Hola mis niñas lindas. Espero que esten muy bien.
Se preguntarán de qué va eso de RETO, no se preocupen Ale y yo no vamos a golpearnos ni lastimarnos, ni atarnos a ...(wait eso puede pasar)...retomando el punto NO VAMOS A LASTIMARNOS ja ja...
Ahora si entro de lleno a la explicación, conversando con una chica de otro fandom le comentaba del estrés que aveces te entra cuando escribes, que si la estructura, o que si los personajes se van por donde quieren y uno ni encuenta, que sí la coma, que si el guion...en realidad niñas escribir es un desahogo del alma pero de cuando en cuando uno se bloquea y sufre de inseguridades y de mil rollos más. Bueno pues ella nos compartio el ejercicio que hacen con otras escritoras de los fandoms...y ale y yo decidimos entrarle al asuntillo...(al reto)
El reto es un ejercicio, no es un duelo ni mucho menos, sirve para estimular la creatividad y relajarse. Conciste en lo siguiente, dos autoras (o un maximo de tres) deciden retarse...Y aquí van las valientes de ale y princess. Se decide al azar quien empieza el reto (en este caso me toco a mí) Y la primera autora escribe un capítulo de un fiction qué no tiene ningun tipo de clasificación ni regla, solo deja volar su imaginación y deja que fluyan las letras, no debe afanarse por nada, no estructuras, no comas ni puntos (a veces eso no se puede jeje) y publica. Ahí entra la siguiente autora, lee el capitulo y le toca continuar la historia.
Como verán la autora puede darle el giro que quiera a la historia y en el siguiente capitulo la primera autora debera adaptarse. Las únicas reglas son, los capítulos no pueden ser de más de 3,000 palabras ni menos de 2,000. Una vez se haya publicado el capitulo la siguiente autora puede publicar teniendo como límite cinco días despues de la publicación, en caso contrario pierde el reto, y se puede unir otra autora que quiera seguir el reto.
Como verán ...ponerle título esta de la fregada por que ni idea tenemos de a donde vamos ir a parar, así que señoras y señores, sisters y brothers...acá el primer capítulo del Reto...por Princess of Darkness, miss Ale im waiting for you!! Muah!
Capítulo 1
By Princess of Darkness
La mansión de la familia Kaulitz era una auténtica revolución, los empleados lucían sus uniformes obscuros y corrían hacia el lobby. Como era costumbre: cuando un miembro de la familia arribaba de algún viaje largo todos debían recibirle.
En el andén de las escaleras hacia el ala izquierda apareció una mujer hermosa de mediana edad, cabello largo rojo, entallada en un vestido de corte imperio blanco, y mientras se ajustaba el par de diamantes que llevaba por zarcillos gritó: —Jorg ¿Puedes apresurarte? Bill estará aquí en cualquier momento.
—¿No era Tom quien venía? —Fue la torpe respuesta del hombre quien caminaba tras ella.
—No, Jorg, NO. ¿Acaso nunca me prestas atención?
—Lo siento querida, sólo juré que hoy venía Tom.
Y mientras el señor de la casa recibía una merecida reprimenda de parte de su esposa, la limusina blanca escoltada por dos camionetas negras arribaba a la mansión.
En el momento que el auto atravesó el portón principal, la sensación de estar en casa le embargó relajándole de inmediato, se permitió bajar la ventana y dejó que el aire fresco de los jardines se colara dentro, respiró profundo dejando que sus pulmones se llenaran de ese aire fresco. Esbozó una suave sonrisa e inmediatamente bajó la mirada ¿A quién tratas de engañar? Se cuestionó. Sabía que efectivamente no habría nada que le tranquilizara.
Al acercarse a la puerta principal divisó con claridad a su padre encabezando la fila para saludarle, pudo adivinar en su rostro algún previo pleito con la señora de la casa y de su corazón, Simone Kaulitz y justo detrás de ellos los sirvientes. Desde los encargados del jardín hasta los jefes de seguridad. —Mierda, cuánto extrañaba estar en casa. —susurró levantando la ceja, estaba seguro que después de ellos sólo la realeza se tomaba la molestia de tremendo teatro.
