by Sudkatru
A los cuatro años, Tom solía ayudarme a hacer dormir a Bill, era tan gracioso ver a mi pequeño niño encargarse de su hermanito; mientras sostenía su biberón en la boca del menor, mágicamente hacían dormirlo en cuestión de minutos; esta vez fue rápido, Tom solía lamer la leche que escurría de las comisuras de la boca de Bill, ese gesto me mataba de risa… y ternura, oh ¡dulce inocencia!
A los 6 años, a la hora de dormir, subí a arroparlos, pero ellos ya estaban durmiendo… en una sola cama, compartiendo una sola sábana y aferrados al otro, una pequeña sonrisa se dibujaba en sus rostros, Bill no tenía su mameluco, solo sus pequeños boxers de carritos, al igual que Tom.
Sentí que si cuestionaba, exageraría las cosas en una manera incorrecta, así que sólo dejé escapar un suspiro y los cubrí aún más. En el marco de la puerta, oí que Tom murmuraba el nombre de su pequeño hermano, -Cosas de niños- me dije a mi misma, sacudí la cabeza y salí.
Fue a los 7 años cuando los vi por primera vez…
Regresaba del trabajo, Era hora de comer y yo tenía que ir a despertarlos de su siesta, abrí la puerta de la habitación y… me quedé parada.
Tom despertaba a su hermano con pequeños besos en los labios y Billy en sueños le correspondía.
Ya en la mesa inicié una charla con ellos, quería que dejaran de hacerlo.
Ellos confusos, me llenaron de preguntas, -¿Por qué no? Es algo natural- habían dicho, y yo no supe que contestar, sacudí la cabeza y me afirmé en mi punto, cuidando de sonar comprensiva, no quería herirlos, eran mis niños después de todo, aún así, mi voz estaba impregnada en preocupación
– niños, probablemente sean muy pequeños para comprender lo que digo, pero les prometo que lo hago por su bienestar –
Tomé sus manos y les hice prometer que dejarían de hacerlo, ellos sólo bajaron la cabeza y callaron; no les quise insistir, lucían tan miserables llorando, que mi corazón de madre se quebró.
A los 11 años les vi besarse cual novios, cerca de un parque. Esa noche no llegué a casa, esa noche lloré como nunca en mi vida, era tanto mi dolor que no pude menos que llorar hasta la extenuación. Después de mi catarsis, comprendí que, efectivamente, como ellos habían dicho muchos años atrás, eso era algo natural, totalmente! sería tan cruel y deshonesto negarle a ellos ese sentimiento tan puro que floreció en sus corazones con el paso de los años, muy probablemente siempre estuvo ahí.
Al llegar a casa, a pesar de nuestras incertidumbres, hablamos largamente del tema, no tenían que avergonzarse, besé sus cabezas y les di mi bendición…y los tres lloramos unidos en un abrazo.
Ahora a sus 21 años, puedo decir que hicimos lo correcto, ellos son la pareja más hermosa y perfecta que he visto en la vida y su felicidad constituye la mía.
Lo demás, no importa.
