Es viejo, lo escribi hace como un año si mas no recuerdo, en mis dias de cortarme las venas, jajaja espero que lo lean y lo disfruten, no soy perfecta, solo se hace lo que se puede. Un beso a Todas
Cuando piensas que todo va bien y que eres feliz, es cuando te estás equivocado de la vida, porque no todo es felicidad, amor y deseo. Por fuerza tiene que haber algo en contra de todo aquello que te hace sentir bien, es como un balance, porque si todos somos felices, no habrían metas qué cumplir o deseos que atender, la vida simplemente sería feliz y por consiguiente aburrida. Y no queremos una vida aburrida, por lo menos yo no la quiero.
Todo este tiempo viví en un paraíso, simplemente teniendo lo que siempre he querido. No es fácil llevar una relación amorosa, más cuando uno es famoso y todos los medios informativos, revistas, periódicos y los paparazis paran encima de ti y de tu pareja. Pero eso no es muy difícil de sobre llevar, ya nos acostumbramos y hasta los burlamos. Lo que más molesta es la sociedad en que vivimos, la crítica de las preferencias de una persona a otra, a veces me he sentido derrotado ante tanta crítica, ante los dedos que juzgan a mal una relación.
Yo pienso que el amor es sin fronteras, sin apellidos, ni posición social, mucho menos el sexo. Algunas personas lo entienden, otras sólo ignoran el tema y las que más me molestan son las que les importa pero para mal.
Tengo obstáculos que pasar, lágrimas que derramar, más cuando amo a mi gemelo. Y éste tiene dudas existenciales de si se puede ser feliz o no.
—Tom abre la puerta por favor. —Ahí estaba yo, al otro lado de la puerta, esperando que mi hermano la abriera, para explicarme por qué me había cortado—. Abre si no quieres que la bote con mis propias manos. Abre Tom Kaulitz.
Fue inútil, no abrió. Cuando al mayor de los Kaulitz se le metía algo entre ceja y ceja, jamás nadie se lo sacaba.
Tres horas antes.
—Chicos necesitamos una canción para poder sacar el single, estábamos pensando que podía ser Übers ende der welt, pero queríamos saber la opinión de la banda.
—A mí me parece bien —Contestó Gustav—. Me gusta la idea.
—Yo lo secundo. –dijo Georg y Tom al mismo tiempo.
—Y tú qué dices Bill, ¿Está bien?
—Sí, a mí todas las canciones me gustan. Me parece buena elección.
—Les pregunto esto porque la mayoría de canciones ya están grabadas y ya podemos ir pensando en hacer el video del primer single.
Todos se emocionaron, al escuchar esas palabras tenían mucho tiempo desde la última vez que grabaron algo, sólo Tom no estaba muy alegre que digamos, le había perdido a Bill que hablaran pero con todo el movimiento que había en el estudio no habían tenido la oportunidad de entablar la conversación.
—Eso es todo chicos, pueden irse.
Cada uno salió de la sala, dejando a los gemelos en ella, ya que ninguno de los dos se levantó de donde estaban.
—Di lo que tienes que decirme. —Bill en el fondo no quería saber lo que le quería decir, por la expresión de su cara no era nada bueno mucho menos fácil de decir.
Tom suspiró y tomó aire.
—He pensado muy bien las cosas y… -las palabras se quedaron en el aire, y el cantante sintió una punzada en su corazón. —No soporto todo esto, ya no más, Bill, te amo pero siento que me asfixio con todo esto, pienso que no llegaremos a nada. Somos figuras públicas los ojos de todos están sobre nosotros, eso me molesta y no me deja ser plenamente feliz contigo.
—Eso ya lo sabemos Tom, desde el primer día que aceptamos estar juntos ya lo sabíamos.
—Sí Bill pero hoy me afecta más que nunca, en ningún lugar nos dejan en paz, mira en vacaciones vayamos donde vayamos siempre nos encuentran. —el chico jugó con sus nudillos golpeándolos contra su palma abierta—. No quiero más esto.
—Tomi… No te lo tomes a la ligera, piénsalo mejor yo te amo me amas eso es lo que importa, recuerdas nuestro primer beso, el más importante de esta relación, te dije que no sabía a dónde iba a parar todo esto, pero que sí sabía que te amaba y que sin ti no viviría un día más, ahora vienes y me dices que no quieres nada más, creo que es injusto.
