este fic es el mas diferente a todos los que eh leido
cuando lo leo trae a mi mente peliculas y libros que siento que nada tiene que ver con el twincest
sin duda excelente y original
eres bueno cris te felicito

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cuando lo leo trae a mi mente peliculas y libros que siento que nada tiene que ver con el twincest
sin duda excelente y original
eres bueno cris te felicito

Hahahaahah regrese a la vida :DDD hahahaha oh cariño, pensé que habías publicado, pero recordé que no xD hahaahaha, te veré pronto cielo :DDD
Hola de nuevo, bienvenida otra vez Lupiss y gracias por tus elogios
y mi querida Adry, hola otra vez, creí que ya no me leerías
Aquí les dejo el capítulo con algo de nostalgia de que el final se acerque y de que se me borró mi archivo de Destino y solo pude recuperar lo último y ciertas partes de Origen, y que cuando quise pasar de un lugar a otro, borré lo que tenía de este capítulo y lo tuvo que re-escribir.
Todo eso en dos días, bueno
Un agradecimiento especial a Nadir, que me prestó un retazo de su poema, el que observan al principio, gracias linda.
“Sólo los sentidos pueden curar el alma, así como el alma es lo único que puede curar los sentidos.”
Oscar Wilde
›Corinto‹
Pov Tom
No comprendía aquellos hechos a pesar de que tomaban forma ante mis ojos…
Bill acababa de infringirme daño en uno de mis costados con una sica en una extraña, lenta y sorprendentemente indolora manera. Siento ahora el ardor en mi piel, el pequeño punzón que era notorio frente al movimiento de mi vientre al elevarse y bajarse por respirar agitadamente, ese era el punto: estaba agitado, excitado frente a la imagen de verlo sentado sobre mí succionando sus dedos ansioso, los mismos que, apenas manó sangre de mi herida reciente, se embadurnaron en ella y he ahí el por qué están siendo chupados con sabor a mi sangre y su saliva.
No entiendo a qué me está guiando, pero al parecer los conceptos pierden forma y la locura me persigue debido a que, en contra de todo, eso me es atrayente por su culpa.
Sus ojos abiertos en toda su extensión mas mantenía ese frío en ellos, esa indiferencia que se contradecía con sus acciones cometidas con fruición. Mis orbes seguían maravillándose al ver sus mejillas sumiéndose y sus labios enrojecidos y húmedos. Después de un momento detuvo la acción para observarme y hacerme sentir un estremecimiento, una fusión entre miedo y excitación. Era tan débil… había sucumbido ante él sin encontrar escape, sin negarme a poseer uno, arriesgando de una forma egoísta todo.
Su mirada peligrosa, que a pesar de serlo, que no me hacía virar en otro lado. Cómo es que es que teníamos un color de ojos tan semejantes y, a la par, distaban entre sí mucho.
Acercó su cara a mi pecho y sacó la lengua, sin perder el contacto con mi mirada, serpenteándola sobre mí. Me retorcí y erguí al sentirlo trazando húmedos y calientes figuras amorfas, eso es lo que lograba irritarme cuando llegábamos a esa intimidad sofocante.
Siseé cuando pasó su lengua con mi herida, una y otra vez, como saboreando el resto de sangre que quedaba, haciendo que se alivie en cierta forma el ardor. Un calor me recorría, uno agradable que podría cesar si la situación fuese otra. Estando ya tan acostumbrado a las humillaciones y torturas, a sus amenazas, es cobarde, yo lo sé, pero no siente, no…siente. Yo tampoco quisiera sentir.
Al pensar en lo débil que soy, en que no puedo, en que no… quiero huir, todas esas cavilaciones, el tener las oportunidades y rechazarlas de alguna u otra manera, en ese instante es que me enfurezco conmigo mismo, no obstante lo canalizo sujetándole del maxilar acercándolo a mi rostro. Su expresión se oscureció.
—No intentéis jugar conmigo, Thomas. —musitó y fue pasando las uñas por mi vientre con una mano y con la otra recorriendo mis muslos internos no pude cerrar las piernas al tenerlo entre ellas; tragué saliva y agregó—: Debéis recordar que en entre mis dedos…
Chillé y fruncí el ceño juntamente con mi boca al sentir sus dedos ingresar entre mis posaderas de forma directa. Me ardía esa zona y lo único que atiné a hacer es ejercer mayor presión en mi agarre.
—Ajá, no solo está el calor que ofrecen tus entrañas—continuó con su maldita amenaza—. Sino también tengo el destino de tu madre, su vida y la tuya, mi querido arpista—terminó por decir.
Su sonrisa cargada de maldad me atravesaba tanto o más que sus dedos, los que hurgaban en lo más profundo de mí, moviéndose a un compás que sentía claramente. Profanaba mi cuerpo una vez más, manteniéndome en esa postura imposibilitada, rompiéndome el alma al simular esas embestidas. No, esto es mi culpa.
—Os tengo Thomas, así que…—Me erguí al sentir una estocada profunda y fuerte, mis dedos flaquearon y cayeron sobre mi pecho dejándolo libre de mi agarre pero mantuvo la cercanía a mi cara.
Aún me pregunto cómo es que una vez creí que él podía ser un Dios. Maldición, la peor oscuridad es la que te asolas tú mismo.
Tiene los mismos orbes, los mismos labios, la misma palidez, el mismo aroma embriagador y esos aires que siguen siendo seductores por más de conocer el desenlace. Puedo aún perderme en él, no obstante, oculta algo oscuro, pútrido dentro de él, no siente compasión, no siente nada que sea ajeno a su persona.
Furia y excitación, ardor y sensación vívida frente a sus toques. Mi cuerpo se dejaba hacer y eso hacía que una sonrisa socarrona se formara en sus labios, que ese rojizo encendiera sus mejillas y la precisión en los lugares que rozaba. Me humillaba a mí mismo al dejar salir los jadeos ruidosos, puse presión sobre la carne de mi labio con mis dientes no dispuesto a seguir dándole el gusto.
