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	<title>TwcKaulitz &#124; Twincest Fansite &#187; Fan Fiction con actualizaciones</title>
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		<title>Sonata a Dos Tiempos, Interludio: Cenizas del pasado. by Aelilim y Princess of Darkness</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Feb 2012 03:46:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Princess of Darkness</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Es un gusto saludarles de nuevo, esta vez con un pequeño Interludio dentro de Sonata, un interludio es una composición musical corta, que sirve de intermedio en la parte instrumental. Nuestra Sonata se ha ido desarrollando en sus tiempos justos y hemos pasado desde el Allegro y bajado hacia las partes más obscuras, hoy un pincelado del pasado, como siempre les agradecemos sus comentarios y su lectura.

Besos.


En esta ocasión les dejamos el link de un aria totalmente significativa para el capítulo.

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<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Interludio</h3>
<h4 style="text-align: center;">Cenizas del pasado</h4>
&#160;

Tom guardó lo que pudo bajo la atenta mirada de Richard, sin dejarse convencer por la súplica implícita de aquellos ojos que sabía que podían ser tan fríos como el mismo acero. Cerró su última valija y se pasó las manos por las sienes. Ahora sí se iría, cerraría la puerta para nunca más volver a ese espiral de destrucción del que era parte; lo veía posible, era lo más que había avanzado en todos los intentos fallidos de querer marcharse.

—Llamaré un taxi —anunció en un murmullo más para sí mismo que para alguien más.

—No puedes dejarme, Tom, tú eres mi combustible.

La frase era directa y, sin poderlo evitar, le conmocionó hasta hacer que sus manos le temblasen y dejase de marcar por un segundo. Siempre era así, un constante tirar y soltar, y sentía que no podía más. Se llevó el teléfono al oído al escuchar a la operadora y dio la dirección.

—Richard, ha sido suficiente —dijo cuando colgó. Solo unos minutos más… Solo eso—. Nos estamos haciendo dañando, y…

Richard se había levantado y estaba a su altura, le detuvo de seguir hablando rodeando su brazo con una mano y apretando con violencia.

—¿Ahora qué? —dijo buscando que lo mirase. Tom bailaba sus ojos de un lado a otro, no quería verle o se iría a la mierda. Trató de zafar su mano pero no pudo.

—Esta vez lo haré, irme —pronunció con tal determinación que a él mismo se le antojó trágica. Fue entonces que abrió sus orbes y se topó con las gruesas lágrimas de Richard bajando por sus mejillas pero con su rostro que permanecía impasible. Eran esos contrastes los que lo asustaban, esa capacidad para reír con amargura, para llorar sin expresión, para amarle sin tocarlo, para verle y moverle el mundo en un segundo.

Le soltó, y exhaló el aire que sus pulmones contenían. Ninguno de los dos se movió un centímetro.

(continuar al TAG)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es un gusto saludarles de nuevo, esta vez con un pequeño Interludio dentro de Sonata, un interludio es una composición musical corta, que sirve de intermedio en la parte instrumental. Nuestra Sonata se ha ido desarrollando en sus tiempos justos y hemos pasado desde el Allegro y bajado hacia las partes más obscuras, hoy un pincelado del pasado, como siempre les agradecemos sus comentarios y su lectura.</p>
<p>Besos.</p>
<p>En esta ocasión les dejamos el link de un aria totalmente significativa para el capítulo.</p>
<p><object width="560" height="315" classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/c3iFRaTwwj0?version=3&amp;hl=es_ES" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed width="560" height="315" type="application/x-shockwave-flash" src="http://www.youtube.com/v/c3iFRaTwwj0?version=3&amp;hl=es_ES" allowFullScreen="true" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" /></object></p>
<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Interludio</h3>
<h4 style="text-align: center;">Cenizas del pasado</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom guardó lo que pudo bajo la atenta mirada de Richard, sin dejarse convencer por la súplica implícita de aquellos ojos que sabía que podían ser tan fríos como el mismo acero. Cerró su última valija y se pasó las manos por las sienes. Ahora sí se iría, cerraría la puerta para nunca más volver a ese espiral de destrucción del que era parte; lo veía posible, era lo más que había avanzado en todos los intentos fallidos de querer marcharse.</p>
<p>—Llamaré un taxi —anunció en un murmullo más para sí mismo que para alguien más.</p>
<p>—No puedes dejarme, Tom, tú eres mi combustible.</p>
<p>La frase era directa y, sin poderlo evitar, le conmocionó hasta hacer que sus manos le temblasen y dejase de marcar por un segundo. Siempre era así, un constante tirar y soltar, y sentía que no podía más. Se llevó el teléfono al oído al escuchar a la operadora y dio la dirección.</p>
<p>—Richard, ha sido suficiente —dijo cuando colgó. Solo unos minutos más… Solo eso—. Nos estamos haciendo dañando, y…</p>
<p>Richard se había levantado y estaba a su altura, le detuvo de seguir hablando rodeando su brazo con una mano y apretando con violencia.</p>
<p>—¿Ahora qué? —dijo buscando que lo mirase. Tom bailaba sus ojos de un lado a otro, no quería verle o se iría a la mierda. Trató de zafar su mano pero no pudo.</p>
<p>—Esta vez lo haré, irme —pronunció con tal determinación que a él mismo se le antojó trágica. Fue entonces que abrió sus orbes y se topó con las gruesas lágrimas de Richard bajando por sus mejillas pero con su rostro que permanecía impasible. Eran esos contrastes los que lo asustaban, esa capacidad para reír con amargura, para llorar sin expresión, para amarle sin tocarlo, para verle y moverle el mundo en un segundo.</p>
<p>Le soltó, y exhaló el aire que sus pulmones contenían. Ninguno de los dos se movió un centímetro.</p>
<p>—Necesito que sientas que te amo, Tom, no me perdonaría que creas que eres palabra dicha para mí. Sabes que sin ti no me levantaría por las mañanas y no habría nada que me hiciera querer regresar a estas paredes —su voz no dejaba de ser fuerte pero sonaba amarga.</p>
<p>Calló bruscamente y se quitó, dejándole el camino libre.</p>
<p>Y eso fue lo peor de todo.</p>
<p>Porque si hubiera ofrecido resistencia, si en vez de darle espacio para que tomase la decisión se entercase, le agarrase del brazo y mostrara en acto lo patético de sus palabras, Tom hubiese podido decir “no, ya no”. Pero ese no era el caso, y a pesar de que avanzó unos pasos con su equipaje y llegó a sujetar el mismo picaporte de la puerta, no hizo más. Se quedó como una jodida figura de cal, una vacía por dentro.</p>
<p>Quieto como estaba, Richard se aproximó y le acarició la mano, obligándolo a girar hacia él y dirigiendo su mano que no había soltado a su corazón. Tom sintió los latidos apresurados y suspiró. Era lo más lejos que había llegado, sí, pero no había sido suficiente.</p>
<p>—Yo te voy a dejar —se dijo mascullando, descansando totalmente su palma en el pecho de Richard, quien acortó la distancia pegando sus cuerpos, haciendo que el brazo de Tom quedara entre ellos doblado como una trinchera tras la cual ocultaba un último recurso de protección.</p>
<p>Tom le rodeó con el otro brazo y lo atrajo hacia sí, dejando que reposara su rostro en su hombro y besando su cabellera negra. Richard coló su mano debajo de la camisa de Tom y acarició su espalda, la masajeó con ternura.</p>
<p>—Cálmate, ¿sí? —pidió con cierta ternura.</p>
<p>Ahí fue donde Tom se rindió, quitó su brazo de en medio y se abrazó al cuerpo del otro chico. Sus hipotéticas fuerzas fueron reducidas a nada cuando sus pechos estuvieron en contacto y sintió cómo su corazón se sincronizaba con el otro, a eso se resumía su felicidad.  Sus lágrimas cayeron por su rostro, y el sentimiento de impotencia, y la convicción de haber sido derrotado le invadió una vez más.</p>
<p>Después de despedir el taxi, el proceso de poner cada una de sus pertenencias devuelta a su sitio fue largo y pesado bajo el escrutinio de Richard que se sentó en un buró y se puso a beber uno de sus vinos. De fondo se escuchaba el Nocturno de Tchaikovsky que brindaba su propia cuota de pesadumbre a su ya pulverizado ánimo.</p>
<p>—Traes la cara de haberte resignado a ser encerrado en un hospital psiquiátrico —se mofó Richard.</p>
<p>—¿Qué tanto se aleja ese lugar de este? —replicó con extrema suavidad.</p>
<p>—Me estás hiriendo, Tomi.</p>
<p>Tom no viró hacia Richard y se obligó a concentrarse en la tarea que realizaba. Si lo pensaba, Tchaikovsky era un buen acompañamiento, no muy lento, doloroso en cada nota, era como la banda sonora de su sometimiento. Cuando terminó, se desplomó en su cama. Tenía todavía un par de horas antes del ensayo de la filarmónica. Pronto el colchón se hundió bajo el peso de otra persona y sus labios fueron rozados por otros con cargado sabor a alcohol.</p>
<p>—¿Estarás cuando vuelva? —preguntó levantando los párpados y encontrándose con la intensa mirada de Richard que había apoyado la cabeza en un brazo y dibujaba círculos invisibles en su brazo.</p>
<p>—Sí.</p>
<p>No le creía.</p>
<p>***</p>
<p>Tom estaba exhausto. La práctica había sido especialmente pesada para él, tal vez por su estado de ánimo, tal vez porque el buen humor de Georg había sido como una bofeteada a su mejilla herida, el remordimiento sumándose por no confiar en su mejor amigo. Esperaba encontrar un departamento vacío, en vez de eso le recibió el sonido del televisor prendido y de la licuadora.</p>
<p>—¿Richard? —hesitó.</p>
<p>—Tu tono me grita sorpresa. ¿Por qué pensaste que no estaría? —preguntó Richard, besando su mentón a tiempo que deslizaba su mano por su brazo hasta llegar a sus dedos y le liberaba del peso de su chelo.</p>
<p>Lo abrazó con tal ímpetu que no pudo precisar si alguna parte de su piel estaba mínimamente separada de Richard, cerró los ojos, sintiéndose como protegido, y estremeciéndose cuando una lengua serpenteó en su oreja susurrando algunas líneas en latín. Sus piernas parecieron no quererle sostener más.</p>
<p>—No, no quiero —musitó sin convicción y con una sonrisa en los labios.</p>
<p>—Solo una vez —pidió Richard.</p>
<p>—Estoy cansado</p>
<p>—Oh, Tomi, Tomi, ¿estás cansado para mí?  —Tom rió brevemente, y fue como si en esa risotada genuina se liberara un poco del pesar que tenía en cada tejido. Se liberó del agarre de Richard con delicadeza y se quitó la bufanda del cuello, desabotonando los primeros botones de su abrigo—. Mira que incluso hasta la cena te he preparado.</p>
<p>Tom no pudo resistir más, el corazón latiéndole de <em>amor</em>, y una sonrisa se alojó en sus labios.</p>
<p>—Está bien. Ganaste. —Richard sonrió, pagando el televisor.</p>
<p>Había ganado. Como siempre.</p>
<p>Terminó de librarse de su abrigo y sacó su violonchelo de su estuche, acomodándolo entre sus rodillas después de poner la pica y revisar su arco. No hubo demora para que la música brotara con facilidad de sus dedos e inundara la estancia. Richard se había sentado al frente de él con las piernas encogidas y los ojos cerrados, dejándose llevar, moviendo los brazos al son de su composición, la cual había iniciado poco antes de formalizar su relación con Richard y seguía progresando a pasos intermitentes.</p>
<p>Era una melodía de varias partes, comenzaba como un ritmo alegre y danzarín pero a medida que avanzaba se tornaba oscura, algunos pasajes eran como una exaltación sublime a la melancolía, y esos precisamente eran los favoritos de Richard, quien se atribuía ser la inspiración.</p>
<p>Plectro puro de la parte más atormentada de la vida de Tom.</p>
<p>Nada tan cerca de la verdad.</p>
<p>—¿Cuándo la acabarás? Quiero escucharla finalizada —dijo Richard cuando quedó el silencio, aproximándose y una vez más quitándole el chelo. Tomó una de sus manos y le acarició la palma con las yemas de los dedos.</p>
<p>—Sabes que no tengo idea —dijo algo forzado—. Me has cocinado, uh, ¿qué es?</p>
<p>—Ya verás, te encantará, ambos sabemos que vives por mi sazón. —Tom dejó ir un sonido vago de aprobación y Richard siguió acariciándole las manos, los dedos, repartiendo besos en las callosidades y repasando sus líneas—. Amo tus manos, lo juro, podría hacerles el amor día y noche.</p>
<p>Tom sonrió casi con timidez.</p>
<p>—No son tan geniales, pero creo que con mantener contento al dueño… —La característica carcajada de Richard le interrumpió.</p>
<p>—No seas modesto, por favor, Tom —pidió jalándole hacia él y sentándole encima de su regazo—. Sabes que no soy ningún ciego –remarcó acariciándole las manos de nuevo—, que yo tenga el placer de convivir contigo no significa que el resto de la humanidad no le den pleitesía. El mismo Rattle vive fascinado con lo que hacen.</p>
<p>Tom arqueó la ceja y le dio un suave beso.</p>
<p>—No tocaré de nuevo mi composición —dictaminó con fingida determinación.</p>
<p>—Vamos, sabes que el chelo es mi fascinación, si no fuera alcohólico sería músico.</p>
<p>— No eres alcohólico, eres catador.  Y no vuelvas a dejar que un comentario estúpido de Georg se te quede en la mente, eh.</p>
<p>Richard le clavó los ojos grises en los suyos, esos que le reglaban gratuitamente estremecimientos de los que le llevaban al infierno y al cielo, y le hizo caer tendido en el sillón, subiéndose a su cuerpo en cuestión de un pestañeo y tomándole de las mejillas.</p>
<p>—Me conoces más que eso, Tomi. Lo que diga Georg o no, no me afecta.</p>
<p>En el beso que siguió y la sucesiva cena después de un “ahora sí, a alimentarte”, Tom no impidió repasar obsesivamente lo que Richard había dicho sobre conocerlo. Recordaba la primera impresión que se había llevado de él, había sido atraído como abeja a la miel por esa seriedad y conocimiento profundo de la música y literatura clásica. Enterarse del campo laboral en el que se desenvolvía y la gente con la que se rozaba había hecho que la secreta y ligera admiración creciera.</p>
<p>Esa admiración no se había eclipsado del todo a pesar de las numerosas decepciones.</p>
<p>A veces creía que su amor era tan ciego y emocional que no quedaba más trayecto que la destrucción de la relación para darse cuenta de qué tan erróneo era; otras, cuando más positivo estaba, lo veía como fortaleza personificada, una que podría vencerlo todo.</p>
<p>Incluso adicciones.</p>
<p>—¿Sabe bien?</p>
<p>—Sabes que sí —respondió antes de beber agua.</p>
<p>Richard era un cocinero talentoso. Era de esa extraña “raza” que destilaba talento en cada actividad que emprendiera. Siguió comiendo, siendo partícipe de la charla entre bocados, y sonriendo. El hecho de que esa misma mañana hubiese explotado era como un recuerdo difuso, al igual que sus razones.</p>
<p>—Esta noche tengo ganas de dormir desnudo. —Tom rió sin dejar de fregar el servicio.</p>
<p>—¿Con esta temperatura? Estás loco.</p>
<p>Locura, demencia, enajenación pura, eso era. Y Tom se sintió contradictoriamente feliz.</p>
<p>***</p>
<p>Una pastilla, dos pastillas, tres, cinco, incontables en total. La habitación estaba sumergida en las tinieblas excepto por una leve y amarillenta luz brindada por los faroles de la calle, y era en esa luz en la que podía apreciar la figura de Richard sentado en el alféizar, desnudo, tomando píldoras a lo seco como si se tratase de caramelos. Sus manos tenían un tenue temblor y no era necesario que lo tocase para saber que estaba congelado de frío. Había sido cuando dejó la cama que instantáneamente despertó pero no hizo ningún movimiento. Craso error, porque ahora la parálisis seguía ahí.</p>
<p>Estaba presenciando cómo su novio se arrojaba a la decadencia.</p>
<p>—¿Richard? —tanteó con voz apagada.  Lo hacía por gusto. Sabía que no voltearía a verle por horas si tenía suerte, de lo contrario y si no lograba ignorar el hecho, el asunto concluiría en lágrimas, y si se empeoraba todavía más, en alguna tétrica escena de dolor.</p>
<p>Se incorporó un poco y encogió sus piernas, abrazándolas, apoyó el rostro en ellas y apretó los párpados. “No estoy aquí”, trató de auto-convencerse, “él no está así”, repitió. Percibiendo cómo los ojos se le humedecían se los talló con brusquedad y trajo a su memoria los besos de hacía unas horas. Inconscientemente llamó de nuevo a Richard. Nada sucedió a excepción de la ventana siendo abierta y un frío agudo penetró calándole. Se levantó y cubriéndose con una manta caminó con cierto sigilo hacia él.</p>
<p>—Está helando —comentó con descolorida esperanza. Richard estaba golpeando nerviosamente los dedos sobre la ventana a un ritmo impaciente—. Quizá… quizá deberías… —Tom guardó silencio y acortó el espacio, envolviéndole por la espalda con la manta y lo apretó contra su pecho. El segundo se hizo eterno hasta que sintió que el otro se liberaba de sus brazos y lo empujaba.</p>
<p>Al recuperar el equilibrio se topó con una mirada vidriosa, cruel. Richard chasqueó los dedos y le señaló la cama.</p>
<p>—Duerme y no jodas —barbulló.</p>
<p>—Vete a la mierda —dijo al recuperarse de la impresión. Richard solo le trataba rudamente cuando estaba en ese estado, y no era la primera vez, pero siempre el golpe certero y directo se asemejaba a un derechazo en el estómago.</p>
<p>—En esas ando —se atrevió a decirle Richard con una sonrisa macabra. La luz de los faroles le daba un aura tan oscura que Tom sintió que la cena que con tanto disfrute había comido se le subía a la garganta—. Tomi.</p>
<p>—No me digas así —dijo con firmeza—, sabes que lo odio cuando estás drogado.</p>
<p>No prestó atención a la respuesta sarcástica que recibió y con verdaderas prisas se vistió con las prendas que había descartado horas antes. Debía irse del departamento, y debía hacerlo ya mismo. Vestido y con su teléfono y chelo a la mano, maldijo al no encontrar sus llaves. La casa que compartía con Georg era su destino obvio;  era cierto que prácticamente vivía con Richard, sin embargo, siempre podía regresar a esa casa como un refugio.</p>
<p>—Mierda —gruñó cuando su segunda búsqueda fue infructuosa.</p>
<p>No podía hacer algo más que despertar a Georg e inventarse cualquiera excusa estúpida de pelea con Richard, algo que siempre evitaba hacer en un intento de mantener eso como privado. No quería que le juzgasen, tampoco quería que juzgasen a Richard. Fue en la cocina, entre un manojo de documentos junto al frutero que encontró las condenadas llaves. Se estaba apresurando para coger su violonchelo cuando al llegar a la sala vio a Richard con una bata manipulando el equipo de música.</p>
<p>—¿Te irás? ¿Me vas a dejar? —preguntó Richard sin girar. De pronto Casta Diva en todo su esplendor  y sufrimiento se dejó escuchar.</p>
<p>—Me dijiste que no jodiera —respondió Tom. Estaba en zona peligrosa, y sentía un hormigueo en la nariz que nunca era buena señal. Dirigirse a la puerta acelerado no era huir, era un mero intento desesperado por evitar el caos.</p>
<p>No lo consiguió.</p>
<p>—Oh, Tomi… —El susurro no logró frenarlo pero Richard haciéndole soltar el estuche de su chelo y agarrándole de los brazos sí—. ¿Oyes la música? ¿Uh, la oyes? Dime que sí. Baila conmigo.</p>
<p>Tom no quería, luchó por liberarse pero Richard, solo unos pocos centímetros más bajo que él, no era un oponente débil. Dieron vueltas en un burdo baile forzoso en el que trastabillaron varias veces y se chocaron con varios muebles hasta que volcaron una lámpara y la hicieron añicos.</p>
<p>—Estás descalzo, te vas hacer daño —quiso advertir. Richard sonrió, ladeó la cabeza, y abrazándose a él pisoteó los fragmentos, haciéndole bailar de nuevo y empezando a cantar a la par de la soprano.</p>
<p>La sangre de los pies de Richard en la alfombra era una imagen que a Tom se le quedaría grabada en la mente para siempre. Se inclinó de golpe para impedir que los cristales siguieran hiriéndole y justo cuando iba a recogerlos, su novio le asió del brazo y con vigor le hizo enderezarse.</p>
<p>—¿Qué haces? ¿Por qué quieres lastimarme? —le inquirió con nerviosismo—. Si las lastimas me lastimas  a mí, ¿es eso, Tomi? —pregunto soltándole despacio—. ¿Quieres lastimarme?</p>
<p>Se refería a sus manos, lo notó por la mirada desesperada que le dirigía. Tom se soltó con violencia, no quería más silencios eternos y luego palabras hirientes.</p>
<p>—Y ahí vas de nuevo fingiendo que me dejas. Eres patético, Tomi, simplemente patético —recalcó Richard caminando tras él, volviendo a sujetarlo entre sus brazos—. Agarra valor de una buena vez y lárgate, vamos, hazlo… ¿Sabes por qué me amenazas a cada respiro que te vas? Porque te sabes necesario para mí —gritó repentinamente, antes de desaparecer hacia su dormitorio.</p>
<p>Eran las pastillas las que hacían surgir la parte más horrible de Richard, estaba consciente de eso. Tom aspiró un par de veces profundo y fue hacia la puerta, no llegó lejos debido a que ni siquiera Casta Diva que estaba en modo repetición y a volumen alto le impidió escuchar el sonido de objetos siendo destrozados. Murmuró insultos sin destinatario fijo y dio media vuelta, a sabiendas de que <em>finalmente</em>, no se marcharía, cada fibra la tenía invadida de temor de que Richard se hiciese daño.</p>
<p>El dormitorio estaba un desastre, varias cosas habían sido estampadas contra la pared y ni un mueble estaba en su lugar.</p>
<p>—Mira lo que estás haciendo —murmuró Tom, encendiendo la luz. Cuidando de no pisar nada, fue a sentarse al lado de Richard.</p>
<p>—Diría que lo siento pero la verdad es que no sé. Tus amenazas de dejarme me vuelven loco.</p>
<p>Richard parecía haber vuelto a sus cabales, podía ser temporal, pero… Sin decir nada, Tom fue al el baño y trajo el botiquín consigo, curó los cortes sin encontrar resistencia, aliviado de que a pesar de la sangre no fuesen profundos. Odiaba ver a Richard así, hasta le hacía desear que sus ojos fueran solo cristal y frialdad, pero ahora no eran más que melancolía pura, dolor palpable.</p>
<p>—No te dejaré —afirmó con tranquilidad al acabar de vendarle los pies</p>
<p>—Lo sé —fue la respuesta que recibió.</p>
<p>Era incoherente. Richard era incoherente, mostrando ese miedo que parecía más que genuino de ser abandonado para luego decir con algo similar a la indiferencia que estaba al tanto de su incapacidad de cortar lazos. Tom no pudo evitar que una parte de él se irritara, uniéndose a su previa preocupación, a su amor constante y castigador, a su debilidad.</p>
<p>La pregunta que “y ahora qué” que le cruzaba la cabeza fue respondida por un beso súbito y doloroso, los dientes de Richard se ensañaron con su labio inferior hasta hacerlo sangrar. Los ojos de Tom se abrieron en sorpresa pero no opuso resistencia al sentir cómo Richard bebía su sangre y la mezclaba con su propia saliva.</p>
<p>El sabor que tenía el beso, más que sangre, era de impotencia, suya, de Richard, inclusive de Casta Diva.</p>
<p>—No… —intentó negase lánguidamente cuando Richard le acarició por encima del pantalón con la palma.</p>
<p>—¿Por qué no?</p>
<p>Los motivos se le juntaron en la punta de la lengua, uno tras otro, y el pecho se le encogió, sin embargo, Richard ya estaba haciéndole echarse en la cama y poniendo su peso encima de sus piernas a la vez que volvía a besarlo con el mismo arrebato. No quería, pero su cuerpo empezaba a reaccionar. Tom especuló con quitárselo de encima y no ceder, pero era inútil, esa cercanía era la que le brindaba razón a todo, sentir su corazón latiendo contra el suyo era suficiente. Detuvo el beso, y enredó sus manos en su cabello jalándolo hacia atrás para verle antes de dejar un beso en su nariz.</p>
<p>—No —se negó Richard, apartándose de su alcance.</p>
<p>—¿No qué?</p>
<p>—No —volvió repetir Richard, y sin esclarecerle, fue a su cuello en donde le mordió haciéndole sisear, lamió la piel herida y volvió a morderle cerca—. Te estoy marcando —anunció en un murmuro apagado.</p>
<p>Tom quiso darle un empellón pero Richard se movió rápido, descendiendo y subiéndole la camiseta lo que más pudo hasta tener espacio para poder atacar su pecho, el que siguió imprimiendo sus dientes, a veces moderándose, otras haciéndole agitarse. Tom se sabía <em>condenado</em>, como protagonista de una tragicomedia escrita por un autor sin luces.</p>
<p>El rápido movimiento con el que Richard le desabrochó los pantalones pasó desapercibido hasta que sintió unos labios besándole la pelvis, arqueó la espalda elevando su cintura. El deseo en mezcla violenta con los sentimientos habían decidido sin darle opción. Gimió bajito hasta que una succión le hizo abrir los ojos y le dio un golpe a Richard en el hombro.</p>
<p>—Me lastimas —se quejó.</p>
<p>—Ssh, guarda silencio. —Más que por sumiso, Tom le hizo caso porque los besos y toques siguieron descendiendo y en dos movimientos llenos de habilidad y práctica, Richard se había encargado de bajarle la ropa interior hasta las rodillas—. Te lastimo —parafraseó lo que había dicho antes, y en el colmo del cinismo, rió, sacándose la bata bajo la cual no llevaba nada—. ¿No decía Baudelaire? «Horroroso el juego ese del amor que es un deporte cruel y feroz que se practica sin excluir los golpes bajos» —citó teatralmente.</p>
<p>—Rich…</p>
<p>—No.</p>
<p>Sin dejarse incordiar, Tom le besó el cuello con cariño. Necesitaba perderse un poco, olvidar la sensación de humillación clavada entre el pecho y la espalda, esa sensación de fragilidad  a la que le arrastraba su novio y sus estados. Fantaseando escuchar alguna dicción que expresara dolencia, estiró el cuello y mordió el mentón de Richard… obtuvo mutismo como recompensa. Richard le puso la mano en la nuca y le obligó besarle, sus dientes chocando al compás en el que sus erecciones se frotaban sumiéndolos en una larga y dolorosa agonía de placer. Sintió unas manos entre sus trenzas y halarlas con tal dureza que liberó un jadeo lastimero.</p>
<p>—Me matas —farfulló. El desastre se ceñía sobre ellos, colocándolos al borde del abismo del que no parecía poder escapar.</p>
<p>Richard besó los ojos de Tom en un intento de cerrarlos y así no ver lo que bosquejaban, ese insondable amor que lo hacía miserable. Lo mataba, acababa de decirle, pero tenía la macabra certeza que eso no se comparaba con lo que él llevaba a cuestas cada minuto con sus adicciones. Adicción a los fármacos y adicción a Tom, de los cuales por más dosis que se diera no tenía suficiente. Mordió con fuerza el hombro de Tom, abrazándose a este al sentir cómo invadía su interior con delicadeza y no quedó más que placer, dolor, y desesperanza.</p>
<p>***</p>
<p>Tom podía imaginarse lo que creían de él, que tenía una familia perfecta, una vida ideal, talento, buen look y carisma. Que lo tenía todo solucionado. Pero lo cierto se resumía a que era tan humano como el resto, tenía días especialmente oscuros, difíciles de atravesar, a veces se sentía frustrado porque no estaba tocando como podía y debía, o que sus padres y hermana lo sofocaban. No era un malagradecido, tenía conciencia de lo afortunado que era, sin embargo, ni siquiera para él el sol brillaba a cada hora.</p>
<p>Richard tenía que ver mucho con eso.</p>
<p>—Estás pensativo, eh, creo que empiezo a ver el humo saliendo de tu cabeza —llamó su atención Georg, dándole una palmada en la espalda.</p>
<p>—Ja, ja, muy gracioso, Listing —dijo sin dejar de afinar su chelo. En ensayo empezaría dentro de poco, estaban aguardando la llegada del directo.</p>
<p>—Hablo en serio. ¿Todo bien?</p>
<p>Con un vistazo a su amigo, Tom se encogió de hombros, y aprovechó la entrada de Rattle, quien ese día los conduciría, para evitar dar una respuesta. Nada había estado bien desde que un día cualquiera Richard y le confesó que tenía una adicción a cuestas desde la adolescencia en la que temía recaer. Escuchó distraídamente al director Simon dar precisiones y anuncios sobre el ajetreado horario que tendrían por ser el mes de aniversario de la BOP, y dejó caer los párpados.</p>
<p>Eran ya poco más de un mes desde el episodio con Richard y después de actitudes que rogaban disculpas, no se mencionó más sobre el tema. Sabía que el mutismo hacía daño pero en su cobardía era lo preferible. Tom abrió los ojos y se miró las manos. Esa mañana Richard se había pasado media hora acariciándolas, frotándolas con loción y cantando una de sus óperas preferidas.</p>
<p>—¿Qué? —preguntó Georg con intriga, susurrando para no interrumpir las indicaciones—. Dios, Kaulitz baja a la tierra. ¿Tienes alguna obsesión con tus manos o algo así?</p>
<p>—Eso te pasa por meter tus narices en todo, y no, solo las observo. Son lindas —sonrió.</p>
<p>—¿Te lo dijo Richard? —Tom asintió—. Te mintió. Ese es el beneficio de tener novio, tienes un porrista de planta. —Georg calló de golpe y se irguió al ver cómo Rattle extendía su batuta pidiendo silencio antes de continuar.</p>
<p>—Como decía, ahora iniciaremos con el ensayo final de Carmina burana para la presentación del sábado. Es de vital importancia su completa concentración pues nuestros artistas vocales solo podrán acompañarnos cuarenta minutos dentro del ensayo. ¿Alguna duda o comentario?</p>
<p>La negativa generalizada se vio precedida de los músicos terminando de acomodarse en sus respectivos asientos.  Cuando la señal fue dada, a Tom le fue imposible seguir los movimientos de Rattle, sintiéndose incómodo consigo mismo. Sabía la pieza de memoria, las seis partes como si fueran de su autoría y con dificultad se dejó llevar como si flotara en el mar.</p>
<p>“Todos tenemos nuestra propia colección de cánticos”, reflexionó, “con tragedias tan claras y palpables, y con frivolidades tan disfrazadas…”  ¿Acaso él no era un bufón más del espectáculo? Su mezcla de amor y obsesión por Richard recaía en su propio ego, en saberse necesario; se cuestionaba si un Richard completamente independiente estaría a sus pies.  Deslizó su mano por el mástil accidentalmente y se sobresaltó a sí mismo al proyectar ira líquida por la mirada, la cual colisionó con la del director.</p>
<p>El coro y la música le estaban calando el alma, pero no era ningún niño que podía dejarse llevar sin reconocer dónde estaba y qué hacía. Canalizó toda su frustración y pensamientos lo más que pudo y el resto de la práctica no tuvo más percances. Eso no impidió que Rattle le pidiera una charla cuando acabaron.</p>
<p>—Sabes cuál es mi filosofía —le dijo ni bien tomó asiento delante de su escritorio—, te la he subrayado desde que entraste aquí siendo un recién graduado con honores. —Tom afirmó con un movimiento de cabeza—. La pasión mueve lo inamovible, Tom, y siempre les he dicho a mis músicos que no existe algo más excelso que saber sangrar los sentimiento en cada nota. Lo que nos les digo es que incluso eso exige saber dónde… detenerse. Es indiscutible que estás atravesando algo relevante en tu vida y no quiero verte destruido. Acepta esto como el consejo de un anciano que ha presenciado lo mejor y lo peor.</p>
<p>Tom quiso rebatir pero al final no hizo más que quedar mudo.</p>
<p><em>Pasión que puede destruir</em>. Esa fue la oración que le acompañó hasta que llegó a su restaurante favorito, “La Molienda”, en donde pidió dos porciones para llevar de Pasta Alfredo y panecillos de ajo, la comida favorita de Richard.</p>
<p>Mientras esperaba dejó que su mente viajara a otros tiempos, ¿más felices?, se preguntó. ¿No era feliz ahora? Sus momentos oscuros con Richard se distanciaban uno del otro, cuando su novio estaba completamente limpio era como vivir un épico romance victoriano en el que no había castillos pero donde sí estaba subido en un pedestal que el propio Richard le había construido.</p>
<p>Sonrió.</p>
<p>Tal vez parte de sus enredos provenían de querer encontrar una línea a todo, y las últimas semanas habían sido maratónicas noches haciendo el amor y largas pláticas cargadas de debates en los resaltaba lo culto que era Richard. Podía vivir como al filo de la tormenta, sin embargo, nada quitaba qué tan buenas semanas había vivido; de hecho, la última comida con Richard padre había sido más calurosa de lo normal, y que su propio suegro fuera su <em>luthier</em> le agregaba una sensación de bienestar extra a la relación de familia que ya había desarrollado con ellos.</p>
<p>Pagó y decidió ir a pie lo que faltaba de camino.</p>
<p>Lo primero que observó al encender las luces y dejar la comida en la mesa fue que la surtida colección de vinos añejos de Richard había desaparecido. Con el ceño fruncido llamó pero nadie le respondió, ratificándole que el departamento estaba vacío. Eso debía tener alguna explicación, razonó, al igual que los estantes vacíos de libros del cuarto de estudio, y las pertenencias de Richard de los armarios. Antes de saber qué hacía estaba yendo de un extremo al otro del lugar comprobando que no quedaba ni un solo objeto personal que no fuera suyo.</p>
<p>—Qué mierda sucede —preguntó a la nada.</p>
<p>El teléfono de Richard estaba desconectado y la desesperación se enraizó en su pecho. Sentado en su habitación recordó sus súplicas en donde el ego del que tanto alarde hacía se reducía a trizas, los “no me dejes, sin ti no podría seguir”. Quedó dormido con la ropa del día anterior y llegada la tarde, hora del ensayo en la filarmónica, seguía como entumecido, sin tristeza ni consternación, simplemente vacío. Se cambió de vestimenta, bebió agua en reemplazo de desayuno y almuerzo, fumó todo lo que pudo, y se dirigió a la BOP.</p>
<p>—Luces como un muerto viviente —señaló Gustav, con quien se topó a la entrada—, ¿estás bien? ¿Estás enfermo?</p>
<p>—No —dijo, y siguió caminando.</p>
<p>Al igual que ignoró la preocupación de Gustav, lo hizo con la que mostró Georg, algunos amigos, y su hermana en su llamada. Así pasó unos días en los que comió poco y lució como un fantasma de sí mismo suscitando inquietud a la que se limitaba a decir “estoy bien”. Cada acto lo extendía lo más que podía porque en el fondo estaba seguro que Richard regresaría, cómo podría no hacerlo si él era su centro, pero pasadas dos semanas no pudo engañarse más. Lloró hasta que ya no le quedaron lágrimas que derramar y, previo aviso, se tomó un día libre que ocupó dejando atrás el departamento en el que había pasado las horas más dichosas y melancólicas de su existencia.</p>
<p>—¿Está bien? Me gustaría saber eso —fue lo que dijo cuando juntó las agallas para visitar al padre de Richard.</p>
<p>—No he hablado con él —le respondió el señor con profundo pesar—. Le mandó un mensaje a su hermano diciéndole que no nos preocupásemos. Es mi hijo, pero me temo que siempre ha sido un desconsiderado, y…</p>
<p>Cualquier palabra que dijese Richard padre no tuvo verdadera trascendencia. Esa noche, y las siguientes, no durmió mucho, ensayando como si no fuera más que un cascarón vacío y lidiando con Georg que a la menor oportunidad lo sometía a un interrogatorio.</p>
<p>Cada veinticuatro horas los mismos ciclos se repitieron, dolor y esperanza chocaban danzando en su cuerpo, sus conciertos de solista empezaban a abrumarle de más. Uno de esos días hizo una reverencia a la concurrencia y observó el mar de aplausos, las sonrisas y el júbilo que le hacían sentirse como en alguna pesadilla con temática cirquense, caras que se deformaban y ruidos golpeándole sin piedad.</p>
<p>—Nadie te para, eh —la voz de Rattle y unas palmadas en la espalda le despertaron de lo que parecía ser un sueño de averno.  Hizo un gesto que acompañó con una mueca—. Tom, tiras el alma por las cuerdas, estás volviendo loco al público.</p>
<p>Tom exhaló profundo, sintiendo cómo el dolor de su pecho iba en aumento, constriñéndole los órganos como si se tratara de una fuerza física. Y fue suficiente.</p>
<p>—Necesito parar. Ahora mismo.</p>
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		<title>Fanfic // Godfathers by r0sikler</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2012/01/fanfic-godfathers-by-r0sikler/</link>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 00:01:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ale Littlewitch</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Niñas, este es un fan fic que envió r0sikler. Ella dice que no será muy largo.