—Recuerdo que también me dijiste que si un día me sentía incomodo te lo dijera, que no teníamos que ocultar nada uno del otro y llegó ese día Bill.
El moreno se levantó de donde estaba acercándose a su hermano, Tom también se levantó quedando los dos frente a frente mirándose a los ojos. Bill tomó la mano de su hermano llevándosela hasta donde estaba su corazón.
—¿Lo sientes?
—Sí.
—Sientes como late, lo hace sólo por ti, por tu amor, por pensar en ti, aún cuando duermo contigo, sigo soñando con tu persona, eres todo para mí, y cuando digo que lo eres todo es porque somos uno solo, si me dejas me matas no literalmente pero si lo haces si me dejas moriré lentamente.
Bill apretó más la mano de Tom, éste bajó la cabeza, no podía ver al moreno a los ojos, no, porque sería un momento de debilidad y no podría continuar con lo que estaba haciendo, cortar con Bill era más doloroso que vivir los días escondiendo ese amor tan puro a las demás personas.
—Yo también te amo, pero quiero que respetes mi decisión. No cambiaré de opinión.
—Tom por favor. —pidió Bill, al sentir como la mano de éste se iba deslizando de su agarre, hasta que se apartó de él y sin decir nada más salió, cerrando la puerta tras de él.
El cantante sintió como había un hoyo negro bajo él, que lo tragaba poco a poco, si bien es cierto Tom le dio los motivos por los cuales lo dejaba pero él no los comprendía simplemente era absurdo llegar a tomar esa decisión siempre pensó que su amor era más fuerte cualquier calamidad que le sobreviniera, pero en ese momento sentía quebrarse. Lloró como un niño pequeño, como nunca lo había hecho antes, pero tenía que dejarlo salir, simplemente desahogarse.
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Se resbaló por la pared hasta llegar al suelo, donde se quedó unos momentos recostado cerca de la puerta de Tom, observando la luz que atravesaba las rendijas de la puerta. Esperando que en cualquier momento su Tomi saliera a decirle que todo eso había sido una vil mentira, que sólo estaba jugando con él.
Pasaron dos horas y su hermano no salía, ahora sí sabía que todo había sido real, Tom no lo quería más en su vida, pero no, no podía quedarse con las manos cruzadas.
—Tomi, sé que me escuchas, sé que me sientes, abre la puerta te necesito por favor. –dijo en un murmullo casi inaudible.
Sólo Tom le escuchaba que también estaba al otro lado de la puerta, recostado en ella, escuchando la respiración de su amado, que estaba al otro lado, suplicando silenciosamente su atención. Pero tanto le había costado decirle para que en cuestión de cinco minutos cayera a sus pies, no, era mejor no escucharlo, por lo menos ignorar sus gritos silenciosos.
—Tomi —Volvió a pronunciar el moreno—. Juntos podemos superar esto, apoyándonos, no te engañes al pensar que dejándome vas a dejar de amarme, no nos hagas daño, sólo sé fuerte, pero si no quieres serlo yo lo seré por ti. Soportaré todas las cosas.
—Eso es lo que no quiero —Había decidido abrir y hablar una vez más con Bill, para hacerle entender que no quería que sufriera, mucho menos que le rogara—. No quiero que soportes nada, no quiero que te maltraten por mí, siempre has sido el fuerte, siempre me has protegido pero creo que ya es hora que yo lo haga solo, y esto es lo mejor.
—¿Lo mejor? Para ti tal vez, porque para mí no lo es ni lo será nunca.
—Comprende, mi desesperación, daría todo por haber nacido en otro cuerpo, por no ser tu hermano por ser alguien que no tiene lazos de sangre contigo.
—¿No te gusta que compartamos eso?
—No me entiendes, sólo es que, de esa manera yo podría amarte sin que el mundo nos señalara, sin que las personas nos juzgaran sin comprender.
—Pero Tom, qué importa la gente mientras estemos tú y yo juntos, nos apoyamos, ya te lo he dicho.
—Vete a dormir, lo necesitas, llevas horas en ese lugar.
—Déjame dormir contigo esta noche, juro que no te molestaré.
—No lo sé Bill —miró hacia su habitación, recordando las veces que habían amanecido juntos en esa cama, dándose el buenos días—. Es mejor que no, no lo hagas más difícil Bill.
