qué raro por qué no puedo visualizar la página 18 de esta entrada en el foro?
qué raro por qué no puedo visualizar la página 18 de esta entrada en el foro?
no encuentro la página donde viene la última actualizacion del fic
hey cuándo actualizan capítulo, estoy como desesperada por leer más? ya quiero ver que pasa con los twins...aaahh y ya encontré la última actualización...jeje... suban capi...xfa xfa xfa xfa...
Capítulo LIV: “Satisfecho de mentiras”.
“...Déjame sufrir en paz y tranquilo...”
Dale play. [ Evanescence - My inmortal ]
El día siguiente no sería distinto a los anteriores. O quizás sí: sería peor que los precendentes días. ¿Por qué motivo? Por el mismo de siempre, por aquel cuyo nombre y apellido eran Bill Kaulitz.
Esa mañana me levanté temprano para evitar que Bill se fuese antes que me despertara. Efectivamente, él no lo había hecho, aún seguía en casa.
Desayuné y esperé a que se levantara. Había 99,9 % de probabilidades de que Bill fuera a la casa de la rubia.
Tal como lo predije, Bill se despertó, se vistió, se lavó los dientes y bajó para ir a donde Candy. Me hice el distante como siempre, no nos saludamos por más que estuviésemos desayunando en la misma mesa.
Terminó su café y salió de casa. Pasaron un par de segundos y me asomé por la ventana. Él ya había subido a su auto. Esperé a que arrancara y salí sin que me viera.
Cuando él ya había salido del garage, subí a mi auto y después lo perseguí como si fuese un mafioso. Llegó a casa de la rubia y ella salió, lo abrazó y lo besó. Yo estacioné una cuadra antes pero de todas formas me imaginé cada paso de su beso. Me deprimí nuevamente y por ello aumentaron mis ganas de continuar con el plan.
Esperé aproximadamente quince minutos afuera y luego salí del auto, dirigiéndome a la casa de la roba novios.
Toqué la puerta. Tenía miedo mas no me arrepentía. Ya era tarde para remordimientos.
-¿Quién es? –preguntó la dueña de casa desde adentro.
-Tom Kaulitz –respondí nervioso.
Ella abrió la puerta sorprendida por mi visita. Bill estaba sentado en el sillón y me miró atónito.
-¿Qué haces aquí? –cuestionó mi hermano sorprendido parándose del sillón.
-Vengo a buscar mi guitarra.
-Vete, Tom, después te la llevo.
-No me iré sin mi guitarra.
-Ya la busco –replicó la rubia.
-No, Candy. Es un metido. No tendría que estar aquí.
-Mi guitarra, por favor. O entro –amenacé a ambos.
-No te la daremos, Tom.
-Listo.
Empujé a Bill, quien estaba atajando la puerta con su cuerpo, y pasé.
-¡Tom! –exclamó Bill enojado.
-¿Dónde está la guitarra?
Caminé rápido por el pasillo de la casa de Candy y me topé con su habitación. Entré a ella y me quedé perplejo. Toda la ropa de Bill estaba allí, en bolsos y mi guitarra se encontraba a un costado de la cama.
Instantáneamente supe lo que estaba pasando. ¿Cómo podría haber sido tan estúpido y no darme cuenta antes de ello? La situación era clara: Bill se mudaría con Candy.
Mi hermano había corrido hasta donde me encontraba yo y al verme paralizado se asomó a la habitación mirando por encima de mis hombros. Se dio cuenta del por qué de mi perplejidad.
Yo tenía ganas de matarlo hasta que le viese las tripas fuera de su cuerpo. Era una persona espantosa y mentirosa y todavía no sabía por qué se había convertido en alguien así. Quería llorar pero no lo haría en ese momento. Al menos aguantaría hasta estar fuera de la casa de Candy.
Entré a la habitación y tomé mi guitarra lentamente. Aún no salía del estado de shock. Bill me miró lamentándose que yo me enterara de esa manera sobre sus planes y olvidó por completo su enojo por mi irrumpimiento brusco en la casa de la rubia.
Salí de la habitación con el corazón en la mano y empujé a Bill con mi hombro mirando hacia el suelo.
-Tom... –musitó Bill.
Lo oí y me di vuelta, observándolo con fuego en mis ojos del odio que sentía en ese momento.
