Capítulo V: “ Una palabra tan fácil, pero tan complicada”.
“...Jamás haría algo que te lastimara...”
[ http://www.youtube.com/watch?v=rPZgOyo_9nE ]
-Mi amor, llamó David. -le avisé a mi gemelo.
-Ah, ¿y qué quería?
-Avisarnos que tenemos el concierto de bienvenida para mí la semana que viene.
-Buenísimo, ¿qué día?
-Le dije que cambiara la fecha para que sea más temprano. Perdóname porque lo hice sin consultarte, Billy. Necesito que la semana que viene nos vayamos de vacaciones. Espero que no te enojes.
-No hay problema, Tomy. Lo que quieras tú está bien. Pero, ¿por qué necesitas irte la semana que viene? -preguntó Bill curioso.
-Porque necesito despejarme, quiero divertirme contigo como nunca antes lo hice. -mentí ocultando mis nervios-. ¿Está mal?
-No, claro que no. Solamente que pensé que querías escapar de algo. Tom, tú y yo nos conocemos muy bien. Dime, ¿tienes miedo de que pase algo con Camille? -otra vez Bill volvía a meterla a nuestras conversaciones.
Miente, miente, pensé.
-Ay, Bill. No puedo mentirte. Sí, tengo miedo de que pase algo pero en realidad mi cabeza me dice que jamás lo harías. Sé que me amas y no quiero desconfiar de ti. Perdóname si sientes que es eso lo que hago. Y lo de las vacaciones no es porque quiero alejarme de todos, sino porque realmente quiero irme contigo y aprovechar todo el tiempo que podamos juntos.
-Tomy, no quiero que pienses que voy a hacer algo malo, ya te dije que con Camille lo que pasó sólo fue una aventura de niños, nada más. Tú sabes que te amo más que a nadie. Jamás haría algo que te lastimara.
-Yo tampoco. Desde que me enamore de ti, he cambiado. Y creo que se nota demasiado.
-Tienes razón. Gracias por hacerlo.
-De nada, mi amor. Haría lo que sea por ti.
David me llamó cuando terminamos de almorzar para decirme que había conseguido lo que yo quería. El concierto se haría dentro de dos días, no en una semana como él lo tenía planeado. Le agradecí más de cinco veces, debido a que ultimamente, estábamos siendo muy hartantes con él. Sin embargo, había logrado mi objetivo. Me iría dentro de tres días de vacaciones con Bill, ambos solos, sin paparazzis, sin enemigos, y sin sueños perturbadores. O al menos eso quería creer.
Les avisamos a Gustav y a Georg de lo del concierto y, aunque al principio se quejaron de que fuese temprano en relación a la fecha, terminaron por aceptarlo. No les conté de lo de las vacaciones con Bill, cuando nos viésemos para ensayar les contaría. No obstante, no les diría que le pedí a David que adelantara el concierto por mí. De eso no se enterarían; tenía miedo de que se enojaran.
Ese día nos juntamos para ensayar, al igual que los dos días siguientes. El tiempo se pasó rápido y, cuando quise acordar, ya era hora de salir al show.
-Deséame suerte. -le pedí a mi gemelo.
-Todas las fans enamoradas de ti volverán a quererte tal como lo hacían antes. -afirmó Bill en tono de reclamo.
-No seas celoso, sabes que yo te amo a ti.
-Pero las fans a ti.
-Tontito.
Salimos al escenario y nunca había oído tantos gritos juntos en toda mi vida. Al fin volvía a estar allí, frente a todos esos fanáticos ansiosos de escuchar a Tokio Hotel, a la banda original, no a esa que tenía como miembro a un idiota que ni sabía tocar la guitarra. Me sentía bien, debido a que no había sucedido lo que pensé que podía pasar. Se me había cruzado por la cabeza la idea de que mis seguidoras/os me odiasen por haberme ido de la banda. Sin embargo, eso no sucedió. Al contrario, todos parecían estar felices de volverme a ver.
Bill, creo que por primera vez en su carrera de cantante, me dio el micrófono en un concierto.
-Agradece todo esto. -me susurró sonriente.
-Hola. -saludé sonriente a las personas que habían ido al concierto de bienvenida-. Les quiero pedir disculpas por si les hice pasar un mal rato al irme de la banda, pero ahora lo único importante es que estoy de vuelta. Y con los mejores del mundo. Gracias por todo. Los queremos mucho, fanáticos.
Luego de recibir los aplausos triunfales, comenzamos a tocar. Sin lugar a dudas, califiqué ese concierto como el mejor del año. Y hablando de años, faltaba poco para Navidad y para año nuevo. Y lo mejor de ello, era que compartiría ambas fechas sólo con el amor de mi vida. Tenía que hacer que esos dos días, fuesen mágicos para Bill, al igual que todas nuestras vacaciones.
Terminó ese hermoso concierto, y nos dirigimos hacia los camerinos. Bill me dijo que le había gustado lo que había dicho en el escenario, y también lo hicieron Georg y Gustav. Les agradecí y a estos dos últimos, les avisé acerca de las vacaciones que pensábamos tomarnos con Bill. Les pareció que estaba bien, dijeron que debíamos distendernos de todas las tensiones que habíamos tenido en los últimos meses, así que nos apoyaron por completo. Ellos nos entendían.
