oooola de nuevo!!! >____< como llevan este comienzo de año?? que tal la noche vieja? mucha fiesta y mucho alcohol?? dirán que no pero yo se que será una vil mentira!! xDDD
aiix, aquí les dejo mi regalo de comeinzo de año, es mas largo el capi =3 xDDD
ya les aviso, me quedo raro~~ escribí y tenía en mente una cosa luego me iba a dormir y se me ocurria otra, luego por la mañana obviamente ni me acordaba asi pues el final quedó escrito con lo que se me iba pasando por la cabeza hace unos instantes xDDD igualmente espero que les guste ^^
@Puchi_mj: comentarios locos y desvariados? no te preocupes, los adoro >__________< aparte de sonreir cuando veo un comentario, rio como una loca al leerlo. valen la pena ^^
@Inyina: y aunque no te lo dije el otro dia por el msn, realmente genial conocer a gente como tu este año ^^ en serio, yo tambien me alegro de haberte conocido >_< <3
ya no entretengo mas. espero y les guste! un beso a todas!! y gracias por leer y comentar ^^
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Cap 22: No entiendes… solo no lo entiendes…
¿Terror? Si terror… terror es lo que estaba experimentando Tom mientras acababa de prepararse para aquella cena. El día de clases había pasado sorprendentemente tranquilo y aquel era el momento de ponerse nervioso. Después de ducharse Tom se plantó delante de su gran armario para ver que se pondría, tarea que le estaba siendo realmente costosa, no quería ir demasiado formal pero tampoco pretendía vestirse como iba a clases… aunque los padres de Bill técnicamente no fuesen sus suegros ello no quería decir que él no tuviese que dar buena impresión.
Aún si saber que ponerse y después de dar muchas vueltas tomó el teléfono de su mesita de noche y accedió a la agenda, no quería llamarlo, no para eso, pero se encontraba en un callejón sin salida. Marcó:
- ¿Si? – Tom cerró los ojos, se odiaba realmente.
- Bill…
- ¡Tom! ¿Qué se te ofrece?
- Tengo una duda.
- Tu dirás
- ¿Qué diantres me pongo? ¿Es formal o informal? Tengo un lío muy grande en serio – la carcajada del rubio no se hizo esperar y Tom sintió sus mejillas arder.
- Eres un caso Tom. La cena es formal, vendrán unos empresarios amigos de mis padres así que es bastante formal.
- Okey… gracias… - iba a colgar cuando Bill volvió a hablar
- ¿Así que no llevas nada puesto eh? – el pelinegro sintió que toda la sangre del cuerpo le acudía a las mejillas, colgó el teléfono y lo tiró contra la cama.
- Estúpido Bill.
Volvió a centrar su atención en el armario y tomó lo que necesitaba. Se vistió rápidamente y volvió a ver el resultado, se sonrió a si mismo y volteó a acabar de acicalarse. Al poco rato cruzó el pasillo para entrar al cuarto de Jack, este lo miró y sonrió.
- ¿Formal eh? No recuerdo haberte visto con eso nunca.
- Creo que si me lo he puesto una vez es milagro. ¿Te falta mucho?
- No, casi estoy.
Tomaron sus respectivas carteras y móviles, una chaqueta fina y partieron hacia la casa del pelinegro. El viaje fue silencioso, el atardecer se veía en unas tonalidades preciosas y cada uno iba sumergido en un mar de preguntas que preferían no hacer en voz alta. El pelinegro aparcó delante de la pequeña mansión que era la casa de los Trümper y ambos jóvenes salieron del coche, cruzaron el jardín delantero y tocaron el timbre, al abrirse las puertas un perro salió corriendo y saltó sobre Tom.
- ¡Scotty! ¿Cómo estás chaval? ¿Te cuida bien Bill?
- ¿Tom? – la voz suave de la mujer le hizo girarse.
Al parecer de Tom, Simone casi no había cambiado. La joven madre de Bill seguía luciendo aquel pelo largo y rubio que la había caracterizado y la sonrisa perfecta que había heredado su hijo. El pelinegro se enderezó y se acercó a saludar a la mujer.
- ¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estas cielo?
- De maravilla. Veo que usted sigue igual de guapa que siempre – la mujer se sonrojó
- Siempre tan adulador… - rió, luego vio a Jack - ¿Y este joven?
- Ah, es Jack, ella es Simone Trümper, la madre de Bill. – el pelirrojo la saludó como debía y la mujer los invitó a pasar. Buena parte de los invitados habían llegado pero Tom vio que aún faltaban Andreas, Ian y sus respectivas familias.
