Tengo una resfriado horroroso y sé que no excusa pero me siento desganado y tengo un par de monografías que hacer así que esto no lo he corregido, disculpen las fallas de coherencia, barbarismos o faltas de ortografía.
Atreyu, la primera vez que escuché esa banda fue con la canción The right side of the bed
y me pareció curioso el nombre, muchos lo recordarán por la película, que daño hahahaahhahaha. El capítulo está en desorden cronológico, espero sea comprensible, la primera versión es de Tom que está en el lago pensando, recordando lo que vivió instantes atrás, que vio al joven misterioso bañándose y como cambiaban sus emocionen terminando por complacerse a sí mismo notando que no puede escapar de sus deseos por más "incorrectos" según su percepción sean. Luego se ve el porque Bill se baña en el lago, que se suscitó anteriormente, lo que el pensaba mientras se aseaba y la tranquilidad que sentía incluso como se percataba de que lo observaban, también conoceremos el pasado del príncipe narrado por él mismo, un pasaje corto de sus vivencias de infante, la razón por la cual no se inmuta al matar, viéndolo de su perspectivase podría comprender en algo su postura.
Our Sick Story – A Death Grip On Yesterday
PoV Tom
No entendía como se habían resumido mis acciones a esto: estar meditando seriamente sobre mis deseos carnales, no era posible. Era cierto que había dado por terminado el asunto que tuve que considerar al fijar mis ojos sobre el desconocido castaño, pero era algo no palpable, no había sentido o barajado la posibilidad de necesitar ayuntarme con él, volverlo algo físico hasta dar un resultado más inesperado, no sabría dar detalles, nunca sentí una intensa oleada por mi cuerpo, el calor en demasía e incesante necesidad de establecer un contacto por demás incorrecto.
Seguía sin alear las ideas para poder entender aquel resultado, todo se había tornado demasiado sospechoso y aterrador, en algún sentido, desde que salí del hogar del aedo hasta llegar a ese lugar alejado en el bosque donde se encontraba el lago de aguas verdosas claras, rotulantes, tranquilas, un aire cálido irradiaba aquel lugar, los animales callaban y el Sol se dejaba entrever por los árboles, pero eso no era lo que me impacto, sino el individuo dentro del lago.
Apestaba, literalmente apestaba, eso era símbolo de desorden, el descuido en uno está mal visto sin contar las molestias que uno siente por llevar el hedor y tierra fusionándose con su sudor. Ayer, antes de la cena se me permitió asearme las manos pero el resto no y ya era otro día, necesitaba una limpieza ya, no es que tema ensuciarme, está claro que los trabajos que me han tocado hacer implica no reparar en minucias pero siempre llegaba aseado donde mi madre. Por cierto ¿Cómo estará mi progenitora? Tengo que obtener ganancias sólidas, hasta ahora he recibido alimento y un lugar donde esconder la cabeza del frío pero no he aumentado lo que traía de Tebas, y todavía debo favores al Príncipe por lo que no podré pedirle algo a cambio en un principio. Maldición, deberé alternar mi trabajo cuando esté en palacio, cualquier otro oficio servirá.
– Thomas del Este – levanté mi cabeza al escuchar su llamado – seguidme – obedecí sólo dando como respuesta un asentimiento.
Salimos de su hogar a enfrentar el bullicio del exterior. La gente mantenía miradas sobre nosotros, era por demás incómodo y no podía evitar ofrecerles una de disgusto y fruncimiento de los labios; quizás no esté actuando bien, en realidad no lo estoy haciendo pero me sigue molestando la forma en que me miran. Aunque la paciencia en un momento fue una virtud de mi propiedad ahora todo lo que soy ha perdido alguna veracidad.
Nos íbamos alejando, dejando atrás todo rastro de población, perdiéndonos en lo verdusco de aquel bosque hasta que su paso se detuvo por lo que lo imité y esperé indicación alguna. Volteó hacia mí sin mantenerme la mirada.
– Hay cuantiosos lagos por aquí. Podréis asearte en el que deseéis – no esperó respuesta para retornar.
