Ehmn me siento nervioso. Bueno, quiero pedir un gran disculpa a todos por tener que esperarme. Juraba que me demoraría menos pero a esta historia le he agarrado cariño, así que no iba a ser fácil desprenderme de ella. Ehmn bueno, si bien es cierto no es la primera cosa que escribo, aunque mi nivel ha cambiado notoriamente, pero me siguen faltando muchas cosas para ser mejor. Esta historia tiene más importancia porque es el primer final que hago, en las otras historias no les hice un final o en un caso sí, pero al darle una continuación no. Este final no es definitivo porque como sabrán habrá una segunda parte, que si quieren la leen, igual y me tienen recelo por tardar tanto ahhahaha xD, perdón de veras.
Este capítulo es... es más largo que he escrito y el más confuso quizá hahahahahah. Falta el epílogo, pero eso es más fácil diría, o bueno no tanto, pero será más corto, de todas formas no me limito porque sé que si me pongo parámetros me estreso. Uhmn, gracias a todos por sus comentarios, su apoyo constante, sus regalos, su paciencia, su tolerancia con este crío novato en todo.
Esta historia debo decir que es especial, que cada personaje tiene un espacio dentro de mí, y que los siento como mis hermanos o hijos (?) hahahahha xD. Que si bien es cierto comencé algo desorganizado y con muchísimas faltas de ortografía (horrografía) pero que ahora si bien no las he eliminado por completo, al menos disminuí su cantidad hahahahaahahha. Tantas cosas que leí para escribir esto, tuve que romper mis parámetros como persona, todos mis pensamientos, dejarlos aparte para crear esta historia. He llorado de frustración durante los bloqueos y he escrito durante clases o recesos, incluso he soñado con escenas de Destino ahhahahahaha.
Quiero agradecer a ustedes lectores, porque son una razón para impulsarme más, ya sé que es poco ético el decir eso en parte, pero es en serio, mi confianza es nula y con los comentarios me hacían ver que estaban allí, leyendo mis aberraciones a la escritura y dándome ánimos en momentos en los que quería simplemente huir de todo, incluso de mí mismo. También quiero agradecer a Alyson, porque sin su ocurrencia del harém de hombres quizá esto nunca hubiese salido de mi retorcida mente, a Nadir por correjirme y por ayudarme a entender este fandom, gracias, tú siempre estuviste ahí con todo y tus pulsaciones sádicas, a Bea porque me siguió leyendo y reconfortando con los comentarios desde THS, a Mafe por enviarme la invitación a este foro hahahah xD, y a Pink Girl por recordarme por FS que aún debía continuarla hahahahahahaha
Lectores en general (fantasmas, no fantasmas, los que me preguntaron por mi FS) a todos GRACIAS.
Ehmn este foro es una de las mejores cosas que me han podido pasar.
Ahhh, sin más preámbulo, lean! hahahahah xD No puedo creer lo inmaduro que soy hahahahhahaha he crecido más con ustedes y qué decir de lo que he entendido de mí mismo, con esta historia tuve que enfrentarme a muchos fantasmas internos.
Ok, ahora sí, el capítulo.
p.d: No me he confundido, si ven un personaje 'nuevo' es que en verdad lo es (?).
Capítulo final: Destino elegido
>Corinto<
El manto oscuro se cierne sobre todos, las luces que alumbran se quedan como testigo de aquellas ansías que nacen en secreto y se albergan en el corazón del joven que encerrado está.
Y se pregunta si su final quizá lo asole mañana o el día que le sigue. Al pensarlo percibe que la muerte podría llegarle en ese mismo instante, y su expectación por el encuentro con su Príncipe no menguaría.
¿Cómo el dolor se transmuta en placer? ¿Cómo se puede hallar esperanzas donde no existen más posibilidades? ¿En qué momento ha perdido todo rezago de la razón? Si el mundo pareciese apagarse frente a sus ojos parecía absurdo el vivírsela entre sueños. Lo efímero es lo perfecto, pero esa sensación dentro de Tom no perdía ese encanto a pesar de estar por mucho tiempo dentro de sí.
Su final, paso a paso desembocaba en lo mismo: su muerte. Y unas ansías extrañas le remecían el cuerpo, y pensó en lo que pasaría al no existir más.
