o por dios yo no habia leido el reto aww esta de ptm nenas me encanta ya kiero capi
pero joder ccon tom ke le salio lo furioso y ahora el tal evan se va a r de bocafloja o lo tendremos ke matar

o por dios yo no habia leido el reto aww esta de ptm nenas me encanta ya kiero capi
pero joder ccon tom ke le salio lo furioso y ahora el tal evan se va a r de bocafloja o lo tendremos ke matar

oigan cada cuando suben capi yo no seee
@AngieKout cada cinco días nenis.

wiii gracias neni
De hecho me quedan pocos dias....

:OOO DIOS ! me a matado este retoo ! lo siento es que recien vi esto hoy , (maggii avergonzada :$) amo como escriben ambaaas ! porfavor cuelguen otro cap !!! que me mueroooooo O_o !!!
no entiendo ni la mitad del fick :S
esto se pone intensooo muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy intensO Ale.... que sigue?

Sin muchos preámbulos vamos al capítulo 12 de este Reto. Perdonen los errores… besitos
by Ale Littlewitch
—De seguro el golpe que te dieron te hizo alucinar Evan.
—¿No me vas a creer Bill?
—Mira, sólo te disculpo porque no estás en tus cabales. Porque si así no fuera, pues que te doy con mi puño en el otro lado de la cara para emparejártela, por atreverte a hablar mal de mi hermano.
El chico castaño gimió de impotencia —¡ah! Lo que me faltaba, pelearme con el otro gemelo ahora.
Bill ignoró sus palabras y se giró para llamar a su asistente —¡Gregor! ¡Gregor! —el asistente del menor apareció por el pasillo que daba al lobby —atiende a Evan, necesita compresas frías en su cara. Yo debo atender otros asuntos.
En la habitación del mayor, el chico escuchaba las novedades de su asistente.
—Así que ellas estarían llegando mañana señor.
—Bien hecho, Ryan ¿y sobre la otra orden que te di?
—Pues que estoy haciendo todo lo que puedo, pero como he tenido que estar al pendiente sobre el vuelo desde Nueva York pues yo… —el chico rubio de pronto tuvo el rostro de Tom cerca del suyo.
—No quiero excusas. No estás en posición de justificaciones estúpidas, quiero todo listo para después de la cena ¿entendido?—Ryan tragó saliva y habló con un hilillo de voz.
—Sí señor —el rubio salió rápido de los aposentos de los hijos de Jorg, y cuando se dirigía hacia los jardines, pasando cerca del área de servicio Gregory le interceptó —me has estado evitando todo el día.
—Greg, estoy trabajando. No tienes ni idea lo que es ser el asistente de Tom Kaulitz… sniff… me explota.
—Oye no tienes ni idea de lo que me toca hacer para complacer a mi jefe, así que no exageres.
—No exagero. Y déjame trabajar que aún no doy con velas cómo las que me pidió Tom.
—¡¿Velas?! ¡Para qué quiere velas!
—Y crema chantilly. La champaña ya la tengo. Me faltan los pétalos de rosa… —Ryan miraba hacia algún punto determinado mientras intentaba recordar la lista de elementos solicitados por su jefe enumerando imaginariamente con ayuda de sus dedos —y los CDs. ¡Dios! Ya no me queda mucho tiempo.
—¡Hey! Aclárame una cosa. —el chico rubio seguía perdido en alguna parte de las diligencias aún no realizadas —Ryan, escucha.
—Bueno, dime pronto que el tiempo es oro.
—¿Con quién tiene una velada romántica tu jefe?
—¿Velada romántica?
—Pues claro. ¡No creerás que la crema, la champaña, las velas y los pétalos de rosa son para una entrevista de negocios!
—¡Ah sí! Y me faltaba nombrar la cristalería, la vajilla y las servilletas, los blintzes de queso con salsa de moras y… ¡oye que lo que insinúas es imposible!
—¿Por qué?
—Porque su novia todavía no ha llegado, recién debe haber partido desde Estados Unidos. Ahora déjame en paz por un rato que me falta mucho por hacer. ¡Ah! Y te prohíbo comentar con tu jefe lo que te he contado —el chico continuó por su camino mientras Gregory, en estado de shock intentaba asimilar las últimas palabras de su novio. ¿Entonces con quién tiene la velada romántica el jefe de mi novio?, pensó Gregory. Su primer impulso fue seguirlo, pero la dulce voz de su jefe lo detuvo, provocándole un susto que casi se le salió el corazón por la boca.
