta mirada.
- Voy a hacerte el favor. – Dijo, y se quitó aquellos tejanos negros y estrechos. Se giró hacia mí y yo, ofrecí mi mejor cara de idiota. Solo unos bóxers, solo unos minúsculos bóxers oscuros y pegados cubrían su desnudez. Se giró un momento para recoger la ropa del suelo y dejarla en el sillón y yo, sonreí como un bobo el ver, claramente, la forma de sus nalgas debajo de la tela.
- Bueno... – Suspiró – Vamos allá. – Y se sentó sobre mis piernas, de cara a mí, empezando a quitarme la camiseta por la cabeza. No me lo podía creer. - ¿Cómo lo quieres? – Dijo mientras batallaba para quitarme la jodida camiseta. - ¿Por delante o por detrás? – Yo lo miré con unos ojos como platos. – Creo que será mejor por detrás.. – Suspiró al ver mis torpes y temblorosos movimientos.
- Bill..
- Calla. – Me cortó y me desabrochó los pantalones. Empezó a bajármelos y yo, automáticamente, subí mis caderas para ayudarle en su tarea. Fue en aquel momento, cuando me di cuenta de que me estaba empalmando y, además, con una facilidad increíble. Bill me bajó los pantalones por completo, quitándomelos junto con los zapatos, quedando yo en bóxers igual que él. Se quedó de pié delante de mí un instante y entonces, se arrodilló en el sofá y besó mi cuello con pequeños roces húmedos, casi sin tocarme. Me estremecí. Se inclinó mas encima de mi cuerpo, con una pierna en el suelo y la otra, apoyada en el sofá entre las mías. Sus cabellos, puntiagudos, me rozaban el pecho, podía oler el aroma de su piel… y estaba completamente cachondo. Su torso desnudo se pegó al mío, saltaron chispas y mi respiración se aceleró. Yo estaba ya casi completamente tumbado, con su delgado cuerpo encima del mío, reteniéndome. Sus finas manos recorrieron mi torso hasta el bajo vientre, haciendo erguir mi sexo aun mas. Sentí de nuevo su aliento en mi cuello, se inclinó aun más, con su rostro a escasos centímetros del mío.
- ¿Tienes miedo, hermanito? – Susurró burlonamente al percatarse del tembleque de todo mi cuerpo al contacto con el suyo.
- Sí – Asentí sinceramente, empezando a asimilar lo que venía. Una sonrisa maliciosa divisó en su rostro un instante. Luego, inclinó la cabeza y rozó suavemente con sus finos labios el hueco en la base de mi garganta.
- Tranquilo… yo cuidaré bien de ti.. – Susurró con algo parecido a la dulzura. Respiré profundo, con algo mas de confianza.
Su nariz trazó una línea sobre la piel de mi cuello hasta el borde de la barbilla. Su cálido aliento me erizaba la piel y me provocaba calambres placenteros.
- Bill… ¿Me va a doler? – Me besó la mejilla con delicadeza, descendiendo despacio hasta detenerse en la comisura de mis labios, aun temblorosos.
- Yo cuido de ti, Tom.. – Dijo despacio contra ellos. Esa ternura, esos gestos tan dulces e impropios de él, eran de lo más nuevos.
- Sí, Bill. Cuida de mí.. – Pedí. Entonces tomó mi cara entre sus manos, con rudeza, y me besó en serio, moviendo insistentemente sus labios contra los míos.
Sentí su lengua entrar en mi boca, lamiendo mis labios entreabiertos. Su aliento se mezcló con el mío, caliente y excitante. Mis brazos se cerraron instintivamente alrededor de su cuello, abandonándome por completo a los besos de mi gemelo. Me costaba horrores respirar. Pude notar como tocaba su piercing con la punta de mi lengua.
Automáticamente, mis piernas se enroscaron como serpientes alrededor de su cintura, con fuerza. Nuestras erecciones chocaron, restregándose la una contra la otra, sintiéndonos vibrar por cada roce con el que me deleitaba de pura excitación.
