Primero que todo, deseo agradecer a las 8 personas que se tomaron la molestia de comentar el capítulo pasado. Gracias chicas, y por lo mismo es que les dedico este chapter de hoy. Muah, muah.
Princess of Darkness, Luna, Lupis, Ady, Twc_Up, KRen, Maike, karenzitha , y Marilu
Antes de que lo lean, debo aclarar algunas cosillas; en las Lenguas Polinésicas el fonema L no existe, así que todas las palabras que llevan ese sonido, lo cambian por una R. Pero esto, tiene un detalle más: la R es siempre suave, el sonido de doble R no existe, así que todas las R suenan como en PERO, ARO, ARADO, HARINA, etc., aunque estén al comienzo. Les cuento esto, porque es necesario para el capítulo de hoy…
Les dejo un video que corté. Vean la danza de estas chicas Rapa Nui.
Sobre todo cuando se ponen en hilera y simulan el movimiento de cuando van navegando en sus piraguas en el minuto 2.46. Y al final fotos de Papeete de la época de fic, y de cómo es ahora.
____________________________________________________________
Glosario
Dein ist mein Herz: Mi corazón es tuyo.
Du geilst mich auf: Tú me calientas.
Du bist mein Schatz: Eres mi tesoro
Willst du mit mir verraumen?: ¿Quieres follar conmigo?
Te Tiaoro: El llamado.
Tangaroa: Del Mar
[b]
El amor junto al coral

Continuación de la Bitácora del Capitán. 23 de Enero 2011 (al anochecer)
¿Acabo de Mundo? Quizás para ellos hubiera sido preferible algo así.
—¿Y nadie me va a preguntar por mi hijo? —Inquirí molesto.
—¡Te has enamorado de un hombre! —Exclamó asqueada la hermosa Ann ignorando mi pregunta. Los demás también lo hicieron.
Después de todo, y a pesar de la impactante verdad, el mundo siguió girando. Eran sólo nuestros mundos particulares los que se habían detenido.
Cuando el silencio se volvió a apoderar del comedor, comprendí dos cosas: que no les importaba en realidad mi vida, ni deseaban comprender el camino que había elegido para buscar mi felicidad. No les importaba el fondo de todo lo que les dije, si no sólo la forma, la que no se ajustaba a aquello que nuestra sociedad consideraba como algo sano, bueno o virtuoso. Yo, me había convertido para ellos en un ser sucio y chocante.
Nos quedamos suspendidos en un mar de ideas y palabras que gritaban por salir de nuestras cabezas. Yo me sentía absolutamente solo. Solo, a pesar de estar rodeado de mi familia, sentado a la mesa familiar. ¡¿Acaso existe para cada hombre algo más propio que los lazos de sangre?! Y aquí está la evidencia: que compartir los mismos apellidos, la misma herencia que recorre nuestras venas, no asegura que nos vayamos a aceptar los unos a los otros tal y como somos.
Definitivamente soy un extraño para ellos. Me miraban como si yo fuera un fenómeno de la naturaleza. La mezcla de asco, de estupor y desprecio se proyectaba desde sus ojos muy abiertos, quizás llorosos, pero no de compasión ni de amor. Si no porque sentían como si me hubiese muerto y que quién les hablaba fuera un espantajo o un impostor. No el mismo Bill Kaulitz que ellos conocieron y que despidieron hace quince días en Sidney.
El doctor, después de interminables segundos, carraspeó y tosió incómodo. Ann no había dicho más. Lloraba como una magdalena sin consuelo. Mi madre me observaba con reproche. Gordon me culpaba, me condenaba sin palabras. Seguramente en su mente yo sería el causante de los males del mundo en los siguientes cien años. Georg permanecía en silencio, con su mirada congelada en una servilleta que doblaba y volvía a desdoblar una y otra vez. Los padres de Ann, se dividían en estirar arrugas imaginadas en la ropa y consolar a su hija.