—¡Gregor! ¡Gregor! —Bill caminaba con paso enérgico hacia el muchacho, y éste cerrando los ojos, se maldijo a sí mismo porque sabía bien cuál era el motivo de que su jefe viniera con cara de pocos amigos —¡¿Por qué no estás con Evan en este momento?!
—¡Lo siento señor! Había salido pensando que me llamaban, pero me equivoqué.
Bill ladeó la cabeza cruzándose de brazos, marcando en su cara una sonrisa burlona, con la ceja alzada —¿tú crees que yo soy imbécil?
—No señor.
—Entonces no pretendas que te crea tus estupideces. Vuelve a lo que estabas —el asistente regresó por donde vino, mientras Bill sonreía satisfecho, sabía que Evan era insoportable para generalidad de las personas que lo trataban y lo más seguro era que le estuviera haciendo la vida imposible a su subordinado, pero necesitaba hacerlo sufrir un poco. Aquel incidente en la cabaña lo obligaba a mantener el yugo apretado. Aún no era tiempo de relajarse. Gregory no era tonto. Le parecía a Bill que el joven Ryan era mucho más ingenuo que su amante, por decirlo de alguna manera. Pero no debía confiarse. Sin embargo, ahora tenía otra cosa en su cabeza, había tenido una larga conversación telefónica con Hannah justo antes de que subiera al avión, aun cuando no conocía todavía personalmente a la novia de la novia de Tom, sentía que había hecho con ella una buena conexión y se sentía satisfecho por ello. No le diría nada al mayor, no era necesario, sólo le daría más estrés a su berrinchudo amorcito, y era mejor evitar comentar asuntos que podrían provocar innecesarios desencuentros, peleas y discusiones. Suspiró. Bill se preguntó qué era aquello que Tom había ordenado hacer a su asistente. Sabía que era una velada, pero de todas formas la intriga lo mataba. Faltaba poco para la cena, e inevitablemente Evan debería quedarse. No podría decirle que se marchara a esa hora tan cerca de la cena y menos en el estado en el que estaba. Tendría que buscar luego alguna forma para deshacerse de su presencia y tener ese encuentro con Tom, prometido a su padre.
Durante el par de horas siguientes Ryan llegó a sudar intentando dejar todo tal cual lo pidió Tom, mientras Gregory buscaba a su novio sin resultados positivos. Se preguntaba dónde estaría, y mientras preparaba la tenida para Bill, no dejaba de husmear por la ventana, intentando divisar al rubio por algún sector del jardín —¿a quién vigilas? —la voz de su jefe lo hizo sobresaltarse una vez más.
—A nadie señor.
—¿A nadie? Sigues pretendiendo que yo me haga el imbecil.
—Señor, no es mi intención ofenderlo. Pero yo también tengo derecho a la privacidad —Bill abrió la boca para mandar a su asistente a la mierda, pero luego se contuvo. De todas formas ese chico vivía un romance en la clandestinidad, y lo más seguro era que para Gregory y Ryan fuera tan doloroso como lo era para su gemelo y para él. Así que cerró la boca, y sonrió.
—De acuerdo, pero sé bien que buscas a Ryan.
—Entonces no necesitaba preguntar… señor.
Bill sonrió otra vez, después de todo le parecía gracioso —Yo quisiera saber en qué pasos anda tu amante.
—Ryan no es mi amante, es mi novio. Y por lo que sé, él sólo sigue expresas órdenes del señor Tom.
—Tienes agallas después de todo. —Bill terminó de secar su espalda con la toalla y ya estaba listo para vestirse —siento haber pensado que sólo eran amantes. Lo tendré en consideración. Ve a vigilarlo, y me dices en qué anda.
Una media hora después, justo antes de cenar, Gregory se acercó al oído de Bill y le dijo en un susurro —Ryan preparaba una velada de Tom con alguien, al parecer una velada romántica, aunque no me quiso decir en dónde la estaba preparando. Pero es en la propiedad —Bill asintió satisfecho. Era exactamente lo que había pensado, sin embargo aún persistía la duda de qué tendría de especial esa velada.
