Cuando ya no queda nada para terminar este fic, sólo me puedo agradecer por aquellas que lo leen y a aquellas que me han dejado comentarios. Ha sido un honor que me entreguen de su cariño a traves de sus mensajes. Un beso para todas
cecy; kuru; Lupis; HeeliKaulitz; Blood Raven (feliz cumple linda); Divacreativa; sazu TxB; Puchi; Ady; Shadow_TH;
*********************************************
Un ahogado sollozo se escapó de la garganta del pelinegro. —yo había esperado que esta cena especial, fuera más alegre. Entre todo el barullo de cosas, hoy me dediqué a ultimar lo detalles. Esperaba que fuera perfecto. Pero no contaba con ser elegido Gran Maestre, y eso cambia todo. Yo también lo siento Tom. Yo te amo. Y cuando te vayas, mi corazón se va a romper.
—No llores Bill. Yo volveré. ¿Lo sabes verdad? —el mago asintió y luego se limpió el rostro con un pañuelo. Sonrió con tristeza y apuntó la cajita.
—Ábrela.
Tom sacó la tapa con suavidad. Dentro de la caja y rodeada en terciopelo reposaba una cadena de plata con una flor de lis, y debajo de la cadena una tarjeta igualmente negra con letras doradas que a la luz del sol poniente se leía ¿Te quieres casar conmigo? Tom no pudo evitar que el sollozo saliera de su garganta, mientras sentía su corazón desangrarse entre el dolor y la dicha.
CAPÍTULO 32
Tom veía las letras doradas a través de las lágrimas, temblando de felicidad y de tristeza. Ambas emociones golpeándole el alma y explotando a través de cada poro de su piel. ¿Cómo se podía ser tan desgarradoramente feliz y al mismo tiempo sentirse tan miserable? Se preguntó si su vida sería más apacible si nunca hubiese llegado a Berchtesgadenland, sin duda lo sería, pero bajo ningún punto de vista la preferiría por sobre las dos semanas más extrañas y bellas de toda su vida.
Bill se desesperaba, pensando que la petición había llegado demasiado tarde —¿Tom? —preguntó bajito, con el corazón en la garganta, creyendo que se moría lentamente con cada segundo que Tom permanecía sollozante y quieto mirando la cadena y la pequeña tarjeta negra con las letras doradas. Cada segundo en que el corazón de Bill se hacía más lento, sosteniéndole apenas la vida —¿Tom? —volvió a repetir, pero esta vez con la voz quebrada. Las lágrimas bajaron por las pálidas mejillas del pelinegro, y Tom levantó su mirada de la cajita dentro de sus manos, acortó la distancia que lo separaba de su amado, y con el dedo pulgar limpió las lágrimas de Bill, olvidando las propias, ellas importaban menos.
Los ojos de Bill suplicaban una respuesta, y Tom sonrió ¿cómo era posible que su amado siquiera pensara que él podría responder algo distinto a lo que siempre soñó? —claro que acepto Bill. —el pelinegro lleno de felicidad y con ojos llorosos abrazó al rubio.
—Pensé… Pensé que ya no querrías —y se besaron lentamente, felices de cumplir con un sueño.
—Con una condición —dijo Tom entre los labios del mago, Bill se separó alarmado.
—¿Condición? —Tom asintió bajando la mirada nervioso, sentía que tal vez iba a pedir demasiado. Pero no perdía nada con intentarlo.
—Me voy este domingo, reiniciaré lo que dejé pendiente, mis estudios. Tú sabes bien que la universidad absorbe totalmente, pero apenas termine con todo, volveré definitivamente y nos podremos casar.
—¿Cómo? ¡Tom! —el pelinegro estaba tan sorprendido, pensó que tal vez había entendido mal —¿qué quieres decir?
—¿Cómo? No entiendo. Qué quieres decir tú —repitió bajito, algo cortado.
—Yo pensé que podríamos… Pensé —Bill se interrumpió, y sonrió con amargura.
—¿Pensaste qué? —Bill se fue a sentar junto a la mesa, y la contempló con tristeza, estaba tan elegantemente dispuesta. Luego miró el lago con ojos húmedos —Bill si no me lo dices, yo no podré entender nada, y… —guardó silencio y observó el rostro triste de su amado —por favor, dime qué pasa.
El pelinegro estaba sentado con las piernas abiertas, mientras sus manos descansaban unidas entre sus muslos, se volvió hacia Tom y le sonrió una vez más —pensé que sería una buena idea casarnos mañana…
—¡¿Qué?!
—De hecho, estuve hoy resolviendo los detalles de la boda, con la autoridad competente en estos casos del Ayuntamiento, con todo lo que significa…
—Pero Bill —interrumpió el otro chico totalmente indignado —¿es que acaso nunca eres capaz de consultarme antes? No debiste suponer que yo te diría que sí, ¿por qué te crees con el derecho de pensar y decidir por mí? —Bill cubrió su rostro con ambas manos, pretendiendo así ocultar su tristeza —¿cómo puedes pensar siquiera que yo me casaría a espaldas de mis padres, de mi familia, de mis amigos? ¡Más aún pensando en lo que somos tú y yo!
—¿Dos hombres? —el mago descubrió su rostro lloroso. Tom sintió que su alma se partía en dos, pero el rubio sabía que no podía auto-engañarse, no podía fingir que el resto del mundo no les condenaría de algún modo, y le atormentaba el posible desprecio de sus padres.
—Dos hombres que son hermanos Bill, ¡gemelos!. ¿Te parece poco?, ¿te parece una nimiedad? Ellos, mi familia, mis padres, mis amigos, no van a entenderlo, debo darles tiempo. Debo explicarles de a poco, debo preparar el terreno y… —Tom se acercó a Bill, dejó el obsequio sobre la mesa y se arrodilló frente a él —Todo lo que ha ocurrido en estas dos semanas son los hechos más importantes de mi vida! Bill… Yo me quiero casar mañana, pero… —Bill resopló, y Tom sentía el escozor en sus ojos, intentando no llorar más —Amor, no creo que podamos hacerlo así como tú quieres. Piensa, nuestra verdadera madre está en el hospital apenas consciente de que es un ser humano. Mis padres están al otro extremo casi del país, ignorantes de todo lo que me ha pasado. Bill, no sólo han perdido la exclusividad del hijo que eligieron para amar y criar como propio, sino que además deberán comprender que este niño que educaron con amor no es hetero, y que se enamoró de su gemelo perdido, ¡y que para colmos, aprovechando la instancia de que tienen distinto apellido se casarán! Y tú querías que lo hiciéramos mañana, mucho antes de que ellos pudieran dar su opinión en un paso tan fundamental como el que deseamos dar —Tom no pudo esconder su rostro cuando las lágrimas volvieron aflorar, se limpió las mejillas y se secó los ojos con las palmas de las manos. Odiaba no poder contener el llanto.
—Entonces, explícame ahora ¿cuándo pretendías concretar lo de nuestra boda?, ¿para el siguiente verano?
—No, no, yo… Pensé que… Pensé que sería ideal para cuando terminara de estudiar —contempló el rostro triste de su pelinegro y comprendió que el otro chico no podía entenderle —Dentro de dos años —prosiguió Tom en un susurro.
—Dentro de dos años —repitió Bill, mascullando cada palabra —eso siempre y cuando no repruebes ninguna cátedra, porque entonces ya serán dos año y medio ¡o tres! ¡¿Por qué entonces no fijamos fecha para antes de Diciembre del 2012, para alcanzar a tener noche de bodas antes de que se acabe el mundo?! ¡No, no. Para antes del 2039, año en que se supone un meteorito pasará cerca de la Tierra con altas probabilidades de que nos estrelle!, ¡¿o también podría ser que dejáramos lo de nuestra boda para cuando te retires con tu pensión de vejez?! Total siempre habrá algo que hacer antes ¡siempre habrá una excusa!
—¡Bill estás interpretando mal todo! —dijo el chico mientras se ponía de pie.
El mago se acercó a Tom, gesticulando, vociferando —¡No! ¡Tú creíste que con pedirte matrimonio yo estaría contento, que con eso sería suficiente! Nunca pretendiste ir más allá ¿verdad? —los ojos del muchacho fulguraban.
—Bill eso no es cierto. Bill yo te amo. No pienses que ha sido un capricho o un juego.
—Yo también te amo Tom —afirmó el chico más calmado —y sería el hombre más feliz del mundo si me pudiera casar mañana mismo, sabiendo que te irás de aquí perteneciéndome de todas las formas posibles. Teniendo la esperanza de que volverás a mí.
—Yo volveré… Sniff… Aunque ahora me despreciaras yo volvería. —Bill sonrió lastimeramente, se acercó aún más a Tom y besó los húmedos párpados de su amado —Dejemos de llorar. Hay una cena deliciosa que espera un momento feliz.
—Casémonos mañana, Tom, por favor.
—Ven —dijo el rubio, acercando al mago a la mesa, al verla tan perfecta sentía ganas de degustar lo que habían preparado especialmente para la ocasión —¿qué te parece si cenamos y luego ya más tranquilos vemos lo de la boda en perspectiva?
—Ya no tengo apetito. Si tienes hambre puedes comer. Yo te espero.