Cogió un pequeño espejo de su bolso y vio su reflejo. Aceptable, vaticinó guardando el mismo. Bajó de la limusina y esperó la reverencia del servicio inclinó un poco su rostro hacia abajo, a manera de saludo y con un chasquido de dedos señalándoles con la mano la puerta de servicio, les pidió que se retiraran.
—Qué lindos gestos Bill, es realmente satisfactorio ver lo que has aprendido en la universidad. —reprimió Mr. Kaulitz— Sígueme al despacho, vamos a ponernos al corriente. —concluyó abandonando el lobby escoltado por su asistente y su jefe de seguridad.
—Lo siento papá. —se disculpó el muchacho, mientras pasó su brazo por la cintura de su madre acercándola a su cuerpo, depositó un suave beso sobre su mejilla. —Madre, creo que estoy en problemas. —dijo despidiéndose con una ligera reverencia siguiendo a su padre por los pasillos.
Simone quedó fuera de cualquier invitación al despacho de su esposo. En la familia Kaulitz así se hacían las cosas, las mujeres eran el adorno de sus vidas, no más. Se dedicó a coordinar que subieran las maletas del chico y se retiró a su habitación.
—¿Un trago con tu padre? —ofreció Jorg, mientras servía dos copas de coñac sin esperar respuesta del muchacho. Bill tomó asiento frente al cómodo sillón de su padre y recibió la bebida—. Gracias —contestó, tratando de avanzar con gracia hacia el ritual que le esperaba: unas cuantas preguntas de su último año de vida, algunas recomendaciones y por último la bienvenida a su propia casa. ¿Habría alguna familia más snob que la mía? se preguntaba mentalmente segundo a segundo.
—No. —concluyó en voz alta accidentalmente.
—Quiero suponer que estás cansado y no que eres un insolente sin modales para no prestarle atención a su padre. —vociferó Jorg, parándose de su escritorio lo cual indicaba que había terminado cualquier tipo de interacción que hubiera podido tener con su padre durante las vacaciones. Bill suspiró profundamente, él no servía para esto, por más que trataba a través de los años, sus conversaciones con su padre siempre terminaban de la misma manera, siendo echado con toda la elegancia del mundo de la presencia de su padre.
Se levantó y antes que pudiera darse cuenta vio detrás de él, un muchacho de mediana estatura ataviado de un traje lo suficientemente presentable para trabajar a una firma de abogados.
—Señor —llamó la atención el chico— Mi nombre es Gregory Mcfarlan su asistente personal durante su estadía. —dijo en forma de presentación.
—¿Asistente? —inquirió volteando a ver su padre, esbozando una sonrisa— ¿Hablas en serio?
—Claro Bill, ya estás en edad de coordinar tu propia vida, ahora tendrás tu propia seguridad, asistente, chofer y dos autos designados sólo para ti. —hizo una pausa y le tendió la mano a su hijo, como si estuviera sellando algún trato con una transnacional que acabara de absorber— Bienvenido a casa y que tengas unas buenas vacaciones.
Salió del despacho de su padre con la certeza que no le vería más en los próximos meses, salvo por los tiempos de comida, ser el hijo de un millonario no era nada difícil, prácticamente se había criado solo, O bueno no tan solo reflexionó al cruzarse de camino con la foto de su gemelo en un portarretratos, lo cogió entre sus manos y giró sobre sus talones dirigiéndose a la habitación de su madre golpeó un par de veces y sin esperar respuesta entró.
—¿Bill? —exclamó su madre por demás sorprendida por la irrupción del muchacho en su habitación.
—Mamá, no te ha dicho un decorador lo vulgar que son los cuadritos con fotos regados por la casa. —masculló, dejando el portarretratos en la cama. Salió tan pronto como entró, seguido por Gregory quien no se había despegado de él un segundo tal y como se lo abría ordenado el chico minutos antes.
Enfiló hacia el ala derecha de la casa, sus dominios de la mansión junto con su hermano, sintió cómo el estomago le ardía sólo de pensar en él, no pudo evitar disminuir la velocidad a tiempo que se acercaba hacia la puerta de la habitación de él, obviamente no había llegado de lo contrario quisiera o no, tendría que haberle recibido junto con sus padres.
—Sígueme. —instruyó al muchacho. Llegaron a su habitación que más parecía un apartamento de solteros, y se giró directamente hacia su asistente— No está demás que te diga que tú no oyes y no ves nada, a menos que yo te lo indique ¿entendido?