Su madre otra vez. Palideció y se sintió culpable. Desconociendo que su madre recibía visitas del Príncipe, y que ninguna de ellas la perjudicaba.
xXx
Los días, oscuros al igual que las noches. Respuestas no dichas a preguntas que no quisieron ser formuladas. El tiempo pasaba lento, tortuoso, con cadencia. Nadie terminaba por descubrir las acciones del otro. Sólo existían las suposiciones que no afectaban en nada.
Lykaios se tomaba su tiempo, observaba la actitud distinta de su sobrino. Un cambio tenue, pero a grandes rasgos teniendo en consideración la forma enfermiza que tenía de controlar todo. Ambos se miraban pasar y cedían, no irían a decir cosas que solo serían estorbo, una actitud banal entre ellos. Cada cual tenía su mundo y no invadiría el contrario, al menos no en obviedad. Para lástima de la mujer, el Príncipe no daba señal alguna de estar tramando algo, o referencia a qué es lo que pensaba.
Bastaría una mirada de desprecio. Sin embargo sería algo no propio y muy fácil. No con el grado de dificultad que a Bill le gustase.
Anémona había tomado un papel determinante, por lo anterior, Lykaios no podría obrar como quisiera, al menos no tan rápido. En este juego de ambos era la sobrevivencia del más fuerte lo que primaba, y la fuerza no radicaba en el ámbito físico, sino mental.
xXx
Alysa caminó decidida en dirección a los calabozos. Esa situación la exasperaba, los títulos de furcia y que Tom estuviese encerrado. Le habían negado la entrada, pero eso había hecho que ella se volviese más observadora y se diese cuenta en qué momento ellos se retiraban y con cuánto tiempo contaba como para ir y ver a Tom.
Corrió decidida, a sabiendas de que no podría hacer nada ni decir cosas que ella misma desconocía, pero de todas formas no podía simplemente quedarse a un lado.
Vio por las rejillas, intentando encontrarlo. Buscando entre esos rostros el que le perteneciera al arpista. Y lo halló, ahí, postrado en el suelo, hecho un ovillo, yacía el arpista, resignado a lo que le tocase, perdiendo todas las ansías de vida y no pareciendo importarle más nada.
Estaba más delgado, con el cabello crecido y ojeras inmensas. Refulgía en su mirada el reflejo de un ideal onírico, una fantasía que se perdía de a pocos; cada encuentro con su Príncipe, era dejar todo en una caricia, era sentirse y darlo todo, sin embargo, no bastaba, era incompleto, era sucio. No se rozaban los labios, y rehuían de la realidad que luego los azotaba en soledad, Tom sabía que iría a morir, que su madre quedaría a merced de Bill y se imaginaba un posible final de esta. No obstante, obviaba su realidad; dentro de él sentía un anhelo, de esos que estás consciente que no pueden concretarse pero igual los percibes bajo tu piel.
Alysa frunció la nariz y buscó su mirada, mas seguía sumido en su estado catatónico. —Tom… —llamó en voz alta, mirando a ambos lados por inercia, no prestando atención a las frases obscenas de los otros presos—. ¡Hey, Tom!—Intentó una vez más, logrando que el aludido se moviese de manera casi imperceptible.
Tom la miró perplejo. Alysa, con la inocencia en el rostro, con la realidad que él eludía. Gimió lastimeramente e intentó reincorporarse, pero estaba muy débil.
—No os mováis, Tom…—El rubio detuvo su movimiento y se dejó caer de nuevo, sintiendo su piel caliente por la fiebre contrastando con el frío suelo—. Quería deciros que… ¡Vuestro Príncipe es un bastardo!—chilló a lo que Tom sonrió con dificultad.
—Sé la razón por la cual estoy aquí, Alysa. También está en mi conocimiento el que vos no tenéis la culpa… no os preocupéis…—soltó con voz apocada por su mal estado.
—Tom… ¿sabéis lo que hoy ocurrirá?—El arpista negó.
Los ojos de la fémina se pusieron brillosos.
xXx
En el silencio de esa habitación, los pensamientos de Jörg discurrían a una velocidad pasmosa. Se le encogió el estómago, aún no asimilaba todo. Se le secó la boca, sintió su cabeza abrírsele, pero solo era algo utópico. Nunca antes la verdad le sabía tan amarga, y aún con miedo, cerró los ojos y pudo vislumbrar las escenas anteriores bajo ellos.
