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	<title>TwcKaulitz &#124; Twincest Fansite &#187; 3 Fan Fiction</title>
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		<title>Sonata a Dos Tiempos, Interludio: Cenizas del pasado. by Aelilim y Princess of Darkness</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 03:46:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Princess of Darkness</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un gusto saludarles de nuevo, esta vez con un pequeño Interludio dentro de Sonata, un interludio es una composición musical corta, que sirve de intermedio en la parte instrumental. Nuestra Sonata se ha ido desarrollando en sus tiempos justos y hemos pasado desde el Allegro y bajado hacia las partes más obscuras, hoy un pincelado del pasado, como siempre les agradecemos sus comentarios y su lectura.

Besos.


En esta ocasión les dejamos el link de un aria totalmente significativa para el capítulo.

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<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Interludio</h3>
<h4 style="text-align: center;">Cenizas del pasado</h4>
&#160;

Tom guardó lo que pudo bajo la atenta mirada de Richard, sin dejarse convencer por la súplica implícita de aquellos ojos que sabía que podían ser tan fríos como el mismo acero. Cerró su última valija y se pasó las manos por las sienes. Ahora sí se iría, cerraría la puerta para nunca más volver a ese espiral de destrucción del que era parte; lo veía posible, era lo más que había avanzado en todos los intentos fallidos de querer marcharse.

—Llamaré un taxi —anunció en un murmullo más para sí mismo que para alguien más.

—No puedes dejarme, Tom, tú eres mi combustible.

La frase era directa y, sin poderlo evitar, le conmocionó hasta hacer que sus manos le temblasen y dejase de marcar por un segundo. Siempre era así, un constante tirar y soltar, y sentía que no podía más. Se llevó el teléfono al oído al escuchar a la operadora y dio la dirección.

—Richard, ha sido suficiente —dijo cuando colgó. Solo unos minutos más… Solo eso—. Nos estamos haciendo dañando, y…

Richard se había levantado y estaba a su altura, le detuvo de seguir hablando rodeando su brazo con una mano y apretando con violencia.

—¿Ahora qué? —dijo buscando que lo mirase. Tom bailaba sus ojos de un lado a otro, no quería verle o se iría a la mierda. Trató de zafar su mano pero no pudo.

—Esta vez lo haré, irme —pronunció con tal determinación que a él mismo se le antojó trágica. Fue entonces que abrió sus orbes y se topó con las gruesas lágrimas de Richard bajando por sus mejillas pero con su rostro que permanecía impasible. Eran esos contrastes los que lo asustaban, esa capacidad para reír con amargura, para llorar sin expresión, para amarle sin tocarlo, para verle y moverle el mundo en un segundo.

Le soltó, y exhaló el aire que sus pulmones contenían. Ninguno de los dos se movió un centímetro.

(continuar al TAG)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es un gusto saludarles de nuevo, esta vez con un pequeño Interludio dentro de Sonata, un interludio es una composición musical corta, que sirve de intermedio en la parte instrumental. Nuestra Sonata se ha ido desarrollando en sus tiempos justos y hemos pasado desde el Allegro y bajado hacia las partes más obscuras, hoy un pincelado del pasado, como siempre les agradecemos sus comentarios y su lectura.</p>
<p>Besos.</p>
<p>En esta ocasión les dejamos el link de un aria totalmente significativa para el capítulo.</p>
<p><object width="560" height="315" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/c3iFRaTwwj0?version=3&amp;hl=es_ES" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="560" height="315" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/c3iFRaTwwj0?version=3&amp;hl=es_ES" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object></p>
<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Interludio</h3>
<h4 style="text-align: center;">Cenizas del pasado</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom guardó lo que pudo bajo la atenta mirada de Richard, sin dejarse convencer por la súplica implícita de aquellos ojos que sabía que podían ser tan fríos como el mismo acero. Cerró su última valija y se pasó las manos por las sienes. Ahora sí se iría, cerraría la puerta para nunca más volver a ese espiral de destrucción del que era parte; lo veía posible, era lo más que había avanzado en todos los intentos fallidos de querer marcharse.</p>
<p>—Llamaré un taxi —anunció en un murmullo más para sí mismo que para alguien más.</p>
<p>—No puedes dejarme, Tom, tú eres mi combustible.</p>
<p>La frase era directa y, sin poderlo evitar, le conmocionó hasta hacer que sus manos le temblasen y dejase de marcar por un segundo. Siempre era así, un constante tirar y soltar, y sentía que no podía más. Se llevó el teléfono al oído al escuchar a la operadora y dio la dirección.</p>
<p>—Richard, ha sido suficiente —dijo cuando colgó. Solo unos minutos más… Solo eso—. Nos estamos haciendo dañando, y…</p>
<p>Richard se había levantado y estaba a su altura, le detuvo de seguir hablando rodeando su brazo con una mano y apretando con violencia.</p>
<p>—¿Ahora qué? —dijo buscando que lo mirase. Tom bailaba sus ojos de un lado a otro, no quería verle o se iría a la mierda. Trató de zafar su mano pero no pudo.</p>
<p>—Esta vez lo haré, irme —pronunció con tal determinación que a él mismo se le antojó trágica. Fue entonces que abrió sus orbes y se topó con las gruesas lágrimas de Richard bajando por sus mejillas pero con su rostro que permanecía impasible. Eran esos contrastes los que lo asustaban, esa capacidad para reír con amargura, para llorar sin expresión, para amarle sin tocarlo, para verle y moverle el mundo en un segundo.</p>
<p>Le soltó, y exhaló el aire que sus pulmones contenían. Ninguno de los dos se movió un centímetro.</p>
<p>—Necesito que sientas que te amo, Tom, no me perdonaría que creas que eres palabra dicha para mí. Sabes que sin ti no me levantaría por las mañanas y no habría nada que me hiciera querer regresar a estas paredes —su voz no dejaba de ser fuerte pero sonaba amarga.</p>
<p>Calló bruscamente y se quitó, dejándole el camino libre.</p>
<p>Y eso fue lo peor de todo.</p>
<p>Porque si hubiera ofrecido resistencia, si en vez de darle espacio para que tomase la decisión se entercase, le agarrase del brazo y mostrara en acto lo patético de sus palabras, Tom hubiese podido decir “no, ya no”. Pero ese no era el caso, y a pesar de que avanzó unos pasos con su equipaje y llegó a sujetar el mismo picaporte de la puerta, no hizo más. Se quedó como una jodida figura de cal, una vacía por dentro.</p>
<p>Quieto como estaba, Richard se aproximó y le acarició la mano, obligándolo a girar hacia él y dirigiendo su mano que no había soltado a su corazón. Tom sintió los latidos apresurados y suspiró. Era lo más lejos que había llegado, sí, pero no había sido suficiente.</p>
<p>—Yo te voy a dejar —se dijo mascullando, descansando totalmente su palma en el pecho de Richard, quien acortó la distancia pegando sus cuerpos, haciendo que el brazo de Tom quedara entre ellos doblado como una trinchera tras la cual ocultaba un último recurso de protección.</p>
<p>Tom le rodeó con el otro brazo y lo atrajo hacia sí, dejando que reposara su rostro en su hombro y besando su cabellera negra. Richard coló su mano debajo de la camisa de Tom y acarició su espalda, la masajeó con ternura.</p>
<p>—Cálmate, ¿sí? —pidió con cierta ternura.</p>
<p>Ahí fue donde Tom se rindió, quitó su brazo de en medio y se abrazó al cuerpo del otro chico. Sus hipotéticas fuerzas fueron reducidas a nada cuando sus pechos estuvieron en contacto y sintió cómo su corazón se sincronizaba con el otro, a eso se resumía su felicidad.  Sus lágrimas cayeron por su rostro, y el sentimiento de impotencia, y la convicción de haber sido derrotado le invadió una vez más.</p>
<p>Después de despedir el taxi, el proceso de poner cada una de sus pertenencias devuelta a su sitio fue largo y pesado bajo el escrutinio de Richard que se sentó en un buró y se puso a beber uno de sus vinos. De fondo se escuchaba el Nocturno de Tchaikovsky que brindaba su propia cuota de pesadumbre a su ya pulverizado ánimo.</p>
<p>—Traes la cara de haberte resignado a ser encerrado en un hospital psiquiátrico —se mofó Richard.</p>
<p>—¿Qué tanto se aleja ese lugar de este? —replicó con extrema suavidad.</p>
<p>—Me estás hiriendo, Tomi.</p>
<p>Tom no viró hacia Richard y se obligó a concentrarse en la tarea que realizaba. Si lo pensaba, Tchaikovsky era un buen acompañamiento, no muy lento, doloroso en cada nota, era como la banda sonora de su sometimiento. Cuando terminó, se desplomó en su cama. Tenía todavía un par de horas antes del ensayo de la filarmónica. Pronto el colchón se hundió bajo el peso de otra persona y sus labios fueron rozados por otros con cargado sabor a alcohol.</p>
<p>—¿Estarás cuando vuelva? —preguntó levantando los párpados y encontrándose con la intensa mirada de Richard que había apoyado la cabeza en un brazo y dibujaba círculos invisibles en su brazo.</p>
<p>—Sí.</p>
<p>No le creía.</p>
<p>***</p>
<p>Tom estaba exhausto. La práctica había sido especialmente pesada para él, tal vez por su estado de ánimo, tal vez porque el buen humor de Georg había sido como una bofeteada a su mejilla herida, el remordimiento sumándose por no confiar en su mejor amigo. Esperaba encontrar un departamento vacío, en vez de eso le recibió el sonido del televisor prendido y de la licuadora.</p>
<p>—¿Richard? —hesitó.</p>
<p>—Tu tono me grita sorpresa. ¿Por qué pensaste que no estaría? —preguntó Richard, besando su mentón a tiempo que deslizaba su mano por su brazo hasta llegar a sus dedos y le liberaba del peso de su chelo.</p>
<p>Lo abrazó con tal ímpetu que no pudo precisar si alguna parte de su piel estaba mínimamente separada de Richard, cerró los ojos, sintiéndose como protegido, y estremeciéndose cuando una lengua serpenteó en su oreja susurrando algunas líneas en latín. Sus piernas parecieron no quererle sostener más.</p>
<p>—No, no quiero —musitó sin convicción y con una sonrisa en los labios.</p>
<p>—Solo una vez —pidió Richard.</p>
<p>—Estoy cansado</p>
<p>—Oh, Tomi, Tomi, ¿estás cansado para mí?  —Tom rió brevemente, y fue como si en esa risotada genuina se liberara un poco del pesar que tenía en cada tejido. Se liberó del agarre de Richard con delicadeza y se quitó la bufanda del cuello, desabotonando los primeros botones de su abrigo—. Mira que incluso hasta la cena te he preparado.</p>
<p>Tom no pudo resistir más, el corazón latiéndole de <em>amor</em>, y una sonrisa se alojó en sus labios.</p>
<p>—Está bien. Ganaste. —Richard sonrió, pagando el televisor.</p>
<p>Había ganado. Como siempre.</p>
<p>Terminó de librarse de su abrigo y sacó su violonchelo de su estuche, acomodándolo entre sus rodillas después de poner la pica y revisar su arco. No hubo demora para que la música brotara con facilidad de sus dedos e inundara la estancia. Richard se había sentado al frente de él con las piernas encogidas y los ojos cerrados, dejándose llevar, moviendo los brazos al son de su composición, la cual había iniciado poco antes de formalizar su relación con Richard y seguía progresando a pasos intermitentes.</p>
<p>Era una melodía de varias partes, comenzaba como un ritmo alegre y danzarín pero a medida que avanzaba se tornaba oscura, algunos pasajes eran como una exaltación sublime a la melancolía, y esos precisamente eran los favoritos de Richard, quien se atribuía ser la inspiración.</p>
<p>Plectro puro de la parte más atormentada de la vida de Tom.</p>
<p>Nada tan cerca de la verdad.</p>
<p>—¿Cuándo la acabarás? Quiero escucharla finalizada —dijo Richard cuando quedó el silencio, aproximándose y una vez más quitándole el chelo. Tomó una de sus manos y le acarició la palma con las yemas de los dedos.</p>
<p>—Sabes que no tengo idea —dijo algo forzado—. Me has cocinado, uh, ¿qué es?</p>
<p>—Ya verás, te encantará, ambos sabemos que vives por mi sazón. —Tom dejó ir un sonido vago de aprobación y Richard siguió acariciándole las manos, los dedos, repartiendo besos en las callosidades y repasando sus líneas—. Amo tus manos, lo juro, podría hacerles el amor día y noche.</p>
<p>Tom sonrió casi con timidez.</p>
<p>—No son tan geniales, pero creo que con mantener contento al dueño… —La característica carcajada de Richard le interrumpió.</p>
<p>—No seas modesto, por favor, Tom —pidió jalándole hacia él y sentándole encima de su regazo—. Sabes que no soy ningún ciego –remarcó acariciándole las manos de nuevo—, que yo tenga el placer de convivir contigo no significa que el resto de la humanidad no le den pleitesía. El mismo Rattle vive fascinado con lo que hacen.</p>
<p>Tom arqueó la ceja y le dio un suave beso.</p>
<p>—No tocaré de nuevo mi composición —dictaminó con fingida determinación.</p>
<p>—Vamos, sabes que el chelo es mi fascinación, si no fuera alcohólico sería músico.</p>
<p>— No eres alcohólico, eres catador.  Y no vuelvas a dejar que un comentario estúpido de Georg se te quede en la mente, eh.</p>
<p>Richard le clavó los ojos grises en los suyos, esos que le reglaban gratuitamente estremecimientos de los que le llevaban al infierno y al cielo, y le hizo caer tendido en el sillón, subiéndose a su cuerpo en cuestión de un pestañeo y tomándole de las mejillas.</p>
<p>—Me conoces más que eso, Tomi. Lo que diga Georg o no, no me afecta.</p>
<p>En el beso que siguió y la sucesiva cena después de un “ahora sí, a alimentarte”, Tom no impidió repasar obsesivamente lo que Richard había dicho sobre conocerlo. Recordaba la primera impresión que se había llevado de él, había sido atraído como abeja a la miel por esa seriedad y conocimiento profundo de la música y literatura clásica. Enterarse del campo laboral en el que se desenvolvía y la gente con la que se rozaba había hecho que la secreta y ligera admiración creciera.</p>
<p>Esa admiración no se había eclipsado del todo a pesar de las numerosas decepciones.</p>
<p>A veces creía que su amor era tan ciego y emocional que no quedaba más trayecto que la destrucción de la relación para darse cuenta de qué tan erróneo era; otras, cuando más positivo estaba, lo veía como fortaleza personificada, una que podría vencerlo todo.</p>
<p>Incluso adicciones.</p>
<p>—¿Sabe bien?</p>
<p>—Sabes que sí —respondió antes de beber agua.</p>
<p>Richard era un cocinero talentoso. Era de esa extraña “raza” que destilaba talento en cada actividad que emprendiera. Siguió comiendo, siendo partícipe de la charla entre bocados, y sonriendo. El hecho de que esa misma mañana hubiese explotado era como un recuerdo difuso, al igual que sus razones.</p>
<p>—Esta noche tengo ganas de dormir desnudo. —Tom rió sin dejar de fregar el servicio.</p>
<p>—¿Con esta temperatura? Estás loco.</p>
<p>Locura, demencia, enajenación pura, eso era. Y Tom se sintió contradictoriamente feliz.</p>
<p>***</p>
<p>Una pastilla, dos pastillas, tres, cinco, incontables en total. La habitación estaba sumergida en las tinieblas excepto por una leve y amarillenta luz brindada por los faroles de la calle, y era en esa luz en la que podía apreciar la figura de Richard sentado en el alféizar, desnudo, tomando píldoras a lo seco como si se tratase de caramelos. Sus manos tenían un tenue temblor y no era necesario que lo tocase para saber que estaba congelado de frío. Había sido cuando dejó la cama que instantáneamente despertó pero no hizo ningún movimiento. Craso error, porque ahora la parálisis seguía ahí.</p>
<p>Estaba presenciando cómo su novio se arrojaba a la decadencia.</p>
<p>—¿Richard? —tanteó con voz apagada.  Lo hacía por gusto. Sabía que no voltearía a verle por horas si tenía suerte, de lo contrario y si no lograba ignorar el hecho, el asunto concluiría en lágrimas, y si se empeoraba todavía más, en alguna tétrica escena de dolor.</p>
<p>Se incorporó un poco y encogió sus piernas, abrazándolas, apoyó el rostro en ellas y apretó los párpados. “No estoy aquí”, trató de auto-convencerse, “él no está así”, repitió. Percibiendo cómo los ojos se le humedecían se los talló con brusquedad y trajo a su memoria los besos de hacía unas horas. Inconscientemente llamó de nuevo a Richard. Nada sucedió a excepción de la ventana siendo abierta y un frío agudo penetró calándole. Se levantó y cubriéndose con una manta caminó con cierto sigilo hacia él.</p>
<p>—Está helando —comentó con descolorida esperanza. Richard estaba golpeando nerviosamente los dedos sobre la ventana a un ritmo impaciente—. Quizá… quizá deberías… —Tom guardó silencio y acortó el espacio, envolviéndole por la espalda con la manta y lo apretó contra su pecho. El segundo se hizo eterno hasta que sintió que el otro se liberaba de sus brazos y lo empujaba.</p>
<p>Al recuperar el equilibrio se topó con una mirada vidriosa, cruel. Richard chasqueó los dedos y le señaló la cama.</p>
<p>—Duerme y no jodas —barbulló.</p>
<p>—Vete a la mierda —dijo al recuperarse de la impresión. Richard solo le trataba rudamente cuando estaba en ese estado, y no era la primera vez, pero siempre el golpe certero y directo se asemejaba a un derechazo en el estómago.</p>
<p>—En esas ando —se atrevió a decirle Richard con una sonrisa macabra. La luz de los faroles le daba un aura tan oscura que Tom sintió que la cena que con tanto disfrute había comido se le subía a la garganta—. Tomi.</p>
<p>—No me digas así —dijo con firmeza—, sabes que lo odio cuando estás drogado.</p>
<p>No prestó atención a la respuesta sarcástica que recibió y con verdaderas prisas se vistió con las prendas que había descartado horas antes. Debía irse del departamento, y debía hacerlo ya mismo. Vestido y con su teléfono y chelo a la mano, maldijo al no encontrar sus llaves. La casa que compartía con Georg era su destino obvio;  era cierto que prácticamente vivía con Richard, sin embargo, siempre podía regresar a esa casa como un refugio.</p>
<p>—Mierda —gruñó cuando su segunda búsqueda fue infructuosa.</p>
<p>No podía hacer algo más que despertar a Georg e inventarse cualquiera excusa estúpida de pelea con Richard, algo que siempre evitaba hacer en un intento de mantener eso como privado. No quería que le juzgasen, tampoco quería que juzgasen a Richard. Fue en la cocina, entre un manojo de documentos junto al frutero que encontró las condenadas llaves. Se estaba apresurando para coger su violonchelo cuando al llegar a la sala vio a Richard con una bata manipulando el equipo de música.</p>
<p>—¿Te irás? ¿Me vas a dejar? —preguntó Richard sin girar. De pronto Casta Diva en todo su esplendor  y sufrimiento se dejó escuchar.</p>
<p>—Me dijiste que no jodiera —respondió Tom. Estaba en zona peligrosa, y sentía un hormigueo en la nariz que nunca era buena señal. Dirigirse a la puerta acelerado no era huir, era un mero intento desesperado por evitar el caos.</p>
<p>No lo consiguió.</p>
<p>—Oh, Tomi… —El susurro no logró frenarlo pero Richard haciéndole soltar el estuche de su chelo y agarrándole de los brazos sí—. ¿Oyes la música? ¿Uh, la oyes? Dime que sí. Baila conmigo.</p>
<p>Tom no quería, luchó por liberarse pero Richard, solo unos pocos centímetros más bajo que él, no era un oponente débil. Dieron vueltas en un burdo baile forzoso en el que trastabillaron varias veces y se chocaron con varios muebles hasta que volcaron una lámpara y la hicieron añicos.</p>
<p>—Estás descalzo, te vas hacer daño —quiso advertir. Richard sonrió, ladeó la cabeza, y abrazándose a él pisoteó los fragmentos, haciéndole bailar de nuevo y empezando a cantar a la par de la soprano.</p>
<p>La sangre de los pies de Richard en la alfombra era una imagen que a Tom se le quedaría grabada en la mente para siempre. Se inclinó de golpe para impedir que los cristales siguieran hiriéndole y justo cuando iba a recogerlos, su novio le asió del brazo y con vigor le hizo enderezarse.</p>
<p>—¿Qué haces? ¿Por qué quieres lastimarme? —le inquirió con nerviosismo—. Si las lastimas me lastimas  a mí, ¿es eso, Tomi? —pregunto soltándole despacio—. ¿Quieres lastimarme?</p>
<p>Se refería a sus manos, lo notó por la mirada desesperada que le dirigía. Tom se soltó con violencia, no quería más silencios eternos y luego palabras hirientes.</p>
<p>—Y ahí vas de nuevo fingiendo que me dejas. Eres patético, Tomi, simplemente patético —recalcó Richard caminando tras él, volviendo a sujetarlo entre sus brazos—. Agarra valor de una buena vez y lárgate, vamos, hazlo… ¿Sabes por qué me amenazas a cada respiro que te vas? Porque te sabes necesario para mí —gritó repentinamente, antes de desaparecer hacia su dormitorio.</p>
<p>Eran las pastillas las que hacían surgir la parte más horrible de Richard, estaba consciente de eso. Tom aspiró un par de veces profundo y fue hacia la puerta, no llegó lejos debido a que ni siquiera Casta Diva que estaba en modo repetición y a volumen alto le impidió escuchar el sonido de objetos siendo destrozados. Murmuró insultos sin destinatario fijo y dio media vuelta, a sabiendas de que <em>finalmente</em>, no se marcharía, cada fibra la tenía invadida de temor de que Richard se hiciese daño.</p>
<p>El dormitorio estaba un desastre, varias cosas habían sido estampadas contra la pared y ni un mueble estaba en su lugar.</p>
<p>—Mira lo que estás haciendo —murmuró Tom, encendiendo la luz. Cuidando de no pisar nada, fue a sentarse al lado de Richard.</p>
<p>—Diría que lo siento pero la verdad es que no sé. Tus amenazas de dejarme me vuelven loco.</p>
<p>Richard parecía haber vuelto a sus cabales, podía ser temporal, pero… Sin decir nada, Tom fue al el baño y trajo el botiquín consigo, curó los cortes sin encontrar resistencia, aliviado de que a pesar de la sangre no fuesen profundos. Odiaba ver a Richard así, hasta le hacía desear que sus ojos fueran solo cristal y frialdad, pero ahora no eran más que melancolía pura, dolor palpable.</p>
<p>—No te dejaré —afirmó con tranquilidad al acabar de vendarle los pies</p>
<p>—Lo sé —fue la respuesta que recibió.</p>
<p>Era incoherente. Richard era incoherente, mostrando ese miedo que parecía más que genuino de ser abandonado para luego decir con algo similar a la indiferencia que estaba al tanto de su incapacidad de cortar lazos. Tom no pudo evitar que una parte de él se irritara, uniéndose a su previa preocupación, a su amor constante y castigador, a su debilidad.</p>
<p>La pregunta que “y ahora qué” que le cruzaba la cabeza fue respondida por un beso súbito y doloroso, los dientes de Richard se ensañaron con su labio inferior hasta hacerlo sangrar. Los ojos de Tom se abrieron en sorpresa pero no opuso resistencia al sentir cómo Richard bebía su sangre y la mezclaba con su propia saliva.</p>
<p>El sabor que tenía el beso, más que sangre, era de impotencia, suya, de Richard, inclusive de Casta Diva.</p>
<p>—No… —intentó negase lánguidamente cuando Richard le acarició por encima del pantalón con la palma.</p>
<p>—¿Por qué no?</p>
<p>Los motivos se le juntaron en la punta de la lengua, uno tras otro, y el pecho se le encogió, sin embargo, Richard ya estaba haciéndole echarse en la cama y poniendo su peso encima de sus piernas a la vez que volvía a besarlo con el mismo arrebato. No quería, pero su cuerpo empezaba a reaccionar. Tom especuló con quitárselo de encima y no ceder, pero era inútil, esa cercanía era la que le brindaba razón a todo, sentir su corazón latiendo contra el suyo era suficiente. Detuvo el beso, y enredó sus manos en su cabello jalándolo hacia atrás para verle antes de dejar un beso en su nariz.</p>
<p>—No —se negó Richard, apartándose de su alcance.</p>
<p>—¿No qué?</p>
<p>—No —volvió repetir Richard, y sin esclarecerle, fue a su cuello en donde le mordió haciéndole sisear, lamió la piel herida y volvió a morderle cerca—. Te estoy marcando —anunció en un murmuro apagado.</p>
<p>Tom quiso darle un empellón pero Richard se movió rápido, descendiendo y subiéndole la camiseta lo que más pudo hasta tener espacio para poder atacar su pecho, el que siguió imprimiendo sus dientes, a veces moderándose, otras haciéndole agitarse. Tom se sabía <em>condenado</em>, como protagonista de una tragicomedia escrita por un autor sin luces.</p>
<p>El rápido movimiento con el que Richard le desabrochó los pantalones pasó desapercibido hasta que sintió unos labios besándole la pelvis, arqueó la espalda elevando su cintura. El deseo en mezcla violenta con los sentimientos habían decidido sin darle opción. Gimió bajito hasta que una succión le hizo abrir los ojos y le dio un golpe a Richard en el hombro.</p>
<p>—Me lastimas —se quejó.</p>
<p>—Ssh, guarda silencio. —Más que por sumiso, Tom le hizo caso porque los besos y toques siguieron descendiendo y en dos movimientos llenos de habilidad y práctica, Richard se había encargado de bajarle la ropa interior hasta las rodillas—. Te lastimo —parafraseó lo que había dicho antes, y en el colmo del cinismo, rió, sacándose la bata bajo la cual no llevaba nada—. ¿No decía Baudelaire? «Horroroso el juego ese del amor que es un deporte cruel y feroz que se practica sin excluir los golpes bajos» —citó teatralmente.</p>
<p>—Rich…</p>
<p>—No.</p>
<p>Sin dejarse incordiar, Tom le besó el cuello con cariño. Necesitaba perderse un poco, olvidar la sensación de humillación clavada entre el pecho y la espalda, esa sensación de fragilidad  a la que le arrastraba su novio y sus estados. Fantaseando escuchar alguna dicción que expresara dolencia, estiró el cuello y mordió el mentón de Richard… obtuvo mutismo como recompensa. Richard le puso la mano en la nuca y le obligó besarle, sus dientes chocando al compás en el que sus erecciones se frotaban sumiéndolos en una larga y dolorosa agonía de placer. Sintió unas manos entre sus trenzas y halarlas con tal dureza que liberó un jadeo lastimero.</p>
<p>—Me matas —farfulló. El desastre se ceñía sobre ellos, colocándolos al borde del abismo del que no parecía poder escapar.</p>
<p>Richard besó los ojos de Tom en un intento de cerrarlos y así no ver lo que bosquejaban, ese insondable amor que lo hacía miserable. Lo mataba, acababa de decirle, pero tenía la macabra certeza que eso no se comparaba con lo que él llevaba a cuestas cada minuto con sus adicciones. Adicción a los fármacos y adicción a Tom, de los cuales por más dosis que se diera no tenía suficiente. Mordió con fuerza el hombro de Tom, abrazándose a este al sentir cómo invadía su interior con delicadeza y no quedó más que placer, dolor, y desesperanza.</p>
<p>***</p>
<p>Tom podía imaginarse lo que creían de él, que tenía una familia perfecta, una vida ideal, talento, buen look y carisma. Que lo tenía todo solucionado. Pero lo cierto se resumía a que era tan humano como el resto, tenía días especialmente oscuros, difíciles de atravesar, a veces se sentía frustrado porque no estaba tocando como podía y debía, o que sus padres y hermana lo sofocaban. No era un malagradecido, tenía conciencia de lo afortunado que era, sin embargo, ni siquiera para él el sol brillaba a cada hora.</p>
<p>Richard tenía que ver mucho con eso.</p>
<p>—Estás pensativo, eh, creo que empiezo a ver el humo saliendo de tu cabeza —llamó su atención Georg, dándole una palmada en la espalda.</p>
<p>—Ja, ja, muy gracioso, Listing —dijo sin dejar de afinar su chelo. En ensayo empezaría dentro de poco, estaban aguardando la llegada del directo.</p>
<p>—Hablo en serio. ¿Todo bien?</p>
<p>Con un vistazo a su amigo, Tom se encogió de hombros, y aprovechó la entrada de Rattle, quien ese día los conduciría, para evitar dar una respuesta. Nada había estado bien desde que un día cualquiera Richard y le confesó que tenía una adicción a cuestas desde la adolescencia en la que temía recaer. Escuchó distraídamente al director Simon dar precisiones y anuncios sobre el ajetreado horario que tendrían por ser el mes de aniversario de la BOP, y dejó caer los párpados.</p>
<p>Eran ya poco más de un mes desde el episodio con Richard y después de actitudes que rogaban disculpas, no se mencionó más sobre el tema. Sabía que el mutismo hacía daño pero en su cobardía era lo preferible. Tom abrió los ojos y se miró las manos. Esa mañana Richard se había pasado media hora acariciándolas, frotándolas con loción y cantando una de sus óperas preferidas.</p>
<p>—¿Qué? —preguntó Georg con intriga, susurrando para no interrumpir las indicaciones—. Dios, Kaulitz baja a la tierra. ¿Tienes alguna obsesión con tus manos o algo así?</p>
<p>—Eso te pasa por meter tus narices en todo, y no, solo las observo. Son lindas —sonrió.</p>
<p>—¿Te lo dijo Richard? —Tom asintió—. Te mintió. Ese es el beneficio de tener novio, tienes un porrista de planta. —Georg calló de golpe y se irguió al ver cómo Rattle extendía su batuta pidiendo silencio antes de continuar.</p>
<p>—Como decía, ahora iniciaremos con el ensayo final de Carmina burana para la presentación del sábado. Es de vital importancia su completa concentración pues nuestros artistas vocales solo podrán acompañarnos cuarenta minutos dentro del ensayo. ¿Alguna duda o comentario?</p>
<p>La negativa generalizada se vio precedida de los músicos terminando de acomodarse en sus respectivos asientos.  Cuando la señal fue dada, a Tom le fue imposible seguir los movimientos de Rattle, sintiéndose incómodo consigo mismo. Sabía la pieza de memoria, las seis partes como si fueran de su autoría y con dificultad se dejó llevar como si flotara en el mar.</p>
<p>“Todos tenemos nuestra propia colección de cánticos”, reflexionó, “con tragedias tan claras y palpables, y con frivolidades tan disfrazadas…”  ¿Acaso él no era un bufón más del espectáculo? Su mezcla de amor y obsesión por Richard recaía en su propio ego, en saberse necesario; se cuestionaba si un Richard completamente independiente estaría a sus pies.  Deslizó su mano por el mástil accidentalmente y se sobresaltó a sí mismo al proyectar ira líquida por la mirada, la cual colisionó con la del director.</p>
<p>El coro y la música le estaban calando el alma, pero no era ningún niño que podía dejarse llevar sin reconocer dónde estaba y qué hacía. Canalizó toda su frustración y pensamientos lo más que pudo y el resto de la práctica no tuvo más percances. Eso no impidió que Rattle le pidiera una charla cuando acabaron.</p>
<p>—Sabes cuál es mi filosofía —le dijo ni bien tomó asiento delante de su escritorio—, te la he subrayado desde que entraste aquí siendo un recién graduado con honores. —Tom afirmó con un movimiento de cabeza—. La pasión mueve lo inamovible, Tom, y siempre les he dicho a mis músicos que no existe algo más excelso que saber sangrar los sentimiento en cada nota. Lo que nos les digo es que incluso eso exige saber dónde… detenerse. Es indiscutible que estás atravesando algo relevante en tu vida y no quiero verte destruido. Acepta esto como el consejo de un anciano que ha presenciado lo mejor y lo peor.</p>
<p>Tom quiso rebatir pero al final no hizo más que quedar mudo.</p>
<p><em>Pasión que puede destruir</em>. Esa fue la oración que le acompañó hasta que llegó a su restaurante favorito, “La Molienda”, en donde pidió dos porciones para llevar de Pasta Alfredo y panecillos de ajo, la comida favorita de Richard.</p>
<p>Mientras esperaba dejó que su mente viajara a otros tiempos, ¿más felices?, se preguntó. ¿No era feliz ahora? Sus momentos oscuros con Richard se distanciaban uno del otro, cuando su novio estaba completamente limpio era como vivir un épico romance victoriano en el que no había castillos pero donde sí estaba subido en un pedestal que el propio Richard le había construido.</p>
<p>Sonrió.</p>
<p>Tal vez parte de sus enredos provenían de querer encontrar una línea a todo, y las últimas semanas habían sido maratónicas noches haciendo el amor y largas pláticas cargadas de debates en los resaltaba lo culto que era Richard. Podía vivir como al filo de la tormenta, sin embargo, nada quitaba qué tan buenas semanas había vivido; de hecho, la última comida con Richard padre había sido más calurosa de lo normal, y que su propio suegro fuera su <em>luthier</em> le agregaba una sensación de bienestar extra a la relación de familia que ya había desarrollado con ellos.</p>
<p>Pagó y decidió ir a pie lo que faltaba de camino.</p>
<p>Lo primero que observó al encender las luces y dejar la comida en la mesa fue que la surtida colección de vinos añejos de Richard había desaparecido. Con el ceño fruncido llamó pero nadie le respondió, ratificándole que el departamento estaba vacío. Eso debía tener alguna explicación, razonó, al igual que los estantes vacíos de libros del cuarto de estudio, y las pertenencias de Richard de los armarios. Antes de saber qué hacía estaba yendo de un extremo al otro del lugar comprobando que no quedaba ni un solo objeto personal que no fuera suyo.</p>
<p>—Qué mierda sucede —preguntó a la nada.</p>
<p>El teléfono de Richard estaba desconectado y la desesperación se enraizó en su pecho. Sentado en su habitación recordó sus súplicas en donde el ego del que tanto alarde hacía se reducía a trizas, los “no me dejes, sin ti no podría seguir”. Quedó dormido con la ropa del día anterior y llegada la tarde, hora del ensayo en la filarmónica, seguía como entumecido, sin tristeza ni consternación, simplemente vacío. Se cambió de vestimenta, bebió agua en reemplazo de desayuno y almuerzo, fumó todo lo que pudo, y se dirigió a la BOP.</p>
<p>—Luces como un muerto viviente —señaló Gustav, con quien se topó a la entrada—, ¿estás bien? ¿Estás enfermo?</p>
<p>—No —dijo, y siguió caminando.</p>
<p>Al igual que ignoró la preocupación de Gustav, lo hizo con la que mostró Georg, algunos amigos, y su hermana en su llamada. Así pasó unos días en los que comió poco y lució como un fantasma de sí mismo suscitando inquietud a la que se limitaba a decir “estoy bien”. Cada acto lo extendía lo más que podía porque en el fondo estaba seguro que Richard regresaría, cómo podría no hacerlo si él era su centro, pero pasadas dos semanas no pudo engañarse más. Lloró hasta que ya no le quedaron lágrimas que derramar y, previo aviso, se tomó un día libre que ocupó dejando atrás el departamento en el que había pasado las horas más dichosas y melancólicas de su existencia.</p>
<p>—¿Está bien? Me gustaría saber eso —fue lo que dijo cuando juntó las agallas para visitar al padre de Richard.</p>
<p>—No he hablado con él —le respondió el señor con profundo pesar—. Le mandó un mensaje a su hermano diciéndole que no nos preocupásemos. Es mi hijo, pero me temo que siempre ha sido un desconsiderado, y…</p>
<p>Cualquier palabra que dijese Richard padre no tuvo verdadera trascendencia. Esa noche, y las siguientes, no durmió mucho, ensayando como si no fuera más que un cascarón vacío y lidiando con Georg que a la menor oportunidad lo sometía a un interrogatorio.</p>
<p>Cada veinticuatro horas los mismos ciclos se repitieron, dolor y esperanza chocaban danzando en su cuerpo, sus conciertos de solista empezaban a abrumarle de más. Uno de esos días hizo una reverencia a la concurrencia y observó el mar de aplausos, las sonrisas y el júbilo que le hacían sentirse como en alguna pesadilla con temática cirquense, caras que se deformaban y ruidos golpeándole sin piedad.</p>
<p>—Nadie te para, eh —la voz de Rattle y unas palmadas en la espalda le despertaron de lo que parecía ser un sueño de averno.  Hizo un gesto que acompañó con una mueca—. Tom, tiras el alma por las cuerdas, estás volviendo loco al público.</p>
<p>Tom exhaló profundo, sintiendo cómo el dolor de su pecho iba en aumento, constriñéndole los órganos como si se tratara de una fuerza física. Y fue suficiente.</p>
<p>—Necesito parar. Ahora mismo.</p>
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		<title>Twc Forum / Lo que te conté mientras te hacías el dormido by Moon / One shot</title>
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		<pubDate>Wed, 01 Feb 2012 17:00:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Lupis</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 Fan Fiction]]></category>
		<category><![CDATA[One Shot]]></category>