—Está bien, me voy, pero pienso que quieres ahogarte solo en tu dolor y no entiendo el por qué, nada es fácil en la vida y no quieres hacer el esfuerzo. Pasa buenas noches.
Se levantó del suelo, dándole la espalda a su hermano, limpiándose las lágrimas con el dorso de sus nudillos. Sollozando llegó a su habitación, al otro lado de la de Tom, sólo una pared los separaba, un gran muro el cual había formado Tom, contra el mundo, sin saber que a quien más le hacía daño era a ellos dos.
Lo vio alejarse lentamente, no apartó la mirada de él hasta que entró a su habitación. El hizo lo mismo cerrándola con llave. Fue en ese momento en que se quebró en mil pedazos, sobre su cama, llorando como sólo lo había hecho pocas veces.
Pov Bill
—Tomi malo. Eres un masoquista estúpido.
Más que triste estaba enojado por la actitud de Tom, nunca pensé que haría eso. Me senté en la silla frente al escritorio, en momentos tristes como este solo los podía pasar escribiendo, ya fueran poemas o alguna canción de esas que nunca sacaba para Tokio hotel.
Agarré un papel en blanco, me acomodé en el asiento, tomé el lápiz firmemente mi mano temblaba por los sollozos que se escapaban de mi boca y dejé salir los sentimientos por medio de la escritura.
“Sobre los tejados hace mucho frío y todo está en silencio.” Recordé los días juntos lo que compartíamos cuando estaban solos, cuando nadie nos molestaba, fuera en cualquier lugar frío o tibio, con el amor de Tom todo era tranquilo.
“Callo tu nombre porque tú no lo quieres oír.” Tomi… Te amo. Aunque no quieras entenderlo.
“El abismo de la ciudad consume cada lágrima que cae, allí abajo no hay nada que te retenga aquí arriba.” Todas las personas están pendientes de nosotros, qué hacemos, en qué nos equivocaremos para poder señalarnos y humillarnos.
Las lágrimas caían libremente por mis mejillas, dejándome claro que todo había terminado y que las promesas que una vez nos hicimos ya no cuentan más.
“Grito en la noche por ti, no me abandones, no saltes.” No saltes no me dejes aquí subido en mi nube de amor, no quiero que te alejes, quiero que te quedes a mi lado conmigo siempre. Espero que tu decisión no sea irrefutable y cambies de opinión y vuelvas a mí.
“Las luces no te guiarán, ellas te engañan. No saltes”. Los flashes de las cámaras te hacen pensar que nunca seremos felices, siempre seremos perseguidos, pero aún pasando por esas cosas, no quiero que me dejes.
“Acuérdate, de ti y de mí. El mundo de ahí abajo, no cuenta. Por favor, no saltes” los malos y buenos momentos, las noches frías que pasamos juntos. Los desaires, las palabras de aliento uno hacia el otro.
Cada palabra surgía con cada lágrima derramada, era normal que yo escribiera así, cuando estaba inspirado nadie me paraba en esto, pero todo era diferente, porque en realidad sentía cada una de las palaras que yo estaba escribiendo. A la vez me aliviaba con la carga, dejando así un hueco en mi corazón.
Ya no podía ver, mis ojos estaban nublados y deseé dormir un rato, y olvidar lo que ese día me había dejado, pidiendo muy dentro de mí, que todo aquello haya sido una pesadilla de la cual despertaría en cualquier momento.
Dejé mi lápiz y la hoja sobre el escritorio, no quise revisar lo escrito, porque estaba marcado en mi piel. Y en mi corazón, dejándome sentir el dolor.
Me tiré a la cama y me quedé dormido con la misma ropa que anduve todo el día, no tenía deseos de nada. Mañana tenía que estar hora tras hora en el estudio, con la compañía de Tom.
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Pasó una semana, y yo seguía en la pesadilla, no había manera de despertarme de tal, así que traté de sobrevivir, hasta que un día uno de mis amigos lo notó.
—Bill. ¿Qué te sucede? —me preguntó Gustav, al verme alejado de ellos, nunca estaba solo, siempre estaba acompañado, yo siempre estaba feliz, pero no puedo ocultar el dolor que me causaba la decisión de Tom—. Tú no eres así, dímelo puedes confiar en mí y no me digas que estás bien porque sería una mentira que yo no te creería.