Tom sintió que un cuchillo atravesaba su corazón ¿y si se estaba equivocando? —¿Aún te quieres casar conmigo Bill?, ¿a pesar de la condición que puse?
—Yo te he esperado toda la vida Tom, hace casi dos siglos que te espero, y podría esperarte otros doscientos años más. Sólo promete que volverás.
—Volveré lo prometo —el rubio tendió la cadena con el colgante que Bill le obsequió, y el pelinegro le ayudó a ponérsela alrededor de su cuello. Tom jamás había usado algo como eso, pero por Bill lo haría.
Luego se sentaron a la mesa a contemplar el lago en silencio. Tom intentó convencer al mago de que probara algo de la cena, pero no lo logró. Éste sólo bebió de la champaña y casi no habló. El rubio buscaba temas para animarlo, pero sólo recibió algunos sonidos y monosílabos como respuesta.. Y a pesar de que la amargura en el pelinegro era evidente, no hablaron más sobre la boda, no buscaron otras perspectivas. Tom no quiso tocar más el tema, porque sería darle falsas esperanzas en algo que él estaba decidido. Sólo el leve roce de aquella sensación, que da el instinto de supervivencia, le avisaba que tal vez se equivocaba, pero cerró su mente ante esa idea. Tom no pensaba que fuera necesario renunciar a algo para ser feliz. Se podía obtener todo en la vida, por qué no. Eso creía, y con ese pensamiento se conformó. Porque ser novios era una cosa, pero ser esposos era algo muy distinto. Recordó cuando cuatro días atrás Bill le había hecho la misma petición, y lo mucho que le molestó que lo dijera así, en la calle, como si le estuviera preguntando por el clima, pero ahora el rubio se preguntaba si acaso aquella molestia no había sido otra cosa más que miedo, miedo al compromiso real con alguien de su mismo sexo, de su misma sangre, con sus mismas células, de tener que tomar una decisión así de tremenda, con toda la sociedad y el mundo que conocía en sus espaldas. Demasiado pesada la carga para aceptarla así nada más. Además siempre volvería a Schönau, siempre volvería por Bill. Sólo era cuestión de compatibilizar de manera inteligente su escaso tiempo libre con los compromisos universitarios. Bill se había resignado a adquirir un celular, que sería la forma de comunicación más directa entre ambos, sobre todo en aquellos días en que no pudiera volver a Baviera tan seguido como deseara. No tendría por qué haber problemas. Tom sentía que podría controlarlo todo muy bien. No había de qué preocuparse, por eso mismo no pareció estar particularmente triste por aquella cena romántica frustrada.
Luego de una hora regresaron al hospital, era tiempo de tomar el lugar de Laura.
Cuando llegaron al hospital la mujer los recibió sonriente. Antje había descansado todo el día. Seguía con administración de suero, además de todos los demás medicamentos para combatir una neumonía que tenía, y que había sido confirmada luego de las radiografías. Conversar con el médico había sido tranquilizador. Ella aún estaba en estado semi inconsciente, producto del mismo tratamiento y de su frágil estado de salud. Luego de conversar con el cuerpo médico, se quedaron un momento solos los dos jóvenes y Laura.
—Necesito que ustedes estén bien. Antje los necesita fuertes y unidos.
—Lamentablemente yo me debo ir el domingo, pero regresaré muy seguido.
—Su madre los necesita. Lo justo es que estén con ella, pero sabemos que cada uno no puede interrumpir sus existencias por alguien más —Bill se giró ante las palabras de Laura. No quería sentirse triste, pero era imposible evitarlo, y las ganas de llorar regresaban —sin embargo, a veces hay que hacer sacrificios Tom, por aquellos a quienes amas. Ella lo hubiera hecho por ti —Tom asintió, no iba a discutir el tema. —Yo regresaré temprano.
Laura se fue con Anton que la había ido a buscar, y los dos jóvenes se quedaron junto a Antje. Ambos se acomodaron en sillones que se extendían casi por completo, permitiéndoles una posición muy cómoda para dormir.
Bill y Tom se durmieron pronto, escuchando el pi-pi de los equipos que controlaban los signos vitales de Antje. De verdad, estaban rendidos de cansancio.
En algún momento, Tom se dio cuenta de que estaba soñando. Se hallaba junto a una laguna de aguas cristalinas y quietas. El sol del amanecer apenas dejaba escapar uno que otro rayo detrás de las montañas, rayos de luz que alumbraban la cima y las laderas de otras montañas, cortando el azul oscuro del cielo con líneas doradas. El ambiente era muy pacífico. De pronto vio algo que brillaba en el fondo de la laguna, cerca de la orilla, casi frente a él. Se puso de rodillas y haciendo un esfuerzo para no caer al agua, alcanzó eso que había llamado su atención, cuando sus dedos lo palparon, se dio cuenta de que era un anillo, sacó la mano del agua, y contempló la joya, era una argolla de matrimonio, de oro. Por entre los árboles vio a una figura desplazarse, y le reconoció de inmediato —¡Bill! —gritó, pero el joven no se volteó —¡Bill!, ¡Bill soy yo! —el pelinegro sólo se internó más en el bosque hasta perderse. Miró el anillo que tenía en su mano, y con espanto vio que se había convertido en un aserrín dorado, el anillo se había deshecho. De improviso surgió un viento extraño que espació por el aire aquel polvillo de su mano, no quedando rastro alguno de lo que había sido una argolla de oro. Levantó la cabeza y por entre los árboles, sobre un mirador a baja altura, se veía la silueta de Bill mirando el horizonte, como si estuviera esperando algo o a alguien —¡Bill! —gritó y echó a correr. Debía alcanzarle, pero mientras más intentaba avanzar entre los árboles, más espeso se volvía el follaje. Se dio cuenta que no podría avanzar, los mismos árboles le estaban atrapando, unas gruesas ramas envolvían sus piernas y sus brazos —¡Bill! —su cuerpo dio un salto, y se despertó con el rostro mojado por las lágrimas. Buscó a Bill con la mirada por la habitación. Su madre dormía plácidamente, y parecía estar todo en orden. Casi todo. Bill no estaba.
Tom se levantó de su sillón-cama, y vio que sobre el otro sillón, el que había ocupado Bill, había una hoja. La leyó.
Lo siento. No me pude quedar hasta más tarde. Debo resolver unos asuntos que no podían esperar. Cuídate. Te amo. Bill
Se sentó abatido sobre el sillón —mierda —dijo. No sentía que la situación con Bill mejorara de algún modo. Había supuesto que con las horas que pasarían juntos, la tensión entre ellos disminuiría un poco. Sin embargo, sentía a Bill tan distante, más que nunca.
Estuvo deambulando por el hospital con la esperanza de ver a Bill, con la esperanza de que estuviera aún dando vueltas por los alrededores tal como él. Pero aparte de cruzar algunas impresiones con las enfermeras que atendían a su madre, no había logrado nada más con aquel recorrido. Un par de horas más tarde llegó Laura esta vez junto a Alexa quien acompañaría a la anciana, y Markus que estaba haciendo las veces de chofer. Tom los saludó con cierto desgano. Y aunque se extrañó de que no preguntaran por Bill, no quiso saber el motivo. Por alguna razón ese sueño le mantenía el corazón y el estómago apretado. Hace un mes no le hubiera importado un sueño más o un sueño menos, pero ahora sabía que estos nunca eran por nada, y por primera vez le temía a uno. Eso era, tenía miedo. Tom le temía a muchas cosas, y esos miedos le impedían ser feliz, sólo que esta vez una parte muy profunda de su alma le advertía que sólo él se buscaba los pesares. Pero una vez más acalló los llamados de auxilio, pretendiendo de que eran algo pasajero. Que luego pasarían.
Una vez en el Jeep, Tom se acomodó en su asiento, mientras Markus se disponía a echar andar el vehículo. El hombre comentaba cosas neutras, algo sobre el tiempo, de las ganancias y pérdidas de las acciones en la bolsa, y un sinfín de cosas más que Tom no supo qué se trataban, porque no puso atención.
De repente, al pasar por una de las calles cercanas a la plazoleta, vio a Bill conversando con un hombre. Vestía con otra ropa, lo que le dio a entender de que ya había ido a su cabaña a cambiarse de tenida, seguramente después del baño. Se dio cuenta de que Markus le vio también, y que no hizo comentario alguno.
—Era Bill ¿qué estaría haciendo aquí?, ¿de qué conversarían?
—No sé. Tom necesitamos ir al supermercado ¿estás muy cansado para ir ahora mismo?
Tom, perplejo por el cambio de tema, respondió algo dubitativo —¿ah? Sí, em… Claro. No hay problema —dijo pensativo. Sentía su corazón al galope. Hubiera querido bajarse del vehículo e ir a abrazar a Bill y decirle cuánto le amaba. Sintió ganas de llorar, y seguía sin poder concentrarse en las palabras de Markus que hablaba de seguro de un tema interesante, pero del cual él no llegaba a enterarse. Aún sentía ese dolor en su pecho que lejos de calmarse, parecía ir en aumento. Se negaba a intentar comprender esa voz interna suya que le anunciaba algún peligro. Tom no quería escuchar nada. A pesar de todo, se conformaba y se convencía a sí mismo de que era sólo uno de sus períodos de intensa emotividad. Nada que no hubiera vivido ya en estas dos semanas. De todos modos, estaba seguro de que vería a Bill más tarde y podría decirle lo que le pasaba, contarle su sueño y entre los dos intentar dar con su mensaje en clave. Era sábado, y tendría todo el día para mejorar su estado de ánimo.
