Capítulo V.
• ¿Había algún misterio?
Sheila: Pe…Pero yo quiero saber quien gusta de mí.
Bill: Ya te enterarás. ¿Vamos Tom?
Tom: Bueno Bill.
Tom se levantó y me siguió.
Tom: ¡¿Por qué no me dejaste que le dijera que tú gustabas de ella?!
Bill: ¡Te dije que no te metieras Tom!
Tom: Hermanito, es para ayudarte. ¿Por qué no dejas que te ayude? ¿Tienes miedo que a mí me guste Sheila?
Me quedé callado. Tal vez era eso. Quizás sí tenía miedo de que Tom se quedara con Sheila.
Tom: ¿Ese es tu miedo?
Bill: Tal vez.
Tom: Bill, jamás te quitaría a la chica que te gusta. Eres mi hermanito menor, y nunca te traicionaría.
Bill: ¿De verdad?
Tom: De verdad Bill. Te a…
Bill: ¿Me adoras?
Tom: Sí…
Tom quedó pensativo. ¿Había querido decirme otra cosa? Sólo debía ser una ilusión mía.
Finalizaron las horas de clase. Nos fuimos a casa. En el camino, los dos íbamos callados y pensativos. Yo pensaba en Sheila. Tom, en su chica.
Llegamos a casa, estábamos solos. Mamá trabajaba todo el día. Recién volvía a la noche. Nosotros, ya nos habíamos acostumbrado a eso.
Tom: ¿Podrías cocinar tú, Bill?
Bill: Ok. Calentaré la comida de anoche.
Tom: Bueno.
Comimos también en silencio. El ruido de los cubiertos, de los platos, me hacía poner nervioso. No sabía por qué.
Tom rompió el silencio.
Tom: Saldré esta tarde.
Bill: Ah, ¿Con quién?
Tom: Con la chica que me gusta. Conseguí una cita con ella. Será mi primera cita. Tú ya tuviste tu primera cita, ¿No hermanito?
Me daba vergüenza decir que no. Nunca había invitado a una chica a salir. Aun, no me sentía preparado. Tan sólo tenía 13 años.
Bill: Em, sí. Por supuesto.
Tom: Bueno, al menos una vez me ganas en algo ja, ja.
Reí. Reía para disimular. Era la primera vez que le mentía a Tom.
Llegó la tarde. Tom se estaba cambiando. Se puso su vincha, su gorra y salió.
Sentí la necesidad de perseguirlo. Algo en mí, me decía que Tom me mentía. A lo mejor era un instinto de hermano. Lo pensé dos veces. Pero aun así, lo seguí.