Aquí es cuando Thomas llega a Corinto y Andreas lo confundé con el Príncipe, ¿Cuál habrá sido la razón? y ¿qué significa el comienzo de algo que quizás nunca debió comenzar? Lo dejo a su criterio.
>Corinto<
Cada día un anhelo, cada día un sueño que concretarse o al menos para algunos de mente que omite detalles teniendo así un pensamiento quizás subjetivo, o también llamado pensamiento positivo.
Los que en ruinas han visto levantar sus vidas no poseen, en su mayoría, aquel
pensamiento. Estos más bien suelen tener pensamientos más objetivos y realistas o llamados también pensamientos negativos pero en contra de lo dicho hay gente que aunque viva en miseria siempre sueña con un porvenir más próspero, estando en determinada situación lo último que pierde el ser es su esperanza.
Y ¿Qué sucede con el posee todo lo que desea?, pues dejadme deciros a vosotros queridos lectores que para la raza humana ningún deseo es suplido a plenitud. A eso podrían llamarlo deseo de superación, perfeccionismo, entre otro términos o quizás simple capricho. Uno se termina cansando de algo e intercambiando lo que tiene pues, de acuerdo a su manera de ver las cosas, siempre habrá otra cosa que poseer más grande que la que ya se tiene. Por mucho que ese ser tenga nunca hallará lo que en verdad desea sino es fehaciente con lo que ya posee.
Aquel muchacho andrajoso con semblante intranquilo sujetaba sus cosas como aferrándose a ellas, a su única sombra del pasado aún presente. Pisaba aquella tierra ajena a la de sus orígenes. Podría ver aun más mercaderes que en su lugar de procedencia que quedaba en el Este, le era tan extraño estar allí; la gente lo observaba curiosa, él optaba por encogerse en incomodidad y concentrarse en el peso del arpa. Aun las culpas le atormentaban y esas miradas no hacían más que ponerlo aun más ansioso, como sintiendo que esa gente conoce su vida, su pasado reciente, su mayor error, el error que él cree transformó su ser en un monstruo.
Agitó la cabeza en ademán de buscar borrar aquellos pensamientos que lo perseguían al sólo dejar caer sus párpados y siguió caminando, de pronto unos pasos le hicieron inquietarse. Alguien lo seguía, decidió catalogarlo como pura obra de su mente perturbada y sus pasos, a pesar del peso que llevaba, se tornaron más rápidos como contradiciendo su propia teoría.
PoV Tom
– Bill…
¿Era a él a quien llamaban?, puesto que esa voz parecía demasiado cercana y por lo visto nadie volteaba al llamado. Arrugué la nariz en un gesto de disgusto, no iría a voltear, yo no me llamo Bill, ha de ser que aquella persona ha visto mal. Era un hombre, lo deduje por la voz, pero a pesar de ser grave tenía tonos medios melosos que quizás pasarían como el de una mujer.
– Oh, vamos hermoso ¿aparentas ser un plebeyo para escapar del palacio a… cargar arpas? Menudas actividades ilícitas – una risotada proveniente de esa persona se apoderó del ambiente, fruncí el entrecejo al notar que lo único que lograba era incomodarme y atraer más miradas de la gente, yo no quería miradas ni atención de nadie, menos ridiculizarme por errores de otros.
Una variación en mi temperamento logró que me diera la vuelta encontrándome con el dueño de aquella peculiar voz, mi perseguidor. Al sentirme atrapado e intimidado por su mirada fija le enseñé los dientes en señal de disgusto y búsqueda de poseer el control, con un brazo libre lo empotré contra la pared de un callejón de derredores que por lo mismo que es cerrado estaba carente luz poseyendo un evidente ambiente oscuro. Dejé el arpa en el suelo dispuesto a implicar más fuerza en el asunto si era menester, aunque no en demasía, aún el olor a muerte inundaba mis fosas y los temblores en mis manos a causa de la anterior presión en un cuello contrario seguían palpitando, la imagen de Gordon rondaba por mi mente y sentidos.