Suspiré, Gus tenía razón en todo, pero no le mentiría, necesitaba sacar lo que sentía si no explotaría con tanto dolor.
—Es Tom —susurré, para que solo él escuchara—. Dice que no llegaremos a nada y simplemente me dejó. Ahora sólo soy su hermano.
Mi amigo, miró a Tom que estaba sentado a lo lejos, con la cabeza baja y con expresión de preocupación. Había estado así desde que me dijo que no continuaríamos.
—Imaginé que algo parecido estaba sucediendo, pero creí que sólo había sido una pelea. ¿Pero esto tiene solución?
Lo miré a los ojos y comprendió, que no tenía solución.
—He intentado que razone, le he dado miles de razones por las cuales debe de estar a mi lado, tanto como hermano, como amigo y como mi novio, que un día fue.
Miré a Tom, deseando que sus ojos café se posaran en mí y la bendita conexión funcionó, porque me miró unos escasos cinco segundos, sentí morir, ya que no me había mirado así desde hace una semana, es más me evadía cuando me sentía cerca.
—Creo que necesita tiempo, la relación de ustedes dos no es fácil Bill, y creo que Tom sólo necesita tiempo y espacio, deja que se lo tome, tranquilízate que no te vea triste, trata de ser normal.
Normal decía Gus, no, no podía, tenía sentimientos y de los más puros que había sobre la tierra, juraría que no hay nadie que ame a alguien como yo amo a Tom
—Míralo, solo, cabizbajo, prefiere perderse en su dolor que hacer el intento, no quiere aceptar que me necesita, que me quiere a su lado. Piensa que es fuerte, pero no lo es, sólo es un hombre enamorado que quiere sentir de que no lo está.
—Eso mismo quiero decirte Bill, está confundido, después de todos los comentarios sobre ustedes, creo que le entró la duda.
—¡Vamos con la siguiente canción señores, el unplugged tiene que estar listo también, así que todos a trabajar —dijo David, interrumpiendo la plática que teníamos Gus y yo.
Me dirigí hacia David, para decirle lo de la nueva canción que estaba escribiendo, para que le hiciera un campo en el CD.
—David necesito hablar contigo por favor. –pedí agarrándolo del brazo para que no se adentrara a la sala de grabación.
—Dime Bill.
Me miró atentamente, esperando que yo le dijera algo.
—Tengo una nueva canción, sólo le faltan unas líneas y unos retoques.
—Parece que ustedes dos se ponen de acuerdo. –dijo, mirando de reojo a Tom, que pasó al lado de nosotros. —Tu hermano Tom tiene una melodía nueva, pero no sabía con qué acompañarla. Tom ven para acá.
Tom llegó hasta donde estábamos nosotros, pero no me miró a los ojos, sino que bajó su mirada.
—Dime David.
—Tal parece que no tienen muy buena comunicación ustedes dos, porque Bill me dijo que tenía una nueva canción escrita y tú me dices que tienes una nueva melodía. Eso quiere decir que ninguno sabía lo del otro. Quiero que se pongan de acuerdo y arreglen la canción para poder incluirla en el disco. ¿Está bien?
Ninguno de los dos le repicó a nuestro manager, nos conocía muy bien, había pasado más de diez años con nosotros, sabía cuando estábamos distanciados, por algo sentía que era como el padre que jamás tuvimos, porque sé que Tom piensa lo mismo, aunque no me lo diga.
Lo vimos alejarse, dejándonos sumidos en un silencio que parecía taladrar mis oídos, quería que me dirigiera la palabra pero era tan testarudo como yo, que no quise insistir y cuando hice amago de marcharme, sentí sus manos sobre mi brazo, tan tibias y ásperas como la última vez que me acarició. Cerré mis ojos y paré la marcha, queriéndome hacer el duro, pero sabía que con él no podía.
—Bill —me llamó, y sentí que mi corazón se desbocó, parecía que se iba a salir de mi pecho. Golpeando fuertemente—. Necesitamos hablar.
No, yo no necesitaba hablar con él, no era necesario, yo necesitaba estar con él, volver a ser lo que cada uno de nosotros fue. Hablar, las palabras se las lleva el viendo. Pero aún así no me negué.
Di media vuelta quedando frente a él, Gustav y Georg estaban al otro lado de la puerta, ajenos a lo que pasaba afuera.
