
“Just Trust Me. Cap. 6″
By Princess of Darkness
Bill había perdido totalmente la noción del tiempo, la luz de la luna era lo único que alumbraba su lúgubre jardín. Estaba recostado en un sillón, acariciaba instintivamente el relicario, parecía que a ese pequeño objeto se resumían sus fuerzas de momento. Aún con los ojos cerrados nada impedía que brotaran de ellos gruesas lágrimas que resbalaban por sus mejillas cayendo finalmente a su cuello. Su cabello suelto se enredaba al batirse por el viento.
Una ligera brisa empezó a caerle, pero no iba a levantarse. La fina llovizna le daba la sensación de miles de agujas al contacto de su tibia piel…
-Ya déjalo. -fue la voz que le obligó a incorporarse.
-¿Georg? -preguntó, saliendo de su estupor-. ¿Desde cuándo estás?
-El suficiente. -interrumpió el castaño, evadiendo la mirada de Bill-. Ven entra. -le llamó con un gesto.
El menor sintió no tener fuerzas pero menos aun quería contradecir, hablar o cualquier idiotez, no quería gastar las pocas energías que tenía, entonces prefirió obedecer. Fue directo al living, y se dejó caer en el sillón que daba a la ventana, estaba absorto viendo la lluvia caer, la suave llovizna fue remplazada por una tormenta que desataba toda su furia en la región… Si alguien supiera cuánto ansío ver esto pronto, pensó.
Buscó con la mirada a Georg, estaba sentado en el sillón del fondo, las luces seguían apagadas en toda la estancia, era un espectáculo deprimente los dos sumidos en silencio, claramente abatidos.
Bill vio a su amigo enjuagar sus lágrimas, eso era diferente. Un hombre no quiere que nadie le vea llorar, pero si los dos estaban mal todo cambiaba. No había por qué deprimirse solos, pudiendo acompañarse, al fin para eso eran amigos. Verdaderos amigos.
-Georg. -llamó, tratando de modular su voz, pero estaba ronca de llorar, hizo un gesto señalándole que llegara hacia él.
El castaño fue hacia el mini bar, agarró una botella de coñac y dos vasos. Tomó asiento al lado del menor.
-Ten. -dijo tendiéndole uno de los vasos llenos de licor, Bill lo bebió en el acto.
-¿Desde cuándo bebemos esto? -dijo, desfigurando su rostro por lo fuerte de la bebida.
-Desde que uno necesita emborracharse rápido. -respondió su amigo, llenando los vasos de nuevo.
- ¿Sabes Bill? Se supone que esto no funciona así, la instrucción clara era: Cuida a Bill, no emborráchalo. Pero ¿qué hacemos? Tú necesitas anestesiarte el alma y yo también, así que intentémoslo. -comentó su amigo, poniendo la botella en medio de ellos.
- Cómo en los viejos tiempos. -contestó sirviéndose más coñac.
-No. Admitámoslo Bill, no es como en los viejos tiempos. Antes era por fiestas, premios, que se yo celebraciones, otras veces era sólo porque sí. Pero en este momento es por necesidad.
Un silencio se instaló en medio de ellos, bebieron hasta terminar la botella, cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos. Georg fue por una segunda botella y regresó al lado de Bill. Éste ahora tenía la mano acariciando el relicario.
-Tenía años de no ver eso. -comentó.
-Oh éste. Éste no es el mío.
-¿No?
-No. Es el de Tom.
-No sabía que él tuviera uno.
-No lo usaba ya sabes cómo es, no le gustan las joyas.
-¿Te lo dio antes de marcharse?
-No, ya no fue necesaria la reunión.
-Ah entonces ya lo tenías…
-No. Fui y lo robé. -interrumpió Bill, cortando el tema.
Georg se sintió estúpido, era obvio que Bill estaba triste por Tom desde el principio y recordárselo había sido una completa idiotez.
El licor empezó a causar efecto y las emociones que estaban tratando de anestesiar, lejos de dormirse estaban a flor de piel.
Bill tomó el control del sistema de música y lo encendió. La música alegre que empezó a sonar por toda la casa les resultó ofensiva, buscaba una carpeta en especial por fin la encontró y la dejó programada en modo aleatorio.
-¿Tan mal te fue? -preguntó Bill, rompiendo el silencio después de unos minutos.
-Sí. Gretchen no quiere saber nada de mí.
-¿Y para qué te llamaba?
-Quería que fuera por mis cosas.
-Mierda, lo siento Georg. Yo y mi bocona…
-¿Qué? No sientas nada Bill, tú y tu bocona siempre me hacen pensar. Igual tenías razón, no podría haberme visto menos estúpido. Ella estaba muy mal, no dejó de llorar un segundo y esa imagen me persigue a cada segundo ¿Cómo mierdas Bill, le haces daño a la persona que más amas en el mundo? Es estúpido.
-Dímelo a mí…
-¿Lo has hecho?
-Sí, y créeme que cada vez que me recuerdo de ese día quisiera golpearme hasta dejar de sentir el odio que me llena contra mí mismo por…imbécil.
-¿A quién hiciste llorar Bill? No te conocí una relación así de intensa…
-Georg la vida no sólo se resume a mujeres… -fue bajando su tono de voz, internamente debatía entre sacarse del corazón algunas cosas ó cerrar la boca, pero el alcohol ya le había soltado la lengua-. Tom. -murmuró casi con vergüenza.
-¿A Tom?
-Sí, y no sabes lo mal que me sentí. Es que lo juro ha pasado mil veces pero hubo una vez que me doy tanto asco cuando lo recuerdo.
-Bill relájate es tu hermano…
-Lo sé Georg, entonces imagina cómo me puedo sentir. Tú te sientes mal por una mujer a la que amas imagínate como me siento yo por Tom… -frenó su discurso, él había sacado lo que sentía e igual Georg no entendería, ni relacionaría jamás que había comparado su relación con la de ellos.
-Tienes razón Kaulitz ya lo dijiste tengo que cambiar soy un total promedio, nadie quiere hombres promedios…. -para suerte de Bill, su amigo ya estaba lo suficientemente borracho para “comprender”-. Tengo que dejar de ser insensible, por eso Gretchen me dejó …Cuéntame.
-¿Qué?
-¿Cuéntame qué paso?
-Fue una vez que salimos por algo a un Hotel, bueno digo fuimos a un restaurante, que queda en un Hotel. -apresuró a explicar, porque lo que en realidad había sido una estadía romántica en una cabaña a las afueras de Berlín.
-Bueno y ya sabes, yo logré llegar al auto sin que me reconocieran pero Tom no, y las fans que estaban ahí querían saber con quién estaba y fue cuando ya sabes, les gritó que no firmaba nada, que no se metieran en su vida y las mandó a la mierda.
-Sí, si lo recuerdo, diez minutos después ya estaba en youtube, momento memorable para Dave y la disquera.
-Ni qué lo digas, yo quería morir cuando lo estaba regañando el managment.
-¿Por qué?
(continuar al TAG)