La señora John-Smith, en un intento de minimizar los daños, mientras acariciaba los cabellos de Ann, habló despacito, acaso con miedo —E-estoy segura, querida, que Bill no ha querido decir lo que dijo. Posiblemente sólo esté alt…
—Dije exactamente lo que quise decir, madame —. Sentencié.
—Pero… ¡¿Enamorado de un hombre?! —Insistió mi madre con incredulidad, que en medio de su ofuscación se puso de pie, y tomando su copa, me lanzó su contenido a la cara. Yo me quedé en silencio, tomé la servilleta y comencé a limpiarme con ella —. ¡¿Acaso yo parí un medio hombre?!
Gordon la tomó y la sentó con energía —Cariño, no te alteres. No te hace bien. —Se volvió hacia mí furibundo —¿Por qué le haces esto a tu madre? No tienes ni una pizca de consideración…
—Señor Trümper —interrumpió el doctor —, creo que el joven Kaulitz necesita manifestar su sentir.
Yo cerré los ojos. Aquello que vivía era inevitable. Me atormentaba todo, pero al mismo tiempo, sabía que no podía empeorar.
Ann lloraba, no me miraba. Sabía, que aunque nunca se ha sentido enamorada de mí, he roto su corazón, y la ilusión de un matrimonio para el que ella fue sistemáticamente preparada en todos los sentidos. Y aunque suene cruel de mi parte, lo que a ella le sucede no me afecta, no hay nada que me importe más que el corazón de mi nene.
Gordon asintió y aceptó —. Está bien, está bien.
—Nosotros nos retiramos —se levantó molesto el señor John-Smith.
Extendí mi mano en un ademán de detenerlo —. Por favor, no. Ya sé que parece injusta mi petición. Le suplico que se quede —rogué. —Sólo deseo que comprendan. Ustedes merecen una explicación. Luego me pueden condenar si quieren.
El padre de Ann se volvió a sentar —. De acuerdo. Lo hago por mi hija. Tal como usted lo dice, ella merece una explicación.
Tragué saliva y me mordí el labio inferior.
—¿Y bien Bill? Queremos saber quién es ese Tom. —Gordon me miraba con ojos incisivos.
Suspiré y bebí un trago de mi vino. Dejé la copa sobre la mesa, mi mano temblaba levemente.
—Tom lo es todo para mí. Fue el primer rostro que vi luego de despertar a la vida. Ahí estaba yo en la arena, entumecido, adolorido, cansado. Me impresionó su estampa. Creo que me enamoré en ese instante. Por un momento pensé que soñaba. Les podría describir cada aspecto de él. Tan alto como yo, un cuerpo y un rostro bellos, con su cabello largo y rubio, tomado en un moño en lo alto de su cabeza. Ataviado con sus plumas.
—¡¿Plumas?!
—Sí, madre. Plumas. Después conocí su alma. Su transparencia, su dulzura, su sentido de la justicia. El amor por su gente, el respeto por sus tradiciones. Su integridad ¿Hay algo que no me agrade de él? No lo sé. Aún no logro encontrar sus defectos… Es el hijo del rey, es un príncipe, y sin embargo, es uno más entre todos. No goza de privilegios. No los desea. Pero sí se hace cargo de sus responsabilidades.
—Un príncipe… —dijo Gordon pensativo.
—Luego supe que él es un náufrago como yo. Sólo que fue salvado de las aguas siendo aún un bebé. El rey y su esposa lo adoptaron. Por su aspecto, se me ocurre que es australiano, o bien, europeo. Pero a nadie en esa isla le importa que él sea diferente. Tampoco les importó que yo fuera diferente. Yo desde el principio sentí que ambos habíamos llegado a distinto tiempo a nuestra cita. Él me esperó. Nuestra cita en la vida era allí, en aquella isla. Él sólo se adelantó.