Después de hacer las compras en el supermercado, partieron de nuevo hacia la mansión. Durante todo el camino intentó divisar a Bill en alguna parte. Sobre todo cuando debieron pasar otra vez por aquella calle. Pero el pelinegro ya no estaba. Entonces se alojó en su pecho como un puñal, una intensa melancolía. Y se resignó a pasar el día con esa molesta sensación, y sabía que ésta sólo desaparecería al ver otra vez a Bill. Era cuestión de horas o de minutos, quizás ya estuviera en la mansión, esperándole.
No obstante, cuando llegaron, sólo le esperaba el comisario que quería hacerle unas preguntas.
Apenas entró a la cocina para tomarse un buen café acompañado de unos croissants, vio al policía con toda el entusiasmo para escuchar su explicación.
—Señor Trümper, lamento molestarlo a esta hora. Sé que viene llegando del hospital, y que está cansado, pero necesito que me cuente su versión de los hechos. Es el único que me falta.
—Sí, bueno, Bill también debe darle su declaración.
—Ah, no, no. Con el señor Koening está todo listo, él ya dio la suya.
La sorpresa inicial cedió ante el dolor agudo que le removió las entrañas. ¿Por qué sentía que de alguna forma su camino se alejaba del mago de una manera más profunda y insalvable que la de meros kilómetros de distancia? No era así como visualizaba su vida cuando dijo que volvería a Berlín a estudiar. Pero una vez más Tom ignoró las señales, engañando a su mente y disfrazando su obstinación con la excusa de sus proyectos de vida y metas —de acuerdo —dijo luego de una breve pausa. Después comenzó el relato de los hechos tal cual los vio y vivió. El policía le dijo que debía observar ese disco del cual hablaba. Aunque Tom no comentó lo de los viajes al pasado, pues todos habían quedado de acuerdo en omitir el asunto, sí comentó de que era un disco que emitía algún tipo de energía magnética., por lo tanto para el policía el testimonio de Tom encajaba con exactitud con el resto de los relatos.
Minutos más tarde Anton, Markus y Tom guiaban al policía con su asistente hacia el jardín interior. Anton llevaba una bolsa del supermercado que aunque le pareció extraño a Tom, éste no quiso preguntarle
—¿Tiene idea usted de la mina de oro que significaría un tour como éste? —dijo el policía, incrédulo de que estuvieran en un túnel varios metros más debajo de la mansión.
—Eso dice ahora, y eso que no ha visto nada, sin embargo, no creo que intente algo como eso comisario, por respeto a esos dos jóvenes que lo usaban como refugio de su amor. Y porque no es seguro.
El policía calló, no quiso emitir juicios de una historia que recién comenzaba a conocer, ni pretender comprender aclarar a qué se refería el joven con no es seguro. Cuando llegaron al jardín, el comisario tuvo una idea de lo realmente espectacular era todo aquello. Tom lo guió hasta el disco.
—Sería bueno, que pudiéramos obtener muestras biológicas de los restos del Señor Meyer, de Storm.
—No creo que encuentre rastro alguno. —dijo Anton Berg.
—Nuestros peritos científicos siempre encuentran, sólo nos bastan muestras microscópicas, nada más.
—Insisto, no creo que encuentre —replicó Berg —observe con atención —de la bolsa que cargaba, sacó un trozo de carne que habían comprado Markus y Tom en el supermercado, y la lanzó con fuerza sobre el disco sin activarlo antes.
El sonido profundo y estremecedor de la vibración junto con los rayos violetas y azulinos hicieron rebotar el trozo de carne sobre el disco, un humo negro salía de ésta, mientras no dejaba de dar tumbos siendo al mismo tiempo atravesada por los rayos azules. Después de un par de minutos, lo que quedaba de la carne era un elemento viscoso de color oscuro que se volvía cada vez menos espeso, hasta desaparecer por completo.
Cuando la imagen bastante dantesca de la carne siendo desintegrada ante sus ojos se desvaneció al fin, el policía abrió la boca con la intención de decir algo, pero no emitió sonido alguno. Luego resopló —me imagino lo horrible que debió ser, querer rescatar a ese hombre y no poder hacerlo. Una muerte horrible. —el comisario comprobó de que sería imposible intentar extraer muestras del disco sin arriesgar la vida de alguien. Y ya que tenía claro cuál había sido el destino de Storm, no quiso seguir insistiendo en el tema. Sin embargo, el asunto del disco era muy complicado, que incluso a él como policía le traería consecuencias, por eso optó por continuar con la tesis de la desaparición, que en efecto, al no tener los restos del hombre no podría ser declarado muerto legalmente, sino después de algunos años. Paradojas de la vida, Storm estaba muerto, sin embargo legalmente seguiría vivo, por mucho tiempo más.
Cuando regresaron a la biblioteca, Tom se despidió del policía y subió rápidamente al segundo piso. Se dirigió a la alcoba. La puerta estaba abierta y esperó ver a Bill allí descansando. Aunque en el fondo sabía que eso no sería posible. Si Bill hubiera estado en la mansión, Tom ya lo sabría, aunque no le hablara. Se sentó en la cama, y se extrañó de notar la ausencia de ciertos elementos. Los de Bill. Siempre estaban por ahí alguna que otra cosa, su peine, o el cepillo de dientes. Se paró y fue hasta el baño. No había nada de su amado, seguramente se lo había llevado todo, ya que sabía que durante el día Tom empacaría, no era mucho, pero de todas maneras, en estas dos semanas se había hecho de un par de cosas más que le obligarían a llevar un bolso extra, si es que no necesitaba una maleta de mayor tamaño. Cansado y triste Tom desistió de la tentación de partir rumbo a la cabaña. Tal vez Bill necesitaba estar solo… El rubio se tendió en la cama dispuesto a dormir por algunas horas. Pero sus deseos se vieron frustrados al ver entrar a Andreas, sin embargo, en vez de estar molesto se alegró.
—Hola ¿dónde estaban ustedes que no los vi al llegar?
—Por ahí con los chicos, ya sabes, fumando, jugando con nuestros testículos, lo mismo de siempre.
—Ajam.
—Ajam.
—Ya estás repitiendo lo que digo.
El rubio se sentó al lado del de melena —Yo no estoy repitiendo nada Tom.
—Okay.
—Okay.
—¿Me vas a decir por qué estás aquí pretendiendo ser mi eco? Te conozco Andreas, y sé bien que cuando haces eso, es porque necesitas decir algo, o preguntar y no sabes cómo hacerlo.
—Sí, bueno, yo… Es que… ¿tu mamá?
—Ella está bien, en tratamiento, descansando, no está bien o sea no está sana, pero dentro de todos los problemas que tiene está bastante mejor de lo que uno podría suponer.
—Qué bueno —dijo Andreas mientras movía los pies. Parecía estar más pendiente de aquellos que de la información que le daba Tom.
—Y ya me doy cuenta que incluso si te informara de que los extraterrestres nos acaban de invadir, tú me darías la misma respuesta, Andy.
—¿Ah?
—¿Ah? —le imitó Tom —¡Vamos Andy! Dime qué te preocupa.
—Bueno, es que… —volvió a dudar un poco —Alexa quiere venirse conmigo y yo estoy feliz, emocionado. Ella desea trabajar. Es escultora, nunca ha ejercido esa profesión y en Berlín tendría muchas posibilidades de que su obra sea apreciada. Me ha mostrado algunas piezas que ha hecho, incluso Anton las vio y quedó sorprendido. Hasta ahora lo había tomado más como un hobby. Pero allá podría vivir de eso.
—¿Ella te pidió irse contigo?
—No, yo se lo pedí —Tom sintió otra vez aquel revoltijo de tripas, esa incomodidad, ese dolor que le producía sufrimiento y las palabras de Andreas sólo aumentaban su amargura —y ella aceptó, le dije que llevara a su abuela. Viviremos juntos y aunque no será fácil porque no soy más que un estudiante universitario, pues más vale intentarlo… que vivir sin ella —dudó unos instantes si seguir o no, sobre todo al darse cuenta de que Tom no le miraba. En su rostro se notaba el malestar que le producía la noticia que le daba, pero de todos modos prosiguió —más vale intentarlo antes que no hacer nada. Yo prefiero eso, a negarme a toda posibilidad y luego preguntarme si hubiera sido distinto todo si no hubiese sido un cobarde. En fin, ella se irá con su abuela en unos días —Andreas tragó saliva —¿Quieres dormir un rato? —cambió de tema, Tom asintió, y el rubio salió por la puerta en silencio.
Tom se quedó tal cual mirando la luz del mediodía en la ventana. Una lágrima rodó hasta mojar el cabello cerca de su oreja. Ya se había dado cuenta de que Andreas no preguntó nada sobre su cena de ayer. Luego llegó a la conclusión de que Bill cuando fue a buscar sus pertenencias a la mansión seguramente les contó todo a los demás. Así debió ser.