Al día siguiente, comenzamos a ver con mi gemelo en qué lugar podíamos vacacionar. Pensamos en ir a Miami, o a Los ángeles o a México. Pero finalmente, decidimos que iríamos a las playas de San Francisco. Sería un lugar tranquilo, sin muchos fans y para que sólo estuviésemos Bill y yo.
También decidimos que emprenderíamos el viaje al día siguiente. Así que esa tarde fuimos a visitar a mamá para contarle sobre las vacaciones, y para despedirnos de ella, debido a que no la veríamos por unas semanas.
Cuando volvimos a casa, armamos los bolsos y listo, todo estaba preparado para salir de vacaciones al día siguiente. Sólo nos faltaba sacar los pasajes, pero a ello lo haríamos antes de viajar.
Esa noche nos dormimos abrazados, hablando, contándonos cosas, y haciendo planes de lo que haríamos en San Francisco. Debían ser unas vacaciones inolvidables tanto para Bill como para mí. Y estaba seguro de que lo serían si mis pesadillas no continuaban atormentándome.
-Mi amor, llegó el gran día. -me susurró Bill al oído cuando ya había amanecido.
-Buenos días, luz de mis ojos. -saludé felizmente.
-Buenos días, Tomy.
-¿Listo para viajar?
-Más que listo.
Mi gemelo se levantó y yo lo hice junto con él. Desayunamos con una enorme sonrisa marcada en el rostro y luego, llamamos a un taxi para que nos llevara hacia el aeropuerto. Éste, vino aproximadamente en unos cinco minutos, nos subimos junto con las maletas y ya estábamos listos para una apasionante aventura de hermanos, de gemelos, de amantes.
Todo nos salió perfecto, desde la salida de Alemania, hasta San Francisco. Lo único duro fue que en el avión, aunque íbamos Bill y yo solos, no nos besamos. Teníamos miedo, terror, de hacerlo y que apareciese justo la azafata del avión o alguno de los tripulantes que iban en él. No queríamos arriesgarnos, así que nos aguantamos las ganas de besarnos.
Llegamos a San Francisco aproximadamente a las diez de la noche. Ya teníamos reservación en la cabaña que habíamos elegido, por lo que apenas bajamos del avión, nos dirigimos hacia allí.
Mi gemelo y yo estábamos felices, libres de guardaespaldas, de fans, de enemigos y de todo lo que nos pudiese impedir amarnos. Podía afirmar, finalmente, que la vida era bella, hermosa, que valía la pena vivirla.
Esa noche, mi visión respecto de la vida cambió por completo. Me dormí absolutamente feliz, ya que habíamos hecho el amor con Bill. Pero lo bella, hermosa y fantástica que era la vida, se tornó fea, oscura y desagradable cuando la pesadilla volvió a presentarse. Intenté calmarme, tal como siempre lo realizaba desde hacía una semana, es decir, desde el momento en el que habían comenzado a torturarme nuevamente las pesadillas. Sin embargo, ya nada lograba con tratar de tranquilizarme. El miedo, la angustia de dicha pesadilla, continuaban en mí. Lo peor, era que nadie sabía lo que me sucedía y el no descargarme con alguien, me estaba matando. Sobre todo no compartir las cosas con Bill era realmente angustiante, debido a que a todo se lo confesaba.
-Basta, Tom, basta. Idiota, idiota, soy un idiota. -me quejaba conmigo mismo, susurrando en el medio de la noche.
Debía confiar en la persona a quien tenía a mi lado. Inconscientemente, no confiaba en Bill. Me odiaba a mí mismo por no hacerlo.
Las horas pasaban mientras yo intentaba dormirme y, sin darme cuenta, llegó el amanecer. No podía creer que hubiese pasado la noche en vela culpa de una maldita pesadilla. A lo mejor, esa noche la había tenido debido a que recién comenzaban mis vacaciones. Esperaría a que pasaran algunas noches más y vería si continuaba pasando lo mismo. Si ello era así, entonces podía afirmar que estaba volviéndome loco.
Ya que me había amanecido sin poder dormir lo necesario, decidí utilizar ese tiempo para levantarme y prepararle el desayuno a mi gemelo. Caminé hacia la cocina e hice dos grandes cafés con leche. Ese era el mejor desayuno para mi hermano, el adicto al café.
Cuando me dirigía hacia la habitación con la bandeja y el desayuno, tocaron la puerta. ¿Quién sería?, me pregunté. Llegaba a ser algún paparazzi, lo mataba. Además, ¿quién se atrevía a interrumpirme justo cuando estaba caminando con la bandeja, intentando que no se me cayese el café? Mataría a quien fuese que había golpeado la puerta de la cabaña.
# Continuará...
¿Quién habrá golpeado la puerta? ¿Qué pasará con las pesadillas de Tom? ¿Cómo la pasarán los gemelos allí, en San Francisco?