—Pero ¡cómo pudo ocurrir algo así! Yo te crié bien, Bill.
—Mamá, ¿quién elige de enamorarse de alguien en particular? Esa isla ha significado un antes y después en mi vida. Crucé el punto de retorno. Ya no hay vuelta atrás.
—¿Qué significa punto sin retorno? —Preguntó Gordon capcioso.
Sonreí —, nuestro romance es más puro de lo que imaginas.
—Pero… Bill —, mi madre me miraba con esa mirada asqueada —. Mi hijo no es un maricón.
—Me gusta, me gusta un hombre. Estoy enamorado de un hombre. Mamá, soy un maricón. Es lo que soy —. Mamá lloró.
Ann seguía llorando. Luego sus ojos enrojecidos me miraron expectantes —¿Es, es por eso que no querías venir con nosotros?
—Suena muy egoísta, suena fatal si sólo te respondo que sí. Las cosas y las situaciones tienen siempre otras implicancias. Nada es simple. Ellos estaban pasando por una gran tribulación. Muchos murieron, perdieron sus casas, sus cosechas. Yo quería ayudar, y ahora debe parecerles que me fui cuando más ayuda necesitaban. Ellos que me dieron todo, nunca me pidieron nada a cambio, pero yo quería estar con ellos, hasta saber con certeza que todo estaría mejor. Además, Tom será presentado… Es una tradición. Es parte de la preparación como futuro rey. Y la ceremonia será en luna llena. Yo le prometí estar con él, aquel día. Yo debo estar allá.
—¡No puedes!
—No puedes prohibirme eso Gordon. Es mi vida. No deseo nada más en este mundo
—Estás enceguecido. Quizás qué brujería te han hecho. Debes recapacitar Bill. Mira esta joven bella que vas a desposar. —Insistió mi padrastro —¿Cómo puedes despreciarla?
—¡No lo hago! —Me volví hacia Ann —Tú sabes que no te estoy despreciando, de todos modos nuestra unión no tenía futuro. Nunca te he amado, y ahora sé que jamás lo haré. Ann, eres hermosa, y yo sé que encontrarás a alguien que te ame.
—Yo creo que te has vuelto loco. El miedo a la muerte te enloqueció —. Los ojos de Ann eran dos fuentes negras. Sentía su rabia y su odio traspasar mi alma.
—¿Acaso nadie ha reparado en lo mucho que ha cambiado mi vida? —Pregunté algo abatido.
—Yo tengo la esperanza que sigas siendo mi hijo, el mismo que despedí en Sidney.
—Madre, la vida ya no es igual. Ahora tengo personas por las cuales yo daría mi vida.
—Son isleños Bill. No son tu gente.
—Son mi gente, madre. Tengo un hijo que me espera. Ya bastante dolor ha sufrido al perder a su padre y a su madre. Ya mencioné al pequeño Iriti, y nadie me ha preguntado por él. Compréndelo, hasta tu vida ha cambiado para siempre —. Simone me miró desconcertada —, ¿acaso aún no lo ves? —Insistí —Felicitaciones, ya eres abuela —. Me puse de pie —, en los próximos días, como sea, de la manera que sea, volveré a mi hogar donde me esperan mis amores.
No sé qué ocurrió después en esa mesa, no quiero saber. Tal vez más tarde, o mañana.
Ahora encerrado en mi cuarto, escribo todo esto, enfrentando lo que temí, sin embargo, no me siento triste, ni solo. Mi cuerpo se llena de ansiedad de que el nuevo día llegue y me pueda poner al fin manos a la obra.
Bitácora del Capitán, 24 de Enero de 1920 (al mediodía)
Lo primero que hice hoy al despertar, fue averiguar qué día sería luna llena. Busqué en algunos libros, y pregunté a todos si sabían cuándo fue la última, y cuánto tiempo transcurría entre una fase y otra. Pero todos somos unos mangas de ignorantes, me incluyo obviamente, y nadie supo darme la respuestas.
