Yey, vengo a joder con historias en tooodos lados. Pues resulta que tengo una anécdota que contar, así en confianza porque somos sisters y eso. Aparte de que muchas saben cuál es la posición que tiene el blog con respecto a ciertas personas, sus creaciones o comentarios. No sé si recuerden, al menos las que me insultaron de muchas formas sí, me imagino, yo hice la entrada de Muñeco Plagiador, o entradas, en su defecto. El resto de administradoras (cabe decir que yo no lo soy, soy colaboradora aquí) me respaldaron e incluso dieron una plausible introducción a mis entradas, explicando la denuncia del plagio de Muñeco y demás y cómo ese fic había dañado al fandom (se aprecia también esto en la app, con ciertos comentarios spam). El punto es que… si tú dices la palabra ‘muñeco’ en ese mismo instante lo relacionan con Sarae y sus historias, o recopilación de mangas y animes, y qué pasa; que yo con mi individualidad y derecho de autora se me ocurrió una historia en donde Bill es un muñeco, NO PLAGIANDO A NADIE, no, hablo de que es un muñeco de trapo común y corriente, o bueno, no tanto (si es que lo leen lo comprenderán). Así que… si leen este shot, hagan un comentario constructivo y no me comparen con Sarae porque esto ni en mil años se parecerá a Muñeco, que es algo que SÍ ES MACABRO.
Sin más qué acotar, les dejo el resumen y el shot.
Título: Corazón de algodón.
Resumen: Para cada roto hay un descosido, y para cada muerto hay un corazón cosido.
«—Entonces ¿qué quieres que haga?
—Quiero que… destroces mi corazón.
—¿Qué dices? ¿Cómo?
—Como quieras.»
Déjame entrar, John Ajvide.
Capítulo único
Lo sujetaba por su deshilado cuerpo, lo alzaba y le hacía sentir que podría tocar el halo de luz que se encontraba en el techo. Le daba vida, le hacía formar palabras que nunca salían de su boca hecha a base de botones pero que eran escuchadas a través de los labios carnosos y rosáceos del pequeño. Se preguntaba a quién interpretaría en esta ocasión, o si solo se mantendría inmóvil en su estante, viendo embelesado al niño jugar con otros juguetes, o solo hacer los deberes. No le importaba, todo estaría bien mientras estuviese a su lado, ya que se sentía útil de nuevo en manos del infante, un muñeco de trapo destruido como él no encontraría otro hogar, ni otra persona que le quiera como el rubio. ¿Cómo siquiera jugaba con él? Le faltaba relleno, algunos botones se hallaban salidos y sus hilos le colgaban…
—Bill, Bill, deja de mirar al chico, lo asustarás y se deshará de ti, ya sabes cómo se ponen algunos al sentir la mirada fija de un muñeco —aconsejó el peluche de payaso que se hallaba junto a Bill.
—Es que no lo comprendo, Bufón, Tom podría regalarme o botarme a la basura y, ¿por qué no lo hace? A veces siento que no hay niño más hermoso que él, esa bondad que alberga dentro de sí, esa inocencia, no es cruel —sus hilos se tensaron al recordar a su antiguo dueño—. Es… perfecto.
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