Durante la cena, Bill se dedicó a perderse en los ojos brillantes de Tom que lucía radiante, sus mejillas sonrosadas, estaba feliz y no dejaba de mirar a Bill lamiendo sus labios de vez en cuando. Cada lamida provocaba en Bill un temblor en su entrepiernas. En cualquier momento la erección sería cualquier cosa, menos algo que se pudiera disimular, y por sólo ese detalle se le hizo eterna cada palabra conversada, cada bocado, cada trago del delicioso cabernet sauvignon. Quería estar con Tom de una manera tan desesperante que casi no podía respirar. De pronto, al levantar la servilleta que tenía junto a su mano derecha vio una pequeña nota. Asustado y sorprendido la volvió a cubrir con la servilleta, esperando que nadie más hubiese reparado en ella. Luego lentamente levantó la tela y pudo leer: “Te espero donde siempre, después de la cena. Tom”. Se ruborizó, y bebió de golpe el vino que le quedaba, mientras sentía la mirada de su gemelo.
Cuando por fin hubo terminado la cena y Jorg se prestaba a encerrarse inevitablemente una vez más junto a Peter en el despacho, Bill le daba órdenes a Gregory para que llevara a Evan a su casa. Su padre, aunque había notado la hinchazón y enrojecimiento de la mejilla del muchacho, había quedado conforme con la convincente historia de Tom, mientras Evan se tragaba la frustración con bastante dificultad. Nadie le creería la verdadera versión de los hechos, y por primera vez le pareció que Tom era un monstruo.
Unos instantes después, Bill caminaba hacia la cabaña, mientras su corazón palpitaba a toda velocidad. De vez en cuando miraba hacia atrás esperando que nadie lo estuviera viendo. La creciente oscuridad del entorno estaba a su favor. Se conocía el camino de memoria, no necesitaba ver para llegar a ese lugar. Lo había hecho miles de veces.
Al asomarse por la puerta entreabierta, la tenue luz de las velas, le permitió ver el interior de la cabaña, bastante diferente a como lucía unas pocas horas antes. Había un aroma delicioso, mientras sonaba muy despacio en el aire la cadenciosa melodía de un Blues con la sugerente guitarra de BB King. Extraño, pero sensual. Sobre una mesa la botella de champaña sobre el hielo, junto a unos bocadillos que Bill no pudo definir de qué eran, poco interesaba en todo caso, porque ante sus ojos estaba Tom apoyado a una de las paredes, con las piernas y brazos cruzados, le miraba desde la penumbra, y a pesar de ello pudo sentir el ardiente deseo que todo su ser desprendía —¿Por qué has tardado tanto? —preguntó con voz suave.
—Em es que… ¡ja! —hizo una pausa sin poder ocultar su respiración agitada —no sé qué decir.
—Entonces no digas nada. Ven. ¿Quieres champaña?
—¿Tal vez sólo para brindar?
—Brindemos —dijo el mayor. Bill se acercó sin dejar de mirar directamente a los ojos de Tom —aunque prefiero que no demoremos aquello que ambos deseamos —le tendió una copa a Bill, y luego añadió —brindemos por nuestro deseo.
—¿No por nuestro amor?
—El amor siempre ha estado, siempre lo sentí, pero le temía al deseo, hasta hoy, que aprendí a gozar de él más allá de mis miedos, olvidándolos.
—Por nuestro deseo entonces —dijo Bill.
Bill alzó la copa y bebió de ella sin dejar de mirar a Tom. Se sorprendió cuando Tom se la quitó aún sin terminar —ahora haremos un acuerdo ¿te parece?
—Dime.
—No me niegues nada, y yo tampoco te negaré nada a ti.
Bill al principio no comprendió aquellas palabras, pero las aceptó —de acuerdo —Tom se acercó y besó a Bill primero con suavidad, luego con ansiedad. Bill disfrutaba del sabor dulce de la lengua de su gemelo, y dejó que los nervios cedieran a la creciente necesidad de sentir a través de todos sus sentidos al que amaba. Tom lo supo, y se relajó también. Había luchado toda la tarde contra las incesantes mariposas que revoloteaban por sus entrañas, y el temblor de sus piernas que a duras penas había logrado disimular.
