Ahora que lo noto no he dado una explicación en cada capítulo ¿o sí? En fin, en esta entrega se demuestra como por decsión del Destino una vida toma otro curso, uno que quizás conlleve a una situación que encierre al personaje en un doloroso círculo vicioso, en este caso es Tom. En el capítulo anterior era más presentación digna de la realeza, siendo Bill un Príncipe es déspota, aunque no es factor, espero consideren cada momente en el cual el se desenvuelve porque deja muchos rasgos de su personalidad y al fin y al cabo eso será muy determinante en la historia. La introducción es confusa y deja muchas ideas sin hilar que espero se entiendan de a pocos, si es que este proyecto va bien habrá segunda temporada llamada Origen en la cual las dudas serán satisfechas
Sword and Bullet – When World Collide
>Tebas<
PoV Tom
Dejando mis dedos recorrer las delgadas cuerdas de mi arpa, perdiéndome en aquel mundo donde sólo yo tengo acceso, donde todo es tranquilo…donde no hay días en los que el hambre te nubla los sentidos dejándote en un estado deplorable con el vientre hinchado y debilidad invasora, donde no existe algún mal que tiente a quitarle la vida a tu madre, donde los seres cobardes son sólo un mito y no una realidad con la cual enfrentas a diario en tu propio hogar, soportando los continuos abusos del marido de tu madre, un mundo sin problemas, utópica realidad que atrevo a entretejer al mis perlas ser cubiertas por mis párpados, una manera en la cual formo parte de los cobardes al tratar de obviar mi situación; como si al tocar se pudiera borrar todo y arreglarse en un abrir y cerrar de ojos, pero no, la melodía se había desvanecido de mis dedos al abrir los ojos encontrándome con la realidad con la que debo llevar: mi madre postrada en cama sonriéndome a pesar de no ver con plenitud, semblante pálido, mejillas hundidas, ojeras notorias, una mujer muy bella pero tal cual flor está marchita por el viento de un otoño que llegó presuroso, embustero, prematuro a matar a aquella flor de a pocos viendo como su esencia y aroma van desprendiéndose de ella, sus pétalos cayendo día a día y no hay fuerza que logré cambiar aquello, yo…no entiendo como ella puede demostrar esa sonrisa sincera.
– Thomas, no te detengáis hijo…tocad para mí… – su voz rasposa y apagada era perceptible para mis oídos ya habituados,esta enfermedad lleva años posada en ella como un parasito, un huésped que le quita el aliento día con día llevándose con aquello también la única razón de mi permanencia en este mundo sin luz. Al ser capaz de pasar días sin comer, con un aire frío calarte los huesos al dormir no esperaría conseguir mucho, lo negativo no es ofensa, es mi realidad.
– De nada servirá madre… – más sentido certero tenía aquella frase bajo su faz para mí, no servir para nada, no tener un porvenir fijo, no saber que será de tu mañana, no saber como lidiar con todo, está mal que me queje pero esta sensación crea una presión avasalladora.
Sus ojos estaban aun más brillosos, hizo amago de que me acercara tras eso me abrazó, con aquellos delgados, y carentes de fuerza, brazos y a pesar de ello sentí la misma sensación de cariño, protección, calma y frescura como cuando era niño y me lastimaba asustándome más por la distancia de la caída que por la consecuencia de la misma, curioso, por más que el tiempo varíe sigo necesitando de esto, sigo siendo aun débil. La sentí agitarse al abrazarla, estaba tosiendo, un sonido gutural remeció mis entrañas, luego éstas se estrujaban al ser el sonido alternado por sus sollozos, aquellos que quizás podría evitar con un gesto tan simple como tocar el arpa, la culpa embargó mi ser llenando mi corazón de ella, sintiéndolo pesado, sintiendo que duele, que la sangre me llama a actuar. Sujeto su rostro no pudiendo más.
– Madre, no lloréis, que vos con eso me ponéis mal yo tocaré para ti otra vez – mis palabras buscaban apaciguar su alma o quizás en mi egoísmo calmar su llanto para apaciguar la mía.
– No es por eso que lloro hijo, os ruego que me perdone por mis actos. Si nos encontramos aquí es mía la culpa, tú hubierais sido un joven con mayores oportunidades si yo hubiera podido elegir mejor, pero sentía tanto miedo, mucho miedo… – empezó a gimotear más alto haciéndome sentir la mar de culpable otra vez. Aunque no entendiera lo que mi señora madre trataba de decirme la arropé y besé en la frente buscándole dar tranquilidad.