Tom fue presentado a tres hombres, todos ellos empresarios de grandes empresas y a dos chicas jóvenes, gemelas, hijas de de uno de los hombres. Jack y Tom fueron a sentarse al lado de Eric en la amplia sala de estar, Simone les ofreció una copa de vino que estos aceptaron.
Bill acababa de arreglarse, ya había escuchado el timbre unas cuantas veces y suponía que debían haber llegado casi todos los invitados. Acomodó su pelo, su camisa negra y sus pitillos, se perfumó y salió rumbo al piso inferior. Escuchaba risas y comentarios sueltos, entró en la sala saludando cordialmente a los hombres mayores y finalmente posando su mirada en el grupo de jóvenes, se sintió desfallecer al ver a Tom e intentó recuperar la compostura antes que alguien lo notase.
El pelinegro vestía un pantalón oscuro, de un ancho acorde a la talla que usaba, una camisa azul marina con el cuello abierto y un chaleco negro que solo hacía resaltar su esbelto y delgado cuerpo; al Bill se le hizo la boca agua, literalmente. Por su parte, Tom tuvo que hacer el mayor de sus esfuerzos para no descolgar la mandíbula y demostrar todo el asombro y embobamiento que sentía en ver a Bill. El rubio llegó hasta ellos y los saludó, tomó una copa que le ofrecía su madre e iniciaron una charla con las dos chicas que parecían estar al borde de un ataque de nervios. A la media hora llegaron las dos familias que faltaban, ambas pidiendo disculpas por la tardanza.
A los pocos minutos avisaron que la cena estaba lista y pasaron todos a la habitación contigua, donde una mesa rectangular esperaba exquisitamente preparada. Todos tomaron asiento sin importar edad, así pues quedaron mezclados; sin ser conciente, Tom había acabado sentado enfrente de Bill pero como no creía en las coincidencias pensó que seguramente Bill lo había echo a posta. Al lado del rubio se sentó su madre y al lado de esta su padre, Tom se había asegurado que Eric o Jack estuviesen cerca y los tenía a ambos a su izquierda. La cena fue servida y todos comenzaron a comer, al poco tiempo pasó aquello que Tom temía, la conversación empezó a girar alrededor de él.
- Tom, cuéntanos, hace mucho que no sabemos de ti, ¿Cómo es que no han venido tus padres? – el pelinegro miró a Bill interrogándole con la mirada, cuestionándole si nunca había contado a sus padres la verdad.
- Oh pues, ellos están en Londres – la mujer se sorprendió.
- ¿De vacaciones?
- No, nos mudamos allí hace dos años, yo volví a finales de agosto para cursar mi carrera aquí.
- No sabíamos nada. ¿Ellos piensan venir?
- Supieron decirme que vendrían para las fiestas, pero tampoco es muy seguro pues puede que hagan un crucero.
- Oh ya veo, igualmente, en cuanto tengas ocasión, a Gordon y a mí nos encantaría cenar con ellos – Tom sonrió, pensando en lo que juntar a las dos familias podía significar
- Si, realmente me encantaría charlar con Jörg de algunas cosas – comentó Gordon, todos rieron.
- Ah, tú siempre pensando en negocios.
- No se preocupen, yo les diré y seguro estarán encantados.
La cena avanzaba y el pelinegro intentaba mirar a cualquier lugar que no fuese a Bill ya que este solo le miraba a él, le guiñaba el ojo en cuanto Tom le miraba o se lamía el labio sensualmente en cuanto estaba seguro que nadie más lo veía. Por otro lado, Tom empezaba a hartarse de que la chica sentada a su lado no dejase de intentar seducirle. Más de una vez estuvo por mirarla y mandarla a la mierda, pero por obvia educación no lo había hecho, en una de las tantas veces en que la rubia le coqueteaba él se acercó Eric y le comentó:
- ¿Será conciente que todos los jóvenes de esta mesa somos en su mayoría gays? – Eric rió con ganas y se lo comunicó a Jack, Tom recibió una patada en la espinilla y supo sin mirar que había sido Bill, se giró hacia él.
- No secreteen, es de mala educación y aparte a mi no me llega.
- Luego te lo digo, no se puede decir en voz alta.