- Hmmm.. – Bill gimió bajito contra mi boca, sin despegar nuestros labios. Empecé a jadear sin poder evitarlo.
Mi hermano se quitó los pegados bóxers, sin deshacer el abrazo de mis piernas, y su erección quedó tiesa delante de mi vista. Mis ojos se abrieron desmesuradamente sin poder apartar la vista de aquel lugar. Él aprovechó mi distracción y me empujó contra el sofá, haciendo fuerza con sus manos contra mi pecho y haciendo que yo quedara totalmente tumbado. Me sentí inmensamente vulnerable frente a él. Mis piernas seguían enroscadas fuertemente a su cuerpo, apretándolo contra mí, pidiendo más.
De pronto y sin previo aviso, empezó a moverse en un desesperado vaivén, con sus caderas restregándose firmemente contra mi entrepierna, haciendo que me pusiera más duro por momentos debajo de la fina tela de ropa.
Bill agarró mis bóxers y, desasiéndose del estrujón que mis piernas seguían ejerciendo, tiró de ellos hasta quitármelos, dejándome totalmente desnudo, al igual que él. Un leve rubor emanó en mis mejillas. Me agarró los muslos con ambas manos, separándolos y dejándome totalmente expuesto ante su mirada maliciosa, escrutándome. Sus ojos se desviaron hacia mi entrepierna y sonrió, yo cerré los míos, avergonzado a más no poder.
Sus manos se posaron sobre mi pecho, bajando por todo mi torso, acariciando mis abdominales con las puntas de los dedos… hasta mi ingle. Contuve la respiración. Bill me besó sobre el estomago, con besos húmedos, recorriendo con su lengua desde el abdomen hasta mi bajo vientre en cuando sentí su mano cerrarse firmemente sobre mi pene erecto. Yo empecé a jadear como un loco, sintiendo el corazón salirse de mi pecho. Él deslizó su cuerpo hasta quedar justo en frente de mi miembro, se relamió los labios. Hice amago de cerrar las piernas pero su otra mano seguía en mi muslo, presionando y dejándome completamente expuesto. Alcé la cabeza levemente del sofá para poder verle y observé como su rostro se dirigía hacia abajo, con una sonrisa llena de malicia, y como se situaba entre mis piernas. Yo cerré mis ojos con fuerza, no podía verlo sin morir de vergüenza. Mientras su otra mano seguía agarrando la base de mi pene, sentí como sus labios se cerraban en la punta de este, haciendo un sonido húmedo al succionar, despacio.
- Humm… – Un gemido quedó ahogado en mi garganta. Su sonrisa se ensanchó.
- Tommy, eres un niñato malcriado.. – Dijo separando sus labios de mi piel y empezando a masturbarme lentamente.
- Ahh.. Bill, sigue.. – Dije sin pensarlo. Me miró un instante, dirigiéndome una mirada cargada de lujuria y volvió a enterrar su rostro entre mis piernas. Su lengua recorrió desde la punta hacia la base de mi sexo, en toda su longitud. Mis latidos enloquecieron y una gotita de sudor resbaló por mi frente de nuevo. Sentí como seguía lamiéndola como si fuera un dulce y, de repente, se la metió entera en la boca, hasta el fondo, hasta que pude sentir el extremo chocar levemente en su garganta.
- Bill.. no pares.. mmm.. – Comenzó a comérmela con rapidez, dejándome oír como dejaba escapar ruiditos de gusto que quedaban ahogados en mí. Me puso aun más caliente. Nunca en mi vida había sentido tal sensación. Sentí una descarga de placer enorme al notar el contraste del metal de su piercing con el calor de mi piel. Aceleró el ritmo mientras yo cerraba los puños con fuerza hasta clavarme las uñas. Me estaba volviendo loco. Si continuaba así no duraría mucho más y él lo sabía. Sentí el pre-semen salir de mí y entonces, se detuvo.