Regresé a donde mi arpa para entonarle otra melodía, quería que duerma y no menciona más sus arrepentimientos o…quizás esto era obra de la parte terminal de su mal, tragué saliva mientras cerraba los ojos para dedicarme a cien a la música, eso no podría ser, sé que es algo inevitable, que no está en mi poder curarla, que no tengo monedas suficientes ni nada pero debería buscar la manera de…salvarla, soy responsable de ella puesto que Gordon que se sepa no brinda ninguna atribución que beneficien a mi madre, sólo me golpea al llegar apestando a bebida. Cerré los ojos fuertemente, debo hacer algo por ella, no puedo dejar que la resignación ose cubrir mis expectativas para con ella.
Los sollozos se tornaron simples jadeos bajos que la melodía fácilmente podía camuflar, y no sólo cumplía esa función sino que era la música misma la que hacía que su respiración, de a pocos, volviera a ser acompasada para que ella llegara la paz momentánea, a aquel oasis de la inconciencia. A ella le basta esos momentos aunque sé que nada cambiara por más veces que repita ésta melodía, nunca ésta calma podrá ser transmitida a cien por cien a nuestras vidas.
Al mi madre haber sido envuelta por los brazos de Morfeo, dejé de tocar y me dirigí a la puerta; salí de ese pequeño espacio al cual solía llamar lar sin una dirección precisa, podría tentar en busca de algún empleo que me puedan dar por hoy porque dudo que Gordon traiga algo para comer y mi madre necesita alimentarse, o quizás comience por allí: sacar de la taberna a mi padrastro. Sacaré a Gordon de allí y le arrebataré las monedas que no se haya despilfarrado en alcohol.
Más o menos ése lugar se situaba a unos diez pies de distancia, así que el esfuerzo no iría a ser muy grande.
La calle se encontraba tan triste, tan vacía a pesar de que tenía gente, considerando a los cadáveres putrefactos con gusanos que adornas los rincones llenos de arena que se les adherían al cuerpo inerte cuarteándolos de a pocos como gente, siendo quizás, no por ahora pero luego sí, alimento para lobos; expulsando un hedor que no era posible soportar por lo que alcé un poco el cuello de mi ropaje para cubrirme la nariz mientras me alejaba un tanto más, no quería pensar que mi madre terminaría así.
Por otro lado estaban niños pequeños con los ojos hundidos, brillosos, con algunas venas reventadas en sus cuencas por arder en fiebre, mejillas sudorosas pero no sonrosadas (por carencia de sangre roja) más bien demostrando una palidez enfermiza, suplicantes por alimento.
Personas con todos los huesos notorios, tenían tal piel que estos parecían poder salírseles en cualquier momento dejando ya, para ése entonces, poderse entrever la corroída masa adiposa y los delgados músculos que no han tenido oportunidad de moldear al solo estar concientes de sobrevivir en lo poco, si aún mi cuerpo no ha caído a tal estado y mantengo una musculatura algo más firme es fruto de los trabajos que he realizado, he trabajado desde los diez años cargando bultos que desembarcaban de los navíos del puerto, otras veces ayudaba a pescar pero nunca nada permanente, creían que por la enfermedad de mi madre podría contagiárselos al resto al estar cerca pero yo sé que no es contagioso, he estado en constante contacto con mi madre inclusiva con las defensas bajas (consecuencia de mi mala alimentación) y no sufro de su mal, son sólo miedos absurdos de esa gente aunque a pesar de todo a esa gente iría a rogar dejando mi orgullo para alimentar a mi madre porque nada es más importante que ella. Éste destino injusto me llena de impotencia logrando que como acto reflejo apriete los puños y mi furia sea vista por mi entorno casi palpándose en el aire, haga lo que haga, sacrifique lo que sacrifique, dentro de ello mi dignidad y orgullo, nunca le puedo ofrecer lo mínimo a mi madre, cargo con la escoria de mi padrastro porque de vez en vez trae algún que otro menjurje o alimento que me es útil para mi madre, para calmar ese dolor que ella mantiene en silencio pero yo puedo mirar en sus ojos, en su rostro compungido de dolor al su vista alejarse de sus cuencas, al su estomago estar vacío y acabársele las fuerzas.
El lugar tenía un fuerte vaho que te impedía respirar sin evitar fruncir la nariz, un ambiente cargado de pestilencia a perdición, bebida y concentrados olores expulsados por cada uno de los fluidos corporales. Un lugar de pintas oscuras por ausencia de luz pero que a pesar de estar cayéndose a pedazos es muy concurrido por la gente que se figura que de ésta forma encuentran alguna clase de placer.