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		<description><![CDATA[<strong>Clasificación:</strong> NC-17

<strong>Advertencia:</strong> twc, Lemon

<strong>Género:</strong> Romance, y un poco de drama o angustia.


Link: http://www.twckaulitz.com/forum/topic/lo-que-te-conte-mientras-te-hacias-el-dormido-nc-17]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Clasificación:</strong> NC-17</p>
<p><strong>Advertencia:</strong> twc, Lemon</p>
<p><strong>Género:</strong> Romance, y un poco de drama o angustia.</p>
<p>Link: http://www.twckaulitz.com/forum/topic/lo-que-te-conte-mientras-te-hacias-el-dormido-nc-17</p>
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		<title>Fanfic // Godfathers by r0sikler</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2012/01/fanfic-godfathers-by-r0sikler/</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 00:01:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ale Littlewitch</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Niñas, este es un fan fic que envió r0sikler. Ella dice que no será muy largo.

<em>Nota de r0sikler: No puedo aseverar con la misma certeza que tengo de los Kaulitz, que entre Gustav y Georg exista algo, pero verlos de esa manera se me hace algo factible.
Créditos a: emily_divine y Stellarcircle 5, por las imágenes que usé en el quickly-banner que hice para el fic ;-)</em>
 



<p style="text-align: center;"><strong>GODFATHERS by r0siKler</strong></p>
<a href="http://2.bp.blogspot.com/-_Bx0Pfv-fLE/TyM5bZBfUFI/AAAAAAAACco/T4sJAaFNcAY/s1600/capture-20120127-204732.png"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702464695917563986" class="aligncenter" style="cursor: hand; width: 400px; height: 201px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-_Bx0Pfv-fLE/TyM5bZBfUFI/AAAAAAAACco/T4sJAaFNcAY/s400/capture-20120127-204732.png" alt="" border="0" /></a>
<p style="text-align: left;">Clasificación: T (13+)
Advertencia: Mpreg
Género: Comedia. Drama
Parejas: Tom/Bill – Georg/Gustav
Resumen: La tradición dice que encomendarás como padrinos de tus hijos a quienes creas pueden ser los mejores tutores para ellos, y lo usual es que esas personas sean tus mejores amigos. Aunque eso puede incluir ciertos beneficios extras como: cuidar de ti en el proceso, decorar la habitación del bebé o decirle al otro padre… que será padre.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo 1</strong></p>
<p style="text-align: left;">Llamada entrante: “La cigüeña”</p>
<p style="text-align: left;">Perfecta mañana en Los Ángeles, un sol radiante se asomaba por los ventanales de la morada de los Kaulitz, y de no haber sido por un molesto ruido que comenzó a colarse en el ambiente, ellos podrían haber seguido con su plácida siesta.</p>
<p style="text-align: left;">—Bill —masculló Tom, aún en sueños— el teléfono.</p>
<p style="text-align: left;">—Uhm —.Ningún cambio de posición en el menor.</p>
<p style="text-align: left;">Nuevamente el sonido.</p>
<p style="text-align: left;">—Bill, contéstalo.</p>
<p style="text-align: left;">—Uhm.</p>
<p style="text-align: left;">Un timbre más fue escuchado.</p>
<p style="text-align: left;">—Billa, desconéctalo al menos —se quejó el mayor mientras se acurrucaba aún más cerca de su igual.</p>
<p style="text-align: left;">El rubio esperó a que la llamada terminara, con los ojos cerrados ycon la mano libre que antes reposaba estrechando a su alma gemela contra sí, tanteando,levantó el auricular, marcó un número cualquiera y dejó el teléfono sobre el velador.</p>
<p style="text-align: left;">El silencio nuevamente reinó, un cuadro espléndido volvió a formarse, una suave brisa se colaba entre las cortinas, y nuevamente un sonido repitente se comenzaba a oír en la habitación.</p>

[*Sigan el tag*]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Niñas, este es un fan fic que envió r0sikler. Ella dice que no será muy largo.</p>
<p><em>Nota de r0sikler: No puedo aseverar con la misma certeza que tengo de los Kaulitz, que entre Gustav y Georg exista algo, pero verlos de esa manera se me hace algo factible.<br />
Créditos a: emily_divine y Stellarcircle 5, por las imágenes que usé en el quickly-banner que hice para el fic <img src='http://www.twckaulitz.com/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> </em></p>
<p style="text-align: center;"><strong>GODFATHERS by r0siKler</strong></p>
<p><a href="http://2.bp.blogspot.com/-_Bx0Pfv-fLE/TyM5bZBfUFI/AAAAAAAACco/T4sJAaFNcAY/s1600/capture-20120127-204732.png"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702464695917563986" class="aligncenter" style="cursor: hand; width: 400px; height: 201px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-_Bx0Pfv-fLE/TyM5bZBfUFI/AAAAAAAACco/T4sJAaFNcAY/s400/capture-20120127-204732.png" alt="" border="0" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Clasificación: T (13+)<br />
Advertencia: Mpreg<br />
Género: Comedia. Drama<br />
Parejas: Tom/Bill – Georg/Gustav<br />
Resumen: La tradición dice que encomendarás como padrinos de tus hijos a quienes creas pueden ser los mejores tutores para ellos, y lo usual es que esas personas sean tus mejores amigos. Aunque eso puede incluir ciertos beneficios extras como: cuidar de ti en el proceso, decorar la habitación del bebé o decirle al otro padre… que será padre.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo 1</strong></p>
<p style="text-align: left;">Llamada entrante: “La cigüeña”</p>
<p style="text-align: left;">Perfecta mañana en Los Ángeles, un sol radiante se asomaba por los ventanales de la morada de los Kaulitz, y de no haber sido por un molesto ruido que comenzó a colarse en el ambiente, ellos podrían haber seguido con su plácida siesta.</p>
<p style="text-align: left;">—Bill —masculló Tom, aún en sueños— el teléfono.</p>
<p style="text-align: left;">—Uhm —.Ningún cambio de posición en el menor.</p>
<p style="text-align: left;">Nuevamente el sonido.</p>
<p style="text-align: left;">—Bill, contéstalo.</p>
<p style="text-align: left;">—Uhm.</p>
<p style="text-align: left;">Un timbre más fue escuchado.</p>
<p style="text-align: left;">—Billa, desconéctalo al menos —se quejó el mayor mientras se acurrucaba aún más cerca de su igual.</p>
<p style="text-align: left;">El rubio esperó a que la llamada terminara, con los ojos cerrados ycon la mano libre que antes reposaba estrechando a su alma gemela contra sí, tanteando,levantó el auricular, marcó un número cualquiera y dejó el teléfono sobre el velador.</p>
<p style="text-align: left;">El silencio nuevamente reinó, un cuadro espléndido volvió a formarse, una suave brisa se colaba entre las cortinas, y nuevamente un sonido repitente se comenzaba a oír en la habitación.</p>
<p style="text-align: left;">—Amor, tu celular —dijo Bill, sin intención alguna siquiera de soltarlo del abrazo en el que lo tenía.</p>
<p style="text-align: left;">Tom, que tampoco tenía en sus planes levantarse de su cómoda posición, tan sólo alegó—: Está muy lejos —el sonido, mezclado con el vibrar sobre la madera del aparador de DVD, continuó—. Ya cortarán.</p>
<p style="text-align: left;">Tom —murmuró el vocalista— es la quinta llamada, no creo que corten.<br />
Y contrario a lo que había afirmado el sonido cesó, para transferirse al teléfono móvil del menor; ya sin remedio, éste terminó por abrir los ojos, y comenzó a removerse con la intención de contestar y gritar un par de improperios a quien se atrevía a llamarles tan temprano.</p>
<p style="text-align: left;">—No contestes —susurró el guitarrista a sabiendas de que eso significaría moverse él también para cederle a Bill al menos un brazo y parte del tórax.</p>
<p style="text-align: left;">—Debe ser demasiado importante para que insistan tanto —exhaló— y si no lo es, recibirán un buen grito. —Aún a costa de su voluntad, se despegó un poco del trenzado, y acomodándose en una posición más erguida, alzó su móvil de la mesa de noche, arqueó la ceja al observarlo  y en voz alta nombró a quién le enseñaba el identificador—: Georg.</p>
<p style="text-align: left;">En ese instante, Tom, que no había abierto los ojos para nada y ahora los tenía bastante despiertos, se sentó rápidamente y con un movimiento sumamente fugaz, quitó el celular de las manos de su hermano. —¿Georg?</p>
<p style="text-align: left;">Bill, quien volvía a acomodarse en el lecho, pronunció, elevando su tono de voz para ser oído también del otro ladode la línea—: Dile a ese que respete el cambio de horario.</p>
<p style="text-align: left;">Georg, que ni siquiera había puesto atención a lo que Bill decía, comenzó con un sollozo interminable.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Qué sucede? ¿estás bien? ¿fuiste? ¿qué te dijeron? —el bombardeo de preguntas por parte de pelinegro no se hizo esperar; su igual sólo bufó mientras se cubría nuevamente con las cobijas y se acomodaba de espaldas al gemelo que comenzaba con su verborrea, él sabía muy bien que esa conversación sería una completa conferencia de una hora como mínimo, lo que no sabía era que se estaba volviendo a equivocar,por segunda vez en el día, con ese juicio.</p>
<p style="text-align: left;">—Tienes que venir —gimoteó el de castaños cabellos como respuesta.</p>
<p style="text-align: left;">—Pero, ¿qué pasó? ¡Dime que no te dijeron que tu cara era incurable! —bromeó Tom, tratando de cambiarle el estado de ánimo a su amigo.</p>
<p style="text-align: left;">—No, idiota. — Al menos logró que los sollozos se detuvieran, y con un último hipeo, un más calmado Georg habló—: Acabo de salir de mi cita médica —Silencio a ambos lados de la línea—. Tom, serás tío.</p>
<p style="text-align: left;">Varios minutos de silencio se instalaron en la habitación¬—. Extraño—pensó Bill. Así que sin el propósito de cambiar de posición, giró un poco la cabeza y de soslayo observó a su hermano, quien parecía haber quedado en shock, la mirada perdida en un punto nulo de la habitación con los ojos cristalinos, la mano izquierda aun sosteniendo el  móvil y la derecha cubriendo, en claro gesto de pasmo, su boca. El rubio estaba a punto de girarse por completo, abrazar a la luz de sus ojos y reclamar a Georg por lo que sea le haya dicho para dejarlo en ese estado, pero al escuchar un grito inmenso de felicidad provenir del otro lado de la cama King que compartían, cambió de opinión.</p>
<p style="text-align: left;">—¡No lo puedo creer! ¡¿estás seguro?! Dios mío, ok, respira, respira, inhala, exhala, inhala, exhala— Sí, definitivamente todo estaba de nuevo en la normalidad, pensó Bill —. ¿Aún no debes hacer eso? ¿Recién tres meses? Claro que estaré ahí…— Mientras trataba de asimilar lo recién escuchado y conseguía mantener una conversación coherente, el trenzado se levantó de su cómodo “nido” de sábanas, vistió como pudo un bóxer y un pantalón deportivo, y se dirigió a toda prisa hacia la mesita sobre la que yacía su laptop —. ¿Aún no se lo dijiste? No, no te preocupes yo me encargaré de eso, no le digas nada aún, sólo vuelve tranquilo, haz como si nada hubiera pasado.</p>
<p style="text-align: left;">Bill, quien había sentido todo el revoloteo, concluyó que ya no podría volver a retomar el sueño y era mejor sentarse, al menos para observar y reír un poco del escándalo que su hermano hacía. Observó tranquilo como la laptop era encendida y Tom abría una página web donde podía observar lo que parecía ser la imagen de un avioncito, se deleitó con la imagen de su razón de vivir haciendo malabares para: poder mantener el teléfono apoyado sobre su hombro, tratar de ponerse un jersey, manejar correctamente el cursor de la portátil y gritar muchas incoherencias que exudaban chorros de alegría; eso era algo excelente, lo había notado un poco preocupado últimamente, él sabía que era por Georg, pero la llamada que había recibido esa mañana realmente le había devuelto su hermosa y brillante mirada, no sabía de qué se trataba, pero todo lo que le importaba era que su hermanito fuera feliz. La preocupación comenzó a rozarle nuevamente los pensamientos después de que Tom colgara el móvil y sacara dos maletas del vestidor, comenzando a poner montes de ropa en ellas.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Me dejarás? —preguntó carcajeándose el pelicorto, y al escuchar a Tom repetir como un mantra: “Seré tío” con una gran sonrisa, volvió a tratar de llamar la atención de su igual—. ¿Tommy? ¿qué haces?</p>
<p style="text-align: left;">El mencionado continuaba con su laboriosa tarea de sacar pantalones, camisetas, zapatos y bandas que combinaran, sin siquiera poner atención al otro chico que aún estaba sentado en la cama, hasta que de un momento a otro apareció con otro par de maletas y fue la ropa de Bill la que comenzó a sacar en grandes bultos dejándola sobre la cama, se detuvo de repente y alzó la vista hacia el rubio, mientras espetó —: ¡¿Qué haces aún en cama?! ¡Tienes que alistar tus cosas! Volvemos a Alemania.</p>
<p style="text-align: left;">Bill que aún no entendía todo el escándalo que Tom estaba armando, sacó paciencia y trató de razonar con su hermano—. Cariño, yo sé que quieres mucho a Georg, pero ¿no crees que es un poco exagerado que quieras ir a Alemania a conocer el nuevo cachorrito que adoptaron?</p>
<p style="text-align: left;">—¿Cachorrito? —Miró con indignación al vocalista, ¿cómo se le ocurría algo así? —. ¿Cómo que un cachorrito?  Es que no me escuchaste Bill, ¡Seremos tíos! —exclamó, subiéndose a la cama, gateando hacia el agredido con una sonrisa y regalándole un abrazo.</p>
<p style="text-align: left;">—Ya te entendí, pero ya tenemos otros dos sobrinitos cuadrúpedos en casa de Gustav y Georg, que conozcamos al nuevo miembro de la familia cuando lo traigan acá será sufi…</p>
<p style="text-align: left;">—Eres un idiota —interrumpió Tom, cortó el abrazo y lo miro algo irritado—, nunca te enteras de nada.</p>
<p style="text-align: left;">—Si tendría su alteza la amabilidad de explicarme algo alguna vez y no sólo darme el comunicado después de que lo realiza, se lo agradecería —respondió Bill en tono defensivo y burlón a la vez.</p>
<p style="text-align: left;">—¡Bah! —rezongó el pelinegro— Ok, te lo resumo: Georg fue al médico, —comenzó Tom, mientras contaba los hechos con los deditos de la mano— está esperando un bebé, es de Gustav, el aún no lo sabe y nosotros… bueno, no, tú se lo dirás, acabo de reservar el vuelo en la aerolínea y nuestro jet sale en, —observó el reloj de pulsera en su muñeca— dos horas y media, así que más te vale apurarte que yo ya estoy casi listo y nuestros bebitos lo estarán en un par de minutos.</p>
<p>Y así, dos horas más tarde y aún tratando de salir del estupor que la noticia le había causado, Bill estaba sentado en la sala de espera del aeropuerto, con el móvil al oído, escuchando a David gritarle en mil idiomas por su repentina salida de Los Ángeles y observando a su algodón de caramelo andante con la laptop sobre su regazo mientras empezaba desde ya, a buscar nombres para bebés. El rubio pensó que esa había sido la mañana más loca que alguna vez  podría tener en su vida, lo que no sabía era que se estaba equivocando por tercera vez en el día, adelantándose a los meses  que todavía faltaban por venir.</p>
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		<item>
		<title>Sonata a Dos Tiempos, Cuarta Parte: Presto Cap. 17 by Aelilim y Princess of Darkness</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 02:54:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Princess of Darkness</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Hola chicas, es un gusto saludarlas de nuevo, esperamos que estén iniciando un buen año, y acá el primer capituló de este año y de la cuarta parte: Presto. Gracias por leer, besitos.