Algo que es preciso aprender cuando eres aún un niño y tienes muchas responsabilidades es observar, siempre observar, si no lo haces no podrás aprender y si no aprendes, nadie estará allí para enseñarte. Cuando mi madre dejó de caminar, y sólo podía mantenerse en cama las cosas las tenía que hacer por mi cuenta y nadie me indicaría como hacerlo, por eso es bueno observar, y en esta ocasión me sirvió aquello, pesé a que el sodomita intentó marearme con el camino me lo aprendí de memoria y observé todos los detalles del entorno por el cual emprendimos así que sé como regresar, lo que no sé es a donde ir, supongo que deberé guiarme por los sonidos y aromas.
Por donde iba el viento, por donde se deja el aroma a humedad de tierra, el sonido tenue del agua rozar con ésta.
Por donde se dejaban caer mis pies, por donde mi destino me guiase.
…
No esperé tomar el camino correcto pero frente a mis pupilas se extendía un gran lago. Desde lo alto el agua caía recorriendo como sangre en las venas el aire para terminar en las amplias aguas claras. Era realmente admirable encontrar un lugar que posea tamaña belleza. Inspiré todo lo que pude y sentí la brisa llamándome a entrar en búsqueda de la limpieza, de la purificación, del encontrar calma.
Estaba por comenzar a despojarme de mis ropajes pero algo me detuvo al sujetar los bordes, una sensación, el palpitar acelerado de mi órgano vital me incitaba a dejar el estado calmado y caminar, correr, en una dirección desconocida pero a la cual era atraído. Dejé el lago y aun sin saberlo con exactitud opté por seguir esos instintos.
A cada paso sentía mayor el latir sobre mis oídos, el cuerpo me temblaba y mis piernas daban su máximo esfuerzo por querer dar con aquello sin nombre; las ansias carcomían mis entrañas y mi respiración no se acompasaba, necesitaba tomar aire pero no podía detenerme, esto me superaba.
No era la primera vez que algo así me sucedía, recuerdo que desde pequeño había veces en las cuales me despertaba cuando el cielo era negro y la Luna rojiza, y lloraba, no podía detenerlo era como desear correr y cuando lo hacía llegaba a las orillas del mar sin un lugar a donde más ir, rogaba que no fuera como todas esas veces, pero aunque lo fuera no puedo evitar mi proceder.
El hilo que jalaba me hizo detener y no supe a donde observar, no estaba a orillas del mar ni nada por el estilo, en realidad, estaba bordeando un lago, otro lago ¿Qué significaba aquello? Seguí observando hasta reparar en la figura que se encontraba ensangrentada dentro era…, era el castaño ¡El castaño! Un impulso tremendo era el mío para ingresar a aquellas aguas y socorrerlo pero en vez de eso mi cuerpo se quedó frío al costado de un árbol, varias ideas rondaron mi mente: ¿Qué hacía él allí? ¿Por qué no se quejaba de dolor? ¿Quién lo habría herido? Pero al observarlo tiritar y luego fundirse con el agua algunas de mis dudas se callaron, y algo de calma me fue dada. Él estaba bien, puesto que al salir del agua no poseía herida abierta, mejor dicho, no poseía alguna, temo admitir que en mi desesperación observé atento a detalle su cuerpo con fines relacionados con su bienestar, pero al encontrarlo en un buen estado en vez de cuestionarme el porqué traía sangre ajena sobre sí, me pregunté qué se sentiría tocarlo.
La anterior necesidad de acudir a ese lugar por fin se había suplido, por un momento llegué a pensar que desde el principio habría sido éste su objetivo, pero es algo imposible, es una casualidad el haberlo encontrado aquí.