Al final se durmió.
Cuando despertó se extrañó de no haber tenido ningún sueño, por más que lo había deseado sólo para entender aquel que tuvo en la amanecida. Pero no ocurrió. Miró su reloj y no podía creer que marcara casi las cinco de la tarde. Esperó que su cuerpo recuperara la movilidad y lentamente se sentó. Miró su celular. No habían mensajes, ni llamadas perdidas. Sintió que su estómago se apretaba dolorosamente, titubeó durante un par de segundos y buscó el número de Bill. Su corazón, desbocado y enloquecido, casi se le salía de su cuerpo dando tumbos por la habitación, mientras escuchaba el tono de llamado, pero no respondió. Entonces decidió que era hora de ir a buscarle a su cabaña. Pero antes debía comer, tenía tanta hambre.
Bajó a la cocina, y tal como sucedía siempre estaban casi todos conversando animadamente sobre cualquier tema al parecer, al sabor de un buen café y un cigarrillo. Estaban casi todos, menos Bill.
—Se ha despertado el bello durmiente —dijo Georg.
—Hora de almorzar para el bello durmiente —continuó Gustav sonriendo animadamente —parecen siglos que no te veo —Tom se sentó a la mesa, justo cuando el de gafas le ponía un plato con lasaña —lasaña vegetariana para el herbívoro.
—Ja-Ja-Ja —ironizó el rubio de melena.
—Estás de un humor —continuó el castaño, mientras recibía un codazo de Gustav —¡auch! ¡Qué! ¡Tú empezaste!
—En serio chicos, no estoy de humor. ¿Alguien sabe si hay otra bicicleta disponible? A la que usaba se le estropeó una rueda.
—Ya fue arreglada. Puedes ocuparla. —respondió Markus.
—¿Te puedo hacer una consulta? Es sólo preocupación, tal vez pudiera ayudarte en algo. Si no quieres responder no hay problema.
—Sí Anton, diga.
—Hay varios asuntos que quedarán pendientes cuando tú te vayas. El asunto legal de la propiedad que deberás ver por ti mismo, aunque se quede el abogado al frente del caso. Lo de tu madre, que necesitará de tu presencia, ella hizo contacto contigo no con… Bueno, tú sabes. Además de toda la otra investigación que está en curso…
—Sí, espero volver en unos días, ojalá antes de regresar a clases concretamente.
—Bien, en todo caso estaremos en contacto telefónico permanente supongo.
—Supone bien.
Luego se hizo un silencio incómodo, Tom sintió que todos deseaban hacer preguntas o comentar algo, pero el de melena rubia no quería saberlo. Primero debía hablar con él. Así que apenas terminó de tragar el último trozo de lasaña, se paró de la mesa disculpándose. Los demás asintieron manteniendo el silencio. Tom se sintió observado, estudiado. Y le empezaba a inquietar.
Hizo el recorrido ya tan familiar para él por el bosque, mientras el sol caía. Sentía su pecho apretado, tanto que le costaba respirar. De alguna forma conservaba la ilusión de arreglarlo con Bill, no quería irse con esa sensación dolorosa, con ese sabor amargo que tenía en la boca desde que se despertó por la mañana. Luego se pateaba mentalmente por ser tan pesimista y al mismo tiempo tan nena, como si la vida dependiera de ese encuentro, como si no fuera a ver nunca más a Bill. Debía ser más pragmático, debía aprender a resolver las situaciones conflictivas de su vida de una manera más racional y no tan emocional, se ahorraría esas molestas discusiones consigo mismo que no tenían sentido. Amaba a Bill y no había motivo para hacer de cada segundo una oda, era energía desperdiciada, pues eso no le quitaba ni le agregaba valor a su amor por él. Ya bastante se había comportado como todo un imbécil, causándole más de un problema a su propia imagen, pero también al pelinegro. Ahora se daba cuenta que si hubiera manejado las situaciones con su novio de una manera menos antojadiza, hubieran podido conversar los puntos en discordia con mayor tranquilidad, evitando malos entendidos. Así Bill desde un principio habría entendido que él no podía quedarse en Baviera. No por ahora. Pero su ceguera había dilatado la conversación más importante de todas, hasta la tarde del día anterior, donde el mago había reaccionado con menor objetividad de la que hubiera supuesto el rubio de melena. Ahora esperaba que su pelinegro estuviera más tranquilo y pudiera comprender exactamente cómo se sentía. Bill era un alma libre, Tom no tanto. Tenía muchos otros apegos, que le hacían replantearse muchas decisiones, pensando precisamente en aquellas personas a quienes le debía la vida entera.
El sol ya no alumbraba el sector de la cabaña de Bill, y Tom se extrañó de verla a oscuras todavía, ¿estaría durmiendo? Ansiaba besarlo y despertarle de esa manera.
Pero cuando ingresó a la cabaña sintió la soledad. Con paso sigiloso se acercó al dormitorio, y pudo distinguir en la media penumbra que Bill no estaba ahí. Tom resopló abatido. Había tenido mucha ilusión de aquel reencuentro. Había pasado muchas horas sin él, y había esperado vivirlas intensamente juntos, antes de su despedida. Se había hecho la imagen mental de ver a Bill de pie cerca de la entrada de la mansión, mientras él se alejaba en su Cadillac —se racional, racional Tom —se dijo. Se giró contemplando la pequeña sala y cocina. Hasta que sus ojos repararon en un sobre blanco. Dudó un momento, tal vez no tenía nada que ver con él, así que debía ignorar aquel sobre —no es para mí —se dijo. Pero aquel dolor sordo y palpitante se había alojado otra vez en sus entrañas como garras afiladas y largas que rasgaban la carne hasta lo más profundo, y aunque intentaba fijar su vista en un sitio distinto, sus pupilas se volvieron a centrar en aquel punto blanco, en cuya superficie se leía con letras azules, Para Tom.
Se acercó lentamente, sentía que sus piernas se le doblarían en cualquier momento, incluso llegaba a pensar que podría caer estrepitosamente al suelo. Pero obligó a su cuerpo a realizar la tarea simple de acercarse a la mesa y recoger ese sobre supuestamente para él. Sin embargo, le parecía imposible. Bill no tendría por qué dejarle un sobre con nada. Se verían ese día. Era el último, y aunque el sol ya bajaba, para darle paso a la noche, lo cierto era que el día aun no terminaba. Y lo pasarían juntos, en una perfecta despedida, tal como la había imaginado.
Con manos temblorosas tomó el sobre, y observó la caligrafía de Bill. Era increíble como de algún modo inexplicable, conservaba ciertas características propias de Bill Kaulitz. Aspiró con fuerza, le dolía el pecho, su vientre, sus piernas apenas le sostenían, sus manos y sus dedos temblaban de una manera escandalosa, su cabeza daba vueltas a velocidad vertiginosa intentando adivinar el tenor de las palabras que guardaba aquel papel blanco en su interior. Abrió el sobre —Tom estás hecho un desastre —se reprochó. Y sacó la hoja, la extendió, y por un par de segundos su mente fue incapaz de decodificar esos extraños surcos en tinta azul dejados por la mano de su amado. Cuando su mente se pudo concentrar en aquellas palabras sobre el papel, los ojos comenzaron a ponerse demasiado aguados como para poder leer fluido.
Mi Tom.
Sé que esperabas verme hoy, yo también lo había deseado hasta ayer. Pero ahora la realidad es muy distinta, también la disposición de mi corazón.
No te voy a negar de que me siento herido, pero también muy estúpido. Estúpido por pretender guiar tus actos a mi antojo, creyendo que eso era lo que deseabas tú. Así de arrogante y egoísta soy.
Tal vez después de todo, no estamos preparados para vivir como pareja aún. Debemos conocernos a nosotros mismos antes, aunque preferiría un millón de veces que ese proceso lo viviéramos juntos, y no tan lejos uno del otro. Sin embargo, yo te esperaré, cada día soñaré que cambias de opinión, y que regresas conmigo, por algo tan simple y total como el hecho de que me extrañas y que no puedes vivir sin mí. También sé que pensar así demuestra que sigo siendo incluso ahora mismo un egoísta, porque sólo puedo pensar en el bienestar de mi triste corazón, en llenar mi alma de ti, de fundirme en ti hasta ser los dos una sola persona.
Yo te amo de manera visceral, no hay célula de mi cuerpo que no lo sienta, y por eso mismo como un cobarde que demuestra lo mediocre que es, es que no doy la cara, simplemente porque me siento incapaz de decirte adiós, porque mis brazos se aferrarán a ti, otorgándote como último recuerdo de este hombre, lo ridículo y patético que puede llegar a comportarse por amor.
Sólo te pido que no me olvides, que me recuerdes un instante cada día. Dame la esperanza de tener tu amor sólo para mí. Deja grabado en tu cuerpo que me perteneces, así como dejé marcado en el mío que yo soy sólo de ti.
No pidas que responda tu llamada, lo haré cuando sepa que ya estás lejos de aquí y que no puedo correr hacia ti para aprisionarte entre mis piernas.