Todo encajaba y eso le asustaba más. No sabía qué hacer. Cualquier proceder implicaba comprometerlo por completo.
Desesperado, se sentía así y de esa forma podría actuar de la peor manera. No podía dar vuelta atrás. Más aún con esa nueva información de por medio. ¿Qué iría a pasarle? ¿Y los arrepentimientos? Ahora eso no ocupaba su mente.
Un ser humano podría considerársele despreciable por sus acciones, se le juzgaría al tener bases, porque si sus actos son perversos el contrario no necesitaría más nada que tener su moral en contra.
Su mente, sus pensamientos, sus sentimientos contrastando con la decisión que tomaría. El bien y el mal, siempre relativos. Nunca acorde con la realidad, la suya.
Su pasado, su presente, el porvenir. Un solo acto desencadenaría los siguientes. Tanto poder en sus manos, tanta responsabilidad demasiado palpable.
xXx
Él lo sabía. No hacía falta que el Basilewe buscase ocultarlo. Había observado a los sirvientes salir en grupo, escoltando a alguien. No es que le sorprendiese, era parte del plan. Así como también lo era que la persona que saliese estuviese inconsciente, no es que de otra forma pudiesen haberla sacado de allí.
Para estos momentos Lykaios estaría yendo en dirección suya. No le reclamaría pero se mantendría aquella pregunta en el aire, la cual no sería formulada. ¿Cómo reaccionaría Lyakios frente a algo inesperado y siendo una acción que no tiene que ver directamente con Wilhelm?
Bill sonrió. Todo le iría a salir según lo planeado.
xXx
Tom se retorció débilmente, buscando removerse de ese agarre. Sabía a dónde iría por boca de Alysa, conocía lo que le depararía y ya había sopesado lo que eso significaría.
Su final inminente, concretándose frente a sus orbes y acabando raudamente con todas sus ideas oníricas de aquella historia arcana en donde el final trágico nunca llegaba, y el amor podía superar todas las barreras, la consciencia, los escrúpulos, los contextos dados, donde el dolor era homónimo de este, y no existían más seres que ellos mismos.
La cruenta verdad es que iría a morir. Que su amado era un Príncipe con tendencias marcadas que no pueden borrarse por más pulso que intente darse. Que su madre podía morir en cualquier instante y ahora fenecería él, no pudiendo volver a verla ni velar por su bienestar. Todo hecho a manos del mismo que le robaba una sonrisa o anidaba esperanzas vagas dentro de sí. Estúpido él por creer en ello.
Sus muchos intentos por evitar lo que sucedería se mantendrían en aquello ‘intentos’. No había mayor posibilidad, lo supo al ver a su amado Príncipe junto al Basilewe.
Era el salón principal. Había luces encendidas debido a la tarde oscura, un escriba sentado y una mesada con un vaso lleno, cuyo contenido sospechaba.
—Expiación. Los actos afrentosos se pagan. Los dioses claman tu sangre al vos ser impuro—musitó el escriba.
El Príncipe no se inmutó a pesar de recibir miradas con odio de parte del arpista.
—¡Vos…! ¡Impío sois vos!—gritó Tom para luego recibir un golpe en el abdomen, cayendo de rodillas al suelo al soltarlo los guardias de su agarre.
—¡No os excedáis!—Les recordó el Basilewe a sus guardias, con un deje de culpa en su voz.
El Príncipe observó al arpista, con una expresión inescrutable que no le sorprendió al otro. Sin embargo, Tom no por ello evitó destilar odio en su mirada, odio, ese que se siente al ansiar algo con tal frenesí que terminas odiándolo de lo mucho que tiene significancia para uno.
Su vida, las razones para quedarse con ella, le había arrebatado todo, y por ello lo odiaba… no, lo odiaba por dejarle ese sabor en los labios, ese rezago amargo que aún recordaba, lo odiaba por dejar aquellas marcas en su piel, por mirarlo de esa forma, por infestar de hiel su pecho, por hacerlo sonreír entre penumbras, por instalar ese sentimiento. Lo había convertido en un monigote dispuesto a dar su vida por él, en todas las formas posibles, por considerar aquello normal, a pesar de saber que no lo era. Lo odiaba.