—No os resistáis, os quiero escuchar cuánto es que os gusta, hazme saber que soy el que logra os agite y que os berree de esa manera tan grata a mis oídos—gruñó contra el lóbulo de oreja y sentí su otra mano entre nuestros cuerpos.
—Vos…—Apoyé mis palmas sobre sus hombros con intención de empujarlo.
Descubriendo mis pensamientos, sacó de forma dolorosa sus dedos y me sujetó por los brazos, no sabía cómo es que él lo conseguía pero, entre su mirada y su fuerza mayor a la mía al yo estar físicamente débil, me postró contra la cama.
—¡Soltadme!—bramé.
—No…quiero jugar con vos y como sois tan bueno en todo, usaréis vuestra boquita para que sea tapada conmigo, ¿está bien? O, ¿preferís que os abra para coger como ayer? Puesto que todo aquello me gusta, podéis elegir—sonrió tras decirlo y fui yo el que gruñó esta vez.
—¡Quiero que comáis bosta, despreciable!—Grité logrando mi cometido, que soltase mis brazos permitiéndome inmovilizarlo bajo mi cuerpo—. ¿Ahora cómo se ve todo desde ahí, eh?—Le dije con una sonrisa de suficiencia.
—Travieso, Tomi—le di un golpe que cayó directamente a su rostro haciendo que por el impacto volteara su cara y escupiera esa viscosidad rojiza.
No me interesó por qué él ha hecho peores cosas conmigo y me ha llamado como solo mi madre lo hace.
—Me gusta vuestra actitud—se limpió la sangre como si no sintiera ni un atisbo de dolor, es más, tiene una amplia sonrisa—. Pero… vos no sois quién mandáis, cariño—alzó una ceja y un remezón me recorrió el cuerpo, temiendo a sus próximas acciones.
En ese momento de descuido e intimidación me sujetó por las caderas, todo fue tan repentino que no dilucidé cuales serían sus acciones… hasta que sus uñas se hundieron en mi carne, a la par de que él se hundía en mí.
Cerré fuertemente los ojos y solté un gemido de dolor al sentir arder mi todo. Quería sacarlo de mí pero me palpitaba la cabeza, me temblaba la mandíbula y las manos. Sentía con una tortuosa certidumbre todo con lo que Bill me había arremetido, comencé a lagrimear y fue peor cuando empezó con su vaivén, me estaba rompiendo internamente.
Fruncí el ceño, mis labios querían abrirse, mi cuerpo dejarse llevar en ciertos movimientos en los que se me nublaba la mente, sin embargo no me gustaría demostrar nada.
Mi concentración se esfumó cuando me tocó de manera distinta a todo lo anterior. Volteé el rostro e hice rechinar mis dientes, no soportando al Bill rozarme de forma delicada.
—Si vos no hacéis ruidos no me gusta. Vamos… hacedlo—gruñó cerca de mi rostro.
Sujetó mi nuca y aunque me resistí, terminé por dejar que me acercara a su rostro y fundiera sus labios con los míos. Encontrando aquello como un desfogue, en ese momento tan condenadamente íntimo, eso sobrepasó mis límites y fui yo el que lo sujetó por la nuca introduciendo mi lengua en su cavidad, penetrándole con ella, de alguna forma, poseyendo el control en esa brutal contienda; mirándolo con odio de reojo, lamiéndole sus labios, mordiéndolos, buscando destruir la maldita suavidad que poseían.
En un momento dado llegué a moverme sobre él, ya cuando el dolor no era aquello propiamente y solo era una molesta, pero tolerable, incomodidad. Me hacía sentir tan poderoso al manejarlo, darle ese placer que lo hace retorcerse, que lo vuelve débil en mis manos, haciendo que su vientre se contrajera al penetrarme a mí mismo al alzarme y bajarme de sobre Bill.
Tensé mis músculos, viendo como su rostro, comúnmente controlado, se deformaba por las oleadas de placer que lo azotaban. Porque ahora era yo el que guiaba ese vaivén, el que le succiona el cuello hasta dejar esas marcas rojizas... oh sí, que vuestro padre lo vea, que lo vean los otros sirvientes, Georg, Gustav, ¡qué todos se maravillen frente a las marcas que poseerás! Porque eso demuestra de que alguien pudo contigo, maldito Príncipe.
Apoyé mis manos en su pecho para impulsarme más. Sí, sí, sí, claro, por supuesto que siento en este instante, pero… ugh ¡no demostraré afección alguna!
Poder, dominio, ese deleite único en provocar reacciones en ti, en ver como se nubla tu vista y frunces la nariz y el ceño, estremeciéndote, y tomando participación también pero al estar tan absorto el que maneja la situación soy yo.
Todo lo que ardía en mi interior, lo que hacía que sienta el pecho comprimido, las lágrimas, el dolor, todo formaba una voluta de pensamientos difuminados por mi mente. Todo siendo nada y nada siendo un todo. Ese vacío era llenado, al menos con esa sed repentina que se apoderaba de mi cuerpo.
Nos miramos y… no reconocí como mío el reflejo de mis orbes. Negué con la cabeza y sentí tus manos subir de mis caderas a mi cintura, ayudando con la última estocada, que me robó el aliento y llenó de un escalofrío placentero pero aturdidor.
Me dejé caer por la sensación que me abrumaba, sentí como entre nubes el latir de tu cuerpo y lo sudado que éste estaba. Veía borroso, sentía latidos que no podría discriminar si pertenecían a tu cuerpo o al mío, eran como ecos ensordecedores. Con mi semilla entre nuestros vientres, caliente, espesa y pegajosa pero ahora eso no me importa aunque sienta la misma sustancia dentro mío, no quiero moverme, sólo quiero recuperar el aliento mientras que la bocanadas de aire que absorbo están repletas de nosotros, de tu humor y el mío, el sabor de tu sudor entremezclado con el mío, de tu esencia y la mía.
