Y sigo con esta serie, esta vez con un capi algo lento, pero necesario para graficar la evolución. Mi teoría es la siguiente, no creo que ellos amanecieran un día y dijeran ooooooooohhhhh estoy enamorado. Más bien creo que fue algo que progresó durante años. Esta vez he situado parte de la historia en una premiación en Austria, en el mes de Mayo del 2006. No ganaron, sin embargo, durante las entrevistas en la afterparty salieron detalles bien aclaratorios. El resto es obra de mi loca imaginación además de lo que me dice mi bola de cristal. Muchas gracias niñas por comentar

LA FIESTA
Primera Parte
Ya corría el mes de Mayo del 2006 y las tardes primaverales de Viena aún eran frescas, pero de todas formas el aire se sentía agradable. La van se detuvo fuera del hotel. Centenares de fans abarrotaban la calle, sin embargo no todos iban a ver a Tokio Hotel. También había varios artistas muy importantes y los chicos se sentían felices de estar nominados para tres de los premios de Austrian Music Award. Sabían que no tenían oportunidad de ganar a artistas como Madonna, pero ya era un honor poder competir con ellos.
La distribución de las habitaciones ya estaba programada, y entre las de cada gemelo había dos habitaciones separándolas, la de Georg y la de Gustav. Una cómoda, aunque algo pequeña, suite para cada uno.
Bill resopló. El vuelo no fue tan largo, pero toda la preparación del viaje más los nervios, lo tenían agotado, y estaba seguro que los demás chicos no estaban en mejores condiciones. Se tendió en la cama. Sentía la cabeza abombada de tanto escuchar gritos, preguntas, instrucciones, motores de avión, motores de vehículo, más fans, más periodistas, más instrucciones, y nuevamente más gritos. Desde que se había despertado muy temprano esa mañana su vida no le había pertenecido en lo absoluto. Cada segundo era manejado por indicación de otros. Cada paso que dio estuvo marcado por la decisión de alguien más. Y eso cansaba más que nada. Tenía dieciséis años, y no tenía vida propia.
Por eso quiso abstraerse, desprenderse de la locura que lo rodeaba y verse a sí mismo. Cerró sus ojos y se visualizó, así tendido de espalda, con los pies apoyados en el piso alfombrado. Bill con su chaqueta ajustada negra, sus vaqueros, sus botas de punta, su cabello desordenado, Bill tendido en la cama, el ídolo y el príncipe azul de muchas. Un chico normal en una situación poco común. En fin, más allá de todas esas características, Bill se resumía a sí mismo, en aquel instante sólo como Bill sin su gemelo. Y comprendió que aquel enorme vacío no era más que la ausencia de Tom.
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