Lo miró con recelo. No iría a soltar más palabras, no por miedo a las represalias, sino por esa lealtad implícita que se había puesto en todos sus actos con respecto a su Príncipe.
—Por traición a sus superiores. Y por clemencia del Príncipe, vuestra muerte será por ingesta de cicuta—anunció el hombre las palabras escritas en el papiro.
Cicuta… aquella planta que en un menjunje podían matarte. De forma lenta, aturdiéndote y después perdiendo la noción de todo el cuerpo. ¿Clemencia? Sí, porque no es una muerte a manos de los guardias, o del verdugo, que por traición terminaría dándole azotes hasta la muerte.
Tom tembló ligeramente. Su madre, seguía en su mente, no obstante, le atormentaba la frialdad que había tomado con ella, iría a morir y ella se quedaría a manos de Bill. Esa idea no le aterraba lo suficiente. Contrario a sus pensamientos, algunas lágrimas buscaron salir de sus ojos. Jörg se sintió miserable, Bill no mostró molestia alguna.
Era inocente. Conocía la malicia pero nunca la había sentido. Creía conocer todo lo que sentía, sin embargo, solo veía lo que creía sentir. Por supuesto que pensaba en su madre, no obstante, lo mantenía refugiado dentro de sí como lo muy importante que es ella para él. No concebía la idea de que Bill pudiese hacerle daño a Anémona, no después de tantas cosas que él mismo ha vivido, es por ello que no temía al dejarla con él. Sabía que su Príncipe nunca cambiaría, pero eso no llevaba relación con su forma de pensar de él. Vivía embelesado tanto de sus falencias como sus seudo-virtudes, incluso las que no podrían considerarse como tal, las tergiversaba al punto de verse así.
—Vuestro suicidio os hará libre de toda deshonra.
Tom se acercó a la mesada donde reposaba el vaso que debería beber. La alzó en dirección al Basilewe y su hijo. Una risa amarga se dibujó en sus comisuras, observó de reojo a los guardias a sus costados, irían a hacerle cualquier cosa si actuaba distinto a lo dictado.
Cerró los ojos y suspiró.
—Adiós.
El Basilewe miró a un lado con una mano en puño. El Príncipe se mantuvo quieto.
Thomas se agitó un momento, buscó apoyo en la mesada, sintió unas gotas frías pasando por su espalda, una sensación de ahogo y después cayó sobre el suelo.
xXx
Lykaios miró sin contemplar a Alysa que lloraba desconsolada por no poder impedir la muerte de Thomas, no le permitían ni el paso a aquel espacio; su madre cavilaba una y otra vez, tan repentino el cambio, nada encajaba. No tenía sentido y eso la tenía turbada. Rumió algunas maldiciones y mantuvo la mirada en esa dirección, ya que Alysa estaba junto al portón que las separaba del salón donde todo se llevaba a cabo, esperaba que alguien ingresara y ella pudiese ver algo más. Asegurarse de que sucedió lo dicho y que no era algún cuento más del Príncipe.
No era miedo lo que ella sentía, sino que al ver alterado su plan, esa sensación de desequilibrio la hacía enfurecer. Conseguiría lo que quería, sin importarle el precio a pagar a cambio.
xXx
Acarició su rostro una vez más, le sonrió con dulzura y dijo palabras que no llegaron a ser escuchadas. Su expresión no era pacífica a pesar de estar inconsciente, su rictus demostraba frustración, dolor quizá, pero frente a los ojos de la otra no era más que un detalle menor. Le importaba más su presencia allí.
—Aquí estaréis segura—masculló mientras seguía rozando con delicadeza la mejilla femenina.
Era ella, estaba allí, como una visión onírica que se cumple, tan real como una pesadilla, tan imposible de creer como lo que era.
La mujer detuvo su movimiento y fue captada por otros ojos al ponerse una mano al pecho.
—Está pasando…—susurró junto con su expresión fruncida y ojos abiertos por completo—. ¡Está pasando!