estén
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-56121" title="2cellos_by_misserbk" src="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk-1024x866.jpg" alt="" width="614" height="520" /></a></p>
Piezas de ambientación en:<a href="http://aelilim.livejournal.com/67856.html"> Aelilim Lj Sonata a Dos Tiempos</a>
<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Cuarta Parte: Presto</h3>
<h4 style="text-align: center;">Capítulo 17</h4>
&#160;

El cigarro que arrullaba en sus dedos se extinguió sin fumarlo ni percatarse de lo largo que era el camino hacia la estación. Aunque un cierto nerviosismo bullía en sus vísceras, de algo estaba seguro, la entereza del sentimiento que le arrastraba a Tom era mucho más fuerte que cualquier ansiedad por la que pudiera pasar. Quitó con desgano su maleta de mano del asiento de al lado y suspiró; usualmente no lo hubiera colocado ahí, pero estaba rehuyendo de cualquier posibilidad de conversación trivial.

—Gracias —saludó la chica. Por un segundo se sintió estúpido y enderezó la cara.

—Lo siento, no había visto —se disculpó, señalándole el estómago.

La recién llegada sonrió de buena manera. —Estoy embarazada, no me estoy muriendo —comentó jocosamente. Bill se sonrojó.

—No quise decir eso —apuró a disculparse. La mujer rubia le guiñó un ojo.

—Solo estaba bromeando, tómatelo con humor que nos esperan unas cuantas horas de camino —dijo acomodándose—. Katrina —se presentó, tendiéndole la mano—. ¿Eres de Deutzen?

Bill negó.

—Voy de visita a un amigo —explicó. No quería ser sociable, pero la chica parecía agradable y estaba empezando a considerar que una plática casual podría hacer que el tiempo pasase más ligero. “Amigo” había dicho, volvió a menear la cabeza solo por sacudirse de ese pensamiento. Sí, sin duda le vendría bien un poco de distracción—. Bill —se presentó—. ¿Estaría mal asumir que tú sí eres de Deutzen?

—Nacida, criada, casada y embarazada —bromeó Katrina, acariciando su voluminoso vientre—. Nunca quise irme muy lejos de casa —explicó sonriendo.

Era una muchacha sin muchas aspiraciones, era obvio, una dulce pueblerina. Bill se forzó a corresponder la sonrisa. Él nunca sabría lo que era eso, conformarse y ser feliz con logros que le sabían mediocres. Algo parecido al alivio le inundó al saber que Tom tampoco sabía lo que era eso, si no nunca se hubiesen conocido.

De nuevo Tom. Torció la boca.

—Es una ciudad bastante pequeña, supongo que todos se conocen entre todos —dijo por iniciar diálogo.

Katrina asintió.

—¿De dónde eres tú? —Bill respondió y ella asintió—. Entonces no sabes lo molesto que es hacer algo y que al día siguiente sea comidilla local. Cuando era una adolescente, con mi novio nos metimos en la piscina de la escuela y un vecino nos vio, ni media hora después el mismo director nos atrapó con las manos en la masa. Recuerdo que estuvieron a punto de suspendernos a Tom y a mí —recordó con una risa.

Tom. Tom. Tom.

El jodido Tom le perseguía por todos lados. ¿Cuántos hombres con el nombre de Tom habría en Deutzen y por qué precisamente tendría que ser ese <em>su</em> Tom?, se cuestionó para tranquilizarse.

—Pues en Hamburgo con suerte alguien recuerda tu nombre —comentó distraídamente, tratando de distraer su mente.

—¿Estabas en transbordo? —quiso saber Katrina.

—No, ahora vivo en Berlin.

La chica asintió mientras desviaba la mirada. Sintiendo que el tema de conversación había muerto, buscó en su bolso y encontró un caramelo, pero antes de llevárselo a la boca, Bill habló:

—Así que tendrás un pequeño Tom.

Katrina arrugó la nariz y su rostro tomó una facción divertida.

—No, ese es el nombre de mi novio de secundaria.

—Es que en lugares pequeños es como la norma casarse con el novio de toda la vida —dijo Bill apelando a las tontas películas americanas que alguna vez había visto. Katrina exhaló y negó.

—No es mi caso. Ese Tom ahora está haciendo su vida —contestó—, es un músico famoso hasta donde sé. —Aquello le dejó con una expresión tal de pasmo que hizo que Katrina levantara una ceja—. Música clásica —se explayó, como si debiera esa explicación—. Un chelista famoso en esos círculos.