-Mentiroso, hipócrita –dije con furia.
Volví hacia el living por el pasillo, miré a Candy compasivo y me retiré de su casa.
Amaba a Candy a comparación de Bill. Ella era un ángel cotejada con mi hermano.
Corrí hacia el auto y me subí, dejando la guitarra en el asiento del pasajero.
-¡Hijo de puta! –grité sacado de quicio –. Te odio, Bill, te odio, te odio, te odio...
Había sido condenado a amar a mi hermano sin razón. Quería que mi enamoramiento se esfumara de repente, sin dejar rastro alguno.
Arranqué el auto a toda velocidad -como siempre cuando me enfadaba- y me dirigí a casa.
Llegué a mi hogar dispuesto a llorar por todas las mentiras de ese último mes. Estaba harto de ellas. ¿Acaso no le importaba a nadie cuánto sufría cuando me mentían? Me sentía solo. Completamente solo.
Subí las escaleras de casa y fui a ver si Maia se había despertado. Por suerte, aún no lo había hecho. Quería llorar tranquilo el abandono total de mi hermano.
Me encerré en mi habitación y me acosté tapándome hasta la cabeza. Lloré desconsoladamente. Me dije que Bill se estaba vengando de mí, de mi ida a Tokyo, de mi infidelidad con Camille.
«Gracias por demostrarme que no te importo ni como hermano, Bill», pensé.
Habrá pasado media hora y sentí que la puerta del frente de casa se abría y luego se cerraba. Si era mi hermano, le convenía haberse quedado en lo de Candy porque lo mataría y lo insultaría hasta el cansancio.
Bill en ese momento no estaba conectado conmigo telepáticamente y entró a mi habitación. Si es que era posible, sentí que lo odiaba todavía más.
-No quise que te enteraras de esa manera. Te lo iba a decir cuando fuese el momento –se justificó –. Entiende que quiero hacer mi vida lejos de ti para no lastimarte más.
-¡Deja, deja, deja ya de mentir! –grité a través de la almohada sin siquiera mirarlo.
-Te juro, Tom, que no te estoy mintiendo.
Levanté mi rostro algo adolorido por la presión de la almohada y lo fulminé con la mirada.
Bill hizo un paso hacia atrás porque pensó que me levantaría como un cuerpo endemoniado y lo despanzurraría.
-Créeme, me hace mal esto pero no podemos seguir peleándonos siempre sólo por el hecho de que terminamos.
Sonaba tan insignificante cuando lo decía de ese modo que parecía que hubiésemos terminado fantásticamente bien.
-Contéstame, Bill, ¿qué te hace mal a ti? Si eres un hombre frívolo, insensato y necio. Pensé que nadie me ganaba en esas tres cualidades, pero ahora veo que hay alguien peor que yo.
-¿Piensas que no me duele el irme de aquí?
-No, no te duele ya que serás más feliz con Candy que conmigo. ¡Haz lo que tengas ganas! ¡Ve por la vida atropellando gente mas déjame sufrir en paz y tranquilo! ¡Vete de una buena vez si te irás! Ya me tienes cansado. Ojalá seas infeliz por el resto de tu vida.
-No me quiero ir sin desperdirme de ti. Te adoro, Tom. Jamás dejarás de ser mi gemelo.
-Te odio. Vete, hijo de puta –insulté revoleándole la almohada.
Él tendría que haber sabido que cuando yo le decía vete, era quédate, cuando le decía serás feliz con Candy me refería a que él hubiese sido feliz conmigo y cuando le decía te odio significaba te amo.
Bill entendió finalmente que tenía que irse y así lo hizo. Estaba dolido por mis insultos y porque sabía que yo realmente lo odiaba. O al menos hacía todo lo posible para hacerlo.
«Salió mentiroso como mamá», pensé apenas él dejó mi habitación.
Me quedé destrozado en mi cama y Bill se dirigió a empacar las últimas cosas que le quedaban en casa.
Un rato después, sonó el timbre de casa. Yo no pensaba siquiera en atender la puerta y mi hermano lo sabía. Además, estaba a punto de dormirme. Así que él bajó y abrió. Era Max quien venía.
-Hola –saludó Bill.
El sacerdote se quedó hipnotizado porque no podía creer que tuviese a su hermano al frente y no pudiese decirle nada.