De mi boca salió una especie de gruñido frustrado e involuntario. Oí como él soltaba una risita, divertido, con restos de liquido pre-seminal en sus rosados labios. Lo miré suplicante y sin dejar de jadear. Por respuesta a mi súplica, mi hermano apartó la mano con la que, hasta ahora, seguía agarrando mi miembro. Bufé desesperado.
- Bill.. – Mi respiración no me dejaba hablar, ni siquiera me salían las palabras. La verdad es que se me había olvidado por completo que yo, en teoría, aquella noche debía perder mi virginidad (aunque fuera por otro lado).
Bill volvió a situarse encima de mí y paseó un dedo por mi clavícula mientras me hablaba al oído.
- No seas tan ansioso, ahora empieza la fiesta, ¿sabes? – Habló en un tono tan dolorosamente sensual que un cosquilleo recorrió todo mi cuerpo hasta la nuca. Se levantó levemente y posó sus rodillas apoyadas en cada lado de mi cuerpo, sentándose sobre él. Su trasero desnudo quedó en contacto con mi abdomen. Mi corazón se desbocó. Le miré tímidamente y abrí los ojos de nuevo desmesuradamente cuando mi mirada bajó del pecho. Su pene se encontraba duro frente a mí, a escasos centímetros de mi cara y delante de mi mirada enloquecida. Volvió a sonreír al verme, parecían divertirle mis reacciones.
Entonces, observé con la boca semiabierta como colocaba su mano, firme, alrededor de su miembro y empezaba a masturbarse con fuerza delante de mis ojos. Creo que mi cara debió de ser de película, desencajada.
Nunca había visto a mi hermano masturbándose, ni siquiera cuando éramos más jóvenes. Jamás hubiera creído que presenciaría semejante espectáculo. Él cerró los ojos y se mordió el labio inferior mientras su mano no paraba de moverse encima de su pene increíblemente erecto. Lo hacía con tantísima naturalidad que parecía no percatarse de que no estaba solo. Mientras él continuaba, cada vez más deprisa, yo, observaba con total atención cada uno de sus movimientos, sin perderme detalle. Vi como se lamía el labio superior, creo que se me cayó literalmente la baba. Desprendía tantísima sensualidad…
- Ahh.. hmmm – Bill gimió, mas alto que antes, más abiertamente. Creo que si no fuera porque su cuerpo se encontraba en medio sin dejarme paso, me hubiera empezado a pajear yo también desde hacía rato. Observé como aceleraba el ritmo aun más y empezaba a jadear como un perro, el líquido pre-semen resbaló por sus dedos y entonces, paró, quedando él también a la víspera del éxtasis.
Me sonrió pícaro, viendo mi, seguramente, cara de morbo total, y se relamió de nuevo los labios. Yo era incapaz de mover un solo músculo.
La gran excitación que se había apoderado de mí unos minutos antes, se convirtió en autentico terror en cuestión de segundos cuando Bill me separó las piernas de nuevo y apoyó una rodilla en el sofá. Imaginé lo que venía ahora.
Bill se llevó de repente dos dedos a la boca y los lamió, igual que había lamido mis partes nobles, empapándolos de su saliva sin dejar de mirarme sensualmente. Los sacó ya empapados, haciendo un ruido húmedo y dejando que un hilito de saliva descendiera por su barbilla. Su sonrisa se ensanchó al ver mi cara de horror.
Con una pierna apoyada en el sofá y la otra en el suelo, mi hermano me agarró del muslo y dirigió su otra mano hacia mi entrepierna. Cerré de nuevo los ojos, rezando para que se detuviera. En aquel momento me arrepentí de no haber terminado cuando había tenido la oportunidad.