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola chicas, es un gusto saludarlas de nuevo, esperamos que estén iniciando un buen año, y acá el primer capituló de este año y de la cuarta parte: Presto. Gracias por leer, besitos.</p>
<p>estén</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-56121" title="2cellos_by_misserbk" src="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk-1024x866.jpg" alt="" width="614" height="520" /></a></p>
<p>Piezas de ambientación en:<a href="http://aelilim.livejournal.com/67856.html"> Aelilim Lj Sonata a Dos Tiempos</a></p>
<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Cuarta Parte: Presto</h3>
<h4 style="text-align: center;">Capítulo 17</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cigarro que arrullaba en sus dedos se extinguió sin fumarlo ni percatarse de lo largo que era el camino hacia la estación. Aunque un cierto nerviosismo bullía en sus vísceras, de algo estaba seguro, la entereza del sentimiento que le arrastraba a Tom era mucho más fuerte que cualquier ansiedad por la que pudiera pasar. Quitó con desgano su maleta de mano del asiento de al lado y suspiró; usualmente no lo hubiera colocado ahí, pero estaba rehuyendo de cualquier posibilidad de conversación trivial.</p>
<p>—Gracias —saludó la chica. Por un segundo se sintió estúpido y enderezó la cara.</p>
<p>—Lo siento, no había visto —se disculpó, señalándole el estómago.</p>
<p>La recién llegada sonrió de buena manera. —Estoy embarazada, no me estoy muriendo —comentó jocosamente. Bill se sonrojó.</p>
<p>—No quise decir eso —apuró a disculparse. La mujer rubia le guiñó un ojo.</p>
<p>—Solo estaba bromeando, tómatelo con humor que nos esperan unas cuantas horas de camino —dijo acomodándose—. Katrina —se presentó, tendiéndole la mano—. ¿Eres de Deutzen?</p>
<p>Bill negó.</p>
<p>—Voy de visita a un amigo —explicó. No quería ser sociable, pero la chica parecía agradable y estaba empezando a considerar que una plática casual podría hacer que el tiempo pasase más ligero. “Amigo” había dicho, volvió a menear la cabeza solo por sacudirse de ese pensamiento. Sí, sin duda le vendría bien un poco de distracción—. Bill —se presentó—. ¿Estaría mal asumir que tú sí eres de Deutzen?</p>
<p>—Nacida, criada, casada y embarazada —bromeó Katrina, acariciando su voluminoso vientre—. Nunca quise irme muy lejos de casa —explicó sonriendo.</p>
<p>Era una muchacha sin muchas aspiraciones, era obvio, una dulce pueblerina. Bill se forzó a corresponder la sonrisa. Él nunca sabría lo que era eso, conformarse y ser feliz con logros que le sabían mediocres. Algo parecido al alivio le inundó al saber que Tom tampoco sabía lo que era eso, si no nunca se hubiesen conocido.</p>
<p>De nuevo Tom. Torció la boca.</p>
<p>—Es una ciudad bastante pequeña, supongo que todos se conocen entre todos —dijo por iniciar diálogo.</p>
<p>Katrina asintió.</p>
<p>—¿De dónde eres tú? —Bill respondió y ella asintió—. Entonces no sabes lo molesto que es hacer algo y que al día siguiente sea comidilla local. Cuando era una adolescente, con mi novio nos metimos en la piscina de la escuela y un vecino nos vio, ni media hora después el mismo director nos atrapó con las manos en la masa. Recuerdo que estuvieron a punto de suspendernos a Tom y a mí —recordó con una risa.</p>
<p>Tom. Tom. Tom.</p>
<p>El jodido Tom le perseguía por todos lados. ¿Cuántos hombres con el nombre de Tom habría en Deutzen y por qué precisamente tendría que ser ese <em>su</em> Tom?, se cuestionó para tranquilizarse.</p>
<p>—Pues en Hamburgo con suerte alguien recuerda tu nombre —comentó distraídamente, tratando de distraer su mente.</p>
<p>—¿Estabas en transbordo? —quiso saber Katrina.</p>
<p>—No, ahora vivo en Berlin.</p>
<p>La chica asintió mientras desviaba la mirada. Sintiendo que el tema de conversación había muerto, buscó en su bolso y encontró un caramelo, pero antes de llevárselo a la boca, Bill habló:</p>
<p>—Así que tendrás un pequeño Tom.</p>
<p>Katrina arrugó la nariz y su rostro tomó una facción divertida.</p>
<p>—No, ese es el nombre de mi novio de secundaria.</p>
<p>—Es que en lugares pequeños es como la norma casarse con el novio de toda la vida —dijo Bill apelando a las tontas películas americanas que alguna vez había visto. Katrina exhaló y negó.</p>
<p>—No es mi caso. Ese Tom ahora está haciendo su vida —contestó—, es un músico famoso hasta donde sé. —Aquello le dejó con una expresión tal de pasmo que hizo que Katrina levantara una ceja—. Música clásica —se explayó, como si debiera esa explicación—. Un chelista famoso en esos círculos.</p>
<p>—Ya veo —se orilló a decir Bill, relajando la mandíbula y las manos que automáticamente se le habían contraído en puños.</p>
<p>Para su fortuna, pasó una encargada ofreciendo diferentes bocadillos y bebidas, y Katrina dejó de mirarle con curiosidad por su reacción para pedirse algo. Los minutos siguientes Bill volvió a sus cabales y detalló a la mujer embarazada que estaba enfrente. Era bastante bonita, “pero no digna de Kaulitz”, completó su mente por él, haciéndole sonreír de lado y dejar caer los párpados por algunos segundos. Para cuando los abrió, Katrina había acabado de comer y miraba por la ventana.</p>
<p>—Siempre me ha interesado la música clásica —expresó sin cavilarlo. En lo hondo había percibido la opción de sacarle el provecho a esa tremenda casualidad—. ¿Tom, dices?</p>
<p>—Tom Kaulitz, ¿te suena? —inquirió de vuelta.</p>
<p>Bill desvió los ojos después de negar. No que fuera un experto mentiroso, se disculpó internamente.</p>
<p>—¿Engreído? ¿Feo? ¿Bajo de estatura? —soltó sin más. Katrina largó una discreta carcajada.</p>
<p>—Ni uno, ni lo otro y mucho menos del tercero, es de esos tipos despreciables que todo el mundo ama —dijo—, bastante guapo y mide como tú, más o menos.</p>
<p>Bill esbozó una sonrisa. Poco más y le provocaba deseos de encontrarse con alguien que le hablara pestes de Kaulitz y le quitara fundamentos a su insensata teoría de que más que un simple ser humano era algo así como un extraterrestre en fase de prueba de adaptación terrícola. Sonrió por su ocurrencia.</p>
<p>Quedaron en silencio por otros largos minutos.</p>
<p>—Voy a parecer terriblemente entrometido, pero si es este Tom es tan perfecto como lo pintas, ¿por qué su relación no funcionó?</p>
<p>Katrina quedó pensativa, y Bill dejó escapar aire con lentitud. Si un extraño le increpara sobre cosas que no le incumbían hacía bastante que lo hubiese mandado lejos. “Supongo que esa es la clara diferencia entre alguien de naturaleza sociable y agradable, y yo”, concluyó sin sarcasmos.</p>
<p>—Éramos jóvenes —habló Katrina—. Y, por favor no te rías, pero la pasión que tenía por tocar era muchísima más de la que sentía por estar conmigo —liberó una risotada breve y se acomodó el cabello—. Celosa de la música, apuesto a que es lo más tonto que has escuchado, uh.</p>
<p>No lo era, Bill comprendía. La música era no un lazo más que compartía con Tom sino quizá el más fuerte e irrompible. Sintió invadirle una calidez en el estómago.</p>
<p>Para cuando salió de la estación, se dio cuenta de lo irremediablemente tarado que había sido. “¿No traer ni la dirección?”, se mofó y encogió sus hombros, fantaseando con la idea de llamar a Georg y pedirle ayuda, pero se rindió al no recibir respuesta. Había taxis, era temprano y tenía hambre así que se encaminó al local más,  &#8221;La fonda del tío Joe&#8221;, según rezaba el cartel.</p>
<p>Tomó asiento cerca de un vitral y se distrajo viendo la rutina del lugar, era un pueblo pequeño y se podía respirar claro el contraste al ritmo de la ciudad. Su mirada cruzó con la de Katrina, quien con un gesto le dijo adiós antes de subirse a un auto. Ordenó una hamburguesa y té helado. Sus pensamientos transcurrían difusos y no podía concentrarse en un plan original;  era cierto que ese era un pequeño pueblo pero tampoco era que se le antojara andar pidiendo orientación por aquí y por allá.</p>
<p>El ruido del plato siendo dispuesto hacia él le trajo a la realidad.</p>
<p>—Gracias —dijo.</p>
<p>—De nada. No eres de por aquí, ¿cierto? —Negó. Que la mesera siguiera ahí como si fuera su asunto enterarse le hizo fruncir el ceño—. ¿No deseas algo más?</p>
<p>—No, gracias —contestó. La chica demoró su partida lo más que pudo, como si de un instante a otro fuese a cambiar de opinión. Su ceño siguió fruncido hasta que vislumbrando cómo podía sacarle provecho a la entrometida muchacha, le dijo que se detuviera—. ¿Te molesta si te pido que me hagas un favor?</p>
<p>—Depende.</p>
<p>Bill evitó rechinar los dientes de la irritación.</p>
<p>—Estoy de visita a los Kaulitz, pero no sabría cómo ubicarlos, ¿conoces a esta familia? ¿Puedes darme indicaciones? Sería importante para mí —dijo, forzándose a sonreír en un gesto que, esperaba, se mostrase lo suficientemente encantador.</p>
<p>Al parecer funcionó porque la mesera devolvió su sonrisa.</p>
<p>—Los Kaulitz viven un poco afueras del pueblo —indicó—. Pocos los desconocen con todo eso de que son músicos y la fiesta que organizan cada navidad —asintió para ella misma, arrancando una hoja de la libreta que utilizaba para tomar los pedidos y haciéndole un croquis.</p>
<p>“Problema resuelto”, pensó felicitándose.</p>
<p>Comió sin prisa, era ahora cuando la ansiedad empezaba a roerle nuevamente. Bebió el té y recordó la imagen de la familia Kaulitz, y no pudo evitar evocar su encuentro con Alana quien, aunque había sido dura, le tenía cierta simpatía. Después de pelear con el casi miedo que tenía decidió apurarse, canceló la cuenta y contrató un taxi al que le entregó el croquis.</p>
<p>—¡Ah!, donde los Kaulitz —comentó el conductor sin volver a ver el papel.</p>
<p>Bill asintió. El trayecto fue breve, reunió las fuerzas de la nada y apretó con fuerza el asa de su equipaje, dándose valor para llamar a la puerta. Su yo interno clamaba porque no hubiera nadie en casa, pero el suave taconeo acercándose no le brindó mayor consuelo. La puerta se abrió de par en par y las suaves facciones de la madre de Tom se tornaron tensas al reconocerle. Fue allí donde sintió que la valentía le abandonaba de golpe.</p>
<p>—Buenas tardes, señora —saludó. Había tenido las agallas de llegar hasta ahí, <em>debía</em> seguir adelante a pesar de que cabía la posibilidad de no vivir para contarlo.</p>
<p>Anne Kaulitz se mostró neutral y, por una décima de segundo, sus ojos se detuvieron en su maleta. Bill quiso volverse diminuto o mimetizarse con el ambiente. Abrió la boca para explicar que no esperaba que le tomasen como huésped, pero Anne habló antes que él.</p>
<p>—Bill —saludó—, no sé cuánto ha pasado. —No dijo más, y con demasiada lentitud como para ser una abierta bienvenida, terminó de abrir la puerta de su casa, como si le diese permiso para entrar—. Deja tu equipaje en la sala, luego te acomodaremos —instruyó—. Tom no tardará en volver —siguió antes que Bill siquiera pudiera despegar sus labios. Era obvio que para ella Bill estaba poco menos que muerto de miedo.  Con un gesto le señaló que le siguiera a la cocina—. ¿Has comido? —preguntó disponiendo ya un lugar en la mesa de la cocina.</p>
<p>—Eh… bueno —Bill buscaba las palabras. Sí había comido, pero no se sentía en posición de negarse a cualquier rasgo de hospitalidad—. Podría comer —contestó sin más.</p>
<p>—Ve a lavarte mientras te sirvo —indicó Anne en un tono de voz que poco a poco iba dejando ir la tirantez. Tomó una cucharada de la sopa con extrema lentitud—. Oh, nada de delicadezas, pensaré que odias mi sazón. —Bill intentó sonreír, pero lo que se formó en sus labios difícilmente podría ser definido como una sonrisa—. No voy a comerte, muchacho. Tom es mi hijo, pero carezco del instinto ciego protector de Alana.</p>
<p>—Asumo que ella le ha contado.</p>
<p>Hubo un asentimiento. Bill supuso que no tenía nada de qué sorprenderse, la familia Kaulitz le había parecido muy unida la vez que los había visitado y ahora concientizaba más a fondo que el problema de uno se convertía de manera automática en el problema de todos.</p>
<p>—Has venido hasta aquí, creo que Tom se desmayará de la impresión.</p>
<p>Esto último le tranquilizó un poco, buscó la mirada de la dama, era franca, era como hablar con Alana, menos hostilidad.</p>
<p>—Te daré un consejo chico, puedes tomarlo o mandarme a volar. —Bill asintió—. Todo en esta vida tiene solución. Tom no es ningún soberbio, sabrá tomar tu gesto, solo no insultes su inteligencia o le descolocarás, y el resultado puede ser totalmente contrario al que busques, si cometiste un error acéptalo y parte de ahí.  Tampoco dejes que pase de ti, no creo que fuera capaz de hacerlo, pero es una opción.</p>
<p>—Gracias.</p>
<p>Anne exhaló.</p>
<p>—No agradezcas, igual no quiero ser el prototipo de la suegra que es un dolor en el trasero.</p>
<p>Bill estuvo a punto de atragantarse con el último trago de sopa. Jamás hubiese esperado tal afirmación, y solo con cierta dificultad sonrió, agradeciendo tácitamente las recomendaciones que la señora Kaulitz le estaba dando.</p>
<p>—¿Cómo ha estado Tom? —se atrevió a preguntar por fin cuando pasaron unos cuantos minutos.</p>
<p>Anne, que se había sentado al frente de él, suspiró, apoyando los codos en la mesa y descansando el rostro en las manos.</p>
<p>—Creo que eso lo debes ver por ti mismo. —Hizo una pequeña pausa—. ¿Y cómo estás tú? Medio admito que cuando Tom llegó aquí hecho un desastre emocional, fui lógicamente bastante imparcial y monté en ira contra ti. —Bill puso un gesto que provocó que Anne moviera la cabeza levemente—. Una relación es de a dos, y con Tom viene sumado un tercer elemento por el pasado que carga a sus espaldas.</p>
<p>De nuevo, Bill se encontró desconcertado, su estómago como una válvula cerrada dándole a entender que no podría dar un bocado más.</p>
<p>—Han sido días extraños —dijo—, aunque no me he permitido pensar mucho.</p>
<p>—¿Y eso ha servido de algo?</p>
<p>—No, al&#8230; —dudó, se pasó los dedos por las sienes un instante—, al parecer estoy demasiado enamorado de su hijo, señora. —Ante esa aseveración, ni uno ni el otro podía estar completamente seguro de si era el mismo Bill o Anne quién estaba más asombrado.</p>
<p>El sonido de llantas en la tierra impidió que obtuviera alguna réplica excepto un pequeño, &#8220;ahora haz que Tom lo sepa&#8221;.</p>
<p>Bill sintió cómo la sopa se le revolvía con los jugos gástricos y el reflejo del vómito estuvo a punto de traicionarle. Debía admitirlo, estaba aterrado, porque podía ser que Tom no fuese un soberbio pero él sí lo era y admitirlo no le molestaba. Había sido educado con una mira muy alta de sí mismo y producto de su propia valía a veces podía olvidar fingir humildad. Anne le sonrió.</p>
<p>—Te prevengo, el que será difícil es Karl —advirtió, poniéndose en pie—. Ven, les daremos encuentro.</p>
<p>Y fue ahí donde Bill sintió como si el piso se le esfumara y caminara sobre gelatina. Inhaló fuerte y trató de guardar compostura, se vio rápidamente en el espejo de la sala y al oír el barullo afuera de la casa Kaulitz, salió justo para escuchar: “Tienes visita Tom”.</p>
<p>Salió al andén de la puerta y buscó a Tom, quien ataviado con una camiseta sin mangas y unos jeans sueltos, se quitaba las gafas negras como para cerciorarse que aquello no se debía a su imaginación.</p>
<p>—¿Bill? —inquirió de lejos como si pudiera estar engañándose. Que sus ojos siguieran colisionando fue interrumpido por un carraspeo.</p>
<p>—Señor Kaulitz, un placer —saludó Bill llegando a Karl que le estrechó la mano firmemente a pesar de que su mirada fulguraba algo que le hizo entender inmediatamente a qué se refería Anne con que su esposo iba a ser difícil—. Hola, Tom —añadió con una sonrisa que le vaciló en los labios.</p>
<p>—¿Hace cuánto llegaste? —preguntó Tom. Su voz sonaba normal, pero era palpable que todavía no lograba asimilar su presencia.</p>
<p>—No mucho…</p>
<p>—Mejor sentémonos —intervino Karl. Tenía un leve rictus severo en la boca que hizo que Bill tragara duro—. ¿Tuviste buen viaje? —cuestionó mientras Anne con ayuda de Tom se encargaba de servirles café.</p>
<p>—Sí, gracias. —Pensó en Katrina y en la conversación que había tenido con ella, y se obligó a volver la vista hacia su interlocutor—. Solo cuando llegué me percaté que no tenía ni idea de cómo llegar aquí, tuve suerte de que su apellido fuese conocido.</p>
<p>—Usualmente es así cuando vives en lugares como estos —sonrió Anne—, todos nos conocemos entre todos. Además está que Tom haya sido a veces un bribonzuelo de adolescente y que a Karl le encante organizar galas musicales.</p>
<p>—¿Bribón yo? —dijo Tom con una ceja alzada—. Alana era la que se aprovechaba de todos los chicos a los que tenía locos. —Si Bill creyó que el aligeramiento de ambiente iba a durar, estuvo equivocado—. No esperaba verte hasta mi regreso a Berlín.</p>
<p>—Bueno, ya sabes, Georg está insoportable extrañándote y ni siquiera Charlie lo puede consolar. —Su intento de broma hizo que el más mínimo de las sonrisas curvara las comisuras de los labios a Tom, lo cual le hizo respirar un poco mejor, sin embargo, Karl se aclaró la garganta.</p>
<p>—Qué te trae por aquí —cuestionó.</p>
<p>Bill exhaló, y algunas respuestas pasaron en milésimas en su cerebro. Tom había estado en la cena desagradable con su ahora futuro padrastro, así que no era el momento de acobardarse.</p>
<p>—He venido a hablar con su hijo, necesitamos aclarar un par de puntos y sobre eso creo que él sabrá tomar la mejor decisión.</p>
<p>Tom sintió como la garganta se le cerraba. Vaya que Bill era solo sorpresas, el aplomo con el que se dirigía a su padre no era propio de su carácter, hasta donde conocía. Es más, estar ahí no era propio de él. Fue evidente que la firmeza mostrada por Bill provocó que Karl bajase un poco su hosquedad.</p>
<p>—Esto es algo que solo les incumbe a ambos, pero…</p>
<p>—Pero nada —se entrometió Anne—, acabemos nuestro café y dejemos a los chicos —expresó dirigiéndose a su marido—. Además, sabes que tenemos que ir a ver al viejo Chuck para seguir preparando los detalles de la fiesta de este año. —Giró hacia Bill y sonrió, y a modo de explicación dijo—: Cada año celebramos nuestras navidades a lo grande y la familia, distribuida por doquier y varia gente del pueblo viene. Ahora no será la excepción.</p>
<p>Bill recordaba lo que le había dicho la mesera.</p>
<p>—Suena bastante alegre —dijo, sin dignarse a dirigirle ni un solo pensamiento amargo a las fiestas que su madre también organizaba porque no le cabía la duda que no tenían ni un pelo de comparación.</p>
<p>Hablaron un poco más de eso, y antes de darse cuenta se encontraba en el jardín trasero, en los mismos columpios en donde había intercambiado su primera conversación real con Alana. El silencio se hizo pesado, pero el confort que sentían estando juntos era perceptible para ambos.</p>
<p>—Viniste&#8230; —murmuró Tom, pero su voz se extinguió. Su mente aún trataba de llevarle a esos oscuros recovecos en los que había estado sumergido en los últimos días reflexionando su relación con Richard e inevitablemente comparando sus sinsabores con Bill.</p>
<p>—Lo hice —afirmó Bill con una sonrisa nerviosa—. Te he extrañado, Tom —siguió, modulando su tono—, te estoy extrañando ahora mismo. Sospecho qué pasa, pero quiero hablarlo, no hacerme suposiciones, ¿por qué viniste aquí en vez de ir a Berlín?</p>
<p>—Me aterrorizaste, Bill —dijo Tom. Voluntariamente estaba intentando endurecerse porque si no cedería igual de fácil que siempre. Ver a Bill, saber que había viajado, lo había buscado, influía mucho, sin embargo, no debía dejarse aturdir sin tratar el tema principal.</p>
<p>—A qué te refieres.</p>
<p>No estaba jugando a hacerse el tonto, había hablado en serio cuando había dicho que no quería hacerse ninguna suposición.</p>
<p>—Después de tu visita en Nueva York estuviste cortante, como si quisieras retroceder centímetro a centímetro los pasos que habías adelantado. Estuve tratando de sobrellevarlo porque te conozco y sé los jodidos miedos que tienes, pero… —Tom quedó mudo.</p>
<p>“Jodidos miedos”, repitió Bill en su mente. Era un modo brusco de ponerlo. Brusco y certero. Y ahí aceptó que había una diferencia de cuando había ido a Nueva York y el viaje emprendido al pueblo de Tom: la ansiedad era la misma, sí, sin embargo, la lucha interior distaba kilómetros de una decisión a otra. Algo había cambiado. “No”, se corrigió, “algo fue obligado a ser cambiado”, y eso era debido a que si no dejaba atrás todos sus malditos prejuicios y recelos perdería a Tom, lo cual era inadmisible.</p>
<p>—Las cosas cambian —fue lo único que alcanzó a decir antes que sus ojos chocasen con los de Tom y reparasen que también algo había dejado de ser lo mismo en ellos. Tragó en seco y sin meditarlo preguntó—: ¿Te estás endureciendo  conmigo?</p>
<p>—Solo me estoy protegiendo.</p>
<p>—¿De mí? —cuestionó Bill, llevándose la mano al pecho. Estaba bien, él no hacía fácil las cosas, ¿pero tanto como para protegerse?</p>
<p>Tom prendió un cigarro y le ofreció uno. Las volutas de humo abandonaron sus labios antes de contestar.</p>
<p>—Si te hubiese conocido antes que Richard todo tal vez fuese diferentes, ¿sabes? Hubiera seguido con el corazón expuesto a ti sin traba alguna hasta que posiblemente me lo destrozaras. Pero con él aprendí mucho.</p>
<p>Richard. Bill notó que odiaba ese nombre, o mejor dicho, odiaba lo que representaba y a quién. Le dio una calada profunda a su cigarrillo y contempló el cielo plagado de estrellas.</p>
<p>—Georg me hizo dar cuenta que algo debió de pasar —decidió contar. Movió ligeramente el columpio, ordenando lo que quería decir—. Debiste tener un detonador que le diese más peso a la inseguridad que te causo, Tom. —No estaba preguntando ni similar, estaba afirmando en busca de una respuesta igual de directa.</p>
<p>Tom exhaló, no sabía si responder directamente.</p>
<p>—El problema es este: nosotros teníamos una relación de esas buenas en su mayoría y episodios tormentosos, pero ahí estaba yo dispuesto a seguir sus pasos, no importaba qué. Antes no era así Bill, fui frío, pretendí dejarlo un par de veces y me suplicó seguir con él, poco a poco fui entregándome al cien, desarrollando esa sinergia de pareja, perfecta y rara al mismo tiempo, intensa&#8230;</p>
<p>»Richard tenía un problema y yo lo llevaba a su lado hasta que, entonces, un buen día de la nada tomó sus cosas y se largó sin ninguna explicación&#8230; dejando todo atrás. Me das miedo Bill, eso es. Eres capaz de distanciarte estando en la misma cama que yo, capaz de abandonarme emocionalmente a mi suerte y eso es algo que no soportaré, no estoy listo para que nadie me derrumbe.</p>
<p>Bill sentía que ese era un resumen demasiado nimio y sin pormenores para exponer por qué Richard significaba un antes y un después para Tom; no le bastaba. Se ajustó la bufanda en su cuello y aplastó la colilla en una de las cadenas del columpio.</p>
<p>—¿Cómo lo conociste? —No era difícil de adivinar, y Tom enfiló los ojos.</p>
<p>—Rattle me recomendó a su padre cuando me contrató para que fuese mi <em>lutier.</em> Fue atracción a primera vista, quizá por contraste de personalidades. Richard era bastante taciturno y muy sarcástico; en extremo inteligente. Tenía sus buenas épocas, tenía las fatales. Tuve la puta suerte de conocerlo cuando estaba mejor.</p>
<p>—¿Ya tenía sus… <em>problemas</em>?</p>
<p>—Los tiene desde la adolescencia, pasando sobrio una temporada y luego cayendo hasta lo peor. —Para Tom no era sencillo estar hablando de eso, sin embargo, se hallaba haciendo el esfuerzo y Bill se sintió muy agradecido—. Como te digo, lo conocí cuando estaba mejor. Me contó que tenía una adicción… —calló y suspiró.</p>
<p>—Yo no soy así.</p>
<p>Tom exhaló y le vio con la ironía reflejada en el rostro.</p>
<p>—Obvio, pero no quiero que puedas llegar a ser tan destructivo como él, en todo caso el complicado no serías tú, tal vez soy yo que no sé frenarme.</p>
<p>Bill asintió. —Te diré algo, me has cambiado la vida y no podría alejarme de ti tan fácilmente, a menos que lo quieras… y eso es lo que quisiera saber, Tom, ¿quieres que me aleje?</p>
<p>El silencio se extendió denso como una sombra demasiado oscura para filtrar alguna especie de luz. Bill quiso levantarse, irse y nunca más mirar atrás; se contuvo. No era ningún adolescente frente a un enamoramiento pasajero, lo sabía, lo había comprobado. Tragó saliva, tenía la garganta demasiado reseca.</p>
<p>—Richard te dejó dañado emocionalmente, entiendo. También entiendo que mi comportamiento y mis propios bloqueos te hayan puesto en alerta —siguió hablando con suavidad. No obtener respuesta le había encogido el corazón a un puño y le costaba seguir la conversación—. Pero, y escúchame bien, ahora mismo no soy el único que está poniendo trabas entre tú y yo.</p>
<p>—¿Trabas? —repitió el de trenzas. Estaba a la defensiva, era evidente—. Lo siento, Bill, no pretenderás que me abra a ti como si nada hubiera pasado. Me asustas, te reitero. Tus cambios abruptos, tus días oscuros, puedo lidiar con ellos, pero con la certeza de un sentimiento que nos una&#8230;</p>
<p>Eso no era referencia directa a lo que había dicho ni una contestación que veía demasiado válida.</p>
<p>Bill se obligó a respirar, sabía que no iba a resultar fácil, pero ciertamente no había tenido ni remota idea de qué tanto afecto habían tenido en Tom sus actitudes y alejamientos. Era su jodida culpa, estaba bien, pero se encontraba ahí y quería solucionarlo. No sabía si podía decir lo mismo del otro chelista. ¿Cuándo él se había convertido en alguien que con tanta solidez quería algo, mejor dicho, a alguien? Había hecho falta que tocara fondo.</p>
<p>—Tom…</p>
<p>Una figura acercándose a ellos le impidió seguir. Era Anne que se detuvo a unos metros.</p>
<p>—Teléfono, Tom.</p>
<p>—Está bien, ya vuelvo. —Bill asintió, encendió otro cigarrillo más y Anne le sonrió antes de seguir los pasos de su hijo.</p>
<p>La seguridad que estaba mostrando no era falsa, no obstante, tampoco era un buen ejemplo de estabilidad total. Había luchado contra sus propios demonios, y los sentimientos hacia Tom habían prevalecido, pero la batalla era reciente y los años en los que había vivido en una ermita emocional eran muchos.</p>
<p>Anne, contrario a la buena educación y llamando la atención de Tom, se quedó cerca de él mientras hablaba. Era una nueva proposición para dejar a la BOP y continuar su carrera. Escuchó cortésmente un señor disculparse por la irrupción con acento ruso y pasar a enumerarle las oportunidades que tendría si optaba por su escuela musical. Agradeció y dijo que si le enviaban los papeles lo consideraría y colgó.</p>
<p>—Y bien, mamá —dijo medio recostándose en la pared.  Sabía que Anne quería decirle algo, le conocía.</p>
<p>Su madre exhaló y giró a ver a través de la cortina la silueta de Bill meciéndose en el columpio.</p>
<p>—Se la estás haciendo pasar difícil, ¿eh? —más que preguntar, le afirmó antes de volverse completamente hacia él y dirigirle una severa mirada.</p>
<p>—Umh&#8230; —Ann hizo un  gesto pidiéndole silencio.</p>
<p>—Sé perfectamente lo que haces, y no te culpo. ¿Pero harás pagar por Richard a todo el que se te acerque?</p>
<p>Tom automáticamente cerró los ojos y parpadeó abriéndolos, tan pronto fue consciente de ello, dolía, él aún dolía. Tragó en seco.</p>
<p>—¿Sabes?, no decido si Bill me agrada o no —mintió Anne—, pero según nuestras pláticas sobre ese muchacho, el solo hecho de venir y poner la cara ante tu padre demuestra no su carácter, si no el tamaño de lo que significas para él.  Así que ve, y no me importa si le perdonas o no, pero le respetas, le das su lugar y sobre todo demuestras la hospitalidad de tu familia. Le arreglaré una habitación.</p>
<p>Tan pronto como terminó de hablar giro sobre sí y salió del salón.</p>
<p>Tom tragó saliva. Su miedo aunado a las actitudes no menos asertivas de Bill resultaba en una confusión nada alentadora para su corazón&#8230; Recordó su esencia, le gustaban las cosas directas y sin complicaciones y eso sería justo lo que haría, se tomaría la vida en un segundo y todo dependería de él ahora.</p>
<p>Regresó al jardín y los ojos de Bill brillaban.</p>
<p>—Bill, ¿puedo preguntarte algo? —“Alguna vez te arrepentiste de haberte ido sin decirme nada”, era el cuestionamiento que le había llevado al abismo&#8230; tal vez solo algo parecido podría sacarlo.</p>
<p>—Te escucho —Indicó Bill al verlo bajar la mirada, como si rebuscara algo en su cerebro. Tom avanzó hacia él y se sentó de nuevo.</p>
<p>—Te arrepentiste de&#8230;</p>
<p>Bill negó e hizo un gesto, interrumpiéndole.</p>
<p>—No me he arrepentido de nada estando contigo, de lo único que me arrepiento es de no haber ido por ti al aeropuerto, fue inmaduro de mi parte. He… he tenido mis problemas para aceptar ciertas cosas, lo sabes bien. —Bill suspiró y se frotó los ojos. Estaba exhausto, tanto física como mentalmente.</p>
<p>Tom pensó en lo que su madre le había dicho y, dubitativo, estiró la mano para apretar la de Bill, quien ladeó el rostro para verlo y sonrió, sus ojos todavía brillando, su expresión agotada.</p>
<p>—Es tarde —dijo con suavidad.</p>
<p>Recibió un asentimiento. No hablaron más mientras se dirigían hacia la casa en donde Anne estaba aguardando para dirigir a Bill a la habitación de huéspedes que le había adecuado. Su “adiós” provisorio no fue más que una mirada corta, pero significativa. Mañana sería otro día, se confortó Tom al enterrar la cara en la almohada. Tenía toda la noche para asimilar la conversación que había tenido con Bill, sus intenciones, sus propios sentimientos.</p>
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		<title>Oneshot // Consecuencias by Ale Littlewitch</title>
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		<pubDate>Tue, 17 Jan 2012 02:23:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ale Littlewitch</dc:creator>
				<category><![CDATA[One Shot]]></category>

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		<description><![CDATA[Y no podía no publicarlo.... este me lo tenía que sacar del corazón.

Dedicado a Princess, Mafe y Vanek...

____________________________________________________________________
<p style="text-align: center;"><strong>Consecuencias</strong></p>
<p style="text-align: center;"></p>
<em>El ruido de la música, aún con las puertas cerradas, era ensordecedor. Mientras estuvieron conversando pareció molestar menos que ahora.

El ruido de la música allá afuera, no les permitía saber si había más gente a punto de ingresar al baño.

Ella salivó su miembro con ganas, ella sabía hacerlo muy bien. Él sólo se entregaba a la sensación bloqueando en su mente todos los pensamientos que lo llevaran hasta el recuerdo de los ojos, de los labios, y del cuerpo de su amado. Ahora estaba con otra y no quería saber nada más.

Él le tendió a la rubia un sobre plateado que habían sacado del dispensador aquel en el mismo baño. Ella aún arrodillada le extendió el preservativo a lo largo del miembro, y espero a que él se sentara en el inodoro pulcramente limpio. Ella se sentó sobre él, y sin decirse nada comenzaron el vaivén.

Ya no había vuelta atrás.

Había cruzado la línea.</em>

ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº

—Pues son buenos los viajes a Los Angeles.

—Sí, permiten relajarse en los baños de mujeres. —Risas. —Sin embargo, más vale un hombre soltero, incluso uno abandonado, que uno casado, pero engañado. —Concluyó la rubia.

—¿Quién está casado? —Preguntó la chica pelirroja.

Las voces y las risitas burlonas de las chicas enervaron al muchacho que sólo pudo continuar con su labor frente al espejo en silencio, mientras tragaba saliva, rogando que su gemelo no se diera cuenta de la doble intención de esos comentarios. Sus manos temblaban, dejando en evidencia su turbación y su miedo

—¿Estás bien?

—Sí —respondió lacónico.