-Hola –replicó Max estirando su mano.
Bill respondió al saludo sonriente.
-Ya le llamo a mi hermano. Pero primero quiero hacerle una pregunta.
-Sí, escucho.
-¿Cuándo es el bautismo de Maia?
-El trece de junio.
-Listo, muchas gracias.
-Por nada.
-Ahora llamo a Tom.
Bill subió a mi habitación y abrió la puerta. Yo me había dormido.
-Tom... –susurró mi hermano agachándose al lado de mi cama –. Perdóname –pidió dejando caer una lágrima –. Te voy a extrañar.
Luego se levantó y bajó a decirle a Max que yo estaba durmiendo.
-¿Lo despierto? –cuestionó Bill.
-No, no. Déjalo. No es nada urgente, puedo volver después. Gracias, Bill.
-De nada. ¿Su nombre es...?
-Max. Nos vemos. Adiós.
-Adiós, Max. Suerte.
Bill cerró la puerta y continuó empacando. Cuando estaba a punto de terminar, Maia se asomó a su habitación.
-Tío, ¿qué haces? –preguntó ella intrigada.
Mi hermano se acercó a mi hija, se agachó y le explicó:
-Me iré a vivir con Candy, Maia.
-Oh, te extrañaré, tío –expresó ella abrazándolo.
-Yo también, nena.
Bill se dio vuelta, alzó las maletas y prosiguió:
-Adiós, Maia. Nos veremos en tu bautismo.
-¡Sí! Papá está durmiendo. ¿Lo despierto así te despides de él? –inquirió mi niña emocionada.
-No, Maia. Ya me despedí de él. Gracias de todas formas, sobrina.
Mi hermano terminó de despedir a Maia y se fue de casa. Era increíble que lo hiciera para siempre. Se sentía mal por el hecho de tener que abandonar su hogar. Al parecer, por dentro conservaba todavía algunos sentimientos.
« Continuará... »
¿Bill se arrepentirá de irse de la que era su casa? ¿Tom podrá superar esto? ¿Alguna vez Tom perdonará a Bill?
Kyra ya con este capitulo te respondí a todas las preguntas que me escribiste e,e ajajaja y Pink no hay problema, ya te extrañaba XD Amé que lo primero que hayas hecho fue abrir la historia <3 Gracias :3 Y me reí mucho con lo de matar a Candy ajajajajaja me imaginé todo también xd
Ah Adriana me alegra que hayas encontrado el capi, perdón por no subir antes, esta semana fue fatal! Pero I'm back :'D
Gracias chicas por comentar, Love u <3

Ohhhhhhhhhhh!!! Q penaaaa!!!! Y SE FUEEEEEEEE
NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO
Pobre Tom, se descargó con Bill...pero no fue suficiente...y ahora está re triste y contagia su pena a todos!!! (yo incluida)
Y Bill!!! no se...
me enterneció lo de la púa de guitarra... ya no se q pensar...
pero...se fue.
Muuuuuuuuuuuy triste tu capi... espero q el siguiente se arregle un poquito... y no me deje con ganas de llorar como este.
Capítulo LV: “Alteración”.
“...Sólo debía esperar al tiempo...”
Dale play. [ Avril Lavigne - Losing Grip ]
Maia me despertó. Me levanté sobresaltado.
-Perdón, hija.
-¿Por qué, papi?
-Te levantaste primero que yo. Soy un mal padre –expliqué sabiendo que mentía.
-No, papi. Eres el mejor del mundo.
-Gracias, nena. Eres lo mejor y más importante de mi vida. Te amo, hija –expresé abrazándola.
-Yo también, papá.
En ese momento quise decirle que ella me alegraba y me devolvía la alegría que Bill se había llevado algún tiempo atrás. Me levanté y le hice el desayuno a ella.
Bill llegó a casa de Candy y golpeó la puerta.
-Ya está, ahora vivo aquí.
-¡Al fin, mi amor! ¡Te amo! –exclamó la rubia felizmente.
-Yo también, princesa.
-¿Qué pasó con tu hermano? ¿Se enojó?
-No quiero hablar de eso ahora. Sólo quiero ser feliz contigo y olvidarme de lo demás.