Tuvieron que sujetarla y alejarla de la otra al estar convulsionando y gritando sinsentidos que podrían despertarla. No era una ocasión de celebración, esos presentimientos indicaban lo contrario.
xXx
Jörg miraba incrédulo el cuerpo inerte del arpista, un vacío se le alojó en el pecho y sintió náuseas. Dio aviso de querer tomar vino para recuperar el color del rostro y poder estar en estado óptimo para seguir, a pesar de sentirse muerto y miserable.
Gustav no tardó en brindarle un vaso a él y al Príncipe. El primero se lo bebió sin chistar, el segundo miró con desinterés y luego de reojo vio a Thomas, aún no lo levantarían, no hasta que ellos se retirasen. Otras eran las órdenes por supuesto.
El rubio sirviente se impacientó y pidió lo dispensen para poder retirarse, el mozo le negó aquello, el Basilewe no dijo palabra alguna ya que repentinamente sintió resequedad en la boca.
El mancebo agitó el vaso y ladeó el rostro para observar a detalle el comportamiento de su padre, cómo abría y cerraba los labios, cómo sus ojos se paseaban por todo el lugar en obvia señal de desorientación, después sus pasos torpes en dirección a un inexistente pilar, por lo que cayó de rodillas al piso. Ninguno de los presentes intentó levantarlo, hasta que Wilhelm se acercó a él y le tendió una mano; Jörg buscó a tientas su hombro y con su ayuda se levantó, casi postrándose sobre su hijo. El Príncipe suspiró y acercó sus labios al oído de su progenitor.
—Vuestra vida por la de él—murmuró con frialdad logrando que el otro abriera los ojos en toda su extensión y comenzara a temblar.
Buscó alejarse esta vez, pero al estar débil, Bill no se lo permitió.
La muerte le recorrió el cuerpo, paralizando cada función interna y él sintiendo hasta perder la sensibilidad y la noción de todo. Un dolor profuso y la inconsciencia.
Su sangre. Era su padre, y no presentaba alteración alguna, debido a que se había convertido en un obstáculo para él. Alguien inservible y que debía ser eliminado como pieza descartada.
Fue en ese instante donde el Príncipe lo dejó caer. Gustav lo observó fijamente.
—Un acuerdo, es un acuerdo—Le sonrió Bill como si nada le hubiese afectado, el mayor asintió—. Sois libres vos y vuestro amante.
Las palabras eran aposta ya que el Príncipe sabía con exactitud que lo de ellos no era más parte del presente. No le interesaba en lo absoluto. El resto esperó pasivo.
—¿Mi tía está en otra parte?—interrogó a nadie en específico.
—Le hemos pedido que se retire a otra habitación—respondió uno de ellos.
Bill sonrió. Eso quería decir que ella no estaba al tanto de los hechos sucedidos allí. Miró hacia afuera, por aquella entrada se iría, una forma femenina ocupó su mirada, frunció el ceño.
—¿Pero qué hacéis aquí?—preguntó en vano puesto que Alysa estaba estática observando a los dos cuerpos en el suelo.
Wilhelm se acercó a ella y la tomó por los hombros.
—Miradme, miradme—exigió—. Os ofrezco libertad a cambio de no volver aquí ni tener contacto con nadie perteneciente a…
—¡Monstruo!—chilló sin escuchar nada de lo anterior.
Wilhelm rodó los ojos pero no soltó su agarre por más movimiento que esta empleó. Los demás esperaron pacientes la respuesta del Príncipe, sin embargo esta no llegó.
—¡Mataste a Thomas y a vuestro padre! —gritó de nuevo, esta vez Bill le tapó la boca.
—La cuestión es escuchadme o morid—señaló—. Id con Thomas, venid con nosotros y viviréis en libertad.
Ella siguió agitándose tras un momento más y después miró al cuerpo en el suelo, vio cómo su pecho se alzaba todavía. Thomas estaba vivo. Alysa asintió, dejarlo solo le causaría un pesar hondo que no podría olvidar, dejar a alguien en un momento difícil, significaría no ser agradecida con su situación, cuando ella recibió apoyo al estar desolada.
—¿No os moveréis?—asintió de nuevo—. Está bien, pero no podéis deciros nada a nadie, deberéis huir ahora mismo.
