

Autora: Den
Titulo: El Ángel de Milán es Mío: Tocar su piel es sinónimo de muerte.
Temática: Twincest
Categoría: +18
Tipo: One Shot.
Género: Romance
Advertencias: Sexo explicito.
Resumen: La felicidad pocas veces es duradera. Ya sea porque solo nos merecíamos una pequeña porción de ella, o porque otras personas se adueñen de aquello que nos debería hacer felices por siempre. Pero, cuando eso sucede, ¿Hasta qué punto se está dispuesto a luchar, solo para recuperar el objeto de tu felicidad absoluta y lograr la felicidad eterna?
El Ángel de Milán es Mío
Tocar su piel, es sinónimo de muerte
|| By: Tom ||
Jamás imagine ser tan feliz como lo fui ese día. Nunca crei que llegaría a conocer el verdadero amor y mucho menos me imagine que llegaría a conocerlo con la persona con la que compartí el vientre materno.
Después de ese día, Bill y yo hablamos seriamente. Nos metimos todo el día siguiente en su habitación y tras ver los pros y los contras, decidimos seguir, simplemente porque los contras nos importaban nada. Ese día lo único importante para cada uno de nosotros era amarnos y tenernos el uno al otro. Era saber que habíamos encontrado a nuestra alma gemela, la persona con la que queríamos compartir nuestra vida. Ese día, lo único que tenía sentido, era saber que él me amaba tanto como yo a él.
[Flashback]
— ¡Chicos! — La voz de mamá nos hizo pegar tremendo bote sobre la cama que Bill por poco y cae redondo al suelo, de no ser porque lo tenía muy bien sostenido. Sus labios rojos después del beso y sus ojos abiertos de par en par, igual que su boca me hicieron notar el miedo que tenia porque fuésemos descubiertos. Me separe bruscamente de él y me puse de pie al lado de la cama. — Gordon y yo iremos a cenar, ¿No gustan ir y tener una cena en familia?
— Esto… ehm… ¿Quieres ir? — le pregunte a Bill en un susurro, el sonrió levemente y negó con la cabeza. — ¿No?… Yo tampoco — inquirí y me incline para depositar un dúctil beso sobre sus labios. — Ehm… no, mamá… no queremos ir, preferimos quedarnos a ver una película o quizás a pasar el rato con videojuegos.
— ¿Están seguros? — volvió a cuestionar.
— Si…
— ¿Chicos pasa algo? ¿Porque se la han pasado todos estos días encerrados? ¿Hay algún problema? — Problema no era, simplemente nos habia pegado lo meloso y no queríamos separarnos ni un minuto.
— No mamá, es solo que… uhm… — voltee a ver a Bill — ¿Qué le digo? — susurre.
— Ehm… ¡Mama es asunto de hermanos! — gritó él.
— Oh vaya… bueno, los dejo con sus asuntos de hermanos… — inquirió nuestra madre y casi adivine como rodaba los ojos. — Nos vemos en la noche.
— Si, suerte… — musite y me tire de nuevo sobre la cama después de escuchar como los pasos de nuestra progenitora se alejaban.
Bill se coloco a horquillas sobre mi vientre y acerco su rostro al mío, sin dejar de verme directamente a los ojos.
— Nos hemos quedado solos… — musite. Después sonreí de lado y alce un poco mi cabeza para besar sus labios, pero él se alejo de súbito, incorporándose de un salto.
— ¿Y eso qué? — cuestionó cruzándose de brazos, parado al frente de la cama.
— ¿Cómo qué?
— Pues… si, ¿qué tiene que nos hayamos quedado solos? — sonrió. Vale, ya habia captado su jueguito.
— Pues…
— ¡Eres un guarro! — soltó empezando a carcajearse después.
— ¿Yo guarro? ¿Quién es el que vino a seducirme y a ponerme la polla tiesa ah? — cuestione y me incorpore. Bill me miro con una cara de indignado que me hizo descojonarme sin poder evitarlo y es que a veces tenía unos gestos de lo más adorables y chistosos.
— Yo que se… ahora me echaras la culpa ¿No?
— Si, pues si tú tienes la culpa…
— Ya, pero si yo no te dije que te hicieras las pajas que te hacías solo… como ese día que…
— ¡Calla! Que aquí el único culpable eres tú… — le grite y Bill por un momento se quedo serio, observándome con los ojos abiertos de par en par.
— T… ¿Tom? — tartamudeo incrédulo.
— ¿Qué? — pregunte con el mismo tono de voz, alto y juguetón. — Si es la verdad, nadie te ah mandado a ser tan adorable, hermoso y perfecto… — musite y para entonces habia empezado a incorporarme de la cama. — Nadie Bill. — Y avance lo suficiente para quedar de frente a él.
Sostuve su rostro que ahora se hallaba sonrojado y con los ojos aguados entre mis manos y lo obligue a mirarme. Él frunció los labios y yo acerque los míos. Le di un beso suave, apenas rozando su tibia piel, sin profundizar. Solo así, mi pequeño Bill era tan adorable, que desde aquel día en que descubrimos lo que sentíamos el uno por el otro, yo ya no concebía la vida sin él. Era como si él se hubiera convertido en mi órgano vital y si se alejaba o lo perdía, yo moría irremediablemente.