Sus perlas poseían la gracia de los cielos dándome un reflejo divino del mismo, sintiendo en cierta forma al cruzarse con las mías esa sensación de fijación absoluta y poderosa. Enjuagó sus labios de aspecto no muy lleno de una manera que se me antojó repulsiva, se fue acercando a mi rostro de manera inesperada, por acto reflejo lo empujé más contra la pared analizando lo sucedido llegando a la siguiente conclusión pero aún dudando por lo que está plasmada en pregunta…
¿Acaso había intentado besarme?
– Eh… ¿Os conozco? Mi nombre es Thomas Trümper y…si pensáis que soy ese “Bill” pues está mal, no conozco a ninguno con nombre aquel, es más, recién me he dejado caer por estos lares, soy del pueblo del este.
– Mozo mío, Bill, si vos me lo permite, conmigo no tenéis que aparentar ser otro. Vale besadme ahora, haz una excepción conmigo a la regla de no labios ¿sí? – ahora su brazo sujetó con fuerza el cuello de mi ropaje atrayéndome a su rostro, mis ojos de seguro se irían a salirme de mis orbitas ¡Sólo me gustan las tías!
– ¡Parad! ¡Que no soy sodomita! – alejé sus manos de mi túnica, no es posible de que mi camino se llene de cualquier cantidad de infortunios ¡vaya dilema me ve venido a encontrar! – ¿Qué mierda os traéis conmigo? Ya le he dicho a vos que no soy ningún Bill
– Vale, vale, ya entendí ¿me habéis cambiado por otro? ¡Decidme! – pero ¿Cómo?, que gente para más pirada me he venido a cruzar, ese… ¿señor? De cabellos rubios centellantes me ofrecía una fría mirada con sus ojos color cielo, me incomoda estar por ahora en el pellejo de aquel Bill ¡pero si yo no lo era!
– Hombre ¿Qué usted anda corto? Mi nombre es Thomas ¡Miradme! No me confundáis – observé como aquel hombre ladeaba la cabeza achinando la mirada para luego agrandarla en toda extensión al igual que su boca, vale, que supongo que con eso lo ha tenido claro.
<< Aquel hombre con el nombre puesto de Andreas había notado su gran equivocación…
Los mismos ojos, los mismos labios, hasta el color de la melena, aunque un poco sucia. A mi parecer era él, pero no, todo lo tenía parecido pero en distintas proporciones, aparte de que éste tenía algo más dulce en la mirada, aquella marca en la mejilla y los brazos más marcado;, ni la palidez era la misma, por supuesto, que mi persona no cuenta con tanta suerte para que el mozo pueda darme otra oportunidad, éste era tan solo un fulano nuevo en el lugar, sí, quizás me pueda servir como puente para llegar donde mi principito de nuevo… – pensó mientras observaba como yacía echado aquel instrumento de gran tamaño. En las celebraciones del príncipe se acostumbra explotar al máximo los placeres, y entre ellos está claro el sexo y bebida pero también los placeres musicales, por ello nunca estaría mal recibido algo de entretenimiento, y ¿Qué mejor cosa que un deleite musical? El rubio que una vez acudió a esas celebraciones terminando por caer en brazos del heredero, adoró el sentirse sodomizado, como el príncipe le brindaba ese placer tan dolorosamente extraño, pero aquello no se repitió, era una única experiencia, la primera y última vez que tuvo un acercamiento así. Intentó buscar en otros aquella sensación que le brindó el príncipe, pero no lo logró. Puros días tristes le siguieron a ese, pero él guardaba la esperanza de que para el sucesor del basilewe aquello había resultado tan especial como para él, soñaba con poder entrar de nuevo allí, y ahora ese forastero le podría servir como entrada.>>
– Disculpadme hombre, estoy algo distraído, por favor no le digáis a nadie lo que oíste y te llevare a la fiesta del Príncipe Bill – al menos ya había dejado de lado ese tono meloso, pero igual no sé porque razón no me irradiaba confianza.