—¿De qué hablaremos? —dije secamente, tratando de que no quebrarme en esos instantes, de no tirármele encima y exprimirlo allí mismo con mis brazos. Suspiré hondo que sentí que me atragantaba con mis pulmones—. Ahora sí hay tiempo.
—Pero no será de lo que tú piensas, en realidad me importa la banda, mucha gente depende de Tokio Hotel y porque tú y yo estemos distanciados no quiere decir que la banda sea afectada por esto.
—En ningún momento he dejado que los mis problemas afecten la banda.
Todo ese tiempo Tom había burlado mis miradas, ignorándolas y mirando el piano que se encontraba en el lugar. Y fue allí cuando me miró. Los ojos, el espejo del alma, vi en ellos el vacío y la desesperación. Ya no tenían ese brillo que siempre los caracterizó.
—Los dos lo hemos hecho. Ahora David nos mandó hacer algo y tenemos que hacerlo, vamos Bill tenemos que ser los hermanos que éramos antes.
—Éramos dijiste, no será más. Y no te preocupes hoy termino la letra de la canción y podemos ensayar en la noche.
Me fui de allí, adentrándome al salón de grabación donde estaban mis amigos, lo dejé a él afuera, pensando, no me debilité y eso es un gran logro en mi ser.
**
La tarde pasó lenta y en el estudio el ambiente se tornó pesado. No obstante pude parecer normal, mucho más normal que los días anteriores, cualquiera podría jurar que no había pasado nada con Tom, traté de que fuera como antes, sólo como dos hermanos normales.
Una vez en mi habitación, retomé mi labor de escribir aquella canción que sacaba mis sentimientos más escondidos.
Encendí la lámpara y tomé mi lápiz, me concentré en los ojos de Tom. Suspiré y mi inspiración llegó.
“En tus ojos todo parece absurdo y vacío” sé que sufres, pero no quieres demostrarlos, pero tengo el don de ver más allá de lo que quieres demostrar a los demás.
“La nieve cae sola, hace ya mucho tiempo que no la sientes” te has acostumbrado a estar sin mí y aunque duela, te has familiarizado con la soledad.
“En algún lugar ahí afuera te has perdido” prefieres estar fuera de casa, que compartir el mismo techo conmigo. Pero ese no es tu hogar, tú hogar está aquí conmigo.
“Sueñas con el final para volver a empezar” deseas que nuestra vida termine en esta tierra y poder reunirnos en la otra vida y poder ser felices de una vez por todas.
“No sé cuanto más te podré sujetar. No sé cuanto más” algún día las fuerzas se me acabaran y ya no podré estar allí esperándote, deseando que me hables.
“Toma mi mano, volveremos a empezar, no saltes” yo te protegeré de todo lo malo, seré tu escudo, tu estandarte en las batallas que libraremos con los demás, sólo vuelve conmigo y empecemos de nuevo. No me dejes.
“Y si eso no te detiene, yo saltaré por ti” y si no quieres volver a mi lado, entonces seré yo quien se marche, no soportaré tenerte cerca sin poder abrazarte. Porque mi amor por ti es más grande que el amor a mi propia vida.
Releí lo que había escrito y me gustó mucho lo que leí, ahora sólo faltaba que Tom entendiera mis palabras.
El sonido de la puerta me espantó, ya que estaba concentrado en la canción que la noción del tiempo se perdió. Me levanté y me dirigí abrirla, encontrándome con Tom y su guitarra en la mano.
—Hola Bill —otra vez no me miraba a los ojos, me ignoró—. ¿Puedo pasar?
—Claro, pasa —me sentía incomodo, siempre había sido tan espontaneo con Tom, siempre en confianza, pero ahora no sabía cómo compórtame ante él—. Siéntate.
Lo invité y lo más cerca que estaba era la cama y se acomodó en ella, poniendo la guitarra aún lado. Y dejándose caer de espaldas, yo lo veía desde la entrada de la puerta, la cual cerré abruptamente. Viéndolo con los ojos cerrados encima de la mullida cama, sobre las sabanas que una vez sintieron nuestros cuerpos desnudos, amándonos limpiamente sobre éstas.
—Huele igual que la última vez —Me dijo, parecía que había leído mi pensamiento—. Eso no lo olvidaré jamás, aunque ya no estemos juntos, esas cosas quedaran en mi mente, lo que compartimos y vivimos son las memorias mi vivir.