Una vez más estaban desvistiéndose entre esas paredes, olvidándose del mundo fuera de ellas. Uno sólo, cuerpo y alma, entrelazados por los brazos, por las manos hambrientas, por las bocas ansiosas, por los muslos desnudos que no se cansaban de rozarse, por las caderas, por las pelvis que se buscaban anhelantes del placer genital, necesitadas de mezclar sus fluidos, de marcar sus pieles, y sus entrañas de la esencia del otro. Bill que estaba sobre Tom, dejó que el mayor le recostara suavemente sobre los sedosos pétalos de las rosas. El de melena se separó con lentitud y le sonrió. Alargó su brazo y tomó una fuente de regular tamaño —espero que te guste la crema chantilly cariño —dijo con una media sonrisa —estará algo fría, pero te puedo asegurar que pronto ya no lo estará —dijo en un susurro. De dentro del boll, sacó una pequeña espátula con la cual comenzó a esparcir la crema por el pecho de Bill, siguiendo por su vientre, hasta llegar a su sexo. Bill tembló con el escalofríos que le causó. El de melena dejó los utensilios a un lado, y acercó su lengua con la cual comenzó a dibujar pequeñas formas indefinidas. La piel de Bill reaccionó ante la contrastante calidez de la lengua de Tom, quien luego comenzó a dar suaves caricias con sus labios, saboreando lo dulce de la blanca sustancia esparcida por el torso de Bill. Con su boca lamía suavemente la piel estremecida del menor, acercándose luego a los duros pezones que Tom succionó con avidez. Bill jadeaba expectante, excitado por aquella experiencia única hasta entonces para él. Tom, su Tom, le daba placer totalmente entregado, igual que él. Con ansiedad vio bajar la boca por su vientre mientras seguía saboreando su piel llena de la crema. Y Tom no se detuvo allí, con su lengua exploró el interior de su ombligo que produjo en el de rastas una mixtura cautivante de placer y hormigueo, pero tampoco se quedó ahí. Continuó más allá, hasta llegar a su pubis embadurnado de nata. Bill creyó morir cuando sintió la cálida boca envolver su pene, recorriendo su extensión con los labios y su lengua haciendo círculos sobre la caliente piel de su miembro. El de melena volvió hacia la punta, succionando suavemente el glande para luego introducir todo el pene dentro de su boca, que con rítmico movimiento subía y bajaba masturbando a Bill, emitiendo éste gemidos de puro gusto. Tom quitó su boca y levantó su rostro, para mirar a su gemelo luego con la boca embetunada de la crema, le miró sin sonreír, con los labios entreabiertos, con los ojos brillantes, rasgados —no te detengas —le dijo la temblorosa voz de su gemelo, que sobre el lecho de pétalos le miraba con ojos nublados. Tom se acercó a su rostro que ya tenía pequeñas gotas de sudor y le besó. Bill saboreó el beso colmado del dulce de la sustancia blanquecina que su igual había probado sobre su piel. Tom se volvió a erguir y con gentileza dirigió su mano hacia los muslos del otro chico, separándolos, para luego ubicarse entre ellos. Tomó otra vez del boll un poco de crema con su propia mano, y la esparció por los testículos de su gemelo, y bajó más aún, hasta llegar a su entrada. Separó suavemente sus nalgas, y levantó sus muslos, empujando sus piernas hacia el vientre de Bill. Y sujetándolas con ambas manos Tom bajó su rostro hasta depositar sus labios en la embadurnada intimidad del otro chico. Bill arqueó su espalda sintiendo miles de descargas por su espina dorsal, dejando escapar gemidos cortos pero intensos. Y con la lengua recorrió su esfínter. Bill se entregaba a su placer emitiendo un sin fin de sin sentidos, dejando escapar una y otra vez incoherencias entre los gemidos y jadeos. Aunque Tom temblaba de ansiedad y de temor a equivocarse, no dejó que esas emociones llegaran a su gemelo, por eso con determinación introdujo los dedos para dilatar la entrada virgen de Bill. Si esto causó dolor o malestar, el de rastas no lo dejó entrever. Tampoco quería arruinar ese momento con sus propios temores.