Finalizada la cena y los postres Bill invitó al grupo de jóvenes a subir a la sala de juegos, estos gratamente accedieron, las dos gemelas subían en cabecera queriendo hacerse notar sin fijarse en que el grupo de chicos se miraban con demasiado cariño entre ellos. Ian y Andreas iban con las manos entrelazadas y riendo de algo que solo ellos entendían, Eric y Jack hablaban bajito y sus manos parecían querer rozarse, al último iban Bill y Tom, con su vista clavada en el suelo y sin pronunciar palabra. La sala a la que habían ido contenía un futbolín, una mesa de billar, dardos, algunos sofás, mesas y una pequeña barra de bebidas; Bill como buen anfitrión los invitó a acomodarse y a que pidiesen las bebidas que les apeteciera.
Tom, bebida en mano, llegó hasta la pared y tomó un palo de billar.
- ¿A quién le apetece una partida? – Bill sonrió para sus adentros, Tom acababa de cometer un gran error.
- A mí – replicó el rubio.
- Y nosotros también – se unieron Jack y Eric.
- ¿Dos contra dos? – propuso el pelinegro – menores contra mayores – los demás accedieron mientras tomaban los respectivos palos. Tom soltó los botones de los puños y se arremangó la camisa para tener mayor movilidad, Bill le imitó dejando a relucir su tatuaje.
Comenzaron el juego y pronto se dieron cuenta de la gran destreza que tenían Tom y Bill, y de las más bien poca de Eric y Jack. El rubio aún coqueteaba descaradamente con el pelinegro cuando todos los demás se distraían y eso no hacía más que poner nervioso a Tom, eso ya le había costado a Tom fallar unas cuantas veces, ganándose luego la risa del rubio.
En una de las tantas veces que Bill intentaba sabotearle, se acercó por detrás del pelinegro cuando este estaba a punto de golpear la pelota, pegó su pecho con la espalda de Tom y apoyó su barbilla en el hombro del otro. Sus manos taparon las del pelinegro mientras corregían la postura y la inclinación del palo.
- ¿No decías que eras tan bueno? Estabas horriblemente mal colocado… - le susurró al pelinegro, rozando sus labio contra la oreja del menor. Este tembló de pies a cabeza y cerró momentáneamente los ojos.
- Te he dicho millones de veces que no te pegues tanto – susurró con los dientes apretados.
- Jura que no te gusta… - susurró nuevamente, frotando su cuerpo contra el del otro.
- Aparta de una vez
Bill se apartó, ninguno de los dos fueron concientes del cruce de miradas de sus amigos ni de las cara de rabia de las dos chicas, quienes hartas de tanta indiferencia se acercaron lentamente a los dos jugadores.
- Ten Tom, tendrás sed – le dijo ofreciéndole el vaso que Tom había dejado olvidado, este lo tomó y dio un gran trago, sintiendo como el alcohol quemaba su garganta.
- Gracias linda.
La gemela mayor hizo lo propio con Bill, solo que no obtuvo más que una sonrisa. El rubio bebió de su copa mientras observaba como Tom volvía a inclinarse sobre la mesa.
Ya cansados y sin ganador seguro se dejaron caer en un sofá inconcientemente, sus manos se rozaban casi imperceptiblemente, ambos se dieron cuenta y ninguno de ellos apartó la mano. La música sonaba y todos reían de comentarios carentes de sonido. Tom se levantó para ir en busca de otra bebida pero no llegó muy lejos.
Bill, al notar aquel pequeño contacto con Tom había sentido una agradable sensación subiendo a su pecho, pero aquel contacto había durado poco… Tom se levantó y el no pudo evitar fijar su vista en la esbelta figura del pelinegro, inconcientemente llevó sus manos hasta la cintura del menor, recordando la de veces que le había hecho cosquillas… Tom dobló la espalda y empezó a reír a carcajadas ante las cosquillas que le propinaba el rubio. Todos veían estupefactos la escena, sin acabar de creérsela del todo. Tom cayó nuevamente al sofá, aún riendo, y Bill siguió, contento de ver a su Tom reír como casi ni recordaba…
- No Bill jajajjaja para por favor jajajjaj – Tom se retorcía, intentando salir del control del rubio, pero este conocía demasiado bien los puntos débiles del menor. – en serio Bill jajajjaja me duele el estómago ya… jajajjajajaja
Bill soltó a Tom finalmente y este quedó tumbado en el sofá, aún riendo y agarrándose el estómago. Tapó sus ojos con un brazo, normalizando su respiración, luego levantó levemente en el brazo y miró en dirección al rubio quien lo miraba con una sonrisa en el rostro, le dio una pequeña patada en la pierna y Bill rió.
- Bruto... – dijo el rubio.