—Tom yo…
Y me cortó.
—Bueno entonces, empecemos ya. –pidió, incorporándose en la cama, no me dejó terminar la frase.
Agarré el papel y me senté con él. Juntos, como antes, cuando escribimos In die Nacht y wir sterben niemals aus. Ahora, esta que llamaría Spring Nicht, que dolería cuando yo la cantara. Esperaba la melodía.
Tom agarró su guitarra, dejándola en su regazo, puso las manos en posición y empezó a tocar, una melodía de melancolía, cuando la escuchabas podías sentir como tu corazón se estrujaba con cada nota, mi hermano cerró fuertemente los ojos. Pude notar como a veces aguantaba la respiración, y los suspiros eran largos. Las lágrimas bajaron por mis mejillas, terminando en mi cuello, no las pude detener, la melodía y el dolor que sentía me hacían llorar, cosa que no quería hacer.
Y vi cómo una lágrima resbalaba por la mejilla de Tom, sabía que la había compuesto en estos días que estuvo alejado de mí, entonces hice que parara de tocar.
—Para Tom —él dejó de tocar, y disimuladamente limpió la lágrima. Limpiándosela en su camisa—. Empieza otra vez, que quiero cantarla.
Empezó otra vez y yo canté las primeras estrofas, él me miró con los ojos muy abiertos. Atentamente escuchaba y arrugaba su entrecejo. Nos tardamos dos horas acomodando la canción, después de las lágrimas, reímos, como cuando estábamos juntos. Parecía que todo había vuelto a la realidad. Hasta que vio la hora en el reloj.
—Me tengo que ir Bill.
—¿Es una broma? Duermes en otro cuarto, anda quédate —pedí. Ya me había prometido no pedirle nada.
—No Bill, no se puede, volveremos a lo mismo y yo. Yo no quiero pasar por lo mismo. Mejor me voy, hablamos mañana.
Agarró su Gibson y se marchó de mi habitación. Dejándome sumido en el infierno del desprecio. Otra vez, ya me había aburrido de llorar pero no podía hacer nada, así era eso.
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A David le encantó la canción que decidió hacer un single con ella y el video, el cual yo elegí el paraje y la temática, muchas veces me preguntó por qué era tan triste y por qué había decidido que alguien estaría al borde de la muerte sobre un gran edificio. Y le dije esta canción es realmente triste. Va de alguien que se rinde. Y en esos casos no puedes hacer nada. Esto es lo que queremos decir en la canción: no hay ningún motivo para rendirse! De alguna forma, todo sale adelante! Por suerte yo nunca me he sentido así. Pero el año pasado recibimos muchas cartas de fans que estaban desesperados. Algunos escribían que nuestra música las ha salvado de rendirse. Eso nos conmueve.
Mentí, pero era la mejor escusa para tapar el verdadero significado de algo que nadie debería saber, era mejor que pensaran que era por las fans y por no rendirse.
Nuestro manager quedó feliz con mi respuesta e hizo todo lo posible para poder hacer bien el video que yo había pedido. A Georg y a Gustav les había gustado la idea, pero a Tom no le gustó para nada, una cosa era la canción y otra el estar en un edificio a punto de suicidarte.
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—Toma 45, escena de la azotea —gritó el camarógrafo y la cámara empezó a grabar.
Ahí estaba yo, arriba de un gran edificio, haciendo un video que relataba mi vida perfectamente. Yo frente al abismo, atrás estaba Tom, mal humorado porque no quería que yo hiciera eso en el video, pienso que realmente cree que me quiero suicidar, pero jamás lo haría.
—Muy bien Bill. Eres un buen actor —sonreí, qué irónico había sido el comentario, ya que en realidad ninguna de las caras que puse habían sido actuación, todo había sido real.
Mis lágrimas, el sentirme allí. La producción quería poner a una chica en mi lugar, para que yo llegara a rescatarla y me negué rotundamente, si el verdadero personaje de esta historia no lo haría entonces yo lo representaría. Ya que al que me refería era a mi gemelo. Pero creo que Tom todavía no captaba mensaje y seguí reprochándome el hecho del suicidio.
—Te dije que no lo hicieras pero eres un necio —soltó, ya cuando habíamos terminado de firmar la escena de la azotea. —Detesto verte caer. No quiero que mueras Bill.