[**Sigan el tag**]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y no podía no publicarlo&#8230;. este me lo tenía que sacar del corazón.</p>
<p>Dedicado a Princess, Mafe y Vanek&#8230;</p>
<p>____________________________________________________________________</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Consecuencias</strong></p>
<p style="text-align: center;">
<p><em>El ruido de la música, aún con las puertas cerradas, era ensordecedor. Mientras estuvieron conversando pareció molestar menos que ahora.</em><br />
<em><br />
El ruido de la música allá afuera, no les permitía saber si había más gente a punto de ingresar al baño.</p>
<p>Ella salivó su miembro con ganas, ella sabía hacerlo muy bien. Él sólo se entregaba a la sensación bloqueando en su mente todos los pensamientos que lo llevaran hasta el recuerdo de los ojos, de los labios, y del cuerpo de su amado. Ahora estaba con otra y no quería saber nada más.</p>
<p>Él le tendió a la rubia un sobre plateado que habían sacado del dispensador aquel en el mismo baño. Ella aún arrodillada le extendió el preservativo a lo largo del miembro, y espero a que él se sentara en el inodoro pulcramente limpio. Ella se sentó sobre él, y sin decirse nada comenzaron el vaivén.</p>
<p>Ya no había vuelta atrás.</p>
<p>Había cruzado la línea.</em></p>
<p>ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p>—Pues son buenos los viajes a Los Angeles.</p>
<p>—Sí, permiten relajarse en los baños de mujeres. —Risas. —Sin embargo, más vale un hombre soltero, incluso uno abandonado, que uno casado, pero engañado. —Concluyó la rubia.</p>
<p>—¿Quién está casado? —Preguntó la chica pelirroja.</p>
<p>Las voces y las risitas burlonas de las chicas enervaron al muchacho que sólo pudo continuar con su labor frente al espejo en silencio, mientras tragaba saliva, rogando que su gemelo no se diera cuenta de la doble intención de esos comentarios. Sus manos temblaban, dejando en evidencia su turbación y su miedo</p>
<p>—¿Estás bien?</p>
<p>—Sí —respondió lacónico.</p>
<p>Era la segunda visita a Japón. Todos los chicos de Tokio Hotel estaban emocionados con ello. Era casi como una cuestión de mantener el entrenamiento. Hacer promoción era lo suyo. Tantos años de lo mismo desde tan jóvenes, los había vuelto unos expertos.</p>
<p>El muchacho esperó hasta estar solo. Debía procurar mantener todo bajo control. Así apenas pudo acercarse a la chica pelirroja, la llevó hasta un rincón y la enfrentó.</p>
<p>—¿Qué es lo que pretendes? ¡¿Ah?!</p>
<p>Ella estaba extrañada —¿Lo dices por los comentarios?</p>
<p>—¿Y de qué más podría ser?</p>
<p>La chica frunció el ceño —. Sólo eran bromas. No entiendo. Lo dices como si fuera de lo peor.</p>
<p>—No quiero que nadie lo sepa. Si mi hermano se entera…</p>
<p>—Pues Natalie comenzó. Ella anda hablando y tú no le dices nada. En cambio te desquitas conmigo, si te molesta tanto, haz que me despidan.</p>
<p>—Sí, claro —al chico le palpitaba una de las sienes —para luego ir al primer diario amarillista y venderle la historia.</p>
<p>—¿Qué tiene de malo que se sepa? Eres un hombre libre, a nadie le debes explicaciones.</p>
<p>El joven resopló, se dio media vuelta y fue en busca de la rubia maquillista.</p>
<p>Ella acababa de salir del camerino de Georg y Gustav. Su hermano estaba en el suyo aún afanado en verse mejor si se podía, para las cámaras.</p>
<p>—Necesito hablar contigo.</p>
<p>—No puedo, debo retocar a tu hermano, ya me lo ha pedido dos veces. Sabes cómo se pone si no se le atiende de inmediato.</p>
<p>—¿Me puedes explicar qué estás haciendo con todos esos comentarios?<br />
Ella medio sonrió y meneó la cabeza —, creo que estás paranoico. Eso se llama culpa —suavemente le tocó el pecho con su dedo índice.</p>
<p>—No te incumbe, Natalie.</p>
<p>—Tal vez no, tal vez sí. Pero al final, no fui yo quien tuvo sexo clandestino en un baño con alguien que no es mi pareja.</p>
<p>—Por lo menos en esa ocasión no fuiste tú quien tuvo sexo clandestino con cualquiera en un baño.</p>
<p>A la chica se le desapareció la sonrisa —, lo que yo haga con mi vida, o con quien me acueste no es asunto tuyo. No soy yo la estrella rock que debe mantener una imagen.</p>
<p>—¡Vaya! Justo ahora tu imagen publicitaria no te importa tanto. Deberías tenerlo en cuenta para la próxima vez que quieras montarte en nuestro auto o arrimarte a nosotros para salir en las fotografías que luego darán la vuelta al mundo. —El chico se acercó y la miró desafiante —, recuerda que tú también tienes tejado de vidrio. En cualquier momento se puede romper.</p>
<p>—Por lo visto, nuestra amistad se rompió antes.</p>
<p>—Tú lo has querido.</p>
<p>ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p>Y los rumores no se detuvieron.</p>
<p>La primavera en Los Angeles estuvo plagada de nubarrones oscuros y tenebrosos. El muchacho despertaba a veces con el miedo destrozándole el pecho. Sudando, totalmente angustiado. Si existía el infierno, ese era su infierno personal.</p>
<p>Cada mañana sentía con pavor que posiblemente ese día alguien le contaría a su gemelo lo que había hecho  casi un año atrás.<br />
No había vuelto a hablar con la chica, pero eso no hacía su acto menos despreciable.</p>
<p>Había traicionado al amor de su vida, sólo por un poco de diversión. Y ni siquiera podía excusarse en el alcohol que había bebido aquella noche de verano. No había sido mucho.</p>
<p>Y ahora, el viernes anterior,  había tenido un ultimátum, y esta vez venía de su mejor amigo.</p>
<p>Sabía bien que a su amigo no lo guiaba un llamado altruista por hacer justicia. No. Era sólo una estrategia más de una larga batalla, donde cada uno usaba sus mejores armas por el premio mayor: el amor de su gemelo.</p>
<p>El tiempo se agotaba. Y el chico odiaba las manecillas del reloj que avanzaban como lo haría una sentencia de muerte.</p>
<p>Tenía que ser ahora, justo antes de la siguiente actuación en vivo.<br />
Todo acto tiene una consecuencia. Y debía asumir la suya.</p>
<p>Llevaba tres días intentándolo. Y su amigo le había dicho que le daba una semana, sólo una. Lamentablemente el plazo fatal coincidiría con unas entrevistas en vivo. Funesta combinación. Tenía que estallar antes. Si su gemelo iba a explotar, que lo hiciera antes, en su casa, con sus perros, en soledad y no frente a las cámaras.</p>
<p>Aquella mañana sus manos le sudaban. Su corazón latía velozmente, y parecía querer escapar de su pecho. Su pecho, que era un agujero negro donde el remordimiento le había corroído toda la luz y la energía.</p>
<p>Intentaba esconder su tormento detrás del vapor de una taza de café.</p>
<p>—Ya dilo. Algo te pasa.</p>
<p>—No quieres saberlo.</p>
<p>—Tenemos la conexión ¿recuerdas?</p>
<p>—Y qué te dice.</p>
<p>—Ya sabes que no siempre te puedo leer. Hace días… no, hace semanas que no me dejas leerte con facilidad.</p>
<p>—Sí, me pasa algo.</p>
<p>—¿Qué tan malo puede ser?</p>
<p>—Es muy malo. Y no puedo decir ni hacer nada para que sea menos malo.</p>
<p>—¿Te robaste mis caramelos?</p>
<p>—Es algo estúpido.</p>
<p>—¿No te gustaron los spaghetti que preparé ayer? Sabes que me esfuerzo.</p>
<p>—Es algo turbio. Deja que te explique.</p>
<p>—No seas dramático. Apuesto que measte fuera del inodoro y no limpiaste. Aunque claro, yo haría drama por eso.</p>
<p>—Necesito decirlo de una vez antes de que el mundo explote.</p>
<p>—El mundo va a explotar el 2012, para qué adelantarlo. Aún queda un año.</p>
<p>—¡Escúchame!</p>
<p>—¡El que no dice nada eres tú! Yo ya te ayudé dándote ideas.</p>
<p>—¡Te engañé! ¡Te engañé!</p>
<p>El otro chico frente a él se quedó con la sonrisa congelada en sus labios —Ya. Intenta otra cosa porque eso no es gracioso.</p>
<p>—No es broma —susurró.</p>
<p>El otro muchacho se quedó esperando la reacción típica de Bill después de jugarle una broma, pero no sucedió —. Engañarme… cómo. —Inquirió  también en un murmullo quejumbroso de miedo.</p>
<p>—¡Te fui infiel, Tom! ¡Te fui infiel!  —El chico de trenzas abrió la boca intentando decir algo, pero el aire en sus pulmones no salía. Un zumbido ensordeció sus oídos, y por instante creyó aún estar dormido con una de esas pesadillas horribles que luego no podía olvidar. Sus ojos se nublaron porque aunque su mente buscaba desesperadamente una salida para aquel momento imposible de procesar, su corazón le dijo que Bill no estaba jugando.</p>
<p>No.</p>
<p>No era una broma.</p>
<p>—¿Me engañaste? —Y el llanto afloró. Tom no hizo nada para contenerlo.</p>
<p>—Besé a una chica… no fue con intención&#8230; E-e-e-estaba borracho. Tomi, no llores bebé. Fue sólo un beso.</p>
<p>Bill tendió su mano para asir la de Tom, que la apartó violentamente.<br />
—No me toques. —Se puso de pie y dio vueltas por la cocina sin saber qué hacer. Se sentía estúpido por llorar. Bill se merecía unos buenos golpes, no sus lágrimas. De pronto se volvió con furia y acercó su rostro lloroso, rechinando los dientes —¿Me vas a decir que sólo la besaste?</p>
<p>—Te lo juro. Sólo fue eso. Tom. —El de trenzas se volvió a girar dándole la espalda —, te lo juro. Estaba borracho, y ella de pronto me estaba besando y  y y  y la aparté.</p>
<p>—¿No hubo nada más?</p>
<p>—Tomi… —Bill titubeó, luego cerró los ojos. Creyó ver el fuego del infierno esperando por su ser. No diría nada más. Casi como un suicida se lanzó al fuego de su propia mentira para dejarse arder. Después de todo, medias verdades eran menos dolorosas que verdades completas, se justificó. Se arriesgaría. No quería perder a Tom aunque tuviera que vender su alma al diablo —No, Tomi. No hubo nada más.</p>
<p>Cuando el rostro de Tom se giró para mirarlo, sus ojos acusadores fueron demasiado insoportables para Bill, y por primera vez en mucho tiempo bajó los suyos. La sombra que cruzaba el rostro amado, el dolor y el desengaño, fueron las brazas incandescentes que quemaron su piel y su alma. Se maldijo, se odió, y el desprecio hacia sí mismo no tenía medida.</p>
<p>—Pues más te vale que me hayas dicho toda la verdad —La voz de Tom era ronca, grave, oscura —. Yo te amo, pero si me entero que me has mentido, te haré pagar… te haré pagar Bill —las lágrimas corrían por sus mejillas sin pausa —y lo lamentarás por el resto de tus días. Por ahora no quiero que me toques, no quiero tus besos. No quiero nada de ti.</p>
<p>ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p>Los días pasaron veloces. No compartían cama, no compartían almuerzos, a veces ni siquiera un saludo.</p>
<p>Ambos parecían fantasmas.</p>
<p>Uno de esos días, Tom desnudo, cubierto por la toalla que había tomado en la ducha, simplemente se acercó a su gemelo.</p>
<p>No dijo nada, sólo se puso entre las piernas de Bill y succionó su sexo tal como le gustaba que se lo hicieran.</p>
<p>Luego de aquel forzado periodo de abstinencia, los deseos de Bill estaban a flor de piel. Su corazón se llenó de regocijo. Su bebé estaba junto a él, le estaba dando amor y se sintió feliz y agradecido.</p>
<p>Se desnudó con prisa, temblando, impaciente. Tom, ya estaba libre de su toalla, y su miembro estaba tieso y duro.</p>
<p>Bill se estremeció por la inminencia del acto sexual, y gozoso penetró a su gemelo. Mordió sus pezones, su cuello, su pecho. Moría por tener sus besos otra vez, pero se contuvo por unos momentos más. Cada embestida era como tocar el cielo. Era el agua para el extraviado que vagaba por el desierto. Los gemidos de Tom eran música para los oídos de Bill. Se sentía dichoso de poder estar así con su amado. Con la nueva esperanza de que Tom ya le estuviera perdonando.</p>
<p>—Oh Tomi. Te amo.</p>
<p>Tom no dijo nada, pero a Bill eso no le molestó. El orgasmo se acercaba a pasos agigantados, y Tom tenía su rostro húmedo por pequeñas gotitas de sudor. Cada roce en su punto de placer era como un regalo, un pequeño triunfo, pero su victoria estaba por llegar.<br />
Bill con los ojos nublados por el placer se permitió observar el rostro de su gemelo, mientras le balbuceaba un te amo entrecortado por la respiración y los jadeos. Acercó su rostro buscando los labios que llevaba extrañando tantos días. Y cuando el orgasmo comenzaba a golpear su cuerpo con fuertes espasmos, llevó su boca hasta la de Tom. Pero Tom apartó sus labios, y no se dejó besar.</p>
<p>El clímax terminó con una mezcla rara de goce y dolor. Su Tomi no le había perdonado.</p>
<p>Gruesas lágrimas cayeron de sus ojos.</p>
<p>—Perdóname… perdóname —suplicó entre sollozos.</p>
<p>Tom se apartó de él, con el mismo silencio. Dejando a un Bill desnudo, acurrucado en posición fetal, llorando.</p>
<p>Bill no supo que Tom también estaba llorando.</p>
<p>ººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p>El tiempo todo lo cura… dicen. Y algunas semanas después, Tom había decidido que ya había castigado suficiente a su gemelo.</p>
<p>Bill recuperó sus besos, y Tom se sentía capaz de olvidar… algún día.<br />
El cantante comprendía que Tom tuviera dentro de todo, algunos días malos. Pero estaba seguro que lo superarían juntos. Habían tenido momentos difíciles, pero también se estaban multiplicando los días alegres y buenos.</p>
<p>Junto a todo su drama personal, la disquera seguía presionando para que hicieran cosas que no los tenían felices para nada.<br />
Gajes del oficio, pensaban. El asunto del incesto aún ponía mal a la disquera.</p>
<p>Las semanas se convirtieron en meses, y Bill se había acostumbrado a la idea de reconstruir sus vidas, juntos.</p>
<p>Tom, entre todos sus altibajos, esperaba que aquel asunto quedara atrás lo antes posible.</p>
<p>Pero nada es tan fácil. Ni nada es gratis. Tampoco una reconciliación ganada sobre una mentira.</p>
<p>La verdad siempre te alcanza.</p>
<p>—Creo que te engañas. Más bien te has dejado engañar. ¿Ves ese video?</p>
<p>—Sí, veo a Natalie. Está David…</p>
<p>—Tom, ¿dónde está Bill? Mira el video, ¿dónde está Bill?</p>
<p>—Quizás fue al bar, quizás fue al baño. Andy, ¿por qué me atormentas con esto? Para mí es algo superado. —El otro chico resopló a través del micrófono.</p>
<p>—¿En serio? Porque quiero que veas este otro video, y no te estoy atormentando. Alguien me envió los links, y sería muy mal amigo que no te los enseñara. Por favor ve.</p>
<p>Tom cliqueó en la dirección que le dejaba su amigo en la ventana del skype.</p>
<p>—¿Qué quieres que vea?</p>
<p>—Nómbrame a los que ves.</p>
<p>—Veo a Bill… ¡Andy, a dónde quieres llegar!</p>
<p>—Ves a Bill, bien. ¿A quién más?</p>
<p>—Igual que en el otro video, veo a Natalie, a Dennis, a Jost… y…</p>
<p>—¿Sí?</p>
<p>Tom sintió que su corazón había perdido toda la sangre. Su cabeza dolió y las mejillas le ardieron.</p>
<p>Habló con hilito de voz —la chica.</p>
<p>—¿Ves?</p>
<p>—Ella estuvo ahí. Se suponía que no.</p>
<p>—Y lo que es peor. Hay un momento en que no están ninguno de los dos visibles para las cámaras. Yo creo Tom, que esto merece una explicación y…</p>
<p>Tom apagó su laptop, y sus pasos partieron hasta el patio.<br />
Bill no necesitó ni un solo segundo para saber lo que le pasaba.<br />
La verdad lo había alcanzado.</p>
<p>—Tom…</p>
<p>No supo cuándo el puño le golpeó. Como fue algo imprevisto, perdió el equilibrio. Y tampoco pudo discernir si le dolió más el golpe, la caída, o el corazón al ver la mirada de dolor de su gemelo.</p>
<p>—¡Me juraste Bill! ¡Me juraste que fue sólo un beso! —Bill se puso de pie. Si Tom lo golpeaba otra vez, lo dejaría, no se defendería. Se lo tenía bien merecido.</p>
<p>—Soy un cerdo mentiroso —susurró con la voz alterada por un sollozo sin lágrimas.</p>
<p>—¡¿Por qué?! ¡¿Ah?! ¡Dime! ¿Te pareció la vulva de esa puta más deliciosa que mi entrada? ¿Ya no te gustan los lubricantes sabor a fresa? ¡Si quieres me pongo implantes! ¡¿Te gustaría Bill, te gustaría?! Qué me hace falta Bill, qué es aquello que no te doy… —El llanto cortó sus palabras.</p>
<p>—Tom…</p>
<p>—¡¿Qué debo hacer para que sólo quieras estar conmigo!?</p>
<p>—Yo sólo quiero estar contigo.</p>
<p>—¡Mentira! Los hechos hablan por sí solos. Me has mentido por más de un año Bill. Hicimos una promesa. Me prometiste fidelidad.</p>
<p>—Lo siento… lo siento. Lo siento tanto.</p>
<p>—Cuando empezamos hace más de cuatro años, teníamos tanto miedo de herirnos. De quebrar nuestra relación de hermanos. Teníamos tanto miedo de equivocarnos. Y aquí estamos ahora. —Se abalanzó hacia su hermano y golpeó su pecho una vez, dos veces, tres, varias, con ambos puños. Bill sólo lloraba, y dejó sus brazos caídos, no hizo nada por evitar cada golpe. Luego se aferró a él, y Tom dejó de golpearlo, y sólo lloró a gritos —¡Cómo pudiste dormir junto a mí, cómo pudiste besarme, hacerme el amor, cómo pudiste mentirme con tanta frialdad! ¡Dime qué hago ahora con este dolor!</p>
<p>Luego se separó de él.</p>
<p>Esa noche Tom, como varias otras que vendrían, no durmió en casa.</p>
<p>Y Bill deambuló por las habitaciones como alma en pena sin poder dormir.</p>
<p>ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p>Una noche de placer infame, había dado como consecuencia muchas noches de dolor y soledad.</p>
<p>Nada compensaba lo perdido.</p>
<p>Los silencios, eran llenados por sonrisas falsas para las cámaras, para los amigos, para los productores. Sólo las canciones oscuras de Bill habían alertado un poco a la disquera, y ya le habían advertido que no querían canciones así.</p>
<p>Sin embargo, casi nadie se había preocupado al saber de las muchas ocasiones en que Tom dormía o en un hotel, o en casa de amigos. A nadie le debía llamar la atención que quisiera tener actividades sin su hermano. Total es así como se comportan todos los hermanos.<br />
Sólo Bill iba perdiendo la luz de sus ojos. Se sentía como un muerto en vida, buscando miles de formas para no morirse de dolor y espanto.<br />
Había traicionado a quien más amaba de muchas maneras, y no había consuelo para su tormento porque él mismo era su peor condena.</p>
<p>Incluso aunque Tom regresara con un corazón jubiloso diciéndole que lo perdonaba y que lo seguía amando, Bill no se sentiría merecedor de tal clemencia.</p>
<p>No obstante, para el corazón generoso de Tom, no había tormenta que pudiera destruir su amor. Y sólo su rabia, y su tristeza le impedía tomar el control de la situación.</p>
<p>Con Bill  hablaba, ¡claro que  hablaba! Pero de cosas cotidianas, de trabajo o con ironías, con palabras punzantes sabiendo qué cosa pondría mal a su gemelo. Su castigo no había terminado.</p>
<p>El invierno había sido duro. Un extraño contraste con el invierno suave de Los Angeles. El invierno glacial lo llevaban dentro de su corazón.</p>
<p>A veces Bill creía ver algo de ternura en la mirada de Tom, a veces creía tener pequeños triunfos en su incansable tarea de reconquistarlo, y luego todo parecía estar cubierto otra vez de una horrible niebla oscura que los volvía a separar.</p>
<p>Se esforzaba por mantener vivo el recuerdo de sus últimos besos, y de sus últimas caricias. Vivía de esas remembranzas.<br />
De vez en cuando lloraba en silencio y a solas. Y de su llanto no podía culpar a nadie más que a sí mismo.</p>
<p>Tom también lloraba, a veces, pero el paso de los meses le iba dando un matiz de sombría resignación. Sabía que amaba a Bill, pero aún no podía confiar, aún no podía perdonar.</p>
<p>Había algunos días que estaba dispuesto a hacer un sacrificio y arriesgarse, sólo por la promesa de tener el anhelado calor del abrazo de Bill cuando dormían. Pero no faltaba el buen amigo que le daba consejos, demostrándole lo apresurado de su actuar. Que el infiel no tiene rehabilitación. Que lo volverían a engañar.</p>
<p>El instinto de supervivencia de Tom se activaba, y se volvía a alejar de Bill como de un depredador.</p>
<p>Mas el sonido de la voz de Bill diciendo: —Te amo— retumbaba en sus oídos y en su corazón. Bill no se cansaba de decirlo. Y Tom sabía que era verdad.</p>
<p>Pero aún el miedo era más fuerte.</p>
<p>ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p>Una noche de primavera, Bill sintió el movimiento de alguien cerca de su cama. Algo asustado encendió la luz de la lámpara.</p>
<p>Tom estaba de pie a unos dos metros.</p>
<p>—Estoy cansado de extrañarte —, dijo con una leve sonrisa.</p>
<p>Bill se levantó y acortó la distancia. Se fundieron en un quieto abrazo.</p>
<p>—Entonces quédate conmigo. No te vayas.</p>
<p>—Prométeme por un día a la vez que no me dejarás y que estarás sólo conmigo.</p>
<p>—Te prometo por esta noche que estaré junto a ti siempre y sólo contigo.</p>
<p>—¿Y podré pedirte lo mismo mañana en la mañana?</p>
<p>—Todos los días y todas las noches.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Fanfic// Once. Capítulo 4: Columpios</title>
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		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 18:18:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadir</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 Fan Fiction]]></category>
		<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya saben, preguntas aquí: <a href="http://www.formspring.me/Nadir94 ">http://www.formspring.me/Nadir94</a> y mi blog (por si les interesa otras creaciones -todo es twincest-): <a href="http://kasomicu.blogspot.com/">http://kasomicu.blogspot.com/</a>
Preguntas para Bill (anda, que él también tiene derecho a tener sus redes sociales -lol-): <a href="http://www.formspring.me/BillobearOnce">http://www.formspring.me/BillobearOnce </a> y su fb: <a href="http://www.facebook.com/profile.php?id=100002474408365">http://www.facebook.com/profile.php?id=100002474408365
</a>
Preguntas para Once: <a href="http://www.formspring.me/TomOnce">http://www.formspring.me/TomOnce</a>

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<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo 4: Columpios</strong></p>