- Idiota – contestó el pelinegro
Tom finalmente se levantó y anunciando que iba al lavabo salió del cuarto. Las gemelas al no saber nada simplemente habían reído ante lo que habían visto, los chicos en cambio aún mostraban toda su sorpresa ante lo sucedido. Los 4 pares de ojos de los chicos recayeron en el rubio, casi exigiendo una explicación; Bill se levantó tranquilamente del sofá y llegó hasta la barra para servirse otra bebida, dio un largo trago.
- ¿Y bien? – preguntó Eric.
- ¿Qué pasa? – dijo Bill
- ¿Nos explicarás que acaba de ocurrir?
- No ha pasado nada, solo le he hecho cosquillas.
- O vamos, llevan peleándose desde que se volvieron a encontrar – Bill bajó la mirada, concentrándose en su copa.
- Solo quería volver a verle sonreír… – murmuró – solo eso…
El tiempo pasaba y Bill comenzó a preocuparse por la tardanza del pelinegro. Disculpándose con los demás salió del cuarto y recorrió el largo pasillo asomándose en algunas puertas, llegó al lavabo y al verlo abierto siguió buscando con más ahínco. A lo lejos vio un rendija de luz que salía de una de las puertas, pronto se dio cuenta que era la puerta de su habitación. Llegó hasta ella y la abrió poco a poco, quedándose helado al acto, Tom se hallaba sentado al borde de la cama, con un retrato entre las manos y cristalinas lágrimas recorriendo sus mejillas.
- Ahí estas Tom… - susurró el rubio, sin saber verdaderamente si lo decía por haberle encontrado o por verle así.
Después de salir del lavabo Tom se había aventurado a cotillear un poco la casa, seguía tal y como la recordaba y pronto dio inconcientemente con la habitación de Bill. Empujó suavemente la puerta y le dio al interruptor, el aroma de la colonia del rubio impregnó su nariz, trayéndole viejos recuerdos. Observó atentamente y halló una guitarra encima de la cama, llegó hasta ella y no pudo evitar recordar la letra que había compuesto Bill para su melodía. Se sentó al borde de la cama, acariciando las cuerdas de la guitarra, llenando el cuarto con el sonido; al girar el rostro dio con el retrato que reposaba en la mesilla, lo tomó en sus manos y se perdió un mundo de recuerdos…
Flashback
- Oh vamos Bill, deja que haga una foto – le demandó Tom al pelinegro.
- ¿Para qué? Ya tenemos muchas fotos de los dos. – se quejó.
- Pero esta será especial, esta será la que pondré en mi mesilla de noche – el rubio hizo un pequeño puchero.
- Oh, quien se resiste a eso… esta bien, hagan la foto… - Tom sonrió feliz y se acomodó entre las piernas del pelinegro. Recogió las suyas para abrazarlas con sus brazos y pronto estos fueron cubiertos por los del mayor, Bill apoyó su barbilla en el hombro del menor. La sonrisa de enamorados salió sola, justo en el momento en el que Ian accionaba la cámara.
Fin del flashback
Pequeñas lágrimas rodaron por sus mejillas, sus manos temblaban y no podía quitar la mirada de la foto. - ¿Dónde estás? ¿Dónde está el Bill de la foto? ¿Por qué simplemente no me dejo llevar como él dice? ¿Por qué este maldito miedo me oprime el pecho? Ya no se de quien fue la culpa… ya no puedo culparte… pero tampoco puedo hacer como si no hubiese pasado nada… ¿Qué debo hacer realmente? ¿Cuánto tiempo más podré aguantar? – todas las preguntas se arremolinaban en la mente de Tom mientras seguía observando la fotografía, seguía sin ser conciente de que el rubio le observaba, atento a cada uno de sus movimientos.
Al encontrarle allí y mostrando gran parte de la debilidad que le había caracterizado tiempo atrás, Bill no había sido capaz de ingresar en la habitación, pues sabía perfectamente que Tom se molestaría aún más que aquella noche en la discoteca. Sin embargo no podía sacar de su mente la imagen del menor llorando, quería correr y abrazarle, prometerle que todo volvería a ser como antes, prometerle todo lo que hiciera falta para que el pelinegro dejase de llorar… porque Bill odiaba ver llorar a Tom y se odiaba cuando sabía que él era el culpable de sus llantos.