—Entendido señor.
—Ahora ve y prepárame la tina.
Se quitó el saco blanco casual que llevaba y se situó frente al espejo de cuerpo completo que estaba en su closeth, desabrochó con cuidado cada uno de los botones de la camisa celeste que llevaba y observó con lentitud la piel que iba quedando desnuda hasta que llegó a su pecho, donde pasó los dedos sobre la cicatriz que llevaba cerca del pezón izquierdo. —Mierda. —masculló con rabia. Maldito Tom, algún día pagaras por esto, sentenció mentalmente al autor de la marca que ahora llevaría de por vida.
Dejó su torso por fin desnudo mientras desabotonó y bajó la bragueta del pantalón blanco que lucía, amaba el color blanco, no cualquiera podía lucirlo con tal elegancia como él. Quitó su calzado y anduvo hasta el minibar, no había nada.
—Gregor. —gritó molesto.
—Gregory, Señor.
—¿Estás de broma? Hazte un favor y deja que te llame Gregor, tu nombre es demasiado marica como para que pueda tenerte respeto. Ahora llena esta mierda para antes que salga de darme un baño. —dijo desapareciendo de la habitación.
Deslizó su cuerpo desnudo en el agua tibia, suspiró casi con dolor al ser consciente que estaba de nuevo en casa, la sola idea de que escucharía su voz constantemente, de cruzarse eventualmente con él por los pasillos y de la maldita cena que deberían compartir cada noche a partir de su llegada, le torturo por largos minutos. Con los Kaulitz esa era la única regla que había, se comía en familia. Se estiró y cogió el control, buscó un poco de música y trató de despejar su mente.
Horas después el chico bajó listo para la comida, fue directo al salón donde aguardaban que todo estuviera dispuesto para comer, y mientras tanto bebió una copa con su madre.
Sintió los ojos de ésta clavados en su rostro y levantó la mirada.
—Ven acá dame un beso. —pidió la señora Kaulitz cuando su hijo la miró, este llegó obediente hacia ella y mientras lo estrechó entre sus brazos exclamó:— Has crecido mucho, no me había percatado que ya eres todo un hombre.
—Vamos mamá no seas exagerada, tengo veinte años y a lo mucho crecí un par de centímetros. —dijo, separándola de su cuerpo mientras se sonrojaba, odiaba que le vieran como un chiquillo.
Pasaron al comedor, y la cena transcurrió sin ningún sobresalto, hasta que el tema inevitable salió a colación, su gemelo.
—¿Has hablado con Tom? —preguntó Simone, al tiempo que bebía un sorbo de vino.
—¿Para qué voy a hablar con él? —fue la pregunta que lanzó como respuesta.
—Es tu hermano…
—Y tú mi madre. —interrumpió— Y hablamos si mucho un par de veces durante el año, así que no veo por qué debería de hablar con él.
—Cambiemos de tema. —cortó Jorg la discusión, interviniendo por primera vez durante la comida— Simone apresúrate, tenemos palcos en el teatro esta noche para ver Hamlet y no pienso llegar tarde.
—¿No cenaremos esta noche juntos? —inquirió Bill sorprendido.
—No, compraré ese teatro y no puedo evitar querer verlo. Ahora por favor si no van a hablar de nada neutro guarden silencio. —sentenció.
Bill se dirigió a su habitación. Tomó una siesta y para cuando se levantó eran las ocho de la noche, no habría nadie en casa más que el servicio, pensó. Salió de su habitación para encontrarse con Gregor en la planta baja.
—Mis disposiciones para mañana. —indicó pasando delante del muchacho rumbo hacia la cocina.
—Señor, por instrucciones de su padre mañana no puede programar nada, su hermano arriba a la ciudad. —anunció no siendo consciente de cómo el rostro de su jefe cobraba un tono rojizo y sus ojos se abrían desproporcionalmente.
—Entonces no te necesito esta noche, puedes irte a la mierda. —masculló Bill, saliendo rumbo al jardín. Tomó un cigarro y paseó por el sendero que llevaba al vivero de las flores de su madre. Se sentó y no pudo evitar sonreír, Simone montaría en cólera si le viera fumando cerca de sus flores. Pero no estás, dijo mientras tiraba la ceniza encima de las rosas de forma intencional.