La soltó y esta corrió hacia Thomas, posando la cabeza de este sobre sus muslos y acariciándolo consecutivas veces con sus manos temblorosas. El Príncipe chasqueó la lengua.
—Os he dicho ahora mismo.
—¿Y… la boda? ¿Mi madre? ¡Habéis matado a vuestro propio padre! ¿cómo puedo confiar en vos?—preguntó trémula la joven.
—No os pido confianza, os doy opciones, debéis aceptarlas o morir. Simple como eso, ¿qué os toca decidir?—Una interrogante que exponía aquello con intenciones claras de no recibir respuesta.
Alysa sentía los nervios y no comprendía nada del todo, buscó ayuda con la mirada en su entorno, mas estos no parecían más tranquilos que ella. Pero no casarse y ser libre, a pesar de traicionar a su amada y a su madre… más allá de eso, podría ser libre, sino la muerte, y en aquel estado nada de lo anterior le serviría. Temió por Thomas y asintió con seguridad.
Wilhelm se acercó a ella y entre los dos sostuvieron a Thomas, que parecía dormido. Gustav también los ayudó y guió hasta el segundo portón, por el que terminaron saliendo escurriéndose entre la espesura del bosque.
El rubio regresó al palacio
xXx
—Huyamos.
—¿Qué?—interrogó confundido el castaño. El rubio le sostuvo la mirada y se sintió nervioso, solo Georg podía desequilibrar su imagen estoica.
Buscó el contacto con su mano, y le fue denegado.
—Por… favor, debemos huir, ahora. —Sujetó sus manos, no tomando en consideración que la fuerza del mayor era mucho mayor y que podría terminar en el suelo por ello.
—¡No! ¡Vos no sabéis lo que es una negativa! ¿Os recuerdo que ya no hay nada entre nosotros? Intentáis imponer vuestro interés sin reparar en lo que yo opine o sienta. —Le recordó aquello, y le ofreció una mirada furibunda con un deje de culpa, no había sido su intención el lanzarlo hasta que caiga al suelo.
Gustav observó a su amado, vio odio en su mirar. Los pedazos de aquel amor frustrado le vinieron de lleno al rostro. Había hecho aquello por él, había matado al Basilewe por órdenes del Príncipe por Georg, para obtener libertad. No servía aquello de nada. ¿Palabras? Quizá aún no se habían dicho lo suficiente, pero hablar, cuando su amado era el que conseguía expresarse con palabras, él no.
Cuando la persona que amas te cierra el paso, te niega todo lo que te habías ganado a pulso, no hay más qué hacer. La unidad ya no es más aquello, y los individuos deciden tener secretos, deseos propios y deciden no confiar. Gustav sintió ese punzón en el pecho, aquel que le indicaba que algo se había destrozado y no podría volverse a unir. Siempre estar solo, perder a todos los que ama por obra de alguien más y ahora perdiendo a la persona que lo había hecho salir de las profundidades a las que había sucumbido por todo lo que pasó desde pequeño.
Cuando todo cae no queda más que destrozos en derredores. Este caso no sería la excepción.
Sus miradas perdieron contacto y el mayor salió de la pieza. Mediante ese acto dado por terminado todo.
xXx
Lykaios se percató del barullo y las personas moviéndose de un lado a otro. Aprovechando aquello ingresó al cuarto donde la ejecución se llevaría a cabo. Agudizó la vista al percatarse del cuerpo inerte que yacía en el suelo. Su hermano. Chasqueó la lengua y buscó a alguna persona alrededor, pero no había nadie más.
Sus planes se estaban viendo alterados con este suceso. Ató cabos y sonrió sin ganas. Debía asegurarse pero ya suponía que estaría demás averiguar dónde estaba el Príncipe y el arpista, porque tenía claro que este seguía con vida.
Salió de la pieza y vio al castaño de ojos jades, era uno del séquito del Príncipe, por lo que ella suponía debía estar enterado. Lo llamó con un ademán de la mano y este se acercó.
—¿Sí?—instó a que le preguntasen Georg.
Ella transmutó su expresión a una descompuesta por la tristeza. —Disculpe joven, mi hermano menor… el Basilewe está inconsciente en la cámara de sentencia… —Soltó unas lágrimas para darle más realismo a su actuación—. ¡No sé cómo haya podido pasar!