No es que me importe mucho contar algo que me involucra de manera tan humillante… ¿ha dicho Príncipe?
– ¿Príncipe Bill? –Vale quizá me dé un empleo – Está bien no contaré nuestra charla a nadie, despreocupadse
– Su servidor le estará muy agradecido, ahora bien, acompañadme al palacio, el Príncipe es muy generoso pero se debe dar previo aviso para acudir a una de sus celebraciones, si vos lo desea puede tocar el arpa para esa ocasión, como le mencioné, el príncipe es muy generoso – se refiere al carácter monetario, es algo que necesito, igual y lo hago tan bien que aquel príncipe sodomita acepte que toque en otra ocasión, a ese paso iría muy pronto a por mi madre y la traería aquí a que se cure.
– Acepto, y pues…si a vos le apetece puedo compartir algo de las monedas con usted – no quisiera darle otra clase de intercambio.
– Oh no, por favor, que vergüenza, no, si os sólo le ofrezco esto es por darle ayuda, no busco nada a cambio, acudir a una celebración del mozo es pago de basta y sobra – no quise insistirle más debido a que denoté el brillo en sus perlas, curioso que a alguien le baste con acudir a una celebración o bueno, no me doy por enterado de cómo son las cosas aquí y quizás aquello era de solo algunos. Por mi parte no me interesa disfrutar en aquel lugar, tengo mi objetivo y esto solo es el trecho que debo recorrer hasta conseguirlo.
Me indicó por donde debería ir, hasta que pude visualizar una gran muralla hecha en piedra. Seguimos el recorrido juntamente a ese muro, el cual por cierto era muy alto y al parecer ancho, sólo se podía entrever las aires del inmenso lugar que resguardaba, uno de color arena con al parecer un balcón proveniente de una de las recamaras, el resto quedaba fuera de mi visión; quizás ese cuarto pertenezca al Basileus, uno amplio y con vista hacia todos sus dominios. Gente que puede tener tanto poder, sin pasar alguna clase de carencia, que entre tantas riquezas y lujos con un pueblo a mares de distancia muerto en hambruna.
Vosotros podréis pudrir entre su oro. Por ahora no tengo mucho, tendré que morderme la lengua y servir a aquella gente de alcurnia, a ese príncipe sodomita brindándole música, sólo por ti madre, sólo por ti.
A unas leguas de distancia observé a un par de personas en lo que suponía iría a ser la entrada (también unida al muro sólo que con unos barrotes altos usados como puerta). A cada extremo estaban ubicadas aquellas personas que mencioné antes, ahora de cerca me percataba que eran los guardias. No tenían cara de poseer mucha tolerancia, y eran mucho más altos que yo y también con mucha mayor masa corpórea que en una lucha me dejarían sin aliento.
¿Nos irían a dejar ingresar?
Con esa interrogante observé a mi guía de cabellos dorador, éste tenía una sonrisa nerviosa en los labios y alternaba la mirada de uno a otro. Quizás no fue buena idea acompañarlo, bien podría haber buscado oficio como otra cosa.
Aparte de que por el viaje y el peso del arpa mi cuerpo no estaba en condiciones dignas para empezar algún combate, o para sobrevivir de una golpiza.
– ¿Vosotros recordadme? – las perlas negruscas se entrecruzaron con las del poseedor de la voz aguda y temblorosa por el miedo. Aquellos ojos no demostraban nada más que indiferencia, restándole importancia, como si mi guía fuera una basura. Sentí mi saliva traspasar mi garganta, en un intento inútil porque no esté seca – he venido anteriormente a una de las celebraciones del mozo
– Largaos que éste es territorio real, quien ose traspasar éste lugar recibirá sus merecidas amonestaciones… – después de lo dicho puso su lanza a un costado, haciendo aun más dificultoso el entrar, en lo que de por sí era complicado, el otro dejó su postura enderezada y nos escrutó con la mirada.
