Titulo: Casa De Muñecos
Resumen:
¿Que pasaría si tu deseo se cumple,
y tu alma queda encerrada en un dije de cristal?
Tus articulaciones comenzarán a separarse,
cuan muñeco.
No pudieses moverte, ni hablar...
El seguía teniendo los mismos pensamientos, emociones,
sensaciones...
Su piel era mas perfecta, pero no rígida como la de un
muñeco.
Lo único que le distinguía de un humano, eran sus nuevas
características,
y el hecho de estar encerrado en una Casa de Muñecos, en las garras de aquel
coleccionador. Tom.
Géneros: Angustia, Drama, Fantasia, Horror, Misterio, Romance, Suspense, Tragedia
Advertencias: AU=Universos Alternos, Incesto/Twincest, Muerte de un personaje, Violencia, Voyerismo=mirar a otros.

Introducción
Mi deseo mas preciado, era ser como uno de ellos. Su piel, tan suave y sedosa, sus rasgos tan... perfectos. Cada uno tenía algo que envidiaba, ya fuese su color de ojos, la perfección de su nariz, o sus delicados labios.
Dailan, aquel era el nombre del pequeño muñeco que Franz me a obsequiado hoy, primero de setiembre. El día de mi cumpleaños.
Nos encontrábamos recostados sobre las finas telas de seda que cubrían el pequeño acolchado. Mi espalda apoyada contra la pared, el recargado contra mi cuerpo, dejaba su cabeza descansar sobre mi blanco y frío vientre, carente de prenda alguna. Las temperaturas por estos días de veranos en la cuidad, solían ser bastante elevadas.
Dailan, mi visión se perdía en cada parte de el. Piel color nieve, rasgos perfectos, ojos de un tono pardo envidiable, enmarcados de un delicado rubí, pestañas que amenazaban con tocar el cielo... largos y finos cabellos grisáceos, de un brillo espectacular. Prendas totalmente blancas, de un trabajoso encaje.
Su caja, de madera tallada a mano, tan o mas elaborada que el, cuyas curvas daban origen a su nombre, que en pequeñas letras de un tono perlado, resaltaban del oscuro y frió fondo.
Dudaba si sacarle de la caja, sería buena idea, eran piezas de arte carisimas, y no quería arruinar el regalo, que a Franz, debe haber costado una fortuna.
—Anda, ábrelo.— le oí murmurar a mi amigo, ante la visión que tenía de mi rostro, que reflejaba un gran debate mental.
—Es que no quiero arruinarle.—suspiré— se ve tan perfecto.
—Como tu.—me observo durante un rato. Continuó hablando.— tu eres tan, o mas perfecto que el. Que tus ojos estén segados, por la belleza de otros, no quiere decir que otros no vean la tuya. Entiéndelo de una vez, Bill.
—Si lo dices tu, ha de ser cierto ¿no?— sentí su codo enterrarse levemente en mi estomago, una mueca de enfado mal hecha, termino en una carcajada por parte de ambos.
Tome delicadamente la pequeña caja, y poco a poco, fui abriendo aquella tapa, que separaba al muñeco, de mi contacto.
Se veía aún mas precioso, quede embobado viéndole. Franz solo observaba mis reacciones, los muñecos no eran de su interés, conocía de ellos, claro, si mis conversaciones giraban en torno al mundo de los Dollfie, muñecos que parecían verdaderas personas, debido a su nivel de elaboración y perfección, hechos a mano, detalle por detalle, según el requerimiento de su dueño.
Y este, este era perfecto para mi.
Entendí una de mis manos, y le saque con suma cautela del interior, temía que se rompiese, cuan muñeco de cristal.
Mis dedos recorrieron sus facciones, su cuerpo, sus cabellos. Mi vista quedo fija en un pequeño libro, que traía en su interior. Le saqué, en el relataba la vida del muñeco, sus inicios de creación, fotografías de cada parte de el, siendo elaborada, finalmente sus datos. Así como su nombre, edad, estaturas, y cosas que suelen ser importante para algunos.