Como además debía averiguar la posibilidad de rentar un barco, partí hacia el pequeño puerto de Papeete. Los marineros profesionales saben de esas cosas muy bien.
A regañadientes me ha seguido Georg, y aunque no lo necesitaba para nada en específico, lo obligué a acompañarme sólo para molestarlo. Debía pagar su cómodo silencio de anoche, mientras me enfrentaba a mi familia y a la de mi ex novia. Se lo reproché, y me pidió disculpas, pero para mí las palabras sin acciones son vacías, así que un pequeño castigo, me hizo sentir levemente recompensado.
Al llegar al muelle, y un poco al azar, le pregunté a cualquiera por si sabía de alguien que pudiera rentarme un barco.
Los dos hombres que estaban afanados limpiando la cubierta de un velero, negaron con la cabeza.
—¡El loco Perreau! —Gritó una voz desde alguna parte. Busqué con la mirada y del interior del velero asomó la cabeza de un hombre con una gran pipa —El loco Perreau tiene un barco para alquilar, o… —terminó de salir del interior. El hombre hablaba un perfecto inglés, aunque su acento francés no podía ser ignorado —, o por lo menos, lo hace con frecuencia.
—¿Sabe dónde lo puedo encontrar?
—Está más allá —, me indicó hacia su derecha —, por este mismo muelle. Su barco es negro con blanco. Es a vapor. Su nombre es L’Parisien.
Incliné mi cabeza en agradecimiento y seguí sus indicaciones. No tardé mucho en encontrarlo. —Monsieur Perreau?! —Llamé con fuerza.
A los pocos segundos un hombre canoso se asomó cerca de la escalerilla que daba acceso. Era un barco mediano, un carguero, de unos 53 metros de eslora. Seguramente alcanzaba una buena velocidad, y nos permitiría incluso llevar pertrechos y elementos que la gente de la isla pudiera necesitar.
—Qui appelle?!
—¡Yo señor! Bill Kaulitz.
—¡Oh! Un señorito de la alta sociedad. ¿Australiano supongo?
Tragué saliva. Esto no comenzaba muy bien. No hacía nada que había terminado la Gran Guerra. Francia y Alemania se habían desangrado mutuamente en un enfrentamiento cruel, una carnicería total. Pero si algo he aprendido en estos días, es que nada se logra con mentir.
—No señor, soy alemán.
—Vaya… —El hombre se lo pensó un segundo, luego sin cambiar su expresión neutra, habló —¡Suban! —El barco era nuevo, estaba prolijo, y olía a pintura fresca — ¡En qué los puedo servir! —Nos dijo mientras nos invitaba al puente del Capitán.
—Necesito un barco, y me dijeron que usted lo rentaba.
—Mire, negocios son negocios. Si usted puede pagar el precio, yo lo llevo a donde sea. Que usted sea alemán, para mí es un detalle.
Sonreí aliviado —Quiero llegar a Motu Nui para luna llena.
—¡Vaya, vaya! Eso significa que si vamos a emprender tal viaje estamos a tiempo, justo, justo, pero no más.
—¿Cuánto queda para luna llena?
—Es el 29, chico. ¿Cómo dijiste que te llamabas?
—Bill Kaulitz, y él es mi sirviente Georg Listing.
—Pierre Perreau, para servirles —, nos estrechó las manos — y mi nombre fue seguramente una broma de mal gusto de mi madre, o no tuvo suficiente imaginación. Bueeee, después de nueve hijos ya no se le ocurrían ni los nombres.
Yo me reí con ganas con su comentario —Y bien, ¿cuánto me cobrará?
—Barato. ¿Y por qué te vas al fin del mundo?
—No es tan lejos —, el hombre rodó los ojos —. Dos cosas, el amor y esa gente necesita ayuda por la destrucción de la última gran tormenta.
—Nobles propósitos y razones. Así que una linda isleña te enamoró ¿eh?