<em>Nota de r0sikler: No puedo aseverar con la misma certeza que tengo de los Kaulitz, que entre Gustav y Georg exista algo, pero verlos de esa manera se me hace algo factible.
Créditos a: emily_divine y Stellarcircle 5, por las imágenes que usé en el quickly-banner que hice para el fic ;-)</em>
 



<p style="text-align: center;"><strong>GODFATHERS by r0siKler</strong></p>
<a href="http://2.bp.blogspot.com/-_Bx0Pfv-fLE/TyM5bZBfUFI/AAAAAAAACco/T4sJAaFNcAY/s1600/capture-20120127-204732.png"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702464695917563986" class="aligncenter" style="cursor: hand; width: 400px; height: 201px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-_Bx0Pfv-fLE/TyM5bZBfUFI/AAAAAAAACco/T4sJAaFNcAY/s400/capture-20120127-204732.png" alt="" border="0" /></a>
<p style="text-align: left;">Clasificación: T (13+)
Advertencia: Mpreg
Género: Comedia. Drama
Parejas: Tom/Bill – Georg/Gustav
Resumen: La tradición dice que encomendarás como padrinos de tus hijos a quienes creas pueden ser los mejores tutores para ellos, y lo usual es que esas personas sean tus mejores amigos. Aunque eso puede incluir ciertos beneficios extras como: cuidar de ti en el proceso, decorar la habitación del bebé o decirle al otro padre… que será padre.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo 1</strong></p>
<p style="text-align: left;">Llamada entrante: “La cigüeña”</p>
<p style="text-align: left;">Perfecta mañana en Los Ángeles, un sol radiante se asomaba por los ventanales de la morada de los Kaulitz, y de no haber sido por un molesto ruido que comenzó a colarse en el ambiente, ellos podrían haber seguido con su plácida siesta.</p>
<p style="text-align: left;">—Bill —masculló Tom, aún en sueños— el teléfono.</p>
<p style="text-align: left;">—Uhm —.Ningún cambio de posición en el menor.</p>
<p style="text-align: left;">Nuevamente el sonido.</p>
<p style="text-align: left;">—Bill, contéstalo.</p>
<p style="text-align: left;">—Uhm.</p>
<p style="text-align: left;">Un timbre más fue escuchado.</p>
<p style="text-align: left;">—Billa, desconéctalo al menos —se quejó el mayor mientras se acurrucaba aún más cerca de su igual.</p>
<p style="text-align: left;">El rubio esperó a que la llamada terminara, con los ojos cerrados ycon la mano libre que antes reposaba estrechando a su alma gemela contra sí, tanteando,levantó el auricular, marcó un número cualquiera y dejó el teléfono sobre el velador.</p>
<p style="text-align: left;">El silencio nuevamente reinó, un cuadro espléndido volvió a formarse, una suave brisa se colaba entre las cortinas, y nuevamente un sonido repitente se comenzaba a oír en la habitación.</p>

[*Sigan el tag*]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Niñas, este es un fan fic que envió r0sikler. Ella dice que no será muy largo.</p>
<p><em>Nota de r0sikler: No puedo aseverar con la misma certeza que tengo de los Kaulitz, que entre Gustav y Georg exista algo, pero verlos de esa manera se me hace algo factible.<br />
Créditos a: emily_divine y Stellarcircle 5, por las imágenes que usé en el quickly-banner que hice para el fic <img src='http://www.twckaulitz.com/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';-)' class='wp-smiley' /> </em></p>
<p style="text-align: center;"><strong>GODFATHERS by r0siKler</strong></p>
<p><a href="http://2.bp.blogspot.com/-_Bx0Pfv-fLE/TyM5bZBfUFI/AAAAAAAACco/T4sJAaFNcAY/s1600/capture-20120127-204732.png"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5702464695917563986" class="aligncenter" style="cursor: hand; width: 400px; height: 201px;" src="http://2.bp.blogspot.com/-_Bx0Pfv-fLE/TyM5bZBfUFI/AAAAAAAACco/T4sJAaFNcAY/s400/capture-20120127-204732.png" alt="" border="0" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Clasificación: T (13+)<br />
Advertencia: Mpreg<br />
Género: Comedia. Drama<br />
Parejas: Tom/Bill – Georg/Gustav<br />
Resumen: La tradición dice que encomendarás como padrinos de tus hijos a quienes creas pueden ser los mejores tutores para ellos, y lo usual es que esas personas sean tus mejores amigos. Aunque eso puede incluir ciertos beneficios extras como: cuidar de ti en el proceso, decorar la habitación del bebé o decirle al otro padre… que será padre.</p>
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo 1</strong></p>
<p style="text-align: left;">Llamada entrante: “La cigüeña”</p>
<p style="text-align: left;">Perfecta mañana en Los Ángeles, un sol radiante se asomaba por los ventanales de la morada de los Kaulitz, y de no haber sido por un molesto ruido que comenzó a colarse en el ambiente, ellos podrían haber seguido con su plácida siesta.</p>
<p style="text-align: left;">—Bill —masculló Tom, aún en sueños— el teléfono.</p>
<p style="text-align: left;">—Uhm —.Ningún cambio de posición en el menor.</p>
<p style="text-align: left;">Nuevamente el sonido.</p>
<p style="text-align: left;">—Bill, contéstalo.</p>
<p style="text-align: left;">—Uhm.</p>
<p style="text-align: left;">Un timbre más fue escuchado.</p>
<p style="text-align: left;">—Billa, desconéctalo al menos —se quejó el mayor mientras se acurrucaba aún más cerca de su igual.</p>
<p style="text-align: left;">El rubio esperó a que la llamada terminara, con los ojos cerrados ycon la mano libre que antes reposaba estrechando a su alma gemela contra sí, tanteando,levantó el auricular, marcó un número cualquiera y dejó el teléfono sobre el velador.</p>
<p style="text-align: left;">El silencio nuevamente reinó, un cuadro espléndido volvió a formarse, una suave brisa se colaba entre las cortinas, y nuevamente un sonido repitente se comenzaba a oír en la habitación.</p>
<p style="text-align: left;">—Amor, tu celular —dijo Bill, sin intención alguna siquiera de soltarlo del abrazo en el que lo tenía.</p>
<p style="text-align: left;">Tom, que tampoco tenía en sus planes levantarse de su cómoda posición, tan sólo alegó—: Está muy lejos —el sonido, mezclado con el vibrar sobre la madera del aparador de DVD, continuó—. Ya cortarán.</p>
<p style="text-align: left;">Tom —murmuró el vocalista— es la quinta llamada, no creo que corten.<br />
Y contrario a lo que había afirmado el sonido cesó, para transferirse al teléfono móvil del menor; ya sin remedio, éste terminó por abrir los ojos, y comenzó a removerse con la intención de contestar y gritar un par de improperios a quien se atrevía a llamarles tan temprano.</p>
<p style="text-align: left;">—No contestes —susurró el guitarrista a sabiendas de que eso significaría moverse él también para cederle a Bill al menos un brazo y parte del tórax.</p>
<p style="text-align: left;">—Debe ser demasiado importante para que insistan tanto —exhaló— y si no lo es, recibirán un buen grito. —Aún a costa de su voluntad, se despegó un poco del trenzado, y acomodándose en una posición más erguida, alzó su móvil de la mesa de noche, arqueó la ceja al observarlo  y en voz alta nombró a quién le enseñaba el identificador—: Georg.</p>
<p style="text-align: left;">En ese instante, Tom, que no había abierto los ojos para nada y ahora los tenía bastante despiertos, se sentó rápidamente y con un movimiento sumamente fugaz, quitó el celular de las manos de su hermano. —¿Georg?</p>
<p style="text-align: left;">Bill, quien volvía a acomodarse en el lecho, pronunció, elevando su tono de voz para ser oído también del otro ladode la línea—: Dile a ese que respete el cambio de horario.</p>
<p style="text-align: left;">Georg, que ni siquiera había puesto atención a lo que Bill decía, comenzó con un sollozo interminable.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Qué sucede? ¿estás bien? ¿fuiste? ¿qué te dijeron? —el bombardeo de preguntas por parte de pelinegro no se hizo esperar; su igual sólo bufó mientras se cubría nuevamente con las cobijas y se acomodaba de espaldas al gemelo que comenzaba con su verborrea, él sabía muy bien que esa conversación sería una completa conferencia de una hora como mínimo, lo que no sabía era que se estaba volviendo a equivocar,por segunda vez en el día, con ese juicio.</p>
<p style="text-align: left;">—Tienes que venir —gimoteó el de castaños cabellos como respuesta.</p>
<p style="text-align: left;">—Pero, ¿qué pasó? ¡Dime que no te dijeron que tu cara era incurable! —bromeó Tom, tratando de cambiarle el estado de ánimo a su amigo.</p>
<p style="text-align: left;">—No, idiota. — Al menos logró que los sollozos se detuvieran, y con un último hipeo, un más calmado Georg habló—: Acabo de salir de mi cita médica —Silencio a ambos lados de la línea—. Tom, serás tío.</p>
<p style="text-align: left;">Varios minutos de silencio se instalaron en la habitación¬—. Extraño—pensó Bill. Así que sin el propósito de cambiar de posición, giró un poco la cabeza y de soslayo observó a su hermano, quien parecía haber quedado en shock, la mirada perdida en un punto nulo de la habitación con los ojos cristalinos, la mano izquierda aun sosteniendo el  móvil y la derecha cubriendo, en claro gesto de pasmo, su boca. El rubio estaba a punto de girarse por completo, abrazar a la luz de sus ojos y reclamar a Georg por lo que sea le haya dicho para dejarlo en ese estado, pero al escuchar un grito inmenso de felicidad provenir del otro lado de la cama King que compartían, cambió de opinión.</p>
<p style="text-align: left;">—¡No lo puedo creer! ¡¿estás seguro?! Dios mío, ok, respira, respira, inhala, exhala, inhala, exhala— Sí, definitivamente todo estaba de nuevo en la normalidad, pensó Bill —. ¿Aún no debes hacer eso? ¿Recién tres meses? Claro que estaré ahí…— Mientras trataba de asimilar lo recién escuchado y conseguía mantener una conversación coherente, el trenzado se levantó de su cómodo “nido” de sábanas, vistió como pudo un bóxer y un pantalón deportivo, y se dirigió a toda prisa hacia la mesita sobre la que yacía su laptop —. ¿Aún no se lo dijiste? No, no te preocupes yo me encargaré de eso, no le digas nada aún, sólo vuelve tranquilo, haz como si nada hubiera pasado.</p>
<p style="text-align: left;">Bill, quien había sentido todo el revoloteo, concluyó que ya no podría volver a retomar el sueño y era mejor sentarse, al menos para observar y reír un poco del escándalo que su hermano hacía. Observó tranquilo como la laptop era encendida y Tom abría una página web donde podía observar lo que parecía ser la imagen de un avioncito, se deleitó con la imagen de su razón de vivir haciendo malabares para: poder mantener el teléfono apoyado sobre su hombro, tratar de ponerse un jersey, manejar correctamente el cursor de la portátil y gritar muchas incoherencias que exudaban chorros de alegría; eso era algo excelente, lo había notado un poco preocupado últimamente, él sabía que era por Georg, pero la llamada que había recibido esa mañana realmente le había devuelto su hermosa y brillante mirada, no sabía de qué se trataba, pero todo lo que le importaba era que su hermanito fuera feliz. La preocupación comenzó a rozarle nuevamente los pensamientos después de que Tom colgara el móvil y sacara dos maletas del vestidor, comenzando a poner montes de ropa en ellas.</p>
<p style="text-align: left;">—¿Me dejarás? —preguntó carcajeándose el pelicorto, y al escuchar a Tom repetir como un mantra: “Seré tío” con una gran sonrisa, volvió a tratar de llamar la atención de su igual—. ¿Tommy? ¿qué haces?</p>
<p style="text-align: left;">El mencionado continuaba con su laboriosa tarea de sacar pantalones, camisetas, zapatos y bandas que combinaran, sin siquiera poner atención al otro chico que aún estaba sentado en la cama, hasta que de un momento a otro apareció con otro par de maletas y fue la ropa de Bill la que comenzó a sacar en grandes bultos dejándola sobre la cama, se detuvo de repente y alzó la vista hacia el rubio, mientras espetó —: ¡¿Qué haces aún en cama?! ¡Tienes que alistar tus cosas! Volvemos a Alemania.</p>
<p style="text-align: left;">Bill que aún no entendía todo el escándalo que Tom estaba armando, sacó paciencia y trató de razonar con su hermano—. Cariño, yo sé que quieres mucho a Georg, pero ¿no crees que es un poco exagerado que quieras ir a Alemania a conocer el nuevo cachorrito que adoptaron?</p>
<p style="text-align: left;">—¿Cachorrito? —Miró con indignación al vocalista, ¿cómo se le ocurría algo así? —. ¿Cómo que un cachorrito?  Es que no me escuchaste Bill, ¡Seremos tíos! —exclamó, subiéndose a la cama, gateando hacia el agredido con una sonrisa y regalándole un abrazo.</p>
<p style="text-align: left;">—Ya te entendí, pero ya tenemos otros dos sobrinitos cuadrúpedos en casa de Gustav y Georg, que conozcamos al nuevo miembro de la familia cuando lo traigan acá será sufi…</p>
<p style="text-align: left;">—Eres un idiota —interrumpió Tom, cortó el abrazo y lo miro algo irritado—, nunca te enteras de nada.</p>
<p style="text-align: left;">—Si tendría su alteza la amabilidad de explicarme algo alguna vez y no sólo darme el comunicado después de que lo realiza, se lo agradecería —respondió Bill en tono defensivo y burlón a la vez.</p>
<p style="text-align: left;">—¡Bah! —rezongó el pelinegro— Ok, te lo resumo: Georg fue al médico, —comenzó Tom, mientras contaba los hechos con los deditos de la mano— está esperando un bebé, es de Gustav, el aún no lo sabe y nosotros… bueno, no, tú se lo dirás, acabo de reservar el vuelo en la aerolínea y nuestro jet sale en, —observó el reloj de pulsera en su muñeca— dos horas y media, así que más te vale apurarte que yo ya estoy casi listo y nuestros bebitos lo estarán en un par de minutos.</p>
<p>Y así, dos horas más tarde y aún tratando de salir del estupor que la noticia le había causado, Bill estaba sentado en la sala de espera del aeropuerto, con el móvil al oído, escuchando a David gritarle en mil idiomas por su repentina salida de Los Ángeles y observando a su algodón de caramelo andante con la laptop sobre su regazo mientras empezaba desde ya, a buscar nombres para bebés. El rubio pensó que esa había sido la mañana más loca que alguna vez  podría tener en su vida, lo que no sabía era que se estaba equivocando por tercera vez en el día, adelantándose a los meses  que todavía faltaban por venir.</p>
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		<title>Sonata a Dos Tiempos, Cuarta Parte: Presto Cap. 17 by Aelilim y Princess of Darkness</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Jan 2012 02:54:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Princess of Darkness</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Hola chicas, es un gusto saludarlas de nuevo, esperamos que estén iniciando un buen año, y acá el primer capituló de este año y de la cuarta parte: Presto. Gracias por leer, besitos.

estén
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-56121" title="2cellos_by_misserbk" src="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk-1024x866.jpg" alt="" width="614" height="520" /></a></p>
Piezas de ambientación en:<a href="http://aelilim.livejournal.com/67856.html"> Aelilim Lj Sonata a Dos Tiempos</a>
<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Cuarta Parte: Presto</h3>
<h4 style="text-align: center;">Capítulo 17</h4>
&#160;

El cigarro que arrullaba en sus dedos se extinguió sin fumarlo ni percatarse de lo largo que era el camino hacia la estación. Aunque un cierto nerviosismo bullía en sus vísceras, de algo estaba seguro, la entereza del sentimiento que le arrastraba a Tom era mucho más fuerte que cualquier ansiedad por la que pudiera pasar. Quitó con desgano su maleta de mano del asiento de al lado y suspiró; usualmente no lo hubiera colocado ahí, pero estaba rehuyendo de cualquier posibilidad de conversación trivial.

—Gracias —saludó la chica. Por un segundo se sintió estúpido y enderezó la cara.

—Lo siento, no había visto —se disculpó, señalándole el estómago.

La recién llegada sonrió de buena manera. —Estoy embarazada, no me estoy muriendo —comentó jocosamente. Bill se sonrojó.

—No quise decir eso —apuró a disculparse. La mujer rubia le guiñó un ojo.

—Solo estaba bromeando, tómatelo con humor que nos esperan unas cuantas horas de camino —dijo acomodándose—. Katrina —se presentó, tendiéndole la mano—. ¿Eres de Deutzen?

Bill negó.

—Voy de visita a un amigo —explicó. No quería ser sociable, pero la chica parecía agradable y estaba empezando a considerar que una plática casual podría hacer que el tiempo pasase más ligero. “Amigo” había dicho, volvió a menear la cabeza solo por sacudirse de ese pensamiento. Sí, sin duda le vendría bien un poco de distracción—. Bill —se presentó—. ¿Estaría mal asumir que tú sí eres de Deutzen?

—Nacida, criada, casada y embarazada —bromeó Katrina, acariciando su voluminoso vientre—. Nunca quise irme muy lejos de casa —explicó sonriendo.

Era una muchacha sin muchas aspiraciones, era obvio, una dulce pueblerina. Bill se forzó a corresponder la sonrisa. Él nunca sabría lo que era eso, conformarse y ser feliz con logros que le sabían mediocres. Algo parecido al alivio le inundó al saber que Tom tampoco sabía lo que era eso, si no nunca se hubiesen conocido.

De nuevo Tom. Torció la boca.

—Es una ciudad bastante pequeña, supongo que todos se conocen entre todos —dijo por iniciar diálogo.

Katrina asintió.

—¿De dónde eres tú? —Bill respondió y ella asintió—. Entonces no sabes lo molesto que es hacer algo y que al día siguiente sea comidilla local. Cuando era una adolescente, con mi novio nos metimos en la piscina de la escuela y un vecino nos vio, ni media hora después el mismo director nos atrapó con las manos en la masa. Recuerdo que estuvieron a punto de suspendernos a Tom y a mí —recordó con una risa.

Tom. Tom. Tom.

El jodido Tom le perseguía por todos lados. ¿Cuántos hombres con el nombre de Tom habría en Deutzen y por qué precisamente tendría que ser ese <em>su</em> Tom?, se cuestionó para tranquilizarse.

—Pues en Hamburgo con suerte alguien recuerda tu nombre —comentó distraídamente, tratando de distraer su mente.

—¿Estabas en transbordo? —quiso saber Katrina.

—No, ahora vivo en Berlin.

La chica asintió mientras desviaba la mirada. Sintiendo que el tema de conversación había muerto, buscó en su bolso y encontró un caramelo, pero antes de llevárselo a la boca, Bill habló:

—Así que tendrás un pequeño Tom.

Katrina arrugó la nariz y su rostro tomó una facción divertida.

—No, ese es el nombre de mi novio de secundaria.

—Es que en lugares pequeños es como la norma casarse con el novio de toda la vida —dijo Bill apelando a las tontas películas americanas que alguna vez había visto. Katrina exhaló y negó.

—No es mi caso. Ese Tom ahora está haciendo su vida —contestó—, es un músico famoso hasta donde sé. —Aquello le dejó con una expresión tal de pasmo que hizo que Katrina levantara una ceja—. Música clásica —se explayó, como si debiera esa explicación—. Un chelista famoso en esos círculos.

