Capítulo LVII: “Cada día, una nueva sorpresa”.
“...Sabía que el tiempo me estaba ayudando...”
Dale play. [ Leona Lewis - Better in time ]
Ambos nos sentamos en el sillón.
-¿Mamá te contó la verdad? –le pregunté intrigado.
-Sí.
-¿Y qué piensas? –cuestioné sorprendido ya que mi hermano no desmostraba ni un gesto de asombro por la noticia de que éramos trillizos.
-Que no puedes enojarte por semejante estupidez.
En ese momento me pregunté si estábamos hablando del mismo tema.
-¿Ah? Dime, ¿qué te ha contado mamá? –inquirí aún más perplejo.
-Que se pelearon porque ella no te visita seguido.
Mis ojos se salieron de su órbita.
-Ah, no. Definitivamente no piensa decirte la verdad. Bill, no nos peleamos por eso. Te dije que era grave y lo es.
-¿Y cómo sé cuál de los dos miente?
-Me creerás cuando te cuente. Y lo haré yo porque luego te vas a enojar si nadie te cuenta.
-Está bien. Hazlo. Cuéntame tu verdad.
-Conoces a Max, el sacerdote, ¿verdad?
-Sí. ¿Qué tiene que ver él?
-Un día vino y se olvidó el documento de identidad aquí. ¿Sabes cuál es su nombre completo?
-¿Cuál?
-Max Kaulitz Trümper. Y no sólo eso, sino que nació el primero de septiembre de mil novecientos ochenta y nueve.
Al fin Bill tenía la reacción que yo quería: estaba anonadado.
-¿Estás insinuando que...? –preguntó él cuando pudo volver al planeta tierra.
-No insinúo nada, Bill. Max es nuestro hermano. Somos trillizos.
Mi hermano quedó en estado de shock.
-No puede ser...Pero, ¿es verdad, Tom? ¿Mamá te lo confesó? Ya veo que esto sólo es suposición...
-Bill, mamá me lo confesó. ¿Por qué te piensas que estoy peleado con ella?
-Dios, es increíble que de un día para el otro seamos trillizos. Ahora entiendo lo del escalofrío –murmuró Bill.
-A mí también me pasó lo del escalofrío. Es más, cuando tuve el documento en mis manos y pude darme cuenta de que Max era nuestro hermano se vino una visión a mi mente.
-¿Qué visión?
-Recordé un momento de mi vida en el que mamá hablaba por teléfono y le gritaba a papá que no se lo llevara, que por más que fuera su culpa no quería que los tres hijos crecieran separados. Ahí fue cuando me di cuenta de que todo era verdad.
-No entiendo cómo mamá pudo ocultarnos una verdad de esa magnitud. Te juro, Tom, que ahora entiendo tu enojo.
-Lo que más bronca me da es que mamá no quiera contártelo y si no hubiera sido porque Max apareció en nuestra vida, jamás nos hubiésemos enterado que teníamos un hermano.
-Es verdad. Mamá es una cobarde. Gracias, Tom, por decírmelo. De verdad te agradezco. Lo peor de todo es que mamá sigue con sus mentiras.
-Sí.
-Ahora lo único que quiero es saludar a Max, que me cuente sobre su vida y decirle lo mucho que deseamos haberlo encontrado antes.
-Le diré que venga. ¿Quieres?
-Sí, por supuesto. Buenísimo. Por una parte me hace feliz esta noticia, pero por otra parte me siento traicionado por mamá.
-Yo también. Te entiendo. Créeme que yo sentí lo mismo.
-Extrañaba hablar así contigo.
-Sí, se siente extraño hablar pacíficamente y sin discutir contigo. De todas formas, no toquemos otro tema, por favor.
-Debemos tocarlo porque mamá me preguntó respecto de eso.
-¿Qué te dijo? –cuestioné con miedo.
-Me preguntó si era verdad lo que tú habías dicho ayer.
-¿Y qué le has respondido? –cuestioné para esperar la respuesta que no quería recibir.
-Le dije que era mentira. Pero ahora le diría lo contrario.
Mis ojos demostraron una desilusión notable. Y quise gritarle; sin embargo me detuve. Yo era su hermano, nada más. Debía entenderlo de una buena vez, me gustase o no.
-Mejor. Es lo más sano –repliqué.
-Oye, ¿Max sabe la verdad?
-Sí, es el único que sabe.
-Genial. Con razón el otro día me miró tan sonriente.
-¿Sí? Pobre, él quería correr a abrazarte.
-Ahora lo haremos.
-Cierto, lo olvidé. Debo llamarlo.
Tomé el teléfono y marqué el número de Max.
-¿Hola? –atendió mi hermano.
-Hola, Max. Soy Tom.
-¡Hola, hermano! ¿Cómo estás?
-Bien. Necesito, Max, que vengas a casa.
-Sí, Tom, no hay problema. ¿Es urgente?
-No, es porque Bill sabe la verdad.
-¡Entonces sí es urgente! ¡Necesito abrazarlo! Iré en un rato.
-Buenísimo. Gracias. Adiós, hermano.
-Adiós, Tom.
Cortamos la comunicación.
-Ya viene.
-Fantástico.
-¿Qué pasa? No te veo tan emocionado como lo estabas hace cinco segundos.
-Sí, lo estoy. Sólo que...
-¿Qué?
-No, nada. No tiene importancia.