Separe mis labios de los suyos y le observe, repase con mi mirada todas y cada una de sus facciones, si, era verdad que éramos gemelos, pero Bill, a comparación mía era hermoso, su carita tenía una perfección nata, no habia cosa que pudiese compararse con su belleza, quizás, muy remotamente los ángeles del paraíso, pero claro… como no si él era el ángel negro de Milán, mi ángel.
— ¿Tom? — murmuro y yo salí de mi ensimismamiento. Eleve mis pupilas a las suyas y note que ya no estaban aguadas, sino brillantes y alegres.
— Bill… — inquirí observando embelesado el adorable color caramelo de sus ojos y después volví a depositar un suave beso sobre sus labios.
— ¿Qué pasa? — cuestiono frunciendo el ceño, extrañado.
— Es que… — mordí mi labio inferior, nervioso. Bill me conocía de todo, pero pocas veces mostraba mi lado tierno. — Te Amo tanto… — finalice y él sonrió para después pasar sus brazos por encima de mis hombros, abrazándome y enterrando su cara en mi cuello.
— Y yo a ti Tom, con toda mi alma… — susurro y sentí su aliento rozar mi piel, provocando que me diera un escalofrió. Lo rodee por completo con mis brazos y empecé a besar su cuello, para después guiarme hasta sus delicioso labios.
Esta vez le devore la boca con más cadencia y deseo. Bill se dejo hacer y en un abrir y cerrar de ojos ya lo tenía bajo mi torso, en la cama. Jadeando y pidiendo por más. Repase su delicado cuerpo con mis labios, depositando besos ansiosos en el. Bill era como una fina pieza de porcelana que temía romper. Le amaba de una manera desquiciada, enfermiza y devota. Tanto que jamás sería capaz de dañarlo, jamás por ningún motivo ya podía hacer ahora lo que hubiese hecho anteriormente, siendo solo su hermano. Molestarlo y hacerlo enojar me daba tirria, no podía y no podía porque no soportaba el solo hecho de imaginar que el estuviese enfadado conmigo.
— Uhm… Tom… — ronroneo mi pequeño y yo sin tapujos empecé a colar mis manos entre sus ropas para sentir su suave piel, esa piel que me volvía loco y me hacia arder de deseo. Bill gemía y con los ojos cerrados se regocijaba ante mis caricias.
— Quiero hacerte el amor, cariño… — masculle, descendiendo mi mano por encima de sus pantalones, hasta sentir el bulto que ocultaban.
— Uhm, Tomy… hazlo… — y no espere mas. Me alce solo un poco para acomodarme mejor, me quite de un tirón la sudadera y después de botarla a saber donde, me incline sobre él nuevamente.
Acaricie con una de mis manos una de sus mejillas y después le bese nuevamente. Entregándome así a él, a su persona, a su esencia que era completamente mía e hicimos el amor extrañamente de una forma bastante peculiar.
[Fin Flashback]
De una forma que hoy en día, prefería olvidar.
Después de eso, la promoción del disco y muchas más cosas nos consumieron. Los problemas no se hicieron esperar y finalmente las peleas. Ya fueran por desacuerdos, o por algún capricho de ambos que no era cumplido. Pero el tema que principalmente nos mantenía peleando, eran los celos míos. Aunque Bill andaba de un mírame y no me toques, que no soportaba y mucho menos entendía, porque él no era así conmigo, o almenos no cuando éramos solo gemelos y no novios.
Quizás todo esto, se suscitaba porque los sentimientos eran más profundos y ahora no quería compartirlo con nadie y me mosqueaba que le miraran con otras intenciones, así fueran las fans o personas del espectáculo que pudiesen estar a la altura para conquistarlo. Le amaba tanto que temía perderlo y por eso, mis celos se tornaron enfermizos.
Pero mis celos tenían fundamentos, y fue terrible darme cuenta de la veracidad de esos argumentos, demasiado tarde.
[Flashback]
— Anda ya, termínala con eso Tom, te he dicho que no hagas caso…
— Ya pues, es que a ti no te molesta porque te endulzan el oído, pero a mi ese me ha tocado los cojones. — Si, vaya que esa nueva estrellita de Hollywood me tocaba los cojones, un homosexual desvergonzado que venía llenándole de halagos el oído a Bill, que si le gustaba, que si era muy guapo y después venia a copiarle el look, diciendo que era admirador de él, dios… yo es que en serio ¡Lo tenia atravesado!
— Tom tenemos que hablar… — el tono usado me puso en alerta roja. Trague saliva y le di la espalda. Mi corazón empezó a latir rápidamente, presa de un pánico indescriptible. Y negué con la cabeza.
— Ahora no, no tengo cabeza para hablar… todo terminara peor, hablaremos mañana por la mañana o cuando haya tiempo — me quería salir por la tangente, si, pero es que el presentimiento me aturdía tanto que ganas de llorar no me faltaban.
— No, Tom… esto no puede esperar más, no ahora que los problemas son cada cinco minutos, yo ya no puedo estar así… sin contar que… bueno…
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