Y… -sonido de tambores- les traigo Once, que es un fic twc no relacionado y que si les digo más les contaría todo y así no es, espero que adoren a Once tanto como yo ó_ó, este fic tiene segunda parte que ni está en proceso pero no es mini fic e_e. Actualizaré seguido porque tengo capítulos avanzados y eso, por favor si tienen dudas coméntenmelo. Bill tiene 16 años, cabe aclarar, aunque en el fic eso se sabrá más adelante. ¿Qué más? Pues… no lo sé, disfruten xd.
Agradecimientos a Aliss por el banner, a Aelilim por el beteo y apoyo y a todas las que ya aman a Once
Resumen: Se supone que no debía cruzar la verja, y lo hizo. Se supone que se llamaba Tom no Once. Se supone que no le gustase, sin embargo, así era. Era como un juego del cual no podía huir al siempre tenerlo detrás como si fuese un… predador y él su incauta presa, no que tuviese algo que decir al respecto.

Capítulo 1: El chico raro.
Tom era intrépido, y eso era bueno, o al menos creía que sí porque aún no había buscado el significado de ese término con el cual su maestra lo había calificado. Sus amigos le decían que era genial (aunque se les olvidase al día siguiente), y eso le bastaba para ensalzar su autoestima, porque era muy tímido a veces y demasiado inseguro, aunque se hiciese el gracioso de la clase para disimularlo.
Su mayor problema eran las chicas, le incomodaban en demasía, se preguntaba si era normal que no le gustasen como a sus compañeros. Claro que había tenido una novia, pero no contaba, sólo se había besado con ella y buscado tocarla a ver si pasaba eso que les decían sus amigos, sin embargo, las niñas al parecer despertaban en él grima.
—¡Tom! —escuchó gritar para luego sentir un objeto impactar contra su rostro.
—¡Ouch! —gritó por el dolor. Se sobó la mejilla herida y sintió las miradas de desprecio de los otros. Se puso nervioso y exclamó un:—¿Qué?
—La pelota, tonto, rebotó en tu cara porque no estabas prestando atención al juego y se pasó por arriba de la verja —le regañó uno de sus compañeros.
Abrió los ojos en toda su extensión. ¿Había escuchado bien? Si es que sus oídos no le fallaban, su compañero había dicho ‘pasó por arriba de la verja’, es decir… al otro lado del patio. Donde estaban los de mayores grados.
Donde ninguno se atrevía a cruzar por su salud física. Contaban algunos, que una vez un niño pasó ahí y nunca más regresó. ¿Cómo? No lo sabía nadie, y tampoco querían averiguarlo.
—No jodas, Tom, ya dejaste que se fuera por estar en la luna, ahora vas y la traes de vuelta —ordenó el mismo chico. Tom lo miró temeroso.
—Eh… ¿Por qué yo? Nadie pasa la verja.
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