El vaivén de esos dedos en su entrada le producían un morbo que nunca antes experimentó —Bill, necesito… —dijo Tom mientras besaba los muslos del menor.
El de rastas lo sabía, él ya había vivido aquello —hazlo —dijo escueto con la respiración agitada, y obligándose a sentirse relajado esperó a que Tom le penetrara. Sintió la punta de su falo entrar lentamente, estirando su piel, luego otro poco más, y otro poco. Bill sentía que su interior iba a estallar, que le dividiría, pero también supo que aquello su gemelo lo había vivido muchas veces. Le debía, se lo debía. Sería injusto negarle a Tom aquel derecho de ser igual en esa relación, y conteniendo el aire sintió cómo el miembro de su gemelo le llenaba por completo. Esperó intentando regularizar su respiración —¿estás bien? —preguntó Tom preocupado.
—Eres tan dulce. No tengas miedo. Soy un hombre, no soy una delicada mariposa en tus manos —y Tom sintiéndose aliviado con aquellas palabras, comenzó a mover sus caderas en un ritmo constante y lento. Pero poco a poco fue haciendo sus movimientos cada vez más intensos y rápidos, apurado por la urgencia del placer creciente —Tomi me gusta, lo sabes —dijo el chico de rastas, y Tom sonrió entre sus gemidos. Apoyó entonces su cuerpo sobre la parte posterior de los muslos de Bill, anhelando sus labios, buscándolos. Bill levantó su cabeza y unieron sus bocas una vez más, sabiendo que se pertenecían de manera absoluta. El vaivén frenético de las embestidas, se mezclaba con los besos llenos del sabor salado de sus sudores junto a los restos dulces de la crema sobre sus pieles ahora mojadas y pegajosas. Y siguieron así por largos minutos, negándose a llegar a la cima que los esperaba, ellos no querían llegar allí todavía, querían más de aquella experiencia única, irrepetible. Muchas veces hicieron el amor antes, sin embargo nunca fue igual. Y ésta era diferente. Hermosamente distinta y maravillosa. Cuando el orgasmo llegó en medio del temblor de sus cuerpos agotados y extasiados, diciendo palabras y frases llenas de sentimiento aunque incompletas e incoherentes, Bill derramó su esencia sobre su propio vientre, mientras Tom dejando sus ojos en blanco, mientras sentía las paredes de las entrañas del menor envolver con calor húmedo su pene, embistió unas pocas veces más hasta que explotó en el interior de su gemelo.
Luego su cuerpo lacio y carente de fuerza, se dejó caer sobre Bill que aún con la respiración entrecortada, permanecía con los ojos cerrados. Mechones de cabello estaban pegados a su frente llena de sudor. Tom dejó descansar su rostro en la curva del cuello del otro chico, agotado hasta el alma, pero feliz y pleno —¿Hace falta que te diga que te amo Tom? —dijo el muchacho debajo suyo.
—No. Yo he sentido tu amor en cada segundo. ¿Hace falta que te lo diga yo a ti? Yo sé bien que no —y Bill se rió —Bill debemos regresar a casa, papá nos puede buscar mañana.
—¿Me llevas a cuesta? No puedo con mi humanidad. Un camión me atropelló y no vi su matrícula —Tom se rió con la ocurrencia de su gemelo y se levantaron del lecho de rosas —yo me voy desnudo, ni pienses que me vestiré así como estoy.
—Okay, vámonos así. Podremos llegar sin ser vistos. Estamos locos ¿sabes?
Apagaron todo y se fueron. Entraron sigilosos a la mansión. Los pasillos estaban a oscuras, y se sintieron triunfantes de poder llegar a sus recámaras. Habían pasado desapercibidos. Cuando al fin cruzaron la puerta que daba a su pasillo, y encendieron la luz encontraron la estupefacta expresión de Jorg, que sin comprender el estado en el que llegaban sus hijos sólo pudo preguntar —¿me pueden dar una explicación sin que me de un infarto?
awwww me murooo aleeee ke te he hecho para ke me hagas eso ehh primero mantequilla luego mayonesa y ahora chantilli ya no podre comer fresas con cremaaa si babear
www por otra parte el final de infarto
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