—Uff sí, sobre todo por sus pechos generosos, y su buenas nalgas.
El hombre comenzó a reír con ganas y me dio un tremendo golpe en mi hombro izquierdo que casi me tumbó —Así se hace muchacho. —Georg escondía su cara aguantando la risa, yo en cambio estaba muy fresco. —¿Y qué deseas llevar?
—Madera, semillas. Y unas pocas gallinas y un par de gallos.
—Si quieres llegar para luna llena, debemos comenzar a cargar mañana, lo más tarde. Así nos dará un rango de tres días para ultimar los detalles de la partida.
—Hecho. Tenemos un trato entonces.
—Vaya que sí. Me has caído muy bien.
Yo comenzaba a retirarme —Ah, algo más. No quiero que nadie de mi familia se entere.
—Entiendo. Apuesto a que tu familia no acepta a tu novia por ser una polinésica.
Meneé mi cabeza. —Algo así.
Y bien, mucho que hacer, y poco tiempo. Escribiré más tarde.
ºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoº
—Dein ist mein Herz[i ].
—Dain it mai har…
Teva rodó los ojos —Dein ist mein Herz… —Meneó la cabeza con desesperación —No deberíamos practicar sólo cosas tan románticas, Tom.
—Yo quiero decirle cosas románticas a Bire.
—También debes ser práctico. Decirle cosas útiles.
—¿Como cuáles?
—Du geilst mich auf[ii] —dijo Teva sin pensar, ya medio reventado de ser el maestro de idiomas.
—Du gaist mish auf.
—¡Vaya! Eso sí que te salió bien.
Tom sonrió satisfecho — Du geilst mich auf, du geilst mich auf, du geilst mich auf. —Tom frunció el ceño —¿Y qué quiere decir eso?
—Emm, es… cómo explicarte… Te ves bien.—Se subió de hombros.
El príncipe volvió a sonreír —Bien, eso me gusta.
—¡Pero no! ¡No! Te sale más bonita la anterior.
—Me gusta esta. Du geilst mich auf. —Dijo Tom resuelto, y se dio media vuelta y se marchó repitiendo la frasecita.
Llevaban ya un día practicando expresiones en alemán. Tom no había resultado mal alumno, por el contrario, tenía una excelente memoria. Lo único que dificultaba ir a mayor velocidad con su aprendizaje, eran algunos fonemas del alemán que por ser tan distintos al de la lengua local o porque no existían, a Tom se le hacían algo muy complicado de aprender. Uno de esos sonidos era la L, la cual Tom tendía a reemplazar por R, así que cuando había intentado pronunciar la expresión Ich liebe dich, el príncipe tendía a decir: Ish ribe dish.
Por eso mismo, Teva y Tom se lo habían pasado largas horas practicando la pronunciación de la famosa R y de la L, para diferenciarlas.
Pero Teva estaba cansado, su primo era un estudiante muy demandante. Ahora se lo pasaría largas horas practicando lo aprendido, y cuando se sintiera seguro, iría por más. Sin importar la hora. El asunto se había transformado en un servicio de veinticuatro horas.
La noche anterior, por ejemplo, Teva estaba haciendo el amor con su Vaitiare, a punto de llegar al orgasmo.
—Teva —un susurro gritado. Demasiado fuerte para ser un murmullo, demasiado despacio para ser un grito. No era su mujer. Como fuera, Teva cesó las embestidas de inmediato, intentando saber de dónde vino aquella voz, o si sólo era su imaginación.
—Teva, es Tom. —Dijo su esposa ya totalmente distraída del asunto que la tenía sudando un segundo atrás.
—No. Son imaginaciones tuyas —replicó el isleño, reanudando su vaivén sobre el cuerpo de su mujer.
—Teva ¿estás ocupado?
—Te dije que era Tom.
—¡Por los dioses del monte! —Protestó Teva —¿Tom?