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Hola chicas, es un gusto saludarlas de nuevo, esperamos que estén iniciando un buen año, y acá el primer capituló de este año y de la cuarta parte: Presto. Gracias por leer, besitos.</p>
<p>estén</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-56121" title="2cellos_by_misserbk" src="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk-1024x866.jpg" alt="" width="614" height="520" /></a></p>
<p>Piezas de ambientación en:<a href="http://aelilim.livejournal.com/67856.html"> Aelilim Lj Sonata a Dos Tiempos</a></p>
<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Cuarta Parte: Presto</h3>
<h4 style="text-align: center;">Capítulo 17</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cigarro que arrullaba en sus dedos se extinguió sin fumarlo ni percatarse de lo largo que era el camino hacia la estación. Aunque un cierto nerviosismo bullía en sus vísceras, de algo estaba seguro, la entereza del sentimiento que le arrastraba a Tom era mucho más fuerte que cualquier ansiedad por la que pudiera pasar. Quitó con desgano su maleta de mano del asiento de al lado y suspiró; usualmente no lo hubiera colocado ahí, pero estaba rehuyendo de cualquier posibilidad de conversación trivial.</p>
<p>—Gracias —saludó la chica. Por un segundo se sintió estúpido y enderezó la cara.</p>
<p>—Lo siento, no había visto —se disculpó, señalándole el estómago.</p>
<p>La recién llegada sonrió de buena manera. —Estoy embarazada, no me estoy muriendo —comentó jocosamente. Bill se sonrojó.</p>
<p>—No quise decir eso —apuró a disculparse. La mujer rubia le guiñó un ojo.</p>
<p>—Solo estaba bromeando, tómatelo con humor que nos esperan unas cuantas horas de camino —dijo acomodándose—. Katrina —se presentó, tendiéndole la mano—. ¿Eres de Deutzen?</p>
<p>Bill negó.</p>
<p>—Voy de visita a un amigo —explicó. No quería ser sociable, pero la chica parecía agradable y estaba empezando a considerar que una plática casual podría hacer que el tiempo pasase más ligero. “Amigo” había dicho, volvió a menear la cabeza solo por sacudirse de ese pensamiento. Sí, sin duda le vendría bien un poco de distracción—. Bill —se presentó—. ¿Estaría mal asumir que tú sí eres de Deutzen?</p>
<p>—Nacida, criada, casada y embarazada —bromeó Katrina, acariciando su voluminoso vientre—. Nunca quise irme muy lejos de casa —explicó sonriendo.</p>
<p>Era una muchacha sin muchas aspiraciones, era obvio, una dulce pueblerina. Bill se forzó a corresponder la sonrisa. Él nunca sabría lo que era eso, conformarse y ser feliz con logros que le sabían mediocres. Algo parecido al alivio le inundó al saber que Tom tampoco sabía lo que era eso, si no nunca se hubiesen conocido.</p>
<p>De nuevo Tom. Torció la boca.</p>
<p>—Es una ciudad bastante pequeña, supongo que todos se conocen entre todos —dijo por iniciar diálogo.</p>
<p>Katrina asintió.</p>
<p>—¿De dónde eres tú? —Bill respondió y ella asintió—. Entonces no sabes lo molesto que es hacer algo y que al día siguiente sea comidilla local. Cuando era una adolescente, con mi novio nos metimos en la piscina de la escuela y un vecino nos vio, ni media hora después el mismo director nos atrapó con las manos en la masa. Recuerdo que estuvieron a punto de suspendernos a Tom y a mí —recordó con una risa.</p>
<p>Tom. Tom. Tom.</p>
<p>El jodido Tom le perseguía por todos lados. ¿Cuántos hombres con el nombre de Tom habría en Deutzen y por qué precisamente tendría que ser ese <em>su</em> Tom?, se cuestionó para tranquilizarse.</p>
<p>—Pues en Hamburgo con suerte alguien recuerda tu nombre —comentó distraídamente, tratando de distraer su mente.</p>
<p>—¿Estabas en transbordo? —quiso saber Katrina.</p>
<p>—No, ahora vivo en Berlin.</p>
<p>La chica asintió mientras desviaba la mirada. Sintiendo que el tema de conversación había muerto, buscó en su bolso y encontró un caramelo, pero antes de llevárselo a la boca, Bill habló:</p>
<p>—Así que tendrás un pequeño Tom.</p>
<p>Katrina arrugó la nariz y su rostro tomó una facción divertida.</p>
<p>—No, ese es el nombre de mi novio de secundaria.</p>
<p>—Es que en lugares pequeños es como la norma casarse con el novio de toda la vida —dijo Bill apelando a las tontas películas americanas que alguna vez había visto. Katrina exhaló y negó.</p>
<p>—No es mi caso. Ese Tom ahora está haciendo su vida —contestó—, es un músico famoso hasta donde sé. —Aquello le dejó con una expresión tal de pasmo que hizo que Katrina levantara una ceja—. Música clásica —se explayó, como si debiera esa explicación—. Un chelista famoso en esos círculos.</p>
<p>—Ya veo —se orilló a decir Bill, relajando la mandíbula y las manos que automáticamente se le habían contraído en puños.</p>
<p>Para su fortuna, pasó una encargada ofreciendo diferentes bocadillos y bebidas, y Katrina dejó de mirarle con curiosidad por su reacción para pedirse algo. Los minutos siguientes Bill volvió a sus cabales y detalló a la mujer embarazada que estaba enfrente. Era bastante bonita, “pero no digna de Kaulitz”, completó su mente por él, haciéndole sonreír de lado y dejar caer los párpados por algunos segundos. Para cuando los abrió, Katrina había acabado de comer y miraba por la ventana.</p>
<p>—Siempre me ha interesado la música clásica —expresó sin cavilarlo. En lo hondo había percibido la opción de sacarle el provecho a esa tremenda casualidad—. ¿Tom, dices?</p>
<p>—Tom Kaulitz, ¿te suena? —inquirió de vuelta.</p>
<p>Bill desvió los ojos después de negar. No que fuera un experto mentiroso, se disculpó internamente.</p>
<p>—¿Engreído? ¿Feo? ¿Bajo de estatura? —soltó sin más. Katrina largó una discreta carcajada.</p>
<p>—Ni uno, ni lo otro y mucho menos del tercero, es de esos tipos despreciables que todo el mundo ama —dijo—, bastante guapo y mide como tú, más o menos.</p>
<p>Bill esbozó una sonrisa. Poco más y le provocaba deseos de encontrarse con alguien que le hablara pestes de Kaulitz y le quitara fundamentos a su insensata teoría de que más que un simple ser humano era algo así como un extraterrestre en fase de prueba de adaptación terrícola. Sonrió por su ocurrencia.</p>
<p>Quedaron en silencio por otros largos minutos.</p>
<p>—Voy a parecer terriblemente entrometido, pero si es este Tom es tan perfecto como lo pintas, ¿por qué su relación no funcionó?</p>
<p>Katrina quedó pensativa, y Bill dejó escapar aire con lentitud. Si un extraño le increpara sobre cosas que no le incumbían hacía bastante que lo hubiese mandado lejos. “Supongo que esa es la clara diferencia entre alguien de naturaleza sociable y agradable, y yo”, concluyó sin sarcasmos.</p>
<p>—Éramos jóvenes —habló Katrina—. Y, por favor no te rías, pero la pasión que tenía por tocar era muchísima más de la que sentía por estar conmigo —liberó una risotada breve y se acomodó el cabello—. Celosa de la música, apuesto a que es lo más tonto que has escuchado, uh.</p>
<p>No lo era, Bill comprendía. La música era no un lazo más que compartía con Tom sino quizá el más fuerte e irrompible. Sintió invadirle una calidez en el estómago.</p>
<p>Para cuando salió de la estación, se dio cuenta de lo irremediablemente tarado que había sido. “¿No traer ni la dirección?”, se mofó y encogió sus hombros, fantaseando con la idea de llamar a Georg y pedirle ayuda, pero se rindió al no recibir respuesta. Había taxis, era temprano y tenía hambre así que se encaminó al local más,  &#8221;La fonda del tío Joe&#8221;, según rezaba el cartel.</p>
<p>Tomó asiento cerca de un vitral y se distrajo viendo la rutina del lugar, era un pueblo pequeño y se podía respirar claro el contraste al ritmo de la ciudad. Su mirada cruzó con la de Katrina, quien con un gesto le dijo adiós antes de subirse a un auto. Ordenó una hamburguesa y té helado. Sus pensamientos transcurrían difusos y no podía concentrarse en un plan original;  era cierto que ese era un pequeño pueblo pero tampoco era que se le antojara andar pidiendo orientación por aquí y por allá.</p>
<p>El ruido del plato siendo dispuesto hacia él le trajo a la realidad.</p>
<p>—Gracias —dijo.</p>
<p>—De nada. No eres de por aquí, ¿cierto? —Negó. Que la mesera siguiera ahí como si fuera su asunto enterarse le hizo fruncir el ceño—. ¿No deseas algo más?</p>
<p>—No, gracias —contestó. La chica demoró su partida lo más que pudo, como si de un instante a otro fuese a cambiar de opinión. Su ceño siguió fruncido hasta que vislumbrando cómo podía sacarle provecho a la entrometida muchacha, le dijo que se detuviera—. ¿Te molesta si te pido que me hagas un favor?</p>
<p>—Depende.</p>
<p>Bill evitó rechinar los dientes de la irritación.</p>
<p>—Estoy de visita a los Kaulitz, pero no sabría cómo ubicarlos, ¿conoces a esta familia? ¿Puedes darme indicaciones? Sería importante para mí —dijo, forzándose a sonreír en un gesto que, esperaba, se mostrase lo suficientemente encantador.</p>
<p>Al parecer funcionó porque la mesera devolvió su sonrisa.</p>
<p>—Los Kaulitz viven un poco afueras del pueblo —indicó—. Pocos los desconocen con todo eso de que son músicos y la fiesta que organizan cada navidad —asintió para ella misma, arrancando una hoja de la libreta que utilizaba para tomar los pedidos y haciéndole un croquis.</p>
<p>“Problema resuelto”, pensó felicitándose.</p>
<p>Comió sin prisa, era ahora cuando la ansiedad empezaba a roerle nuevamente. Bebió el té y recordó la imagen de la familia Kaulitz, y no pudo evitar evocar su encuentro con Alana quien, aunque había sido dura, le tenía cierta simpatía. Después de pelear con el casi miedo que tenía decidió apurarse, canceló la cuenta y contrató un taxi al que le entregó el croquis.</p>
<p>—¡Ah!, donde los Kaulitz —comentó el conductor sin volver a ver el papel.</p>
<p>Bill asintió. El trayecto fue breve, reunió las fuerzas de la nada y apretó con fuerza el asa de su equipaje, dándose valor para llamar a la puerta. Su yo interno clamaba porque no hubiera nadie en casa, pero el suave taconeo acercándose no le brindó mayor consuelo. La puerta se abrió de par en par y las suaves facciones de la madre de Tom se tornaron tensas al reconocerle. Fue allí donde sintió que la valentía le abandonaba de golpe.</p>
<p>—Buenas tardes, señora —saludó. Había tenido las agallas de llegar hasta ahí, <em>debía</em> seguir adelante a pesar de que cabía la posibilidad de no vivir para contarlo.</p>
<p>Anne Kaulitz se mostró neutral y, por una décima de segundo, sus ojos se detuvieron en su maleta. Bill quiso volverse diminuto o mimetizarse con el ambiente. Abrió la boca para explicar que no esperaba que le tomasen como huésped, pero Anne habló antes que él.</p>
<p>—Bill —saludó—, no sé cuánto ha pasado. —No dijo más, y con demasiada lentitud como para ser una abierta bienvenida, terminó de abrir la puerta de su casa, como si le diese permiso para entrar—. Deja tu equipaje en la sala, luego te acomodaremos —instruyó—. Tom no tardará en volver —siguió antes que Bill siquiera pudiera despegar sus labios. Era obvio que para ella Bill estaba poco menos que muerto de miedo.  Con un gesto le señaló que le siguiera a la cocina—. ¿Has comido? —preguntó disponiendo ya un lugar en la mesa de la cocina.</p>
<p>—Eh… bueno —Bill buscaba las palabras. Sí había comido, pero no se sentía en posición de negarse a cualquier rasgo de hospitalidad—. Podría comer —contestó sin más.</p>
<p>—Ve a lavarte mientras te sirvo —indicó Anne en un tono de voz que poco a poco iba dejando ir la tirantez. Tomó una cucharada de la sopa con extrema lentitud—. Oh, nada de delicadezas, pensaré que odias mi sazón. —Bill intentó sonreír, pero lo que se formó en sus labios difícilmente podría ser definido como una sonrisa—. No voy a comerte, muchacho. Tom es mi hijo, pero carezco del instinto ciego protector de Alana.</p>
<p>—Asumo que ella le ha contado.</p>
<p>Hubo un asentimiento. Bill supuso que no tenía nada de qué sorprenderse, la familia Kaulitz le había parecido muy unida la vez que los había visitado y ahora concientizaba más a fondo que el problema de uno se convertía de manera automática en el problema de todos.</p>
<p>—Has venido hasta aquí, creo que Tom se desmayará de la impresión.</p>
<p>Esto último le tranquilizó un poco, buscó la mirada de la dama, era franca, era como hablar con Alana, menos hostilidad.</p>
<p>—Te daré un consejo chico, puedes tomarlo o mandarme a volar. —Bill asintió—. Todo en esta vida tiene solución. Tom no es ningún soberbio, sabrá tomar tu gesto, solo no insultes su inteligencia o le descolocarás, y el resultado puede ser totalmente contrario al que busques, si cometiste un error acéptalo y parte de ahí.  Tampoco dejes que pase de ti, no creo que fuera capaz de hacerlo, pero es una opción.</p>
<p>—Gracias.</p>
<p>Anne exhaló.</p>
<p>—No agradezcas, igual no quiero ser el prototipo de la suegra que es un dolor en el trasero.</p>
<p>Bill estuvo a punto de atragantarse con el último trago de sopa. Jamás hubiese esperado tal afirmación, y solo con cierta dificultad sonrió, agradeciendo tácitamente las recomendaciones que la señora Kaulitz le estaba dando.</p>
<p>—¿Cómo ha estado Tom? —se atrevió a preguntar por fin cuando pasaron unos cuantos minutos.</p>
<p>Anne, que se había sentado al frente de él, suspiró, apoyando los codos en la mesa y descansando el rostro en las manos.</p>
<p>—Creo que eso lo debes ver por ti mismo. —Hizo una pequeña pausa—. ¿Y cómo estás tú? Medio admito que cuando Tom llegó aquí hecho un desastre emocional, fui lógicamente bastante imparcial y monté en ira contra ti. —Bill puso un gesto que provocó que Anne moviera la cabeza levemente—. Una relación es de a dos, y con Tom viene sumado un tercer elemento por el pasado que carga a sus espaldas.</p>
<p>De nuevo, Bill se encontró desconcertado, su estómago como una válvula cerrada dándole a entender que no podría dar un bocado más.</p>
<p>—Han sido días extraños —dijo—, aunque no me he permitido pensar mucho.</p>
<p>—¿Y eso ha servido de algo?</p>
<p>—No, al&#8230; —dudó, se pasó los dedos por las sienes un instante—, al parecer estoy demasiado enamorado de su hijo, señora. —Ante esa aseveración, ni uno ni el otro podía estar completamente seguro de si era el mismo Bill o Anne quién estaba más asombrado.</p>
<p>El sonido de llantas en la tierra impidió que obtuviera alguna réplica excepto un pequeño, &#8220;ahora haz que Tom lo sepa&#8221;.</p>
<p>Bill sintió cómo la sopa se le revolvía con los jugos gástricos y el reflejo del vómito estuvo a punto de traicionarle. Debía admitirlo, estaba aterrado, porque podía ser que Tom no fuese un soberbio pero él sí lo era y admitirlo no le molestaba. Había sido educado con una mira muy alta de sí mismo y producto de su propia valía a veces podía olvidar fingir humildad. Anne le sonrió.</p>
<p>—Te prevengo, el que será difícil es Karl —advirtió, poniéndose en pie—. Ven, les daremos encuentro.</p>
<p>Y fue ahí donde Bill sintió como si el piso se le esfumara y caminara sobre gelatina. Inhaló fuerte y trató de guardar compostura, se vio rápidamente en el espejo de la sala y al oír el barullo afuera de la casa Kaulitz, salió justo para escuchar: “Tienes visita Tom”.</p>
<p>Salió al andén de la puerta y buscó a Tom, quien ataviado con una camiseta sin mangas y unos jeans sueltos, se quitaba las gafas negras como para cerciorarse que aquello no se debía a su imaginación.</p>
<p>—¿Bill? —inquirió de lejos como si pudiera estar engañándose. Que sus ojos siguieran colisionando fue interrumpido por un carraspeo.</p>
<p>—Señor Kaulitz, un placer —saludó Bill llegando a Karl que le estrechó la mano firmemente a pesar de que su mirada fulguraba algo que le hizo entender inmediatamente a qué se refería Anne con que su esposo iba a ser difícil—. Hola, Tom —añadió con una sonrisa que le vaciló en los labios.</p>
<p>—¿Hace cuánto llegaste? —preguntó Tom. Su voz sonaba normal, pero era palpable que todavía no lograba asimilar su presencia.</p>
<p>—No mucho…</p>
<p>—Mejor sentémonos —intervino Karl. Tenía un leve rictus severo en la boca que hizo que Bill tragara duro—. ¿Tuviste buen viaje? —cuestionó mientras Anne con ayuda de Tom se encargaba de servirles café.</p>
<p>—Sí, gracias. —Pensó en Katrina y en la conversación que había tenido con ella, y se obligó a volver la vista hacia su interlocutor—. Solo cuando llegué me percaté que no tenía ni idea de cómo llegar aquí, tuve suerte de que su apellido fuese conocido.</p>
<p>—Usualmente es así cuando vives en lugares como estos —sonrió Anne—, todos nos conocemos entre todos. Además está que Tom haya sido a veces un bribonzuelo de adolescente y que a Karl le encante organizar galas musicales.</p>
<p>—¿Bribón yo? —dijo Tom con una ceja alzada—. Alana era la que se aprovechaba de todos los chicos a los que tenía locos. —Si Bill creyó que el aligeramiento de ambiente iba a durar, estuvo equivocado—. No esperaba verte hasta mi regreso a Berlín.</p>
<p>—Bueno, ya sabes, Georg está insoportable extrañándote y ni siquiera Charlie lo puede consolar. —Su intento de broma hizo que el más mínimo de las sonrisas curvara las comisuras de los labios a Tom, lo cual le hizo respirar un poco mejor, sin embargo, Karl se aclaró la garganta.</p>
<p>—Qué te trae por aquí —cuestionó.</p>
<p>Bill exhaló, y algunas respuestas pasaron en milésimas en su cerebro. Tom había estado en la cena desagradable con su ahora futuro padrastro, así que no era el momento de acobardarse.</p>
<p>—He venido a hablar con su hijo, necesitamos aclarar un par de puntos y sobre eso creo que él sabrá tomar la mejor decisión.</p>
<p>Tom sintió como la garganta se le cerraba. Vaya que Bill era solo sorpresas, el aplomo con el que se dirigía a su padre no era propio de su carácter, hasta donde conocía. Es más, estar ahí no era propio de él. Fue evidente que la firmeza mostrada por Bill provocó que Karl bajase un poco su hosquedad.</p>
<p>—Esto es algo que solo les incumbe a ambos, pero…</p>
<p>—Pero nada —se entrometió Anne—, acabemos nuestro café y dejemos a los chicos —expresó dirigiéndose a su marido—. Además, sabes que tenemos que ir a ver al viejo Chuck para seguir preparando los detalles de la fiesta de este año. —Giró hacia Bill y sonrió, y a modo de explicación dijo—: Cada año celebramos nuestras navidades a lo grande y la familia, distribuida por doquier y varia gente del pueblo viene. Ahora no será la excepción.</p>
<p>Bill recordaba lo que le había dicho la mesera.</p>
<p>—Suena bastante alegre —dijo, sin dignarse a dirigirle ni un solo pensamiento amargo a las fiestas que su madre también organizaba porque no le cabía la duda que no tenían ni un pelo de comparación.</p>
<p>Hablaron un poco más de eso, y antes de darse cuenta se encontraba en el jardín trasero, en los mismos columpios en donde había intercambiado su primera conversación real con Alana. El silencio se hizo pesado, pero el confort que sentían estando juntos era perceptible para ambos.</p>
<p>—Viniste&#8230; —murmuró Tom, pero su voz se extinguió. Su mente aún trataba de llevarle a esos oscuros recovecos en los que había estado sumergido en los últimos días reflexionando su relación con Richard e inevitablemente comparando sus sinsabores con Bill.</p>
<p>—Lo hice —afirmó Bill con una sonrisa nerviosa—. Te he extrañado, Tom —siguió, modulando su tono—, te estoy extrañando ahora mismo. Sospecho qué pasa, pero quiero hablarlo, no hacerme suposiciones, ¿por qué viniste aquí en vez de ir a Berlín?</p>
<p>—Me aterrorizaste, Bill —dijo Tom. Voluntariamente estaba intentando endurecerse porque si no cedería igual de fácil que siempre. Ver a Bill, saber que había viajado, lo había buscado, influía mucho, sin embargo, no debía dejarse aturdir sin tratar el tema principal.</p>
<p>—A qué te refieres.</p>
<p>No estaba jugando a hacerse el tonto, había hablado en serio cuando había dicho que no quería hacerse ninguna suposición.</p>
<p>—Después de tu visita en Nueva York estuviste cortante, como si quisieras retroceder centímetro a centímetro los pasos que habías adelantado. Estuve tratando de sobrellevarlo porque te conozco y sé los jodidos miedos que tienes, pero… —Tom quedó mudo.</p>
<p>“Jodidos miedos”, repitió Bill en su mente. Era un modo brusco de ponerlo. Brusco y certero. Y ahí aceptó que había una diferencia de cuando había ido a Nueva York y el viaje emprendido al pueblo de Tom: la ansiedad era la misma, sí, sin embargo, la lucha interior distaba kilómetros de una decisión a otra. Algo había cambiado. “No”, se corrigió, “algo fue obligado a ser cambiado”, y eso era debido a que si no dejaba atrás todos sus malditos prejuicios y recelos perdería a Tom, lo cual era inadmisible.</p>
<p>—Las cosas cambian —fue lo único que alcanzó a decir antes que sus ojos chocasen con los de Tom y reparasen que también algo había dejado de ser lo mismo en ellos. Tragó en seco y sin meditarlo preguntó—: ¿Te estás endureciendo  conmigo?</p>
<p>—Solo me estoy protegiendo.</p>
<p>—¿De mí? —cuestionó Bill, llevándose la mano al pecho. Estaba bien, él no hacía fácil las cosas, ¿pero tanto como para protegerse?</p>
<p>Tom prendió un cigarro y le ofreció uno. Las volutas de humo abandonaron sus labios antes de contestar.</p>
<p>—Si te hubiese conocido antes que Richard todo tal vez fuese diferentes, ¿sabes? Hubiera seguido con el corazón expuesto a ti sin traba alguna hasta que posiblemente me lo destrozaras. Pero con él aprendí mucho.</p>
<p>Richard. Bill notó que odiaba ese nombre, o mejor dicho, odiaba lo que representaba y a quién. Le dio una calada profunda a su cigarrillo y contempló el cielo plagado de estrellas.</p>
<p>—Georg me hizo dar cuenta que algo debió de pasar —decidió contar. Movió ligeramente el columpio, ordenando lo que quería decir—. Debiste tener un detonador que le diese más peso a la inseguridad que te causo, Tom. —No estaba preguntando ni similar, estaba afirmando en busca de una respuesta igual de directa.</p>
<p>Tom exhaló, no sabía si responder directamente.</p>
<p>—El problema es este: nosotros teníamos una relación de esas buenas en su mayoría y episodios tormentosos, pero ahí estaba yo dispuesto a seguir sus pasos, no importaba qué. Antes no era así Bill, fui frío, pretendí dejarlo un par de veces y me suplicó seguir con él, poco a poco fui entregándome al cien, desarrollando esa sinergia de pareja, perfecta y rara al mismo tiempo, intensa&#8230;</p>
<p>»Richard tenía un problema y yo lo llevaba a su lado hasta que, entonces, un buen día de la nada tomó sus cosas y se largó sin ninguna explicación&#8230; dejando todo atrás. Me das miedo Bill, eso es. Eres capaz de distanciarte estando en la misma cama que yo, capaz de abandonarme emocionalmente a mi suerte y eso es algo que no soportaré, no estoy listo para que nadie me derrumbe.</p>
<p>Bill sentía que ese era un resumen demasiado nimio y sin pormenores para exponer por qué Richard significaba un antes y un después para Tom; no le bastaba. Se ajustó la bufanda en su cuello y aplastó la colilla en una de las cadenas del columpio.</p>
<p>—¿Cómo lo conociste? —No era difícil de adivinar, y Tom enfiló los ojos.</p>
<p>—Rattle me recomendó a su padre cuando me contrató para que fuese mi <em>lutier.</em> Fue atracción a primera vista, quizá por contraste de personalidades. Richard era bastante taciturno y muy sarcástico; en extremo inteligente. Tenía sus buenas épocas, tenía las fatales. Tuve la puta suerte de conocerlo cuando estaba mejor.</p>
<p>—¿Ya tenía sus… <em>problemas</em>?</p>
<p>—Los tiene desde la adolescencia, pasando sobrio una temporada y luego cayendo hasta lo peor. —Para Tom no era sencillo estar hablando de eso, sin embargo, se hallaba haciendo el esfuerzo y Bill se sintió muy agradecido—. Como te digo, lo conocí cuando estaba mejor. Me contó que tenía una adicción… —calló y suspiró.</p>
<p>—Yo no soy así.</p>
<p>Tom exhaló y le vio con la ironía reflejada en el rostro.</p>
<p>—Obvio, pero no quiero que puedas llegar a ser tan destructivo como él, en todo caso el complicado no serías tú, tal vez soy yo que no sé frenarme.</p>
<p>Bill asintió. —Te diré algo, me has cambiado la vida y no podría alejarme de ti tan fácilmente, a menos que lo quieras… y eso es lo que quisiera saber, Tom, ¿quieres que me aleje?</p>
<p>El silencio se extendió denso como una sombra demasiado oscura para filtrar alguna especie de luz. Bill quiso levantarse, irse y nunca más mirar atrás; se contuvo. No era ningún adolescente frente a un enamoramiento pasajero, lo sabía, lo había comprobado. Tragó saliva, tenía la garganta demasiado reseca.</p>
<p>—Richard te dejó dañado emocionalmente, entiendo. También entiendo que mi comportamiento y mis propios bloqueos te hayan puesto en alerta —siguió hablando con suavidad. No obtener respuesta le había encogido el corazón a un puño y le costaba seguir la conversación—. Pero, y escúchame bien, ahora mismo no soy el único que está poniendo trabas entre tú y yo.</p>
<p>—¿Trabas? —repitió el de trenzas. Estaba a la defensiva, era evidente—. Lo siento, Bill, no pretenderás que me abra a ti como si nada hubiera pasado. Me asustas, te reitero. Tus cambios abruptos, tus días oscuros, puedo lidiar con ellos, pero con la certeza de un sentimiento que nos una&#8230;</p>
<p>Eso no era referencia directa a lo que había dicho ni una contestación que veía demasiado válida.</p>
<p>Bill se obligó a respirar, sabía que no iba a resultar fácil, pero ciertamente no había tenido ni remota idea de qué tanto afecto habían tenido en Tom sus actitudes y alejamientos. Era su jodida culpa, estaba bien, pero se encontraba ahí y quería solucionarlo. No sabía si podía decir lo mismo del otro chelista. ¿Cuándo él se había convertido en alguien que con tanta solidez quería algo, mejor dicho, a alguien? Había hecho falta que tocara fondo.</p>
<p>—Tom…</p>
<p>Una figura acercándose a ellos le impidió seguir. Era Anne que se detuvo a unos metros.</p>
<p>—Teléfono, Tom.</p>
<p>—Está bien, ya vuelvo. —Bill asintió, encendió otro cigarrillo más y Anne le sonrió antes de seguir los pasos de su hijo.</p>
<p>La seguridad que estaba mostrando no era falsa, no obstante, tampoco era un buen ejemplo de estabilidad total. Había luchado contra sus propios demonios, y los sentimientos hacia Tom habían prevalecido, pero la batalla era reciente y los años en los que había vivido en una ermita emocional eran muchos.</p>
<p>Anne, contrario a la buena educación y llamando la atención de Tom, se quedó cerca de él mientras hablaba. Era una nueva proposición para dejar a la BOP y continuar su carrera. Escuchó cortésmente un señor disculparse por la irrupción con acento ruso y pasar a enumerarle las oportunidades que tendría si optaba por su escuela musical. Agradeció y dijo que si le enviaban los papeles lo consideraría y colgó.</p>
<p>—Y bien, mamá —dijo medio recostándose en la pared.  Sabía que Anne quería decirle algo, le conocía.</p>
<p>Su madre exhaló y giró a ver a través de la cortina la silueta de Bill meciéndose en el columpio.</p>
<p>—Se la estás haciendo pasar difícil, ¿eh? —más que preguntar, le afirmó antes de volverse completamente hacia él y dirigirle una severa mirada.</p>
<p>—Umh&#8230; —Ann hizo un  gesto pidiéndole silencio.</p>
<p>—Sé perfectamente lo que haces, y no te culpo. ¿Pero harás pagar por Richard a todo el que se te acerque?</p>
<p>Tom automáticamente cerró los ojos y parpadeó abriéndolos, tan pronto fue consciente de ello, dolía, él aún dolía. Tragó en seco.</p>
<p>—¿Sabes?, no decido si Bill me agrada o no —mintió Anne—, pero según nuestras pláticas sobre ese muchacho, el solo hecho de venir y poner la cara ante tu padre demuestra no su carácter, si no el tamaño de lo que significas para él.  Así que ve, y no me importa si le perdonas o no, pero le respetas, le das su lugar y sobre todo demuestras la hospitalidad de tu familia. Le arreglaré una habitación.</p>
<p>Tan pronto como terminó de hablar giro sobre sí y salió del salón.</p>
<p>Tom tragó saliva. Su miedo aunado a las actitudes no menos asertivas de Bill resultaba en una confusión nada alentadora para su corazón&#8230; Recordó su esencia, le gustaban las cosas directas y sin complicaciones y eso sería justo lo que haría, se tomaría la vida en un segundo y todo dependería de él ahora.</p>
<p>Regresó al jardín y los ojos de Bill brillaban.</p>
<p>—Bill, ¿puedo preguntarte algo? —“Alguna vez te arrepentiste de haberte ido sin decirme nada”, era el cuestionamiento que le había llevado al abismo&#8230; tal vez solo algo parecido podría sacarlo.</p>
<p>—Te escucho —Indicó Bill al verlo bajar la mirada, como si rebuscara algo en su cerebro. Tom avanzó hacia él y se sentó de nuevo.</p>
<p>—Te arrepentiste de&#8230;</p>
<p>Bill negó e hizo un gesto, interrumpiéndole.</p>
<p>—No me he arrepentido de nada estando contigo, de lo único que me arrepiento es de no haber ido por ti al aeropuerto, fue inmaduro de mi parte. He… he tenido mis problemas para aceptar ciertas cosas, lo sabes bien. —Bill suspiró y se frotó los ojos. Estaba exhausto, tanto física como mentalmente.</p>
<p>Tom pensó en lo que su madre le había dicho y, dubitativo, estiró la mano para apretar la de Bill, quien ladeó el rostro para verlo y sonrió, sus ojos todavía brillando, su expresión agotada.</p>
<p>—Es tarde —dijo con suavidad.</p>
<p>Recibió un asentimiento. No hablaron más mientras se dirigían hacia la casa en donde Anne estaba aguardando para dirigir a Bill a la habitación de huéspedes que le había adecuado. Su “adiós” provisorio no fue más que una mirada corta, pero significativa. Mañana sería otro día, se confortó Tom al enterrar la cara en la almohada. Tenía toda la noche para asimilar la conversación que había tenido con Bill, sus intenciones, sus propios sentimientos.</p>
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		<item>
		<title>Fanfic// Once. Capítulo 4: Columpios</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2012/01/fanfic-once-capitulo-4-columpios/</link>
		<comments>http://www.twckaulitz.com/2012/01/fanfic-once-capitulo-4-columpios/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 16 Jan 2012 18:18:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadir</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 Fan Fiction]]></category>
		<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya saben, preguntas aquí: <a href="http://www.formspring.me/Nadir94 ">http://www.formspring.me/Nadir94</a> y mi blog (por si les interesa otras creaciones -todo es twincest-): <a href="http://kasomicu.blogspot.com/">http://kasomicu.blogspot.com/</a>
Preguntas para Bill (anda, que él también tiene derecho a tener sus redes sociales -lol-): <a href="http://www.formspring.me/BillobearOnce">http://www.formspring.me/BillobearOnce </a> y su fb: <a href="http://www.facebook.com/profile.php?id=100002474408365">http://www.facebook.com/profile.php?id=100002474408365
</a>
Preguntas para Once: <a href="http://www.formspring.me/TomOnce">http://www.formspring.me/TomOnce</a>

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<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo 4: Columpios</strong></p>