Y viendo aquello, Bill se preguntaba entonces cual era la razón del rechazo por parte del menor, no acababa de ver el por qué de las constantes negativas de su exnovio…
Tom se secó las lágrimas y volvió a dejar el retrato en su sitio, se sentía estúpido por haber dado aquella enorme muestra de debilidad pero hacía demasiado tiempo que no lloraba y la carga comenzaba a pesarle… el ver aquella foto y los recuerdos que la misma cargaban habían sido demasiado y había acabado por desbordar. Rogaba que nadie lo hubiese visto pero sabía perfectamente que en cuanto volviese al otro cuarto alguno de sus amigos se daría cuenta. Se puso en pie y enfiló hacia la puerta, sorprendiéndose al ver a Bill allí… comenzó a retroceder en cuanto el rubio puso un pie en la habitación. Sentía miedo… y las ganas de llorar volvieron, pero él haciendo un esfuerzo sobrehumano las retuvo.
Bill seguía sin hablar, no había captado el momento en el que Tom se había movido hasta que este había echo contacto visual con él, entonces había entrado en el cuarto al mismo tiempo que el pelinegro había comenzado a retroceder. Se miraron sin hablar, luchando contra sus propios impulsos; Tom solo quería huir de allí mientras Bill pensaba en si actuar como venía haciendo o cambiar de táctica, poco a poco el rubio se fue acercando, viendo como a cada paso que daba Tom retrocedía hasta verse atrapado contra la pared.
- Yo… perdón, encontré tu habitación y… no era mi intención fisgonear solo…
- Shh – Bill finalmente llegó hasta él, haciendo callar a Tom con el índice de su mano derecha.
Con la misma mano acarició suavemente el rostro de Tom, acunándolo, sin perder en ningún momento el contacto visual. Se acercó lentamente hasta sellar sus labios, tan solo un roce y volvió a separarse… los ojos del pelinegro estaban aguados. Su lucha interna continuaba y Tom sentía miedo… su corazón palpitaba desbocado dentro de su pecho y su respiración comenzaba a agitarse, el solo quería salir de allí.
- ¿Por qué me lo niegas Tom? – susurró el rubio.
- Es que no lo entiendes Bill… solo no lo entiendes…
- Pero tu no me ayudas – contraatacó Bill, poniendo una mano a cada lado de la cabeza de Tom, este solo bajó la mirada.
- Tienes que darte cuenta… uno pierde cosas… y cuando le hacen daño pierde una importante. Cuando te des cuenta, supongo que sabrás como arreglarlo…
- ¿Por qué haces esto?
- Para que veas que recuperar a alguien es algo más que solo intentar presionarle… es algo más que hacer que caiga en el burdo deseo…- Bill seguía observándole.
- ¿Ahora negarás que no has cambiado?
- Todos tenemos momentos de debilidad.
Tom dio un suave empujón en el pecho de Bill y pasó por su lado para salir de cuarto, volvió al lavabo para lavarse la cara y luego fue nuevamente a la sala de juegos con todos los demás. Allí seguían Andreas e Ian abrazados en uno de los sofás, Jack y Eric hablando bajito y bastante enganchados y las gemelas con cara de enfado en otro sillón. Al verle entrar la mayor se puso en pie de un brinco y se acercó, tomándose la libertad de abrazarle.
- ¿Me puedes soltar? Que yo sepa no tenemos tanta confianza – le soltó, bastante malhumorado, había llegado a su tope y no aguantaría más aquellos intentos de seducción.
- P-pensé que te gustaba…
- ¿En que momento he dado yo muestra del menor interés? Solo se comportarme, así que por favor no te acerques a mí.
Fue directo a la pequeña barra y se sirvió una bebida, dio un largo trago, vaciando el vaso en el proceso mientras Bill ingresaba a la habitación. Ambos se miraron y voltearon la cara al acto.
- ¿Pasa algo? – le cuestionó Jack cuando llegó hasta él, Eric pisándole los talones.
- ¿Eh? No, claro que no
- Tardaste en volver.
- Si es que… - tenía que inventar una excusa.
- Mi madre lo llamó para pedirle su número de teléfono y el de sus padres – le salvó Bill a último momento.
- Eso.
- Oh, ya veo – respondió el pelirrojo, no muy convencido, se acercó hasta el oído del moreno que se hallaba ya a su lado - ¿Nos creen tontos?
- Es posible – contestó este a su vez, pero en voz alta así llamando la atención de los otros dos.
El silencio se instaló entre ellos cuatro, todos miraban puntos diferentes de la habitación. Bill llegó hasta la barra y se sirvió, dando luego un largo trago.
- Dame tiempo, solo dame tiempo y lo averiguaré – dijo Bill en voz alta
- Has tenido tiempo… - fue la simple contestación del menor.
“No todo será fácil siempre”