Candy y Bill eran felices. Yo moría lentamente en la nostalgia de un amor que no sólo me había dejado, sino que además había huído lejos. Muy lejos.
Al día siguiente, Bill llamó a mamá.
-Hola, mamá.
-Hola, ¿Bill? ¿Cómo estás, hijo?
-Bien. ¿Tú?
-Bien –mintió ella.
No lo estaba en absoluto ya que se sentía una mentirosa con su hijo y sabía que debía decirle la verdad aunque se enojara. Pero no tenía las agallas.
-Mamá, quería contarte que estoy viviendo en casa de Candy. Me mudé.
-Oh, hijo. Te felicito. ¿Ya comenzarás una nueva vida? ¡Qué rápido crecen mis niños!
-Sí, debo hacer mi vida.
-¿Cómo está Tom?
-No tengo idea. Desde ayer que nos despedimos no hablo con él. Sin embargo, sé que está un poco triste porque lo dejé solo en cierta forma.
-Sí, me imagino. Billy, ¿sabes cuándo es el bautismo de Maia?
-Sí, el trece de junio. ¿Tom no te dijo nada?
-No, está enojado conmigo.
-¿Por qué? –cuestionó Bill sorprendido.
-Por una cosa insignificante. No tiene importancia. Ya te contaré.
-Está bien.
-Hijo, te dejo. Debo hacer la comida.
-OK. Nos vemos en el bautismo de Maia, madre.
-Por cierto, ¿sabes donde es?
-Seguramente es en casa. No creo que Tom lo haga en la iglesia.
-Bueno. Iré a casa de Tom y seguramente si es en la iglesia iremos todos juntos. Espero que para ese entonces no estemos peleados.
-Ojala que no. Suerte, mamá. Adiós.
-Nos vemos pronto, hijo. Saludos a Candy.
-Saludos a Gordon.
Cortaron la llamada. Bill le contó a la rubia lo que había hablado con mamá.
-Tu hermano se pelea con todos –opinó ella.
-Lo sé. No sé que le sucede.
Los días fueron pasando y cuando apenas faltaba sólo un día para el bautismo, decidí invitar a quienes me faltaban. Y en realidad eran las personas más importantes. Llamé a Georg y a Gustav. Les conté mi problema existencial denominado Bill Kaulitz y, aunque moría de las ganas de contarles a ambos de Max, no lo hice. Los conocía y el secreto se les podía escapar.
Ellos, por supuesto, prometieron ir al bautismo al día siguiente.
También invité a Camille. Le dije que le pagaba el pasaje pero que fuese a casa. Ella asintió encantada y me dijo que no me siguiese preocupando por lo de Bill, que seguramente volvería a mí. No le creí, sabía que lo hacía sólo para hacerme sentir bien. Sin embargo, nadie lo lograba. La presencia de Bill aún seguía en casa y por las noches lo extrañaba más que nunca. Él había sido todo y pasar a ser nada era imposible. A veces, me acercaba a su habitación vacía y me quedaba por horas mirándola fijamente, oliendo sus cosas, acostado en su antigua cama, pensando si alguna vez volvería, si alguna vez yo volvería a significar algo para él. Me preguntaba si pensaría en mí, si sabía que más allá de todo lo que me había hecho, lo amaba. Y no logré entender jamás cuándo él se había hecho mi carne, mi piel, mi vida entera. Ahora debía arrancarlo y quedarme indefenso ante la vida.
A pesar de todos esos pensamientos, el día del bautismo ni siquiera recordé a Bill, ni sus acciones, ni siquiera recordé que era mi hermano. Estaba demasiado ocupado con el tema del bautismo como para hacerlo. Era yo solo quien debía encargarme de los preparativos del bautismo sin ayuda de nadie. Por ello, ese día estuve de aquí para allá, principalmente buscando el vestido que usaría Maia.
Se hicieron las siete de la tarde. Quienes primero llegaron a casa fueron Georg y Gustav. Ambos me dejaron sorprendido porque trajeron a David y a muchos conocidos del mismo. Mi idea era que sólo los familiares y personas más cercanas estuviesen en el bautismo. Pero no los iba a echar porque los G's habían realizado la invitación con una buena intención. Así que sólo hice buena cara y los dejé que disfrutaran de la celebración.