Cuando el deseo me fulmine con el recuerdo sublime de tu pasión entre mis manos, diré tu nombre en silencio, esperando que sientas un poco de mi calor, de mi desesperado anhelo palpitando por mi cuerpo, añorando la miel de tus labios, y el sabor salado de tu piel.
No puedo decirte adiós, sólo puedo decirte que seguiré esperándote como el primer día.
Siempre tuyo.
Bill
Tom dejó caer la mano pesadamente, y sin poderlo evitar, un sollozo se escapó desde su garganta. Y salió de la cabaña a toda prisa con una idea fija en su cabeza, no debía estar muy lejos.
Desde los árboles camuflado con su capa verde, la silueta del otro chico se dejó ver por un segundo —¡Bill! —le llamó Tom y corrió hacia el bosque, pero cuando se internó entre los árboles su imagen desapareció, y se preguntó si acaso estaba viendo visiones. Detuvo sus pasos por un momento, las lágrimas mojaban sus mejillas, pero él no se dio cuenta. Lentamente avanzó hasta el riachuelo, y siguió caminando sin detenerse, dejó que el agua mojara su calzado y sus pantalones hasta las rodillas. Continuó hasta aquel claro donde había visto a Bill con los suyos en aquella ceremonia, era un claro circular. Todo el suelo estaba cubierto de pétalos de distintas flores, dándole un aspecto colorido y alegre. En el centro había un agujero que contenía trozos de leños cortados pocas horas antes, indudablemente destinados para una fogata. Hacia el Este del círculo había un arco asemejando un portal hecho de hiedras y flores, guirnaldas de flores entrelazadas con cintas de terciopelo blanca, colgando de la parte superior del arco había una rama de muérdago. Tom se quedó observando el entorno. ¿Tal vez harían alguna de sus ceremonias? Si volvía más tarde podría volver y ver a Bill, hablar con él. Sabiendo que no lograría nada más allí, se devolvió por el mismo camino. Entró a la cabaña una vez más y rescató la carta, luego cerró la puerta tras de sí, se subió a su bicicleta y se marchó. Unos pasos más allá, escondido entre los árboles, otros ojos marrones, llorosos, lo veían partir.
Cuando llegó Tom a la mansión, dejó la bicicleta y se quedó allí esperando, ¿qué? No sabía. Tal vez despertar de ese momento como si fuera sólo un mal sueño. Miró sus pantalones y calzado aún destilando agua. Caminó por el pasillo que daba a la cocina, haciendo rechinar con un sonido húmedo sus pies. Luego se detuvo frente a los que estaban en la cocina. Andreas venía entrando, y se asombró de ver a Tom en ese estado, mojado, con los ojos hinchados, demacrado, temblando. Nadie encontraba las palabras adecuadas para preguntar sin herirlo, pero su rubio amigo pudo.
—¡¿Qué te pasó Tom?! —el de melena rubia intentó articular sonido, pero sólo logró que su labio inferior temblara, en su mano traía la hoja escrita en tinta azul, la extendió. Andreas la tomó. Mientras Georg lo abrazó de los hombros para guiarlo hasta una silla. Andy empezó a leer la carta en voz baja, y finalmente dijo —¿no se despedirá?
—Tom, dinos ¿qué pasó? —preguntó Georg acongojado.
—Él no vendrá —dijo el otro chico entre sollozos —ya no lo veré.
Georg miró a los otros y comprendió que los demás no intentarían hablar, y era mejor así, el chico se veía muy conmocionado —Tom, es normal que le duela despedirse, pero lo verás pronto, tal vez puedas venir el próximo fin de semana, y podrán conversar más tranquilos.
El chico de melena rubia se giró a ver a su amigo con ojos esperanzados —¿tú crees?, ¿crees que él pueda verme sin sentirse como lo dice en la carta?
—Creo que le tomará algo de tiempo Tom —respondió Andreas —tampoco sería justo para él que lo tuvieras en una constante despedida, siempre con la esperanza de que has vuelto para quedarte, y luego descubrir de que te irás otra vez.
—¡Pero si no me voy al fin del mundo! Él si quisiera, podría ir a verme, podríamos quedarnos juntos por un tiempo.
—¿Cómo pareja Tom? O como un amigo, un buen amigo. —el chico no dijo nada, pues Andreas tenía razón. Bill lo sabía también. Tom no lo presentaría ante los demás como su novio. Había sido fácil en aquel lugar donde todo era tan distinto, y nadie le conocía, pero en su ciudad, con su gente… No podría, y eso sería muy cruel e injusto para Bill. Las lágrimas comenzaron a correr otra vez por sus mejillas. Se sentía miserable, se sentía como la escoria. ¿Sería posible que no amara tanto a Bill como éste se lo merecía?, ¿o sería posible que no lo amara lo suficiente como para enfrentar al mundo entero si era necesario? Tom sabía que él amaba de una manera categórica a su pelinegro, y sin embargo, aún así era posible que su amor no llegara a la altura de aquel que Bill sentía por él.
Alguien le tendió un vaso con agua —bébelo, es agua con azúcar. Te calmará —dijo Anton. Tom obedeció.
—Entonces no lo amo como él se lo merece.
—Tom —habló Markus con voz suave —él único que puede juzgar eso es Bill. Yo personalmente creo que sólo te falta tiempo para madurar todo. Tú has vivido casi veinte años sin pensar siquiera en alguien como Bill, no de manera consciente. Él en cambio, lo ha vivido día tras día, el proceso de maduración de sus sentimientos ha sido distinto, viviendo una realidad muy diferente a la tuya. Él nunca tuvo que justificar que estuviera enamorado de ti, sin haberte visto siquiera. Yo creo que él lo entiende y lo acepta. Lo respeta. Mira que te ha dejado ir a pesar de que para él debe ser como el infierno mismo. Sin obligarte a nada. Incluso arriesgándose a que cambies de opinión y no quieras volverlo a ver.
—Debe pensar que lo amo muy poquito.
—No creo. Si así fuera simplemente no seguiría esperándote. Bill también se ama a sí mismo lo suficiente como para no emprender una espera infructuosa. Él cree que volverás. La pregunta es si tú lo crees también.
—¡Claro que sí! Eso está fuera de discusión, tal vez no sea el mes que viene, pero regresaré cuando haya terminado mi ciclo en Berlín.
—Entonces deja de llorar que así no arreglas nada y tienes mucho que hacer, estás mojado, y te puedes enfermar. —Tom asintió —alguien que lo acompañe, no es bueno que esté solo. —pidió Markus a los demás.
Tom iba a ponerse de pie, pero algo en su mente le advirtió de un detalle —antes quiero que me expliquen un asunto ¿Bill habló con ustedes? —todos asintieron.
—Pero nos pidió que no te dijéramos nada. En realidad… —hizo una pausa Markus —nosotros lo interrogamos. Nos pareció extraño verlo aquí tan temprano sin ti, cuando nosotros estábamos convencidos de que iba todo viento en popa, y que era cosa de horas para estar celebrando todos allá cerca de su cabaña.
—Yo hasta había elegido mi mejor traje para verme bien —se lamentó Anton.
—Esperen, esperen… ¡de qué hablan!
—Pues de todo lo que se suspendió para hoy —dijo Georg extrañado.
—No estoy entendiendo nada.
—La boda —dijo escueto Gustav.
—¿La boda? —dijo en un hilito de voz Tom —Recuerdo que dijo que había hecho las gestiones, pero pensé que…
—Sí, él se adelantó, y había organizado una celebración muy bonita en el bosque cerca de su cabaña. Ayer en la tarde nos contó entusiasmado antes de la cena. Todos dábamos por descontado que aceptarías sin dudar —concluyó el de gafas. Entonces las imágenes del bosque golpearon la cabeza y el corazón de Tom, ahora comprendía qué era todo aquello que había visto en el claro cerca de la cabaña de Bill —había invitado a algunas personas —continuó Gustav —aparte de nosotros, el Juez que le daría el marco legal, nosotros estábamos al tanto de todo, él quería que fuera la mejor sorpresa de tu vida.
—¿Acaso podrían agregar algo más para sentirme peor? —preguntó Tom con lágrimas en los ojos.
—Sí —dijo Georg antes de que Gustav pudiera impedirlo —que hoy Bill tuvo que avisar a todos los invitados, incluyendo al Juez que la ceremonia se había suspendido… De manera indefinida —y Tom se largó a llorar como niño pequeño, echado sobre la mesa, con la cabeza metida entre los brazos. Gustav le envió una mirada iracunda a su novio a modo de reproche —¡Qué! —replicó el castaño gesticulando la palabra, pero sin emitir sonido —lo siento Tom, pero debías saberlo —finalizó.
—Por eso vi a Bill hoy hablando con alguien ¿verdad? —le preguntó a Markus, quien asintió. Tom volvió a hundir la cabeza en sus brazos, sumido en el llanto.
—Déjenlo que llore, es lo mejor. —sentenció Anton.
Luego de un momento, el de melena rubia se puso de pie con los ojos hinchados. Sentía que la cabeza le iba a estallar. Con la voz quebrada por los sollozos preguntó a quien pudiera responder —se supone que debíamos ir a cuidar a nuestra madre esta noche. Ahí podré verlo ¿verdad?