<div>Tom no era bueno en matemáticas, ni tampoco en historia, le tenía un cierto pánico a los números; nunca recordaba las fórmulas en la primera materia, ni las fechas de las líneas de tiempo para los exámenes de la segunda,  le podían decir que era feriado y él no tendría ni idea de qué se celebraba. Sin embargo, recordaba muy bien los rostros de la gente, y si te veía seguido, hasta tu nombre se lo aprendería de memoria; también las acciones, si lo lastimabas por alguna razón, podría hablarte con normalidad al siguiente día, no obstante, dentro de sí sentiría cierto desprecio.</div>
<div>Tom no era como sus compañeros que, al parecer, les borraban la memoria al dormir y cuando iban a la escuela de nuevo no recordaban lo que les pasó ayer, o si la madre de uno de sus amigos murió, o como cuando él tuvo una reacción alérgica a las picaduras de mosquito y aún así lo dejaron encerrado en una habitación llena de ellos solo para ver cómo se las ingeniaba para salir. El auxiliar tuvo que sacarlo y fue directo al hospital. Le pidieron disculpas entre lágrimas, alegando que sólo querían hacerle una broma. Su madre armó un escándalo a niveles estratosféricos pero eso era otro tema.</div>
<div>El punto radicaba en que… Tom no podía simplemente pensar la mayor parte del día en ese chico y cuando dejaba de verlo en dos recreos, fingir que estaba bien, que no le afectaba en lo más mínimo. Le afectaba quizá mucho, inclusive le preguntó a sus compañeros si lo habían visto en la entrada, pero nadie recordaba a aquél de peculiar apariencia. Incluso llegó a pensar que todo había sido obra de su imaginación… hasta ese día.</div>
<div>Tom fue jalado bruscamente antes de que llegase al colegio. Quiso gritar pero no lo concretó cuando le taparon la boca con una mano. Se comenzó a retorcer en el agarre y por la tensión le dio una pisoteada al pie de su atacante. La persona se alejó vociferando un ‘ouch’ en un tono que hizo girar el rostro a Tom. Era <em>él</em>.</div>
<div>—Joder<strong>,</strong> Once —masculló Bill.</div>
<div>Tom se vio tentado a gritar un ‘lo siento’ consecutivas veces pero se le hacía tarde. Se mordió el labio, bajó el rostro en señal de disculpa e intentó retomar su camino. Bill lo sujetó por la playera ancha y haló hacia sí, viéndoseles como si estuvieran en un abrazo compacto casi fraternal, aunque en realidad era una presa en la cual lo había atrapado Bill con el fin de que no se escapase.</div>
<div>—Suéltame, por favor, debo ir a clases —murmuró Tom, sintiéndose incómodo por la cercanía y el golpeteo del corazón de Bill contra sí. El pelinegro le sobrepasaba en altura, y edad.</div>
<div>—No lo haré hasta que cierren el portón y no puedas correr como niñito nerd a la entrada de la escuela —avisó Bill sin alejarse ni un centímetro.</div>
<div>Tom tragó saliva. Le entraron repentinas ganas de llorar que controló de inmediato, si sus compañeros lo humillaban y trataban peor al hacerlo no quería ni imaginarse lo que pasaría con Bill. Pero diablos, perdería clases, ¿cómo iba a regresar a casa y decirle a su madre que no había entrado al colegio? Y si no la encontraba, ¿cómo iba a mirarla y mentirle sobre lo que había hecho ese día en la escuela?</div>
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Preguntas para Bill (anda, que él también tiene derecho a tener sus redes sociales -lol-): <a href="http://www.formspring.me/BillobearOnce">http://www.formspring.me/BillobearOnce </a> y su fb: <a href="http://www.facebook.com/profile.php?id=100002474408365">http://www.facebook.com/profile.php?id=100002474408365<br />
</a><br />
Preguntas para Once: <a href="http://www.formspring.me/TomOnce">http://www.formspring.me/TomOnce</a></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo 4: Columpios</strong></p>
<div>Tom no era bueno en matemáticas, ni tampoco en historia, le tenía un cierto pánico a los números; nunca recordaba las fórmulas en la primera materia, ni las fechas de las líneas de tiempo para los exámenes de la segunda,  le podían decir que era feriado y él no tendría ni idea de qué se celebraba. Sin embargo, recordaba muy bien los rostros de la gente, y si te veía seguido, hasta tu nombre se lo aprendería de memoria; también las acciones, si lo lastimabas por alguna razón, podría hablarte con normalidad al siguiente día, no obstante, dentro de sí sentiría cierto desprecio.</div>
<div>Tom no era como sus compañeros que, al parecer, les borraban la memoria al dormir y cuando iban a la escuela de nuevo no recordaban lo que les pasó ayer, o si la madre de uno de sus amigos murió, o como cuando él tuvo una reacción alérgica a las picaduras de mosquito y aún así lo dejaron encerrado en una habitación llena de ellos solo para ver cómo se las ingeniaba para salir. El auxiliar tuvo que sacarlo y fue directo al hospital. Le pidieron disculpas entre lágrimas, alegando que sólo querían hacerle una broma. Su madre armó un escándalo a niveles estratosféricos pero eso era otro tema.</div>
<div>El punto radicaba en que… Tom no podía simplemente pensar la mayor parte del día en ese chico y cuando dejaba de verlo en dos recreos, fingir que estaba bien, que no le afectaba en lo más mínimo. Le afectaba quizá mucho, inclusive le preguntó a sus compañeros si lo habían visto en la entrada, pero nadie recordaba a aquél de peculiar apariencia. Incluso llegó a pensar que todo había sido obra de su imaginación… hasta ese día.</div>
<div>Tom fue jalado bruscamente antes de que llegase al colegio. Quiso gritar pero no lo concretó cuando le taparon la boca con una mano. Se comenzó a retorcer en el agarre y por la tensión le dio una pisoteada al pie de su atacante. La persona se alejó vociferando un ‘ouch’ en un tono que hizo girar el rostro a Tom. Era <em>él</em>.</div>
<div>—Joder<strong>,</strong> Once —masculló Bill.</div>
<div>Tom se vio tentado a gritar un ‘lo siento’ consecutivas veces pero se le hacía tarde. Se mordió el labio, bajó el rostro en señal de disculpa e intentó retomar su camino. Bill lo sujetó por la playera ancha y haló hacia sí, viéndoseles como si estuvieran en un abrazo compacto casi fraternal, aunque en realidad era una presa en la cual lo había atrapado Bill con el fin de que no se escapase.</div>
<div>—Suéltame, por favor, debo ir a clases —murmuró Tom, sintiéndose incómodo por la cercanía y el golpeteo del corazón de Bill contra sí. El pelinegro le sobrepasaba en altura, y edad.</div>
<div>—No lo haré hasta que cierren el portón y no puedas correr como niñito nerd a la entrada de la escuela —avisó Bill sin alejarse ni un centímetro.</div>
<div>Tom tragó saliva. Le entraron repentinas ganas de llorar que controló de inmediato, si sus compañeros lo humillaban y trataban peor al hacerlo no quería ni imaginarse lo que pasaría con Bill. Pero diablos, perdería clases, ¿cómo iba a regresar a casa y decirle a su madre que no había entrado al colegio? Y si no la encontraba, ¿cómo iba a mirarla y mentirle sobre lo que había hecho ese día en la escuela?</div>
<div>—Por favor, por favor, te doy mi almuerzo si quieres pero déjame ir a clases, no puedo ir a mi casa, estaría solo y…</div>
<div>—Y y y —chanceó Bill imitando su voz—. ¿Nunca has hecho esto, eh? —Tom negó, el pelinegro apoyó su quijada sobre su cabeza—. Aww, siento ganas de vomitar de lo malo que estoy siendo contigo —soltó con cierto tono dramático. Una esperanza se instaló en Tom, le dejaría ir—. Ey, no sueltes suspiros de alivio, era sarcasmo, duh.</div>
<div>—Si no me sueltas gritaré lo más alto posible para que vengan los auxiliares —amenazó con voz trémula. Escuchó la risa del otro y se estremeció todavía más.</div>
<div>—Te reto a que lo hagas con mis dedos metidos en tu boca —contraatacó el mayor.</div>
<div>Silencio.</div>
<div>Dos campanadas más. Los minutos seguían corriendo y Tom sentía que pasaban siglos ahí, respirando casi al mismo tiempo que Bill, acostumbrándose a la posición en la que estaba, aprendiendo a qué olía, creciendo más sus ansias por querer salir corriendo y prácticamente rogar porque le dejasen entrar.</div>
<div>—¿Por  qué yo? —preguntó Tom con voz pequeña y resignada después de que el ruido del portón al cerrarse resonara en sus oídos.</div>
<div>—¿No te alegra verme, Once? Yo pasaba por aquí y decidí visitarte ya que no puedo entrar a la escuela hasta la próxima semana —respondió mientras lo soltaba y luego acariciaba sin delicadeza sus cabellos rubios.</div>
<div>Tom se sonrojó y ariscó la nariz. Ese gesto era para los niños y él no era uno, ya iba según su criterio encaminándose hacia la adolescencia, y después a la adultez. Era un chico grande, no un niño.</div>
<div>—No me trates como un niño, no me conoces, y ni siquiera sé por qué estás molestándome ahora, ¡hoy me tocaban mates!, ¿sabes qué quiere decir eso? ¡Me perdí una práctica! —se quejó en voz ligeramente alta. Al ver la expresión furibunda de Bill se arrepintió de inmediato.</div>
<div>—Primero, eres Once, no te trato como a los otros niños o ya te hubiese destripado como al otro. —Tom se vio tentado a huir pero por el pasmo se mantuvo quieto al pensar ‘¿Destripar? ¡Qué atroz!’—.  Segundo, ¿tengo cara de que me importe? Duh, si no quieres que maltrate esa bonita carita de muñequita que tienes, mejor cállate, tarjeta amarilla.</div>
<div>Tom se mordió la lengua y asintió.</div>
<div>—Ahora, sígueme —ordenó Bill.</div>
<div>El rubio sabía que tenía oportunidad de escapar, aun sabiéndolo, obedeció sin rechistar exponiéndose a ser descubierto fuera del colegio en horarios de clase por algún vecino cotilla o por su propia madre (siendo exagerados), pero usaba a su favor la excusa de que quizá la golpiza de Bill fuese un mayor riesgo.</div>
<div>…</div>
<div>Columpios. Eso es lo que veía en el parque adonde Bill lo llevó. A diferencia suya, el otro había visto helados, y casi a rastras lo llevó donde la mujer que los vendía.</div>
<div>Mientras el pelinegro se concentraba en evadir las preguntas sobre por qué no estaban en la escuela, Tom pensaba en ‘me está tomando de la mano, me está tomando de la mano’. Nadie —aparte de su madre— había tenido ese gesto con él, y quizá Bill no era la persona que pensaba tenerlo, ni a su novia la agarraba de la mano… que empezó a sudarle de los nervios justo cuando Bill alejó la suya para pagar los helados.</div>
<div>—Ey, Once, coge el tuyo, te debía un refrigerio, no es como un sándwich pero es algo —dijo y le ofreció uno de los helados. Tom lo agarró cuidadosamente para no tener que rozarse de nuevo con él.</div>
<div>Era raro, muy raro. Le amenazaba, le molestaba, le veía de  una forma que le aterraba y, a la par, le observaba de forma juguetona o giraba el rostro rehuyendo de su mirada cuando hablaban, y eso no era <em>malo</em>, no podía serlo si le hacía sentir con ganas de reír o poner cara de espanto por lo incongruente.</div>
<div>Se apoyaron contras las rejas del parque. Tom seguía mirando de reojo a los columpios, pensando que era de críos el sentarse ahí, sin embargo, seguía haciéndolo. Bill comía su helado y observaba a Tom, era demasiado niño que ni aparentaba su edad por más altura que tuviese, siguió la dirección de su mirada.</div>
<div>Claro, en vez de irse a orillas del rio y fumarse un cigarrillo, había decidido molestar al mocoso ese que aún le gustaban los columpios, y era demasiado inocente como para no molestarlo un rato, pero no demasiado para evitar que llorase, porque había notado cómo la respiración se le volvió irregular en un momento cuando lo tenía sujeto, así que suponía que era de lágrima fácil, no obstante, no lo veía como un llorón.</div>
<div>Le embarró la mejilla con su helado para sacarlo de ese estado de ensoñación. Tom se giró asustado y, por el movimiento brusco, dejó caer la bola de helado fuera de su cono. Bill bufó.</div>
<div>—Ni creas que te compraré otro, eh —le advirtió al verlo fijar sus ojos donde yacía su helado. Algo en la expresión de Tom, mezcla entre confusión, decepción y tristeza le hizo morderle la mejilla en donde todavía quedaba rastro de  su helado, haciéndole sobresaltarse de nuevo y esta vez botando el cono.</div>
<div>Tom retrocedió unos pasos por inercia. Bill se enderezó y miró a otro lado. No había sido algo preparado con antelación, le había salido espontáneamente y la reacción del menor había sido de rechazo, o al menos eso se aventuraba a suponer, se le encogió el estómago y le ofreció su helado.</div>
<div>—No tengo más hambre, Once, cómetelo tú.</div>
<div>El pequeño rubio aceptó más por incomodidad que por estar verdaderamente interesado en comerlo. Le había causado cierta nostalgia que se le cayera el suyo porque se lo habían invitado y le parecía un gesto amigable. Se sobó la mejilla todavía extrañado y terminó rápidamente su nuevo postre, no pudo pasar el hecho de que el sabor oscilase entre vainilla y Bill.</div>
<div>—¿Quieres ir a los columpios? —cuestionó para romper el mutismo.</div>
<div>—Bueno, si tú quieres… —dijo Tom alzando un hombro como si le diese igual la idea. El mayor rodó los ojos y caminó en dirección a estos.</div>
<div>No quería hablar mucho. No lo hacía a menos que fuese algo importante y, como carecía de amigos de verdad —sus compañeros no contaban por el hecho de no ser sinceros del todo—, no tenía con quién charlar. Así que el silencio le era cómodo. Tom también era callado, pero cuando entraba en confianza podía ser la persona más habladora del mundo. A pesar de los raros encuentros entre ellos, todavía no había realmente esa confianza que la amistad brindaba.</div>
<div>Tom se meció de forma distraída en el columpio. Sentía que estaba siendo uno de esos ‘chicos malos’ que faltaban a la escuela por estar en la calle, lo curioso era que lo suyo no fue por opción propia, sino porque lo obligaron. ¿Volvería inválida su acción? Lo dudaba, ya había perdido una clase y con ello todos los puntos por asistencia y prácticas. Suspiró.</div>
<div>Bill, por su parte, rebuscaba entre sus bolsillos a ver si traía consigo algún pitillo porque comenzaba a crisparse de los nervios; había estado fingiendo ir al colegio estos días porque no quería quedarse en casa y que su madre se enterase que su auxiliar lo había sancionado suspendiéndolo por lo que restaba de la semana. Así que se iba al río a fumar, o se paseaba por el bosque con aire puro que contrastaba con el humo de su cigarro. Con el tiempo había aprendido a falsificar la firma de su progenitora, por lo que no tenía problema con la ficha de suspensión.</div>
<div>Lo distinto en esta ocasión fue que en el camino pasó por su escuela, y vio a todos los niños correr presurosos a la entrada, menos a Once; se imaginaba que era uno de esos críos que se esmeraban en llegar prontamente al colegio, no creía que había faltado, no lo había visto enfermo y dudaba que fuera como los otros. Cuando sucedió eso, sintió como una molestia en el pecho. Y se propuso a ver al mocoso así esté suspendido y aunque Once no lo apruebe, por eso con toda la pereza del mundo se levantó temprano y fue a intentar encontrarle. Lo logró y ahora estaban en los columpios, cada uno abstraído en sus propios dilemas.</div>
<div>—Quiero ir a mi casa —dijo Tom después de un largo silencio.</div>
<div>—Pues vete —respondió Bill al percatarse de que no tenía razones para que estuviera allí, ya lo había visto y molestado un rato, no que significase que necesitara razones para tenerlo cerca.</div>
<div>Tom se rascó el cuello incómodo.</div>
<div>—¿Por qué no vas al colegio? —preguntó para no marcharse.</div>
<div>Claro, pedía irse y cuando tenía ‘el permiso’ no lo hacía. La fuerza del morbo guiaba sus acciones.</div>
<div>Absorbió, retuvo el aire y, aún haciéndolo, respondió con voz queda: —Porque maté a otro crío y así me castigan en la escuela, no dejándome ir —soltó el aire y se sujetó el puente de la nariz.</div>
<div>Tom lo miró fijamente.</div>
<div>—Me estás mintiendo —aseveró. Bill lo vio de soslayo—. No estarías aquí si hubieses matado a alguien, estarías en la cárcel o no sé.</div>
<div>—La escuela no está para ganarse escándalos, y menos de ese tipo. ¿Te imaginas la cantidad de niños que dejarían de asistir por temor? Así me lleven a un Centro de Menores, quedaría marcada por una trágica historia, y bah, simplemente no les conviene, podrían cerrarla o algo —explicó mientras movía las manos.</div>
<div>El rubio frunció el ceño. ¿Sería cierto? Lo observó de nuevo, no se veía como alguien capaz de matar a otra persona; se tensó al recordar la sangre en su muñequera y de inmediato posó los ojos en aquel lugar, no traía accesorios ese día. Si fuese asesino de niños y los encontrase en la escuela no necesitaría llevarlos un día fuera de clases. O sea que no planeaba matarlo. Se sintió a salvo.</div>
<div>—¿Por qué ríes como idiota? —le preguntó Bill, ya que Tom por estar ensimismado no había notado que el mayor se había acercado para mirarle sonreír como bobo frente a sus conjeturas.</div>
<div>—No me río como idiota —refutó con la nariz ariscada. Torció los labios en gesto de disgusto y recibió una mordida en la boca por ello.</div>
<div>Otra vez fue algo espontáneo. Bill se sorprendió de realmente haberlo hecho, tanto así que abrió los ojos en toda su extensión y miró a Tom, con su pequeño labio rosáceo entre sus dientes aún y su rostro sonrojado. Le dejó ir.</div>
<div>—Vete —ordenó.</div>
<div>Tom asintió y se fue corriendo del parque, con el corazón latiéndole con fuerza.</div>
<p><strong><br />
</strong></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Perfect Symmetry &#8211; One Shot by Vaneka</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2012/01/perfect-symmetri-one-shot/</link>
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		<pubDate>Thu, 12 Jan 2012 16:12:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Princess of Darkness</dc:creator>
				<category><![CDATA[One Shot]]></category>

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		<description><![CDATA[<em>Ok, y bien unos cuantos 3 años después recordé uno de mis fictions favoritos, cargado de emociones y no se es simplemente de lo mejor que he leído así que a las que no lo han leído las invito a que se dejen llevar en un mar de emociones...y ya vez vanek vuelve a escribir tus fans te extrañamos</em>

<strong>Resumen:</strong><em>Como un concavo y un convexo, como agua y arena, como dos perfectas figuras cortadas del mismo molde, somos y hacemos una perfecta simetría.
</em>

<strong>Nota de autora:</strong> Hay una frase donde Bill dice que puede hacer que el mismo diablo ponga Aire acondicionado en el infierno. Fue sacada del fic lo Kaulitz de Princess Of Darkness. Así que no hagan drama diciendo que no es mía porque NO LO ES es de Princess. Un beso nena gracias por colgar mi one shot. Gracias por leer

<a href="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2009/05/perf.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-10140" title="perf" src="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2009/05/perf.jpg" alt="perf" width="516" height="248" /></a>

Era el mejor en lo que hacía.  Simplemente el pararme en un espejo me hacía tener escalofríos en mi piel. Al ver tanta belleza junta, no podía negar que mi propio reflejo me hacia estremecer y sentir cosas que no debería.

<em>Bajé mis manos hasta su cintura y acerqué mi rostro al suyo. Lo acaricié suavemente con la punta de mi nariz hasta llegar a la suya, era mágico el sólo hecho de sentirme cerca de él, de oler su aroma de tomarlo. De profanarlo.</em>

Había mucha gente que nos odiaba, que deseaba que nosotros desapareciéramos, simplemente nos envidiaban. No podían aceptar que la perfección sí existe y tiene nombre y apellido. Soy un hombre que toma sus decisiones con cabeza fría, nadie nunca me ha intimidado, siempre he sido yo el que los intimida. Simplemente no pueden llevarme la contraria porque yo siempre tengo la razón.  Si me dicen que la vida es rosa yo les digo que es verde. Y si en realidad es rosa pues que la pinten de verde porque yo así lo dije.
<em>
Él se estremeció bajo el contacto de mis dedos, su piel suave como la de un bebé, su mirada acuosa clavada en la mía. Su expresión ansiosa pidiendo más de mí. Besé sus labios y sus ojos se cerraron, sus manos subieron por mi espalda desnuda, incontenibles. Las mías bajaron a su trasero, masajeando suavemente su cálida piel buscando el objeto de mi deseo. Apreté entre mis dientes su labio inferior de su boca salió un gemido lastimero que me hizo ponerme más caliente. El hecho que se comportara como un niño a punto de ser violado por su hermano me podía más que nada.
</em>

[Seguir en el Tag]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Ok, y bien unos cuantos 3 años después recordé uno de mis fictions favoritos, cargado de emociones y no se es simplemente de lo mejor que he leído así que a las que no lo han leído las invito a que se dejen llevar en un mar de emociones&#8230;y ya vez vanek vuelve a escribir tus fans te extrañamos</em></p>
<p><strong>Resumen:</strong><em>Como un concavo y un convexo, como agua y arena, como dos perfectas figuras cortadas del mismo molde, somos y hacemos una perfecta simetría.<br />
</em></p>
<p><strong>Nota de autora:</strong> Hay una frase donde Bill dice que puede hacer que el mismo diablo ponga Aire acondicionado en el infierno. Fue sacada del fic lo Kaulitz de Princess Of Darkness. Así que no hagan drama diciendo que no es mía porque NO LO ES es de Princess. Un beso nena gracias por colgar mi one shot. Gracias por leer</p>
<p><a href="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2009/05/perf.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-10140" title="perf" src="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2009/05/perf.jpg" alt="perf" width="516" height="248" /></a></p>
<p>Era el mejor en lo que hacía.  Simplemente el pararme en un espejo me hacía tener escalofríos en mi piel. Al ver tanta belleza junta, no podía negar que mi propio reflejo me hacia estremecer y sentir cosas que no debería.</p>
<p><em>Bajé mis manos hasta su cintura y acerqué mi rostro al suyo. Lo acaricié suavemente con la punta de mi nariz hasta llegar a la suya, era mágico el sólo hecho de sentirme cerca de él, de oler su aroma de tomarlo. De profanarlo.</em></p>
<p>Había mucha gente que nos odiaba, que deseaba que nosotros desapareciéramos, simplemente nos envidiaban. No podían aceptar que la perfección sí existe y tiene nombre y apellido. Soy un hombre que toma sus decisiones con cabeza fría, nadie nunca me ha intimidado, siempre he sido yo el que los intimida. Simplemente no pueden llevarme la contraria porque yo siempre tengo la razón.  Si me dicen que la vida es rosa yo les digo que es verde. Y si en realidad es rosa pues que la pinten de verde porque yo así lo dije.<br />
<em><br />
Él se estremeció bajo el contacto de mis dedos, su piel suave como la de un bebé, su mirada acuosa clavada en la mía. Su expresión ansiosa pidiendo más de mí. Besé sus labios y sus ojos se cerraron, sus manos subieron por mi espalda desnuda, incontenibles. Las mías bajaron a su trasero, masajeando suavemente su cálida piel buscando el objeto de mi deseo. Apreté entre mis dientes su labio inferior de su boca salió un gemido lastimero que me hizo ponerme más caliente. El hecho que se comportara como un niño a punto de ser violado por su hermano me podía más que nada.<br />
</em><br />
Yo era el dios para muchas personas que vivían día  noche viendo mis fotos, escuchando mi música, pensando en lo que hacía a diario. Mil ojos persiguiéndome, adorándome. Podría convencer al mismísimo diablo en poner aire acondicionado en el infierno. Sí que lo haría sólo porque yo se lo pediría. Pero, así como para muchas yo soy su mundo. Para mí el mundo lo es él. Sólo él, él era mi dios, yo pasaba viendo sus fotos, escuchándolo. Amaba hacerlo y nunca me cansaría.  Todo porque lo amo.<br />
<em><br />
Lo tiré de espaldas a la cama quedando yo encima de él. Lamí su cuello y mis manos bailaron sobre su abdomen duro sentí su pene rozar mi estomago y un escalofrío recorrió mi cuerpo. Lo deseaba, deseaba estar dentro de él, de correrme en él y sé que él también lo deseaba. Sus manos bajaron por mi espalda hasta dar con mis nalgas, estaban tibias así como su cuerpo. La noche estaba fría afuera llovía muy fuerte, la naturaleza se ponía contra nosotros pero eso no nos importaba nos deseábamos y lo más importante es que nos amábamos más uno al otro.</em></p>
<p>Las fantasías sexuales de algunas fans son más reales de lo que ellas se imaginan, el verme a mí con mi gemelo enrollados en una cama sólo es una pequeña idea de lo que en verdad pasa con nuestra relación, que va más allá del sexo o de cualquier fantasía sexual de alguna niña fan. O de la mía propia.  La cual hacía realidad cada noche.</p>
<p><strong>Como esa noche.</strong></p>
<p>-Tomi .Hueles tan bien. -dije en un suspiro. Olfateando su cuello-.  Deseo comerte entero.</p>
<p>-Soy tuyo nene, hazlo cuando quieras.</p>
<p>Seguí besando su cuello lánguidamente, con lamidas largas y cada tanto chupando su suave piel que sabía tan bien.</p>
<p>-Mmm.  -gimió al sentir mis manos sobre la piel de su miembro, un solo roce de mis nudillos sobre ella le hacía estremecer y contraer sus músculos.</p>
<p> Todo su cuerpo temblaba, pero por sobre esa capa de ternura se encendía el ser salvaje que a mí me gustaba. Sólo saldría con besos y lamidas.</p>
<p>Mi mano agarró su miembro, me incorporé un poco y con la otra mano sostuve sus dos manos por sobre su cabeza.  Él gimió bajo. Sabe que me pone tonto cuando se comporta como un niño chico.</p>
<p>-Vamos a experimentar algo diferente. -dije. Mientras besaba sus labios y hacía sonidos húmedos al contacto de esta-. Vamos hacerlo diferente, para celebrar que hoy es hoy.</p>
<p>Él asintió y no sé por qué se sonrojó, se veía tan mono en esas. Mi chico.</p>
<p>Dejé descansar sus manos y le pedí que las dejara allí, sabía que iba a ser imposible, pero tenía otras cosas pensadas para él.</p>
<p>Así que me dispuse a probar cada parte de su piel, a saborearla como si fuera la última vez que la probaría.  Su cuerpo era perfecto, delgado pero musculoso.  Los músculos de su abdomen se marcaban perfectamente, algo que en mi cuerpo no existía. Adoraba contemplarlo. Todo para mí.</p>
<p>Arrastré mi lengua por su cuello bajando lentamente por su garganta y pecho. Llegue a sus pequeños pezones. Color rosa, tan deliciosos, que el solo hecho de verlos mi cuerpo se estremecía.</p>
<p>Él se revolvió bajo mi peso y yo hice un siseo para calmarlo seguí besando su pecho y acaricié su pezón lentamente y lamí el otro, abrí mi boca y rodeé completamente la carne de este pude sentir como se puso duro en mi boca. Escuché se gemido agudo, su cadera chocó con la mía. Él trataba de tener fricción con mi miembro, quería sentirlo. Pero no lo dejé. Seguí succionando suavemente chapando con ahínco como si de eso dependiera mi vida y la de él.</p>
<p>Sentí su mano revolverme el pelo jalándomelo un poco. Su boca estaba medio abierta dejando salir su aliento. Sus ojos completamente cerrados ajenos a todos. Dejándose hacer para sentir placer.</p>
<p>Con el piercing de mi lengua rodeé su pezón y lo arrastré hasta llegar al otro e  hice lo mismo. Él me empujó hacia abajo sabía lo que quería. Así que besé suavemente la línea que daba hasta su ombligo y lamí circularmente. Levantó su cuerpo y yo colé mis manos bajo él.  Agarrando fuertemente su trasero y soltándolo. Lo menos que yo quería es hacerle daño.</p>
<p>Bajé un poco más. Él levantó un tanto las caderas. Ahora su pene rozaba mis mejillas, estaba caliente, deseosa de sentir mis labios y yo de sentir su sabor en mi boca. Mis dedos acariciaron sus nalgas y palpé superficialmente su entrada. Escuché su gimoteo suave y excelso toda una melodía para mis oídos.</p>
<p>Afiancé mis manos a su miembro y resbalé suavemente mis dedos agarrando el contorno de éste. Los dedos de mi otra mano se colaban en su interior buscando el calor de estar dentro.</p>
<p>-Que tus dedos sean bendecidos. -me dijo con su voz un poco quebrada por el placer producido por mi boca y mis dedos acariciándolo-. Cógeme pero cuida de mí.</p>
<p>Yo lo miré, sus manos recorrían sutilmente  su estomago, su respirar agitado.</p>
<p>Guié su miembro a mi boca y lo metí poco a poco. Tratando de que él sintiera mi lengua deslizarse por todo su duro pene. En ese momento sentí un jalón de pelo. Sus manos estaban ahora guiando mi cabeza para que el placer fuera conspicuo.</p>
<p>Mis dos manos ahora estaban arriba jugaba con sus testículos mientras yo seguía chupándolo, sintiendo la secreción de este por toda mi boca. Lo amaba, amaba todo de él, no podría explicar el sentimiento. Ni aun a él al cual quiero.</p>
<p>-Perdóname por ser un idiota a veces. -decía. Lo menos que yo quería es que me recordara eso. Sólo quería sentirlo, sólo para mí. Como siempre lo es.</p>
<p>Negué con la cabeza, pero él no logró ver. Ya que había echado su cabeza hacia atrás.</p>
<p>Succioné la punta y un sonido húmedo resonó al final cuando lo liberé de mis labios. Mi saliva ahora yacía en su miembro húmedo del placer. Él estaba completamente ido en la delectación.</p>
<p>-Vamos mi chico. Levántate.</p>
<p>Me situé en medio de sus piernas y lo agarré de las caderas ayudándolo a levantarse. Me senté alargando los pies en la cama, sosteniéndome sobre mis codos, quería verlo moverse sobre mí. Como a mí me gustaba, como nos gustaba a los dos.</p>
<p>Me miró y asintió y se colocó de espaldas hacia mí poniendo las piernas en medio de las mías yo me abrí para dale campo.</p>
<p>Fue allí cuando sentí  como una descarga eléctrica su trasero moviéndose sobre mi pene, el cual palpitaba como con vida propia.</p>
<p>Lo tomé de las caderas con una mano para guiar sus movimientos. Sus rastas caían en su espalda y gotas de sudor adornaban su cuerpo como pequeñas perlas. No veía su cara pero sabía lo que hacía. Siempre lo sabía.</p>
<p>Agarré mi miembro y lo guié hacia su esfínter. Él puso sus manos sobre mi pecho para darle soporte a su cuerpo mientras se sentaba con frugalidad sobre mí. Lo bajé lentamente. Y sentí lo caliente en la punta de mi miembro la estrechez de él me volvía loco. Me hacía desvariar y querer eyacular en menos de unos pocos segundos dentro de él. Pero ese día no. Ese día iba a durar.</p>
<p>-Mmmm&#8230; -resonó en la habitación de mi madre. Ella no estaba, por eso estábamos allí. Sintiendo la puta adrenalina del momento. Mezclada con miedo era una total excitación-. Entra, entra poco a poco.</p>
<p>Y entré. Todo mi miembro se encontraba rodeado por su carne. Podría jurar que hasta dolía aquel placer bendito de ese trasero exquisito.</p>
<p>Empecé a subir mis caderas para poderlo embestir y él se movía de lado a lado dejándome ver lo experto que era en estas cosas. Podría jurar que hasta lo hacía mejor que yo. Tom Kaulitz moviéndose como una puta sobre mí. Sobre el amor de su eterna vida.</p>
<p>-Como te amo, Tom Kaulitz. Así muévete más. -los golpes de mis caderas en sus nalgas me hacían voltear los ojos y dejarlos en blanco. Sus caderas escurridas, sus nalgas pegando en mi ingle era todo un placer divino. Todo eso tenía que estar prohibido para unos simples mortales como nosotros. Unos pinches mocosos que se amaban más allá de lo que cualquier persona se imagina. Piensa o siente.</p>
<p>-Bill. Maldita sea yo, yo también te amo. ¡Aahmm!</p>
<p>Seguí entrando y saliendo de ese cuerpo igual al mío pero mejor formado.</p>
<p>-Quiero verte cuando te corras. -dijo parando su movimiento de caderas yo estaba al borde del placer. Y me cortó.</p>
<p>-¿Qué dices?</p>
<p>-Quiero ver cuando te corras.</p>
<p>-Joder, yo también quiero ver cuando tú te corras. Vamos mi amor date vuelta y dame esa cara linda de muñeca barbie playera.</p>
<p>Pude ver como sus mejillas cambiaron a rosa. Siempre me gustaba decirle eso. Pero nunca supe si a él le gustaba oírlo.</p>
<p>-Y tú mi barbie modelo.</p>
<p>Y aún yo adentro, comenzó a voltearse para quedar los dos juntos. Podría verme muy flaco pero yo podía hacer muchas cosas. Y lo levanté con mis brazos y mi miembro dentro de él. Me recosté en el respaldar de la cama y volví a agarrar sus caderas para que prosiguiera en lo que estábamos.</p>
<p>Levantaba y bajaba su cuerpo. Una danza erótica sólo para mis ojos. Una perfecta simetría.</p>
<p>-Dichosos los ojos que te ven en esas Kaulitz. -y otra vez se sonrojó. Es que mi muñeca barbie playera, era tan adorable. Me daban ganas de comérmelo enterito y no dejar un solo pedazo de él.</p>
<p>Su manos recorrían su miembro y lo restregaba en mi estomago. Entonces le ayudé un poco y con una mano masajeé su miembro el cual estaba húmedo. Bajó el líquido pre-seminal embadurnándome los dedos y haciendo más resbaloso el movimiento.</p>
<p>Mi pene dolía con sus movimientos de cadera.  Su calidez. Estaba golpeando donde a él siempre le ha gustado. Habíamos encontrado su punto del placer y empecé a darle duro pegando con más fuerza mis caderas enterrándole más mi miembro el cual en cualquier momento explotaría. Y sentí como él explotó un chorro de semen se elevó llenando mi pecho de su leche y cayéndome algunas gotas cerca de mi boca las cuales no dudé en lamer y sentirlo a él.</p>
<p>-Dichoso Bill que se alimenta con buena leche. -sonreí. Después de verme chupar su esencia había quedado más que satisfecho.</p>
<p>Sentí que se iba para atrás y lo agarré fuertemente jalándolo hacia mí. Pegándolo a mi pecho y lo levanté de las nalgas apartándolas para hacer una embestida más profunda. Tom gimoteaba mi nombre casi gritaba del placer recibido. Sabía lo que le gustaba a mi chico y yo se lo daba con mucho, mucho amor.</p>
<p>Tres embestidas más y me corrí fuertemente contra su entrada dejándole mi semilla dentro y empujé otra vez. Sus ojos estaban nublados.</p>
<p>Y lo tiré de espaldas a la cama. Y lo besé como si fuera la última vez. Chupando su carne.</p>
<p>-Bill. Creo esto está mal.</p>
<p>-¿Hasta ahora te das cuenta? -dije en tono aniñado.</p>
<p>-Vámonos. Mamá puede venir en cualquier momento. -me dijo.  Yo asentí y le volví a besar. Después de ese acto todo podría ser mierda.</p>
<p>Salimos dejando limpio todo. Nos gustaba sentir todas esas emociones juntas. Cuando nos lo montamos en el cuarto de nuestra madre. Falta de respeto dirán. Pero no lo es, es simplemente casi un suicidio hacerlo.</p>
<p>Toda mi vida se centraba en una persona. Mi hermano gemelo idéntico. Mayor que yo 10 pinches minutos. A él le daba todo mi amor. Todo sobraba. Él era todo para mí.</p>
<p>Yo puedo ser egoísta, hipócrita, testarudo, necio y hasta caer mal. Pero soy todo un amor con mi chico. Él se lo merece todo. Y cuando digo todo es que lo es.<strong> TODO PARA MÍ. </strong></p>
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		<title>One shot// Primera Navidad Por Nadir</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Jan 2012 21:30:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadir</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 Fan Fiction]]></category>
		<category><![CDATA[6 General]]></category>
		<category><![CDATA[One Shot]]></category>