Tenía los deseos de acercarme, era más que eso, una necesidad, era como si la fuerza con la cual fui llevado a ese lugar fuera la misma por la cual un calor me invade y no deja en paz. Son varias sensaciones, unas simples e inocentes como las de mantenerme a su lado y establecer un contacto con un abrazo, otras que no me permiten despegar mis ojos de todo su cuerpo, ver como los rayos del Sol rozan aquella ¿majestuosidad? Sí, yo acabo de pensar en eso, acabo de desear ser las gotas que rodean su cuerpo, ser los dedos que amenazan con ingresar en sus labios en un gesto de desesperación ¿desesperación? Ese rostro que anteriormente, frente a mi presencia, demostraba ser inmutable, seductor… ¡Por los Dioses! Si ya hablo como todo un sodomita. Omitiendo aquellos muy grandes detalles su expresión estaba rota: sus ojos abiertos en toda su extensión con hilos negros surcando sus mejillas; una presión de mi peplo se adueñó, unas ganas de llorar se anidaron en mi garganta y mis dedos se aferraron al tronco por el que me escondía para evitar llegar a él, no sé porqué presentía que si soltaba al árbol las ganas me superarían y perdería el control, no me interesaría nada y lo sostendría en mis brazos, porque él sufría, porque se le veía frágil, porque me sobraban excusas para acercarme mas no era propio, no lo era. Él estaba sin ninguna tela cubriéndole porque las observaba dejadas sobre la orilla, también tenían sangre. Mi mirada se clisó de nuevo sobre él y gritó, sorprendiéndome y barajando la posibilidad de huir, aunque ésta última no sería por deseo propio, pensando que había reparado en mi presencia mas sólo era una manera de buscar desahogo. No entendía como las lágrimas no caían de sus cuencas, no entendía como el consuelo no podía posarse sobre una criatura tan bella y de alma sufriente ¿Cómo no hay quién vele por su dolor?
Las aves dieron su retirada frente al grito, sus sensibles oídos quizás percibían lo mismo que los míos: dolor. En mis entrañas danzaba un calor incesante, una especie de reconocimiento perturbador me impidió seguir mirándolo. Algo en él, algo que en mí, algo que él provocaba en mí. Sentía como mi cuerpo palpitaba, las yemas de mis dedos irían a sangran por tanta presión ejercida sobre el tronco, mis ojos se negaban a mirar a aquél, mis dientes chocaron unos con otro al servir como muros contra las palabras que rogaban por salir, la inconciente búsqueda de frases que decir en ese supuesto momento propicio, pero no lo haría, porqué no debía, porqué no había razón alguna en que basarme para cometer esos actos. No escuché más las voces que me incitaban a actuar y, contra todo, abrí los ojos.
Era verlo y saber que algo poseía, que no podría negar nada frente a él, que la razón decaería frente a mis ojos como si nunca hubiera existido en un principio, era como me transmitía esa paz a la cual había llegado en tan sólo instantes, de la desesperación a la tranquilidad abrasadora. Observar que ahora se echaba sobre las aguas como si fueran un manto en tierra, debe ser fruto de las propiedades de las sales del lago, como había encontrando el punto exacto para establecer un equilibrio y no hundirse, permitiendo ver sus formas que eran bañadas, rozadas, cubiertas por instantes por el líquido y la luz. Sus párpados cerrados, sus labios húmedos y también cerrados pero sin ejercer presión, sus cabellos perdiéndose en las aguas, brindándole una armoniosa belleza, sus brazos extendidos en sus costados, las manos un tanto levantadas con sus dedos flexionados, como manteniendo una fuera en ellos, la piel de su tronco era llana, blanca, con músculos apenas y formados, al igual que sus brazos, su bajo vientre estaba hundido pero no lo veía enfermo, la posición perfilada me omitía ciertos detalles de su anatomía que agradezco debido a que desconozco mis nuevas reacciones frente a todo este asunto, sé que aún no pienso con claridad, cuando lo haga será el momento de reprocharme por todo, ahora sólo me permitiré percibir detalle a detalle el bagaje de sensaciones, los diferentes matices que ofrece las sombras y la luz en aquel ser ignomiosamente perfecto.
