Una rosa marchita por tu amor
Título: Una rosa marchita por tu amor
Concurso: Fics San Valentin
¿Cómo había llegado a tal punto?, ¿Cómo había dejado que su ignorancia y estupidez lo llevaran a tal grado?, ¿acaso no era él quien debía de luchar más por ambos?, ¿Por qué no había sido capaz ni siquiera de responder una pregunta tan simple?.
Tom Kaulitz, el eterno galán, ahora estaba sentado en la parte inferior de su cama, con ambas manos tapando su hermoso rostro. No podía dormir, no podía siquiera pensar claro, todo pasaba tan rápido, que ni siquiera podía fijarse en nada concreto. Estaba confundido, si, Tom Kaulitz estaba muy confundido, y eso era lo que más lo destruía; el pensar que el que se suponía que en esos momentos tenía que ser el más fuerte, ahora era el más débil, ahora solo era un niño cobarde que huía de todo, que huía de él.
Se levantó del lugar donde se encontraba, y empezó a caminar por toda la habitación en dirección al baño. Iba con su mirada perdida en la oscuridad de aquel cuarto donde tantas veces fue tan feliz. Mientras seguía en su lucha interna, no pudo evitar dar una mirada a la cama del lado, estaba vacía, al igual que su alma, al igual que su corazón. Decidió no mirar más aquel maldito lugar, sabia que si seguía así no podría contener más ese dolor interno que mataba su ser a cada segundo. Llegó a su destino y antes de entrar volteo a mirar de nuevo la cama de su hermano. Entró apresuradamente, no quería pensar en nada, no quería razonar en ese momento, se quitó los pantalones con los cuales dormía, se metió a la ducha y abrió el agua fría. Mientras sentía el agua correr por todo su cuerpo, cerró lo ojos tratando de borrar todas las imágenes que torturaban su cabeza, pero nada cambiaba, todo seguía igual, y eso aumentaba su sufrimiento. Cerró la llave con su última reserva de cordura, y sintió como algo mojado resbalaba por su rostro, llevó una mano a su mejilla y notó que era algo tibio, pero aún así muy doloroso. Corrió hasta el espejo cercano, y allí pudo ver, como de sus ojos brotaban finas lágrimas. Estaba llorando, ¿llorar?, ¿que era llorar?, se suponía que era la expresión del alma por medió de algo tangible, sin embargo, ¿podía algo tan divino como era el espíritu humano expresarse de una forma tan deplorable?, ¿podía el ser tan lamentable?, si, él lo era, y nada podía cambiarlo. Apoyó su espalda contra la fría pared del cuarto, y dejó resbalarse por esta, mientras sus manos sujetaban su cabello con desesperación. Cayó sentado en el rígido suelo, y apoyó su cabeza en la pared, mientras dejaba escapar sollozos. No quería que nadie lo escuchara, no quería que él lo escuchara, pero ahora ya nada le importaba, solo lloraría, y se desahogaría sin temer a nada.
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