<div>Tom no era bueno en matemáticas, ni tampoco en historia, le tenía un cierto pánico a los números; nunca recordaba las fórmulas en la primera materia, ni las fechas de las líneas de tiempo para los exámenes de la segunda,  le podían decir que era feriado y él no tendría ni idea de qué se celebraba. Sin embargo, recordaba muy bien los rostros de la gente, y si te veía seguido, hasta tu nombre se lo aprendería de memoria; también las acciones, si lo lastimabas por alguna razón, podría hablarte con normalidad al siguiente día, no obstante, dentro de sí sentiría cierto desprecio.</div>
<div>Tom no era como sus compañeros que, al parecer, les borraban la memoria al dormir y cuando iban a la escuela de nuevo no recordaban lo que les pasó ayer, o si la madre de uno de sus amigos murió, o como cuando él tuvo una reacción alérgica a las picaduras de mosquito y aún así lo dejaron encerrado en una habitación llena de ellos solo para ver cómo se las ingeniaba para salir. El auxiliar tuvo que sacarlo y fue directo al hospital. Le pidieron disculpas entre lágrimas, alegando que sólo querían hacerle una broma. Su madre armó un escándalo a niveles estratosféricos pero eso era otro tema.</div>
<div>El punto radicaba en que… Tom no podía simplemente pensar la mayor parte del día en ese chico y cuando dejaba de verlo en dos recreos, fingir que estaba bien, que no le afectaba en lo más mínimo. Le afectaba quizá mucho, inclusive le preguntó a sus compañeros si lo habían visto en la entrada, pero nadie recordaba a aquél de peculiar apariencia. Incluso llegó a pensar que todo había sido obra de su imaginación… hasta ese día.</div>
<div>Tom fue jalado bruscamente antes de que llegase al colegio. Quiso gritar pero no lo concretó cuando le taparon la boca con una mano. Se comenzó a retorcer en el agarre y por la tensión le dio una pisoteada al pie de su atacante. La persona se alejó vociferando un ‘ouch’ en un tono que hizo girar el rostro a Tom. Era <em>él</em>.</div>
<div>—Joder<strong>,</strong> Once —masculló Bill.</div>
<div>Tom se vio tentado a gritar un ‘lo siento’ consecutivas veces pero se le hacía tarde. Se mordió el labio, bajó el rostro en señal de disculpa e intentó retomar su camino. Bill lo sujetó por la playera ancha y haló hacia sí, viéndoseles como si estuvieran en un abrazo compacto casi fraternal, aunque en realidad era una presa en la cual lo había atrapado Bill con el fin de que no se escapase.</div>
<div>—Suéltame, por favor, debo ir a clases —murmuró Tom, sintiéndose incómodo por la cercanía y el golpeteo del corazón de Bill contra sí. El pelinegro le sobrepasaba en altura, y edad.</div>
<div>—No lo haré hasta que cierren el portón y no puedas correr como niñito nerd a la entrada de la escuela —avisó Bill sin alejarse ni un centímetro.</div>
<div>Tom tragó saliva. Le entraron repentinas ganas de llorar que controló de inmediato, si sus compañeros lo humillaban y trataban peor al hacerlo no quería ni imaginarse lo que pasaría con Bill. Pero diablos, perdería clases, ¿cómo iba a regresar a casa y decirle a su madre que no había entrado al colegio? Y si no la encontraba, ¿cómo iba a mirarla y mentirle sobre lo que había hecho ese día en la escuela?</div>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya saben, preguntas aquí: <a href="http://www.formspring.me/Nadir94 ">http://www.formspring.me/Nadir94</a> y mi blog (por si les interesa otras creaciones -todo es twincest-): <a href="http://kasomicu.blogspot.com/">http://kasomicu.blogspot.com/</a><br />
Preguntas para Bill (anda, que él también tiene derecho a tener sus redes sociales -lol-): <a href="http://www.formspring.me/BillobearOnce">http://www.formspring.me/BillobearOnce </a> y su fb: <a href="http://www.facebook.com/profile.php?id=100002474408365">http://www.facebook.com/profile.php?id=100002474408365<br />
</a><br />
Preguntas para Once: <a href="http://www.formspring.me/TomOnce">http://www.formspring.me/TomOnce</a></p>
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<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo 4: Columpios</strong></p>
<div>Tom no era bueno en matemáticas, ni tampoco en historia, le tenía un cierto pánico a los números; nunca recordaba las fórmulas en la primera materia, ni las fechas de las líneas de tiempo para los exámenes de la segunda,  le podían decir que era feriado y él no tendría ni idea de qué se celebraba. Sin embargo, recordaba muy bien los rostros de la gente, y si te veía seguido, hasta tu nombre se lo aprendería de memoria; también las acciones, si lo lastimabas por alguna razón, podría hablarte con normalidad al siguiente día, no obstante, dentro de sí sentiría cierto desprecio.</div>
<div>Tom no era como sus compañeros que, al parecer, les borraban la memoria al dormir y cuando iban a la escuela de nuevo no recordaban lo que les pasó ayer, o si la madre de uno de sus amigos murió, o como cuando él tuvo una reacción alérgica a las picaduras de mosquito y aún así lo dejaron encerrado en una habitación llena de ellos solo para ver cómo se las ingeniaba para salir. El auxiliar tuvo que sacarlo y fue directo al hospital. Le pidieron disculpas entre lágrimas, alegando que sólo querían hacerle una broma. Su madre armó un escándalo a niveles estratosféricos pero eso era otro tema.</div>
<div>El punto radicaba en que… Tom no podía simplemente pensar la mayor parte del día en ese chico y cuando dejaba de verlo en dos recreos, fingir que estaba bien, que no le afectaba en lo más mínimo. Le afectaba quizá mucho, inclusive le preguntó a sus compañeros si lo habían visto en la entrada, pero nadie recordaba a aquél de peculiar apariencia. Incluso llegó a pensar que todo había sido obra de su imaginación… hasta ese día.</div>
<div>Tom fue jalado bruscamente antes de que llegase al colegio. Quiso gritar pero no lo concretó cuando le taparon la boca con una mano. Se comenzó a retorcer en el agarre y por la tensión le dio una pisoteada al pie de su atacante. La persona se alejó vociferando un ‘ouch’ en un tono que hizo girar el rostro a Tom. Era <em>él</em>.</div>
<div>—Joder<strong>,</strong> Once —masculló Bill.</div>
<div>Tom se vio tentado a gritar un ‘lo siento’ consecutivas veces pero se le hacía tarde. Se mordió el labio, bajó el rostro en señal de disculpa e intentó retomar su camino. Bill lo sujetó por la playera ancha y haló hacia sí, viéndoseles como si estuvieran en un abrazo compacto casi fraternal, aunque en realidad era una presa en la cual lo había atrapado Bill con el fin de que no se escapase.</div>
<div>—Suéltame, por favor, debo ir a clases —murmuró Tom, sintiéndose incómodo por la cercanía y el golpeteo del corazón de Bill contra sí. El pelinegro le sobrepasaba en altura, y edad.</div>
<div>—No lo haré hasta que cierren el portón y no puedas correr como niñito nerd a la entrada de la escuela —avisó Bill sin alejarse ni un centímetro.</div>
<div>Tom tragó saliva. Le entraron repentinas ganas de llorar que controló de inmediato, si sus compañeros lo humillaban y trataban peor al hacerlo no quería ni imaginarse lo que pasaría con Bill. Pero diablos, perdería clases, ¿cómo iba a regresar a casa y decirle a su madre que no había entrado al colegio? Y si no la encontraba, ¿cómo iba a mirarla y mentirle sobre lo que había hecho ese día en la escuela?</div>
<div>—Por favor, por favor, te doy mi almuerzo si quieres pero déjame ir a clases, no puedo ir a mi casa, estaría solo y…</div>
<div>—Y y y —chanceó Bill imitando su voz—. ¿Nunca has hecho esto, eh? —Tom negó, el pelinegro apoyó su quijada sobre su cabeza—. Aww, siento ganas de vomitar de lo malo que estoy siendo contigo —soltó con cierto tono dramático. Una esperanza se instaló en Tom, le dejaría ir—. Ey, no sueltes suspiros de alivio, era sarcasmo, duh.</div>
<div>—Si no me sueltas gritaré lo más alto posible para que vengan los auxiliares —amenazó con voz trémula. Escuchó la risa del otro y se estremeció todavía más.</div>
<div>—Te reto a que lo hagas con mis dedos metidos en tu boca —contraatacó el mayor.</div>
<div>Silencio.</div>
<div>Dos campanadas más. Los minutos seguían corriendo y Tom sentía que pasaban siglos ahí, respirando casi al mismo tiempo que Bill, acostumbrándose a la posición en la que estaba, aprendiendo a qué olía, creciendo más sus ansias por querer salir corriendo y prácticamente rogar porque le dejasen entrar.</div>
<div>—¿Por  qué yo? —preguntó Tom con voz pequeña y resignada después de que el ruido del portón al cerrarse resonara en sus oídos.</div>
<div>—¿No te alegra verme, Once? Yo pasaba por aquí y decidí visitarte ya que no puedo entrar a la escuela hasta la próxima semana —respondió mientras lo soltaba y luego acariciaba sin delicadeza sus cabellos rubios.</div>
<div>Tom se sonrojó y ariscó la nariz. Ese gesto era para los niños y él no era uno, ya iba según su criterio encaminándose hacia la adolescencia, y después a la adultez. Era un chico grande, no un niño.</div>
<div>—No me trates como un niño, no me conoces, y ni siquiera sé por qué estás molestándome ahora, ¡hoy me tocaban mates!, ¿sabes qué quiere decir eso? ¡Me perdí una práctica! —se quejó en voz ligeramente alta. Al ver la expresión furibunda de Bill se arrepintió de inmediato.</div>
<div>—Primero, eres Once, no te trato como a los otros niños o ya te hubiese destripado como al otro. —Tom se vio tentado a huir pero por el pasmo se mantuvo quieto al pensar ‘¿Destripar? ¡Qué atroz!’—.  Segundo, ¿tengo cara de que me importe? Duh, si no quieres que maltrate esa bonita carita de muñequita que tienes, mejor cállate, tarjeta amarilla.</div>
<div>Tom se mordió la lengua y asintió.</div>
<div>—Ahora, sígueme —ordenó Bill.</div>
<div>El rubio sabía que tenía oportunidad de escapar, aun sabiéndolo, obedeció sin rechistar exponiéndose a ser descubierto fuera del colegio en horarios de clase por algún vecino cotilla o por su propia madre (siendo exagerados), pero usaba a su favor la excusa de que quizá la golpiza de Bill fuese un mayor riesgo.</div>
<div>…</div>
<div>Columpios. Eso es lo que veía en el parque adonde Bill lo llevó. A diferencia suya, el otro había visto helados, y casi a rastras lo llevó donde la mujer que los vendía.</div>
<div>Mientras el pelinegro se concentraba en evadir las preguntas sobre por qué no estaban en la escuela, Tom pensaba en ‘me está tomando de la mano, me está tomando de la mano’. Nadie —aparte de su madre— había tenido ese gesto con él, y quizá Bill no era la persona que pensaba tenerlo, ni a su novia la agarraba de la mano… que empezó a sudarle de los nervios justo cuando Bill alejó la suya para pagar los helados.</div>
<div>—Ey, Once, coge el tuyo, te debía un refrigerio, no es como un sándwich pero es algo —dijo y le ofreció uno de los helados. Tom lo agarró cuidadosamente para no tener que rozarse de nuevo con él.</div>
<div>Era raro, muy raro. Le amenazaba, le molestaba, le veía de  una forma que le aterraba y, a la par, le observaba de forma juguetona o giraba el rostro rehuyendo de su mirada cuando hablaban, y eso no era <em>malo</em>, no podía serlo si le hacía sentir con ganas de reír o poner cara de espanto por lo incongruente.</div>
<div>Se apoyaron contras las rejas del parque. Tom seguía mirando de reojo a los columpios, pensando que era de críos el sentarse ahí, sin embargo, seguía haciéndolo. Bill comía su helado y observaba a Tom, era demasiado niño que ni aparentaba su edad por más altura que tuviese, siguió la dirección de su mirada.</div>
<div>Claro, en vez de irse a orillas del rio y fumarse un cigarrillo, había decidido molestar al mocoso ese que aún le gustaban los columpios, y era demasiado inocente como para no molestarlo un rato, pero no demasiado para evitar que llorase, porque había notado cómo la respiración se le volvió irregular en un momento cuando lo tenía sujeto, así que suponía que era de lágrima fácil, no obstante, no lo veía como un llorón.</div>
<div>Le embarró la mejilla con su helado para sacarlo de ese estado de ensoñación. Tom se giró asustado y, por el movimiento brusco, dejó caer la bola de helado fuera de su cono. Bill bufó.</div>
<div>—Ni creas que te compraré otro, eh —le advirtió al verlo fijar sus ojos donde yacía su helado. Algo en la expresión de Tom, mezcla entre confusión, decepción y tristeza le hizo morderle la mejilla en donde todavía quedaba rastro de  su helado, haciéndole sobresaltarse de nuevo y esta vez botando el cono.</div>
<div>Tom retrocedió unos pasos por inercia. Bill se enderezó y miró a otro lado. No había sido algo preparado con antelación, le había salido espontáneamente y la reacción del menor había sido de rechazo, o al menos eso se aventuraba a suponer, se le encogió el estómago y le ofreció su helado.</div>
<div>—No tengo más hambre, Once, cómetelo tú.</div>
<div>El pequeño rubio aceptó más por incomodidad que por estar verdaderamente interesado en comerlo. Le había causado cierta nostalgia que se le cayera el suyo porque se lo habían invitado y le parecía un gesto amigable. Se sobó la mejilla todavía extrañado y terminó rápidamente su nuevo postre, no pudo pasar el hecho de que el sabor oscilase entre vainilla y Bill.</div>
<div>—¿Quieres ir a los columpios? —cuestionó para romper el mutismo.</div>
<div>—Bueno, si tú quieres… —dijo Tom alzando un hombro como si le diese igual la idea. El mayor rodó los ojos y caminó en dirección a estos.</div>
<div>No quería hablar mucho. No lo hacía a menos que fuese algo importante y, como carecía de amigos de verdad —sus compañeros no contaban por el hecho de no ser sinceros del todo—, no tenía con quién charlar. Así que el silencio le era cómodo. Tom también era callado, pero cuando entraba en confianza podía ser la persona más habladora del mundo. A pesar de los raros encuentros entre ellos, todavía no había realmente esa confianza que la amistad brindaba.</div>
<div>Tom se meció de forma distraída en el columpio. Sentía que estaba siendo uno de esos ‘chicos malos’ que faltaban a la escuela por estar en la calle, lo curioso era que lo suyo no fue por opción propia, sino porque lo obligaron. ¿Volvería inválida su acción? Lo dudaba, ya había perdido una clase y con ello todos los puntos por asistencia y prácticas. Suspiró.</div>
<div>Bill, por su parte, rebuscaba entre sus bolsillos a ver si traía consigo algún pitillo porque comenzaba a crisparse de los nervios; había estado fingiendo ir al colegio estos días porque no quería quedarse en casa y que su madre se enterase que su auxiliar lo había sancionado suspendiéndolo por lo que restaba de la semana. Así que se iba al río a fumar, o se paseaba por el bosque con aire puro que contrastaba con el humo de su cigarro. Con el tiempo había aprendido a falsificar la firma de su progenitora, por lo que no tenía problema con la ficha de suspensión.</div>
<div>Lo distinto en esta ocasión fue que en el camino pasó por su escuela, y vio a todos los niños correr presurosos a la entrada, menos a Once; se imaginaba que era uno de esos críos que se esmeraban en llegar prontamente al colegio, no creía que había faltado, no lo había visto enfermo y dudaba que fuera como los otros. Cuando sucedió eso, sintió como una molestia en el pecho. Y se propuso a ver al mocoso así esté suspendido y aunque Once no lo apruebe, por eso con toda la pereza del mundo se levantó temprano y fue a intentar encontrarle. Lo logró y ahora estaban en los columpios, cada uno abstraído en sus propios dilemas.</div>
<div>—Quiero ir a mi casa —dijo Tom después de un largo silencio.</div>
<div>—Pues vete —respondió Bill al percatarse de que no tenía razones para que estuviera allí, ya lo había visto y molestado un rato, no que significase que necesitara razones para tenerlo cerca.</div>
<div>Tom se rascó el cuello incómodo.</div>
<div>—¿Por qué no vas al colegio? —preguntó para no marcharse.</div>
<div>Claro, pedía irse y cuando tenía ‘el permiso’ no lo hacía. La fuerza del morbo guiaba sus acciones.</div>
<div>Absorbió, retuvo el aire y, aún haciéndolo, respondió con voz queda: —Porque maté a otro crío y así me castigan en la escuela, no dejándome ir —soltó el aire y se sujetó el puente de la nariz.</div>
<div>Tom lo miró fijamente.</div>
<div>—Me estás mintiendo —aseveró. Bill lo vio de soslayo—. No estarías aquí si hubieses matado a alguien, estarías en la cárcel o no sé.</div>
<div>—La escuela no está para ganarse escándalos, y menos de ese tipo. ¿Te imaginas la cantidad de niños que dejarían de asistir por temor? Así me lleven a un Centro de Menores, quedaría marcada por una trágica historia, y bah, simplemente no les conviene, podrían cerrarla o algo —explicó mientras movía las manos.</div>
<div>El rubio frunció el ceño. ¿Sería cierto? Lo observó de nuevo, no se veía como alguien capaz de matar a otra persona; se tensó al recordar la sangre en su muñequera y de inmediato posó los ojos en aquel lugar, no traía accesorios ese día. Si fuese asesino de niños y los encontrase en la escuela no necesitaría llevarlos un día fuera de clases. O sea que no planeaba matarlo. Se sintió a salvo.</div>
<div>—¿Por qué ríes como idiota? —le preguntó Bill, ya que Tom por estar ensimismado no había notado que el mayor se había acercado para mirarle sonreír como bobo frente a sus conjeturas.</div>
<div>—No me río como idiota —refutó con la nariz ariscada. Torció los labios en gesto de disgusto y recibió una mordida en la boca por ello.</div>
<div>Otra vez fue algo espontáneo. Bill se sorprendió de realmente haberlo hecho, tanto así que abrió los ojos en toda su extensión y miró a Tom, con su pequeño labio rosáceo entre sus dientes aún y su rostro sonrojado. Le dejó ir.</div>
<div>—Vete —ordenó.</div>
<div>Tom asintió y se fue corriendo del parque, con el corazón latiéndole con fuerza.</div>
<p><strong><br />
</strong></p>
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		</item>
		<item>
		<title>Fanfic// Once. Capítulo tres: Debilidad.</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2011/12/fanfic-once-capitulo-tres-debilidad/</link>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 14:00:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadir</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 Fan Fiction]]></category>
		<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Perdonen por tardar ~_~. Me pueden encontrar por aquí si es que el fic en cuestión les genera alguna duda: http://www.formspring.me/Nadir94 o por los comentarios de aquí también, en fin.



Capítulo tres: Debilidad.

Su madre le dejó un beso sobre su frente y le puso el cabello detrás de oreja.  Se limpió el rastro del labial e intentó alejarse de los cariños efusivos que su progenitora le brindaba por el hecho de que no le recogería de la escuela y prácticamente no lo vería hasta la noche.

 

—Ya me voy mamá —dijo a modo de queja. La mujer asintió y lo dejó ir.

 

—Cariño, no olvides regresarte con Andy, y cuando venga tu papá le calientas la comida, ¿sí? —pidió Anémona mientras le sonreía.

 

Tom bufó, rodó los ojos para luego asentir. —Yaaa, mamá, tengo que irme o llegaré tarde.

 

—Sé buen niño —fue lo último que oyó antes de salir de su casa en pos del colegio.

 

Anémona se tornaba algo histérica frente a las despedidas cortas o, no yendo muy lejos, frente a cualquier acto que significara no verse en un lapso. Él aún no estaba consciente del evidente daño que provoca esa sobreprotección, pero sí de las molestias que acarreaban.

(Seguir al tag)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Perdonen por tardar ~_~. Me pueden encontrar por aquí si es que el fic en cuestión les genera alguna duda: <a href="http://www.formspring.me/Nadir94">http://www.formspring.me/Nadir94</a> o por los comentarios de aquí también, en fin.</p>
<p><a href="http://s1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/?action=view&amp;current=Banner-ONCE.png" target="_blank"><img class="aligncenter" src="http://i1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/Banner-ONCE.png" alt="Photobucket" border="0" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Capítulo tres: Debilidad.</strong></p>
<p>Su madre le dejó un beso sobre su frente y le puso el cabello detrás de oreja.  Se limpió el rastro del labial e intentó alejarse de los cariños efusivos que su progenitora le brindaba por el hecho de que no le recogería de la escuela y prácticamente no lo vería hasta la noche.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Ya me voy mamá —dijo a modo de queja. La mujer asintió y lo dejó ir.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Cariño, no olvides regresarte con Andy, y cuando venga tu papá le calientas la comida, ¿sí? —pidió Anémona mientras le sonreía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom bufó, rodó los ojos para luego asentir. —Yaaa, mamá, tengo que irme o llegaré tarde.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Sé buen niño —fue lo último que oyó antes de salir de su casa en pos del colegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anémona se tornaba algo histérica frente a las despedidas cortas o, no yendo muy lejos, frente a cualquier acto que significara no verse en un lapso. Él aún no estaba consciente del evidente daño que provoca esa sobreprotección, pero sí de las molestias que acarreaban.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Sabía perfectamente que a los otros niños no los recogían sus madres, así como también sabía que los otros comían todo lo que hubiese en el quiosco con el dinero que le diesen en su casa, a diferencia suya, porque su mamá le prohibía que comiese en la calle por lo dudoso de la preparación de la comida. Y que no le dejase subirse a los buses escolares por la cantidad de personas que estuviesen allí. U otras infinidades de imposiciones que rayaban lo absurdo. Tom sabía que era algo exagerado, por hacer un símil de su situación con las del resto. Por ello —agregándole su poco entusiasmo— la relación con su única novia no había tenido un próspero futuro desde el comienzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Siguió caminando. Tenía tiempo de sobra para llegar, la puntualidad en su casa era casi un hábito molesto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>En el receso, fiel a su costumbre, se sentó alejado de sus compañeros no porque se llevase mal con ellos, sino que no los toleraba, especialmente hoy, no estaba de ánimo para jugar, esta vez se ubicó frente a la sala de los profesores, en los asientos situados para estos. Teniendo el cuidado de no hacerlo en el suelo y con la espalda contra la verja para evitar contactos no deseados, aunque sí situándose lo más cercano posible para no perderse la oportunidad de ver qué reacciones tendría hoy aquel chico tan peculiar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Por su añoranza, no había notado que su refrigerio estaba intacto a un costado suyo y es que ni el hambre se le despertaba, nada ajeno al morbo por verle otra vez hacía aparición en su organismo. Su cuaderno sin abrir reposaba sobre sus muslos, esperando a ser pintarrajeado por su lápiz, y su pequeño labio inferior siendo mordido por sus dientes de paso. No tenía mucha noción del tiempo, sin embargo creía que estaba tardando más de lo habitual en hacer su aparición.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se obligó a mirar a otro lado cuando su estómago le hizo saber mediante retorcijones que no había comido. Así que optó por hacerle caso y sacar el sándwich que traía consigo. Miró de reojo el reloj de la torre de su escuela. Habían pasado más de cinco minutos. Se estremeció por el interés que le estaba poniendo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Un brusco sonido le hizo girar el rostro y ver cómo el niño extraño estaba siendo arrojado contra la verja bruscamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡No me vuelvas a joder, Bill, yo no te tendré lástima como los profesores, eh! —advirtió el que lo empujaba, un chico rubio de aspecto más corpulento que él.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pelinegro ofreció una sonrisa histérica en respuesta haciendo que el otro se alejase mientras negaba con la cabeza.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Estás enfermo Bill —alcanzó a escuchar antes de perder de vista al rubio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Enfermo y lastimero! ¡Menuda combinación, eh Gustav! —gritó al resbalar contra la verja y terminar sentado en el suelo—. Soy patético…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom, que había observado la escena, no evitó acercarse por inercia. Logrando captar la imagen de las lágrimas negras que caían por las mejillas del chico antes de que las quitase de su rostro con un movimiento rápido y brusco. Sonrió amargamente.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El pequeño no sabía qué hacer. El porte imponente y macabro del joven que antes había podido aterrarlo ahora se había desvanecido, dejando frente a él sólo un simple chico algo roto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Ey —buscó llamar su atención. Sostenía su botella de agua en mano, para ofrecérsela y que se tranquilizase, ya que lo veía tan destrozado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El joven, que por lo visto se llamaba Bill, volteó el rostro percatándose de la otra presencia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¡Once! —chilló Bill y se levantó del suelo, para luego doblar las rodillas para estar a la altura del menor—. ¿Sigues dibujando del orto o ya mejoraste algo?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom parpadeó al notar el cambio abismal de un estado a otro. Y le señaló la botella.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Es para mí? —se enderezó al mencionarlo y pasar su brazo por sobre la verja para tomarla. Su voz había salido trémula.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Abrió la botella, por costumbre la olió y luego comenzó a beber de ella sin desviar la mirada de Tom. El menor se enrojeció sin saber por qué y rehuyó la vista. A Bill no le importaba, no buscaba correspondencia con su mirada, sólo quería captar detalle a detalle la expresión del niño, porque ese crío no era uno cualquiera, lo tenía bien en claro.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No que fuera más importante que el resto, al final de cuentas todos eran iguales de ordinarios, asquerosos y estúpidos, aumentando con el pasar de los años en cada aspecto. Pero, y uno que valía, este mocoso había acudido a él y seguía haciéndolo como si buscase algo. ¿Qué podría ser? Poco le importaba, lo que Bill quería es saber qué podría conseguir de Once, dadas aquellas circunstancias.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Te vas a terminar ese sándwich? —interrogó Bill después de tirar a un lado la botella vacía, con una intención oculta, confirmar qué tanto haría. Tom negó y también se lo alcanzó—. ¿Te vas a quedar allí esperando que te dé un beso en agradecimiento?</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El menor se sonrojó y frunció el ceño. —¡Somos chicos, eso no se puede hacer!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Bill rió frente a lo dicho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Ese no era el punto —mencionó todavía masticando.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom pestañeó sin entender lo dicho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El timbre resonó en sus oídos. Cada uno debía irse a su aula, presuroso fue a coger su cuaderno que estaba en los asientos. Sin decirle un adiós a Bill, se retiró corriendo a su salón sin poder observar cuando uno de auxiliares se acercaba a Bill y le jalaba por el brazo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>…</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Dame un poco de eso —pidió Tom, haciendo alusión a una de las botanas que había comprado Andreas en el colegio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El de cabello platinado negó con la cabeza. —Te enfermarás de salmonella, te dará cáncer al estómago por eso, y tu madre me matará —se excusó con los argumentos que efectivamente le decía la madre de Tom para que no comiese en la calle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom rodó los ojos y buscó alcanzar la comida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Sabes que mi mamá es una cardiaca, dame que no he comido nada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El otro le cedió la botana y lo miró interrogante.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Por qué no has comido? Que yo sepa tu madre es taaaaan exagerada que sería casi imposible que no te enviase desayuno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom alzó un hombro. —Tú lo has dicho, casi —mintió para luego meterse algunas hojuelas en la boca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero Andreas era su mejor amigo. Ello implicaba que pudiese detectar cuando mintiese.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Qué pasó? ¿Tus compañeros te quitaron la comida? —Había pasado una vez, cuando Tom de ‘buena gente’ había cedido su almuerzo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Negó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Qué pasó? Sabes que puedes confiar en mí —replicó.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom suspiró. —Es que… es complicado, tendría que contarte todo y es una laarga historia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—Todavía tenemos unas cuadras antes de llegar a mi casa, y mi madre me dará permiso de ir a la tuya así que no tienes excusas válidas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Se mordió el labio de nuevo, era verdad, estaba atrapado. Todavía podía mentir, pero… no, no lo haría.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Le esperaba una larga tarde por delante, y no necesariamente porque en matemáticas le hubiesen dejados tres hojas llenas de ejercicios por resolver.</p>
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		<title>Fanfiction // TOM. VIII.- La Cosa Nostra. By Ale Littlewitch</title>
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		<pubDate>Tue, 27 Dec 2011 00:35:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ale Littlewitch</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Bueno, otra vez sucedió que este capítulo llevaba terminado como una semana, pero lo he beteado mil veces, lo he editado otras mil, y el tiempo, y la Navidad me comieron, al final no pude postearlo cuando quería...

Es el penúltimo capítulo, y llegamos al final.

Esta historia que se la dediqué especialmente a Princess, no tuvo otra intención que la de entretener, intentando escribirla bien, porque no necesariamente al ser entretenido deba ser de menor calidad. No es la gran obra maestra, pero ha cumplido con mis expectativas...

Y bien, sin más preámbulos y esperando que hayan tenido una linda NAVIDAD, CON AL MENOS UNA NOCHE BUENA (*CEJAS* ;) ), las invito a leer.

Lo siento, pero este capítulo tiene frases en italiano. Y también tiene video... es importante para cierto sueño, en este capítulo.

Lo que más me costó del video, fue encontrar la música del Padrino pero que sonara muy siciliano con mandolinas y eso, hasta que la encontré.
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Les dejo el Glosario:

Il filio di la Cosa Nostra: El hijo de la Cosa Nostra.
capisci?: ¿entiendes?
il mio piccione non resisteranno.: mi palomo no se resistirá.
io sono il Padrino di La Cosa Nostra: yo soy el Padrino de la Cosa Nostra.
yenerosa: Esta palabra no está en italiano, sólo que pronunció a lo italiano la palabra generosa
L’amore! Il ragazzo è innamorato di Tom: ¿El amor! El chico está enamorado de Tom.
Hey, ragazzo! Guarda a Me: ¡Oye chico! Mírame
Mi chiamo Giovanni: me llamo Giovanni
Chiamato Tom, dirgli di venire.: Llama a Tom, dile que venga.
Molto bene, ragazzo. Qui è mio nipote: muy bien, chico. Aquí está mi nieto.
che ha detto che è innamorato di lei: que ha dicho que está enamorado de ti
Nonno: abuelo
Non voglio che tu mi vedi vestito per bene!: ¡No quiero que me veas vestido así!


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&#160;
<p align="center"><strong>VIII. LA COSA NOSTRA</strong></p>
<em> </em>

<em>De la mafia, </em>pensó Bill. Meneó la cabeza y sonrió por la estupidez que había pensado.

Sigilosamente retrocedió hasta su cuarto. Necesitaba ordenar sus ideas. De todas formas, no había nada que empañara la alegría de saberse correspondido por Tom, sin embargo, no podía negar que el misterio de por qué Tom lo estaba evitando, aún seguía allí, y más impactante aún, que el de trenzas lo hacía para protegerlo.

El timbre llamó y Bill rogó que fuera Gustav. Necesitaba conversar con alguien del tema. ¿Por cuáles motivos podría morir?, ¿quién querría matarlo por amar a Tom? Quizás Tom tenía esa maldición como la que mostraban en una película —¿Cómo es que se llama? —dijo en voz baja, mientras abría la puerta.

—¿Ahora hablas solo?