La mano de mi hermano palpó entre mis piernas, buscando el sitio indicado. Sentí un cosquilleo en el estómago cuando uno de sus dedos presionó en mi entrada. Nunca nadie me había tocado en ese sitio.. en realidad, tampoco nunca me habían hecho una felación antes, pero esto era.. tan intimo. No me sentía incomodo, solo increíblemente nervioso, concentrándome en lo que sentía, esperando sentir dolor en algún momento. Añadió más presión con este único dedo hasta introducirlo entero dentro de mí. Mi respiración se aceleró igual que antes, sentí como su dedo salía de mi interior y volvía a entrar, así unas tres veces antes de incluir otro. Apreté la mandíbula y mis abdominales se contrajeron involuntariamente.
- Tom, estas demasiado rígido, relájate.. – Sentí de nuevo sus dedos penetrar en mí.. Mi cuerpo se endureció, me sentía demasiado intimidado.
- Y.. ¿Co-cómo lo hago..? – Tartamudeé, esperando algún tipo de consejo. Me sorprendió escuchar mi propia voz en un tono tan increíblemente pasivo, tan delicado. Bill sonrió levemente mientras volvía a sacarlos y presionar de nuevo. Podría jurar que vi hasta ternura en esta sonrisa... solo un poco. – ¿Co-cómo?, ¿Cómo me relajo?
- Bésame. – Abrí más los ojos. Su mirada me sorprendió, era más intensa de la cuenta. Pestañee un par de veces, deslumbrado.
Bill se inclinó hacia mí sin sacar los dedos de mi interior. Fui incapaz de moverme y sus labios rozaron los míos, descansando sobre ellos unos segundos, sin profundizar, sin más que esto. Fue hasta dulce, diría yo... este Bill me estaba desconcertando mucho. Abrí los ojos y vi los suyos, cerrados, su rostro completamente relajado mientras me besaba. Sus dedos salieron de nuevo de mí, yo no me moví, esperando que volviera a introducirlos por enésima vez. Movió sus labios lentamente con los míos, levemente, sin lenguas de por medio, solo un beso, con una lentitud increíble… y me encantó. Había algo de por medio… algo…
De pronto una presión me sacó de mí burbuja, un dolor punzante y agudo. Sentí su miembro erecto escurrirse en mi interior y quedarse dentro unos instantes, invadiéndome.
- ¡Ah! – Grité contra su boca, con el ceño fruncido. Una lagrimilla reposó en mi lagrimal.
- Tom, bésame. – Bill volvió a juntar sus labios con los míos. Cerré los ojos fuertemente, sin dejar de mover mi boca contra la suya, ahora con más insistencia. Intentando distraer con sus besos la presión que sentía más abajo.
Sentí como su pene salía un instante de mí y, seguidamente volvía a penetrarme, esta vez más fuerte y más hondo. Agarré un cojín y lo estrujé entre mis dedos para no gritar.
-Ahh.. Tom.. Tom..– Bill no dejaba de susurrar mi nombre mientras gemía contra mi boca, entre besos y jadeos. Su mano se deslizó por mi costado hacía arriba, acariciándome el pecho, el cuello… la barbilla, subiéndola para que no apartara mi boca de la suya.
Empezó a entrar y a salir cada vez más profundamente, más adentro. El dolor no cesaba. Mi cuerpo volvió a quedarse en tensión y sentí como aun me dolía más. Su miembro volvió a penetrar en mi interior. Un gruñido ronco se escapó de mi garganta. Salió, volvió a entrar.
- No dejes de besarme, Tom. – Juntó de nuevo nuestros ya rojizos y empapados labios. Lamiendo los míos desesperadamente, acariciándolos con su lengua, ansioso.
Sentí como su miembro se deslizaba hacia fuera otra vez y entraba de nuevo, esta vez entero, completamente firme y fuerte, clavándomelo hasta el fondo.
- ¡Bill! – Le regañé. Vi como sus ojos se entreabrían, idos. Su rostro estaba empapado de sudor. Volvió a envestirme. Yo cerré los míos, dejando que una lagrima descendiera por mi mejilla sin remedio.