Traté de pasar de todas las personas sin mirarlas mucho sólo lo suficiente como para distinguir algún rasgo de Gordon en su semblante, evitando que las escenas grotescas tengan algún efecto sobre mí; por más acostumbrado que esté a ver mujeres medio desnudas en éste sitio no cabe en mi cabeza la razón de ser, tengo una madre y me resulta ofensivo ver los tratos que reciben aquí sólo para obtener unas cuantas monedas, la necesidad es grande en éste sitio yo muy bien lo sabré pero es que son abofeteadas de tal forma brutal que chocan contra una pared sin tiempo si quiera de caer decentemente pues entre dos la manosean manteniéndola en esa posición, mis puños se apretaron más si cabía y escuché, por sobre todo el bullicio, el rechinar de mis dientes; la última vez que me di a saber entre estos asuntos terminé con un labio roto y varios cortes profundos, fue más penuria ver el rostro inconsolable de mi madre y que no hubo comida en días porque no podía movilizarme, desde ahí me prometí a mí mismo mantenerme al margen de aquellas situaciones.
Lo visualicé apoyando los antebrazos y frente sobre la mesa, jalé sin cortesía uno de sus brazos pasándolo por sobre mi hombro, pasando de sus quejidos y obligándolo a seguirme.
– ¡Soltadme! ¡Que lo sepáis vosotros que ésteg no es mi hijo! – poco me importó sus palabras puesto que para mí aquello no era cosa nueva, mi madre me contó que mi progenitor partió de éste mundo al poco tiempo de mi nacimiento, no me dio más detalles y yo no se los pregunté. Seguí arrastrándolo percatándome de mi entorno que comenzaba a cotillear sin ningún reparo.
– ¿Qué no tenéis en éste lugar más licor que beber o alguna mujer que follar? ¡Paraos con sus cotilleos! – les reprendí y cada quien se entretuvo en lo suyo. Mi padrastro decía cosas ininteligibles a voz de grito por lo que ajusté mi agarre.
–…afga…cof…tu magdre, yo no fui su primer hombre…ella fue hetaira Una sucia hetaira! ¡Tú eres un sucio bastagdo! – manchar el nombre de mi madre e insinuar que mi difunto padre era uno de tantos.
La furia pudo más conmigo logrando cegarme para ponerlo de espaldas contra la pared haciendo callar de esa forma él, por el impacto, y al bullicio de mi entorno, por la sorpresa, sentí en mi interior crecer un calor abrasador que recorría cada rincón de mi cuerpo haciéndolo temblar, trasmitiendo aquello por cada poro de mi piel hasta tener repercusiones en el que tenía delante.
Buscando como expulsar ese calor concentrado: años de abuso, soportando lo mismo, que la arpa fuera regalo suyo cuando golpeo a mi madre yo teniendo unos escasos cinco años, que sacie una necesidad ya no me parece suficiente excusa para callar y soportar todo el dolor contenido.
Aun llevo en mi piel marcadas las cicatrices pasadas y hoy las siento arder como nunca, siento que las heridas se abren de nuevo ante mis ojos y de ellas brota una sangre oscura y espesa, toda coagulada por el tiempo de retención; buscar reemplazar aquella sangre con la tuya para que al fin pueda cicatrizar, saciar aquella sed que atrapada en mi pecho está, buscar darle un fin a éste tormento.
En tus perlas negras observo, tal cual cristal que refleja, el centello rojo de las mías castañas, porque sí, todo para mí se ha tornado de ése color.
Los sonidos han quedado en algún punto del cual he perdido el contacto; sólo me basta con sentir tu miedo, poder palparlo, poder olerlo, sí, poder, por sobre todas las pestes existentes y brazos que inútilmente buscan detenerme a para tu encuentro, olerlo, huelo tu sangre que parece llamarme, el temblor de tu cuerpo es visible para mí, el victimario que se convierte victima y viceversa, irónico. Me deshago a empujones de las moles que me rodean, y entre mis manos, sujeto tu cuello, tu frágil, grueso, caliente y sudoroso cuello; ejerzo presión lográndolo sostener con mucha facilidad por completo, sintiendo tus escasas uñas aferrarse a mis manos, percibiendo uno a uno tus intentos fallidos por conseguir aire, el resto ya no interesa, permitirán que esto tome su curso, detalle que se los agradezco.
Movimientos bruscos de tu nuez bajo mis dedos, estos provocados por tus deseos de agrandar tu garganta del limitado y estrecho espacio en la que la he convertido a presión, curioso que sea o el que te cohíba e impida vivir, me suena algo… ¡Claro!, lo mismo pasaba conmigo no pudiendo ni dejar a mi madre sola por temor a que la molieras a golpes y eso fue desde los cinco años, o quizás desde ahí estuve más conciente. Tus perlas van perdiendo luz propia, cual pozo oscuro y hondo con agua tan turbias que hacen que uno pierda el interés en ellas pero yo presenciaré atento hasta que éstas se sequen, tu boca se entreabre expulsando saliva sin concretar palabra alguna, rojo semblante, puedo apreciar tus venas bajo el manto de tu piel, tu agarre en mis manos va perdiendo fuerza y voy captando a detalle el cambio de temperatura.