En mi búsqueda de dominio, de alguna forma retorcida, conseguí la clave para llegar a un punto antes no imaginado.
Nuestros peplos se alzaban, los tumbos de tu corazón contra mi oído, tu aliento irregular. Te miro aun tembloroso y sonrío, nunca te había visto con esa expresión entre fiereza bestial y naturaleza humana. Te me antojabas irreal, y me sentí complacido.
—Hey… Bill—llamé viéndote cerrar los ojos.
Gruñiste con el ceño fruncido.
—¿Humnn?—soltó ese sonido con la cara adormilada, si ese no fuese el caso, no me hubieses permitido llamarte de esa forma.
Succioné mi labio inferior con una sonrisa en los labios. Extrañamente no me sentía mal, para nada.
—¿Hasta qué momento mantendrás vuestro miembro en mí?—interrogué sin el menor tino, tampoco con verdadera curiosidad.
Soplaste alejando los cabellos de tu rostro, no teniendo suficiente fuerzas en los brazos como para moverlos, ronroneaste y entreabriste los ojos, clisándolos sobre mí.
—Pff… no lo sé, ¿ahora os quejáis?—preguntó con su tonito característico.
No poseo libertad, tiene a mi madre cautiva… no tengo por qué mostrarme débil. No es parte del asunto serlo, debo ser fuerte, mostrarme tozudo, no sentir más ataduras impuestas por mí mismo. No puedo seguir siéndolo, debo mostrarme afrentoso, así sienta ese afecto que remece mis entrañas, para evitar salir más lastimado.
La malicia existe, no es algo que puedas ver a simple vista, ya que se camufla bajo un rostro bello, o una actitud piadosa. No pensé que las personas pudieran ser tan egoístas, malvadas, atractivas y pútridas por dentro. No obstante, entiendo algo de aquello, sacar el provecho a la situación en que te encuentres, manipular al resto para tu propia beneficencia.
—No, no me quejaré.
—Eso me gusta—musitó, parpadeando para abrir los ojos por completo.
También he comprendido que uno no decide a quien amar, y que el amor es egoísta.
—Me limitaré a disfrutar—mascullé con una sonrisa torcida, como las que él me mostraba.
Bill alzó una ceja.
No puedo negar que quiero a Bill, de una forma rara, casi enfermiza. Es evidente que estoy demente, ya que solo recibo daño de parte suya, no obstante, lo admiro y quiero, demasiado.
Él también lo hace. ¿Cómo lo sé? Me mantiene a su lado cuando puede mandarme a matar, porque ahora estoy seguro que Bill mató a Andreas y que su cuerpo se estaba calcinando el día que fuimos al lago. Tiene a mi madre, eso es algo negativo, sin embargo, me enfoco en el fondo de esa acción. Me quiere. Lo que no comprendo es cómo él siendo tan egoísta y no afectivo, muestra interés en mí, desde el comienzo.
—¿Disfrutar con qué? ¿Con mi polla aún dentro de vos?—puse los ojos en blanco frente a su frase.
Entonces, debo tratarlo con indiferencia pero eso no quiere decir que no aproveche lo que pueda sacar de Bill. Ya que como dije, lo quiero.
—No, sino con la cara de hetaira satisfecha que pones—respondí riendo y Bill hizo lo propio—. ¿Sólo ríes?—Me esperaba algún grito o amenaza.
—Sí, porque me causa gracia vuestra forma de colegir las cosas—dijo mientras levantaba una mano y posaba el dorso de la misma sobre su frente—. Os considero mi hetaira preferida ¿sabíais? —ensanché mi sonrisa.
Obligado, violento, doloroso, amenazante. Todo eso es por lo que paso. Sin embargo si mantengo al margen lo que siento, no lastima tanto. No puedo aseverar nada, pero creo que no querrá matar a mi madre a menos de que huya o no haga algo que él me diga. No pienso huir, y si lo hiciese, tendría que ser más inteligente que él, o en todo caso, usar sus trucos.
—¿Os levantaréis o esperaréis que os duela el trasero por sangrar?—cuestionó y yo bufé—. Que quede como referencia que vos fuiste el que os lo provocó.
Rodé los ojos. Después bostecé y el sueño me tomó desprevenido.
Thomas se removió de su sitio frente al indómito brillo que le llegaba de lleno al rostro. Gruñó un poco, no obstante, por mucho que él lo hiciera no podría recuperar el sueño que le había sido arrebatado. Puso su cara contra la cama rogando por un momento más de dormir, ya suficiente realidad con su epifanía como para seguir enfrentándola, aunque se sentía solo, ya que el otro lado de la cama estaba vacío.
Recordó que antes se había dormido y tuvo un infructuoso despertar por el movimiento brusco de Bill, cuando aún estaba dentro de él. Después de ello, optó por asearse y regresar a dormir, pero para eso, su Príncipe aún descansaba junto a él.
Ahora no estaba y el ambiente se sentía extraño en su ausencia. El arpista si bien había reparado en detalles de su Príncipe, todavía no se percataba de la actitud torcida que tenía hacia él, al punto de confundir esa sensación de dependencia con un sentimiento de afecto, aquello era tóxico para Tom, aunque no lo note.
Bufó y entreabrió los ojos notando de dónde venía tan molesta luz. Se quedó pasmado cuando se dio cuenta que lo que le molestaba era la luz que provenía de la puerta, la cual se hallaba abierta. Abierta. Abrió los ojos en toda su extensión y se levantó, trastabillando en su intento por acercarse al umbral. No se amedrantó ante aquello y se espigó saliendo de la pieza.
Libre.
Las comisuras de sus labios se alzaron en una sonrisa trémula. Una sensación le sobrecogió y un nudo en la garganta se le incrustó. Se abrazó a sí mismo, no procesando aún la idea de estar libre, quizás no como para huir pero al menos ya no estando encerrado en una habitación.