De desesperación a calma, de misericordia a deseo. Tan bruscos son los cambios en vos y en mí. De poseer muchos pensamientos a centrarlos en uno solo, de encontrar la nada a mutarlo en un todo, de tener un nombre que queda olvidado al necesitar el tuyo, de planear un destino donde hallo un origen…
Me hundí en el agua de nuevo con intenciones de aclarar mi mente, de entender el porqué de todo esto. Ahora se supone que pensaba con la cabeza fría, no como hace un rato que terminé por complacerme a mí mismo mientras esa maldita imagen del castaño se posaba ante mis ojos, adrede obviamente. No tenía porqué haberme tocado en dirección “Sur”, no tenía, en un principio, ninguna razón coherente para ir a ese sitio, ni mucho menos una para quedarme, eran esos hilos, los condenados hilos que me atraían allí, pero no debí dejarme hacer, debí pelear en contra de ese algo, que en cierta forma soy yo. No tiene lógica alguna, es absurdo y humillante.
Lo que sucedió al irse el misterioso castaño, ofreciendo una de las imágenes más evocadas hace previos momentos, es que me quedé allí, no hice movimiento alguno, omitiendo los que eran inconcientes mientras me restregaba contra el árbol, lo vi irse deseando seguirlo para saber donde vive pero no lo hice más bien me aseguré que se marchó ingresé al lago y, por muy extraño que parezca, lo sentía, de alguna manera, a mi lado, su aroma, su calor, su todo. Fue patético encontrar todo eso excitante sumado con la “elevación” allí abajo para concluir con…, lo que pasó, eso que mencioné antes. Pero más que todo fue raro como lo sentí, en otra palabras, establecer un contacto más allá de lo físico, el cambiar de un estado a otro, querer saber quién es él y porqué tiene ese poder sobre mí.
Salí a la superficie de nuevo al notar el escozor en mis ojos y necesidad de respirar. El ambiente allí se sentía tan muerto sin su presencia ¿Qué es lo que estoy pensando? Mejor termino con esto y me largo de aquí.
PoV Bill
Odio la incompetencia de este lugar. Está bien que haya matado a un montón de gente, pero no significan nada para mí, no es que vaya a destazar a todo el que se pone delante ¿no? Oh bueno, depende de las circunstancias. Al parecer esta gente de servicio no entiende mi proceder, sólo folló y torturo a mis sirvientes cercanos que son Gustav y Georg, al resto no porque tienen otra función, y sin lo que hacen me perjudico en cierta forma, como ahora que la anciana cocinera no quiere que su hija me ponga las malditas pinturas en el rostro porque cree que la voy a violar y matar. Vaya, me dan ideas donde no pongo pensamiento, las mandaré a matar a ambas porque no estoy presto a soportar esta clase de desacato a mis órdenes.
Los moros trajeron artilugios como éste mediante el cual veo mi rostro, lo cual me permite trabajar con parsimonia sobre él. Lo que hago es sujetar una pasta homogénea de textura algo áspera por poseer, entre sus compuestos, ceniza y aplicarla con un sumo cuidado sobre mis párpados e ir bordeando sobre todo mi ojo, incómodo pero ha de hacerse con el fin de brindar una imagen impecable en determinadas ocasiones como ésta, en la cual demostraré mi pertenencia a la nobleza, no es que me interese pero tampoco es que me iguale al pueblo. Hoy es el día de ofrendas.
Gustav es el que se encarga de darme todo lo necesario. Y ahora se está demorando demasiado en traerme la peluca con la corona de laureles.
– ¡Rubio! ¡Traedme mis cosas o le cortaré el nabo a tu novio! – ya estaba escuchando pasos apresurados hahahaha ¿Qué ya nadie soporta una broma?
– Mozo, aquí está lo requerido – bajó la cabeza extendiéndome lo que le pedí. Será idiota.
– ¿Notas que no me iré a poner yo mismo esto, no? – lo miré por el espejo, y aun así mi mirada surtió efecto. Con su rostro inmutable pero algo empalidecido por miedo, asintió y se puso en labor.