– No digáis nada tío que hoy tengo deseos de matar a campesinos con mala suerte – una sonrisa maliciosa en sus comisuras que envió la señal necesaria a mi mente: peligro.
Escuché el sonido repetitivo al caer de mi instrumento. Ahora me encontraba siendo sujetado del cuello de mi túnica hasta la altura de mi victimario, que paradójica situación, ahora era yo el que siente el miedo, ahora soy yo el que ve mi reflejo lleno con miedo en las perlas de un contrario a mí.
Sentía un fuego apoderarse de mi cuerpo de nuevo, pero era uno distinto, uno que no me quemaba, sólo me pedía estar en movimiento, hacer algún movimiento, cual sea, aquella voz que me pedía gritos “escapar” pero ¿de qué?, me encontraba con una lanza rozándome lenta y filuda en el rostro, sintiendo el líquido bajar por mis mejillas, aquel olor a oxido y sal inundar mis fosas, la sensación se concentra en el centro de mi cuerpo y creo que eso bastó para recobrar mis sentidos y dejar fluir aquel fuego distinto, que al deshacerme de su agarre con un golpe certero en su abdomen pude caer y notar su función: volverme más ágil.
Escuché los gritos de mi compañero, a pesar de no tener ninguna unión, ni apego y mucho menos obligación sentía que se lo debía por sus buenas intenciones y no soporté que por poco y le desfiguraran el rostro teniéndolo sujeto de la mandíbula, imposibilitado y con las lágrimas desbordándose de sus perlas azulinas. Lo que se me ocurrió fue empujarlo contra la pared así alejándolo de ese otro guardia abusador, éste se percató en mi presencia algo incrédulo y luego sonrió. Yo desconocía aquello que rondaba por su mente sedienta de matanza…quise darle búsqueda, sintiendo que ese calo interno me volvía invencible pero mi intento quedó marcado como fallido y las sensaciones se fueron desvaneciendo de mi cuerpo al algo haber impactado contra mi nuca haciendo que mi lengua se enrolle en mi garganta y perder el equilibrio percibiendo débilmente la arena bajo mi cuerpo, inmóvil, con los ojos aguándose y un dolor acumulándose en mi pecho a punto de ser expulsado, un dolor desgarrador.
Medio pude observar el reflejo del sol siendo opacado por una sombra amorfa.
Sería mi fin…oh madre os ruego su perdón, no podré cumplir con mi cometido, he decaído en el primer intento, perdiendo la vida en un ataque por detrás de parte de un cobarde guardia herido, porque cobardes se le llama a los que no merecen ni pena de llevar nuestro título de hombres.
El dolor nublando todo, la impotencia, los sonidos deformados, lágrimas denotando mi humillante fin.
Esperé el golpe final que tardaba en llegar, pero un sonido se hizo notorio entre mi incapacidad de percibir uno claro, como una luz entre tinieblas, un toque de claridad. Aun medio aturdido pude escuchar la voz que se denotaba grave por un esfuerzo, las sombras desaparecieron y me dejé llevar por aquel sonido, cada vez más cerca. Desperté más mis sentidos, aun oliendo la sangre y sintiendo ahora de manera más abierta aquel dolor, sintiendo palpitar el lugar donde fue dejado el golpe, un grito se escapó de mis labios y unos ojos castaños se posaron sobre mí; quizás ya haya llegado mi muerte pero aquel brillo proveniente de esos ojos tenía tanta vida que me permití caer rendido ante ese detalle, quizás la muerte haya venido a por mí, pero si aquel ser es ella moriré mil veces…
<<El joven malherido fue llenado por el dulce placebo de la inconciencia. Por ahora, a él se bastaba haber visto esa melena castaña y ojos claros llenos de vida, desconociendo un nombre o razón alguna dando como resultado el comienzo de algo que quizás nunca debió comenzar. Dulce sueños Thomas, que al despertar estarás marcado de por vida…>>