La respiración se le aceleró y miró en todas las direcciones como esperando ver a alguien que lo detuviese, al no hallar a nadie, comenzó a caminar sin un destino preciso. No sabía cómo actuar, no se sentía seguro de nada, podría ver a Alysa mas no tenía verdaderos deseos de verla. Acostumbrado a no ver a nadie más que a Bill. Sonrió y aceleró su paso queriendo verlo, ya que él era el que le había ofrecido la limitada libertad. Y es que Tom no podía ver que el que lo había encerrado había sido Bill en una primera instancia.
Después de pasos con premura se extrañó al no ver personas a su alrededor, y dio un brinco cuando un sirviente apareció corriendo. Optó por seguirlo, teniendo la idea de que pudiese ver más personas y tal vez entre ella vislumbraría a su Príncipe.
Se encontró con la imagen de varias personas caminando en diversas direcciones, se aturdió por un instante y después se escondió tras un pilar, temiendo que lo viesen.
Se había quedado absorto viendo los ornamentos que llevaban en mano, que no sintió que alguien estaba tras suyo hasta que esa persona le rozó con la mano en el hombro. Su cuerpo se tensó de inmediato y miró de reojo encontrándose con un par de ojos verdes mirándole con curiosidad. Apenas la dueña de los ojos verdes reparó en la correspondencia de mirada, se aferró al rubio en un abrazo.
Thomas se sintió incómodo frente al abrupto acercamiento, sin embargo no buscó alejarse del mismo. En su fuero interno concebía la idea de necesitar afecto de forma directa en vez de discernirlo entre sutiles insinuaciones bajo frases ponzoñosas.
—Tom—musitó ella contra su cuello.
El rubio cerró los orbes y acarició la cabellera femenina.
—Os imaginé muerto —se puso a la altura del rostro de Tom—. El Príncipe… Él me dijo que no podía veros—absorbió por la nariz y sus ojos brillaron los las lágrimas.
—No hagáis caso a lo que dije el Príncipe, suele retractarse de sus palabras con hechos—susurró con complicidad, más acordándose de sus experiencias que centrándose en la doncella.
Alysa lo escrutó con la mirada y se alejó de él, para luego tomarlo de la mano y jalarlo.
—Alysa…—intentó llamar inútilmente el arpista.
Tom frunció el ceño y se dejó llevar.
Fueron por entre corredores para ingresar a una pieza amplia, y se podía apreciar en el centro una mesa donde yacían papiros enrollados.
—Aquí guardan libros—adivinó Thomas, exteriorizándolo más para sí que para Alysa.
Él no sabía leer, no por falta de ganas sino por carencia de medios. Su madre sí sabía, gracias a ello conocía un sinfín de cosas, como si fuese una dama de sociedad, y aquello le enseñaba a Thomas. El rubio aún recordaba que su madre intentó instruirle, no obstante, cuando Gordon vio que su madre había comprado un libro, lo desechó furibundo por los gastos innecesarios.
—¡Tom!—Llamó Alysa una vez más, despertando al aludido de su ensoñación.
Thomas pestañeó un par de veces y luego centró su atención en ella. —¿Para qué me habéis traído aquí?
La pelinegra bajó la mirada, soltó un suspiro y frunció el ceño.
—Apenas el día caiga se celebrará mi compromiso con el Príncipe—dijo entre murmullos.
Thomas procesó lo dicho y sintió una presión en el pecho. —¿Por ellas esas personas se mueven de un lado para otro?—interrogó con desgano. Por no afrontar las verdaderas palabras que se le quedaban atoradas en la garganta.
¿Cómo? Si antes se dijo a sí mismo que la que sufriría sería ella, que sería mejor para él. No, no sería mejor, es su Príncipe, solo de él.
Alysa asintió, ofreciéndole una mirada de lástima que Tom entendió rápidamente. Un ácido le corroía las entrañas, todavía no discriminaba cuál sería su lugar tras ello. De repente la imagen de la menor se le antojó maligna.
Wilhelm había abierto la puerta de su habitación para que él pudiera salir, ¿y enterarse de aquello?. Identificó la acción como lástima hacia él, como esa que se veía en los ojos de Alysa. Una efímera libertad antes de que caiga la noche, en todos los sentidos.
Athanatos pulía a pulso el pequeño trozo de madera que tenían entres sus manos callosas, le estaba dando forma de escudo, como los que llevaron sus tropas en su juventud lejana. De pronto su mujer apareció en escena con una mirada perdida.
—¿Sucede algo, querida?—cuestionó con suavidad mientras dejaba sus herramientas a un lado y se acercaba a su mujer.
Kaethe le chistó y él, como acto reflejo, agudizó su audición. Caballos, muchos de ellos estaban cerca al puerto. La pareja se asomó por la ventana y vieron a las personas aglomeradas en aquella dirección.
—Visitantes—murmuró el hombre.
—Y de los ricos—acotó su mujer. Athanatos asintió. Solo sucedía aquello cuando eran personas pudientes o… de la nobleza.
Iría a celebrarse un banquete en el palacio. De eso estaba seguro.
Kaethe miraba risueña aquello. —¿Será que viene aquel joven malherido?—soltó al recordar cómo hace cuatro años uno de los sobrinos del Basilewe, se fue de Corinto con vendajes en el rostro, se rumoreaban de que había sido atacado por un lobo, nunca se esclareció nada; Athanatos calló puesto que sabía que aquel joven había perdido un ojo bajo otras circunstancias que podrían alterar más a su mujer.
—Querido, ¿allá estarán ellas?—preguntó con un candor en la mirada que provocó aflicción en su marido.
—Kaethe… os debéis recordar que…
—No, no, no. —Negó con la cabeza, rechazando todas las ideas que su marido pudiera decirle y, prosiguió—: Ellas estarán allí.
Athanatos suspiró y abrazó a su mujer, esta le correspondió al gesto sin cuestionamientos. La puerta sonó y de un brinco Kaethe se dirigió a abrirla, encontrándose con Isaura tras ella.
—¡Isaura! ¡Un gusto hija mía!—La abrazó y luego se hizo a un lado para que pudiese pasar.