Markus negó con su cabeza —No, Bill me dijo temprano que hoy no irá porque mañana pasará todo el día con ella. Confía en que tú irás esta noche al hospital.
Tom volvió a sollozar sin control —no me quiere ver… No… —y salió de la cocina con paso irregular, señal de que estaba mareado.
—Yo voy con él —dijo Andreas.
—Qué lamentable —dijo Anton, una vez que ambos jóvenes salieron de la habitación.
Cuando Tom llegó a su dormitorio se sentó pesadamente en la cama, no tenía ganas de nada, sus pertenencias estaban esparcidas por toda la habitación y el baño, y no le entusiasma ni un poco ordenar todo a hora. En unas horas debería regresar al hospital y acompañar a su madre enferma. Observó su celular que le indicaba que tenía un mensaje nuevo, abrió la carpeta y leyó: “Te esperamos ansiosos en casa. Te prepararé tu pastel favorito. Te amo hijo. Mamá”. El llanto recobró nueva energía y no dejó que Andreas le consolara. Su amigo se quedó a su lado en silencio, pero luego al ver que Tom no se movía, él se puso de pie y comenzó a ordenar las cosas que veía encima del sillón, o colgando del bolso en un rincón. Tom dejó de llorar, pero permaneció inmóvil, con la vista en la nada, de vez en cuando sus ojos se volvían a llenar de lágrimas y estas caían por su cara, lentas y tibias. El de melena no hacía gesto alguno, su rostro parecía impávido. A Andreas se le rompía el corazón de verlo así —Tom, debes darte una ducha, y preparar tus cosas, yo he adelantado algo, pero no tengo claro cuántas cosas faltan por guardar —el chico le miró con ojos vacíos.
—Sí, me voy a duchar —y caminó lento hasta el baño recogiendo la toalla que le tendía su amigo. Éste suspiró cuando sintió el agua correr.
—¿Cómo está? —Andreas vio la cara de interrogación y preocupación de sus amigos que se asomaban por la puerta.
—Esto parece funeral. Acaba de entrar al baño para tomar una ducha. Pero no está bien, parece alma en pena.
—Tal vez sea lo mejor que se vaya. —dijo pensativo el castaño —Tom está decidido, no sé si hace lo correcto o si la está cagando, pero él está convencido de sus razones.
—Si Tom está así, no creo que Bill esté mejor —agregó el de gafas.
—Hay que procurar que cene algo decente antes de que se vaya al hospital, yo lo llevaré. Tom no está en condiciones de conducir —dijo el rubio.
—Entonces es mejor que vayamos a preparar la cena. Vamos Georg —dijo Gustav, tomando de la mano al otro chico que dio una mirada melancólica hacia el baño antes de salir.
Un par de horas más tarde Tom miraba en silencio las luces de las calles que estaban próximas al hospital. Andreas respetando su duelo, no le había dirigido casi la palabra, no porque no tuviera nada que decirle, si no que porque para Tom era difícil hilvanar dos palabras sin que se le humedecieran los ojos una vez más. Cuando entraron al hospital Laura no dejó de reparar en el demacrado rostro de Tom.
—Hijo, ¿te has sentido bien?
—Sí, abuela.
—Okay de acuerdo, y yo soy Angelina Jolie. Pero estás en tu derecho a no decir lo que te ocurre. Sólo espero que se solucione pronto. Ustedes se aman, de una manera extraña, pero quién soy yo para decir qué está bien y qué no, menos en los asuntos del corazón. El amor verdadero siempre busca su camino —le dijo mientras lo abrazaba, el chico sonrió con amargura —ahora vas a poner en esa linda carita una sonrisa más alegre porque tu madre está despierta. Está consciente del lugar en el que se encuentra, me ha reconocido —a la mujer le brillaron los ojos por las lágrimas —me sonrió y me dijo, mamá. Me preguntó qué le había pasado y se lo he contado con la venia de los médicos.
Tom había cambiado su semblante sombrío por uno más alegre —pero por qué no nos avisaron.
—Fue hace una hora y yo sabía que ya estabas por venir. Con Bill… Bueno, con él hablé —el rostro feliz de Tom de pronto se congeló —y estaba emocionado, ha venido volando, habló con ella. Fue todo tan hermoso.
—¿Pero por qué no me avisaron? Yo… —y las lágrimas volvieron a correr —yo hubiera venido, tenía derecho a compartir ese momento con Bill.
—Él nos lo pidió —Tom se soltó del agarre de la mujer.
—Él sigue decidiendo por mí, y resulta que ahora le soy tan desagradable que no me quiere ver, como si yo… Como si yo fuera… —se sentó en un sillón sollozando desconsoladamente con el rostro entre sus manos.
—Lo-lo siento —dijo Laura, mirando a Andreas que se había acercado junto a Alexa al ver la escena.
—No se preocupe. Yo lo veo —se sentó junto a Tom —¿quieres que te acompañe esta noche para cuidar a tu madre? —Tom asintió —bien, iré a dejar a la abuela y a Alexa, ellas están cansadas, y luego regreso ¿de acuerdo?
—Sí —Alexa le tendió una caja de pañuelos, y Tom se secó las lágrimas y se limpió la nariz —me iré a lavar la cara, no quiero asustarla.
Cuando Tom entró a la habitación que ocupaba Antje, su corazón pareció estallar dentro de su pecho. Ella tenía su ojos cerrados. El perfil tan idéntico al de Bill le quitó el aliento.
Al sentir a alguien en la habitación, ella abrió sus ojos marrones y cuando le vio, abrió su boca levemente y luego esbozó una sonrisa —Tom —musitó. El chico sonrió feliz de verle, se acercó y tomó la mano que ella le tendía —no sabes cuántas veces pensé que eras sólo un sueño.
—Shshsh no hables.
—No me pidas eso ahora. Necesito sentir que estás vivo.
—Lo estoy.
—Mis bebés siempre existieron, no eran ilusiones. Siempre lo supe en verdad, mis entrañas me lo gritaban.
—No te agites, mamá. Debes estar tranquila para que te repongas y estés… Estés con nosotros. Mañana parto temprano a Berlín, tengo asuntos que atender. Pero estaré siempre cerca de ti.
—Sí. Me dijeron que debes volver a estudiar.
—¿Quién te dijo?
—Bill, mi otro bebé. Él está muy triste, y veo que tú no estás mejor.
—Mamá, estoy triste, pero lo que importa ahora es como estás tú.
—Ahora estoy bien. No recuerdo haber estado mejor.
—Debes descansar, yo me quedaré junto a ti esta noche.
—¿Me hablarás antes de irte?
—Por supuesto, no necesitas preguntarlo —Antje cerró los ojos complacida, totalmente relajada. Tom se quedó junto a ella con la mano de su madre entre las suyas hasta que su respiración se hizo pausada. Luego la soltó suavemente y se fue a tender al sillón cama, se cubrió con una manta, y se durmió.
El repetitivo repiquetear de la alarma de su celular, le despertó. Miró su reloj, eran las 7 de la mañana. Vio a Andreas que roncaba suavemente, echado sobre el otro sillón con la cabeza enterrada en las mantas, sólo era visible su cabellera rubia.
Se odió porque ahora que más lo deseaba, no tuvo ningún sueño, como si su mente se cerrara al comenzar su dolorosa separación de Liz Garten. Posiblemente, podría ser incluso que él mismo cerrara las puertas, al hacerlo antes con su corazón, y no darse la oportunidad de arriesgarse. Ya no era hora de soñar, era hora de enfrentar la realidad.
El turno matinal del recorrido por los pacientes, había comenzado. Una enfermera ingresó, y le sonrió al verle despierto, aún abrigado en su sillón-cama.
—Le traeremos el desayuno en un momento —señaló la chica sonriente. Revisó los niveles de su madre y luego inyectó dentro de la bolsa del suero, la dosis de medicinas que le correspondía a esa hora. Antje al notar el movimiento, se despertó rápidamente, miró a la enfermera de manera inexpresiva, pero su rostro se iluminó cuando al buscar por la habitación se encontró con los ojos marrones de Tom.
—Tom —le llamó feliz.
—¿Cómo te sientes? —acercó una silla y se sentó junto a ella.
—Bien, aunque odio esas medicinas que me dan. Ya no quiero dormir, lo vengo haciendo hace tanto tiempo.
—Sabes que es por tu bien, no será para siempre.
—Lo sé, pero déjame protestar. Me sirve de desahogo —rió.
—Pronto me iré mamá. Posiblemente dentro de una hora. Bill debe venir en camino —dijo el chico, cuyo corazón tembló, sintiendo las mariposas sueltas y revoltosas ante la posibilidad de verlo.