Georg se controló para no alzar una ceja, esa mujer era demasiado histriónica ante sus ojos, sin embargo, sintió un malestar en el pecho por la noticia y siguió la dirección indicada por la emperatriz y efectivamente, el Basilewe estaba muerto en el suelo. Abrió los ojos desmesuradamente y pensó en las palabras de Gustav, ¿acaso aquella petición de escape llevaba relación con ello?
Volvió la mirada inútilmente intentando ver al cuerpo de Tom o al Príncipe, pero ninguno de ellos se encontraba. Observó a la mujer de nuevo, Lykaios era su nombre y poco o mucho sabía de ella, no obstante, averiguaría lo correspondiente al fallecimiento del Basilewe porque tenía que ver con él, puesto que Corintos necesitaba quién los guíe.
No necesitaron esperar más al aparecer una de las sirvientas en el cuarto.
—¡Por todos los Dioses! El Basileus está muerto y el Príncipe ha desaparecido… —expresó la mujer sujetándose de su manto.
Georg se quedó con los ojos abiertos. El propio Príncipe había matado a su padre. ¿Y Tom?
—Mina… ¿y el sentenciado a muerte?—preguntó el castaño.
—No murió, se fue junto con el Príncipe y la manceba Alysa—expuso con miedo Mina.
Lykaios pareció sonreír y los ojos le brillaron.
—Sierva, vaya por el escriba—dijo Lykaios.
Mina asintió y se retiró.
Georg observó de reojo a la emperatriz. Se estremeció, ese semblante sombrío se parecía al del Príncipe.
xXx
Despertó y acostumbró a sus ojos a la presencia de iluminación, aunque escasa por que el día fenecía. Hizo memoria de los hechos ocurridos e intentó pararse, no obstante, una mano la detuvo al sujetarla por el antebrazo, volteó sorprendida por el roce y reparó en ese par de ojos que la observaban desde hace rato.
—No estáis bien aún, manteneos sentada, Simone—musitó el contrario. La aludida contuvo un jadeo al sentir todo ese cúmulo de sensaciones tomarla de lleno.
—Vos… vos… —Intentó decir fallando rotundamente al estar embargada por los nervios y tensiones pasadas.
El hombre la chistó y ayudó a que se sentase de nuevo. Unas lágrimas brotaron de los ojos de la fémina, no podía soportar más.
—Comenzaremos de nuevo. —Le dijo con intención de reconfortarla.
Ella negó y miró a un lado.
—No puedo, nada ha concluido aún, ¿no es eso cierto? ¡Debo irme!—exclamó enceguecida por los recuerdos intentando levantarse de nuevo, la detuvieron otra vez.
—¡Nada podéis hacer desde vuestra posición! Aguardad, sé por qué os lo digo. —Ella lo miró con desconfianza sin embargo se sentó a la espera, ya sea para aprovechar una distracción y huir o, más seguro, darle una oportunidad a aquel personaje, aunque sea en un asunto tan delicado como ese.
Un silencio se instaló en la instancia. Y aunque era incómodo, ni uno se movió de su sitio.
xXx
—Traición, bajo el cargo de traición es que culpo al Príncipe Wilhelm, el faltarle a su propia sangre por el bienestar de un simple plebeyo. Os toca id en busca de él y su plebeyo para que mueran bajo la fusta—respondió a la pregunta del escriba. Miró a los centinelas que cumplirían la misión—. Ahora la que está al mando soy yo, al ser la única de sangre directa que está en este palacio. Quien sea el que falte a mis órdenes, correrá la misma suerte que el Príncipe.
Su voz resonó en todo el salón y unos asentimientos en respuesta lo confirmaron. Era cierto, todo el poder lo poseía ella, sonrió internamente, no era la forma en la que quería recibir ese puesto, sin embargo no se negaba ni resentía frente a la oportunidad. Su mano no temblaría al mandar a matar a su propia sangre.
—¿Y la Princesa?—cuestionó el escriba mientras terminaba de apuntar lo anterior.
Lykaios suspiró. No estaba en sus planes de ahora, pero iría pasar en cualquier momento y no le fastidiaba en lo absoluto.
