Hola chicas, es un gusto saludarlas de nuevo, esperamos que estén iniciando un buen año, y acá el primer capituló de este año y de la cuarta parte: Presto. Gracias por leer, besitos.
estén

Piezas de ambientación en: Aelilim Lj Sonata a Dos Tiempos
Sonata a Dos Tiempos
Cuarta Parte: Presto
Capítulo 17
El cigarro que arrullaba en sus dedos se extinguió sin fumarlo ni percatarse de lo largo que era el camino hacia la estación. Aunque un cierto nerviosismo bullía en sus vísceras, de algo estaba seguro, la entereza del sentimiento que le arrastraba a Tom era mucho más fuerte que cualquier ansiedad por la que pudiera pasar. Quitó con desgano su maleta de mano del asiento de al lado y suspiró; usualmente no lo hubiera colocado ahí, pero estaba rehuyendo de cualquier posibilidad de conversación trivial.
—Gracias —saludó la chica. Por un segundo se sintió estúpido y enderezó la cara.
—Lo siento, no había visto —se disculpó, señalándole el estómago.
La recién llegada sonrió de buena manera. —Estoy embarazada, no me estoy muriendo —comentó jocosamente. Bill se sonrojó.
—No quise decir eso —apuró a disculparse. La mujer rubia le guiñó un ojo.
—Solo estaba bromeando, tómatelo con humor que nos esperan unas cuantas horas de camino —dijo acomodándose—. Katrina —se presentó, tendiéndole la mano—. ¿Eres de Deutzen?
Bill negó.
—Voy de visita a un amigo —explicó. No quería ser sociable, pero la chica parecía agradable y estaba empezando a considerar que una plática casual podría hacer que el tiempo pasase más ligero. “Amigo” había dicho, volvió a menear la cabeza solo por sacudirse de ese pensamiento. Sí, sin duda le vendría bien un poco de distracción—. Bill —se presentó—. ¿Estaría mal asumir que tú sí eres de Deutzen?
—Nacida, criada, casada y embarazada —bromeó Katrina, acariciando su voluminoso vientre—. Nunca quise irme muy lejos de casa —explicó sonriendo.
Era una muchacha sin muchas aspiraciones, era obvio, una dulce pueblerina. Bill se forzó a corresponder la sonrisa. Él nunca sabría lo que era eso, conformarse y ser feliz con logros que le sabían mediocres. Algo parecido al alivio le inundó al saber que Tom tampoco sabía lo que era eso, si no nunca se hubiesen conocido.
De nuevo Tom. Torció la boca.
—Es una ciudad bastante pequeña, supongo que todos se conocen entre todos —dijo por iniciar diálogo.
Katrina asintió.
—¿De dónde eres tú? —Bill respondió y ella asintió—. Entonces no sabes lo molesto que es hacer algo y que al día siguiente sea comidilla local. Cuando era una adolescente, con mi novio nos metimos en la piscina de la escuela y un vecino nos vio, ni media hora después el mismo director nos atrapó con las manos en la masa. Recuerdo que estuvieron a punto de suspendernos a Tom y a mí —recordó con una risa.
Tom. Tom. Tom.
El jodido Tom le perseguía por todos lados. ¿Cuántos hombres con el nombre de Tom habría en Deutzen y por qué precisamente tendría que ser ese su Tom?, se cuestionó para tranquilizarse.
—Pues en Hamburgo con suerte alguien recuerda tu nombre —comentó distraídamente, tratando de distraer su mente.
—¿Estabas en transbordo? —quiso saber Katrina.
—No, ahora vivo en Berlin.
La chica asintió mientras desviaba la mirada. Sintiendo que el tema de conversación había muerto, buscó en su bolso y encontró un caramelo, pero antes de llevárselo a la boca, Bill habló:
—Así que tendrás un pequeño Tom.
Katrina arrugó la nariz y su rostro tomó una facción divertida.
—No, ese es el nombre de mi novio de secundaria.
—Es que en lugares pequeños es como la norma casarse con el novio de toda la vida —dijo Bill apelando a las tontas películas americanas que alguna vez había visto. Katrina exhaló y negó.
—No es mi caso. Ese Tom ahora está haciendo su vida —contestó—, es un músico famoso hasta donde sé. —Aquello le dejó con una expresión tal de pasmo que hizo que Katrina levantara una ceja—. Música clásica —se explayó, como si debiera esa explicación—. Un chelista famoso en esos círculos.
(continuar al TAG)