—Lo sé, no te preocupes. Estoy bien. Estoy feliz, en paz. Aunque estaría mejor aun si tú estuvieras alegre —Tom no dijo nada, y ella suspiró —cuando intentaba recordar mi vida anterior, se me incrustaba un cuchillo en el pecho. Era desesperante sentir que estaba a punto de abrir una puerta. Estaba ahí esperándome, al alcance de mi mano, pero al mismo tiempo tan lejos, tan inalcanzable. Nunca encontraba la llave. Sólo sentía dolor y miedo. Entonces me rendía, y mis ansias de recordar se traducían en sueños, siempre el mismo horroroso sueño. El fuego, los bebés, la nieve, el frío y alguien a quien amaba, atrapado entre las llamas. He querido ver su rostro. Lo he buscado en mi mente, en mis sueños, y no he podido recordarlo —el muchacho aferró con fuerza la mano de la mujer —ayer mi madre me ha contado lo que sabía, lo que ustedes han descubierto, y aun no puedo dimensionar lo que significa que mi sueño sea real. Espero recordar Tom. Espero recuperar no sólo aquel momento horrible de muerte y terror. Si no también los momentos felices, como cuando me enamoré, mi boda, mi luna de miel, el nacimiento de mis hijos, sus primeros balbuceos. También quiero recordar mi niñez, a mis padres, los juegos, las navidades, mis logros profesionales. No te preocupes. Sé bien que pasará mucho tiempo antes de lograr unir, ordenar, y recuperar cada pieza de mi vida. Y cuando regreses quiero contarte los progresos que he hecho ¿te parece? —Tom asintió con una sonrisa. Andreas se movió en el sillón y con un ojo abierto y el otro cerrado hacía esfuerzos por ver quiénes hablaban —siempre tendré noticias para ti, independiente cuánto tardes entre visita y visita.
—De acuerdo mamá.
—Buenos días señora Kaulitz —dijo Andreas desde el sillón.
—Él es Andreas, uno de mis mejores amigos.
—Mucho gusto —respondió Antje. En ese momento, apareció una mujer del personal de servicio con la bandeja con alimentos para los tres. Dieta especial para la paciente, desayuno normal para los jóvenes.
Más tarde, ya no podían esperar. Debían marcharse. El camino de regreso en vehículo era más que largo y agotador. Tom abrazó con fuerza a su madre. Y fue consciente del enorme sacrificio al cual se obligaba sólo por terminar con un proyecto que se había propuesto un par de años antes. No era el fin del mundo. Tarde o temprano Bill le perdonaría, y estaba seguro que aunque fuera muy difícil, valía la pena hacer las cosas del modo que había elegido. El amor siempre estaría esperándolo. Se despidió de Antje con un sincero te amo mamá.
A pesar de que no podría acompañar a su madre en todo el proceso de recuperación, estaba tranquilo porque sabía que ella estaría bien.
Luego de salir de la habitación de la mujer, los dos jóvenes conversaron brevemente con el médico, éste les confirmó que la evolución de Antje era más que favorable, y eso hizo que en Tom surgiera la esperanza de que su madre pronto podría vivir una vida normal.
Cuando Andreas y Tom salieron al estacionamiento, el de melena rubia alcanzó a ver por el rabillo del ojo la carrocería familiar de un Land Rover negro —¡Bill! —exclamó el chico provocando el sobresalto de Andreas. Tom se giró en 360 grados buscando la silueta del que amaba. No se veía —no está aquí —se lamentó.
—Tom, déjalo ya… ¡Tom! —volvió a repetir al ver que su amigo mantenía sus ojos expectantes escudriñando cada rincón del estacionamiento.
—Tengo que verlo Andreas, tengo que verlo —gimió.
—Si él no te ha buscado, déjalo en paz. Si quisiera hablarte, ya lo habría hecho.
—No me digas eso. Eres mi amigo. Dame esperanzas —musitó —necesito verlo antes de irme.
—Para qué Tom, para qué —el chico de melena bajó la cabeza, no tenía respuesta —para él es difícil también. Tom, respeta su decisión, así como él ha respetado la tuya.
—Yo quiero verlo —replicó el de melena una vez más.
—Estoy seguro que él también. Pero por ahora no sería bueno ni para ti, ni para él.
—¿Por qué?
El rubio arrugó el seño, incrédulo de que Tom no comprendiera —porque ya te lo dijo. Te lo explicó claramente en la carta —el joven de melena suspiró.
—Sólo será de lejos. Él no me verá. No sabrá que estoy ahí. Por favor… Por favor.
Andreas bufó resignado, finalmente estuvo de acuerdo —okay, te espero.
Tom se devolvió por un pasillo lateral, esperando tener buena suerte y que Bill aún estuviera en los alrededores. Recorrió un par de pasillos, y nada. Vio que en el mesón donde atendían a los pacientes y familiares para el ingreso, las enfermeras y personal paramédico intercambiaban información de distintos pacientes.
Bill no estaba cerca. Tal vez ya se dirigía para donde Antje. Y Tom con sigilo se acercó a la puerta. La entreabrió con cuidado. Alcanzó a ver a su madre dormida. Más, Bill tampoco estaba allí. —quizás fue por desayuno —y apresuró sus pasos hasta llegar a la cafetería. Éste estaba bastante concurrido principalmente por la gente que iba en busca de algún desayuno express, o algo parecido para empezar un nuevo día. Tom miró a cada persona atentamente, aunque a simple vista fuera imposible de ser confundida por Bill.
Tom se escondió detrás de un escaparate que exhibía tortas y pasteles. Cerca de la caja para cancelar el pedido, una fila bastante larga formaba una especie de caracol. Observó con cuidado. Y allí estaba. Desde donde estaba ubicado, Tom no tenía el mejor ángulo, pero le bastaba para verlo. Le partió el corazón su semblante triste. Parecía demacrado. Permanecía con la mirada baja. Vestía un suéter negro de cuello alto, una chaqueta de cuero sintético del mismo tono. Jeans ajustados y botas negras de caña alta, y taco bajo. Tom se perdió en aquella imagen. Pasarían varios días hasta volver a verle, y era posible que pasara incluso más tiempo antes de poder tocarlo. Alargó su mano dibujando en el aire, el perfil de Bill. Si tan sólo pudiera acariciarle su cabello ahora. De pronto se dio cuenta de que nunca lo hizo. Y detuvo su mente que empezaba a hacer la lista de todas aquellas cosas que aún estaban pendientes entre los dos. Miles de cosas que no se habían dicho, miles de caricias que no habían descubierto, miles de instantes que quedaron suspendidos en el tiempo, hasta que Tom se decidiera echar andar el reloj otra vez. Pero cuando por fin lo hiciera, ¿Bill estaría allí donde él le dejó?
Tom cumplió su promesa. Había mirado a Bill hasta que éste había salido del café con bandeja en mano en dirección del cuarto de Antje. El rubio, detrás de su perfecto escondite, lo vio alejarse y detrás de él se fue su corazón, dejándole una melancolía larga y pesada en su alma.
Cuando finalmente llegó al estacionamiento, su rostro pálido le confirmó al otro chico de que efectivamente lo había visto, y que tal como lo previó, no le hizo nada de bien para la atormentada psiquis de su amigo.
Andreas no dijo nada, Tom tampoco, y así en silencio regresaron a la mansión.
Minutos más tarde entre abrazos y promesas de llamadas y visitas, los hombres y los jóvenes se despidieron con más tristeza de la prevista. Ninguno pensó que sería tan difícil. Alexa y Laura fueron las últimas en despedirse. Tom miró una vez más la mansión y sus jardines.
Cuando el Cadillac, más allá del camino de pinos y abetos, cruzó el gran portón que daba a la angosta carretera, Tom dejó escapar lágrimas tibias para darle alivio a su corazón.
________________________________________
mira ale este es el capitulo que mas he sufrido ademas de que estoy llorando porque los dos tanto como bill y tom estan sufriendo por todo lo sucedido y que tom se va espero arreglen todo porque se merecen ser felices
Me creerian que llore en todo el cap? se los juro
llore por el dolor de los chicos y por el final del fic que ya esta en la puerta
gracias Ale por tu fic, en verdad lo adoro nena
dioos qe bello T_T pero triste a la veez! llore con la cartaa!
por qe mi mejor amigo se vaa y me hiso recordarlo .-. dioos !
estaba leyendo el capi y me dio por meterme a la pagina oficial dde TH
y dios mori ! tokio hotel planifica para sudamerica! *-* no puedo ser mas feliz!
aamee el capiii ! lo ame ame ! ahoraa quiero contii !!
esqeee aaaaww por qe toom no lee hablo es aaaawww qe tristee !
peroo esta genial^^ suerte con el siguiente capii!
qe estes biiieen besoos!
atte: sazu TxB
qeee amooorssh fui la primeraa!
iguale era LATINOAMERIA* xDD esqe me emocione xD
De todos ha sido el capitulo más triste y me toco leerlo en la oficina, no iba a aguantar hasta las 11pm ke llego a casa…
Hay muchos sentimientos y situaciones en juego; Uno puede pensar que primero están mis estudios, mi vida, mis amigos… Y luego viene Andreas y sale con algo tan simple como: “Viviremos juntos y aunque no será fácil porque no soy más que un estudiante universitario, pues más vale intentarlo… que vivir sin ella”. Entonces eso como que te descoloca todo y te deja mucho que pensar. Por qué Tom no puede hacer lo mismo??? Por qué Bill no puede aceptar que Tom tbn una vida en Berlin e irse con él?? sólo por un tiempo, sólo por resolver sus asuntos… vale, es complicado… complicado…
Pero Tom no puede irse así, sin una despedida, por más de que sea un hasta luego o un breve adios… No es lo mismo sino hay una despedida de por medio, un beso en la mejilla, o un roce de labios, un esperare por ti… espera por mi… Dios!!! sí ke estoy triste… no quiero esperar mucho para leer el siguiente capitulo… voy a desesperar….