Isaura miró a Athanatos, con una expresión que no supo leer.
—El Príncipe se casa—dijo la recién llegada. Frente a ello, el semblante del hombre se ensombreció, Kaethe sonrió.
—Otra unión más, espero no culmine como la anterior. —Le susurró Kaethe al oído de Isaura, la cual sonrió y asintió por cortesía.
—Hoy anunciarán su compromiso—prosiguió Isaura—; los que han llegado son los Kaulitz, deben estar presentes según el acuerdo en el cual el heredero al trono debe estar casado para que pueda asumir su cargo. Esperemos que no corra sangre como en la última visita—expresó Irene.
Kaethe fue a la cocina, cerrándose frente a frases que incluyeran más de lo que su mente pudiese tolerar.
—Athanatos, dijisteis que la sacaríais de palacio—murmuró su queja para que no llegue a oídos de Kaethe.
—No… pude hacerlo—rumió las palabras siendo consciente de que al ser habladas eran escritas.
Isaura se tapó la boca para contener un sollozo.
—¿Cómo es posible que os rindáis tan fácilmente? ¡No tenéis corazón! Con aquello la habéis arrojado a una muerte segura—exclamó en voz baja con las lágrimas saliendo sueltas por sus mejillas y su expresión deformándose por la tristeza.
Athanatos mantuvo un rostro circunspecto, mas por dentro sentía todo desplomarse. Ella aún vivía, o al menos eso quería creer, los cánones bajo los que se guiaba el Príncipe habían cambiado por completo, eso quería decir que habría podido matarla y no quemarla como con las víctimas anteriores.
—Hace diecisiete arturos atrás, callaste. Si ella no hubiese regresado nunca hubiese sabido la verdad—reclamó Isaura una vez más.
El hombre la miró pasivo. Pensando en las veces que estuvo ausente, que no pudo hacer nada, que no quiso hacerlo. No buscó entrometerse en los asuntos del Basilewe al considerarse no digno de actuar tan tarde, demasiado tarde, su esfuerzo sería en vano.
—¿Gustáis agua?—interrumpió el momento Kaethe con un vaso en cada mano.
Isaura se limpió las lágrimas con disimulo y aceptó el vaso con un agradecimiento. Athanatos hizo lo mismo. Kaethe frunció el ceño.
—¿Por qué lloráis?—La aludida tomó el líquido con premura y extendió el vaso vacío.
—Un gusto Kaethe, Athanatos. Permiso. —No esperó indicación alguna y salió por el portón.
Kaethe sonrió y miró a su marido.
—¿Y nosotros iremos a la boda, cariño?
—No, Kaethe—respondió aún perdido en sí mismo.
—Oh, ¿por qué?—cuestionó con auténtica curiosidad.
—Porque tenemos vetada la entrada para esa clase de menesteres, querida—tomó por zanjado el tema al retirarse tras lo dicho.
Tenía mucho qué pensar.
Thomas fue al jardín a ver cómo la noche los embargaba. Nadie estaba allí, había visto a escondidas a la cantidad de personas, había oído sus nombres y tras ello los había olvidado. No pudo ver a su Príncipe, y Alysa tuvo que retirarse cuando una de las siervas la encontró y apresuró para que se arreglase. Se imaginaba a todas esas personas sentadas en una gran mesa, mientras anunciaban el compromiso.
Hundió el rostro en sus manos y se encorvó más aún sentado. Quería irse, pero cuando buscó a su madre, nadie le dio razones. Se le ocurrió irrumpir en aquel banquete, no obstante, se abstuvo. Era demasiado débil.
A las finales, ¿quién era él para intervenir?.
Wilhelm saludó a todos con una sonrisa inmensa en su rostro. Lucía esplendoroso un ropaje dedicado específicamente para la ocasión, y con antelación le habían dado un cuidadoso tratamiento tanto en el rostro como en el cuerpo, para mantener un equilibrio en su imagen. El maquillaje se lo aplicó Georg, y lo instó a que no tuviera ningún error. Ahora estaba con esa careta de afabilidad y con los cabellos en un negro lustroso.
Se acercó a un hombre un poco mayor que él, que traía la piel del carente ojo derecho arrugada y seca, con otra tonalidad de color. Aquél cuando reparó en la presencia del otro tragó saliva y comenzó a sudar.
—Primo Claudio, ¿cómo estáis? —interrogó con falso interés, pero muy bien actuado y con los ojos turbios, para después tomar un sorbo de su vino.
Claudio retrocedió unos pasos y tartamudeó antes de decir algo coherente. —Bien, Bi… Wilhelm. Estoy bien. —A pesar de que físicamente Claudio tenía ventajas, sin contar que el Príncipe era más alto, la manera en la cual Wilhelm lo miraba, hacía que evoque pasajes traumáticos de su vida.
—Qué bueno. Espero os sintáis como en casa—ensanchó su sonrisa tras lo dicho y miró de soslayo al sentir unos pasos acercarse.
—Claudio, debéis hablar un rato con vuestros otros primos, ya que ha pasado mucho desde que no se ven—demandó la dama que había venido hacia ellos, Lykaios.
Claudio no esperó segunda petición y se caminó en otra dirección, cual sea. Al este partir, Wilhelm miró curioso a su tía y le sonrió.
—¿Por qué lo hicisteis? —preguntó mientras acercaba el vino a sus labios y refiriéndose a por qué había alejado a su primo.
Lykaios rió con recato.
—Pues querido, soy yo que tengo que arreglar vuestros desastres, así como sucedió con aquel conejo o con la cocinera. —Le quitó el vaso y tomó lo que quedaba.
Wilhelm recibió el recipiente vacío.
—Se lo merecía—respondió mientras miraba a sus otros parientes—. De los que quedan me encargaré algún día.
La dama alzó una ceja y ladeó el rostro. —¿Y por qué?