—¿Interrumpo? Si estoy interrumpiendo, regreso mañana.
—Ya me bajaste la erección. —Rezongó quitándose de encima de Vaitiare y recostándose al costado —. Querido primo, que usted sea soltero y no tenga compromisos o deberes conyugales, no quiere decir que el resto de los mortales no tengamos tan placenteras tareas. Lo que sea que necesites dímelo ahora, lo resolvemos rápido. Aún la noche es joven y puedo seguir luego de que te vayas con mi Vaitiare en lo que estaba… ¡antes de que un príncipe desconsiderado con su pueblo, que no respeta sus derechos sexuales, interrumpiera!
Tom resopló algo incómodo —Bien, ya estoy aquí, y ya detuviste tu… tarea, ese noble deber marital. Sólo quiero saber… ¿Es ribe? ¿Ich ribe dich?
—Digamos que el Ich y el Dich, ya te salen perfectos, pero el liebe no. ¿Eso es todo?
—¿Hay otra expresión que pueda decir en su reemplazo?
Teva bufó y rodó los ojos — Du bist mein Schatz[iii]
—Du…
—Bist
—Bist
—Mein Schatz
—Main Schatz ¿Qué quiere decir?
—Eres mi tesoro. Repite: Du bist mein Schatz
—Du bist main Schatz. ¿Lo dije bien?
—Sí —, dijo entre aburrido y preocupado el isleño al ver a su esposa que silenciosa y sin reclamar por la dichosa interrupción, había salido de la Hare, vestida con un pareo —¡¿Vaitiare?! —Ella no respondió —, si ella me abandona, te voy a meter el alemán por el trasero. —Le regañó a Tom, éste iba a replicar, pero su primo habló otra vez —¡Y no se te ocurra decir que eso quieres! —Tom vio salir al otro chico detrás de su esposa.
Tom pensó que tal vez sí había sido muy imprudente y egoísta de su parte. Tenía que prometerle a Vaitiare que tal situación no se iba a repetir —Du bist main schatz —, sonrió. Se sentía mucho más cómodo con aquella frase, definitivamente.
Varias horas después, y mientras Teva veía a su principesco primo perderse entre las palmeras en dirección a la playa, ya se había resignado, un poco, sólo un poco a estar a disposición del muchacho. Lo más probable es que aquellos días sin Bill fueran un infierno para Tom, y la única manera de no caer en la desesperación era mantener su mente muy ocupada con varias obligaciones. El príncipe se lo había pasado entre pesca, reconstrucción de viviendas, de huertos, buscando los animales que se habían desperdigado por la isla, y ahora, además, aprendiendo alemán. Luego, cuando en medio del silencio, la isla estaba sumida en el más profundo sueño, seguramente Tom no podía dormir pensando en Bill. No lo culpaba de querer buscar a toda costa evadirse de aquella dolorosa realidad. Bill estaba lejos de él, y sólo tenía la esperanza de volverlo a ver.
A Teva se le apretaba el pecho de sólo pensar que pasaran los días, semanas, meses o años sin saber de él. Pudiera ser que a Tom se le olvidara con el tiempo, o por el contrario, que enloqueciera de tanto esperar.
Bien, el isleño debía reconocerlo, no se podía desligar del drama de su primo. Lo siguió, seguramente había regresado a PoeNui, la playa donde Tom encontró a Bill.
Se sentó junto a él en el tronco caído de una palmera —Du geilst mich auf… y la otra era: Du bist mein Schatz.
—Tom, no te recomiendo la primera, es…
—Son fáciles de decir… a menos que sean groserías y te hayas burlado de mí, porque en tal caso, prometo darte un poco de ventaja, para que tu vida dure unos segundos más y tengas la posibilidad de decirle adiós a tu Vaitiare mientras huyes de mí, sabiendo que estás condenado.
Tom se quedó mirando a Teva, totalmente resuelto.