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		<description><![CDATA[Ok, ¿saben? Esto lo saco del concurso navideño de THF.es :,) y fue tan conmovedor que nuestra querida Marbius me pidiera matrimonio (sweetie hasta screen shot le tomé, me alegra que después de llamarme loca como una puta cabra y sanguijuela ahora me pidas matrimonio pero ya ves, no estoy disponible, tengo novia). En fin, supongo que las épocas le quitaron su corazón de Grinch, hehe, just kiddin' gracias a las que votaron y esto va dedicado a Akkele, cariño va para ti :3.

<strong>Título:</strong> Primera Navidad.

<strong>Resumen: </strong>Desde que Emma nació, Bill no había podido pasar una navidad junto a Tom y ella. ¿Las cosas seguirían igual o... Bill pondrá de su parte para pasar la primera navidad en compañía de su hija y su gemelo?
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo único</strong></p>
Tom miró con fijeza a ese par de orbes iguales a los suyos, no iría a girar el rostro, si lo hacía perdía, y si esto sucedía el plato con macarrones y queso no sería tocado más que para ser llevado al lavadero. Un Kaulitz ganaría y otro perdería aquella contienda, y Tom no estaba dispuesto a perder. Un abrir y cerrar de ojos y Tom vitoreó mientras su hija refunfuñaba por haber perdido el ‘juego de parpadear’.

—Ahora sí, Emma. Abre la boca grande porque como buena perdedora tienes que cumplir tu palabra, anda, abre la boquita —exigió Tom al tomar la cuchara de nuevo dirigiéndola a los labios de la pequeña.

—No —negó Emma, haciendo un leve puchero y cruzándose de brazos al instante.

—Señorita, no me comience a hacer berrinche, eh, vas a comerte eso porque tienes que hacerlo. Soy tu padre y esto es por tu bien, si quieres crecer y ser grande como nosotros…

—Tendrías problemas al buscar novio, así que crece pero no demasiado como en nuestro caso —mencionó Bill al irrumpir en la habitación, haciendo que Tom le mirase inquisitivamente—. ¿Qué? ¡Es cierto! —acortó la distancia entre ellos y le dio un beso en la frente a su hija.

—Se supone que debes ayudarme con esto, genio. No quiere terminarse el almuerzo, a ver si tú consigues algo en vez de ir arruinándome los sermones —dijo Tom para después dejarle la cuchara en la mano.

Bill lo observó aturdido y luego dirigió la mirada hacia su hija. Tom se apoyó contra el lavadero, expectante.

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Ok, ¿saben? Esto lo saco del concurso navideño de THF.es :,) y fue tan conmovedor que nuestra querida Marbius me pidiera matrimonio (sweetie hasta screen shot le tomé, me alegra que después de llamarme loca como una puta cabra y sanguijuela ahora me pidas matrimonio pero ya ves, no estoy disponible, tengo novia). En fin, supongo que las épocas le quitaron su corazón de Grinch, hehe, just kiddin&#8217; gracias a las que votaron y esto va dedicado a Akkele, cariño va para ti :3.</p>
<p><strong>Título:</strong> Primera Navidad.</p>
<p><strong>Resumen: </strong>Desde que Emma nació, Bill no había podido pasar una navidad junto a Tom y ella. ¿Las cosas seguirían igual o&#8230; Bill pondrá de su parte para pasar la primera navidad en compañía de su hija y su gemelo?</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo único</strong></p>
<p>Tom miró con fijeza a ese par de orbes iguales a los suyos, no iría a girar el rostro, si lo hacía perdía, y si esto sucedía el plato con macarrones y queso no sería tocado más que para ser llevado al lavadero. Un Kaulitz ganaría y otro perdería aquella contienda, y Tom no estaba dispuesto a perder. Un abrir y cerrar de ojos y Tom vitoreó mientras su hija refunfuñaba por haber perdido el ‘juego de parpadear’.</p>
<p>—Ahora sí, Emma. Abre la boca grande porque como buena perdedora tienes que cumplir tu palabra, anda, abre la boquita —exigió Tom al tomar la cuchara de nuevo dirigiéndola a los labios de la pequeña.</p>
<p>—No —negó Emma, haciendo un leve puchero y cruzándose de brazos al instante.</p>
<p>—Señorita, no me comience a hacer berrinche, eh, vas a comerte eso porque tienes que hacerlo. Soy tu padre y esto es por tu bien, si quieres crecer y ser grande como nosotros…</p>
<p>—Tendrías problemas al buscar novio, así que crece pero no demasiado como en nuestro caso —mencionó Bill al irrumpir en la habitación, haciendo que Tom le mirase inquisitivamente—. ¿Qué? ¡Es cierto! —acortó la distancia entre ellos y le dio un beso en la frente a su hija.</p>
<p>—Se supone que debes ayudarme con esto, genio. No quiere terminarse el almuerzo, a ver si tú consigues algo en vez de ir arruinándome los sermones —dijo Tom para después dejarle la cuchara en la mano.</p>
<p>Bill lo observó aturdido y luego dirigió la mirada hacia su hija. Tom se apoyó contra el lavadero, expectante.</p>
<p>—Cariño, debes comer, esto está riquísimo, mira como lo come papi —se metió la cuchara en la boca y degustó la comida, escupiéndola al instante—. ¡Qué carajos! No, tienes razón, Emma, no debemos comer esto. Llamaré para que traigan unas pizzas —avisó Bill con el teléfono contra su oreja. Tom le empujó y luego quitó el aparato.</p>
<p>—Nada de pizzas, ya cociné esos macarrones y ahora se los comen, ¡ambos! Nada de ojitos de cordero degollado, ni pataletas, conmigo esas cosas no funcionarán —advirtió Tom oyendo los quejidos de ‘sus hijos’ ya que ahora no solo tenía que soportar a su pequeña hija, sino también a Bill con sus comportamientos infantiles.</p>
<p>—Tom, no seas cruel, buscas matarnos con ese veneno, sabe horrible. Déjame pedir un par de pizzas y asunto arreglado —ofreció Bill intentando recuperar su móvil.</p>
<p>—No, Emma necesita comer algo nutritivo —contraatacó Tom.</p>
<p>—Me vas a venir a decir que los macarrones son nutritivos, bleh, ponle ensalada a la pizza y ahí están sus verduras del día —respondió Bill, haciéndole cosquillas a Tom para lograr que soltase su celular.</p>
<p>—Lo voy a tirar al piso y se va a arruinar, deja ya las cosquillas —pidió Tom entre risas—; y no, la salsa de los macarrones tiene leche y están hechos especialmente para ella, es por eso que su sabor es diferente.</p>
<p>Emma sonreía para el espectáculo que suponía la imagen de sus padres ‘jugando’ y nadie mirándole al voltear el plato con los macarrones. Su plan maléfico hubiera resultado perfecto de no ser por el ruido que implicaba aquel movimiento, consiguiendo que Bill y Tom se giraran en su dirección y recibiese una sonrisa de complicidad por parte de uno y una mirada incriminatoria del otro.</p>
<p>—Te toca limpiar, Kaulitz, y que sea comida china, estoy hastiado de comer pizzas —anunció Tom para después tomar en brazos a Emma y salir de la habitación. Bill suspiró, al menos no comerían esos macarrones.</p>
<p>…</p>
<p>—No jodas.</p>
<p>—No lo hago, solo vine a comer un rato, pero debo salir de nuevo. Tengo que grabar, Tom. Sé que hicimos todo lo posible para que estas fechas no se cruzaran y pudiésemos pasar la navidad juntos pero no se dio, intentaré regresar lo más pronto posible y… —Tom podía ser comprensivo con Bill, tener una paciencia infinita que los años habían cultivado, ser el que cediera la mayoría de las veces pero, exactamente, ahora había un ‘pero’.</p>
<p>Bill no había pasado ninguna navidad junto a Emma, ni una sola. Por a o b motivo siempre estaba trabajando, o de viaje o llegaba tarde. Tom estaba cansado de ver cómo la sonrisa de su pequeñita decaía y de darle negativas a preguntas sobre papá Bill. Él le había prometido que esta navidad sería distinta, y ahora le rompería esa promesa.</p>
<p>—¿Sabes que con esto lastimas a Emma, cierto? —Bill intentó hablar y Tom le chistó—. No hay excusas y no podrás cambiar ese hecho, así que espero que trabajar sea más importante que tu hija, y que mañana más tarde tengas algo bueno qué responder cuando ella te pregunte por qué no estabas en la cena navideña, por qué no le abrías sus regalos, por qué no la acunabas después de beber su chocolate caliente o por qué no veías las luces artificiales con ella. —Tom se volteó a ver dormir a su pequeña, dejándole un beso en la mejilla y retirándose de allí.</p>
<p>Bill se mordió el labio, se sintió culpable y observó de reojo a su hija. Había ocasiones en las cuales él no quería hacerlo, y que en realidad se le escapaba el control de aquellas situaciones. «Maldición», pensó para luego ir donde Emma, acariciarle los tirabuzones rubios, la mejilla y seguir los pasos de Tom.</p>
<p>—Tom —llamó Bill, recibiendo un siseo en respuesta y que Tom le pidiese con señales que se callara.</p>
<p>—No me hables en voz alta o despertarás a Emma, y ya sabes qué tan difícil se pone a la hora de tomar la siesta —demandó Tom con ese deje de tristeza y enojo en su voz que no pasó desapercibido para Bill.</p>
<p>—Lo siento, ya debo irme y no quiero que estés así. No podemos estar así —intentó acercarse para darle un abrazo y Tom se removió del agarre—. Vamos, Tom.</p>
<p>Chasqueó la lengua y Tom frunció más el ceño.</p>
<p>—Qué vamos ni qué nada, ve, si tienes que irte hazlo. —Bill no se movió de su lugar y Tom le dio un beso corto en los labios, fingiendo una sonrisa—. No estoy enojado, uhmn —sabía que no podía mentir, a pesar de que intentó refugiarse de la mirada de Bill, la sentía sobre sí todavía, escrutándole en búsqueda de la verdad—, bueno sí, un poco, pero debes irte, mientras más rápido te vayas más pronto volverás.</p>
<p>—Te amo —vocalizó Bill antes de sujetarle por el rostro y robarle un beso, profundizando un poco, para después alejarse despidiéndose con un ademán en la mano.</p>
<p>Cuando la puerta se cerró, lentamente para evitar provocar ruidos que despertasen a ‘la bella durmiente’, Tom suspiró. Otra navidad sin Bill ya iba haciéndose costumbre, no por ello iba restándole el dolor a la situación.</p>
<p>…</p>
<p>Tom, Gustav y Georg tenían las vacaciones desde antes. Bill no, y eso anteriormente significaría que ambos tendrían que ir a ver los últimos retoques del disco, pero eso ya no podía darse. Con Emma en sus vidas, si Tom tenía vacaciones era sinónimo de que se quedase en casa, cocinándole, engriéndole, y ‘recuperando’ los días en los que su pequeña estuviese al cuidado de Dunja o de la niñera; lo mismo pasaba con Bill, aunque fuese el que aceptase todo el cargo de responsabilidad sobre sus hombros en ausencia de Tom. Caviló sobre ello mientras se situaba al costado de su hija y veía los especiales navideños; la culpa no era de Bill, sino de las circunstancias y ese perfeccionismo que compartían como rasgo predominante.</p>
<p>—Papi Bill no vendrá tampoco hoy, ¿no, papi Tom? —preguntó Emma al jugar con los bobos de su falda, mirándose la ropa para no observar a Tom, el cual sintió que le apretaban el pecho al ver el puchero que se formaba en la boca de su hija.</p>
<p>—Quién sabe, mi amor, puede que venga como puede que no —respondió Tom y la abrazó contra sí—. Ahora veamos The Grinch, ¿sí?</p>
<p>—Papi Bill nos pone tristes y arruina nuestras navidades, si viene será como cuando Grinch se convierte en bueno, quiero que papi Bill se convierta en un buen papi Bill que pasa la navidad con nosotros y me abra los regalos y… —Se detuvo para tomar aire ya que se le dificultaba la respiración al hablar tan rápido y también por los sollozos—. Quiero que esté aquí.</p>
<p>Tom se agachó y se puso a la altura de Emma sentada en el sillón, le limpió las lágrimas y le dio un beso en las mejillas. —Ya no llores, bebé —pidió Tom con el corazón en la garganta.</p>
<p>—Está bien, papi. —La película siguió reproduciéndose y ellos mantuvieron ese agarre hasta que los créditos se visualizaron en la pantalla.</p>
<p>…</p>
<p>—Y así es como recibes la llamada de un amigo —oyó la voz grave de su amigo por el auricular y torció la boca para luego soltar una risotada.</p>
<p>—Lo dices como si no nos hubiésemos visto hace poco, y como si no vivieras cerca y pudieras venir a visitarme como Dios manda, eh —contraatacó Tom, escuchando la risa de Georg tan sonora como si estuviese allí.</p>
<p>—Es diferente ahora, será noche buena y no puedo ir a presentarme a tu casa sin antes prepararme psicológicamente para los gritos que dan cuando van a su cuarto y han tomado de más. —Tom se sonrojó y Georg, presintiendo la reacción, se rió.</p>
<p>—Solo pasó una vez, Georg, y no era nuestra intención ser oídos, estábamos tan ebrios… Insisto en mi posición anterior, ¿para qué me llamaste? —cuestionó buscando desviar el tema.</p>
<p>—Porque en la noche las líneas estarán ocupadas y yo debo desearles una feliz navidad al ser más bonito de toda la tierra —explicó Georg.</p>
<p>—Ok, gracias por el halago, ¿ahora te comunico con Emma? —chanceó Tom, recibiendo un bufido.</p>
<p>—Solo te lo paso porque algo haz de tener dentro para que te salga tremenda belleza de nena, no parecen sus padres y calla ya, pásame con Emma.</p>
<p>—Ok, ahora la llamo —dejó el teléfono a un lado y ubicó a su hija, a su costado, oyendo toda la charla—. ¿Con que oyendo conversaciones ajenas, uh? Es el tío Georg, cariño, anda habla con él. —Le pasó el teléfono a su pequeña y escuchó la voz de Georg a pesar de la distancia, sonrió.</p>
<p>…</p>
<p>Comían tranquilos, oyendo los ruidos que provocaban los fuegos artificiales y evitando soltar palabra alguna. Emma jugueteaba con lo que había sobrado de su comida y Tom repentinamente había perdido el apetito.</p>
<p>—¿Ya no quieres comer más? —preguntó Tom. Emma asintió y él cogió los platos llevándoselos para lavar—. Iremos a ver las luces afuera, ¿está bien? —oyó un ‘sí’ y le siguió el paso a su hija al dejar lo sucio en los servicios.</p>
<p>El cielo impoluto de estrellas se mostró frente a ellos. Los fuegos artificiales rompiéndose en el firmamento, deslumbrándolos y creando sonrisas en sus rostros. Había de todos los diseños inimaginables. Brillos rosados, azules, verdes, morados, de diversos colores. Ellos sentían que esa lluvia de estrellas los empapaba. No podían oír casi nada, solo el retumbar de las pirotecnias; de pronto, una sombra difusa les dificultó la vista del panorama, debido a la oscuridad solo alcanzaron a ver algo amorfo que tomó color conforme iba avanzando, un rojo llamativo. Rojo como la sangre, rojo como… la ropa de Santa Claus.</p>
<p>—¡Es Santa, papi! ¡Es Santa! —chilló emocionada Emma. Tom sonrió y la alzó en brazos para luego dársela al hombre de barba blanca.</p>
<p>—¡Jojojo! Sí, soy Santa y mejor entramos que hace frío y me haría bien una taza de chocolate caliente —dijo el hombre de rojo traje.</p>
<p>Tom asintió y pasaron, Emma corrió en dirección a sus regalos y se los enseñó a Santa que los abriese.</p>
<p>—Santa, ¿puedes abrirlos tú? Papi Tomi siempre lo hace pero ahora quiero que lo hagas tú —pidió Emma sonriente. Los ojos de Santa brillaron un instante e hizo lo indicado, con una sonrisa que se pudo ver a través de la barba.</p>
<p>Tras una ardua sesión de juegos con los nuevos juguetes adquiridos, Emma quedó dormida por el agotamiento y Tom quedó a solas con Santa.</p>
<p>—¿Santa? ¿En serio? ¿Eres uno en decadencia o qué? —bromeó Tom. Bill bufó mientras se quitaba la barba postiza.</p>
<p>—‘Gracias Bill por haber venido’, eso estaría mejor, o que me agradezcas de otra forma, tampoco estaría mal. —Bill movió las cejas insinuante, Tom le quitó la gorra y se la puso—. Uhmn, ¿ahora lo haremos con temática? Entonces he sido un niño muy malo, Santa —recibió un risotada en respuesta—, ¿eso es un ‘no’?</p>
<p>—Vamos a dormir mejor, y si tienes suerte te daré un regalo antes del amanecer —anunció Tom. Bill asintió y se dirigieron hacia su habitación.</p>
<p>Era la primera navidad que pasaban los tres juntos como familia. Bill guardó el disfraz después de quitárselo, que mucha falta le haría en los años siguientes.</p>
<p>**vuelve de nuevo** </p>
<p>Oh, aquí dejo tu propuesta incluso adornada porque me encantó tu comentario y ups, no le corregí la mayúscula a Navidad, perdón u_u.</p>
<p><a href="http://s1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/?action=view&amp;current=shelovesmee.png" target="_blank"><img src="http://i1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/shelovesmee.png" border="0" alt="Photobucket"></a></p>
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		<title>One shot// Corazón de algodón Por Nadir/Kasomicu</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2012/01/one-shot-corazon-de-algodon-por-nadirkasomicu/</link>
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		<pubDate>Mon, 02 Jan 2012 19:00:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadir</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 Fan Fiction]]></category>
		<category><![CDATA[One Shot]]></category>

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		<description><![CDATA[Yey, vengo a joder con historias en tooodos lados. Pues resulta que tengo una anécdota que contar, así en confianza porque somos sisters y eso. Aparte de que muchas saben cuál es la posición que tiene el blog con respecto a ciertas personas, sus creaciones o comentarios. No sé si recuerden, al menos las que me insultaron de muchas formas sí, me imagino, yo hice la entrada de Muñeco Plagiador, o entradas, en su defecto. El resto de administradoras (cabe decir que yo no lo soy, soy colaboradora aquí) me respaldaron e incluso dieron una plausible introducción a mis entradas, explicando la denuncia del plagio de Muñeco y demás y cómo ese fic había dañado al fandom (se aprecia también esto en la app, con ciertos comentarios spam). El punto es que... si tú dices la palabra 'muñeco' en ese mismo instante lo relacionan con Sarae y sus historias, o recopilación de mangas y animes, y qué pasa; que yo con mi individualidad y derecho de autora se me ocurrió una historia en donde Bill es un muñeco, NO PLAGIANDO A NADIE, no, hablo de que es un muñeco de trapo común y corriente, o bueno, no tanto (si es que lo leen lo comprenderán). Así que... si leen este shot, hagan un comentario constructivo y no me comparen con Sarae porque esto ni en mil años se parecerá a Muñeco, que es algo que SÍ ES MACABRO.