Camille vino aproximadamente media hora después. La abracé feliz de volver a verla y Georg y Gustav me miraron insinuando que volvería a pasar algo entre ella y yo.
El próximo que arrivó a casa fue Max; lo hizo a las ocho y media. Habíamos acordado que el bautismo empezaría a las nueve.
Quince minutos antes de empezar, golpearon la puerta. Fui con Maia –quien estaba hermosa, más que de costumbre– tal como lo había hecho con todos los invitados. No sabía quien podía ser ya que mi hermano y mamá no sabían -supuestamente- ni cuando, ni a donde ni a qué hora era el bautismo.
Abrí la puerta y mi noche se vio arruinada por completo. Bill estaba allí con mamá y Gordon.
-¿¡Qué hacen ustedes aquí?! –pregunté exaltado sin que me importase que Maia estuviese presente.
-Pensé que no iban a venir –expresó Maia abrazando a mamá y a Bill.
Tuve que guardarme la bronca para mí y dejarlos entrar a casa. Mamá me saludó y yo lo hice sin ni siquiera mirarla. A Bill lo dejé con su mano estirada sin saludarlo. Gordon estaba sorprendido pero él me saludó y le respondí a su saludo perfectamente, incluso con una sonrisa dibujada en mi rostro.
Los tres adularon a Maia por su vestido y peinado. Y no era para menos, ella era una princesa.
Bill y mamá vieron a Camille y la saludaron felices de volver a verla pero sorprendidos porque jamás se imaginaron que ella iría al bautismo.
Todos los invitados se sentaron y comenzó la celebración. Maia estaba nerviosa y yo aún más. Max estaba feliz ya que sabía que tendría el honor de bautizar a su sobrina.
Luego de que Max derramó el agua bendita en la cabeza de su sobrina, la abrazó. Ese hecho fue sospechoso debido a que ningún sacerdote abrazaba al niño luego de bautizarlo. Sin embargo, algún día todos sabrían el por qué de ese abrazo tan fraterno.
Mamá no sabía que el cura que tenía al frente era su hijo, ni siquiera lo sospechó.
Cuando la celebración religiosa culminó, Max se retiró de casa. Le insistí que se quedara pero logró convencerme de que era mejor que se fuera. Antes de que lo hiciera, le mostré quien era mamá y vi en sus ojos que quería correr y abrazarla. En ese instante hubiese deseado hacer realidad su sueño. No obstante, sabía que ello se cumpliría pronto. Sólo debía esperar al tiempo.
Era una noche de mucho calor, por lo que todos los invitados estaban afuera. En cierto momento yo entré para buscar bebidas y llevarlas afuera, mas mamá me detuvo ya que ella ingresó al interior de casa junto a mí.
-¿Hablaste con Bill? –pregunté sabiendo que la respuesta sería negativa.
-No, Tom. Le diré cuando esté preparada, no cuando tú quieras.
-¡¿Acaso vas a esperar a que él se entere solo, tal como yo lo hice?!
Mi exclamación se escuchó afuera, por lo que Camille, Bill y Georg y Gustav entraron a casa a ver qué sucedía. Maia fue retenida por Gordon, quien sabía el lío que se vendría por la presencia de mamá en el bautismo sin previa invitación.
-No me puedes obligar, Tom. Soy tu madre. No sabes por qué pasó todo.
-¡Te dije que no me importa por qué hiciste todo! ¡Sólo quiero saber si te pareció lindo mentir de la forma en que lo hiciste! ¡Y encima todavía tienes orgullo como para venir al bautismo sin ser invitada! –exclamé más exaltado que nunca.
Me desconocía a mí mismo. Nadie me había visto así jamás. Estaba sacado de quicio.
Mamá rompió en llanto frente a quienes habían entrado. Todos se quedaron anonadados y abrazaron a mamá, quien lloraba desconsoladamente.
Georg me sostenía y me pedía que me tranquilizara.
-¿¡Sabes qué?! ¡Tú me mientes, pues yo también te he mentido! ¡Bill y yo te hemos mentido! ¡Nosotros no éramos sólo hermanos, éramos novios! ¡Sí, escuchaste bien! ¡Tus hijos fueron novios!
« Continuará... »
¿Cuál será la respuesta de Simone hacia Tom? ¿Qué hará Bill ante semejante confesión? ¿Y cómo reaccionarán todos los demás invitados? ¿Bill sabrá la verdad sobre Max?