Respiró el aire fresco de la noche, no había pensado mucho en el momento de rencontrarse, siempre creía que faltaba mucho tiempo, pero ahora aquí estaba, el año de universidad se le hizo agua, y tras de faltar trescientos días para verle, ahora tenía menos de veinticuatro horas para prepararse para efectivamente hacerlo.
Abrió los ojos de golpe eran las dos de la tarde vio en su reloj, cogió el teléfono y pulsó el número con el que directamente le atendería Gregor —¿A qué hora viene Tom? —preguntó sin más.
—Cinco de la tarde señor, la cena se servirá a las ocho en el salón principal, su padre invitó a sus tíos y amigos de la familia.
—Magnifico. —vociferó colgando la bocina del teléfono. ¿Habría posibilidad de empeorar todo más? Se preguntó.
Estuvo a punto de quebrar el espejo de un puñetazo al constatar, que llevaba más de dos horas arreglándose para recibir a su hermano, se odió por ello. Buscó su colonia favorita, y supo de inmediatamente que se engañaba, esa no era su colonia favorita, era la de Tom. Abandonó su habitación sabiendo que si se quedaba un segundo más la situación sólo empeoraría para sí mismo, se torturaría con mil y un cuestionamientos y prefería huir de eso.
Se asomó al andén de las escaleras y vio cómo de lado contrario, su padre bajaba abruptamente girando instrucciones de quien se paraba dónde, o de qué tomaría quién, o cualquier clase de instrucciones estúpidas y sin sentido. No valía la pena engañarse siempre había preferido a Tom, y tras un año de no verle su hijo favorito regresaba al hogar.
Bajó de inmediato y se dirigió a las escaleras del lado opuesto para tenderle caballerosamente la mano a Simone, quien no podría seguirle de ninguna manera el ritmo a su padre ese día.
Bill se paró justo después de su madre y una revolución en el estomagó le hizo dar gracias de no haber comido o juraría hubiera vomitado cualquier vestigio de comida de las últimas horas. Se paró erguido y trató de pensar en otras cosas, necesitaba provocarse un escape mental, ya que no podía evitar estar ahí, debería ser como un cadáver en misa de cuerpo presente, de dictamino.
La limusina se estacionó y un chico del servicio se adelantó a abrir la puerta del auto, era un muchacho alto de cabello rubio platinado, hombros anchos y podría adivinar que casi de su edad, decidió no prestarle mayor atención porque su verdadero interés se centraba en el que estaba a punto de aparecer. A pesar que se ordenaba constantemente no ver, sus ojos no obedecían, bailaban de un lado esperando con ansias que la puerta se abriera de una vez.
Bill sintió cómo literalmente el mundo se congeló e incluso las hojas de los árboles dejaban de agitarse al paso del viento.
—Mereceré yo tremendo honor. —cuestionó su gemelo a todos tan pronto como bajó de la limusina.
—Un recibimiento digno de un Kaulitz. —cortó Jorg llegando a su encuentro.
—Sólo por ser hijo tuyo papá. —respondió el chico a tiempo que se fundió en un abrazo con el tipo más frío que el iceberg que había mandado a la mierda el puto Titanic, pensó Bill.
—¿Y ese cabello Tom? —rió Simone al sentir cómo su hijo le abrazaba.
—¿Te gusta?
Simone no respondió de inmediato se limitó a tocar el cabello negro largo y ahora lacio de su hijo —Es… no sé, es diferente.
Bill carraspeó un poco llamando la atención de los presentes —No, no le gusta Tom, en realidad pareces una chica, poco te falta para anunciar la operación de cambio de sexo. El cabello alaciado sólo te afina más los rasgos de niña bonita que tienes.
—Gracias por lo de bonita. —respondió el chico y automáticamente se detuvo antes de llegar hacia su gemelo, por mucho que se había prometido a sí mismo saludarle de una forma decente para no molestar a su padre, su gemelo se había encargado de botarle cualquier buena intensión que tuviera para con él.
Giró sobre sus talones y respondió con una sonrisa la reverencia del servicio. —Chicos un placer verles de nuevo. —dijo en forma de saludo.
Bill sintió como si un cubo hielo le resbalara por la espina dorsal, lo odiaba, era tan educado, tan amado… tan condenadamente fascinante.