Sonrió ante la frase. —¿Necesito algún motivo?—Lykaios asintió frente a lo dicho, dándole la razón. Era así, no necesitaban motivo alguno para actuar, pero tampoco eran tontos, ella sabía que había algo más.
…
Alysa estaba sentada, comiendo por seguir aquello más que por sentir verdadera hambre. Toda esa situación la tenía tensa, haciendo que se le forme un nudo en la garganta y quiera huir al saber cuál era su destino. No quería casarse con el Príncipe, no obstante, lo haría por su, ahora, madre y por su amada, a la cual quizá nunca volvería a ver, pero le prometió aquello, ser fiel a lo que se le ponga delante.
Aún las palabras del Basilewe rodaban su mente, haciendo público su compromiso. Cuando miró al Príncipe, este simplemente arrugó la nariz, sin prestarle el más mínimo de atención. Todavía creía que tal vez Thomas estaba demente como para fijarse en él con todo lo que hacía, o con el peso que implicaba su sola presencia para el bienestar de uno.
Se sentía ajena a todo, mirando a todos comer con una mirada recelosa hacia Wilhelm. Temían de él, puesto que evitan verlo de frente cuando este los estaba observando, y al no estar haciéndolo le veían con una aversión descarada. Aunque en ese instante Wilhelm no tuviera una actitud pedante o amenazante, inclusive se le pasó por la mente que podría ser como su madre, Lyakios, que lleva una máscara de frialdad que oculta su faceta sensible y afable, en especial para con otros. Negó con la cabeza varias veces, en un ademán de alejar los pensamientos, Wilhelm no era como su madre, ella era buena y amable, a diferencia de él que puede que ahora se viera amable pero en realidad no lo es, es por ello del miedo que sienten los otros. Tragó otro bocado y evitó sentir incomodidad. No debía seguir viéndolo.
Se preguntó si su madre conocía cuál era el verdadero rostro de su sobrino
…
Wilhelm sonreía y asentía a las preguntas que le hacían por cortesía, aunque la mayor parte del tiempo reinaba un silencio que tenía que romper él, su padre o Lykaios. No se sentía conforme, mantenía el papel de un perfecto anfitrión, pero por dentro sentía que perdía dominio de la situación al estar frente a todos los que en un determinado momento lo lastimaron. Aquellos malditos que no tenían la misma expresión de seguridad que cuando lo atacaron. Ahora frente a la imagen de Claudio, la prueba fehaciente que les hacía voltear el rostro, y temerle, pero Wilhelm no se sentía conforme con aquello, puesto que creía que les había hecho un favor al mantenerlos vivos o sin marcar alguna que demuestre lo corrientes que son por dentro, la sangre sucia que tienen, aquella que comparte con ellos.
La comida ingresaba por sus bocas y pasaba fructuosamente por sus gargantas, no tenían hambre, no podían comer con esa tensión en el ambiente, tan densa que podría ser cortada con un punzo cortante. Apenas hubieron terminado, y el Basilewe cedió el permiso se fueron parando en dirección al salón principal y con su vino en mano. El Príncipe aprovechó aquella circunstancia para levantarse e ir donde sus sirvientes a por su hachís, en un principio pensó en Thomas para encontrar su desfogue sin embargo recordó que le había dado la libertad de moverse en palacio y, por ende, sería difícil que se encuentre en su pieza.
Gustav contemplaba la pared, como si esta pudiera darle las respuestas a sus tormentos internos. Con su característico control sobre sus emociones no demostraba nada con el rostro, más que una expresión circunspecta, pero su sentir era otro asunto. Georg fruncía el ceño sintiéndose siempre desplazado en esos momentos, ya que no entendía a su amado, y esa impotencia es la que lo desesperaba.
—Gustav—llamó el castaño en un intento de captar la atención del otro.
El aludido gruñó haciendo notar que tenía lo que quería. El castaño bufó y se acercó hacia el otro.
—Contáis conmigo—le susurró y los músculos del rubio se relajaron—, ¿lo sabéis, no?
Gustav asintió y se tocó el puente de la nariz mientras cerraba los ojos. —La madre de Thomas sigue inestable. He tenido que ponerle hierbas en sus alimentos para que duerma, porque cuando está consciente no para de gritar, llorar, e intentar de encontrar a Thomas—tomó aire—. No está bien, su estado de ánimo afecta a su salud. Su actitud ha cambiado radicalmente—Georg le puso una mano sobre su hombro—; no está bien y no puedo seguir viendo esto es como…
No terminó su oración y suspiró. Georg le pasó las manos de arriba abajo por los brazos en busca de tranquilizarlo.
—Ahora debo ir a vigilarla otra vez porque está despierta—terminó por decir el blondo.
Georg quería darle palabras de aliento pero no podía formularlas con total confianza, era difícil situarse en el lugar de Gustav, aunque él también había perdido a sus padres. No le dio tiempo de decir algo al el Príncipe entrar abruptamente a la pieza.
—¿Qué necesita, mozo?—preguntó Gustav mientras se levantaba, Georg se puso delante de él protectoramente.
—Hachís—respondió Wilhelm al sentarse sobre la mesa.
Gustav se dirigió a los estantes para conseguir todo lo necesario para lo pedido.
—Así que Anémona no se encuentra bien, ¿eh?—soltó al aire el Príncipe, con total naturalidad.
Georg frunció el ceño al considerar impropio el oír coloquios en donde no se tiene participación. Gustav se limitó a asentir y le alcanzó los utensilios al mancebo, el cual apenas los tuvo en mano, y esnifó sintiendo un pequeño calor acumularse en su vientre.
Todavía con los ojos cerrados y el ceño ligeramente fruncido, susurró:—Creo que tendré que darle una visita.
Se bajó de la mesa y salió de la habitación. Tras él estuvo Gustav, temiendo lo peor y, a su vez, fue seguido por Georg, quién no quería dejarlo solo.