[*Sigan con el tag*]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Bueno, otra vez sucedió que este capítulo llevaba terminado como una semana, pero lo he beteado mil veces, lo he editado otras mil, y el tiempo, y la Navidad me comieron, al final no pude postearlo cuando quería&#8230;</p>
<p>Es el penúltimo capítulo, y llegamos al final.</p>
<p>Esta historia que se la dediqué especialmente a Princess, no tuvo otra intención que la de entretener, intentando escribirla bien, porque no necesariamente al ser entretenido deba ser de menor calidad. No es la gran obra maestra, pero ha cumplido con mis expectativas&#8230;</p>
<p>Y bien, sin más preámbulos y esperando que hayan tenido una linda NAVIDAD, CON AL MENOS UNA NOCHE BUENA (*CEJAS* <img src='http://www.twckaulitz.com/wp-includes/images/smilies/icon_wink.gif' alt=';)' class='wp-smiley' />  ), las invito a leer.</p>
<p>Lo siento, pero este capítulo tiene frases en italiano. Y también tiene video&#8230; es importante para cierto sueño, en este capítulo.</p>
<p>Lo que más me costó del video, fue encontrar la música del Padrino pero que sonara muy siciliano con mandolinas y eso, hasta que la encontré.<br />
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<p>Les dejo el Glosario:</p>
<p>Il filio di la Cosa Nostra: El hijo de la Cosa Nostra.<br />
capisci?: ¿entiendes?<br />
il mio piccione non resisteranno.: mi palomo no se resistirá.<br />
io sono il Padrino di La Cosa Nostra: yo soy el Padrino de la Cosa Nostra.<br />
yenerosa: Esta palabra no está en italiano, sólo que pronunció a lo italiano la palabra generosa<br />
L’amore! Il ragazzo è innamorato di Tom: ¿El amor! El chico está enamorado de Tom.<br />
Hey, ragazzo! Guarda a Me: ¡Oye chico! Mírame<br />
Mi chiamo Giovanni: me llamo Giovanni<br />
Chiamato Tom, dirgli di venire.: Llama a Tom, dile que venga.<br />
Molto bene, ragazzo. Qui è mio nipote: muy bien, chico. Aquí está mi nieto.<br />
che ha detto che è innamorato di lei: que ha dicho que está enamorado de ti<br />
Nonno: abuelo<br />
Non voglio che tu mi vedi vestito per bene!: ¡No quiero que me veas vestido así!</p>
<p><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-7YIKWKMHKLc/Tviyj10yHtI/AAAAAAAAB8k/5Mmt_D8P6u8/s1600/CONOSTRAfoto_4hm.jpg"><img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5690494457996254930" class="aligncenter" style="cursor: hand; width: 400px; height: 266px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-7YIKWKMHKLc/Tviyj10yHtI/AAAAAAAAB8k/5Mmt_D8P6u8/s400/CONOSTRAfoto_4hm.jpg" alt="" border="0" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p align="center"><strong>VIII. LA COSA NOSTRA</strong></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>De la mafia, </em>pensó Bill. Meneó la cabeza y sonrió por la estupidez que había pensado.</p>
<p>Sigilosamente retrocedió hasta su cuarto. Necesitaba ordenar sus ideas. De todas formas, no había nada que empañara la alegría de saberse correspondido por Tom, sin embargo, no podía negar que el misterio de por qué Tom lo estaba evitando, aún seguía allí, y más impactante aún, que el de trenzas lo hacía para protegerlo.</p>
<p>El timbre llamó y Bill rogó que fuera Gustav. Necesitaba conversar con alguien del tema. ¿Por cuáles motivos podría morir?, ¿quién querría matarlo por amar a Tom? Quizás Tom tenía esa maldición como la que mostraban en una película —¿Cómo es que se llama? —dijo en voz baja, mientras abría la puerta.</p>
<p>—¿Ahora hablas solo?</p>
<p>—Ven —el rubio tomó de la mano al de gafas. —Necesitamos hablar urgente,  tú tienes una misión. Y sólo estaba recordando aquella película, esa donde el chico no puede tocar a su amada porque si lo hace la matará.</p>
<p>—¿Misión? De qué hablas, ¿película? no entiendo nada.</p>
<p>Bill se giró y con el dedo en la boca le hizo callar sin emitir sonido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ºººº</p>
<p>En el cuarto de Tom, Georg se había quedado estático al escuchar el timbre —Apuesto a que es Gustav… ¡Ay, ya no puede vivir sin mí!</p>
<p>—Seguramente viene a ver su amigo, Georg.</p>
<p>—¡Shshshshsh!</p>
<p>Ambos contuvieron la respiración y no dijeron nada cuando escucharon a los otros jóvenes avanzar por el pasillo en silencio. Luego sus pasos se perdieron en el cuarto de Bill.</p>
<p>—¿Lo ves?</p>
<p>—¡Eres un aguafiestas Tom! Yo que me había hecho  ilusión. Pero bueno, ya irá a buscarme y le daré calabazas.</p>
<p>—De seguro, vas a estar impaciente por verle. Calabazas es lo que menos le vas a dar.</p>
<p>—¡Yo soy un chico íntegro! ¡Con mucho orgullo y amor propio! Ya verás cuán implacable puedo ser con él.</p>
<p>—No seas exagerado, Georg.</p>
<p>—¡Uff! Ya me parezco a ti. Las malas costumbres se pegan. —Dijo el castaño acomodándose el cabello.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ºººº</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>—¿Me dices que él te ama en secreto, y que si lo llegas a saber eres hombre muerto?</p>
<p>—Yo sólo pude pensar en la Mafia. Aunque también…</p>
<p>Gustav rió con ganas, se puso la mano en la solapa, y con voz rasposa como la del Padrino, dijo: —Il filio di la Cosa Nostra.<a title="" href="#_edn1">[i]</a></p>
<p>—¡No bromees! Ya sé que es una locura, pero no bromees.</p>
<p>—¡Ash! —resopló el de gafas —Yo no sé quién está más loco, si Tom o tú… tal para cual en todo caso.</p>
<p>—Necesito que me ayudes.</p>
<p>—¿Quieres que lo vigile?</p>
<p>—¡No! Quiero que le preguntes a tu amorcito, o bien le sacas la verdad mediante engaño despiadado  e inmoral, me da lo mismo. Pero necesito saber a qué se refería Tom.</p>
<p>—¿No te da miedo quedarte solo con él? Yo cerraría la puerta con doble cerrojo.</p>
<p>Bill pestañó repetidas veces —¿Qué estás pensando?</p>
<p>—Que en medio de la noche te pueden secuestrar.</p>
<p>—¿Tom?</p>
<p>—¡No! ¡El Padrino! Bueno, digo,  sus secuaces.</p>
<p>—¡Vaya, y el loco soy yo!</p>
<p>—No te preocupes, capisci?<a title="" href="#_edn2">[ii]</a> —dijo Gustav con voz rasposa —, il mio piccione non resisteranno.<a title="" href="#_edn3">[iii]</a></p>
<p>—¡¿Qué?!</p>
<p>Gustav rodó los ojos —, que mi palomo no se resistirá. Yo le sacaré la verdad a besos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ººººº</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La noche avanzaba, y Bill se encerró en su habitación con un pack de cervezas frías. Pensaba en lo que acababa de ocurrir.</p>
<p>Cuando se dirigió a la cocina, Tom se asomó  por su puerta pensando que no había nadie más en el pasillo —¡¿Tom?! —Llamó Bill desde el final del pasillo, casi al llegar a la cocina.</p>
<p>El de trenzas se escondió  a toda velocidad. Bill meneó la cabeza. No había forma de comprender la extraña actitud de Tom sin una explicación igualmente bizarra.</p>
<p>Resignado, había tomado las cervezas y había regresado a su cuarto con cero esperanzas de poder hablar con él y enfrentarlo a la verdad que ya conocía de su propia boca.</p>
<p>Encendió su plasma, y  detuvo el zapping en una comedia romántica de los años 80. No que le interesara verla, sería más bien su arrullo para poder dormir, unido al relajante somnífero del alcohol de la cerveza.</p>
<p>El  día siguiente sería lunes, un día de clases. Un día normal. Tenía que descansar.</p>
<p>El sueño lo venció antes de que siquiera alcanzara a desvestirse.</p>
<p>De pronto una luz cegadora le despejó la mente, volviendo a su estado alerta. Bill entrecerró su ceño. Algo no cuadraba.</p>
<p>Él estaba atado a una silla, y sobre su cabeza un gran foco lo alumbraba. Podía sentir el calor del bombillo en su cara. ¿Había sido secuestrado? ¿Cómo es que no recordaba haber sido sacado de su dormitorio? Posiblemente lo habían drogado, y eso explicaría que no opusiera resistencia.</p>
<p>La luz del foco y su somnolencia le impedían distinguir lo que había a su alrededor, pero era evidente el olor a puro; el humo llenaba el ambiente, haciendo difícil respirar.</p>
<p>—¿Alguien me podría explicar que hago aquí?</p>
<p>Una silla fue colocada frente a él, y Bill no pudo evitar abrir la boca de la sorpresa al ver sentarse justo allí a Marlon Brando con un puro entre los dientes —Las preguntas las hago yo, muchacho, capisci? —dijo con voz rasposa.</p>
<p>—¡Qué mier…! —Una bofetada le partió el labio.</p>
<p>—¡Cuida tu lengua delante del Jefe!  —Le reclamó el hombre que estaba a su lado.</p>
<p>Marlon Brando se puso de pie y agarró de la solapa al hombre que había golpeado a Bill —. No le pegues al niño bonito, sólo si yo te lo digo, capisci Fabrizzio?</p>
<p>—Sí, Jefe —. Tembló el hombre.</p>
<p>—¿Quién es usted? —Preguntó Bill desobedeciendo el consejo de Marlon Brando. Y no era que no le reconociera, era la sensación extraña de estar en otro universo donde ocurrían situaciones alternas.</p>
<p>—Te perdonaré tu insistencia muchacho, sólo porque me caes bien —, respondió Marlon con su voz áspera —, io sono il Padrino di La Cosa Nostra<a title="" href="#_edn4">[iv]</a>.</p>
<p>Bill levantó una ceja —¿Cómo?</p>
<p>El Padrino rodó los ojos —. Soy el Padrino de La Cosa Nostra. Y quiero aclararte algo, y sólo porque soy buena persona, <em>yenerosa<a title="" href="#_edn5"><strong>[v]</strong></a></em>, capisci? No deberías meter tu nariz respingona en La Cosa Nostra.</p>
<p>—¡Qué hice de malo!, ¿es por Tom? Sí, sí, sí, sí, yyy-yo —Bill comenzó a tartamudear.</p>
<p>El Padrino rodó los ojos otra vez. —Linda cara, pero está fallado —. Le comentó a otro de los hombres que estaba a su derecha.</p>
<p>—Yyyyy-yo quiero d-d-d-d-decir que yo lo amo.</p>
<p>—¡Ah! L’amore! Il ragazzo è innamorato di Tom<a title="" href="#_edn6">[vi]</a>.</p>
<p>—¿M-m-merezco morir por eso?</p>
<p>—No, io digo que no. Pero tal vez Tom sí —Marlon Brando, el Padrino se subió de hombros e hizo una mueca.</p>
<p>—Hey, ragazzo! Guarda a Me.<a title="" href="#_edn7">[vii]</a> —Dijo el otro hombre mirando a Bill mientras le indicaba los ojos con una mano, y con la otra enarbolaba una ametralladora —. Mi chiamo Giovanni.<a title="" href="#_edn8">[viii]</a> Si hay algo que debes entender niño bonito, es que la Cosa Nostra… es nostra, capisci?</p>
<p>El Padrino lo miró con el ceño fruncido, y le dio una palmada en la cabeza —. ¿No pudiste inventar un parlamento más inteligente, Giovanni? Chiamato Tom, dirgli di venire.<a title="" href="#_edn9">[ix]</a></p>
<p>El hombre se fue, y Bill se quedó allí en silencio. Sentía que le ardían las muñecas por las amarras que sujetaban sus manos al respaldo de la silla. El hombre que estaba al frente, seguía con su puro sujeto entre los dientes y mantenía los ojos entrecerrados por el humo, una media sonrisa adornaba su expresión de burla.</p>
<p>Al cabo de varios minutos apareció Tom vestido de traje gris perla con una flor blanca en la solapa, una bufanda de seda que combinaba el negro, el blanco y el gris, colgaba de su cuello, y resaltaban sus zapatos blancos con negro amarrados adelantes con unos cordones grises. Bill levantó ambas cejas, incrédulo. Le era imposible distinguir si llevaba trenzas o no.</p>
<p>—¡¿Tom?! —Se le escapó la exclamación a Bill.</p>
<p>—Molto bene, ragazzo. Qui è mio nipote.<a title="" href="#_edn10">[x]</a> — El Padrino le indicó al joven que recién entraba.</p>
<p>—Nonno! ¡Primero que todo. No sé de quién será este sueño, pero me niego a usar tutú otra vez!</p>
<p>—Tom, aquí está este chico, che ha detto che è innamorato di lei.<a title="" href="#_edn11">[xi]</a> ¿Lo mato o no lo mato? — Bill no entendió todo, pero sí comprendió perfectamente lo que dijo al final.</p>
<p>El chirrido que causaba la fricción de unos neumáticos sobre el pavimento, los interrumpió.</p>
<p>—Vendetta, Capo! —Gritó uno de los hombres que venía de afuera. Las ráfagas de una ametralladora retumbaron en el ambiente.</p>
<p>—¡Tomen sus armas!</p>
<p>—¡Tom, suéltame! —Pidió Bill a gritos, mientras todos salían despavoridos hacia la calle disparando como locos.</p>
<p>Tom sacó un cortaplumas de su chaqueta y cortó las ataduras de sus manos y sus pies. —Ven, sígueme. Es la pandilla del Spaghetti.</p>
<p>—¿Spaghetti? —Preguntó el rubio sin comprender nada.</p>
<p>—Toma un arma —. El de trenzas le pasó una pistola —, así les decimos, porque su nonno<a title="" href="#_edn12">[xii]</a> creó una empresa de pasta.</p>
<p>—¡Tom yo no sé disparar!</p>
<p>—¡Ni yo usar un tutú, y por ti tuve que hacerlo!</p>
<p>—¿Tutú?</p>
<p>—¡Vamos!</p>
<p>Los disparos provocaban un terror indescriptible en Bill. El de trenzas se adelantó asomándose por detrás de un pequeño muro que servía de trinchera a Fabrizzio y Giovanni —¡Tom ven acá! —Llamó desesperado el rubio. Eludiendo las balas corrió hasta Tom y lo jaló hacia abajo para que se cubriera totalmente —¡¿Pretendes morir?! —Tom miraba sorprendido al otro chico —¡¿Y dónde está tu abuelo ahora?!</p>
<p>—Contemplando todo con un puro en la boca, eso es lo que hace un capo.</p>
<p>Bill meneó su cabeza y miró de nuevo hacia afuera.</p>
<p>En la calle,  atravesados varios carros de los años cuarenta o cincuenta. Bill nunca fue bueno en reconocer la época a la que pertenecían las cosas. Los disparos dejaban sendos agujeros por todas partes, y Bill tuvo miedo de morir, sin embargo, lo que lo llenaba de terror era la posibilidad de que Tom muriera.</p>
<p>Bill no había disparado ni un solo tiro, y Tom ya había lanzado varias ráfagas desde su ametralladora. Hacerlo, obligaba al de trenzas dejar al descubierto casi todo su torso y su cabeza. Era un blanco fácil.</p>
<p>El rubio tomó la ametralladora de las manos de Tom, y le pasó a éste su pistola. Hizo un par de disparos de ráfagas a ningún lado en específico, y entrecerró los ojos, y mientras lo hacía, rogaba no herir a nadie. Todo era un show para que Tom no disparara.</p>
<p>—¡Aaaah! —Fue el grito desgarrador de Tom. El chico miraba perplejo como su traje elegante había mutado a un rosado vestidito de bailarina de ballet —¡No otra vez!</p>
<p>—¡¿Tom te han herido?! —Los ojos de Bill casi saltan desde sus cavidades al ver al otro muchacho —¡¿Qué haces con un tutú rosado, Tom?! ¡No es hora de jugar a los disfraces! —Tom hizo un puchero, y corriendo entre las balas se metió en la bodega que servía de guarida — ¡Tom! —Bill lo siguió hasta el interior. Lo buscó por varias habitaciones, todas en penumbras.</p>
<p>Caminaba rápido revisándolas, abriendo y cerrando puertas. De pronto, vio una puerta que se cerraba, esta se azotó y escuchó el sonido de las zapatillas de punta haciendo clac, clac, al ritmo acelerado de la huida de Tom. Bill se asomó al pasillo y vio la faldita del tutú subiendo y bajando según  las zancadas del de trenzas. Bill subió una ceja al ver que cada vez que se subía la faldita se alcanzaba a ver el trasero redondito de Tom.</p>
<p>—¡Tom, espérame!</p>
<p>— Non voglio che tu mi vedi vestito per bene!<a title="" href="#_edn13">[xiii]</a></p>
<p>—¡Tom, aunque me hables en africano, te buscaré igual!</p>
<p>El chico del tutú rosado se escondió detrás de unas inmensas cajas que se apilaban en el galpón central. Pero Bill no pudo evitar estrellar su cabeza con un tubo de metal y cayó al suelo semi inconsciente.</p>
<p>—¿Bill? ¡Bill, qué te ha ocurrido! —Tom se acercó al rubio, acarició su labio y su cabeza —¡¿Bill?! ¿Me escuchas?</p>
<p>Bill intentaba hablar, pero sus músculos estaban adormecidos.</p>
<p>Haciendo un esfuerzo que parecía sobrehumano, abrió los ojos hasta encontrarse con la mirada marrón que tanto amaba. —Tom.</p>
<p>—Me llamabas —, quiso explicar el de trenzas —, y cuando llegué estabas en el suelo. Botaste la lámpara, pensé que tenías un ataque o algo.</p>
<p>Bill cerró sus ojos. ¿Dónde estaba?, ¿aún seguía soñando?  —Tuve una pesadilla.</p>
<p>—Ni me lo digas. —Tom ayudó al rubio a levantarse. —Yo también anoche tuve un sueño de lo más raro. Lo peor es que otra vez tuve que usar tutú —, dijo el de trenzas dirigiéndose a la puerta.</p>
<p>—¿Tutú?</p>
<p>Tom se acercó a la entrada del dormitorio, movía sus manos demostrando su ansiedad, mordía su labio inferior y carraspeó —Bien, yo estoy retrasado para mi primera clase, ¿tú también?&#8230; Dejé café preparado. Ehm…</p>
<p>El chico de trenzas se dio media vuelta, y salió rápidamente hacia el pasillo.</p>
<p>Bill estaba confundido, ¿aún soñaba?</p>
<p>Se duchó rápidamente, y se vistió con ropa cómoda y deportiva. Ahora no sabía cómo actuar con el chico de sus sueños.</p>
<p>Bill pudo escuchar que la puerta del departamento se cerraba. Tom ya se había ido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ººººº</p>
<p>—Has estado inubicable.</p>
<p>Gustav bostezó —Tenía sueño, me fui a mi casa, me dormí, y apagué el celu…</p>
<p>—¡Y tú no pensaste en tu amigo que casi se saca los sesos por las orejas de tanto pensar!</p>
<p>—Tampoco me importó faltar al examen, Bill. Estoy agotado.</p>
<p>—¡¿Qué te pasó?!</p>
<p>—Sexo loco y desenfrenado.</p>
<p>Bill bufó —Hay gente muy cara de palo. Ni te arrugas al admitir dos faltas graves.</p>
<p>—¿Cuáles dos? ¿Faltar al examen y…?</p>
<p>—No cumplir con la promesa a tu amigo de llevar a cabo tu misión y dar reporte hoy temprano.</p>
<p>—¡Ah, eso! Sinceramente, ¿sabes? Es algo que no vale la pena.</p>
<p>—¡Por qué! No entiendo. ¿Dices que Tom no vale la pena? —Gustav bostezó sonoramente —¡Despierta y responde como la gente civilizada!</p>
<p>—Bien, te lo voy a contar. Pero primero vamos por un café que si no, me voy a quedar dormido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ºººº</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tom y Georg estaban sentados en una banca del parque cercano a la Facultad.</p>
<p>—Estás muy extraño. Primero me llamas temprano en la mañana, que algo urgente sucede, y luego te has dedicado el día completo a evadir el tema. Ya pasamos del mediodía, y tú sigues en tu pose de diva sobrevalorada.</p>
<p>—Moi?! —Georg con su mano en el pecho —¡Es que se me olvidó!</p>
<p>—¡Cómo que se te olvidó!</p>
<p>—Es que me han pasado tantas cosas en estas horas…</p>
<p>—No me vengas con relatos nocivos y pervertidos.</p>
<p>—Bueno, ¿quieres o no quieres saber lo que pasó?</p>
<p>—Y bueno. Yo creí que estabas en peligro de muerte y luego tú no me has dado ninguna explicación. Ahora que ya terminamos con las clases del día,  espero una buena justificación para tu extraño comportamiento de hoy.</p>
<p>—Es que todo es complicado ahora.</p>
<p>—Georg.</p>
<p>—Tom.</p>
<p>—¿Georg?</p>
<p>—¿Tom?</p>
<p>—¡GEORG!</p>
<p>—¡Ay ya!</p>
<p>—¡Habla!</p>
<p>—Pasé la noche con Gustav.</p>
<p>—Te dije que no serías capaz de darle calabazas.</p>
<p>—¡Yo no le iba a dar calabazas! ¡¿Quién te dijo eso?!</p>
<p>—¡Tú! —El castaño se subió de hombros —. Ahora, por favor, ¿me vas a contar qué te sucede? Porque tengo el pálpito que no tiene que ver con que hayas pasado la noche con Gus. Hay algo más…</p>
<p>—Te equivocas, esto tiene que ver totalmente con Gus. —Tom resopló y rodó los ojos.</p>
<p>—Entonces algo hiciste. —Tom vio el gesto afligido del castaño, sonrió y apuntó hacia el rostro de Georg con su dedo índice —¡Eso es! Te sientes culpable. —Georg cerró los ojos mientras se encogía —¡Georg! ¡Qué hiciste!</p>
<p>—Es que fui seducido. —Se justificó el castaño con voz chiquita.</p>
<p>—Eso es obvio. ¿Se trata de mí? —Georg asintió —, ¿se trata de Bill y de mí? —Georg volvió a asentir. Tom se agarró la cabeza a dos manos.</p>
<p>—Gustav quería saber si tú eras de buena familia, si eras una persona honorable. Si acaso eras de la mafia…</p>
<p>—¿De la mafia?</p>
<p>—¡Pues imagina! Es que todo eso lo estaba pensando Bill porque tú no quieres nada con él, eso es lo que pasa cuando alguien escucha conversaciones ajenas…</p>
<p>—¡¿Bill sabe que estoy enamorado de él?! —Tom al borde del colapso.</p>
<p>—Ajá —, asintió el oro chico.</p>
<p>—¿Y por qué piensa que soy de la mafia?</p>
<p>—Era una de sus teorías, porque no le encontraba justificación a que tú ocultaras todo, y de que Bill corría peligro, entonces me sulfuré indignado porque él estaba pensando cosas feas de ti y…</p>
<p>—¡Espera, espera! Tú, indignado, eres peligroso. ¿Qué hiciste?</p>
<p>—Pues obvio. —Georg se subió de hombros —, te defendí.</p>
<p>—¡Uff! Eso está mucho mejor.</p>
<p>—Le dije que tú no quieres que Bill se te acerque porque le das mala suerte a tus novios y todos terminan en el hospital, pero que por lo demás, eres una buena persona.</p>
<p>—¡¿Qué?!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ºººº</p>
<p>—¡Somos almas gemelas! Tom es como el de la película esa que no puede tocar a la persona que ama porque si no la mataría…. ¡es tan romántico!</p>
<p>Gustav miraba con ojos de huevo frito a su amigo, quien  parecía muy emocionado.</p>
<p>—¡Bill! ¡El tipo es yeta! ¡Está maldito! Y no creo que sea buena ide…</p>
<p>—Yo lo amo, él me ama, y los dos somos unos: pata de vaca, somos naturalmente torpes, no necesitamos esforzarnos para dejar el desastre, y nadie podría ser más perfecto para mí.</p>
<p>—Bill, creo que te has vuelto…</p>
<p>—Necesitamos verlo.</p>
<p>—¿Necesitamos?</p>
<p>—Si me ve solo, posiblemente huya. Contigo puedo acercarme a él con más espontaneidad.</p>
<p>Gustav lo siguió —¿Alguna idea de dónde pueden estar?</p>
<p>—Sigo a mi corazón, porque mi corazón sigue a su amo.</p>
<p>Gustav rodó los ojos y meneó la cabeza —¡Qué cursi eres!</p>
<p>—No los he visto en la universidad. Así que deben estar en el parquecito que  queda a medio camino del condominio.</p>
<p>—Y cuando lo veas ¿qué le dirás?</p>
<p>—Nada. Lo besaré.</p>
<p>ºººº</p>
<p>—Ahora Bill ya sabe que soy peligroso. —gimoteaba Tom —. Pero peor, sabe lo que siento por él. Eso no debía pasar.</p>
<p>—¡¿Por qué no?! Al contrario, quizás se decida con mayor fuerza a conquistarte, y…</p>
<p>—Y luego la muerte.</p>
<p>—Pues algo deberás hacer ahora ya, debes actuar.</p>
<p>—¡No! Necesito pensar.</p>
<p>—En todo caso, ¿cuál es el drama? Él sabe que lo amas, y sabe que eres SU peligro personal. Si Bill quisiera intentarlo sería porque a pesar de todo eso, no le importa y nada le impediría amarte. Tal vez, él no sienta miedo.</p>
<p>Tom abrió los ojos ante el nuevo pensamiento —¿Tú crees?</p>
<p>—¿Acaso no podría ser que él piense que tú vales el riesgo?</p>
<p>—Sería tan bonito. —Susurró Tom.</p>
<div><br clear="all" /></p>
<hr align="left" size="1" width="33%" />
<div>
<p><a title="" href="#_ednref1">[i]</a> Il filio di la Cosa Nostra: El hijo de la Cosa Nostra.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref2">[ii]</a> capisci?: ¿entiendes?</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref3">[iii]</a> il mio piccione non resisteranno.: mi palomo no se resistirá.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref4">[iv]</a> io sono il Padrino di La Cosa Nostra: yo soy el Padrino de la Cosa Nostra.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref5">[v]</a> yenerosa: Esta palabra no está en italiano, sólo que pronunció <em>a lo italiano</em> la palabra generosa</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref6">[vi]</a> L’amore! Il ragazzo è innamorato di Tom: ¿El amor! El chico está enamorado de Tom.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref7">[vii]</a> Hey, ragazzo! Guarda a Me: ¡Oye chico! Mírame</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref8">[viii]</a> Mi chiamo Giovanni: me llamo Giovanni</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref9">[ix]</a> Chiamato Tom, dirgli di venire.: Llama a Tom, dile que venga.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref10">[x]</a> Molto bene, ragazzo. Qui è mio nipote: muy bien, chico. Aquí está mi nieto.</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref11">[xi]</a>[xi] che ha detto che è innamorato di lei: que ha dicho que está enamorado de ti</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref12">[xii]</a> Nonno: abuelo</p>
</div>
<div>
<p><a title="" href="#_ednref13">[xiii]</a> Non voglio che tu mi vedi vestito per bene!: ¡No quiero que me veas vestido así!</p>
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</div>
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		<title>Sonata a Dos Tiempos, Tercera Parte: Scherzo Cap. 16 by Aelilim y Princess of Darkness</title>
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		<pubDate>Wed, 21 Dec 2011 22:25:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Princess of Darkness</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Desde hace un par de meses que hablamos con Princess de los giros finales, y creo que tanto ella como yo creíamos que antes de acabar el año la historia ya estaría con su "fin" respectivo, pero a la fecha todavía le falta un trecho. Algunos se dirán, "sí, pues, con estas actualizaciones cada luna llena". xD Lo sé, lo sé, y admito que es totalmente mi culpa haber demorado taaanto en este capítulo, al menos el par de semanas de retraso con debido a mí. Bueno, no sé si se notará demasiado que hemos querido darle bastante énfasis a la lucha de Bill y por qué toma la decisión del final. :)

Y como Princess toda linda me ha dado el besito en la frente de permiso, mencionaré un blog-proyecto que estamos llevando a cabo entre un par de personas: Autores de Tokio Hotel Fics (<a href="http://autoresdethfics.blogspot.com/2011/11/bienvenida_22.html" title="http://autoresdethfics.blogspot.com/2011/11/bienvenida_22.html">http://autoresdethfics.blogspot.com/2011/11/bienvenida_22.html</a>) que sin darse muchos aires quiere colaborar un poquito para que el fandom mejore.

-Aelilim

<p style="text-align: center;"><a href="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-56121" title="2cellos_by_misserbk" src="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk-1024x866.jpg" alt="" width="614" height="520" /></a></p>
Piezas de ambientación en:<a href="http://aelilim.livejournal.com/67856.html"> Aelilim Lj Sonata a Dos Tiempos</a>
<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Tercera Parte: Scherzo</h3>
<h4 style="text-align: center;">Capítulo 16</h4>
&#160;

Más que agotado, Bill hubiese elegido la palabra fastidiado para describir cómo se sentía. Todavía no podía quitarse por completo la sensación de hastío provocada por la visita de Franz y su madre, quienes habían insistido en querer conocer dónde vivía. El resultado de eso fue escuchar cómo necesitaba redecorar, agregarle un poco más de elegancia y sobriedad a su sala, y demás críticas que le hicieron querer sacarse la cabeza y lanzarla lejos. Aquel día había sido un poco mejor pero ligeramente arruinado por la iniciativa de Rattle, en asociación con directivos de escuelas privadas, para tener un concierto didáctico e introducir a los jóvenes a la música clásica. Britten jamás le había parecido tan soso en medio de escolares con uniforme y público en general. Eran la Berliner Philharmonie, no cualquier escuelilla desconocida. Sus quejas habían tenido que ser mentales, en especial porque parecía el único importunado.

Después de la presentación condujo sin dirección fija, llegó a la autobahn y pisó el acelerador hasta el fondo. Nunca había sido fanático de los autos, pero tener el suyo propio le había brindado una libertad que no había disfrutado a primera mano siempre llevado de aquí para allá por el chofer de su madre. Cuando llegó al Mozart Institut se sentía listo para un baño relajante y seguir olvidándose del mundo entero.

No pudo, <em>por supuesto</em> que no.

Su mente, que tan sumergida había estado en la adrenalina, atacó.

Tom.

Esa mañana no había hablado con él más de dos palabras. Al buscar su nombre en su lista de contactos creyó que podría desenrollar la lengua, pero la había tenido tan tiesa como siempre, cortante y antipático; no podía controlarse ya, era un hecho. Había pasado tres semanas desde que había regresado a Berlín y en vez de llegar a un claro en el intrincado boscaje de contradicciones y sentimientos solo parecía estar enredándose más. La visita a la tumba de su maestro y su encuentro con otra de sus alumnas le había servido de poco y nada.