Bill echó su cabeza hacia atrás, gimiendo como un loco. Me penetró de nuevo y, esta vez, sentí como su pene se escurría fácilmente dentro de mí, llenándome sin esfuerzo. Sentí como el dolor iba menguando, dando paso a una sensación totalmente nueva. Un cosquilleo recorrió mi cuerpo. Sentí como el placer se hacía mayor por momentos.
Bill parecía estar enloqueciendo, con la cabeza hacia atrás, en una mueca de puro placer.
- Ohh.. ¡Tom..! – Bill gritó abiertamente, mirando al techo, con la cabeza aun hacia atrás. Seguía envistiéndome y cada vez sentía más cosas juntas, se me mezclaban las sensaciones. El dolor ya casi ni se mostraba. Bill me la metía cada vez más fuerte y yo disfrutaba como nunca antes lo había hecho.
. Ahh.. Dios.. sigue.. – Soltó otro gemido y se inclinó de nuevo sobre mí, sin dejar de darme fuertemente. Se acercó a mi rostro hasta juntar nuestras frentes. De su boca entreabierta no cesaban de salir jadeos descontrolados. Su aliento, caliente, rozó mis labios, los cuales buscaron los suyos con desesperación. Volvimos a besarnos, ansiosos y locos. Comiéndonos el uno al otro como si nos fuera la vida en ello. Bill aceleró aun más el ritmo de sus envestidas. Supe que le quedaba poco para explotar.
Una de sus manos, guiaba su miembro hacia mi entrada, la otra, que hasta ahora se encontraba separando mis muslos, se cerró entorno a mi pene. Se me escapó otro gemido ronco contra su boca y me abrí aun mas para él. Sin perder fuerza en sus movimientos, empezó a masturbarme al mismo ritmo con el que me penetraba. Con la misma firmeza y velocidad. Sentí el mundo desaparecer.
- Bill, joder.. sí.. – Un espasmo invadió mi cuerpo. Pude notar cómo se acercaba el orgasmo y como mi miembro palpitaba bajo su mano. Le mordí levemente el labio inferior y jadeé contra su boca, juntando de nuevo nuestros alientos. Mi grito de placer se ahogó en su boca aun pegada a la mía y, entonces, me corrí en su mano.
Bill me envistió un par de veces más. Apartó la mano con la que me había tocado, empapada de mi esencia, y las situó ambas en mi trasero, agarrándome las nalgas con fuerza, separándolas. Me penetro con tantísima fuerza que mi cuerpo se abalanzó hacia atrás, moviendo el sofá un par de centímetros en esta última estocada.
- ¡Ahh, Tom! – Soltó un grito alto y agudo, repitiendo mi nombre una y otra vez. Y se vino en mi interior.
Noté como su semen me llenaba por dentro y se escurría por mis piernas, caliente.
Entreabrió los ojos. Su cara estaba totalmente empapada, sus labios rojizos… Se levantó un poco de encima de mí y retiró su miembro con cuidado, lentamente. Mi hermano se desplomó sobre mi cuerpo, suspirando y cerrando los ojos, con total naturalidad, agotado.
En ese momento no pensé en nada... ¿Esto era incesto? ¿Querría Bill algo más conmigo? ¿Se repetiría lo de esta noche? No pensé en nada de esto. Simplemente, sonreí como un estupido, completamente feliz.
- Oye Bill.. – Susurré bajito, sin estar seguro de que me oyese.
- ¿Humm..? – Respondió con un ruidito, aun sin abrir los ojos. Dudé un segundo.
- Si este es mi castigo… Creo que voy a decir muchas más estupideces en las entrevistas de ahora en adelante. – Vi como los labios de mi gemelo se curvaban en la más sincera de las sonrisas.
- Sí… yo también lo creo.
FIN