—Pasará lo mismo por traición. —Le contestó para luego recibir la corona de laureles y sentarse mientras que los centinelas se retiraban a cumplir lo ordenado.
Georg se mantuvo a su costado después de acomodarle la corona. Ella lo tenía como sirviente de su séquito en palacio ahora. Este se limitó a asentir cuando ella se lo impuso.
Gustav miraba frustrado toda esa situación y salió por el otro portón del palacio. Debía hacer algo para evitar esa masacre.
xXx
El trote de los caballos inundaba el interior del carromato donde yacía el Príncipe, Alysa y Thomas, este último con la cabeza sobre el regazo de la fémina.
—Se está despertando—anunció la pelinegra con voz emocionada.
Wilhelm miró de reojo el despertar del arpista. Como este se removía y abría la boca y la cerraba al sentirla pastosa.
Los ojos mieles se posaron sobre el Príncipe e hizo un amago de sonrisa.
—Sois idiota. Habéis podido morir a obra mía y me sonríes—dijo Bill y volvió su mirada a la ventana.
Thomas bufó y miró a Alysa.
—Hey…—murmuró aún con voz gangosa.
Ella le sonrió y acarició el rostro.
—Estaremos bien—Le dijo. El arpista se mostró confundido y recién recordó los hechos.
—¡Mi madre!—chilló mientras se levantaba del regazo femenino y colisionaba contra un extremo del carromato por el movimiento brusco.
—Doblemente idiota. —Hizo referencia a lo sucedido el Príncipe con cierta risilla socarrona.
Thomas se sonrojó y pasó de los intentos de Alysa por detenerlo, posándose a un lado del Príncipe con intenciones de golpearlo.
—Basta—advirtió Bill levantando una mano, Tom se mordió el labio y las ganas de llorar le inundaron el pecho—. También termina con eso.
—¡No entiendo nada! ¿Dónde está mi madre? ¿a dónde estamos yendo? ¿Por qué no estoy muerto?—barbotó el rubio.
Alysa le acarició un brazo. —Vuestra madre está bien, Tom. Solo que no pudo venir con nosotros. Aún Wilhelm no me ha informado a dónde vamos, pero es lejos de palacio, es una larga historia—musitó con pesar la pelinegra.
—¿Pero si bebía la cicuta…? —Por lo menos las palabras de Alysa lo tranquilizaban, ella no le mentiría con respecto a esos asuntos de gravedad como el de su madre.
No sentía desconfianza a pesar de estar junto a Bill. Luego le exigiría más, pero se sentía feliz de saber que con ese silencio e indiferencia, por dentro lo quería y temía perderlo, razón por la cual seguía con vida.
—Wilhelm me dijo que Gustav preparó un menjunje que te dejara inconsciente por un determinado tiempo y eso bebiste en vez de la cicuta—informó Alysa.
Tom sonrió con confianza y con naturalidad le dejó un beso en la mejilla de Bill, este lo observó con cierta sorpresa que camufló enseguida por enojo.
—Dormid, que aún no habéis recuperado fuerzas—ordenó.
Alysa contuvo una risita al ver la situación y luego puso expresión seria al reparar en los ojos del Príncipe. Tom se juntó más al otro mozo y apoyó su cabeza en el hombro de este. El sueño lo tomó de lleno y él sucumbió frente a sus encantos, así como lo hizo con Bill, sin hesitar el dormir para siempre o solo durante un instante.
No era lo idóneo el no planificar, el tentar y tentar con posibilidades de caer, no era sano de lo de ellos y parecía no tener sentido. Sin embargo, esa atracción que los hacía estar próximos era ineludible, y ese sinsentido era suyo. Las verdaderas, las cosas que no se decían, lo que era implícito y punzante pero conformaba parte de su relación tóxica.
El Destino está escrito en piedra, nadie puede ir en su contra y por muchas vicisitudes que nos acontezcan seguirá siendo lo que en un principio era.
Lo que se crea en destrucción está abocado al fracaso. Lo que existe de entre tinieblas nunca verá la luz, y existirá entre lo oscuro, lo turbio, se anidará entre lo afrentoso y nunca conseguirá la expiación ante los Dioses. No obstante, existe y seguirá existiendo hasta que el hilo que todo lo termina se corte.
«Porque aquello que nace en desgracia, termina en ella»