Había sido idea de Gustav el ponerse en la puerta para poder oír lo que ocurría dentro, con la intención de actuar si es que las cosas se salían de control. No tenían ni idea de que lo que se suscitara dentro tuviera la trascendencia que tuvo. Georg aún no se creía lo que oía. Luego se escucharon movimientos bruscos, el castaño se separó de la puerta jalando a Gustav consigo, se escondieron justo al tiempo en que la puerta se abría y salía el Príncipe para después correr con premura.
…
Ahora era Bill, no era el Príncipe, el que corría en busca de sacar las palabras de su mente, respirar otro aire, no sentirse encerrado, quería perderse en la inmensidad de la noche, no en aquella que lo perseguía hasta de día, sino en la testigo de todos sus tormentos.
Por más que intentaba correr más, no podía debido a su mal estado físico. Y lo que quería era apresurarse más, encontrar un placer distinto al sexo, flagelación a otros, bebida o hachís; ahora al estar vulnerable se convertía en el pequeño Billy que sentía nostalgia al ver las flores, el que lloraba cada vez que su padre o sus primos lo lastimaban, el que hablaba en soledad y tenía deseos urgentes de correr hacia un lugar sin dirección precisa, pero al ser el heredero no se le permitía salir del palacio. Ese niño que quedaba oculto en los lugares más inhóspitos de su ser, y simplemente había quedado encerrado por mucho tiempo, sin embargo, ahora buscaba salir con una insistencia que derrotaba el poco dominio que le quedaba a Bill.
Sus errores, infinidad de ellos, taladrándole la mente, ese era el peor. Siguió corriendo, pensando en todas sus acciones cometidas, en lo que le quedaba, en respuestas a interrogantes nunca planteadas.
Cuando al fin pudo ver a la noche en todo su esplendor, dejándolo a él como un simple mortal, es que gritó a todo pulmón. Nadie le escucharía, nadie observaría aquel momento de debilidad que le azotaba con dureza, que le calaba hasta lo más hondo.
—¿Bill?...—masculló Thomas, quien había sido testigo de aquello.
Se acercó con cuidado, como si Bill pudiese correr en cualquier momento. Algo dentro de sí le pedía a gritos que se alejara, al ver sus ojos centellando y abiertos en toda su extensión con la negrura enmarcándolos pero sin darle un aire seductor sino uno inhumano, sus aletas de la nariz abriéndose y cerrándose, sus labios alzados descubriendo así sus dientes desnudos y fuertemente cerrados, y con la peluca descolocada mostrando algunos cabellos rubios que iban discordantes con todo su rictus oscuro. A pesar de todo aquello, Thomas se acercó más y más, cuando Bill posó la mirada en él una escalofriante sensación le llenó, no obstante, la obvió como a todas las previas señales.
Bill acortó la distancia y lo tomó los hombros; pasó su nariz por el rostro del arpista, olisqueándole y sintiendo su textura, grabándose las formas, fue subiendo de a pocos las manos para que tomen el lugar de su nariz, pasando las yemas de sus dedos por sus labios, barbilla, pómulos, párpados, con suavidad y torpeza, su cuerpo le temblaba y se podría decir que hasta miraba embelesado a Thomas, este simplemente sentía las caricias dadas con cadencia y no podía evitar percibir el punzón en su pecho y en sus entrañas, su Príncipe no estaba bien.
Dejó los roces y le plantó un beso con rudeza, mientras lo halaba de los cabellos y se pegaba más a su cuerpo. Embestía en su boca raudamente sin esperar correspondencia, sin permitírsela, recorría cada lugar dentro de los labios de Thomas, como queriendo mantener aquella esencia pura dentro de sí, esa que le brindaba aquel sabor a su boca, lo que no cambiaba por más daño que le hiciese. Siguió el ósculo, ahora rasgando el cuero cabelludo del mancebo, pasando la lengua por el paladar contrario y manteniendo los ojos abiertos en todo momento. Thomas se estremeció por la situación bizarra y se abstuvo de ver, sentía que sería mucho para su mente y, al intentar corresponderle, posó sus manos en la cintura del pelinegro. Bill se separó esbozando una palabra varias veces, pero en un volumen demasiado bajo como para ser oído.
Lo observó una vez más y se adentró al palacio.
Thomas se quedó boquiabierto, quiso seguirle no obstante se sentía fuertemente estancado en el piso, creía no poder moverse de allí en mucho tiempo. Toda esa vorágine de pensamientos que le aturdían la mente, esas sensaciones desordenadas dentro de sí sin responder a una razón lógica o si quiera pronunciable. Sentía un cosquilleo en sus labios por haber tenido los de Bill sobre él y ese sabor, tan amargo, tan distinto, no poseía aquella concupiscencia característica, esa fruición, no, era una armonía desenfrenada que buscaba gritar un sentir. Y su palabra, porque era una que se repetía una y otra vez, no había podido oírla pero sí había visto los labios rojizos de Bill vocalizarla y, por sobre todo, leyó: sangre.
Bleh! cómo no leerte cariño, u.u pero las cosas de la vida me impedían venir a leerte & leer a los demás :DDD, pero ya estoy de nuevo aquí, ahora a poner al corriente de la historia :DD
P.D. Hemmmn... yo conozco la carita de ese cachorrito :DDD hahahaahah
¡¡Por fin tenemos capitulo!!, Chris, que bueno que lo subiste, ya que creo tendré que salir por unos dias y no quería irme sin leer antes Destino.
Linda Tocaya, que bueno que regresaste, se te extrañaba!.
"Sangre", esa es la última palabra de este capitulo y esa palabra perturbo a Bill, por lo que parece a tal grado de mostrarnos a un Bill vulnerable, "humano" y supongo que esa palabra , resultó de la plática con Anémona, ¿el significado? pueden ser varios, pero el que a mi mente llegó primero es "misma sangre", compartir lazos sanguíneos, ¡hermanos! pero como me vas a dar vuelta con este tema ¿hmmmm, cuántas veces van , cómo mil?ya ni te preguntó, soy de la ídea, de que las cosas caen por su propio peso.