Sin más qué acotar, les dejo el resumen y el shot.

<strong>Título: </strong>Corazón de algodón.

<strong>Resumen: </strong>Para cada roto hay un descosido, y para cada muerto hay un corazón cosido.

<em>«—Entonces ¿qué quieres que haga?
—Quiero que... destroces mi corazón.
—¿Qué dices? ¿Cómo?
—Como quieras.»</em>

<strong>Déjame entrar, John Ajvide.</strong>
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo único</strong></p>
Lo sujetaba por su deshilado cuerpo, lo alzaba y le hacía sentir que podría tocar el halo de luz que se encontraba en el techo. Le daba vida, le hacía formar palabras que nunca salían de su boca hecha a base de botones pero que eran escuchadas a través de los labios carnosos y rosáceos del pequeño. Se preguntaba a quién interpretaría en esta ocasión, o si solo se mantendría inmóvil en su estante, viendo embelesado al niño jugar con otros juguetes, o solo hacer los deberes. No le importaba, todo estaría bien mientras estuviese a su lado, ya que se sentía útil de nuevo en manos del infante, un muñeco de trapo destruido como él no encontraría otro hogar, ni otra persona que le quiera como el rubio. ¿Cómo siquiera jugaba con él? Le faltaba relleno, algunos botones se hallaban salidos y sus hilos le colgaban…

—Bill, Bill, deja de mirar al chico, lo asustarás y se deshará de ti, ya sabes cómo se ponen algunos al sentir la mirada fija de un muñeco —aconsejó el peluche de payaso que se hallaba junto a Bill.
—Es que no lo comprendo, Bufón, Tom podría regalarme o botarme a la basura y, ¿por qué no lo hace? A veces siento que no hay niño más hermoso que él, esa bondad que alberga dentro de sí, esa inocencia, no es cruel —sus hilos se tensaron al recordar a su antiguo dueño—. Es… perfecto.

(Seguir al tag)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Yey, vengo a joder con historias en tooodos lados. Pues resulta que tengo una anécdota que contar, así en confianza porque somos sisters y eso. Aparte de que muchas saben cuál es la posición que tiene el blog con respecto a ciertas personas, sus creaciones o comentarios. No sé si recuerden, al menos las que me insultaron de muchas formas sí, me imagino, yo hice la entrada de Muñeco Plagiador, o entradas, en su defecto. El resto de administradoras (cabe decir que yo no lo soy, soy colaboradora aquí) me respaldaron e incluso dieron una plausible introducción a mis entradas, explicando la denuncia del plagio de Muñeco y demás y cómo ese fic había dañado al fandom (se aprecia también esto en la app, con ciertos comentarios spam). El punto es que&#8230; si tú dices la palabra &#8216;muñeco&#8217; en ese mismo instante lo relacionan con Sarae y sus historias, o recopilación de mangas y animes, y qué pasa; que yo con mi individualidad y derecho de autora se me ocurrió una historia en donde Bill es un muñeco, NO PLAGIANDO A NADIE, no, hablo de que es un muñeco de trapo común y corriente, o bueno, no tanto (si es que lo leen lo comprenderán). Así que&#8230; si leen este shot, hagan un comentario constructivo y no me comparen con Sarae porque esto ni en mil años se parecerá a Muñeco, que es algo que SÍ ES MACABRO.</p>
<p>Sin más qué acotar, les dejo el resumen y el shot.</p>
<p><strong>Título: </strong>Corazón de algodón.</p>
<p><strong>Resumen: </strong>Para cada roto hay un descosido, y para cada muerto hay un corazón cosido.</p>
<p><em>«—Entonces ¿qué quieres que haga?<br />
—Quiero que&#8230; destroces mi corazón.<br />
—¿Qué dices? ¿Cómo?<br />
—Como quieras.»</em></p>
<p><strong>Déjame entrar, John Ajvide.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo único</strong></p>
<p>Lo sujetaba por su deshilado cuerpo, lo alzaba y le hacía sentir que podría tocar el halo de luz que se encontraba en el techo. Le daba vida, le hacía formar palabras que nunca salían de su boca hecha a base de botones pero que eran escuchadas a través de los labios carnosos y rosáceos del pequeño. Se preguntaba a quién interpretaría en esta ocasión, o si solo se mantendría inmóvil en su estante, viendo embelesado al niño jugar con otros juguetes, o solo hacer los deberes. No le importaba, todo estaría bien mientras estuviese a su lado, ya que se sentía útil de nuevo en manos del infante, un muñeco de trapo destruido como él no encontraría otro hogar, ni otra persona que le quiera como el rubio. ¿Cómo siquiera jugaba con él? Le faltaba relleno, algunos botones se hallaban salidos y sus hilos le colgaban…</p>
<p>—Bill, Bill, deja de mirar al chico, lo asustarás y se deshará de ti, ya sabes cómo se ponen algunos al sentir la mirada fija de un muñeco —aconsejó el peluche de payaso que se hallaba junto a Bill.<br />
—Es que no lo comprendo, Bufón, Tom podría regalarme o botarme a la basura y, ¿por qué no lo hace? A veces siento que no hay niño más hermoso que él, esa bondad que alberga dentro de sí, esa inocencia, no es cruel —sus hilos se tensaron al recordar a su antiguo dueño—. Es… perfecto.<br />
—Ningún niño es perfecto, Bill, no lo ensalces demasiado, si lo tienes por los cielos al decepcionarte se caerá desde muy alto y te romperá ese corazón que tienes cosido al pecho —regañó Bufón. Bill hizo caso omiso a lo oído, siguió admirándole. «Es perfecto y siempre lo será», pensó antes de ser tomado entre las cálidas manos de Tom.<br />
…<br />
<em>—¡Mamá!<br />
—¿Sí, hijo?<br />
—Es Bill, se le salió un botón, cóseselo, por favor.</em><br />
El aludido yacía en la mesa donde lo habían dejado. Se alegraba de que su dueño Tom se preocupase, «un botón más, uno menos, lo que vale es que le importo», le había dicho a Bufón cuando le avisó que le faltaba uno. Ahora la madre de Tom se lo zurcía. No habría en el mundo alguien como Tom, lo repetía como mantra, timorato de lo que pudiese pasarle si es no lo hubiese tenido en su vida de muñeco.<br />
…<br />
Tom iba creciendo, conforme lo hacía iba teniendo diferentes horarios, en los que pasar tiempo con sus amigos primaba en la lista, y jugar con sus juguetes al parecer había perdido el puesto. Bill sentía que el polvo se adhería a sus hilos, de vez en cuando era limpiado en el lavadero, pero la mayoría de veces simplemente se quedaba así. Recordaba cuando lo habían cosido por primera vez, la primera vez que lo habían puesto en una tienda, y cómo eran los días al observar al resto irse porque los compraban. No distaba mucho de su situación actual, la diferencia radicaba en que los juguetes que se iban ahora era para siempre porque los regalaban o botaban, Bufón estaba entre uno de los pocos que se habían ido recientemente. En ese instante una pregunta se le formó en la mente, ¿estaría en su designio el quedar de por vida en un estante? ¿Lo soportaría? No ser usado nunca más por otro niño, Tom ya no lo era más. Añoraba sentir sus cálidas manos, sus mimos, ser usado para ser algún personaje más de su imaginación.<br />
Un punto se le descosió en uno de los botones que le servía como ojo, dejando un hilo sobre su mejilla de tela, Bill lloraba, no con el dolor de los humanos, sino con el de los juguetes, de aquellos que le brindan un nuevo significado al verbo amar, porque son capaces de hacerlo para siempre y su entrega es total e impoluta. Quizá no había sido lo más sensato, tal vez era absurdo, incluso para sus cánones, el sufrir por un humano, el solo hecho de creer que uno pudiese ser eterno y corresponderle por siempre. Bill, dentro de sí, sabía que eso nunca podría darse; sin embargo, dañándose a sí mismo, mantenía esa llama de esperanza en su corazón relleno de algodón.<br />
…<br />
Tom estaba en la flor de su juventud. Encantar a bellas jovencitas encabezaba su lista de prioridades. Bill observaba en silencio lo que hacía Tom con esas damas en ausencia de su madre, e hilo a hilo iban descosiéndose de sus botones de ojos hasta que se cayeron por completo de su rostro. Sin visión, solo pudiendo oír los gemidos roncos que le provocaban un punzón en su pecho falso.<br />
De las cuencas tejidas de Bill se salía el algodón al ya no tener botones, cada trozo de nube blancuzca remplazaba sus lágrimas. Tom no se percataba de ello, ya no era el niño preocupado que se desvivía por él. No obstante, dentro de Bill permanecía ese sentimiento, el mismo que se había posado sobre su cuerpo cosido a mano la primera vez que Tom lo tomó entre sus brazos.<br />
…<br />
Solo había silencio, desde hacia muchos días que solo el silencio reinaba en la habitación. Bill no podía ver y se frustraba al no poder oír su voz.<br />
Oyó unos pasos cerca, la puerta se abrió, Bill había aprendido con el tiempo a distinguir los sonidos que emitían los objetos al chocar uno con otro, o por sí solos. Pero no era Tom, también sabía diferenciar su caminar del resto. Sonaba a la madre, se preguntaba qué hacía allí. Agudizó el oído cosido para escuchar algo que pudiera sacarle del estado de incertidumbre; no hizo falta, puesto que la señora, entre sollozos, lo tomó entre sus manos y lo acercó a su mejilla, susurrándole sinsentidos. Bill se angustió, aquello no podría significar algo bueno.<br />
—Siempre fuiste su juguete preferido, siempre. Y mírate cómo estás, te zurciré y te haré ver como antes, como cuando Tom solía jugar contigo, así podrá volver aquí y hacerlo una y otra vez —masculló la mujer. Después Bill, todavía confundido, escuchó otros pasos, eran los del padre de Tom.<br />
—Querida, sabes que no deberías estar aquí. Sabes que te lastima, Tom no volverá, Simone —musitó el varón con voz grave. Con un tono que se oía cansino, como si no fuese la primera vez que lo dijese.<br />
—No, no, Jörg. Sé que Tom volverá, él lo hará, yo lo sé —contradijo Simone mientras apretada casi de forma inconsciente el cuerpo de Bill. ¿A dónde habría ido Tom?, se preguntaba Bill. ¿Por qué no volverá?, se cuestionó después, espantándose ante la idea de no volver a oírle, o quizá verle ahora que la madre de Tom decía que lo cosería.<br />
—Simone, Tom está muerto, falleció en un accidente de tránsito. —El tiempo se detuvo para Bill tras aquella afirmación.<br />
…<br />
Simone zurcía a Bill junto a la chimenea, ya tenía sus ojos-botones en su rostro, ahora le arreglaban los de su traje. Bill sabía que la madre de Tom ahora estaba tranquila, había tomado algunos de esos ‘botones blancos’ de forma rara que le daba el padre de Tom, con eso paraba de llorar y llamar entre gritos a Tom. Las manos de Simone eran frías y su textura tampoco era como las de Tom. Bill nunca podría amar a otro dueño, lo sabía, así lo arreglasen y dejasen como nuevo, se sentiría destrozado por dentro para siempre.<br />
El hilo se rompió entre los dedos de la pelirroja y se levantó en búsqueda de otro, puesto que el carrete se había acabado. Bill vio la llama flamear en la chimenea, recordó la esperanza de volver a ver Tom, una que no se extinguía en su corazón cosido al pecho, a pesar de saber que estaba muerto.<br />
Se hallaba en el borde del brazo de la mecedora, donde Simone lo había dejado.<br />
…<br />
Simone se regañó a sí misma por ser tan desordenada y regresó a la sala con el carrete en mano. Detuvo sus pasos y observó confusa a la mecedora, no encontrando al muñeco. Un olor extraño inundó sus fosas y giró el rostro en dirección a la chimenea, encontrando un corazón relleno de algodón allí; apagó el fuego de inmediato y lo sujetó. Nada más había quedado del muñeco, solo un corazón que sorprendentemente se había salvado de las llamas.<br />
La mujer situó el residuo a un costado de la foto de su difunto hijo, sin saber que cumplía el sueño del muñeco, estar por siempre junto a su dueño.</p>
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		<item>
		<title>Oh mierda, malditas galletas mágicas Pt.2 by sazu TxB</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2011/12/oh-mierda-malditas-galletas-magicas-pt-2-by-sazu-txb/</link>
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		<pubDate>Sat, 31 Dec 2011 15:15:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Princess of Darkness</dc:creator>
				<category><![CDATA[One Shot]]></category>

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		<description><![CDATA[¡FELIZ NAVIDAD TWCKAULITZ.COM! y un próximo feliz año nuevo (:

:) Muah Danke Sazu

&#160;
<h3 style="text-align: center;">Oh mierda, malditas galletas mágicas Pt.2</h3>
<h4 style="text-align: center;"><strong>by sazu </strong></h4>
Bill trataba de enfocar su mente.

Era navidad, corte de luz, alguien llamaba a su puerta. ¿Podría ser un ladrón?

Dejo se asustarse solo, trato de acostumbrar su vista a la oscuridad y camino hasta la puerta.

-          ¡Joder! –

&#160;

Uno de sus pies había impactado contra una de las patas de su mesa, llego al fin a la puerta y abrió, nada.

&#160;

-          ¡Niños no estoy para bromas! –

Furioso trato de cerrar la puerta pero algo lo detuvo.

-          Lo siento, creí que no abrirías –

Una voz masculina se dejo oír, mientras pasos se acercaban a su puerta nuevamente, el chico saco su celular y alumbro sus caras.

Sonriendo miro a Bill.

-          No pude entrar a mi departamento, me mude aquí hace unas semanas, creo que deje las llaves donde mis padres, lamento molestarte –

El chico lucia nervioso, movía sus manos de lado a lado tratando de decir algo sensato.

-          Extraño corte de luz ¿no? –

&#160;

Bill asintió, no había podido dejar de ver aquel piercing que bailaba en su labio.

&#160;

-          ¿Quieres, quieres pasar? –

(continuar al TAG)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡FELIZ NAVIDAD TWCKAULITZ.COM! y un próximo feliz año nuevo (:</p>
<p> <img src='http://www.twckaulitz.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' />  Muah Danke Sazu</p>
<p>&nbsp;</p>
<h3 style="text-align: center;">Oh mierda, malditas galletas mágicas Pt.2</h3>
<h4 style="text-align: center;"><strong>by sazu </strong></h4>
<p>Bill trataba de enfocar su mente.</p>
<p>Era navidad, corte de luz, alguien llamaba a su puerta. ¿Podría ser un ladrón?</p>
<p>Dejo se asustarse solo, trato de acostumbrar su vista a la oscuridad y camino hasta la puerta.</p>
<p>-          ¡Joder! –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Uno de sus pies había impactado contra una de las patas de su mesa, llego al fin a la puerta y abrió, nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          ¡Niños no estoy para bromas! –</p>
<p>Furioso trato de cerrar la puerta pero algo lo detuvo.</p>
<p>-          Lo siento, creí que no abrirías –</p>
<p>Una voz masculina se dejo oír, mientras pasos se acercaban a su puerta nuevamente, el chico saco su celular y alumbro sus caras.</p>
<p>Sonriendo miro a Bill.</p>
<p>-          No pude entrar a mi departamento, me mude aquí hace unas semanas, creo que deje las llaves donde mis padres, lamento molestarte –</p>
<p>El chico lucia nervioso, movía sus manos de lado a lado tratando de decir algo sensato.</p>
<p>-          Extraño corte de luz ¿no? –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bill asintió, no había podido dejar de ver aquel piercing que bailaba en su labio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          ¿Quieres, quieres pasar? –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          ¿Estás seguro? ¿A tu familia no le molesta? Ya sabes es una época familiar y yo…-</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bill rio y dejo el espacio libre para que entrara en su departamento, que ahora era iluminado por la luz de la luna que se colaba a través de sus cortinas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Vivo solo –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El chico asintió, entro en el departamento observando. Negro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Linda decoración –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Claro, hablas como si pudieras verla –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ambos rieron y se adentraron hasta llegar al sillón, Bill se desparramo ahí, mientras el otro chico se sentó junto al árbol que había logrado divisar.</p>
<p>-          ¿Tu nombre es? –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Oh Tom, vivo en el departamento 7 –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Muy bien, hola Tom del departamento 7 – Tom sonrió.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Dos departamentos hacia el lado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Te ofrecería algo de cenar pero, solo tengo golosinas –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En ese momento Bill maldijo su afán de no haber comprado comida para ese día, es que, ¡es navidad! El no celebra navidad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Oh está bien, ya comí, ya sabes… cena familiar, viaje horas. Aun así llegue aquí y mis llaves no estaban, estoy seguro de haberlas juntado con las de mi auto, pero no –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bill solo atino a asentir, curiosamente no necesitaba explicaciones, le gustaba estar acompañado… y en navidad. Algo de locos para él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se quedaron en silencio por un rato, el dueño de casa olvido las galletas y su deseo por completo, hasta que Tom estornudo.</p>
<p>Algo parecido a escarcha reposaba sobre la nariz de Tom. Brillaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          ¿Qué es eso? Es rojo –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom quito el polvo de su nariz haciendo un gesto divertido, ellos sin saber que el árbol junto a los labios de Bill estaban también finamente cubiertos por la escarcha, imagen que se perdía con la oscuridad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bill rio después de haber bufado todo el día, sorprendiéndose el mismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Estaba ahí, en navidad, con su casa adornada. Con un extraño y riendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom tenía trenzas, y por lo poco que pudo ver casi puede apostar que es mayor que él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quizás  tenía 24, mientras el aun estaba en los 20.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un piercing reposaba en un costado de sus labios, tenia expansiones y pudo apreciar su cuerpo bien formado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bill estaba tan preocupado escaneándolo que no logro ver cuando Tom se levantaba,  sacaba un encendedor de su bolsillo y prendía las pocas velas que rodeaban la sala.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Volviendo a su sitio, con el plato que se había preparado Bill antes de atacar las galletas, miro como una de las velas se reflejaba en los adornos del árbol.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una visión hermosa ante los ojos de Bill.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bill tomo uno de los malvaviscos y lo llevo a su boca, Tom no dejo de observarle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Sabes, yo no celebro navidad –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          ¿Por qué? –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Mi padre, siempre arruinaba todo con sus peleas y embrollos. Mala época, mala época –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aun así Bill reía ante aquel recuerdo, era mejor que lamentarse de por vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Continuaron hablando como si nada, eran las 11 p.m y la tormenta había cesado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom volvió a estornudar, había apoyado su cabeza en el sillón, volviendo a sentir como aquel brillito rojo le molestaba.</p>
<p>Busco con la mano lo que fuera que estuviera haciendo aquello, hasta que tomo en sus manos un trozo de galleta.</p>
<p>Una galleta roja.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          ¿Qué es esto? –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Mostro el trozo a los ojos de Bill, automáticamente el trato de tomarlo, pero Tom fue más rápido y se lo llevo a la boca.</p>
<p>El deseo, el deseo.</p>
<p>Por alguna extraña razón una vocecita sonaba en la cabeza de Bill, una vocecita muy peculiar.</p>
<p>Las luces automáticamente volvieron, solo las que estaban encendidas, dejando que el árbol volviera a lucir sus adornos al comas de las luces tintirineantes.</p>
<p>La escarcha roja que estaba tranquilamente en las ramas del árbol ahora se había mezclado con el aire,  pegándose en la ropa que Tom llevaba.</p>
<p>Bill busco el paquete, lo tomo y vertió el resto de las galletas sobre la alfombra, pequeños brillitos rojos saltaron.</p>
<p>El tiempo pareció pararse, las ventanas cedieron ante el viento, y pequeños copos de nieve se adentraron en la sala.</p>
<p>Tom miraba a Bill.</p>
<p>Bill miraba a Tom, miraba las galletas y miraba el árbol.</p>
<p>Navidad, es navidad, cualquier deseo hecho desde el corazón podría hacerse realidad.</p>
<p>¿Galletas mágicas?</p>
<p>Tom miro el reloj que colgaba en la pared, unos minutos y serian las 12 p.m.</p>
<p>Dejaron pasar aquellos minutos, el árbol seguía con sus luces, la nieve seguía adentrándose por la ventana.</p>
<p>La escarcha volvió a moverse, ahora Bill tenía su perfecto cabello brillando.</p>
<p>Se escucharon  a lo lejos las campanadas que anunciaban el término de la noche buena, Tom sonrió y cálidamente acaricio la mejilla del contrario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          No sé que es, solo déjame hacerlo –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una fuerza mayor a él lo controlaba, aun así, quería hacerlo por voluntad propia.</p>
<p>Bill miro las galletas, miro su árbol, miro la nieve, miro a Tom.</p>
<p>Sin decir nada recibió aquellos labios que besaron con delicadeza los suyos, para luego probar algo de suerte entre abriendo sus bocas, jugaron con sus lengua y se abrazaron, ambos arrodillados a los pies del árbol, cubiertos por la nieve y la escarcha.</p>
<p><em> ‘Quiero un regalo extraño esta noche, un beso’.</em></p>
<p>Bill había creído pedir algo imposible, pues se suponía que estaría solo esa noche.</p>
<p>Quizás, el mejor regalo que nunca había recibido, y jamás había imaginado.</p>
<p>-          Gracias –  se quedaron a un lado del árbol, con toda esa atmosfera navideña envolviéndolos, disfrutándose.</p>
<p>Ambos sonrieron, sabiendo que aquella navidad había encontrado a alguien especial.</p>
<p>Alguien nuevo había entrado a su vida a la vida de Bill, de la manera más extraña y linda manera.</p>
<p>**************************************************************************</p>
<p>Aquella noche, un duensito agitaba sus piernas sentado en la estrella del árbol, sonriente, viendo a aquellos dos humanos compartiendo una hermosa noche.</p>
<p>Findor pudo haber arruinado la fabrica, pudo haber sido despedido de su trabajo, pero haber dejado aquellas galletas a la venta, no había sido un error.</p>
<p><em>‘Solo pide un deseo, y deja que la magina navideña lo cumpla’</em></p>
<p><em>**********************************************************************</em></p>
<p>A la mañana siguiente, ambos jóvenes estaban recostados en el sillón, sus manos entrelazadas, con un poco de brillo rojo sobre ellas.</p>
<p>Tom despertó y estornudo.</p>
<p>Bill despertó y estornudo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Oh mierda, malditas galletas ‘mágicas’ –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El menor tomo el resto de galletas y las dejo en el basurero.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          ¿Galletas mágicas? –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom miraba curioso a su vecino, que ahora pasaría a ser algo más especial.</p>
<p>Alguien especial, eso había pedido la noche anterior, riéndose de sí mismo a tratar de encontrar a alguien probando unas galletas antes de volver a su casa, unas  galletas rojas muy peculiares.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Si, galletas navideñas – Bill miraba con recelo aquellas galletas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aunque en el fondo, muy en el fondo, creía que había conocido a Tom gracias a ellas.</p>
<p>Pero…las galletas no eran en verdad mágicas, ¿o sí?</p>
<p>¿Navidad? ¿Quien la necesitaba? Bill, no.</p>
<p>¿Una navidad extraña? ¿Amor?</p>
<p>Bill esperaba se repitiera el próximo año.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>**************************************************************************</p>
<p><em>Lejos de cualquier lugar:</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          Findor, ¿qué paso con la mezcla roja de galletas? La masa se mezclo con magia real, ¿¡sabes qué significa!? –</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-          <strong><em>Que todo deseo en navidad puede hacerse realidad –</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="right"><strong><em>Fin.</em></strong></p>
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