Tus perlas ahora sin un alrededor blanco sino rojo, no hay brillo, las aguas se secaron, te has convertido en peso muerto y la paz buscada no satisface mi ser.
Suelto tu próximo a amoratarse cuello, te observo caer sin vida en el frío suelo y, por el momento, no siento nada.
Quizás haya perdido algo en ése momento, no lo sé con exactitud, no que esté a pleno en mis pensamientos en éste instante; he recuperado mi audición y aun así abunda el silencio, ojos están posados en mí tal cual buitre frente a un cadáver, curiosa ironía, desisto de permanecer allí y nadie osa decirme nada al pasar de ellos dejando a mi padrastro muerto y sin dinero en uno de los rincones de ese lugar, no es que sea el primero en matar, es más, aquí es cosa común pero los motivos distintos y no es asunto ajeno, es algo mío, que no es igual ver algo que hacerlo.
No comprendo como ésta sensación de calor a podido morir con él pero que, a su reemplazo, una sensación de vacío me invade, una sensación de nada, observo mis manos que palpitan sintiendo el viento borrar de mí aquellos pestilentes aromas dejando uno aun latente: el olor a muerte.
Manos hechas para crear, hacer sonreír a alguien, como a mi madre cuando entono melodías en mi arpa.
Manos hechas para destruir, como hoy lo hice con una vida, aplastándola como a un insecto.
¿Quién soy yo para destruir? ¿Qué poder me ha otorgado Zeus para no compadecerme por mi igual? Ninguno, peor no es que en su determinado momento hubiera eso tenido algo de relevancia.
Siento insatisfacción, sé que con lo que acabo de hacer sufro más problemas que soluciones, que me tocará acarrear como hombre pero…mi madre depende de mí, no puedo permitirme esto.
Al traspasar la puerta y observar a mi madre reposar placidamente pude ver las cosas con mayor claridad y fue como uno de los peores golpes que a uno le pueden dar en un río con aguas heladas: Había matado a alguien, a mi padrastro ¡Con mis propias manos! Y sin pensar en mi madre, en lo que podría hacerle sufrir éste hecho, por más que mi padrastro hay sido un ser deplorable, era un humano y yo ya ni siquiera lo soy porque he matado a alguien ¡Le he quitado la vida!
Oh divinidades no hagan recaer sobre mí los lamentos que no suplico piedad ni perdón, sólo consideración aunque no sea merecedor de ésta…
¿Cómo acariciar los cabellos de mi señora madre con éstas sucias manos impregnadas del olor a sangre, a muerte? ¿Cómo poder mirarla a los ojos sin sentir remordimiento alguno? ¿Qué acaso semejante atrocidad sería algo fácil de asimilar?...no, no puedo, por tanto me declaro culpable.
Sujeté mi arpa y algunos poco ropajes caminando en pos de otra parte, dejando a mi madre dormida a cargo de unos aldeanos que no fueron testigos de mi actitud inhumana, ellos gustosos aceptaron concientes de que regresaría a por ella y les daría más monedas debido a que en mi poder sólo tenía las monedas sobrantes de mi difunto padrastros las cuales sustraje de su cadáver y algunas que tenía escondidas, con éstas últimas me quedé para costearme un pasaje en barco, volvería aquí a por mi madre, no sé como, pero lo haría.
Con lo poco que tenía me encaminé a otro destino, lejos de aquí, a mares de distancia, pensando en mi madre y mis actos, no siendo digno de alga a sabiendas de que tenía que conseguir una ocupación para sacar a mi madre de ése lugar porque sería juzgado y seríamos repudiados por mi culpa.
Miré como el muelle iba perdiendo tamaño y las aguas ocupaban gran parte del paisaje, estas últimas azuladas y profundas agitándose en distintas direcciones, sonido de aves, un sol sofocante, aire puro salado que te llena los pulmones hasta casi doler; todo lo observé atento, evitando pestañear, ya que al cerrar los ojos el cuerpo inerte de Gordon se posaba frente a ellos, sin saber como de mis perlas castañas gotas salían sin cesar opacando mi visión y volviendo mi pecho más pesado: culpa, ése sería el nombre de aquella sensación, algo que no podré alejar de mi mente por más lejos que esté del lugar de los hechos.
En mí algo a muerto hoy y lo miserable que me siento no será excusa válida para ser egoísta de nuevo. Ahora es por ti madre, por mi señora madre, porque eres lo único que tengo y vales más que nada, porque no tengo algo más en lo que creer, porque ni en mí mismo lo puedo hacer.