Observé a un costado, como si las sábanas de mi cama tuvieran las respuestas al porqué de mis actos. Sé que hago esto porque tengo que estar en frente de toda esa muchedumbre corriente e insulsa, y también sé porque hago eso, porqué si lo hago recibiré algo a cambio pero ahora no deseó salir. Preferiría quedarme en mis aposentos y quizás recibir un masaje o follarme a uno de mis sirvientes, no tener que realizar acciones para obtener algo a cambio, en estos momentos nada parece tener la misma importancia, no sé si me explico, mis expectativas están cubiertas, he elegido un juguete el cual recibiré en unos días y no se me antoja nada más. Lo de ayer fue una necesidad mayor, tenía que hacerlo, la sangre que bullía en el interior de todos ellos me llamaba, sus rostros carentes de belleza pedían a gritos embellecerse con la presencia de Diana, aparte estaba esa sensación tras todo haberse acabado, por lo cual en un principio he actuado, ese placer causa en otros llanto, y en mí, satisfacción. No me cansaré de eso. Mas lo que me sigue molestando es el hecho de que inconcientemente piense en aquel extranjero, porque es incómodo, sé que será algo próximo pero no es para que me mantenga en esa expectación.
– Mozo, terminado está – mis ojos se clisaron sobre el cristal y un breve estremecimiento me azotó al no reconocer mis ojos como de mi pertenencia. Bajo las capas oscuras resaltaban las castañas orbes que creí eran de alguien más. Pude observar mi fruncimiento de ceño y luego cerré mis ojos meneando la cabeza al notar lo ridículo que era aquel pensamiento.
Mi palidez se acentuaba con los cabellos azabaches ¿Por qué mi cabello real no era de ese color?
Hice una señal con la mano para que se retirara y me puse el himatión encima. Por falta de tiempo, esta mañana me había dado un baño aquí, pero los detesto, no me ofrecen la libertad que poseo al sentirme uno con el agua, al creer que algo de esa naturaleza intenta quedarse conmigo, pero nunca pasará. Sólo escucho mis pasos al caminar, nadie habla, ni osan mirarme, pero antes de ingresar a la salilla me detuve frente a un centinela recordando cierta desobediencia y estando conciente quién era ese guardia.
– Hacedme el favor de cortar las cabezas de vuestra madre y hermana. Sino me entero de la presencia de sus cadáveres incinerados antes de caiga el Sol, mataré personalmente a vuestra mujer e hijos – le dediqué una de mis mejores sonrisas.
Todos los que no obedecen plañirán y no sólo ellos, sino también el resto de su familia hasta no quedar ninguna lágrima más que derramar. Adoré la expresión entre furia e impotencia en su rostro, lástima que no sea puro. Frunció los labios y cerró los ojos fuertemente aferrándose a su lanza, bostecé y entré al lugar donde estaba mi padre sentado sobre su trono, ocupé el asiento vacío y me apoyé sobre el dorso de mi mano que tenía el brazo flexionado sobre el de la silla. Esto no iría a ser muy entretenido.
Escuchaba como el portón se abría dando plena vista al exterior, al patio, a las malditas flores y a esa gente que se formaba pasa subir las escalinatas con cosas en sus manos. No tenía ni idea de que eran en sí, suelo recibirlas cuando no están dentro de algo.
La primera en dar su aparición es una mujer vieja con una olla, se tambaleaba, creo que más interés me provocaba era conocer el contenido del recipiente. Dijeron cosas que la verdad no me molesté en oír, era tan repetitivo todo, siempre los mismos clásicos formalismos, la manera en la cual se desenvolvían, inclusive el tono de voz que usaba mi padre. Es algo básicamente rutinario, por eso pierde el encanto.