Reí tontamente al escuchar su comentario.
—No moriré, jamás lo haría, nunca me suicidaría, no soy tonto, vamos Tom ¿no entiendes la canción ni el video verdad? —volví a reír. A juzgar por la cara que puso mi hermano, no entendía nada—. Es una metáfora.
Seguía totalmente perdido. Todavía no se daba cuenta de lo que decía.
Tres días después de mucho trabajo y empeño, al fin terminamos la grabación del video, nos entrevistaron y fuimos lo más cortés que se puede. Sonreí y bromeé con Tom. Para las cámaras todo estaba normal.
Pero en mi interior todo estaba derrumbado.
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—Bueno chicos ya tengo el video, recién salido del horno, así que listos para verlo.
David encendió el televisor y el DVD, yo estaba nervioso, parecía que aquello que iba a ver, era nuestro primer video. Estábamos en la sala, todos sentados en el mueble más grande, amontonados, como cuando vimos por primera vez durch den monsun, con alegría e ilusión. Pero ese día no había ninguna de las dos cosas.
Nuestro manager se sentó en uno de los brazos del mueble, cerca de donde Tom estaba, yo estaba al otro lado, lejos de él.
Apretó el botón de play y empezaron a sonar las sirenas, vi cómo me subía al muro del edificio, relajé los músculos de la cara, para aparentar que estaba tranquilo. Miré a Tom y él a mí, sus ojos apagados y vacios, volvió a dirigir a la mirada a la pantalla reluciente del televisor.
Yo me estrujaba los nudillos. Georg estaba anonadado viendo el resultado, al igual que Gustav, lo único que él sabía lo que en realidad pasaba en ese video y noté su tristeza.
Me vi corriendo por las escaleras, tras aquel amor que se alejaba de mí, verme hacer eso dolía mucho, a la mitad de las gradas me quedé respirando agitadamente, estaba cansado, como en la vida real, pero no me dejé caer por eso y seguí corriendo, hasta que vi a Tom reflejado en mí, su reflejo con mi cuerpo, por eso decidí ser yo el que estaría a punto de caer y yo mismo el que llegaba a salvarme.
Llegué hasta él. Él me miró y lloró. Yo le tendí mi mano pero me ignoró. Al final su alma bajó hasta mí, perdiéndose en mi cuerpo, pero su carne seguía esperando el momento para saltar. Segundos después cayó de espaldas y no pude hacer nada.
Todo tenía lógica. Fue cuando Tom se levantó del asiento claramente se le veían las lágrimas resbalando y no quería que nadie más se diera cuenta. Mis amigos de la banda celebraron el excelente desenlace de nuestro video. Pero para mí era el video de Tom y nuestro amor.
Me disculpé alejándome de donde estaba, mis compañeros sólo vieron como me alejé pero no replicaron para que me quedara, así que fui hasta la habitación de Tom y toqué la puerta, pero ésta no se abrió. Pegué mi oído a la puerta para poder escuchar algo dentro, pero no se escuchaba nada. Y a lo lejos noté que la puerta que daba al balcón estaba abierta e inmediatamente corrí hasta ella.
Estaba apoyado en la rejilla, Tom se había quitado la gorra y se soltó las rastas, estaba con un cigarro en la boca, succionó y después tiró el humo, me relamí los labios al verlo hacer eso, era de noche y el viento que corría estaba frío. Mi pelo se mecía conforme impactaba contra él.
—Así, que no se trataba de un suicidio —Dijo, mirando el horizonte, volvió a darle una calada al cigarro—. Te vi morir en ese video y créeme no me gustó para nada. Pensé que serías más fuerte.
—No quiero morir, ya te dije todo es una metáfora, no entiendes —me acerqué a él, quedando muy pegado, él echó el humo pude verlo salir de su boca—. Deja eso, hablemos en serio, ya me cansé de esta situación.
Me volteó a ver y levantó una ceja, asintió con la cabeza y tiró cigarro al aire. Se dio media vuelta quedando recostado de espaldas, eso me dio miedo e hice que se quitara de ahí. Lo jalé hacía el sillón que había en ese lugar, donde siempre íbamos a ver las estrellas, cuando nos poníamos cursi uno con otro.