De su estilizado cuello, pendía un pequeño dije de cristal, sostenido por una cadena color perlada, formada de pequeñas perlas.
—Eso es para ti.— dijo Franz— el dueño de la tienda me lo ha dicho, dice que todos los dueños de un Dollfie, debe tener uno.
—¿Me ayudas?— pregunte indicándole el muñeco, debía sacar el collar, pero con una mano libre me sería imposible.
—Claro.— respondió acomodándose en la cama, quedando ahora sentado junto a mi.
—Sostenlo con cuidado, si le rompes, conocerás la furia de Bill— puso los ojos en blanco, dejando escapar un bufido.
Una vez estuve seguro que le tenía firmemente sujetado, mis manos fueron a parar a su nuca, mis dedos tomaron de la cadena, y maniobraron hasta desenganchar el broche de seguridad.
Le quite con cuidado, luego lleve este hasta mi cuello, y pasando las manos tras mi nuca, le asegure.
—Ahora si puedes pasármelo— le dije extendiendo mis brazos, cuyas manos se cerraron en torno a su figura. Me puse de pie junto a Franz, debíamos ir a la Casa de Muñecos, aquella tienda a la cual solía ir todos los días, a encantarme con cada pieza nueva que llegaba. Mi amigo prometió comprar nuevos accesorios para Dailan, el cual, estaba siendo acomodado por mi, en una pequeña mesa junto a mi cama, sobre unos cortes de tela, para evitar cualquier caída ante algún movimiento.
—“Pide tu mas anhelado deseo, y este, se cumplirá”— me voltee para verle. Estaba confundido.— eso es lo que dice la tarjeta del collar.
—Franz, yo no creo en esas tonterías.— volví la vista hacia Dailan, tenía una de mis manos sujetando el pequeño dije, y la otra acomodando sus cabellos.
—Pero si creyese, pediría ser como tu.— soltando el dije, me puse de pie, e indicándole a Franz, nos dirigimos a la salida de mi casa.
<<o>>
Entramos en aquel lugar, mi vista se perdía en cada rincón, en busca de alguna nueva adquisición, Franz solo miraba al suelo. Habían unas cuantas personas en el lugar, casi todos jóvenes de mi edad.
—Ahí viene el dueño— murmuro disimuladamente cerca de mi oído. Mis ojos se clavaron en los de aquel chico. Figura estilizada, y tan alto como yo, prendas algo sueltas, y trenzas adornaban su cabeza. Mi mirada se alternaba desde sus labios, a sus ojos, desde su ¿sonrisa? Hasta su...
—Hola— saludo extendiendo su mano.
—Soy Franz— saludo mi amigo, aceptando su mano.—y el es Bill.— me miro, esperando reacciona alguna.
—Eh...— baje mi cabeza, no solía ser asi, pero algo en el me infundía confusión, si no e de estar nervioso, hasta creería que algo de miedo.
—Lo sé.— ambos le miramos extrañados. Continuó.— viene todos los días, a diferentes horas a contemplar a los nuevos muñecos, de vez en cuando le veo socializar.—ambos asentimos a modo de respuesta.
Pasados unos segundos, nos volvió a dirigir la palabra— Vengan por aquí, les mostrare la nueva sala de muñecos, aún no esta inaugurada, pero tendrán el privilegio.
Caminamos por el lugar, habían varios pasadizos, y nos costo llegar hasta la nueva sala, tal y como el nos lo había dicho.
Al entrar en ella me quede en estado de shock momentáneo. Muchos nuevos muñecos estaban cuidadosamente acomodados, ¿la sorpresa? Eran de tamaño real.
—Son preciosos— hable en un hilo de voz.
—Lo son. Como también son carisimos— la sala era de un blanco estremecedor, por lo cual, cada unos de ellos resaltaba mas que el anterior.— veo que ya has pedido tu deseo, Bill.