Mis ojos viraban en rededores buscando en lo que centrarse, había una leve molestia, un atisbo de algo intangible, algo minúsculo pero con la capacidad de molestar, así como el zumbido de una mosca; no lo hallaba, no veía a algo que resulte molesto. Con el ceño fruncido aun sobre mi frente, seguí buscando hasta que vi el rostro de la mujer, no entendía lo que veía, me resultaba algo ya conocido, no como si lo hubiera visto antes sino como si fuera algo tan contradictorio a lo que ya he acontecido que irremediablemente evocas aquella sensación; entre las arrugas cinceladas sobre su rostro, acentuadas por el esfuerzo, había algo pero no sabría con exactitud el qué. Me encontraba sorprendido de observar tanto a una simple aldeana, pero desprestigiarla sería darle importancia creo yo. Ohh ya sé que es lo que me transmite, la joven que disfrute al último. Claro, bajo los pliegues de piel se encontraba la esencia de la otra, debe poseer un lazo con ella. La gracia ahí culminó, espero no sean impertinente como la de su parentesco, aunque es probable que de alguien haya heredado los malos hábitos. Se la dio de muy privilegiada de osar nombrar a mi madre, insolentes como ella mueren pronto, no hago alusión a mi manera de quitarles hasta el último hálito, sino más bien de que mueren jóvenes. El respeto debe primar en una sociedad como la nuestra, o por lo menos el saber ocupar su lugar.
La gente, por lo general, no demuestra nada resaltante en su rostro, por ejemplo esa mujer, se parece a la que maté ayer, pero no tiene la misma expresión en el rostro que podría hacer llamativa su belleza. Cuando las personas se desesperan, suplican y lloran es algo tan lleno de sensaciones, el dolor se adueña de sus sentidos y ansían morir, porqué la muerte es bella, y para ellos sería la mejor opción en ese instante. Los rostros bañados en sangre, cada uno tiene una distinta tonalidad, y que decir de las expresiones, son diferentes, por lo mismo únicas y eso me satisface, ser creador de tales maravillas, de esos ojos que se terminan por perderse en algún punto indescifrable para los vivos, terminan en lo mismo y no me canso nunca de ello.
Dieron el permiso de que se acerquen un tanto para qué nos mostraran a detalle lo ofrecido, pero lo extraño era la dirección que tomaba la mujer de edad que me miraba fijo, como queriendo decir algo con los ojos, algo que para mí era irrelevante. Fue advertido demasiado tarde tratando de entender lo que había sucedido. Estaba mojado, sumamente mojado, miré mis manos…, era un líquido rojizo pero no como todos los anteriores que antes haya sentido al roce de mi piel. Busqué alguna explicación, hasta hallarme perdido entre todo, mientras algo crecía dentro de mí, una sonrisa se dibujó en mis comisuras, temblaba e imaginaba lo que mis manos podrían llegar a hacerle a esa mujer; con una sica podría quitarle de a pocos su piel para luego obligarla a comérsela hasta que se atragante y ahogue con su mismo pellejo viéndole soltar lágrimas e intentar expulsar todo lo ingerido, pero no podría porqué yo no se lo dejaría. Todas mis fantasías irían a hacerse realidad en momentos. Me encontré con los ojos de mi padre, no permaneció más de u instante y volteó hacia el resto.
– Esto ha concluido por hoy – torcí mi cuello para ver si desde otro ángulo entendía mejor la situación que se estaba tornando ahora, los gritos de la mujer seguían. No me inmute en escucharla, sus palabras no tenían un sentido para mí.
– ¡Seguirán las matanzas! ¡Desgraciado los que nos mandan! ¡La sangre seguirá corriendo como se escurre por la piel del heredero maldito! ¡Mi hija sólo ha sido un cadáver en cenizas al el Sol hacer su aparición! ¡Siente como esa sangre del vacuno son de los miles que has dejado perecer! – Ella hablaba y hablaba y sólo me hacía irritar más. Aunque la sujetaban de a dos ella pataleaba como un asqueroso gusano. Esa sangre apestaba sobre mí y mi padre sólo pedía que se vayan ¿Acaso no iba a dejar matarla? ¿Acababa de verter sobre mí sangre de animal y no iba a ser castigada?
Un absorbente silencio reinó. No siendo capaz de decir palabra alguna y mi padre no dejando de verme con intenciones de entablar una maldita conversación que no tendría sentido ahora. No podía permitir tamaño faltamiento de respeto, soy el heredero al trono. Y nadie debe hacerme esas clases de cosas, no a mí, ¿Por qué nadie hace algo? ¿Qué es lo que sigue, que haya una guerra entre nosotros mismos?