Kyra no creo que este capi sea TAN triste como el anterior u.u
Espero les guste a todas, besos <3
PUTA MADRE!!!!! en k chigados pensabas cuando escribiste eso, aunk la verdad me encanto si fuera legal me casaria cin tu fic....
O_O.... OMG! me dejaste lela! xd ... no puedo creer que le dijera que fueron novios.... NOVIOS!!!!! Ö .. tom tiene que aprender a controlarse.. para evitar el semejante lio que se avecina... peeero en el fondo lo entiendo.. el pobre esta cansado y obstinado de toda la mierda en la que se ha convertido su vida gracias al queridisimo Bill... pff.. cualquiera reacciona asi
digo que si a Simone no le da un infarto ahi mismo es porque la señora es fuerte xd ... pobre mujer xd jajajajaja...
bueno, aqui termino yo porque estoy que me caigo del sueño (estupido colegio me quita el sueño ¬¬) nos vemos en el siguiente... luv ya!!! Yo fuera... Paz!!
QUEEEEEEEEEEEE!!!! NO PUEDO CREER!!!!
Q le pasóooo!!! q fea la manera en la q trató a su madre!!! es q el pobre estaba tan frustrado q ya le dió su ataque!!!
y ahora sin más ni más se le escapa toda la verdad!!!!!
Increíble pero cierto!!!
NOOOOOOOOOO!!!!!
NO PUEDES DEJARNOS AHÍ!!!! Me voy a moriiiiir de la ansiedad hasta leer el siguiente capi!!!!!
Ahora resulta q Camile me cae bien, y en cuanto a Bill
... me pones en un super dilema, por mas pena q me de y me parta el corazón cómo está Tom, Bill tiene el derecho a ser feliz...pero da pena q no sea con Tom.
MUY BUEN CAPI!!!!
Capítulo LVI: “El don de desmentir”.
“... Jamás te mentí y no te miento...”
Dale play. [ Camila - Mientes ]
Si antes todos estaban perplejos, luego de que esa confesión salió de mi boca todos estaban a punto de desmayarse. Bill quería morir o que la tierra lo tragase. Cualquiera de esas dos opciones eran perfectas para no morir en vida.
Mamá se acercó a mí sin que nadie la detuviese y me pegó una bofetada. Ello hizo que me diera cuenta de la gravedad que tenía lo que acababa de hacer. Realmente, había merecido esa cachetada. ¿Cómo había sido capaz de gritar a los cuatro vientos una blasfemia como esa? Ni yo lo sabía.
Mamá tomó su cartera, llamó a Gordon y se retiraron de casa.
Yo me quedé atónito y me senté en la silla que tenía más cerca. Nadie pronunció palabra alguna por al menos cinco minutos.
Maia me leyó la mente, corrió hacia mí desde afuera y me abrazó. Necesitaba que alguien lo hiciera porque me sentía la peor persona del mundo. Luego de abrazarme y besarme, Maia volvió a salir hacia el patio.
-¿Qué pasó, Tom? ¿Por qué la trataste así a tu madre? ¿Cómo fuiste capaz de decirle lo tuyo y de Bill? –me interrogó Georg.
-No sé de dónde saqué las agallas, pero estoy seguro de que esto me traerá demasiados problemas.
-Sí, sobre todo cuando me has involucrado a mí –se entrometió Bill, quien estaba muriendo de los nervios.
-No quise pero seguramente sabrás por qué lo hice algún día y me entenderás.
-Jamás te entenderé. Sobrepasaste los límites. Le has arruinado el...
-Ni lo digas, Bill –interrumpió Camille –. Fue cosa del momento.
-Deja de defenderlo, si no hace más que arruinarlo todo –siguió molestándome Bill.
Me levanté y me dirigí nuevamente hacia el patio, en donde se encontraba Maia. La abracé y derramé algunas lágrimas.
-Perdóname –murmuré.
-¿Por qué me pides perdón, papi? ¿Y por qué lloras?
Bill salió afuera y vio en el estado en que me encontraba.
-¿Podemos hablar, Tom? –inquirió él haciéndose el amable.
-¿Por qué llora papá, tío? –le preguntó Maia en secreto a mi hermano.