—¡E-e-e-e eh no! Sólo que la primera, esa: du geilst mich auf, es una expresión muy rara, muy poco frecuente, y por eso no estoy seguro de que esté bien dicha… es, es sólo eso.
Tom entrecerró los ojos sin dejar de mirar de forma sospechosa a su primo —Más te vale, más te vale.
—Entonces ¿no la vas a decir? —Preguntó el isleño esperanzado.
—Por supuesto que sí, suena lindo. Du geilst mich auf.
—Bueno, por lo menos no fue: Willst du mit mir verraumen?[iv]
—Vits du mit mia verraumen? Me gusta, también es fácil.
—¡No! ¡Esa no! Era una broma, es una mala expresión.
—¡Teva! No me mientas. Yo creo saber lo que te pasa. Tienes envidia de que yo aprendo a hablar mejor que tú el alemán.
Teva se tomó la cabeza a dos manos —Tom, esa expresión es muy poco educada. Estás preguntando que si desea tener sexo contigo.
—Ahora no te sirve de nada mentirme.
—Pero, ¡po-po-po-por qué te resulta tan fácil aprenderte esas oraciones! Y la más romántica no. Ich liebe dich. Esa debes aprenderte.
Tom hizo un ademán con sus manos, batiendo sus dedos —Tiene ese sonido raro, no lo sé decir.
—¡Sólo es una L!
—¡Es rara!
—¡Liebe! ¡Liebe! ¡Dilo! ¡Repite! ¡Liiiiiiebe!
Tom hizo un mohín —¡Riiiiiiibe! ¡Oye! suena como Bire ¿te fijas? —Teva no sabía si llorar o reír —Me gusta: Vits du mit mia verraumen? Suena bonito ¿Lo dije bien? —Teva asintió, rendido —¡Bien! Ahora practiquemos.
—Prefería a Bill como alumno —, musitó el muchacho. Tom concentrado en memorizar todas las expresiones no le prestó atención.
El príncipe estuvo practicando por varios minutos. Teva a su lado corregía lo necesario, pero no insistió en que olvidara aquellas frasecitas inadecuadas para un príncipe.
—¿Tom?
Ambos chicos se giraron a ver al rey —Padre, estaba practicando alemán.
El Ariki sonrió tristemente, él no creía que Bill regresaría —Me alegro hijo, pero ahora es momento del ensayo de la ceremonia.
—¡Eehh! Quedan pocos días. Ese día tenemos que estar vigilantes, porque alguien debe esperar el barco que traerá a Bire. ¡Vamos Teva!
—Hijo… —El rey no quería que su hijo sufriera. No quería que el día más esperanzador para su pueblo, el día más feliz para cualquier rey y su príncipe, fuera empañado por una esperanza rota. Pero el Ariki no dijo más. Buscaría el momento. Más tarde.
—¿Y mi pequeño Iriti?
—Jugando de lo más feliz con los otros niños.
—Pero ahora vamos al ensayo.
—Por supuesto hijo, ya todos fueron avisados.
—He visto cómo va el teñido del yute con rojo. Se verán todos tan bellos.
—Tu madre se ha esmerado en el pareo que usarás —Tom sonrió alegre y apresuró su paso.
—¡Iré a buscar a Iriti!
—Deberías ver cómo está quedando mi regalo, Teva. Ya casi está terminado.
—¿El tocado?
—E ‘e. Con perlas blancas, plumas, conchas.
—Sólo quedan cinco días.
—Esos días se irán volando. A pesar de todas nuestras desgracias, hemos demostrado que podemos renacer. Sólo la tozudez de Tom me está asustando. Está convencido que Bire volverá.
—Yo tengo la esperanza de que vuelva, lo que no sé es cuándo, posiblemente no sea ahora.
El rey asintió —Y bien, yo soy el llamado a darle fortaleza a mi hijo.