– Te lo advertí. Te dije que dejarás de matar gente, ¿no notas el daño que provocas? – nadie estaba en derredores. No tenía porque fingir interés ni mirarme de esa manera. Maldito emperador.
– ¿Daño? ¡Sólo porqué llore no significa que sienta dolor! Dolor es cuando gimen pidiendo misericordia, suplicando dejarles morir viendo que su vida no podría ser más miserable. Esa mujer no recibió daño alguno, sólo buscó ridiculizarme, poniendo en bajo tu autoridad, denigrando a la nobleza. Eres tan débil al permitir que comentan eso, te pisarán los talones y te sacará los ojos – nunca había entendido que es lo que trata de decirme con los ojos, o porqué la mujer me miraba de esa manera antes de tirarme el contenido de la maldita olla. Menos trataría de descifrar las razones que él tenía para decirme eso sobre el daño, sinceramente no me interesa.
– Las personas también sienten dolor sin necesidad de una afección física, Bill. Somos seres capaces de amar, y al eso estar en nosotros depende de alguna manera de esa otra persona, hasta el punto de salir lastimados si a ella le pasara algo, como a esa mujer, mataste a su hija, es natural que haya buscado justicia, la que tú no ofreces, matas al resto sin razones, no son espías, no son bandidos, no han hecho nada digno de muerte…– era extraño lo que trataba de decirme, no lo entendía. Era la primera vez que decía algo de esa manera, parecía que le dolía algo, y un cúmulo de aire se posó en mi pecho, aunque no podría decir exactamente el porqué.
– Soy bazofia ¿lo recuerdas? No necesito que el resto entienda mis razones, mientras yo me follo a todo el que encuentre el resto seguirá haciendo lo mismo, la gente no dejará de existir. No me culpes por ello ni me des charlas estúpidas – antes de que intente darme un golpe me salí de allí, me fui por la otra puerta que daba al patio interno, por la cual podría salir al bosque a deshacerme de toda la asquerosa sustancia que traía encima.
De niño solía jugar en el bosque, porque mis tíos iban muy seguido a la casa y mis primos nunca han tenido mucho afecto hacia mi persona aunque las sirvientas decían que era el menor y que se supone que no me debían tratar de esa manera a los menores, no entendía porque decían eso. Al desear algo debes usar todos los medios para conseguirlo, quizás era porque mis tíos se peleaban por obtener el puesto de mi padre, nunca me enteré mucho de ese asunto, pero mi punto es que pienso que era adrede, es decir, mis primos querían destruirme por órdenes de sus padres, prefería huir al bosque, como mencioné antes. Normalmente me llevaba la mujer más joven del lugar, la madre de Gustav, íbamos los tres pero no jugábamos, entre las pocas cosas que decía mi padre estaba el no establecer una relación con cualquier de la plebe, así que recorría solo los campos mientras él jugaba con su madre, lo odié por él tener una, por eso la maté cuando tuve catorce años. En una de las veces que iba a recorrer el bosque vi a un conejo, en ese entonces ni idea de lo que era, solamente lo veía ya cocido entonces quise acercarme, pero al hacerlo me mordió, ese día regresé al palacio antes de tiempo y cuando quisieron curarme no se los permití. Lo que quería es que mi padre viera lo que me había acontecido, él me dijo que un hombre no llora por cosas como esa, la herida se me infectó, el dolor era demasiado molesto para mis cinco años y caí en fiebre por eso mi tía Lykaios, la única mujer en la familia, se encargó de sanarme, a fuerzas; a mi padre le pareció ridículo tanto problema, ella me dijo que no le hiciera caso, no recuerdo muy bien la razón pero siempre lloraba en las noches, y sentía desprecio por el conejo, mi padre había dicho que no le tome importancia pero era cuestión de eso que tanto mencionaban los adultos a mi alrededor: honor. Aquella vez fue la primera en la cual maté algo, sujeté un palo que encontré en palacio e inmovilicé al conejo mientras lo golpeaba una y otra vez, recuerdo que se quejaba, chillaba y su pelaje blanco se tiñó de sangre, me detuve al observarlo como si fuera una cosa aplastada. Ya no lloré después de ese día. En cualquier caso, lo que quiero decir es que nadie dijo nada cuando yo traje ese conejo muerto al palacio, mi padre me golpeó pero no dijo nada, creo que se enteró que lloraba de noches y por eso lo hizo. Me parece de lo más incoherente que me pida que no mate a las personas, no es que piense en matarlas en sí, sino en lo que sigue tras su muerte, en sentir ese poder, aparte ya iba meses sin hacerlo.