-Okay.
Me moría por preguntarle qué le sucedía pero no lo haría. Eso hubiese sido meterme demasiado en su vida y lo que quería era mantenerme al margen de ella.
Bill y yo hablamos un rato de Max, le conté sobre su vida y finalmente, nuestro tercer hermano llegó.
-¡Hola, Bill! –exclamó Max cuando abrí la puerta.
-¡Max! –dijo Bill también emocionado.
Ambos se abrazaron. Max me invitó al abrazo y me uní felizmente. Me sentí como en casa y no percibí nada extraño al abrazar a Bill; sólo lo pensé como mi hermano y nada más. Poco a poco iría superando la pérdida del amor de mi vida. Sabía que el tiempo me estaba ayudando y lo seguiría haciendo.
Los tres nos separamos sonrientes y nos sentamos para hablar.
Más tarde, Maia bajó; ya se había despertado. Aproveché que estábamos los tres hermanos para contarle que tenía un nuevo tío. Le dije que había aparecido ahora porque estaba de viaje. No le dije que su abuela había mentido. Quizás lo sabría cuando fuese más grande y pudiese diferir los conceptos “verdad-mentira”.
Maia después de saludar, se dirigió arriba nuevamente.
-Ahora debo conocer a mamá –afirmó Max.
-Ya te he dicho que estoy peleado con ella –repliqué amargamente.
-Tú, Bill, me harás conocer a mamá, ¿verdad?
-No creo que sea buena idea.
-¿Por qué? –cuestionó Max sorprendido.
-Porque si yo la veo en este mismo instante, la mato.
-Bill, ya le dije a Tom que se arregle con ella. Hazlo tú también.
-No puedo. No ahora.
-La perdonaremos, pero no en este preciso momento. Y no es para que sufra, sino porque no puedo mirarla a los ojos sin recordar que te ocultó por más de veintiún años –expliqué algo dolido.
-Está bien, los entiendo.
-No obstante, está todo bien con que quieras ver a mamá.
-Si quieres te acompaño a su casa –ofrecí amablemente.
-Bueno, muchas gracias, Tom.
-Por nada, Max.
-Espera, Tom, deja. Yo lo llevo en un rato en mi Cadillac, así de paso me voy a...
-¿A tu casa? –pregunté haciéndole saber a Bill que había superado su partida.
-¿No vivías aquí? –le cuestionó Max a mi hermano sorprendido.
-Sí, pero ahora vivo con Candy, mi novia –balbuceó Bill.
-Oh, qué bien –repuso Max sonriente –. Entonces, ¿vamos a lo de mamá?
-¡Yo quiero ir a lo de la abuela! –exclamó Maia bajando las escaleras, entrometiéndose en la conversación.
-Oye, ¿tú escuchaste lo que hablábamos, picarona? –le pregunté a mi niña.
-No, papi. Iba a tomar agua y justo escuché al tío Max. ¿Puedo ir con él? ¿Sí?
-Bueno, hija. ve. El tío Bill te llevará.
-¡Sí! ¡Gracias, papá! ¡Eres el mejor!
-Gracias, hermosa –agradecí feliz.
-Vamos subiendo al auto porque creo que aquí hay gente que está muy apurada –dijo Bill refiriéndose a Maia y a Max.
Los tres se despidieron de mí y subieron al auto.
Bill llegó a casa de mamá y tocó el timbre. Ella abrió la puerta y se sorprendió al ver que afuera de su casa estaba el sacerdote del bautismo de Maia.
-Hola –saludó Max.
-¡Abuela! –gritó mi niña abrazando a mamá.
-¡Hola, nena! Hola, soy Simone –saludó ella a su hijo sin saber que lo era, dándole la mano.
-¿No piensas abrazar a tu tercer hijo? –inquirió Bill prepotentemente.
Mamá se quedó perpleja. Lo hizo porque, además de que Bill sabía la verdad, tenía a su hijo frente a sus ojos. Ella lo abrazó como si jamás fuese a separarse de él, como si el mundo se terminara en ese preciso instante. Lo sintió tan cerca como cuando él estaba en su vientre.
Un par de lágrimas recorrieron el rostro de mamá, al igual que lo hicieron las lágrimas de Max. Ninguno de los dos podía ni quería hablar. Sólo el silencio podía describir lo que ambos sentían.
Cuando mamá y su tercer hijo se pudieron desprender, ella se acercó a Bill.
-Perdóname, cariño. Te juro que te explicaré todo.
-Mamá, sólo vine a traer a Maia y a Max; ahora no quiero hablar contigo. Adiós. Luego hablamos.
Mi hermano dio media vuelta y subió al auto, retirándose del hogar de mamá. Se dirigió hacia su casa para ver a su novia.
Al llegar al lugar en donde vivía actualmente, Bill no se encontró con una escena muy pacífica que digamos: Candy estaba pegándole a un chico rubio y alto, el cual se encontraba en el piso quejándose e intentando defenderse.
« Continuará... »
¿Quién será el rubio que está luchando con Candy? ¿Por qué estarán peleando? ¿Qué hará Bill al respecto? ¿Qué le dirá Bill a su madre respecto de Max?
Muchas gracias Kyra por comentar como siempre e.e Me causó mucha gracia lo de la madre del año ajajaja es verdad u.u Y bueno, te regalé ahí la conversación entre los twins XD Besos y nos vemos en el próximo cap