(continuar en el TAG)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Desde hace un par de meses que hablamos con Princess de los giros finales, y creo que tanto ella como yo creíamos que antes de acabar el año la historia ya estaría con su &#8220;fin&#8221; respectivo, pero a la fecha todavía le falta un trecho. Algunos se dirán, &#8220;sí, pues, con estas actualizaciones cada luna llena&#8221;. xD Lo sé, lo sé, y admito que es totalmente mi culpa haber demorado taaanto en este capítulo, al menos el par de semanas de retraso con debido a mí. Bueno, no sé si se notará demasiado que hemos querido darle bastante énfasis a la lucha de Bill y por qué toma la decisión del final. <img src='http://www.twckaulitz.com/wp-includes/images/smilies/icon_smile.gif' alt=':)' class='wp-smiley' /> </p>
<p>Y como Princess toda linda me ha dado el besito en la frente de permiso, mencionaré un blog-proyecto que estamos llevando a cabo entre un par de personas: Autores de Tokio Hotel Fics (<a href="http://autoresdethfics.blogspot.com/2011/11/bienvenida_22.html" title="http://autoresdethfics.blogspot.com/2011/11/bienvenida_22.html">http://autoresdethfics.blogspot.com/2011/11/bienvenida_22.html</a>) que sin darse muchos aires quiere colaborar un poquito para que el fandom mejore.</p>
<p>-Aelilim</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-56121" title="2cellos_by_misserbk" src="http://www.twckaulitz.com/wp-content/uploads/2011/11/2cellos_by_misserbk-1024x866.jpg" alt="" width="614" height="520" /></a></p>
<p>Piezas de ambientación en:<a href="http://aelilim.livejournal.com/67856.html"> Aelilim Lj Sonata a Dos Tiempos</a></p>
<h2 style="text-align: center;">Sonata a Dos Tiempos</h2>
<h3 style="text-align: center;">Tercera Parte: Scherzo</h3>
<h4 style="text-align: center;">Capítulo 16</h4>
<p>&nbsp;</p>
<p>Más que agotado, Bill hubiese elegido la palabra fastidiado para describir cómo se sentía. Todavía no podía quitarse por completo la sensación de hastío provocada por la visita de Franz y su madre, quienes habían insistido en querer conocer dónde vivía. El resultado de eso fue escuchar cómo necesitaba redecorar, agregarle un poco más de elegancia y sobriedad a su sala, y demás críticas que le hicieron querer sacarse la cabeza y lanzarla lejos. Aquel día había sido un poco mejor pero ligeramente arruinado por la iniciativa de Rattle, en asociación con directivos de escuelas privadas, para tener un concierto didáctico e introducir a los jóvenes a la música clásica. Britten jamás le había parecido tan soso en medio de escolares con uniforme y público en general. Eran la Berliner Philharmonie, no cualquier escuelilla desconocida. Sus quejas habían tenido que ser mentales, en especial porque parecía el único importunado.</p>
<p>Después de la presentación condujo sin dirección fija, llegó a la autobahn y pisó el acelerador hasta el fondo. Nunca había sido fanático de los autos, pero tener el suyo propio le había brindado una libertad que no había disfrutado a primera mano siempre llevado de aquí para allá por el chofer de su madre. Cuando llegó al Mozart Institut se sentía listo para un baño relajante y seguir olvidándose del mundo entero.</p>
<p>No pudo, <em>por supuesto</em> que no.</p>
<p>Su mente, que tan sumergida había estado en la adrenalina, atacó.</p>
<p>Tom.</p>
<p>Esa mañana no había hablado con él más de dos palabras. Al buscar su nombre en su lista de contactos creyó que podría desenrollar la lengua, pero la había tenido tan tiesa como siempre, cortante y antipático; no podía controlarse ya, era un hecho. Había pasado tres semanas desde que había regresado a Berlín y en vez de llegar a un claro en el intrincado boscaje de contradicciones y sentimientos solo parecía estar enredándose más. La visita a la tumba de su maestro y su encuentro con otra de sus alumnas le había servido de poco y nada.</p>
<p>—Solo una semana más y regresaré —le había dicho Tom.</p>
<p>—Lo sé —respondió, sin saber qué tan apagada fue su voz.</p>
<p>Una semana, siete días.</p>
<p>Su soledad se había vuelto palpable. Tom era esos matices, en otro tiempo, imperceptibles de sí mismo. Desde que tenía memoria recordaba cosas importantes y ahora se hallaba repasando el surco de sus labios,  su color rosado, su boca entreabriéndose al traer a su memoria el gusto de sus besos.  Bill se dejó caer en el sillón y escuchó el timbrar del móvil un par de veces y fantaseó una milésima de segundo con una conversación que salvara el trecho que se había abierto entre Tom y él.  Masajeó sus sienes queriendo desaparecer un dolor imaginario en su cabeza y sonrió, en realidad, lo único que deseaba era que Tom se fuera de su cabeza.</p>
<p>El móvil sonó de nuevo, despertándolo de su ensoñación, y cogió la llamada.</p>
<p><em>—¿No pensabas contestarme, Trumper? </em>—fue la voz que le llegó del otro lado del auricular.</p>
<p>Para su infinita sorpresa, era Alana. Sintió cómo su corazón se aceleró de golpe, era algo de él&#8230;  era parte de&#8230; “¿Cuándo me he vuelto un tartamudo mental?”, se amonestó sin palabras.</p>
<p>—Hola  —alcanzó a decir con sequedad.</p>
<p><em>—Estoy en Berlín, ¿me das unos minutos como prometiste? Necesitamos hablar.</em></p>
<p>Exhaló con fuerza. Hubiera amado excusarse, pero no podía, lo había prometido y nunca faltaba a sus promesas. Era cuestión de honor.</p>
<p>***</p>
<p>—Luces igual —fue lo primero que le dijo Alana al verlo acercándose a la mesa en la que aguardando.</p>
<p>—No ha pasado tanto tiempo —dijo tomando asiento. Algo en los ojos de la chica le indicaban que aquella no sería un encuentro llena de bromas y buen ánimo.</p>
<p>—Te estaba haciendo un halago a mi manera —le replicó ella acomodándose el cabello—. Por teléfono parecías indeciso de verme, debería de sentirme ofendida.</p>
<p>—Ehm, no…</p>
<p>—Ahórrate una excusa —le interrumpió. Una sonrisa muy tenue se posó en sus labios. Alana no era la clase de personas que se andaba con rodeos, Bill había podido conocer ese aspecto de ella—. No has hablado demasiado con Tom, ¿verdad?</p>
<p>—Cierto —dijo luego de pedir un cappuccino a la mesera, más un pedazo de pastel.</p>
<p>Para cuando fueron dejados de nuevo solos, prestó atención a las facciones de Alana. Podía ver a Tom en ella, en mínimos detalles, en gestos, y era como si su piel se escarapelara.</p>
<p>—Tengo belleza sobrenatural, ya sé —dijo Alana jugando y sacándolo de su silencio. Bill carraspeó y quitó la mirada—. ¿Lo extrañas? —Esa simple pregunta lo dejó como a miras del abismo. “¿Cómo se contesta a eso sin sonar quejumbroso o necesitado?”, se cuestionó Bill—. Dios, no es tan difícil decir un sí… o no, en su defecto.</p>
<p>Aquello fue como recibir una bofetada en pleno rostro.</p>
<p>—Podría serlo—replicó, comiéndose un trozo de pastel sin tener hambre, pero con la plena intención de tener ocupada la boca.</p>
<p>Una ceja de Alana se arqueó  y sus ojos se afilaron buscándole la mirada Bill, quien siempre había sido la entereza personificada, pero en esa ocasión se sentía especialmente intimidado.</p>
<p>—En sí no sé de qué te haces el ignorante. —El chelista tragó en seco y dejó el tenedor en el plato.</p>
<p>—No sé de qué vas.</p>
<p>—Bill, por favor, no me subestimes. Lo primero que te dije fue  &#8221;no lastimes a mi hermano&#8221;, y ahora me sales con tu nulo entendimiento —dijo Alana con firmeza.</p>
<p>El chico se encogió de hombros y desvió la mirada, levantando el café con la intención de tomar un sorbo.</p>
<p>—Tom es muy sensible.</p>
<p>—Eso es cierto, por eso no entiendo qué te vio.</p>
<p>Si lo anterior había sido como una bofetada, eso fue como un golpe directo a su estómago que lo dejó sin aire. Su taza quedó a mitad de camino y con lentitud la devolvió a la mesa. La belleza tan impactante de Alana ahora le parecía mortífera, tal como si fuera una cobra enseñando los colmillos ponzoñosos. Por un lado sus ideas se amontonaron unas tras otras para responder el ataque frontal; por el otro lado, sintió algo bastante similar a la envidia: nunca había tenido a alguien tan dispuesto a enfrentar a quienes le estaban haciendo daño. “¿Hacer daño?”, repitió en forma de pregunta. Sintió que sus párpados pesaban como plomo y que una de sus manos hizo un puño con el mantel a la altura de su regazo.</p>
<p>—Creo que no es tanto de tu incumbencia lo que pasa entre él y yo, Alana.</p>
<p>Ante esto, los ojos femeninos se abrieron en desmesura.</p>
<p>—¿Cómo te atreves a decir eso? Es mi hermano, por supuesto que me incumbe. Me caías tan bien —murmuró.</p>
<p>—No veo por qué ya no debería —respondió Bill dejando de nuevo la taza en la mesa— ¿Sabes?, me choca el café con el humor que cargo. ¿Una cerveza? —se aventuró a sugerir.</p>
<p>—Como quieras, no te estoy deteniendo.</p>
<p>Mientras esperaba a que su pedido fuera llevado, Bill volvió a reconocer que Alana estaba realmente molesta.</p>
<p>—Entiendo que te pongas así —dijo cuando pasaron unos minutos—. Tú también me caías bien… bueno, me agradas hasta ahora, a pesar de que estés comportándote como hermana recelosa. —Un largo vaso de los característicos para cerveza fue puesto enfrente de él. Bill selló sus labios, incómodo consigo mismo con sus deseos de aplacar lo suficiente a Alana para obtener detalles—. Sé que no eres del tipo de chica de &#8220;no bebo&#8221;, acompáñame.</p>
<p>—Solo bebo con mis amigos.</p>
<p>—Yo soy tu cuñado así que aplica —bajó el tono y volteó el rostro al mesero—. Otra cerveza para la señorita.</p>
<p>Alana afiló la mirada, y el chelista no pudo negar ver a Tom a través de ella, como cuando rara vez le veía con severidad.</p>
<p>—Ahora sí lo eres.</p>
<p>—Todo lleva un proceso&#8230;</p>
<p>—Bill, no es que mi hermano sea muy sensible, su problema es que se entrega todo y me das miedo.</p>
<p>—¿Te doy miedo? —inquirió curioso. Quedó mudo porque el mesero se acercaba con el pedido. Alana asintió en evidente respuesta.</p>
<p>—Llevas poco tiempo en su vida y todo es ya muy intenso. Tom no es un crío llorón que corre a las faldas de su familia cada vez que algo se complica, es por eso que huir de ti debe ser porque le has calado profundo.</p>
<p>Bill tomó un trago, dos tragos de su cerveza, degustando el sabor amargo en su lengua y estudiando qué contestar. No pudo evitarlo y las paredes se desplomaron, haciéndole soltar un largo suspiro.</p>
<p>—Me pintas como el malo de la película cuando yo también tengo mis propios jodidos demonios internos con los cuales lidiar. No voy a decir que es injusto, porque lo creas o no, soy consciente de lo mucho que Tom ha tenido que… <em>luchar</em> para llegar a este punto de inflexión.</p>
<p>Quiso seguir hablando pero exponerse con tanta sinceridad le hacía sentir mucho más accesible de lo que se mostraba por regla personal, y había que aceptar que Alana era más una desconocida que una íntima suya. En su mutismo y debate interno, no se percató que algo en Alana se había suavizado.</p>
<p>—Sí, Tom tiene ese poder de <em>inflexionar </em>gente —ironizó ella y una amarga sonrisa salió de sus labios—. Mira Bill, para mi desgracia, si lo tienes confinado en su habitación, algún poder tendrás sobre él. Debes reconocer qué no está funcionando contigo entre ustedes y dar el siguiente paso para solucionarlo.</p>
<p>Alana tenía razón en algo, no pocas ocasiones dejaba que todo se fuera a la mismísima mierda si era necesario, incluso podía negar que hasta el azul del cielo si ayudaba a sus fines. Sin embargo, esta vez era definitivo, <em>quería</em> a Tom.</p>
<p>—Debo irme —dijo ella maldiciendo entre dientes cuando se fijó en la hora—. Creo que te he dicho todo lo que quería —agregó y se levantó, arreglándose la ropa y el cabello en movimientos fluidos.</p>
<p>Bill también se incorporó en un gesto caballeresco que hizo que Alana elevara ambas cejas.</p>
<p>—Luego de que básicamente quisieras arrancarme la piel con tus manos desnudas puede ser difícil de comprender esto, pero me ha gustado hablar contigo.</p>
<p>Alana se puso su bolso en sus hombros y suspiró, luego se acercó a él y le dio un abrazo muy breve.</p>
<p>—Sigo molesta porque has puesto a Tom en una posición que duele ver, que conste —dijo al separarse—. Más te vale enmendar todo, o desaparecer para siempre si no puedes. —Con esto, y sin dejar que le respondiese, se marchó.</p>
<p>***</p>
<p>A pesar de que era como la oportunidad final para que su lucha interna llegase a su fin, no sabía qué hacer. Teléfono en mano, a medio vestir, Bill se encontraba no en una batalla sino en la guerra. Él había iniciado la llamada en estado automático y había sido tarde cuando escuchó a hablar a Tom. No sabía bien qué decir o cómo mostrarse, debatiéndose entre demostrar qué tanto le importaba el otro chelista o lo patético que se sentía por doblegarse tanto.</p>
<p>—¿A qué hora vienes, entonces? —preguntó cuando recibió la noticia de que Tom todavía no estaba cerca de arribar.</p>
<p><em>—No lo sé, el vuelo se retrasó un par de horas</em>.</p>
<p>Su tono no era el de siempre y eso despertó su alerta, sin embargo, más poderosa era la guerra que libraba. Se removió en el sillón, mirando las agujetas sin atar de sus zapatos antes de buscar con la mirada un encendedor, levantándose para cogerlo cuando vislumbró uno.</p>
<p>—Umh, será mejor que llames a Georg que tengo algo importante que hacer y no puedo esperarte —dijo. La mentira había rodado de su garganta para afuera antes de poder controlarla, y todo por no querer hacer parecer que esperaría a Tom por siempre. Lo que sí capaz de hacer, si era sincero. “Mierda”, pensó.</p>
<p><em>—¿Y yo tengo la culpa? ¿Desde cuándo </em>yo<em> controlo el espacio aéreo?</em></p>
<p>En definitiva, Tom estaba huraño, su personalidad amable y tolerante a años luz. Eso no evitó que sus propias espinas salieran a flote.</p>
<p>—Eres tan encantador que sería lo único que no controlases —soltó sarcástico, y le dio una calada profunda a su cigarrillo.</p>
<p><em>—No estoy para esto, Bill. Analiza bien por qué estás tan arisco y ya hablaremos.</em></p>
<p>Quedó en silencio, estático, limitándose a respirar al escuchar la línea muerta. Algo le decía que las había jodido, y ahora sí monumentalmente, pero… Fumó lo que le restaba de su cajetilla y salió a comprar más. Como le había dicho a Alana, él tenía sus propios demonios que derrocar.</p>
<p>Caminó tres bloques hacia la tienda, buscó cambio en su pantalón y descubrió el papel arrugado con el número de vuelo de Tom, lo ajó en sus manos y lo tiró.</p>
<p>—No quiero saber —murmuró.</p>
<p>La amargura en su paladar solo le recordó que sabía de memoria el itinerario aéreo. Estaba ansioso por verlo pero el agrio silencio de los últimos instantes de su nada cortés conversación le hizo recordar que Tom no era el mismo chico que había conocido meses atrás, y en parte era responsable de ello.  Una sensación de hormigueo en las manos empezó a ganar espacio hasta hacerle consciente de que la angustia le ganaba. “¿En serio lo dejarás ahí?”, se preguntó con reproche. Volvió sobre sus pasos al apartamento y cogió las llaves del auto. Condujo despacio, perdiéndose en las notas de piano clásico que envolvían el auto. Sus músculos fueron tensándose, y contrario a lo que el Etude de Skriabin hubiera inspirado, la nostalgia que sentía fue convirtiéndose en indignación y una gota de sudor se formó en su sien. Bill no dejaba de ser humano pero sus molestias las llevaba solo, en la intimidad de sus espacios&#8230;</p>
<p>Tomó el carril auxiliar que le llevaba al desvío hacia el aeropuerto y de pronto se sintió como el primer día de clases en una escuela regular, totalmente fuera de lugar. ¿Qué mierdas estaba haciendo? ¿Correr de nuevo hacia Tom?</p>
<p>No lo haría.</p>
<p>Pero eso no impidió que se quedase en el estacionamiento del aeropuerto hasta que la noche cayó, que agotara su recién comprada cajetilla de cigarros y que el ambiente de su auto estuviera tan cargado que prefiriese abrir las ventanas y congelarse por el frío a respirar la nube de nicotina. Las horas habían pasado, Tom seguramente había llegado y al no encontrarlo indudablemente se había ido por su cuenta. Ni siquiera tenía sentido que siguiese esperando un evento que ya había sucedido.</p>
<p>Cuando sus músculos estuvieron más allá de entumecidos fue que se dijo <em>basta</em>. Había ganado, no había acudido a Tom como si su vida dependiera de eso. “¿Entonces por qué se siente como si hubiese perdido?”, deliberó, con el estómago encogido, las manos congeladas y la sensación de querer vomitar, que con facilidad podía atribuírselo a la falta de alimento y al abuso de cigarros, pero sabía que no era así.</p>
<p>Su creencia de que esa noche no dormiría atormentado porque Tom estaba a dos pisos arriba, y la sensación de no solamente haber perdido la batalla sino su guerra invisible se asentaba más en cada tejido a cada minuto, no fue correcta. Durmió como peso muerto al apoyar la cabeza en la almohada sin cambiarse de ropa o sacarse el sabor amargo de la boca. Fue su despertar, más bien, el epítome de la intranquilidad, de sopetón, con dolor de cabeza y de cuello, y la garganta irritada por no haberse cubierto.</p>
<p>—Maldita sea —gruñó.</p>
<p>La ducha rápida con agua hirviendo no le despejó lo que quiso. Un café y dos aspirinas como desayuno le fueron despejando poco a poco. Vio las agujas del reloj moverse con lentitud y exhaló. Demás estaba con fantasear a esas horas con Tom arrastrándose por las escaleras hacia él, sus casi veinticuatro horas entre escalas y aeropuertos de seguro le tenían aún rendido. Tomó su chaqueta y se decidió a comer fuera, necesitaba ganar tiempo, no darse un segundo más.</p>
<p>El día se había alargado y el móvil no sonaba, vio algunas tiendas y antes que darse cuenta el sol empezaba a ocultarse. Volvió a su departamento y no advirtió señales de que alguien le hubiera ido a buscar. Exhaló y se sentó en el sillón, clavó su mirada en la puerta y afiló su oído. Unos pasos en el pasillo, pasaron de largo… ¿era él?  ¿Cómo saberlo?</p>
<p>—Ya regresará —afirmó,  cediendo al impulso de destapar una botella de vino.</p>
<p>Pero nadie regresó y Tom no apareció en su puerta, molesto o, con menos probabilidad, dispuesto a escucharle. Bill esperó hasta que aceptó que no sería buscado.</p>
<p>***</p>
<p>Con el pasar de los días, Bill sintió una cierta pesadumbre ahogarle. Era como si dos manos se cerraran entorno a su cuello y le quitaran la respiración. Poniéndolo a lo ridículo, le daba la impresión de que todo lo que conocía como “extrañar” en otros tiempos había sido solo una mofa del verdadero sentimiento. “Maldito Tom”, se decía a menudo. Maldito Tom que, aunque solo estaba a pocas horas a diferencia, a diferencia de su estadía en Nueva York, se sentía mucho más lejano que nunca. Se había dedicado a los ensayos regulares en la BOP y una que otra noche a un cuarteto que estaba conformando con Georg pero cuando el reloj marcaba las nueve en punto los músicos generalmente se retiraban sin más.</p>
<p>Esa tarde, como siempre, cuando acabaron la sala se vació rápidamente. Cruzó algunas palabras con Gustav y Jana, y se dirigió a guardar su violonchelo. Pasó por el retrato de Karajan que meses atrás le había causado tanta impresión, la cual se había ido decolorando, y se detuvo. Las notas melancólicas que momentos antes había estado practicando de El Concierto de Aranjuez que interpretarían el día siguiente junto a un conocido guitarrista, cuyo nombre fallaba en acordarse, le regresaron con violencia a la cabeza. A diferencia del autor de la pieza, él no estaba de luto por un hijo no nato si no por un amor no nato.</p>
<p>“¿Ese paralelismo es válido?”, pensó contrayendo el rostro. No, no lo era, y lo sabía. Su amor sí había florecido, no en campos llenos de todos los elementos necesarios sino como una florecilla salvaje que combate tempestades y temperaturas no aptas para su desarrollo. “Mereces un premio por tan excelente analogía, Bill”, se felicitó a sí mismo lleno de sarcasmo y se frotó los ojos con la mano que tenía libre cuando le pareció que la mirada sin vida de la pintura de Karajan también se burlaba de él.</p>
<p>—Trumper, justo esperaba encontrarte. —Vio que era Simon Rattle acercándose raudamente. Saludó con cortesía y se impuso mostrarse todo lo profesional que debía—. Pasemos a mi oficina, si no te molesta. Quisiera hablar contigo.</p>
<p>Indicó que no tenía problemas y fue a guardar su chelo antes de dirigirse hacia la zona administrativa de la Berliner Philharmonie. Se sintió secretamente contento de no toparse con la secretaria y luego de un pequeño golpe con sus nudillos, estaba instalado frente a Rattle en su escritorio.</p>
<p>—¿Cómo estás, muchacho?</p>
<p>—Bien, gracias. —Esa introducción le sabía desesperante, quería saber el meollo de una vez—. No ha sido tan problemático como pensé adaptarme a la posición de Kaulitz.</p>
<p>—Me he dado cuenta, y precisamente de eso quería hablarte, de Thomas. No sé qué tanta relación tengan pero hace unos días terminó su período en Juilliard. —Bill se mordió la lengua para decir que lo sabía—. Al regresar me pidió un descanso que creo que es bastante apropiado considerando que no ha querido vacaciones en ni sé cuánto.</p>
<p>Asintió. ¿Qué más le quedaba hacer?</p>
<p>—Hoy he vuelto a hablar con él —siguió Rattle. Como eso sí podía ser una novedad, Bill escuchó atento—. Me ha pedido extender este receso hasta después de las fiestas de Navidad y Año Nuevo que se aproximan. —Eso eran como dos semanas y unos días más. Tres semanas, de hecho. Bill sonrió débilmente—. Quería informarte.</p>
<p>El chelista asintió con cierta amargura. Le fastidiaba no disfrutar sus logros, avanzaba más en la BOP, su credibilidad ascendía vertiginosamente y el rumor de ser favorecido por Tom nunca cobró fuerza. Se sabía que el puesto lo cubría por su talento.</p>
<p>—Espero estés bien con alargar un poco más tu interinato en el puesto —concluyó Simon Rattle.</p>
<p>Bill de nuevo asintió, de alguna forma el desconcierto le impedía hablar. Su oportunidad llegaba a su fin, Tom regresaba por su lugar y aunque había logrado mucho, sabía que de nuevo estaría a la sombra del exitoso Kaulitz.</p>
<p>—Sera un placer colaborar en lo que pueda, mis horarios están disponibles —contestó tratando de lucir elocuente.</p>
<p>Rattle arrugó la nariz, evidenciando cierta curiosidad, él no era un típico director de sinfónica, Bill ya debería saberlo.</p>
<p>—¿Te sucede algo? —preguntó directo. El chico negó con el rostro, a lo que el director aguzó la mirada—. Vamos, Bill, no me subestimes. Algo te pasa, se lee a leguas.</p>
<p>Pensó en sonreír, desviar la conversación lejos de ese tema o inventarse cualquier cosa, pero el brillo inquisitivo en los ojos del Rattle le indicó que más le valía hablar con la verdad. Se lamió los labios y se aclaró la garganta. Iba a ser franco con uno de los hombres vivos que más respeto le inspiraba y quien tenía el poder tanto de ayudarlo a ser “alguien” como hacerle el camino más arduo.</p>
<p>—Es que cuando me pongo a pensar a futuro no sé bien a dónde voy a llegar —reveló, sin desviar la vista de Rattle—. Aquí ya tienen a su gran promesa, y a diferencia de cuando llegué no voy a pecar de pedante de considerarme <em>demasiado</em> bueno, pero…</p>
<p>—Pero sientes que no tienes, pongámoslo, el sitio para desenvolverte y desarrollarte. Ser visto y amado, porque ese lugar está ocupado por Tom Kaulitz.</p>
<p>Dicho así, Bill quiso encogerse en la silla o que se abriese repentinamente un agujero en el suelo y se lo tragase sin dejarle ni los zapatos. A grandes rasgos, así era. No quería vivir a la sombra de nadie, ni siquiera del perfecto Kaulitz promesa, alias ahora la persona que más metida tenía entre sus tejidos.</p>
<p>—Como acabo de decir, sé que me falta aprender, corregir ciertos desbalances entre técnica y pasión al tocar, algo que el mismo Tom me hizo comprender que era importante. Estoy consciente de que tengo que superarme a mí mismo. —Se miró brevemente las manos, los dedos, y de la nada se sintió relajado.</p>
<p>—Exacto, diste en el punto. —Rattle se reincorporó, sirvió dos copas de coñac y le tendió una sin habérsela ofrecido previamente—. Superarte a ti mismo, ese es el asunto, no hay obstáculo ni puesto que no puedas alcanzar… Creo que hasta el mismo Tom sabe que su tiempo en la BOP acaba —dijo. Bill arqueó la ceja y no pudo disimular su confusión—. Desde hace meses recibo insistentes llamadas solicitando reuniones con Tom, su partida es eminente y no hay nada que me llene más de orgullo, lo confieso.  El éxito de ese chico reside en la pasión…</p>
<p>—… con la que toca —musitó Bill.</p>
<p>Rattle negó.</p>
<p>—Te equivocas, es la pasión con la que vive, sus estados son extremos y fascinantes, sus alegrías palpables y sus tormentos son totalmente vividos, es por eso que al tocar se extiende hasta allí.  Sus crisis lo elevan a la atmósfera correcta, es exquisito y casi hasta cruel verle sufrir a través de las cuerdas, las desgarra de tal forma en que no es posible pasar de él. No quiero sonar como un imbécil, Bill, debes saber que mis músicos son como mis hijos, así que me atreveré a darte un consejo: busca a Tom y contágiate un poco, no pierdas tu esencia pero un buen músico no teme buscar fuentes de inspiración.</p>
<p>Bill tragó en seco y le dio un sorbo a su vaso, sin querer contestar.</p>
<p>***</p>
<p>Georg abrió un chardonnay y sirvió dos copas, le brindó una a Bill que la aceptó de buena manera y agradeció el gesto. El pianista estaba consciente de que esa noche no tendría una buena charla, así que se dirigió a su piano y después de beber de un trago su bebida, compuso su cabello en una coleta y dejó que sus dedos bailaran a través de las teclas. Las notas empezaron a fluir y Bill se dejó envolver por ellas, tomando ocasionales sorbos del vino e incluso cerrando los ojos. Eso hasta que aceptó que la música no hacía más que encarnecer la melancolía en la que estaba sumergido. Acabó su copa y se incorporó, aclarándose la garganta.</p>
<p>—Chopin, Georg, ¿en serio? No sé qué intentas pero no me agrada.</p>
<p>—¿No sabes lo que intento? —Georg repitió, bajando la modulación de su voz para no opacar a su piano, estaba decidido a no dejar incompleto a uno de sus Nocturnos favoritos—. Es simple: torturarte.</p>
<p>—Oh, vaya amigo —ironizó.</p>
<p>Bill se sirvió por su cuenta un poco más del chardonnay y retomó su asiento. Su mente de nuevo lo llevó a donde no quería. Tom debía volver pronto para retomar su posición en la Filarmónica y con pasmo descubría que más peso tenía volver a verlo que dejar de ser el primer chelista. Aquello era como una piedra en su garganta imposible de diluir. Chopin dejó de escucharse y suspiró imperceptiblemente, pero Georg no le dio tregua e inmediatamente empezó con la siguiente. A Bill le costó reconocerla y sin premeditarlo, se levantó y fue hacia el pianista para ver las partituras.</p>
<p>—Sueño de amor de Liszt, bastante acertado, ¿uh? —bromeó Georg.</p>
<p>—Eres despreciable.</p>
<p>La sonrisa del castaño se tornó de divertida a mordaz. Bill podía ser un amigo, pero Tom era como un hermano para él.</p>
<p>—¿Yo despreciable? —repitió con una mueca rara en el rostro—. Creo que me ganas con creces —agregó, mirando las partituras que Bill recién devolvía a su lugar.</p>
<p>—No hice nada —refutó.</p>
<p>—Exacto, no hiciste nada —asintió Georg, dejando caer pesadamente sus dedos en las teclas de su piano y dándole un agrio fin a la pieza. Se levantó y fue a servirse una copa más.</p>
<p>—¿Entonces? —inquirió.</p>
<p>—Entonces qué. No, Bill, no soy esa clase de gente que hace planes por los demás o abre caminos para mostrarle el lugar donde no va a arruinarse. Me caes bien, pero tú sabrás específicamente qué mierda hiciste y sabrás cómo salir… Sabrás, sobre todo, si quieres hacerlo.</p>
<p>—Sí quiero. Atravesé el océano para tan solo verlo… —Georg se paró en seco sus movimientos.</p>
<p>—¿Qué dices?</p>
<p>—Lo que oíste –contestó Bill pasando del castaño—. Ese fin de semana que estuve desaparecido, ¿recuerdas? Viajé. —Se apartó un poco más. Odiaba el contacto directo, le molestaba la costumbre de ese par de complicarlo todo, de buscar miradas, toques, algo menos flemático de lo que estaba habituado.</p>
<p>—Tom no me dijo nada.</p>
<p>—Que yo sepa no debe darte cuentas de nada.</p>
<p>—No regreses a ese punto idiota, Bill. Me refería a que algo pasó para que ni siquiera lo mencionara. —Con esto, Georg volvió a sentarse en su piano, y a diferencia de antes, ahora no tocó una melodía que provocara contemplar frente a frente el vacío sino el lado más relajante de Haydn.</p>
<p>Con la música de fondo, Bill se dejó caer en una silla, tomando sorbos de vino y con el ceño muy fruncido. ¿Cómo era tan ciego para no notarlo? La última vez que había hablado con Tom, hacía varios días ya, lo había escuchado extraño, su encanto y humor típicos muy lejanos de lo usual. Su alarma se había activado pero no había sido suficiente para impedir darle rienda suelta a su hosquedad a fin de ocultar lo vulnerable que se había sentido. Que se seguía sintiendo. Había dicho “te quiero”.</p>
<p>Dejó la copa a la mitad a un lado; tenía que tener la cabeza clara. Aunque, en el fondo, sabía que su corazón ya había tomado una decisión.</p>
<p>—Me voy a descansar —anunció, haciéndose a su abrigo.</p>
<p>Georg asintió, sin que la Sonata para piano de Haydn dejara de fluir de sus dedos con una naturalidad que Bill, de no tener la cabeza un lío, hubiera apreciado.</p>
<p>—¿Y qué harás? Y no te me hagas el tonto que a estas alturas sería demasiado aburrido.</p>
<p>Bill se ajustó el abrigo y su bufanda. Tenía las manos frías y sudorosas y, de nuevo, la  maldita ansiedad enraizada en cada músculo como si fuera dueña y señora.</p>
<p>—Al parecer voy a hacer algo que no creí que fuera capaz de hacer, y encima por segunda vez: viajaré kilómetros y buscaré a Kaulitz.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Kare, el amor junto al coral. Cap.18 by Ale littlewitch</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Dec 2011 00:38:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ale Littlewitch</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Y bien, les dejo el capítulo 18 de este Kare que tanto quiero. Se lo dedico a Princess porque ha pasado muy malos ratos con su PC, con internet y porque está enfermita.

En la mitad del capítulo hay un video que hice yo, que es para contextualizar lo que viene en esa parte. No podía ponerlo al principio ni al final.

Despues del glosario (que está solamente al final), puse tres imágenes del More que usará Tom.

No sé si gustará... espero que sí... Todo lo que suceda es porque los personajes lo quieren así.
___________________________________________________________________
<h3 style="text-align: center;"><strong>KARE
El amor junto al coral</strong></h3>

<a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-J4ljebNrDFs/TuVJYtBPTzI/AAAAAAAAB1o/tkJPJSTQ9o0/s1600/papeete_scenegfh.jpg"><img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 330px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-J4ljebNrDFs/TuVJYtBPTzI/AAAAAAAAB1o/tkJPJSTQ9o0/s400/papeete_scenegfh.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5685030793375600434" /></a>

<p align="center"><strong>CAPÍTULO 18</strong></p>
<em> </em>


<strong><span style="text-decoration: underline;">Bitácora del Capitán. 26 de Enero de 1920 (después del mediodía)</span></strong>


Cómo  cambia el corazón del hombre cuando en su camino, se hacen realidad sus sueños e ilusiones. Todo aquello que antes era fundamental, obvio, y necesario, de pronto queda reducido a tan poco, porque la nueva quimera que ocupa todo el espectro de colores parece absolutamente alcanzable y aunque no lo fuera, no la hace eso menos deseable.

Antes hubiera dado cualquier cosa por estar siempre al lado de mi madre. Incluso estaba convencido que una vez casado con Ann, seguiríamos viviendo en la casa materna. No imaginaba la vida sin ella. Eso era lo fundamental, lo obvio y lo necesario. El verdadero amor era tan sólo una quimera que existía más allá de mi cielo, algo en lo que ni siquiera valía la pena pensar demasiado. No era real.

Luego rocé la muerte. La gélida caricia de las sombras tocó mi alma, y cuando abrí los ojos a la luz a la nueva esperanza, la quimera tan esquiva estaba frente a mí en la forma de un chico hermoso y puro.

No he dejado de amar a mi madre, sin embargo yo sé que si ella me falta podré seguir viviendo, sin embargo si no vuelvo a ver a Tom, moriré lentamente.

Ahora que la esperanza pareciera volverse concreta y palpable entre mis manos, siento la ansiedad, siento miedo de que se escurra por entre mis dedos sin llegar a tomarla y retenerla.

Miro al cielo en este instante, y sé que a pesar de que parezca estúpido, por ahora me consuela estar bajo el mismo sol. De todos modos, Tom no está tan lejos.