Podía oler ese distintivo aroma del agua entremezclándose con la tierra, podía escucharla y ese sólo hecho me relajaba. La vi espléndida como siempre, me senté a la orilla quitando mis krepis con cuidado para luego sumergirlas un poco para que la sangre no se les quedara allí. Hundí mis pies lentamente, previamente habiendo quitado el resto de mi indumentaria claro está, y permití que la temperatura fría del agua dopara mis sentidos, erizando mi piel, rompiendo una franja invisible al ya estar de cuerpo entero dentro del agua. Todo mi temblor se iba de a pocos mientras ingresaba y salía en búsqueda de borrar ese pestilente hedor, froté mi cuerpo varias veces para que saliera. En ese instante tenía la necesidad de hacer daño, de realmente hacer daño, nada me había salido como lo planee. Me arreglé para la ceremonia y termine como una burla a lo que era, y a pesar de haber sido humillado no puedo hacer nada, no me lo permitieron, me denegaron el derecho a torturar a aquella insolente, todos lo presenciaron, los guardias, los otros que venían a dejar ofrendas, todos. Una pública humillación que merecería una masacre. No es que necesite el permiso para hacerla, aunque extrañamente en este instante ya no quiero hacer daño. Siento como si algo me faltase, y el vacío se va haciendo más grande hasta dejar mi peplo desprotegido y con la sensación de carencia de aire. Me sumerjo y salgo del agua para sujetarme el rostro, queriendo ingresar mis dedos en mi garganta para que ingrese el aire, quiero correr, quiero ir a un lugar que me es desconocido, veo ojos donde no hay rostros y siento…, miedo.
– ¡¡¡¡AHHH!!!! – los pájaros huyen de mí y un sonido semejante al de los arbustos al moverse puedo percibir pero ahora no tiene importancia. Nada lo tiene. Ahora es cuando mis sentidos se agudizan estando presto a fijarme en todo y nada a la vez, cuando mi mente no es un lugar bueno en donde estar el entorno tiene mucho que ofrecerme, mucho dispuesto a mantenerme perdido, en un estado puro de relajación donde el agua me eleva y la siento fundirse conmigo, su pureza con mi repulsivo ser.
Algo me transmite paz, y sin ser conciente me dejo llevar por aquello, sintiendo como un hormigueo en todo mi cuerpo. El frío para mí siempre ha sido mejor, se lleva todo, queda aun la esencia de la sangre pero algo mínimo y no me resulta ni molesto. El Sol me baña, dejo que sus rayos me recorran y se siente extraño esta vez, puesto que es como si hubiera alguien más allí, me imagino el latir de un corazón que hasta puedo contarlos, demasiado cercano, demasiado a gusto como para buscar alguna explicación.
Mi mente se aclara, ya sé lo que haré hoy. Iré a dar una visita rápida a alguien que debe tener algo para mí, aunque sea poco pero algo debe tener. El equilibrio se detiene y mis piernas se hunden, piso el suelo y me levanto sintiendo algo de peso por mi cabello, veo la peluca al costado de mis ropajes y hago un gesto de desagrado al verla ensangrentada también, con lo que me gustaba. Salgo por completo del agua y me agacho para recoger mis ropajes poniéndomelos, aunque estén apestando, podré bañarme más a conciencia en el palacio, poniendo aceites luego y entre otras cosas, para ir a donde aquel chico.
Mientras voy dejando atrás el lago la sensación de vacío vuelve a invadirme y me veo tentado a regresar, pero al no encontrarle alguna excusa seguí en dirección a palacio. Últimamente mis hábitos están cambiando, rara situación.