-Porque se peleó con tu abuela. Ya se arreglarán, no te preocupes.
Llamé la atención de los invitados para decirles que la fiesta había concluido. David y sus amigos se fueron. Sin embargo, los demás se quedaron. Querían saber cómo culminaría todo; no fuera a ser que Bill y yo nos agarráramos a golpes.
-Maia, ¿quieres torta? –cuestionó Camille llevándose a mi hija hacia adentro de la casa.
-Si tienes un mal día no hace falta que trates así a mamá. Ella no tiene la culpa. Échame a mí la culpa si se la quieres echar a alguien.
-Esto no tiene nada que ver con lo nuestro. Si le dije a mamá que alguna vez salimos fue porque me moría de la bronca. ¿Y sabes por qué estoy indignado y enojado con mamá? Por defenderte, Bill. Ella nos mintió.
-¿En qué nos mintió? –preguntó mi gemelo aún sin creerlo del todo.
-No puedo decirte. O mejor dicho, no me corresponde hacerlo. Yo me enteré por mí mismo y no quiero que hagas lo mismo. Mamá es quien debe decirte la verdad. Sé que no lo haces, pero confía en mí. Jamás te mentí y no te miento, ¿bien?
-Está bien. ¿Y cuándo se supone que mamá me dirá la verdad?
-No lo sé. Por eso me enojé. No te quiere contar y me da furor.
-Gracias. Esperaré a que me confiese la verdad. Tú no estés mal. Perdóname, no quise decir que le arruinaste el bautismo a Maia. Eres el mejor padre que ella podría tener. Perdóname –repitió–, estaba enojado.
-Soy un desubicado. No tenía que mezclar los asuntos personales con su bautismo.
-A cualquiera le pasa.
-Voy a pedirle disculpas a todos.
Entré a casa y todos me miraron.
-Perdonen. Arruiné todo y quedé como el más impulsivo del mundo.
-Está bien, Tom. No te preocupes. Ya pasó –expresó Georg.
-¿De verdad?
-Sí, no hay problema. Ya nos olvidamos de todo –agregó Camille sonriente.
-Lo importante aquí es que tu hija lo haya pasado bien.
-Sí, Gus. Es verdad. Ella lo pasó fantástico.
Fui a buscar a Maia y le pregunté si le había gustado la fiesta. Tal como lo sospeché, le había encantado la misma. Luego, la acompañé a su habitación para que se durmiera.
Bajé al rato y hablé aproximadamente media hora con los invitados, los cuales después abandonaron la casa. Bill también lo hizo junto con ellos.
Cuando había hablado con él, lo habíamos hecho con calma, lo cual era muy extraño en nosotros. Eso me había hecho bien en cierta forma.
Al día siguiente, mamá se comunicó con Bill por teléfono.
-¿Bill?
-Sí, mamá. Hola.
-Hola, hijo –replicó ella amargamente.
Bill no se equivocaba al suponer que el trato semejante de mamá se debía a lo sucedido el día anterior.
-Llamaba para preguntarte algo.
-¿Qué cosa? –cuestionó mi hermano ya sabiendo la respuesta.
-Con respecto a lo que me dijo Tom anoche, quiero saber si es verdad.
-Sospeché que era eso lo que me querías preguntar. Sin embargo, no hay necesidad de que te enojes, yo jamás tuve nada con Tom. No sé por qué diablos inventó semejante locura. Mamá, ¿a quién le creerás? Él estaba enfadado contigo, por ello fue que te mintió. ¿Tú piensas que sería tan tonto como para salir con un hermano sabiendo los problemas que eso me traería? No, soy un hombre moral, no idiota –se excusó Bill.
Mamá sintió que ese dolor en el pecho que la apresionaba, lentamente desaparecía.
-Gracias, Bill, por decirme la verdad. Te juro que esa fue la peor mentira que oí en toda mi vida. Jamás pensé que Tom me engañaría tan dolorosa y amoralmente.
Mi hermano se desilusionaba cada vez más de mamá por las cosas que ella decía.
Y yo me desilusionaría aún más de él si me enteraba de la forma en que me había negado. Bill me había hecho quedar como un mentiroso atómico sabiendo que él me había amado y que habíamos sido novios por muchísimos meses. Pero su dignidad y respeto por mamá le impidieron decir la verdad, esa cruda y real verdad que hubiese herido a mamá y a la mayor parte de la familia.