Al frente del Marae, las mujeres jóvenes que danzarían estaban listas para el ensayo. La danza del Te Tiaoro[v] era el indicado para iniciar las fiestas de ese día. Representaba la invitación a unirse a las celebraciones.
Los tambores comenzaron a sonar y las mujeres empezaron a desplazarse coordinadas. Mientras tanto, Tane estaba definiendo donde debían poner las antorchas. Todo debía ser perfecto. La presentación de un heredero ante los Dioses sucedía una vez en cada generación, un par de veces cada siglo. Sin duda, esta luna llena sería la mejor época para los isleños.
Tom también hizo su propio ensayo, repasando cada paso, las danzas que debía presentar, cada palabra que debía decir.
Finalmente, satisfecho por todo lo realizado, tomó de la mano a Iriti y partió hasta PoeNui. Se sentó junto al pequeño, en el mismo tronco donde antes se había sentado. Al caer la tarde, los reflejos rojizos que dejaba el sol que había desaparecido hacia el costado Oeste de la isla, ofrecían a los ojos de ambos un espectáculo maravilloso. La playa daba hacia el norte, y tal hecho no pasó desapercibido para el chiquito.
—Si querías ver el atardecer, se ve mejor desde Tangaroa[vi], ¿por qué vienes hasta aquí?
—A esta playa llegó Bire, y de aquí partió.
—¿Esperas que regrese hoy?
Tom suspiró y acarició la frente del pequeño —Ciertamente no. Pero espero que lo haga en los próximos días.
—Ya queda muy poco para luna llena, y ya ha pasado casi una semana desde que se fue.
—¿Cuentas los días pequeño?
—¿Tú no? —Tom asintió.
—Por ahora, me siento frente a este mar, esperando que me de la promesa de su regreso.
ºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoº
Bitácora del Capitán, 24 de Enero de 1920 (al atardecer)
He estado todas estas horas coordinando la compra de lo que deseo llevar. Muchas de las cosas estarán listas mañana. Pero la madera costará un poco más de tiempo. Eso me ha puesto nervioso. Sin embargo, tengo la esperanza de poder resolverlo mañana mismo.
He decido llevar medicinas, espero que sean aceptadas por el taote.
Como he estado tan ocupado, no tengo idea en qué pie está mi familia conmigo. Dato curioso, en mis idas y venidas, me he encontrado con ese chico de anteojos que vi en las habitaciones del servicio vestido de mujer. Ha bajado la mirada, al parecer se avergüenza. Le he preguntado a Georg por su nombre, y éste con el ceño fruncido y con cara de sospecha me ha respondido a regañadientes —Se llama Gustav Schaeffer. Ese tipo es muy raro.
—Yo soy raro ¿recuerdas? Entre raros nos entendemos.
—Espero que no te metas en problemas.
—Sí mami.
Sin volver a comentar el asunto, he agarrado mi bitácora, tomé el auto de Gordon y he partido hacia el lado sur de la isla. Y aquí estoy, viendo al sol esconderse tras el horizonte. Miro hacia el fondo oscuro del océano, hacia el sureste, e imagino que Tom está en la playa vuelto hacia acá. Contemplo las primeras estrellas, y una que otra nube de color rojizo. Me imagino que es el cabello de Tom que refleja los rayos del sol que se niegan a desaparecer tragados por la noche.
Te extraño Tom.
Espérame.
.
.
.
[i ] Dein ist mein Herz: Mi corazón es tuyo.
[ii] Du geilst mich auf: Tú me calientas.
[iii] Du bist mein Schatz: Eres mi tesoro
[iv] Willst du mit mir verraumen?: ¿Quieres follar conmigo?
[v] Te Tiaoro: El llamado.
[vi] Tangaroa: Del Mar
ºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoºoº
.
.
.
Foto de Papeete de la Década del 20

Foto actual


De cómo sería el barco. Barco a vapor de 1920 de unos 53 metros de eslora