Ambos le miramos extrañados, y seguimos su dedo, el cual nos indicaba una dirección específica. Mi collar.
Retrocedí unos pasos, y Franz se alejó un poco de mi. Mi pequeño dije de cristal, ya no era tornasol, debido a la reflexión de la luz en el, ahora era de un cristalino rojo carmesí.
No tenía idea como había sucedido, pero no bastaba con saber lo que estaba pasando, para que nuestros rostros se tornaran pilados, y nuestros ojos y bocas se abrieran desmesuradamente.
El collar comenzó a brillar, encegueciendo nuestros ojos, pero no lo suficiente, para entrar en pánico, al ver como mis articulaciones, comenzaban a separarse, cuan muñeco.
Tocaba mi cuerpo de manera desesperada, aún podía sentir, ver, oír. Quise gritar, pero no pude, quise moverme, pero ya no podía. Franz comenzó a gritar, tomo de mis hombros, y estremeció mi cuerpo por completo, en un intento de liberarme, de lo que para el era un “hechizo”. Yo sabía que no era eso, era algo mas, algo que no sería fácil de descifrar.
—¡Bill!— grito— ¡voy por ayuda, no tardo!— fue lo ultimo que alcancé a escuchar de sus labios, puesto que su cuerpo desapareció tras el umbral de la puerta.
Con suerte podía sostenerme en pie. Vi a Tom acercarse, interiormente comencé a temblar. Rodeo mi cuerpo con sus brazos, y tras esto, arranco mi dije de cristal. Automáticamente deje de sentir todo mi ser, sentí que caería, pero el me sujeto firmemente.
Mi visión se nublo. Me había desmayado.
<<o>>
No supe que fue lo que pasó con el, luego de aquel desmayo. Había caído entre los brazos de Tom quedando completamente vulnerable a sufrir alguno de sus ataques, y no había nadie que pudiera ayudarle, pero aún peor que eso, era que no podía recordar absolutamente nada… Y a ahora que lograba recuperar un poco de conciencia solo conseguía una infinita oscuridad, sin si quiera saber si era real o no,
pues más bien parecía un sueño, uno lleno de vacío.
Tardo en distinguir que la superficie sobre la que se encontraba recostado era el suelo, y estaba frío…, sus manos, su cara también lo estaban. Era de noche, estaba todo tan oscuro como en su sueño, y aunque al fin había abierto los ojos, le era imposible ver algo con claridad. se sentía descompuesto, agobiado y muy confundido. Como si acabase de sobrevivir a una eterna noche con 40 de calentura e incontables delirios…, y estaba solo, recostado sobre un mármol de hielo, tan frío que lograba aturdirlo más si cabía.
Parecía ser un salón, uno bastante amplio, uno en el que jamás había estado antes, y al cual de seguro no había llegado por mera casualidad.
Se había arrodillado, tratando de adoptar una postura que le ayudara a visualizar un poco más allá, y aunque sus movimientos estuvieran tornándose lentos y muy débiles, y que su profunda respiración hiciera eco a su alrededor, no era precisamente miedo lo que el sentía, si no por el contrario, lo que realmente le embargaba era una agónica sensación de desasosiego… ¿Qué era todo esto? ¿Dónde estaba?
El silencio comenzaba a alertarle, cada pequeño sonido se hacía estridente para sus oídos, no quería moverse, mucho menos después de haber escuchado unos repentinos pasos merodeando por las cercanías. Si era Tom, de seguro moriría, y si era otra persona, probablemente el final no cambiaría mucho. Esos pensamientos en pocos segundos cambiaron drásticamente sus sensaciones.
Ahora irremediablemente, estaba aterrado, comenzaba a sudar frío y a temblar sin reparo. Esperaba que fuese quien fuese no fuera capaz de percibir su presencia, pero no fue así… Cuando menos lo esperaba una mano acaparó su hombro derecho, y tras el toque y un ahogado chillido, escuchó una voz…