-Yo tampoco, mamá. Nunca me lo imaginé.
-Tu hermano es un idiota. ¿No podría haber mentido en otra cosa?
-No lo sé –repuso Bill para proseguir –: Mamá, ¿puedo hacerte una pregunta?
-Dime, hijo.
-¿Por qué se pelearon con Bill?
-Ya te lo dije, por algo insignificante.
-¡Y por algo insignificante él te mintió de esa forma al frente de todos?
-Sí. Sabes como es Tom cuando se enoja.
-Sí, pero... ¿por qué no me cuentas?
-No vale la pena.
-Claro que sí. Cuéntame.
-Tom cree que yo no lo quiero porque últimamente no lo visito muy seguido –vaciló ella.
-Ah... ¿Y por eso tanto escándalo?
-Sí.
-Oh, qué idiota que es Tom. Se enoja con todo el mundo; lo mataré.
-¿Por qué dices eso?
-Por nada en especial. Simplemente decía...
-Bueno.
-Mamá, Candy me acaba de preparar el desayuno. Iré si no se enfadará.
-Está bien. Adiós, hijo. Te amo y no lo olvides porque Tom a veces lo olvida.
-¿Hay alguna razón por la que digas eso, mamá?
-Sólo quiero que sepas que te amo. Nada más es más importante en mi vida que tú y Tom.
-Sí, mamá. Pienso igual. Te amo.
-Me hace bien saberlo. Ve, hijo. Adiós.
-Nos vemos.
Bill cortó el teléfono.
-Algo me huele mal –le explicó él a Candy.
-¿Qué huele mal? ¿El desayuno?
-No, mi amor. Tom me dijo que se peleó con mamá por un asunto sin importancia, sin embargo mamá me dijo exactamente lo contrario. ¿A quién le debo creer?
-¿Qué te ha dicho tu madre?
-Que se pelearon porque ella no lo visitaba muy seguido. Tom me dijo que era un motivo grave por el cual se habían enfadado.
-No es por meterme, Billy, pero me parece que sería tonto de parte de Tom enojarse por eso.
-Sí, tienes razón. Además hemos pasado semanas sin hablar con nuestra madre, ¿y ahora se enoja?
-Yo diría que hables bien con tu hermano.
-Tienes razón. Iré ahora a su casa.
-Bueno, mi amor. ¿No desayunarás?
-Perdón, hermosa, pero necesito sacarme la duda. Apenas vuelva desayunamos juntos. ¿Quieres venir conmigo?
-No, ve tú. Es una charla familiar. Tienen que hablar a solas.
-Okay. Adiós, hermosa. En un rato regreso. Te amo.
-Te amo, amor.
Ellos se besaron y Bill se dirigió hacia mi casa.
Cuando golpeó la puerta, pensé que sería Max quien vendría; no se me cruzó por la mente que fuese mi “ex gemelo”.
-¿Quién es? –pregunté desde adentro de casa.
-Bill.
-¿Por qué? –susurré para después abrir la puerta.
-Hola, hermano –saludó Bill como si fuese todo color de rosas.
-Hola. ¿Qué quieres? ¿Te olvidaste algo? –cuestioné con el interés de que mi hermano se fuera de casa.
-No, quiero hablar contigo.
-¿De qué? –inquirí sin todavía haber dejado entrar a Bill.
-Vamos, Tom. Sólo son cinco minutos. Mi tema de conversación no tiene nada que ver con lo que piensas.
-¿Entonces de qué vienes a hablar?
-De mamá.
-Pasa.
Dejé entrar a mi hermano porque me resultaba interesante la razón por la que quería hablar. Quería saber qué había sucedido entre mamá y él y si ella le había contado la verdad.
« Continuará... »
¿A quién le terminará creyendo Bill? ¿Simone le contará la verdad? ¿Bill le dirá a Tom que negó todo?
Pink creo que la señora es fuerte! No le dio un paro ajajajaja y Kyra perdón por la demora u.u
Mil disculpas por la demora, chicas, es que estuve a full con el colegio. Ya por suerte terminaron todas las evaluaciones. Perdón de nuevo y espero hayan disfrutado el capi ^^ Nos vemos y prometo subir más rápido! C:
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