Se sentó y suspiró frustradamente, tal vez odiaba el hablar conmigo, pero sería la última vez que insistiría con esto, jamás le volvería a decir que volviera conmigo.
—Te amo Tom —otra vez no me miraba. Así que agarré su barbilla y la guié hasta que sus ojos se posaron en mí. Dejándome ver esos ojos que extrañaba y aunque eran exactamente a los míos, no era lo mismo para mí—. No saltes. No me dejes.
Tom abrió mucho los ojos, y supe que había comprendido lo que le quise decir en la canción y el video. Se quedó unos momentos escaneando mi cara, parecía que nunca me había visto antes.
—Yo también te amo Bill. Pero esto no puede ser.
—Ya me cansé de esto —dije y me abalancé sobre él, empujándolo para que quedara acostado de espaldas al mueble, era grande y perfectamente podía quedar acostado. Me acosté sobre él, lo sentí temblar, sus ojos eran como los de un niño pequeño, ahora podía ver el brillo en ellos, ese que se negaba a demostrar—. Te amo kaulitz y eres mío, así que no lo niegues.
Bajé mi cara con cuidado, agarré sus manos, poniéndolas sobre su cabeza él se dejó, estaba a mi merced. Acerqué mis labios y los pegué a los de mi hermano. Sentí su frío piercing impactar contra mis labios. Él suspiró y cerró los ojos. Yo jalé su labio inferior con mis dientes, sentí su respiración agitada. Pero no se movía de donde estaba. Me alejé un poco de su cara y vi las facciones de su cara, relajadas completamente.
Abrió su boca invitándome a entrar y lo besé, moví mis labios en contra de los suyos, sentí su lengua jugar con la mía, después de muchos días sentí su sabor, aunque en ese momento sabía a tabaco y a su saliva.
Bajé mis manos, yo seguía besándolo chupándolo impregnándolo de mi saliva. Subí su camisa y colé mis manos bajo ella, tocando su abdomen caliente, lo sentí estremecerse y mordió mi labio superior. Jadeó y habló contra mi boca, no entendí nada, entonces me alejé para dejarlo hablar.
—Esto está mal Bill —rodé los ojos, el beso no había sido suficiente para él—. Alguien nos puede ver, así que vámonos para nuestra habitación.
Por Dios Tom había reaccionado, sabía que al sentirme cerca él volvería a ser el mismo Tom de antes.
Reí contra su boca y jalé suavemente uno de sus pezones. Berreó, sabía que le gustaba eso.
—Vamos, pero no quiero que pienses esas cosas otra vez.
Él sonrió, se veía tan lindo, ese era mi Tomi, al que yo estaba acostumbrado. Me incorporé, sentándome en el mueble, él hizo lo mismo y me sonrió, sus mejillas se tornaron rosa, claramente estaba avergonzado, raro en Tom que siempre estaba al acecho.
—Perdóname Bill, jamás volverá a pasar. Realmente me sentí confundido, pensando si te podría hacer feliz o no. Y la única manera de saber lo que iba a pasar era dejándote. Cosa que me salió muy cara, porque mis días sin ti estuvieron muy amargos.
—Tom —Dije, acariciándole las rastas—. ¿De verdad no ibas a volver conmigo?
Él sonrió.
—No lograría vivir un día más sin ti. Es más, el verte en el video, me hizo sentir mal, pensando que podías tomar una mala decisión. Y lanzarte al vacio.
Me reí en su cara.
—Pero dime. ¿Si te gustó el video?
—La verdad sí, más sabiendo que todo va dedicado a mí. Pero me veo fatal en ese video, parece que soy yo el que me quiero morir y no tú —bromeó. Ya volvíamos a sentirnos en confianza.
Nos levantamos y quedamos uno enfrente del otro, nos dimos un beso, de eso que nos dábamos cuando estábamos niños, casto y limpio. Que hizo que mi estomago ardiera y, mi piel se erizara con el contacto de sus suaves labios. Todo aquello era de novela romántica, la luna estaba arriba iluminándonos, con su luz tenue. Sólo los tres. En aquella azotea. Dándole el amor a mi hermano, al único que nunca dejaría por nada del mundo y sé que después de eso, él tampoco me dejaría.
Nos prometimos nunca tocar el tema de: si, seguimos o no, esto sería hasta la muerte, él y yo juntos, hasta el final de los días.