Es una historia sensacional, gracias Ale.
Aiiiiish, que me has hecho llorar, Ale!! xD gosh, demasiado fuerte este capi para mi corazón♥ Tantos sentimientos… con cada línea que pasa es como si pudiera ponerme en el lugar de ambos y sentir todo lo que sienten. ¡Y Tom! Si yo fuera él, hubiera ido corriendo hacia donde Bill estaba haciendo la fila, le dejaría un beso fugaz y saldría corriendo, sin decir más. Al menos podría haber tenido un contacto con él antes de su partida. Aiiish, ¡se me estruja el corazón imaginándome todo! Y no quiero que termine este fic xD Lo adoro♥
Besitos Ale, gracias por subir (: & felicitaciones por otro capítulo excelente
Me hiciste shorar
ese es el final ? waaaa…! yo crei que se hiban a casar pobre tom pobre bill pobrecitos
shore y mi hermana me quedi mirando = O.o wa…! pero de todas formas muy buen final
aunque un poquito triste
sofiatwc, nena que no es final, aun no llegamos ahi…
danke niñas, me emocionan sus comentarios, ahora mismo estoy luchando con el capitulo 33 y ains, no sé no sé
Por segunda vez, lo estoy leyendo, si, soy masoquista, con este capitulo he llorado un buen, entiendo q Tom tenga una vida en Berlin, pero como se lo cuestiono Bill, no podían efrentar ese proceso de adaptacion como una pareja?. Si no mal recuerdo tienen 20 años y Tom no es un niño de mami, como para todavia decirle”mami, me das permiso de tener novio”, tal vez Bill es más impulsivo, pero el todo lo q hace lo tiene claro, lo hace por Tom!
La carta, fue muy triste, llena de dolor y de las cosas q mas me dolieron fue la cancelacion de la boda por tiempo indefinido y a Bill diciendole a Tom, q si ya lo ha esperado dos siglos, bien puede esperarlo 200 años más! ¿quién ama mas? creo q los dos, pero Tom es la inseguridad con patas, el sabe q sus sueños siempre le dicen algo, pero el ha decidido ignorarlo y también a sus sentimientos q algo q intentan decir, ojalaá no sea demasiado tarde…
Creo q ya me extendi, pero es que la historia es tan buena y en verdad estoy enojada con Tom!!
Ale, precioso el capitulo, de los mejores q he leído!!!
1º de todo, muchas gracias Ale.
y 2º y lo más importante….
ME HICISTE LLORAR COMO UNA CRÍA!!! Tuve todo el capi el corazón a punto de salírseme del cuerpo, NO PODÍA RESPIRAR!!! Y lo digo en serio!!!
Me has tenido abrazada a mis piernas y llorando como una niña todo el capi!! Si hasta he tenido que parar porque me dolía y todo!!! Aiiii yo con eso no puedo!!! Mi pequeño corazoncito no está hecho para sufrir másTT_TT!!
Ale, MAGNIFICO capi. Sin palabras…
Dios mio… cada vez que crei que podia calmar las ganas de llorar leia otra parte que ponia las lagrimas en mi ojos, espero que el proximo capi sea un poco mas alegre porque de verdad que con este me he largado a llorar con ganas… ni siquiera llore tanto en el capi donde Tom no encontró a Bill en el lago…. pero este de principio a fin me rompio el corazon en muuchos trozos… espero una conti pronto y que esta historia de amor encuentre su final de cuento de hadas… please!! T_T
Hola!!! es la primera vez que te comento
sabes dedique casi una semana devotamente a leerte desde el primer cap hasta el 31 y he pasado casi 15 dias creo en completa angustia esperando este capitulo, hoy he llorado mi corazon está apachurrado y mis ojos llenos de lagrimas, eres tan buena escritora, estoy asombrada de la forma en la que escribes, gracias por darnos un buen material para leer, suspirar, soñar y todo lo demás.
mis más sinceras felicitaciones, waoo estoy casi sin palabras, eres muy muy buena!!!! y que más que decir que buen capitulo, a pesar de lo doloroso y triste que fue.
A mí me gusto el capitulo, pero contra a lo que dicen muchas e inclusive a lo que tú misma relatas yo no estoy en total acuerdo
Si Bill fuera Tan alma libre también sacrificaría el titulo que se le dio por seguir a el amor que espero mucho tiempo además de dar la cara seria una buena opción pues siempre he ido en contra de las cartas en cuanto a sentimientos tan grandes porque pos más dolorosos que sean Todo lo deben enfrentar de frente y después de el poco tacto de Tom y de las Decisiones apresuradas de Bill, quien se separo primero y huyo del otro Fue Bill, no Tom
Inclusive Tom hubiera dodo menos problemas a Bill (esto lo pongo porque en el fic dice “a bastante se había comportado como todo un imbécil, causándole más de un problema a su propia imagen, pero también al pelinegro”) si Bill le hablara y le contara mas de si, en cambio solo pidió confianza a siegas siempre y la paciencia es algo en la que todos tenemos un límite Creo que en ocasiones Tom se cansaba de ser siempre la damisela que solo espera una solución por la pareja.
Si Bill quiere que este con el por qué se lo merece y le ama y en eso estoy en total acuerdo pero también Tom le ama a él, y bueno en cuanto a la difícil decisión de quien deja su vida es algo difícil porque yo no creo que Uno tengas mas derecho que el Otro a abandonar aquello con lo que creció. Bill sus tierras, y todos sus conocimientos y todo Si. y Tom la familia y la vida que le cultivo.
Bueno quizá a muchas moleste pero esa es mi opinión.
Y bueno le corto porque si no, no acabo yo no me quedo llorando en lo absoluto porque Tom ya lloro demasiado por Todos así que Yo solo me quedo esperando la resolución del que sucederá.
.
¿Es el último capi? T.T
espero que haya 1 cap más o 2da temporada T.T
¡Dios! este ha sido un cap muy corta venas y muy triste T____T
pensé que después de todo lo que pasó
ellos se casarían o estarían juntos pero T.T
no sé, pero sigo esperanzada de que lo lograrán *-*
de que estarán juntos, queriendose, compartiendo
momentos juntos *-*
triste pero, bueno (:
Señorita Shadow_TH, me encantó su comentario, tiene toda la razón. Lo mismo me he preguntado yo, ¿por qué Bill simplemente no dejó todo y se fue junto a Tom? aunque fuera para conocer su mundo unos días, pero por lo visto Bill también es bien cómodo…
y repito… falta aún, el final no ha llegado que aún no lo escribo.
Lo siento si lloraron por este capi, la culpa es de esos dos… no es mía ains…. esperemos que sea menos lacrimoso el que viene
Hay dios como llore con el capitulo.
Tom me parecio un malo, porque se fue y no le importo nada y se qeu Bill es un poco comodo pero para que se va a ir si Tom se averguenza de el.
Dios lo releo y sigo lloraando. =( Igual me encanta la fic
Un beso
¡Hola! Ya que no puedo leer el fic en el foro de THS me paso aki sin novedades dele nuevo capitulo… ando algo así como desesperada…. XD
Me hace falta mi DROGA TWC… aaaaaaaaaaaahhhh!!!!
¿Y cómo está eso de que están hackeando las páginas TWC? O_o!!!
Se está poniendo la cosa fea… wow!
Bueno linda… cuidate y nos vemos…!!!!!!!
ESTO ME HIZO LLORAR…T_T!! MUCHOO!!!…SORRY X NO COMENTAR ANTES TAMBIEN TENGO QUE ESTUDIAR :/
buen capitulo!! =D
AMO tu fic!! PROX CAPI!!!!
KISSES!!
Waaaaa ! morii *_*
pero no importa la mia u.u (importa el fic ) xD
porfaaaas ! qe este sabado es mi cumple i kiero aunqesea saber algo no se un adelanto podria ser ? jaja
Cuando vas a subir un nuevo cap ? todos los dias me fijo si has subido pero no !
Poorfavoor por mi salud mental i la de todasss ! Caaap ! xD
No kiero insistir mucho ni ser pesaada es qe me muero si no subes ! ha pasado muucho tiempo i ami despues de tanto tiempo me trabaja la cabeza pensando en qe final podria ser u.u
Ya tengo un monton de teorias
Por cierto me hiciste llorar demasiado por lo qe recuerdo :/
Te lo pido de rodillas ! Sube capitulo
Me gusta muchiiisimo tu fic !perdon si soy mui molesta i pesada con el tema del fic pero bue
Jaja muchos besoos i me muero de ganas de leer el siguiente !
Agus… te cuento que la bruji anda en ese nuevo capi, no le ha resultado facil, pero te aseguro que valdrá la pena la espera…
Crazy4Bill gracias por avisarme
bueno entonces sera que hay que esperar un poco mas, por que lo mejor siempre tarda
besos !