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Creo que la intencion de este capi, por momentos es sumergirnos un poco en confusión , es curioso, nos das mas informacion, pero de una extraña manera, auch ! tengo que pensar más y ya lo leí dos veces y aún así, no sé.
Tom, Tomi, tomiU, ufff!, me gusta su actitud que tomó para con Bill en la intimidad, es curioso que mediante la práctica sexual, haya encontrado una forma de dominar, de ejercer poder sobre Bill, pero al mismo tiempo, me da la impresion que Tom esta sumergiendose en un abismo que al parecer ya ni el mismo desea salir ¿masoquismo,?, pero a la vez, me fascina esos celos que muestra, esa posesion al referirse a Bill, "su príncipe", ojalá Tom se salga de control, porque al parecer podemos decir, ya tiene un perfil establecido y así seguirá, pero ya me di cuenta, que cuando los personajes me sorprende mas, es cuando se salen de "su papel" y nos muestran nuevas facetas y ya deseo ver como actuará Tom, cuando todo se descubra., porque al parecer Bill ya empieza a conocer la verdad.
Lykaios es buena?, si, ajá y yo soy la madre Teresa de Calcuta, no me lo creo, es curioso que Alyssa, tenga esa idea de su madre, pero ella sabe mucho. Insisto que ella sabe que paso con Anémona, esas frases sueltas y conversaciones que tiene con su hermano y por otra parte El señor Athanatos( si le quitas la "A" es thanatos! yo tenía un par de perros a los que les pusé Armagedon y Thanatos!, mi padre me regañó por elegir esos nombres, es más, me quería llevar seguido a la Iglesia!) Kaethe e Isaura, esos personajes saben demasiado, pero vuelvo a lo mismo ya ni insito y esperaré a leer los capitulos que faltan.
El último pasaje del capitulo, con un Bill perdido, nostalgico me llegó profundamente, mi Príncipe( auch!, perdón Tom, tú príncipe)Bill siente miedo,la concienca le toca, la añoranza de lo que erá, su debilidad, pobre niño!
Perdón si no se entiende mi comentario, creo que mi cerebro no esta tan conectado con mis dedos, no sé que me pasa, en fin creo que me salio, m as que nada un rollo que algo interesante!
nos estamos viendo! saludos
(había una frase que me fascino, ahora ya ni la úbico, te digo, necesito mi medicamento!)

Ok ese final me dejo de
ver a Bill en esa situacion hizo que mi corazon se hiciera chiquitito
opino igual que Ady, no creo que Lykaios sea buena
Ok, no vengo a presionar ni exigir capitulo (aunque quisiera
), ya que mi geme dijó en el otro fic que estas ocupado.
Solo pasaba a decirte que acabo de ver una pelicula ( y aquí te preguntas , ¿ y a mi qué? ), si, lo entiendo pero vamos que me acordé de Destino, no porque sea igual, sino porque a pesar de que ya esta todo escrito, planeado, hechado a la suerte, ya sea por Dios, una oreden o poder superior, las Moiras, el Libro de la vida o lo que sea, siempre hay como una pequeña enseñanza de que con nuestras acciones podemos cambiar lo que ya esta "predeterminado"( eso me sono a CLAMP) y en este caso, aunque al final es una idea medio romantica, te da ese plus, de decir ¿porqué no?, si puedo cambiarlo! la pelicula en cuestion es The Adjustment Bureau" o "Destino oculto" de Matt Damon, po r si te intersa.
Por cierto Nadir me dijó que estas trabajando en un fic con mpreg!!! y de Tom!!! awwwwwwwww(corre, corre )woooooow, si es así ya tienes lectora segura, amo los mpreg y si es de Tomichu mejor , pero ¿será un fic ó un one shot? ojalá sean varios capitulos es que ya me emocioné, solo he leído dos tpreg , uno fué el de marbius y otro el de Princess, pero lo ha dejado y me dan ganas de llorar es que erá bueno, :cry:! ok, ok, detengo m i carro, dije sin predion, bueno me voy, Besos Chris cuidate!!
¿Parecería que me he muerto, verdad? Perdónenme en serio, tengo escrito muy poco y estoy planeando borrarlo, podría mencionar mi episodio de anemia, o lo ocupado que ando por la universidad, o lo de mi madre, pero es todo en conjunto. Uhmn si consigo esa película le echaré un vistazo Bea
Sobre lo del Tpreg, sí lo haré pero tengo solo dos capítulos y debo avanzar más. Prometo ponerme a trabajar más en Destino este fin de semna pero me siento algo agotado a nivel mental, pobre excusa y estas son un insulto pero ruego su comprensión.
*-* Hallo Maggot, después de años comento aquí.
Primero, espero y todo con respecto a tu madre esté bien.
Con respecto al capi, gottt.... es que no sé por donde empezar, bueno, por el comienzo, sufro demasiado por mi Tomi arpista, que está enamorado enfermizamente de ese Principe malo T.T que dinámicas Maggot, y la verdad con cosas así díficil y se encuentra alguna solución u.u
El compromiso de Bill y la llegada de sus parientes que le ocasionaron daño, qué tramará el principe... Alysa me cae, aunque espero y el Bill no le haga algún tipo de daño, no creo que ese matrimonio se consume, espero que no... por el bien de ella.
Síguela *-* este fic es misterioso
Saludos <33333
Oh Chris, ¿tan mal la haz pasado?
, espero que tu mami, este bien y tú cuidaté trata de alimentarte y toma tus medicamentos, ¡Animo! yo también la he pasado un poco mal con lo que padezco y hasta internadaa he estado, pero si sigo con las instrucciones me siento mejor y sobre lo del capi, no te presiones, esperaremos , creo que ya llevó casi un año, leyendo Destino, así que por unos dias que te alargues, no pasará nada
De igual manera sobre el Tpreg, mi geme me dijo que es por su cumpleaños, así que tienes tiempo, todavía faltan 4 meses, así que sin presiones!!!
Nos vemos!!
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