Niñas!!!!!!!! tal parece que la vejentud me ha pillado, se me había olvidado que no había subido este capi… so sorry… pero con el otro no tarderé tanto, estoy a punto de terminarlo, mientras no se me olvide que debo subirlo. Todo por culpa de ese alemán… cómo se llama? ahh sí, Alzheimer!!
besitos a Ady; MariJo; cecy; Shadow_TH;Heeli Kaulitz; Lupis; BloodRaven; Room 483; TwCeNiE kAuLiTz^^; sazu; florchy; ArysW; kuru;@wuz!!!; Flors!; akira!*; INES
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Algo asustado buscó la manera de ocultarse. No había nada, sólo otro túnel que estaba perpendicular al que se encontraba. Apuró sus pasos y se escondió casi en la orilla. Esta vez tendría que luchar. Era la única posibilidad. La sorpresa era su punto a favor. Unos pasos descendieron lentamente los dos peldaños que bajaban de la puerta. Bill sentía que su corazón latía como un loco. Una sensación de vértigo sacudió su estómago, pero al mismo tiempo era una extraña sensación de comodidad. Dejó de pensar en eso un instante, por ahora sólo debía concentrarse en dar un certero golpe en el rostro a su nuevo captor, el reemplazante del que dormía allá abajo.
Los pasos se acercaban sigilosamente. Lo más seguro es que al notar la compuerta abierta, el captor supiera que era obvio que algo no andaba en orden.
BUM, BUM ,BUM, BUM, latía su corazón. Ese que se acercaba, se estaba arrimando peligrosamente hacia su lado, y en cuanto sintió su presencia física, supo con certeza que la única solución era dar él mismo el primer golpe. Levantó su brazo, y con el codo le propinó un certero golpe en la frente. El individuo cayó estrepitosamente al suelo, y él se abalanzó sobre el de traje amarillo que permanecía inmóvil en el suelo. Pero sus ojos casi se salieron de sus órbitas apenas reconoció las facciones.
—¡Tom! —exclamó casi desfalleciente.
De pie en la escalera los otros dos hombres miraban atónitos y sólo pudieron gritar al unísono —¡Bill!
CAPÍTULO 22
El día estaba radiante, el lugar no podía ser más perfecto. La playa se extendía infinita y dorada. El mar parecía tan calmo, tan azul, con miles de destellos debido al impacto de millones de rayos de sol sobre el agua, rebotando luego y llegando de golpe a los ojos de Tom, que los entrecerraba para no encandilarse. Cerró sus ojos por un instante para concentrarse en la placentera sensación que le dejaba la suave brisa marina, y el sentir la calidez del sol sobre su rostro. Luego esa calidez fue opacada por la tibia sensación de una mano envolviendo la suya. Sonrió con los ojos cerrados, abrió levemente sus labios y en un susurro dijo —Bill, bésame —sintió el aliento de su amado cerca de su boca. Los labios del pelinegro, suaves y tibios, eran la misma expresión del paraíso. Sin timidez, penetró suavemente con su lengua la boca que tanto anhelaba. El beso ardoroso se hizo intenso, pero no por eso menos dulce, menos romántico. Disfrutó del íntimo contacto sin abrir los ojos, sólo quería escuchar el mar, sentir la brisa, el calor del sol, el olor de la piel de Bill y sus besos.
—Estoy muerto… —dijo la voz de Anton —este chico es delgado, pero no es peso pluma.
—Creo que quedamos con calambres en los brazos y me duele la zona lumbar —Tom pudo reconocer la voz de Markus. No era posible que también ellos estuvieran en la playa.
—Cómo odio mis sueños a veces —pensó el de trenzas —Era tan perfecto, es tan perfecto —siguió pensando, mientras los labios de Bill dejaban pequeños besos húmedos en su boca. No quería abrir sus ojos, se sentía tan bien al lado de su amado Bill, y si los abría su presencia se esfumaría, y volvería a la cruel realidad de no saber dónde se encontraba su pelinegro. Jamás había tenido un sueño tan largo antes. En su sueño había hablado con Marie, luego había ido junto a Markus y a Anton a las dos ciudades ansiando escuchar el carillón, la única pista para encontrar a Bill. Demasiado extenso, demasiado detalles… De verdad un sueño extraño. Pero era mejor pensarlo como eso y no como la triste realidad que había experimentado.
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