[*Sigan el tag*]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Y bien, les dejo el capítulo 18 de este Kare que tanto quiero. Se lo dedico a Princess porque ha pasado muy malos ratos con su PC, con internet y porque está enfermita.</p>
<p>En la mitad del capítulo hay un video que hice yo, que es para contextualizar lo que viene en esa parte. No podía ponerlo al principio ni al final.</p>
<p>Despues del glosario (que está solamente al final), puse tres imágenes del More que usará Tom.</p>
<p>No sé si gustará&#8230; espero que sí&#8230; Todo lo que suceda es porque los personajes lo quieren así.<br />
___________________________________________________________________</p>
<h3 style="text-align: center;"><strong>KARE<br />
El amor junto al coral</strong></h3>
<p><a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-J4ljebNrDFs/TuVJYtBPTzI/AAAAAAAAB1o/tkJPJSTQ9o0/s1600/papeete_scenegfh.jpg"><img style="cursor:pointer; cursor:hand;width: 500px; height: 330px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-J4ljebNrDFs/TuVJYtBPTzI/AAAAAAAAB1o/tkJPJSTQ9o0/s400/papeete_scenegfh.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5685030793375600434" /></a></p>
<p align="center"><strong>CAPÍTULO 18</strong></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Bitácora del Capitán. 26 de Enero de 1920 (después del mediodía)</span></strong></p>
<p>Cómo  cambia el corazón del hombre cuando en su camino, se hacen realidad sus sueños e ilusiones. Todo aquello que antes era fundamental, obvio, y necesario, de pronto queda reducido a tan poco, porque la nueva quimera que ocupa todo el espectro de colores parece absolutamente alcanzable y aunque no lo fuera, no la hace eso menos deseable.</p>
<p>Antes hubiera dado cualquier cosa por estar siempre al lado de mi madre. Incluso estaba convencido que una vez casado con Ann, seguiríamos viviendo en la casa materna. No imaginaba la vida sin ella. Eso era lo fundamental, lo obvio y lo necesario. El verdadero amor era tan sólo una quimera que existía más allá de mi cielo, algo en lo que ni siquiera valía la pena pensar demasiado. No era real.</p>
<p>Luego rocé la muerte. La gélida caricia de las sombras tocó mi alma, y cuando abrí los ojos a la luz a la nueva esperanza, la quimera tan esquiva estaba frente a mí en la forma de un chico hermoso y puro.</p>
<p>No he dejado de amar a mi madre, sin embargo yo sé que si ella me falta podré seguir viviendo, sin embargo si no vuelvo a ver a Tom, moriré lentamente.</p>
<p>Ahora que la esperanza pareciera volverse concreta y palpable entre mis manos, siento la ansiedad, siento miedo de que se escurra por entre mis dedos sin llegar a tomarla y retenerla.</p>
<p>Miro al cielo en este instante, y sé que a pesar de que parezca estúpido, por ahora me consuela estar bajo el mismo sol. De todos modos, Tom no está tan lejos.</p>
<p>Y bien, como esto es una bitácora, y no un libro de pensamientos, dejaré para más tarde algo más de mis reflexiones y en estricto orden cronológico relataré los hechos acontecidos en las primeras horas de este anhelado día.</p>
<p>Ver amanecer, con los ojos muy abiertos, con el corazón latiendo tan rápido. Cada minuto era tan largo que me resultaba asfixiante. Me levanté de la cama y me paré en el balcón para recibir la brisa fresca de la mañana. Me sentía ahogado, me sentía frenético en medio de un mundo paralizado.</p>
<p>Me metí a la bañera, y dejé que mis músculos se reactivaran con el agua helada. Aún no eran las ocho y el calor era insoportable.</p>
<p>Ya estaba casi listo cuando sentí los golpes en la puerta característicos de Georg. Ya me imaginaba lo difícil que era, para mi asistente, levantarse tan temprano. Al abrir la puerta descubrí su rostro sombrío y sus ojos somnolientos. Ya adivinaba sus ganas de protestar por tener que hacer tales sacrificios por mí. De hecho, estoy seguro que no hubiera estado despierto en el umbral de mi puerta si no fuera por Gustav que me sonreía complacido a su lado.</p>
<p>—Buenos días,  amo Bill —. Bien, ya había cambiado el señorito por amo. Sin embargo, no estaba tan convencido de que fuera un avance.</p>
<p>—Buenos días Gustav. Hola Georg ¿durmiendo aún?</p>
<p>—Grrrrrrmmm —fue el gruñido que recibí como respuesta de su parte.</p>
<p>—Y cómo se ve el ambiente allá afuera.</p>
<p>Georg se subió de hombros —, la verdad, es que está todo muy silencioso. Debe ser que todavía duermen.</p>
<p>—Pensé… —dije mientras terminaba de guardar los últimos elementos personales en mi maleta, —pensé que tendría una legión allá afuera de personas dispuestas a retenerme a como diera lugar.</p>
<p>—Sí, es extraño. Es posible que ya todos hayan entendido que su decisión no tiene vuelta atrás.</p>
<p>Recordé la insinuación de mi madre de comprarle un regalo de reconciliación a Ann, y eso le indicaba a mi instinto que no podía ser todo tan fácil —. No creo. Algo se traen entre manos.</p>
<p>—Bill, no necesitas llevar otro jabón más. Ya te puse suficientes en el baúl —, reclamó Georg, apresurándose a cerrar mi maleta. Sin decir nada, dejé a un lado la barra aromática.</p>
<p>Gustav levantó de la cama mi maleta —Aún nos queda un tiempo para desayunar, y Alberta tiene todo listo allá abajo, en la mesa de la cocina. Si no le molesta…</p>
<p>—Oh no, Gustav, está perfecto. Así pasamos algo desapercibidos.</p>
<p>Ellos bajaron sus pertenencias guardadas en baúles más compactos, mi baúl en cambio, era mucho más grande. Llevaba en él además de mis cosas, los regalos para Tom, para Iriti y los demás.</p>
<p>Digamos que el desayuno fue algo que tragué, pero al intentar recordar ahora, no sé muy bien lo que comí. Mis acciones estaban en automático, muchas de ellas, porque mi mente estaba en la isla.</p>
<p>Me despedí del personal de servicio, y partimos, con una sensación extraña en mi vientre, en un auto que había rentado  el día anterior. Algo no estaba como debería estar. Algo me perturbaba y no sabía qué era.</p>
<p>—¿Alguien me puede decir si había algo distinto en la casa?</p>
<p>—¿Algo como qué, amo Bill?</p>
<p>Hice morisquetas y meneé la cabeza —, no sé. Algo… algo que no estuviera en su lugar, algo que faltara. Yo siento, pero no logro ver qué es.</p>
<p>—Difícil saberlo, Bill. Tu madre ha movido todo —respondió Georg.</p>
<p>—Amo Bill, ¿su padrastro iba a salir hoy?</p>
<p>—N-n-no sé ¿por qué lo dices?</p>
<p>—Porque su auto no estaba.</p>
<p>—¡Eso! ¡Eso era! Vaya, Gustav tienes una mente muy despierta. El auto era lo que faltaba. —Exclamé algo preocupado.</p>
<p>Justo en ese momento, el rubio tuvo que hacer una maniobra para esquivar una tortuga que atravesaba el camino. Georg le dio una palmada en la cabeza —¡Pero se nota que Gustav no es perfecto! ¡Casi nos mata!</p>
<p>—No se ponga celoso, señorito Georg. Es usted un hombre refinado, algo que yo no soy.</p>
<p>Yo no pude evitar sonreír. Pero luego mi sonrisa desapareció. —¿Para dónde iría Gordon? ¿Y tan temprano?</p>
<p>—Lo más importante, amo Bill: para qué.</p>
<p>Sin poder llegar a una conclusión coherente, me rendí y dejé de pensar en ese detalle por un momento. Ya íbamos muy cerca del puerto. El mar, rabiosamente azul, contrastaba con las embarcaciones blancas, que descansaban en la bahía de sus viajes interminables por las islas del Pacífico  Sur.</p>
<p>Mi corazón saltó dentro del pecho ante la proximidad de mi partida. Papeete es una hermosa ciudad. Tahití es maravillosa. Pero nada es cabal para mí si no tengo a Tom a mi lado.</p>
<p>Al llegar al muelle, tenía los cabellos erizados por la emoción.</p>
<p>Detuvimos el coche a los pies de la escalinata. Bajamos nuestras cosas, y le entregamos las llaves del vehículo a su dueño que nos esperaba allí.</p>
<p>De pronto escuchamos la voz de Pierre Perreau.</p>
<p>—Mon Dieu! Mon Dieu! ¡Usted es una mujer muy terca!</p>
<p>Uno de los marineros bajó a ayudarnos a cargar nuestros baúles y maletas al barco.</p>
<p>—¿Qué pasa? —Le pregunté, pero al parecer no hablaba inglés y no me respondió.</p>
<p>Cuando llegamos arriba, los gritos de Pierre no habían cesado.</p>
<p>—Monsieur Perreau! ¡¿Qué sucede?! —Grité con el corazón en la garganta.</p>
<p>—¡Su madre, joven Kaulitz, su madre! ¡Se niega a dejar el barco!</p>
<p>—¡¿Qué?! —Yo creí que me desmayaría.</p>
<p>—¡Ahí están en el puente de mando!</p>
<p>Caminé apenas, sintiendo mis piernas a punto de desfallecer en cualquier momento. El umbral de la puerta parecía alejarse a cada paso, y mis ojos  dolían al estar tan abiertos.</p>
<p>Cuando por fin ingresé al puente, una mezcla de rabia, impotencia, miedo y sorpresa hicieron un nudo en mi vientre que  no me dejaba respirar. Un sabor amargo llenó mi boca.</p>
<p>No podía ser tan fácil. Aunque pudiera irme a la luna, no sería lo suficientemente lejos para estar con Tom.</p>
<p>—¡Ma-madre! ¡Qué haces aquí!</p>
<p>—¡He decidido decir <em>me opongo</em> cuando el Padre te esté casando con ese isleño!</p>
<p>Miré a Gordon quien mantenía la vista lejos de la mía. Agachó la cabeza. Se notaba incómodo y molesto.</p>
<p>—Gordon, ¡por qué permitiste que viniera! ¡Tú eres su esposo!</p>
<p>—Es lo que yo le decía Monsieur. Al parecer ella lleva los pantalones, y el hombre de la casa es ella. No había visto a un hombre tan dominado, mon Dieu!</p>
<p>Gordon no dijo nada, y sólo se mantuvo allí esquivando nuestras miradas.</p>
<p>—¿Y qué me dices? —Replicó mamá —. No permitiré que arruines tu vida, no voy a permitir que te cases sin mi consentimiento.</p>
<p>—Mamá, yo no me voy a casar.</p>
<p>—¡Le diré al Padre que te han hecho brujería!</p>
<p>—Mamá, yo no me casaré. No por ahora. No sé si se pueda, de todos modos.</p>
<p>—Entonces cuando el Padre diga: Que hable ahora o calle para siempre, yo les diré, ¡Me opongo, me opongo!</p>
<p>Yo agaché mi cabeza, cerré mis ojos y respiré hondo.</p>
<p>—Mamá, escúchame. Yo no me voy a casar, tampoco hay Curas allá. Madre, es sólo la presentación de Tom según sus tradiciones porque en unos años será el rey.</p>
<p>—¿No hay Curas? —Negué con la cabeza. —¿No te vas a casar? ¡Pero él te tiene hechizado!</p>
<p>—Estoy enamorado, que es muy diferente. —Me acerqué hasta mi padrastro —. Gordon, ¿por qué permitiste esto? —No acababa de hablar cuando veo aparecer por la puerta a Ann, y a sus padres. —¡Y por qué no invitaron a los vecinos también! —Vociferé para que me escucharan incluso en la Antártica. Ahora sí que estaba indignado.</p>
<p>—¡Joven Kaulitz! —Llamó el padre de Ann, y gesticulando teatralmente continuó —¡Es menester de los hombres de bien, llamar a la cordura a los más jóvenes! Como usted no ha entendido, nosotros todos, lo acompañaremos, ¡y le demostraremos in situ!, que usted está cometiendo una locura que podría llevar su vida al desastre. ¡Ah y de paso debo darles las excusas del doctor que no ha podido acompañarnos, ya que ha debido regresar a Sidney para atender a uno de sus pacientes!</p>
<p>Yo me quedé boquiabierto. Pestañeé varias veces Seguramente estaba soñando.</p>
<p>—¡Ja! Menos mal, mon Dieu. Porque un poco más, y nos hundimos por sobre peso. —Replicó el capitán.</p>
<p>—¡¿Es que ustedes se han vuelto locos?! ¡¿Acaso imaginan que ahora yo diré: Ah bien, hasta aquí llegamos, regresemos con todo a la villa y luego nos vamos a Sidney?! ¿Qué se les pasó por la mente cuando decidieron venir hasta acá?</p>
<p>El padre de Ann se subió de hombros —Acompañarte. Por ahora no podemos hacer más.</p>
<p>Yo miré a Georg que parecía estar en estado de ensoñación una vez más. No decía nada, ni me daba ideas.</p>
<p>—Amo Bill, si usted acepta mi humilde consejo…</p>
<p>—Claro que sí Gustav, es lo que estoy esperando.</p>
<p>—Usted haga lo que ya ha decidido. Véalo como si fuera una tormenta. Hay que pasarla, a veces se tiene la bendición de poder evitarla, pero una vez que está allí, no queda más que enfrentarla y continuar con su plan de viaje, hasta las últimas consecuencias. Ellos lo quieren acompañar, pues que lo hagan. En la isla hay autoridades quienes señalarán a quiénes desean allí y a quiénes no… supongo.</p>
<p>Georg le dio una mirada asesina a Gustav. Qué puedo hacer. Gustav es un hombre asertivo, e inteligente. Georg es una princesa.</p>
<p>—Tienes razón, olvidé que en la isla hay personas que podrán decidir también lo que desean. ¿Bien, Capitán? Yo digo que partamos ya. Si ellos quieren ir, que vean por ellos, nosotros no nos preocupemos. Nuestras raciones, son eso, nuestras.</p>
<p>—No te preocupes por nosotros Bill —me cortó Ann —, hemos traído lo necesario, y también pensamos darle algún dinero al capitán. No somos polizones.</p>
<p>Digamos que no me sentí triste por haber ofendido sensibilidades. Así que sólo me di la vuelta, y acompañé al capitán para ayudarle a zarpar.</p>
<p>Desde entonces nos hemos dedicado a poner este lindo barco en marcha. Me quedé en la cubierta mirando el contorno de Tahití, de las casas de Papeete que cada vez se hacían más pequeñas.</p>
<p>Estaba decidido a no dejar opacar mi felicidad con un contratiempo como éste. Horas más tarde nos sentamos a comer, mis hombres y yo. De mi loca familia no quise saber. No volví a cruzar palabras con ellos hasta ahora, que me he sentado en cubierta a escribir estas líneas.</p>
<p>En mi mente cabe un único pensamiento: Volver a ver a Tom.</p>
<p>Sólo hay un detalle que me perturba, y me saca de mi estado de ensueño en este momento; son esas nubes allá en el horizonte.</p>
<p>El capitán se acercó y se sentó a mi lado —, por ahora hay una cosa que me vuelve más loco que su familia, Monsieur —me dijo con su marcado acento francés, notorio incluso para mí que no soy un nativo hablante del inglés —. Y son esas nubes que se ven a lo lejos —me indicó con su pipa.</p>
<p>Yo asentí —, lo sé; es lo mismo que me ha inquietado.</p>
<p>—No estoy preocupado por el barco; es nuevo, puede soportar casi cualquier cosa. Pero nos retrasará, Monsieur Kaulitz.</p>
<p>Suspiré —. Bien, es algo que deberemos afrontar en su momento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>—Yo creo que cuando vea a Bill se me va a olvidar todo el alemán que he practicado.</em></p>
<p><em>Teva cerró los ojos, anhelante —Es exactamente lo que le he rogado al cielo.</em></p>
<p><em>—Comencemos otra vez.</em></p>
<p><em>—Tom.</em></p>
<p><em>—Ya ves que puedo concentrarme al mismo tiempo que armo la hare. —Teva suspiró resignado. —Allerdings!<a title="" href="#_edn1"><strong>[i]</strong></a>, Also gut<strong>!<a title="" href="#_edn2"><strong>[ii]</strong></a> </strong>Verstehen Sie?<a title="" href="#_edn3"><strong>[iii]</strong></a> Könnten Sie das bitte wiederholen?<a title="" href="#_edn4"><strong>[iv]</strong></a></em></p>
<p><em>—Bueno, esas expresiones podrían serte útiles.</em></p>
<p><em>—¿Las digo bien? —preguntó Tom con ojitos ilusionados.</em></p>
<p><em>—Bastante bien. </em></p>
<p><em>Tom sonrió satisfecho. —Willst du mit mir verraumen?</em><a title="" href="#_edn5">[v]</a><em></em></p>
<p><em>—Ina! Ina! ¡Tom, esa no!</em></p>
<p><em>—¡Pero por qué no!</em></p>
<p><em>—Porque estás diciendo algo sucio.</em></p>
<p><em>Tom frunció el ceño —¿Cómo sucio?, significa que algo está sucio, ¿eso me  quieres decir?</em></p>
<p><em>—Tom me refiero a algo como… Cuando dices eso estás preguntando si Bire dormirá contigo.</em></p>
<p><em>—Pero Bire ya ha dormido conmigo.</em></p>
<p><em>—No, Tom. No así. Me refiero a… ya sabes.</em></p>
<p><em>Tom meneó la cabeza —No sé.</em></p>
<p><em>—A dormir contigo, pero de esa otra forma.</em></p>
<p><em>Tom se quedó pensando un segundo —, ¡Ah! —se sonrojó. —Menos mal que me advertiste a tiempo —. Luego recordó cómo es que la había aprendido —, ¡Teva! ¡Tú me lo enseñaste! —lo señaló con el dedo.</em></p>
<p><em>—Ina! Ina! No mal interpretes los hechos. Yo lo dije de broma, y yo no contaba con tu buen oído, y tu buena memoria.</em></p>
<p><em>El príncipe exhaló el aire de sus pulmones con un fuerte sonido, y estiró sus labios en un pequeño puchero —, y era tan bonita…. Suena bonita esa expresión ¿verdad? Willst du mit mir verraumen… Ya me la había aprendido muy bien… —Se subió de hombros —, pero aún me quedan otras: Willst du mir eine runterhollen?</em>[vi]</a><em>, du geilst mich auf!!!</em>[vii]</a>, <em>ich will mit dir muckeln</em>[viii]</a><em>  —Teva estaba en estado catatónico. No podía creer que Tom se hubiera aprendido tan fácilmente esas frases —Die habe aber gutes titten!</em>[ix]</a><em></em></p>
<p><em>—¡NO! Tom, esa no. Se refiere sólo a las mujeres, ¿recuerdas la anécdota que te conté? Me la enseñó mi amigo Ralph, porque había una chica con… —y puso sus manos como si sostuviera dos balones a la altura de su pecho.</em></p>
<p><em>—Oh sí, ya recuerdo. —Tom se volvió a sonrojar — Bien, entonces la descarto.</em></p>
<p><em>—¿Cómo es que te la aprendiste tan rápido?</em></p>
<p><em>Tom se subió de hombros otra vez —. No sé. —Arrugó su frente, pensando y de pronto abrió los ojos: —SMOLL HIER!!<strong>[x]</strong></a> Esa puede servir para cuando comamos.</em></p>
<p><em>Teva rodó los ojos —No Tom. Esa frase no sirve para las comidas… —Teva meneó su cabeza.</em></p>
<p><em>—¿Pero es que nada me sirve? Yo quiero decirle cosas bonitas. </em></p>
<p><em>—Más bien recuerda las que pueden ser útiles.</em></p>
<p> <em>Wie geht es Ihnen?</em>[xi]<em>, </em> <em>Wie geht es dir?</em>[xii]</a></p>
<p><em>Teva asintió aliviado —, eso está mucho mejor —dijo.</em></p>
<p><em>Su primo sonrió feliz —, Ich kann nicht so gut Deutsch sprechen</em><em><strong>[xiii]</strong></em></a><em>… mmmm, déjame recordar… —, chasqueó los dedos —¡Ah ya! J</em><em>etzt</em>[xiv]</a><em>, bitte<strong>[xv]</strong></a>, Dein ist mein Herz</em>[xvi]</a><em>, ohne dich ist mein Leben sinnlos<strong>[xvii]</strong></a></em></p>
<p><em>—Mejorando.</em></p>
<p><em>—¡Bien, sigamos entonces! —exclamó Tom entusiasmado.</em></p>
<p><em>El joven Petero se asomó por una de las esquinas de la casa que estaban armando  —Tom, tu padre está preocupado por la tormenta que se ve en alta mar.</em></p>
<p><em>Tom resopló —, déjame ver, vamos Teva. Subamos hasta el monte, y así sabremos si los vientos la empujan hasta acá.</em></p>
<p><em>—O si es muy grande. —Reflexionó Petero.</em></p>
<p><em>Tom se estremeció. Sabía que la isla no soportaría otra tormenta igual. Aún no se habían recuperado. Demorarían varios meses en hacerlo, y otra tormenta intensa sólo empeoraría las cosas.</em></p>
<p><em> —Sería una mala señal de los dioses. —concluyó Tom.</em></p>
<p><em>Los tres chicos subieron hasta el monte. Luego de varios minutos pudieron avistar el oscuro muro de nubes que caía sobre el mar, a muchos kilómetros de allí.</em></p>
<p><em>—Tom, creo que nos pasa de largo. Mira —Teva apuntó hacia el sur que estaba claro y despejado, igual que en la isla. —El viento viene del sur, y el sol no tiene ese círculo a su alrededor —Teva se refería a aquel resplandor multicolor como un arcoíris que se ponía alrededor del sol cuando habría tormenta.</em></p>
<p><em>—Creo que tienes razón. Esa tormenta va desde el Oeste hasta lo profundo del mar. No pasará por acá. ¿Qué opinas Petero?</em></p>
<p><em>—E’e. No se acercará. Tranquilicemos al rey. Estoy seguro de que acá no habrá tormenta.</em></p>
<p><em>Tom se quedó mirando hacia el horizonte del norte,  lleno de nubes negras. Apoyó las manos en sus caderas, y resopló —Ich riebe dich.</em></p>
<p><em>—Liebe, liebe dich.</em></p>
<p><em>—Por eso, Teva. Lo dije perfecto.</em></p>
<p><em>Teva rodó los ojos.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>ººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
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<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Bitácora del Capitán. 27 de Enero de 1920 (al amanecer)</span></strong></p>
<p>A medida que nos acercábamos al foco de la tormenta, las olas se hacían cada vez más intensas. Ann, ya había vomitado todo lo que había desayunado y almorzado, y se lamentaba por haber venido, por haber seguido a Simone en esta locura.</p>
<p>Para ellos era una locura. De eso no cabían dudas. Era un viaje sin sentido, no carente de riesgos. Era sencillamente una estupidez.</p>
<p>Distinto era mi caso, obviamente. Este era el viaje de mi vida, sin el cual cada día no tendría sentido, ni motivo, porque una parte de mí seguía en la isla. Mientras tanto, me sentía mutilado, cercenado, dividido, y sólo podría sentirme completo junto a quien le daba sentido a mi existencia.</p>
<p>No voy a pretender que estas horas no han tenido su cuota de terror para mí. El trauma del naufragio ha seguido atormentándome de vez en cuando. Mientras estuve en la isla, esto casi no se hizo notar en mis pensamientos. Pero desde que estoy lejos de allí, el recuerdo amargo de haberme sentido ad portas de la muerte me ha hecho sentirme débil, frágil. No lo he comentado con nadie, porque sé bien que la cura para todos mis males está en la isla. En ese pedacito de paraíso.</p>
<p>Me he entretenido en estas horas, viendo cómo Gustav le otorga a Ann la misma dedicación que a mi persona. Con la diferencia que Ann, entre los vómitos y las náuseas, no logra encontrarle lo divertido a tanta atención. Por un lado, me entristecía el desdén con el cual ha tratado al mecánico, pero al mismo tiempo me ha complacido ver que para Gustav no es importante, y éste no se ha dejado influenciar por ese tratamiento.</p>
<p>Curioso, le pregunté: —¿No te molesta que ella te trate con tanto desprecio?</p>
<p>—Soy libre, señorito Kaulitz —, de acuerdo, ya había regresado a ser el <em>señorito</em>. Decidí que no era significativo. Que Gustav me llamara como quisiera, por mí estaba bien.</p>
<p>—No entiendo. ¿Libre cómo?</p>
<p>—Si yo me permito sentirme ofendido, le estoy dando a ella el poder de herirme. Y eso sí que no es justo. Y como soy libre, yo actúo en consecuencia según lo que me dicta mi conciencia, y no reacciono. Es muy fácil reaccionar, los animales reaccionan. Actuar requiere de un dominio, de saber exactamente quién eres y por qué haces cada cosa. Si ella me llamara: <em>poca cosa; </em>no tendría importancia porque sé que no es verdad. Su opinión sobre mí no cambiará mi propia visión de mí mismo, no dejaré de ser quien soy, ni se podrá borrar mi historia de vida sólo porque ella me ha llamado de cierta manera. Y al no cambiar mi temperamento de acuerdo al de ella, le estoy enseñando quién soy realmente, y llegará a respetarme.</p>
<p>Me había vuelto a dejar sin palabras. Y yo muy idiota, le respondí: —¡Oh! —Él esperó que yo diera mi opinión, y al no hacerlo,  me miró con extrañeza. Así que hice un esfuerzo, y puse a trabajar a mi cerebro. Preferí ser sincero con mis sentimientos —. Qué quieres que te diga. Me dejas anonadado.</p>
<p>—Aunque debo confesar que detrás de todo esto hay un motivo.</p>
<p>—Bueno, —dije dudando un poco —siempre hay un motivo.</p>
<p>—Ella me gusta. Y aunque conozco perfectamente mi posición en esta sociedad, tengo la esperanza de que iremos a un lugar donde estas convenciones no tendrán relevancia. Sólo se lo digo porque usted ha sido su prometido por largo tiempo, y no me parece respetuoso de mi parte tomarme atribuciones, sin darle las debidas explicaciones que usted se merece.</p>
<p>—¡Oh no, no! Ella no es nada mío. Lo que haga o deje de hacer no tiene relación con mi persona, ni con mis proyectos.</p>
<p>Gustav hizo una reverencia —, me parece. —Se dio media vuelta y regresó a sus quehaceres.</p>
<p>Pensé que Gustav, con un poco más de dinero y de poder, sería una persona importante que podría dejar además un gran legado. Era tan joven como yo, pero parecía un viejito sabio.</p>
<p>Me quedé haciendo guardia sin quitar mis ojos de la cubierta cerca del capitán.  Mi madre comenzó a sentir los malestares también; Gordon y el padre de Ann, lucían un bello matiz verdoso en sus caras, pero ninguno llegó a vomitar.</p>
<p>El vaivén del barco se hizo cada vez más violento. Nosotros aseguramos las amarras de la carga, y revisamos que todo estuviera en orden para evitar desastres. Lo que me preocupaba antes de eso, era que la carga no estuviera repartida de manera homogénea, pero luego al revisarla y re acomodar lo que no estaba tan bien asegurado, y de fortalecer los puntos débiles, me he quedado mucho más tranquilo.</p>
<p>Casi al finalizar la tarde, la tormenta nos alcanzó con toda su fuerza.</p>
<p>Mi madre y Ann rezaban en uno de los camarotes. Gordon y los señores John-Smith se nos unieron en el puente, y varias veces se estremecieron al ver caer un muro de agua justo frente a sus ojos. Las olas de unos nueve metros nos hacían mecer como si fuéramos una hojarasca. La espuma blanca era un velo que se empecinaba en cegarnos cada vez que caía implacable sobre nosotros, mientras inmensas montañas de agua oscura se erguían por los costados del barco, para luego elevar la proa del barco hasta la cima, empinándonos en un ángulo imposible, dejándonos caer después en un abismo tenebroso.</p>
<p>Se me encogía el corazón cada vez que nos sentíamos hundir en medio de aquellas olas gigantes. Aquella manera impresionante que tenía el agua de jugar con nuestra fortaleza emocional, era una tortura cruel, casi insoportable.</p>
<p>Sin embargo, para mí todo tenía sentido. No podía volver a la isla sin pasar por aquella limpieza de espíritu que me regalaba la naturaleza a través de una tormenta, tal como ocurrió la primera vez.</p>
<p>—Con esta tormenta es más lo que retrocedemos de lo que avanzamos, joven Kaulitz.</p>
<p>—Capitán, lo importante es que la tormenta no durará por siempre —, dije todo optimista.</p>
<p>—Nosotros tampoco, Monsieur Kaulitz —. Vaya, qué manera de joderle a uno las esperanzas y el entusiasmo. —¿Cómo lo hace usted para escribir con tanto bamboleo?</p>
<p>—Es muy importante para mí, Capitán Perreau, registrar los hechos trascendentales de mi travesía por esta vida.</p>
<p>—En caso de naufragio esa cosa no sobrevivirá.</p>
<p>Ya me estaba molestando este hombre —. Para su información, este cuadernillo ya sobrevivió a un naufragio.</p>
<p>—¿Usted naufragó?</p>
<p>—En la tormenta de hace unas tres o cuatro semanas atrás, yo participaba en la competencia de veleros Sidney-Islas Fidji.</p>
<p>—Mon Dieu! ¡Pero si esa tormenta ha sido una de las más fuertes de los últimos años! Fue muy afortunado en salir vivo de ella. En la última tormenta de hace unos días, muchas embarcaciones se perdieron también.</p>
<p>Yo meneé la cabeza —, era de suponerse. Esa tormenta fue un monstruo. Esta parece una leve brisa comparada con aquella.</p>
<p>—Oui, Monsieur. Usted tiene razón.</p>
<p>Las horas siguientes sólo empeoró. El mar se colaba por la cubierta hacia los pasillos, y el ulular del viento casi no permitía escuchar nada más. A medida que la noche avanzaba, el agua antes azul gris, ahora era un telón negro que subía y bajaba, y que se recortaba contra el cielo gris oscuro. Dificultosamente lograba el barco mantener las luces encendidas. Casi todos estaban aterrados, menos el Capitán Perreau quien parecía disfrutar con un placer masoquista cada embestida del mar. Lanzaba gritos de vez en cuando que sólo lograban alterar más aún a Georg. Gustav se mantenía incólume, parado allí cual estatua, como si afuera no pasara nada.</p>
<p>Gordon y el padre de Ann, por su parte, no habían perdido su saludable color verde, y sólo el miedo les frenaba el reflejo del vómito que insistía en querer asomarse por sus gargantas.</p>
<p>Yo, ya no tenía miedo. O más bien, mi miedo era distinto. No temía por mí, no, para nada. Sólo me aterraba que el infortunio me impidiera cumplir mi promesa de volver a ver a Tom. Nada más tenía valor para mí. El resto de las cosas que la vida me presentaba eran simples decoraciones de un escenario al servicio del acto más glorioso en una obra maestra.</p>
<p>Ninguno de nosotros ha dormido. Si acaso las mujeres, que se han arrepentido mil veces de haber venido en esta aventura, que pensaron, sería como ir de compras a la tienda favorita de mamá. Al parecer el miedo cedió al cansancio, y se han quedado dormidas al filo del amanecer, hora en que por fin amainó la tempestad.</p>
<p>Ahora contemplo el cielo gris azulado, que comienza a teñirse de tonos más intensos a medida que los primeros rayos del sol se asoman por sobre las nubes, único residuo que ha quedado de una tormenta feroz.</p>
<p>Allá en el horizonte, más allá del horizonte se encuentra mi hogar, mi casa, mi alma, mi amor.</p>
<p>¡Cómo quisiera imprimirle mayor velocidad a este barco! Desde ahora los minutos, los segundos y los momentos se harán largos y lentos.</p>
<p>&nbsp;</p>
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<p><em>Tal como lo habían supuesto, la tormenta siguió su rumbo por alta mar hasta perderse en los confines del océano. </em></p>
<p><em>Cuando aún el sol no aparecía, Tom abrió sus ojos. Hacía demasiado calor. La noche había estado insoportable, y a pesar del monoi, los mosquitos cenaron a todo gusto a costa de los isleños.</em></p>
<p><em>Tom ya estaba harto de la noche. Él sólo quería que llegara el día porque de esa manera podría ver como el tiempo volaba, pues mientras más rápido se consumiera, más pronto vería a Bill.</em></p>
<p><em>Tomó su monoi, y partió monte arriba en busca de las frescas aguas de sus lagunas transparentes que parecían querer tocar el cielo. </em></p>
<p><em>En solitario recorrió el mismo camino que hace unas semanas le mostrara a Bill. Caminando entre helechos, palmeras, y coloridas matas de flores; aprovechó las pocas horas que quedaban antes de que el sol y el calor abrasante envolvieran todo y a todos.</em></p>
<p><em>Al llegar a la cumbre, se despojó de sus ropas, y se deslizó suavemente en las agradables aguas de la laguna más grande y profunda. En ella podría nadar a gusto, y luego bajar por las orillas escarpadas de la corriente que descendía al final en forma de cascada.</em></p>
<p><em>Tom había contemplado extasiado la belleza verde esmeralda de su pequeño futuro reino, rodeado del espejo turquesa que comenzaba a llenarse de pescadores y de niños juguetones. Volvió sus ojos a la trasparencia que le envolvía el cuerpo y recordó a Bill. Extendió su mano, y cerró sus ojos. Parecía ayer. No. Parecía como si hubiera sucedido hace unos instantes cuando lo tuvo en esas mismas aguas frente a él, cerca de él, tan arrebatadoramente hermoso, con su piel húmeda y su mirada inquisitiva y perturbadora. </em></p>
<p><em>Cerró sus ojos y sonrió. Un dolor que, sin embargo, no le permitía sufrir. Al contrario, le llenaba de emoción, sacudía sus entrañas y subía como un calor que  encendía su pecho y luego  su cara. ¡Cuánto deseaba verlo!</em></p>
<p><em>Sus ojos se llenaron de lágrimas —. Bire —, susurró. Y se esforzó por revivir la sensación de los labios de su amado en su boca —. Bire —, repitió. Luego de eso, esparció monoi por todo su cuerpo, y disfrutó por un momento más de la laguna.</em></p>
<p><em>El resto del día transcurrió para él muy apacible, contrastando visiblemente con la algarabía de las mujeres y algunos hombres que continuaban  con el teñido de sus pareos y los more que vestirían en la ceremonia del día siguiente. Rojo y verde señalaba la tradición: la sangre y el verde de la isla. Los dos principales elementos que le daban vida a Motu Nui.</em></p>
<p><em>Para Tom los instantes que se sucedían uno tras otro sólo le permitían estar más cerca de Bill. Hoy había comenzado su preparación para su gran día. Se había acicalado, y su cabello lucía esplendoroso. Descansó lo mejor que pudo, pues dormir era toda una proeza. Desde que Bill se fue, dormir era una pérdida de tiempo. No le permitía estar vigilante hacia el horizonte.</em></p>
<p><em>Pero ahora, extrañamente, se permitiría descansar.</em></p>
<p><em>El sol del mediodía caía despiadado sobre la islita. El viento sólo movía las ramas y las copas de los árboles, pero era incluso más desesperante que el mismo sol. Los isleños estaban perezosamente recostados por doquier, esperando que el frescor de la tarde les permitiera realizar las labores que el calor les impedía realizar. </em></p>
<p><em>Los más valientes jugaban con los delfines en la laguna cerca del arrecife, dejando que el sol candente les dorara la piel. Bañados en monoi, se protegían bastante bien, aunque era obvio que sus pieles estaban hechas para soportar tal clima. Pero Tom no, siempre fue más delicado al respecto, así que todos en la isla esperaban que se protegiera más de lo que lo hacían los demás isleños. Después de todo, Tom era encantadoramente similar y al mismo tiempo, diferente. Y así lo amaban.</em></p>
<p><em>—¿Hoy no practicarás tu alemán, padre?</em></p>
<p><em>Tom entreabrió un ojo, torciendo una sonrisa en su boca —, creo que por hoy voy a descansar. Además se me ocurre que contando el escaso día que me queda hasta la presentación, no creo que más práctica vaya a ser una gran diferencia.</em></p>
<p><em>El chiquito se levantó de hombros —, pero se me hace extraño verte descansar a esta hora del día. Siempre estás haciendo algo. No estás enfermo, ¿verdad?</em></p>
<p><em>Tom estiró su brazo y agarró al pequeño jalándolo hacia él. Iriti se recostó en su pecho con un gran suspiro —. Deja esos miedos. A mí no me pasará nada. Te acompañaré hasta que seas un hombre grande con esposa e hijos. </em></p>
<p><em>—Podría encontrar un esposo, y no una esposa.</em></p>
<p><em>Tom acariciaba el largo cabello de su Iriti —Creo que es muy pronto para saberlo.</em></p>
<p><em>—Verdad. Me falta mucho tiempo. Aún soy muy pequeño para sufrir por amor.</em></p>
<p><em>—El amor no necesariamente es sufrimiento Iriti.</em></p>
<p><em>—Creo que a mí me gustan los amores sufridos, papá. Tienen más sustancia.</em></p>
<p><em>Tom se rió de buena gana.</em></p>
<p><em>No volvieron a hablar y ambos se sumieron en un relajante sueño.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>ººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Bitácora del Capitán. 27 de Enero de 1920 (pasado el mediodía)</span></strong></p>
<p>Escribo brevemente.</p>
<p>Este barco demanda mucho trabajo, y hemos tenido que arreglar algunos problemas en la carga. Debo confesar que recién ahora me preocupa la manera en que cargaremos la madera en los botes.</p>
<p>Es muy gracioso darme cuenta, cómo he llegado a idealizar este día.</p>
<p>Me visualizaba a mí mismo todo perfecto para Tom. Con el flequillo de mi cabello cayendo por mi frente como se supone que lo haría en un galán de cine. Mi ropa bien colocada, sin una arruga. Mi piel lozana, todo yo muy limpio,  sin ni un poco de arena en mis zapatos. Sí, todo perfecto.</p>
<p>Pero la cruel realidad se burla de mí. Aquí estoy, con mi cabello que da pena, con las mechas para cualquier lado. Mi rostro pálido, algo demacrado, con unas ojeras que mejor ni las describo. Mi ropa colocada sobre mi cuerpo sin ningún glamur, cumpliendo apenas con su misión de cubrir mi desnudez. Llena de arrugas, manchas, y hasta un bolsillo rasgado, detalle que me gané al intentar arreglar un tablón que se había corrido amenazando con desestabilizar toda la carga.</p>
<p>De todos modos, ¿será muy ambicioso de mi parte querer estar medianamente presentable para el amor de mi vida?</p>
<p>Podría mejorar mi presentación, y creo que de todos modos lo haré dentro de una hora. La cuestión es que con todo el proceso de desestiba, volveré a quedar en estado deplorable.</p>
<p>Pero bueno, Tom me conoció con peores fachas.</p>
<p>El día ha estado maravilloso. Los delfines nos han acompañado gran parte del día. El mar ya está muy calmo, y hemos recuperado velocidad, a pesar de que el viento del sur crea resistencia.</p>
<p>Mi madre se ha sentado un momento junto a mí, comentando el paisaje. Yo le he seguido la conversación, me parece que ella intenta hacer un esfuerzo. Es mi madre, y debo conservar mi esperanza con respecto a ella.</p>
<p>Como Ann ya no vomita, está menos hostil que ayer, y Gustav ha podido complacerla en cada cosa que ha querido. A mí se me cruza por la mente que el amor busca su propio camino, es una flor que florece entre rocas y entre desiertos estériles. ¿Por qué no podría ella interesarse en Gustav? Sin duda sería como un cataclismo para los John-Smith. Pero cuando el corazón habla, el resto del mundo debe callar.</p>
<p>Debo admitir que estas ideas son algo apresuradas, pero me he vuelto un romántico perdido, y creo que todos merecen tener amor en sus vidas. Eso es indudable.</p>
<p>Me he acercado al capitán, y le he hecho la pregunta que hace que mis tripas se retuerzan de los nervios: —¿Cuánto falta?</p>
<p>—Eso le iba a decir, Monsieur. Calculo que no demoraremos más de dos horas en llegar.</p>
<p>Un arcoíris de colores invadió mi mente y mis sentidos. Los olores y sabores que me llevaban hasta la isla regresaron de golpe a mi memoria. Me he sentido apabullado, y sólo pude asentir. Estaba emocionado.</p>
<p>Tom, ya estamos tan cerca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>ººº<strong><span style="text-decoration: underline;">(A media tarde)</span></strong>ººº</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y no pude evitarlo. Me he duchado. He quedado… mmm decente. Me he rasurado cuidadosamente, y ya me veo más prolijo. Abro la botellita con monoi, y el cuarto de baño se llena de aquellos aromas tan evocadores. Me siento lleno de esperanzas.</p>
<p>Los muchachos ya comenzaron los preparativos para realizar la ardua labor que nos espera.</p>
<p>Yo estoy demasiado activo. Escribo un poco aquí, luego hago otras cosas, regreso a la bitácora, continúo organizando la descarga que comenzará apenas lleguemos a la isla.</p>
<p>ºººº</p>
<p>Tiemblo de emoción. Hace escasos cinco minutos, el capitán me ha llamado al puente.</p>
<p>—Allí está —me ha dicho.</p>
<p>Y se me detuvo el corazón, creo. No sé si él me dijo algo más. Yo sólo pude ver la silueta perfecta de mi isla amada sobre el azul asombroso del cielo y el mar.</p>
<p>ºººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººººº</p>
<p><em>Herenui había llamado a Tom para que se probara uno de los tocados que su padre había hecho, y el more que le hacía juego. </em></p>
<p><em>El tocado en cuestión era una mezcla perfecta de plumas rojas con perlas negras. Tom se hizo una media cola arriba, dejando que el resto de su cabello suelto cayera suavemente por sus hombros. Luego se quitó su pareo y se colocó el more, cuya característica principal era que cruzaba su entre piernas, cayendo a un lado como un pareo tradicional corto, pero por la pierna contraria se asemejaba a un pantaloncillo corto  ajustado. También era de colores rojizos con manchones negros.</em></p>
<p><em>—Te ves hermoso hijo. —Su madre estaba complacida con el  more. El Ariki, estaba radiante por lo perfecto que se veía ese tocado en la cabeza de Tom.</em></p>
<p><em>—No hay otro príncipe más apuesto en todos los mares del sur —, dijo orgulloso el Ariki.</em></p>
<p><em>Tom sonreía algo avergonzado por tanto piropo. Sus padres nunca eran tan explícitos con ese tipo de cosas.</em></p>
<p><em>—Estamos muy orgullosos de ti hijo.</em></p>
<p><em>—Gracias madre. Me siento agradecido por estos magníficos regalos. Gracias padre.</em></p>
<p><em>El rey asintió sonriente.</em></p>
<p><em>De pronto, el alboroto allá afuera rompió el hechizo de aquel momento.</em></p>
<p><em>—Algo pasa —, dijo el Ariki. —¡¿Qué es?!</em></p>
<p><em>—Ariki Nui! ¡Un barco, un barco! —gritó uno de los jóvenes.</em></p>
<p><em>—¿Llegaron los comerciantes?</em></p>
<p><em>Entre los jóvenes apareció uno de los del Consejo —, ina! No son ellos. Este barco es más grande.</em></p>
<p><em>Tom se había quedado paralizado, pensando en la posibilidad de que fueran los comerciantes quienes habían regresado, pero al oír las palabras de Tane, salió de la hare corriendo a lo que más daban sus pies.</em></p>
<p><em>No quería pensar. No quería hacerse ilusiones. No quería enfrentar el hecho de que no fuera el barco que tanto esperaba.</em></p>
<p><em>Corrió hasta la playa, a donde todo el mundo se dirigía.</em></p>
<p><em>Detuvo su carrera en las arenas blancas un poco antes de tocar el mar.</em></p>
<p><em>Al ver la silueta del barco, retuvo el aire en sus pulmones. Ese barco no era el de los comerciantes. Definitivamente.</em></p>
<p><em>—¡Mira Tom! Del barco están saliendo botes. —Dijo uno de los jóvenes. Tom soltó el aire, y le dolió el pecho al hacerlo.</em></p>
<p><em>Los minutos se hicieron interminables mientras veía los botes acercarse con cierta lentitud. Exigía a sus pupilas lo imposible: poder distinguir las figuras que se aglutinaban en los botes. Tom creía que en cualquier momento perdería el sentido. Su corazón latía tan velozmente que a su respiración le costaba seguirle el ritmo.</em></p>
<p><em>—Tom —, dijo simplemente su padre, mientras apoyaba su mano en el hombro del chico.</em></p>
<p><em>Eso alivió al muchacho. Sabía que su padre estaría ahí con él para darle el consuelo que necesitara en caso de…</em></p>
<p><em>Sus ojos escrutaban rápido cada bote. Buscaban entre las figuras aquella que tanto deseaban ver. Sus ojos se concentraron en los dos primeros botes que se acercaban rápidamente a la playa. Detallando a las personas que venían allí. Pudo distinguir a una mujer y a un hombre con barba.</em></p>
<p><em>Tan pendiente estaba por comprender lo que veía, que no reparó en aquella otra figura de camisa clara que se había arrojado de su bote mucho antes de dejar el agua, y  corría dando grandes zancadas para aumentar su velocidad.</em></p>
<p><em>Tom aún veía sólo a las otras personas que comenzaban a bajarse de los botes que se habían detenido muy cerca de él. Dos mujeres con atuendos extraños los miraban con una expresión indescifrable.</em></p>
<p><em>Los hombres se acercaron, intentando detener a las mujeres que, llamadas por la curiosidad, se habían acercado demasiado a los isleños. </em></p>
<p><em>Ninguno de ellos era el ser amado. Y Tom se sintió frustrado.</em></p>
<p><em>Entonces, un grito a cierta distancia le sacó de sus pensamientos, y al fin reparó en la estilizada figura que corría por la orilla de la playa —¡Tom!</em></p>
<p><em>Tom vio aparecer por entre sus sueños y sus fantasías, la imagen real del que tanto amaba —¿Bire? —susurró.</em></p>
<p><em>Lo vio acercarse, sonriente, feliz. Justo, frente a él, a un paso de distancia estaba el que se había alejado por tantos días.</em></p>
<p><em>—Iorana, mahatu —, saludó Bill. Tom sonrió mientras sus ojos se humedecían. Bill se aproximó un poco más hasta estar a escasos centímetros de su príncipe —</em> <em>Pe he Koe?</em></p>
<p><em>Tom tenía tanto que decir, pero sólo se quedó allí viendo cómo la mano de Bill se acercaba hasta su rostro y lo acariciaba tiernamente. Tom envolvió la mano de su amado con la suya, y apegó aún más su rostro, mientras cerraba sus ojos, y en un murmullo sólo pudo decir: —Mahatu.</em></p>
<p>______________________________________________________________</p>
<p>[i] Allerding!: ¡Ya lo creo!  [ii]</a> Also gut!: ¡Qué bien!</p>
<p>[iii]</a> Verstehen sie?: ¿Entiendes?</p>
<p>[iv]</a> Könnten Sie das bitte wiederholen?: ¿Podrías repetírmelo?</p>
<p>[v]</a> Willst du mit mir verraumen?: ¿Quieres follar conmigo?</p>
<p>[vi]</a> Willst du mir eine runterhollen?: ¿Quieres hacerme una paja?</p>
<p>[vii]</a> du geilst mich auf: Me pones caliente</p>
<p>[viii]</a> ich will mit dir muckeln: Quiero acostarme contigo</p>
<p>[ix]</a> Die habe aber gutes titten!: ¡Qué buenas tetas tienes!</p>
<p>[x]</a> SMOLL HIER!: ¡Chupa aquí!</p>
<p>[xi]</a> Wie geht es Ihnen?: ¿Cómo estás?</p>
<p>[xii]</a> Wie geht es dir?: ¿Cómo estás?</p>
<p>[xiii]</a> Ich kann nicht [so gut] deutsch sprechen: No hablo tan bien el alemán.</p>
<p>[xiv]</a> Jetzt: Ahora   [xv]</a> Bitte: Por favor</p>
<p>[xvi]</a> Dein ist mein Herz: Tuyo es mi corazón</p>
<p>[xvii]</a> Ohne dich ist mein Leben sinnlos.: Sin ti mi vida no tiene sentido.</p>
<p>[xviii]</a> Pe he Koe?: ¿Cómo estás?<br />
___________________________________________________<br />
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		<title>Freiheit  Cap. 4  by MoonChild</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2011/12/freiheit-cap-4-by-moonchild/</link>
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		<pubDate>Thu, 08 Dec 2011 14:58:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Princess of Darkness</dc:creator>
				<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[<p align="center"><a href="http://tokiohotelficcion.es/viewstory.php?sid=2250"><strong>Freiheit</strong></a></p>
Capítulo: Tres

Capítulos anteriores:

1(<a href="../2011/11/freiheit-one-shot-by-moonchild/">http://www.twckaulitz.com/2011/11/freiheit-one-shot-by-moonchild/</a>)
2 (<a href="../2011/11/freiheit-by-moonchild/">http://www.twckaulitz.com/2011/11/freiheit-by-moonchild/</a>)

3 (<a href="../2011/11/freiheit-by-moonchild-capitulo-3/">http://www.twckaulitz.com/2011/11/freiheit-by-moonchild-capitulo-3/</a>)

Autor: Moonchild

Clasificada: MA (18+)

Categoria: Slash

Personajes: Bill, Tom

Advertencias: Incesto – No relacionado, Travestismo

Género: Universo Alterno

Pareja Principal: Bill – Tom

&#160;

&#160;

No han despedido a mamá.

No me enorgullece ni me hace feliz ese hecho; el jefe de mamá ha estado viniendo mucho a casa, trae alcohol y se queda hasta tarde. No quiero estar en casa por las noches… mamá está demasiado ebria como para darse cuenta de cualquier cosa, y ese hombre… no quiero siquiera pensar en él.

Me he encerrado en mi habitación, pero el ruido puede llegar a ser insoportable. Ya no soy un niño pequeño ¡sé lo que están haciendo, maldita sea!

Creo que preferiría que la hubieran despedido.

&#160;

+--+

&#160;

Andy me ha invitado a su casa.

Dice que puedo quedarme con él si no quiero llegar a casa por las noches. Su mamá es una mujer adorable, nos prepara bocadillos y nos deja escuchar música alto. Yo le agrado. No sé si sepa qué tipo de relación tenemos Andy y yo, pero, por el momento, le agrado.

Su papá trabaja en el extranjero y le llama cada viernes. No lo conozco, pero me han dicho que pasa por casa cada fin de mes.

No sé si debiera quedarme con él, puedo ser una molestia y no me parece correcto… somos novios (o algo así), pero aún tengo trece años y Andy, bueno, él es mayor ¿debería parecerme extraño que no me haya pedido que tengamos sexo todavía? Es un chico bastante sentimental.

No debería quedarme con él… pero el jefe de mamá sigue viniendo, ella se sigue poniendo ebria y creo que incluso la ha drogado.

Ayer ha tocado con fuerza a mi puerta; me ha dicho cosas obscenas en las que no quiero pensar. Quise salir por mi ventana, pero sólo he podido encogerme en mi cama y llorar.

&#160;

+--+

&#160;

Creo que nunca en mi vida había estado tan duro.

Mamá me echó de casa apenas llegué. Había tres hombres ahí que no había visto nunca antes; puedo jurar que lo de la mesa de la sala era droga y la escena de ella en poca ropa a la mitad del comedor se quedará grabada en mí hasta que tenga sesenta años (si es que la vida es tan desgraciada como para dejarme vivir tantos años). Preferí no decir nada y salí por culo antes de que ella terminara de gritar su sarta de improperios.

El cuarto de huéspedes estaba “desarreglado”, según la mamá de Andy, y he tenido que dormir en el piso de la habitación de Andy… me he puesto duro de puro nerviosismo. Sabía que no íbamos a hacer “nada”, él es un chico demasiado encantador… pero un chico al fin y al cabo.

Nos besamos toda la noche hasta que le rogué que me tocara ¡estaba demasiado duro como para soportarlo! Se ha asustado y ha retrocedido, pero logré detenerlo. Él estaba igual de empalmado. La sensación de su mano sobre mi piel caliente es inigualable. Estoy seguro que no lo hice tan bien como él, pero tengo la satisfacción de decir que ambos ensuciamos la pijama.

&#160;

+--+

&#160;

Me hubiese gustado despedirme de ella…]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="center"><a href="http://tokiohotelficcion.es/viewstory.php?sid=2250"><strong>Freiheit</strong></a></p>
<p>Capítulo: Tres</p>
<p>Capítulos anteriores:</p>
<p>1(<a href="../2011/11/freiheit-one-shot-by-moonchild/">http://www.twckaulitz.com/2011/11/freiheit-one-shot-by-moonchild/</a>)<br />
2 (<a href="../2011/11/freiheit-by-moonchild/">http://www.twckaulitz.com/2011/11/freiheit-by-moonchild/</a>)</p>
<p>3 (<a href="../2011/11/freiheit-by-moonchild-capitulo-3/">http://www.twckaulitz.com/2011/11/freiheit-by-moonchild-capitulo-3/</a>)</p>
<p>Autor: Moonchild</p>
<p>Clasificada: MA (18+)</p>
<p>Categoria: Slash</p>
<p>Personajes: Bill, Tom</p>
<p>Advertencias: Incesto – No relacionado, Travestismo</p>
<p>Género: Universo Alterno</p>
<p>Pareja Principal: Bill – Tom</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>No han despedido a mamá.</p>
<p>No me enorgullece ni me hace feliz ese hecho; el jefe de mamá ha estado viniendo mucho a casa, trae alcohol y se queda hasta tarde. No quiero estar en casa por las noches… mamá está demasiado ebria como para darse cuenta de cualquier cosa, y ese hombre… no quiero siquiera pensar en él.</p>
<p>Me he encerrado en mi habitación, pero el ruido puede llegar a ser insoportable. Ya no soy un niño pequeño ¡sé lo que están haciendo, maldita sea!</p>
<p>Creo que preferiría que la hubieran despedido.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>+&#8211;+</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Andy me ha invitado a su casa.</p>
<p>Dice que puedo quedarme con él si no quiero llegar a casa por las noches. Su mamá es una mujer adorable, nos prepara bocadillos y nos deja escuchar música alto. Yo le agrado. No sé si sepa qué tipo de relación tenemos Andy y yo, pero, por el momento, le agrado.</p>
<p>Su papá trabaja en el extranjero y le llama cada viernes. No lo conozco, pero me han dicho que pasa por casa cada fin de mes.</p>
<p>No sé si debiera quedarme con él, puedo ser una molestia y no me parece correcto… somos novios (o algo así), pero aún tengo trece años y Andy, bueno, él es mayor ¿debería parecerme extraño que no me haya pedido que tengamos sexo todavía? Es un chico bastante sentimental.</p>
<p>No debería quedarme con él… pero el jefe de mamá sigue viniendo, ella se sigue poniendo ebria y creo que incluso la ha drogado.</p>
<p>Ayer ha tocado con fuerza a mi puerta; me ha dicho cosas obscenas en las que no quiero pensar. Quise salir por mi ventana, pero sólo he podido encogerme en mi cama y llorar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>+&#8211;+</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Creo que nunca en mi vida había estado tan duro.</p>
<p>Mamá me echó de casa apenas llegué. Había tres hombres ahí que no había visto nunca antes; puedo jurar que lo de la mesa de la sala era droga y la escena de ella en poca ropa a la mitad del comedor se quedará grabada en mí hasta que tenga sesenta años (si es que la vida es tan desgraciada como para dejarme vivir tantos años). Preferí no decir nada y salí por culo antes de que ella terminara de gritar su sarta de improperios.</p>
<p>El cuarto de huéspedes estaba “desarreglado”, según la mamá de Andy, y he tenido que dormir en el piso de la habitación de Andy… me he puesto duro de puro nerviosismo. Sabía que no íbamos a hacer “nada”, él es un chico demasiado encantador… pero un chico al fin y al cabo.</p>
<p>Nos besamos toda la noche hasta que le rogué que me tocara ¡estaba demasiado duro como para soportarlo! Se ha asustado y ha retrocedido, pero logré detenerlo. Él estaba igual de empalmado. La sensación de su mano sobre mi piel caliente es inigualable. Estoy seguro que no lo hice tan bien como él, pero tengo la satisfacción de decir que ambos ensuciamos la pijama.</p>
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<p>+&#8211;+</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Me hubiese gustado despedirme de ella…</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Fanfic// Once. Capítulo dos: Esbozos.</title>
		<link>http://www.twckaulitz.com/2011/12/fanfic-once-capitulo-dos-esbozos/</link>
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		<pubDate>Tue, 06 Dec 2011 17:35:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Nadir</dc:creator>
				<category><![CDATA[3 Fan Fiction]]></category>
		<category><![CDATA[6 General]]></category>
		<category><![CDATA[Fan Fiction con actualizaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Pecando se joderles alguna actualización hoy cuelgo el capítulo dos de Once. Me pueden encontrar por aquí si es que el fic en cuestión les genera alguna duda: <a href="http://www.formspring.me/Nadir94">http://www.formspring.me/Nadir94</a> o por los comentarios de aquí también, en fin.

El dibujo es este:

<a href="http://s1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/?action=view&#38;current=DSC06216.jpg" target="_blank"><img src="http://i1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/DSC06216.jpg" alt="Photobucket" border="0" /></a>

<a href="http://s1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/?action=view&#38;current=Banner-ONCE.png" target="_blank"><img class="aligncenter" src="http://i1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/Banner-ONCE.png" alt="Photobucket" border="0" /></a>

<strong>Capítulo 2: Esbozos.</strong>

Tom se mantuvo quieto sobre su cama. No quería tocar su guitarra ni tenía ánimos como para ir donde Andreas a jugar; estaba sumido en sus pensamientos, los sucesos de ese día repitiéndose una y otra vez en su cabeza. Y le molestaba eso. Ese chico de apariencia extraña era solo eso, no un asesino serial que cobraría venganza de todos los que se relacionaban con él. Se regañó a sí mismo, debería dejar de ver tantas películas de horror porque le afectaban, y de qué manera.

Se mordió el labio mientras se sentaba sobre su cama. Le había gustado la sensación que le embargó cuando el resto comenzó a halagarlo por su hazaña, eso había permitido que pudiese camuflar su miedo frente a los otros y que simplemente dijera que había logrado escapar del chico asesino que tenía sangre chorreando. No había especificado que lo que le sangraba era la nariz. Poco importaba, lo único que interesaba era que había quedado como un héroe.

(seguir al tag)]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pecando se joderles alguna actualización hoy cuelgo el capítulo dos de Once. Me pueden encontrar por aquí si es que el fic en cuestión les genera alguna duda: <a href="http://www.formspring.me/Nadir94">http://www.formspring.me/Nadir94</a> o por los comentarios de aquí también, en fin.</p>
<p>El dibujo es este:</p>
<p><a href="http://s1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/?action=view&amp;current=DSC06216.jpg" target="_blank"><img src="http://i1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/DSC06216.jpg" alt="Photobucket" border="0" /></a></p>
<p><a href="http://s1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/?action=view&amp;current=Banner-ONCE.png" target="_blank"><img class="aligncenter" src="http://i1214.photobucket.com/albums/cc499/kasomicu/Banner-ONCE.png" alt="Photobucket" border="0" /></a></p>
<p><strong>Capítulo 2: Esbozos.</strong></p>
<p>Tom se mantuvo quieto sobre su cama. No quería tocar su guitarra ni tenía ánimos como para ir donde Andreas a jugar; estaba sumido en sus pensamientos, los sucesos de ese día repitiéndose una y otra vez en su cabeza. Y le molestaba eso. Ese chico de apariencia extraña era solo eso, no un asesino serial que cobraría venganza de todos los que se relacionaban con él. Se regañó a sí mismo, debería dejar de ver tantas películas de horror porque le afectaban, y de qué manera.</p>
<p>Se mordió el labio mientras se sentaba sobre su cama. Le había gustado la sensación que le embargó cuando el resto comenzó a halagarlo por su hazaña, eso había permitido que pudiese camuflar su miedo frente a los otros y que simplemente dijera que había logrado escapar del chico asesino que tenía sangre chorreando. No había especificado que lo que le sangraba era la nariz. Poco importaba, lo único que interesaba era que había quedado como un héroe.</p>
<p>Suspiró complacido. Había sido un día estupendo, y como plus, no tenía tareas para el siguiente día. Decidió que tomaría una siesta antes de la merienda porque, a su criterio, lo tenía bien merecido.</p>
<p>…</p>
<p>Esa mañana su madre no quiso que fuese a la escuela por sus heridas recientes, sin embargo, Tom no podía permitírselo, no después de tener un mérito entre sus compañeros. Así que terminó por irse alegando que perdería clases y podrían bajarle puntaje, cosa que su madre tomó como buena excusa.</p>
<p>Pese a lo que creyó en un principio, su fama había quedado en el olvido para ser reemplazada por la de Karl, uno de sus compañeros, que se había logrado comer un gusano recién sacado del césped del patio. Para él eso era completamente asqueroso y absurdo, pero para el resto era algo morbosamente atrayente, por lo que optó por ponerse a dibujar en el receso en vez de estar vitoreando el ‘logro’ del otro niño.</p>
<p>Comenzó a hacer esbozos sobre el papel, nada muy detallado, y no lo suficientemente bueno, pero lo distraía y ocupaba en algo como para rehuir de su realidad, así fuese momentáneamente. Se había sentado sobre el piso y acomodado su morral sobre sus piernas para allí ubicar su bloc y ponerse a dibujar.</p>
<p>Era el hombre de la película, el que abusaba de niños y que cuyos padres habían terminado quemándolo, sólo consiguiendo que este cobrase vida en sus pesadillas para matar a sus hijos. Tom no sabía si era aterrador por ser el personaje en sí, o porque su dibujo le había quedado pésimo. Tembló ligeramente cuando creyó ver humo al imaginarse al hombre quemándose. Cerró los ojos y negó con la cabeza, todo estaba en su mente, no obstante, podía olerlo.</p>
<p>—¿Es ese un dibujo o estás de coña? —preguntó una voz detrás de él.</p>
<p>Sobresaltado, giró el rostro, notando que, con la verja de por medio, se encontraba el chico que ayer había visto mirando el papel que traía entre manos con un mohín que se acentuaba por el pitillo entre sus labios. Había algo distinto en su semblante ese día, tenía la piel amoratada del rostro, y una bandita sobre su ceja; no traía maquillaje y sus cabellos estaban desordenados, con un mechón buscando asomarse por su rostro y por el otro lado cogido tras su oreja. Sus ropas seguían siendo oscuras y aún traía esas muñequeras con púas, no pudo evitar observar una pequeña mancha rojiza sobre el metal.</p>
<p>—Ey, Once, pásame tu mierda esa —señaló el bloc. Tom frunció el entrecejo—. ¿Qué, no oyes?</p>
<p>El menor ariscó la nariz. El aroma que desprendía el ‘cigarro’ del otro le daba un molesto escozor.</p>
<p>—Mi nombre es Tom, no Once y no quiero dar… —Tom se alzó para reclamarle aquello en lo que el moreno aprovechó y pasó un brazo por sobre la verja para quitarle el bloc—. ¡Oye! ¡Es mi cuaderno, dámelo!</p>
<p>El mayor acomodó el pitillo entre sus labios mientras sacaba un carboncillo de su bolsillo para luego dibujar sobre el papel esbozos, líneas que rasgaban con suavidad dándole forma a su dibujo sobre las hojas del bloc a pesar de estar en una posición por demás incómoda.</p>
<p>Tom se preocupaba más por su bloc que por su dibujo, que tendría poca importancia en relación a dónde había sido hecho, ya que en esas páginas, se hallaban sus apuntes de las clases; de los cuales había sacado un resumen detallado porque notaba que tenía un mejor aprendizaje mediante esas notas que al leer sus libros o separatas. Aparte que había descubierto un fenómeno que se repetía durante los exámenes, siempre venían preguntas de lo que se hablaba durante la explicación del tema, y no de las más de diez hojas que tenían que leer, así que era de vital importancia que su cuaderno saliera ileso de esa contienda entre el chico y el carboncillo.</p>
<p>Sin embargo, por mucho que se quejó, el joven no le devolvía las hojas. De todas formas no podía hacer mucho ruido sino quería atraer la atención de algunos profesores o tutores. Se avergonzaba en realidad por su acercamiento con el pelinegro.</p>
<p>—Toma, quejica —masculló al lanzarle el bloc que cayó sobre la arena, Tom sintiéndose extrañamente humillado lo recogió y caminó hacia sus compañeros sin mirar atrás; como nota mental sabría a partir de ese instante que no debía acercarse a la verja, bajo ninguna circunstancia—. ¡Te espero mañana, Once! —escuchó su voz de nuevo para después oírlo succionar.</p>
<p>Se apresuró hacia los otros que lo miraban extrañadísimos, se hacía a la idea del porqué.</p>
<p>—¿Quién era ese chico raro? —murmuraron sin atreverse a preguntárselo al propio Tom. Quién se mantuvo distante acomodándose en un rincón mientras verificaba que su cuaderno estuviese bien. Después de limpiarle la arena estaba en perfecto estado y no pudo evitar fijarse en el dibujo.</p>
<p>Abrió los ojos en toda su extensión. Ese no era el mismo, podía incluso sentirse las magulladuras en la piel del hombre, sus facciones toscas, sus ojos penetrantes, la textura de su viejo sombrero ajado. Tragó saliva, era…</p>
<p>—Increíble —le leyó el pensamiento uno de sus compañeros que se había acercado lo suficiente como para ver el dibujo—. ¿Lo hiciste tú?</p>
<p>Tom balbuceó antes de aclararse la garganta y responder: —No.</p>
<p>—¿Entonces quién lo hizo?</p>
<p>—¡Fue el chico raro del otro lado!</p>
<p>—¡Lo quiere dejar así!</p>
<p>—¡No, tonto, es Freddy!</p>
<p>—¿Freddy quién?</p>
<p>Se acomodó el cabello tras su oreja durante la discusión de sus compañeros. Todavía permanecía pasmado por el dibujo, miró de reojo hacia la verja y lo encontró ahí, apoyado contra esta aún fumando. De espaldas parecía menos aterrador que de frente. ¿Qué edad tendría?, ¿por qué fumaba esa cosa que apestaba?, se preguntaba Tom. ¿Por qué lo molestaba?, ¿sería cierto que ese niño habría matado a otro chico con esas púas?</p>
<p>Un escalofrío lo estremeció al recordar la mancha rojiza seca sobre estos metales en sus muñequeras. Todo en él avisaba a gritos ‘Peligro’, pese a ello, no podía evitar observarle aunque fuese de reojo y preguntarse por qué era así. Bajó el rostro cuando su mirada pesó lo suficiente como para hacerle girar y sonreírle. Una sonrisa sin felicidad, con un tinte tétrico que pudo calar tanto dentro de Tom para como obligarse a oír la conversación de sus compañeros en vez de tomarle más importancia a aquel joven.</p>
<p>…</p>
<p>El “You win!” se volvía a escuchar en la estancia seguido de los gritos de victoria que daba Andreas por ganar tres partidas seguidas. Tom dejó de maniobrar el mando con desinterés, a espera de que el rubio platinado configurase el juego para otra partida más. No que se encontrase animoso por jugar, pero quería distraerse, salir de ese estado abstraído en que lo dejaba ese extraño.</p>
<p>—Ey, Tom, no es divertido sino le pones ganas —se quejó su amigo mientras le daba una patada en la pierna para que reaccionase—. Creo que jugar con la máquina estaría más interesante que hacerlo con un zombie-Tom.</p>
<p>El rubio alzó una ceja y luego rodó los ojos. —Es que no tengo muchas ganas de jugar, en serio, no es nada personal, Andy, ando raro.</p>
<p>—Raro… tsk —chasqueó la lengua el chico—. La próxima vez no mires películas de terror si te pondrás como mariquita —mencionó mientras dejaba el mando a un costado. Tom alzó un hombro.</p>
<p>—No, no es por eso. —Tom negó con la cabeza, no sabía si Andreas podría entenderle—. ¿Has oído esa leyenda urbana que cuenta que un chico de grados inferiores pasó la verja y nunca regresó?</p>
<p>Su amigo se rascó el cuello mientras negaba con la cabeza con el semblante repentinamente pálido.</p>
<p>—Yo no sé de eso, Tom, y la verdad es que no me gustaría averiguarlo, incluso he pensado en repetir las materias para no pasar al siguiente año, pero ya sabes cómo es mi madre. —Tom asintió en conocimiento y se mordisqueo el labio y miró la pared.</p>
<p>Andreas entonces no estaba interesado en saber de él, y siendo sinceros a Tom tampoco le hubiese importado hasta antes de verlo por primera vez. Maldecía a aquella pelota.</p>
<p>…O quizá no tanto</p>
<p>Algo de morbo tenía toda esa situación y Tom al sentirse protagonista de la misma creyó que ese surrealismo era digno de películas de horror. Y en ello radicaba la emoción que le impedía desligarse de todo. Sumido en esa pequeña conclusión que no iría a decir en voz alta por su naturaleza contradictoria y porque arruinaría el encanto de aquella experiencia, la voz de su madre hizo aparición en la estancia para avisarles que la merienda estaba servida. Pestañeó varias veces y el jalón brusco de su amigo le hizo levantarse del sillón para seguirle el paso.</p>
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